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Full text of "Recordación Florida, discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reino de Guatemala"

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BIBLIOTECA "<3 O A T H E M A L A" 

DE l_ A 

SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA 

DIRIGIDA POR EL. LICENCIADO J. ANTONIO V I L_ l_ A C O R T A C. 



VOLUMEN \/II 



Recordación Florida 

DISCURSO HISTORIAL Y DEMOSTRACIÓN 
NATURAL, MATERIAL, MILITAR Y POLÍTICA DEL 

REYNO DE GUATEMALA 

ESCRÍBELA EL CRONISTA DEL MISMO REYNO 

CAPITÁN D. FRANCISCO ANTONIO DE FUENTES Y GUZMÁN, 

ORIGINARIO Y VECINO DE LA M. N. Y M. L. CIUDAD DE SANTIAGO 
DE LOS CABALLEROS, Y REGIDOR PERPETUO DE SU AYUNTAMIENTO 



EDICIÓN CONFORME AL CÓDICE DEL SIGLO XVII, 
QUE ORIGINAL SE CONSERVA EN EL ARCHIVO 
DE LA MUNICIPALIDAD DE GUATEMALA 



Tomo II 




PROLOGO DEL DOCTOR 
RAMÓN A. SALAZAR 



GUATEMALA, CENTRO AMERIOA MOMXXXIII 



072285 



E7517-lmlc-l-33 



IMPRESO EN LA TIPOGRAFÍA NACIONAL. — GUATEMALA, CENTRO - AMERICA 



! , „8 

* F354 

v.2. 



03 



A MANERA DE PROLOGO 



LA RECORDACIÓN FLORIDA'' 

POR D. FRANCISCO ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN 




"Competían nuestros antepasados en fervor religioso y en respeto a los 
representantes del Rey en estas regiones, pero no podían competir en 
el cultivo de los ramos del saber que civilizan y enaltecen a tos pueblos. 
La figura egregia de D. Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, que 
en el siglo XVII escribió la historia de Guatemala, es un planeta que 
adornó ^nuestro* cielo, dejando sereno rastro de luz en una obra que, no 
obstante los -defectos de que en el fondo y en la forma adolece, es 
siempre un monumento acreedor de la consideración de la posteridad. 
Inédito ese trabajo desde que en 1690 salió de manos del guatemalteco 
Fuentes, rebisnieto del conquistador Bernal Díaz del Castillo, vio al 
fin la luz en Madrid en 1882, con un prólogo del literato D. Justo 
Zaragoza, gracias al merecido interés que a la ilustre Sociedad de 
Americanistas inspiró una producción que vale mucho en concepto de 
críticos ilustrados. 

AGUSTÍN GÓMEZ CARRILLO" (*) 



c 



Al fin del tomo segundo del manuscrito autógrafo de Fuentes, puesta 
por la mano del historiador de Guatemala, Bachiller don Domingo Juárros, 
hay una nota que dice así: 

"Don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, Regidor de esta ciudad 
y cronista del Reino, fué nieto de don Rodrigo Fuentes y Guzmán que vino 
de España por Alcalde Mayor de la Villa de Consónate; después fué Alcalde 
2* de Guatemala, en el año de 1592, y Alcalde P en 1595, y el de 601. Asimis- 
mo fué hijo dicho cronista del Lie. don Francisco Antonio de Fuentes y Guz- 
mán, Asesor del Cabildo. Don Francisco de Fuentes el cronista fué Alcalde 
2? el año de 1632, y Alcalde P de 1656, y fué recibido por Regidor el 30 de 
diciembre de 1661, oficio que ejerció por 38 años. En ese tiempo fué Corre- 
gidor de Totonicapán y escribió esta Historia en tres tomos en folio y un 



(*) Prólogo, página IV de BIOGRAFÍAS DE LITERATOS NACIONALES, publicación de la Academia 
Guatemalteca, correspondiente de la Academia Española,— Tomo I— 1889. 



cuaderno que intituló NORTE POLÍTICO, (1) que es ceremonial del Cabildo; 
y su Magestad en atención a esta obra de la Historia que escribió, le nombró 
Cronista de este Reino. No sabemos el día y lugar en que murió; pero parece 
que fué el año de 1699 o 1700. El último Cabildo en que \se halla su firma es 
el l 9 de junio de 1698. Pero todavía sobrevivió algún tiempo, pues en el Ca- 
bildo de 29 de enero y 17 de febrero se recibieron cartas suyas escritas en 
Sonsonate, donde se hallaba de Justicia Mayor". 

El solo título de la obra muestra el gusto depravado de la época en 
que fué escrita: juzgue él lector: 



RECORDACIÓN FLORIDA.— 
DISCURSO Y DEMOSTRACIÓN NATURAL, MATERIAL, 
MILITAR Y POLÍTICA DEL REYNO DE GOATHEMALA 

Y si no bastara este bombástico nombre, lo confirmarían todas las pá- 
ginas de la historia, en cuyo estudio me ocupo. 

Por esto el señor Gavarrete, ya citado, tan respetuoso con todos aque- 
llos hombres letrados de la colonia, investigador afanoso, y espíritu imparcial, 
no puede menos de decir, refiriéndose a Fuentes: "su estilo por otra parte 



(1) En Beristain Biblioteca Hispano-Americana" encontramos las notas siguientes: 

''FUENTES Y GUZMAN (D- FRANCISCO)— Hijo y Regidor de la ciudad de Guatemala y descen- 
diente del ilustre Conquistador Bernal Díaz del Castillo. Escribió: NORTE POLÍTICO". 

"FUENTES Y GUZMAN (D. FRANCISCO ANTONIO)— Hijo del precedente y Regidor y Cronista 
de Guatemala. Emulado y excediendo en cultura a su progenitor Bernal Díaz, Escribió: RECORDA- 
CIÓN FLORIDA O HISTORIA DE GUATEMALA.— 3 TOMOS. Dos de estos se conservan inéditos 
en el Archivo de la ciudad de Guatemala, y el otro que sería el primero, se envió a imprimir a Madrid 
donde León Pineto leyó el prólogo". 

CINOSURA POLÍTICA O CEREMONIAL DE GUATEMALA. Manuscritos de que hoy varias 
copias. 

EL MILAGRO DE LA AMERICA; descripción en verso de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala- 
Manuscrito que conserva original el Illmo- Pardo- Primer Arzobispo de aquella Metropolitana. 

VIDA DE SANTA TERESA DE JESÚS, en verso- Manuscrita. 

Fue autor del NORTE POLÍTICO, del que se habló en el capítulo anterior, como consta en un 
escrito que presentó al Cabildo de Regidores de Guatemala, en 1700 su hijo, pidiendo que se le 
devuelva el cuaderno intitulado NORTE POLÍTICO que compuso su padre. Dice así ese documento. 



* 



un real 

AÑOS DE l „ " ■:■■. ¿ 

Sello tercero, un real, anos de mil y seiscientos y 

1699—1700 I noventa y noventa y uno- 



Por prestí los dos libros y guárdense en el Archivo. Vuélvasele del otro NORTE POLÍTICO, 
con el encargo de que los ha de trasuntar, cuyos costos pague el Mayordomo desta ciudad de gastos 
menudos.— (rubrica) — 

D. Fran co de Fuentes y Guzmán paresco ante Y- S a como mas convenga a mi derecho, y digo 
que en poder del S- Presidente desta Aud a esta cierto libro manuscrito intitulado NORTE POLÍTICO 
ques y contiene todas las ceremonias y usos y costumbres políticas y legales desta mui Noble y Leal 
Ciitd- el que fue escrito por mano; y compuesto por el yngenio del Capn. Dn. Franco. Antt°. de Fuentes 
y Guzmán mi Pe. ya difunto, y regidor que fue desta dha- Ciud- quien se lo prestó a dho- Presidente; y 
auiendo su Señoría hecho ausienzia desta ciudad lo dexo entre otros papeles y auiendolo hallado, el Capn. 
Manuel de Fariñas Carrillo, Regidor de esta Ciud. tengo noticia lo entrego a este mui Noble Ayuntamiento 
en cuio archivo se halla. Y por dho- libro es el original, q. dho- mi Pe. dexo escrito, y no ai otro; y que 
ni es nipertenese a esta mui Noble Ciud. V. S. an de servirse de mandar se me entregue luego por 
tocarme, y pertenecerme . Y porq. puede ser que V. S a guste de q. quede en dho. archivo algún tras- 



es hinchado, ampuloso, alambicado y lleno de erudición indigesta y de re- 
flexiones destituidas de interés. La RECORDACIÓN FLORIDA, no tiene 
otro mérito que el haber conservado para la posteridad noticias y documen- 
tos preciosos que sin ella estarían olvidados. (2) 

Consérvase el original de esa historia en el archivo de la Municipalidad' 
de Guatemala, 

Fuentes era rebisnieto de Bernal Díaz del Castillo, de lo que, con razón 
se precia y hace gala en muchas páginas de su obra. 

Y cosa particular; así como al valeroso Capitán de la conquista le vino 
en mientes el escribir su VERDADERA HISTORIA, siendo ya anciano, des- 
pués de leer lo que Gomara había escrito sobre las hazañas de Cortés, en lo 
\cual aquel clérigo lo deprimía así como a sus compañeros de armas, también 
Fuentes, indignado contra fray Alonso Reman, que en 1632 publicó la histo- 
ria de Castillo, con notables alteraciones, se puso a confrontar ambas histo- 

lodo de el, — digo que si V. S a asi lo mandare dándolo pa. qe. si pareciere necesario me obligo de hacerlo 
sacar de buena letra y después corregirlo; y entregarlo confund men. . . . q. hase de estar tan y fielmte. 
sacado, que en ello reciuire merced. 

Otro si digo q. aunq. he registrado con cuido, los papeles del dho. mi pe- no he hallado alguno 
q. pertenesca a dha. Ciuda.; si no es un libro antiguo del Cavildo, y otro borrador de estas de que hago 
obtensión. 

Fran co - de Fuentes y Guzmán. 



(2) "A pesar de tales faltas,— dice el escritor guatemalteco Licenciado don Agustín Meneos Franco— reco- 
nocidas por escritores nacionales y extranjeros, ¿qué tiene la RECORDACIÓN FLORIDA, que 
siempre se lee con interés y a veces con verdadero agrado? Tiene varias cualidades de gran valía, en 
nuestro humilde juicio, entre las cuales citaremos, desde luego, los numerosos datos geográficos, reli- 
giosos, estadísticos y de ciencias naturales en que la obra abunda, y el patriotismo que se revela en 
todas sus páginas. Fuenies y Guzmán tuvo verdadera adoración por el pueblo que le vio nacer; al 
progreso y adelanto de Guatemala dedicó todos los trabajos de su vida; y por eso, cuando al escribir 
su historia le arrebata el amor patrio, prorrumpe en hermosas exclamaciones, su lenguaje se vuelve 
correcto y natural, su estilo pintoresco y elocuente y agrada e interesa a los lectores. 

Otro mérito tiene Fuentes y Guzmán, que no debe olvidarse: el fué el primero que, apartándose 
de las sencillas crónicas religiosas escritas por los autores de su tiempo y por los que le precedieron, 
intentó formar una verdadera historia general de carácter civil, en que se narrasen todos los aconte- 
cimientos del país. Quizá su empresa no tuvo completo éxito; mas no por eso debemos negarle los 
elogios que por ella merece. 

Defectuosa y todo como es la obra a que nos referimos, fué durante mucho tiempo la única fuente 
de donde Juarros y demás historiadores tomaron los elementos de sus libros. Necesarios fueron el 
estudio y la laboriosidad de Milla para señalar todas las fábulas e inexactitudes de la Recordación, 
que desde la época de su autor hasta la presente, copiadas fueron como hechos indiscutibles en dis- 
cursos, artículos de periódicos, textos de enseñanza y aún el libro de más altas pretensiones. 

Es indudable que, después de las investigaciones del benemérito escritor que se acaba de citar, 
quebrantada quedó la autoridad de la RECORDACIÓN FLORIDA en la parte relativa al primer 
período de la historia patria; pero lo que siempre quedará incólumne es el honor de PADRE DE LA 
HISTORIA DE GUATEMALA, que Fuentes y Guzmán merece con más justicia en nuestra opinión, 
que Juarros y los demás historiógrafos del país." 

Y luego agrega: "Pocas páginas de la RECORDACIÓN FLORIDA tan interesantes y atractivas 
como aquellas que el autor, indignado por los abusos del poder, los onerosos impuestos y las leyes 
opresoras, alza su voz, eco en este caso de la ciencia y de la justicia, para defender a la víctima 
oprimida, señalar los errores económicos y defender tos principios del derecho." 

"Machos y capitales son los defectos de la obra .que analizamos; pero no impiden, ni impidirán 
nunca, que su autor sea reconocido como el hombre que mejor representaba en Guatemala, en pleno 
siglo XVII, la investigación científica, y la independencia del pensamiento." 

''Literatura Guatemalteca," en "La Revista"— Órgano de la Academia Guatemalteca correspon- 
diente de la Española de la Lengua— 1889." 



rías, y "notando, dice, que lo impreso no conviene en muchas partes con él 
venerable amanuense suyo, porque en unas tiene de más y en otras de menos 
y se obscurece en otras la verdad", empezó a registrar archivos, platicar con 
personas doctas, entre las cuales figuraba el cronista Vázquez su amigo, in- 
terrogar a las personas de su familia que conservaban vivos los recuerdos del 
héroe, su rebisabuelo, logrando al fin reunir valiosos documentos que le sir- 
vieron de base para su historia. 

Dividió su obra en tres partes, de las que no se conservan sino dos. 
Posible y aún casi seguro es que no haya escrito la tercera, pues en 1699 daba 
fin a la segunda, y ya hemos visto en los datos biográficos que figuran al 
principio de este capítulo, que lo sorprendió la muerte por los años de 1699 
a 1700. 

En el año 1882 don Jnsto Zaragoza publicó en Madrid, en la imprenta 
de Luis Navarro (Colegiata N Q 6) la primera y única parte conocida en Es- 
paña de la RECORDACIÓN FLORIDA. 

El señor Zaragoza ha hecho una obra meritoria dando a conocer al 
mundo sabio ese manuscrito, hasta entonces inédito; mas con pesar tengo 
que decir que la obra es incompleta, porque el autor eorrigió, aumentó y su- 
primió, en su obra definitiva, muchas partes de las que figuran en la copia 
que remitió a Madrid. 

El señor Zaragoza no conoce sino la primera parte de la obra, y esto 
de un modo incompleto. 

No publicó más que ¡16 libros de la primera parte, siendo así que el 
original se compone de 17, conteniendo este último 16 capítulos de mucho 
interés para nuestra historia. 

Entre el resto de los demás libros, muchos hay mutilados. 

En el original no existe la dedicatoria a Carlos II, que hay en la portada 
de la edición de Madrid. 

No quiere esto decir, que en la de 1690 no figurara; pero es posible 
que descorazonado el autor |por la indiferencia con que se vio su obra en 
Madrid, haya prescindido al fi/i de dedicársela al monarca que no accedió 
a concederle el título de Cronista del Reino, que solicitaba. 

Porque efectivamente nuestro compatriota no lo obtuvo, por más que 
digan lo contrario Beristain y J narros. 

En el capítulo IX del libro V (que probablemente no conoce el señor 
Zaragoza), nuestro Fuentes y Guzmán, un si es no desalentado, hace ver 
"las precautelas de que se ha valido, con motivo de habérsele sustraído en 
Madrid la 1* parte de su historia". 

El la remitió a la corte para que la leyesen. Esto pasaba en el año de 
1690. En el de 94 le escribía Juan de Dios de la Calle Madrigal, deudo su- 
yo "en cuanto al "título de Cronista!' me parece no se mandará despa- 
char, hasta que venga la segunda parte' f . 

Pasaron dos años más, y como Fuentes insistiese en él despacho de su 
solicitud, recibió carta de su agente en Madrid don Juan de Calderón, en que 
le decía: 

6 



"Luego que llegó a mis manos estuve con don Juan de Dios de la Calle 
y le di la que Ud. le escribe, y aunque estábamos en la inteligencia que por la 
Secretaría se había llevado al Fiscal (la historia) há ya más de seis años; des- 
pués no ha aparecido en la Secretaría, porque han dicho que se entregó a un 
señor del Consejo para que la censurase; como estos señores Consejeros no 
dan recibo de ningunos papeles, no han podido dar en quien pueda ser, y el 
señor don Juan y yo hemos estado con don Juan López, oficial segundo, que 
totalmente no se acuerda a quien se la entregó. Háse discurrido que el agen- 
te fiscal don Baltasar de Tobar, que va de Fiscal de México, ha dejado una 
inmensidad de papeles que tenía de las Secretarías, y puede ser que parez- 
ca allí' 1 . 

Total: que el autor dio por perdida su obra: que temió que alguna per- 
sona de mala fe la publicase como propia, "mudándole el estilo, dice él autor, 
para hacerla desconocida con esa máscara" ; por lo cuál amplió su obra con 
los capítulos desconocidos por el señor Zaragoza. 

Y nadie sabría las aventuras y paraderos de la primera copia, si, el ya 
muchas veces citado señor don Justo, no nos hubiese dicho, "ciento ochenta 
y siete años" después, que la obra fué a parar a manos de don Manuel de 
Ayala, quien se la proporcionó al historiador Muñoz para agregarla a su co- 
lección, y que hoy se encuentra en la biblioteca de S. M. el Rey de las 
Españas. 



Ramón A. Salazar 



(De "Historia del Desenvolvimiento 
Intelectual de Guatemala."—! 8 9 7) 




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Facsímil de la Portada interior del volumen manuscrito de esta obra, que se conserva en el Archivo de la 
Municipalidad de Guatemala. (J. A. V. C.) 



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lihco ¿e tiS^yno M. S<raiÍie?rwtci« 

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(Facsímil del principio de la Segunda Parte de esta obra. Letra de Fuentes y Guzmán.) 



MARGINALES. — Tiempo que estuvo sin fundarse Audiencia en este Reyno. — Su princi- 
pio, y primer Presidente fué Alonso Maldonado, que la fundó en la Ciudad de Gracias 
a Dios de la Prov. de Higueras. — Fué destruido por enemigo pirata. — Múdase 
esta audiencia de Goathemála. — Alonso Maldonado fué después de la muerte de 
de Alvarado Gob. interino de Goath. — Sus primeras acciones. — Llega a conseguir 
renombre de bueno. — Sucede en la Presidencia el Licdo. Alonso López Zerrato. — 
Pasa el Gobierno al Dr. Antonio Rodríguez de Quezada. — Sucede en la Presiden' 
cia el Lie. Landecho. — Y pasa buenamente al Lie. Brizeño, y se dice el paradero 
infeliz del Lie. Landecho. — Sucédele el Licdo. Antonio González. — Pasa desde 
México a Gobernar este Reyno el Dr. Pedro de Villalobos. — Es nombrado por 

11 



Presidente el Lie. García de Vaíverde. — Y le sucede Pedro Mallén de Rueda, y 
graves escándalos de su tiempo. — Sucede en la Presidencia el Dor. D. Francisco de 
Sande. — Y por su promosión viene a ella el Dor. Alonso Criado de Casulla. — Pasa 
la Presidencia al Conde de la Gomera. — Motívanle sus émulos una visita, sale 
bien de ella y vuelto al Gobierno prosigue nueve años. — Sucédele don Diego de 
Acuña. — Ya éste el Marqués de Lorenzana. — Muere ahogado con toda su fami- 
lia en la mar del Sur. 



Dejamos referido en la Primera Parte de esta Historia, no solo el es- 
tablecimiento de la Monarchia de la estirpe real de los Tultecas, en este 
Reyno de Goathemala; pero pasando a la posesión, y dominio de nuestros 
Cathólicos Reyes, la investidura de este principado, fundamentada y radicada 
desde sus ilustres principios, en una y otra fundación esta Nobilisima Ciudad 
de Goathemala y su Valle; como corte, cabezera, y metrópoli de todas las 
demás admirables provincias, que componen la gran excelencia de el Reyno ; 
en que habiendo por si sola esta muí Leal y Noble Ciudad de Goathemala 
regida por su independiente Gobernador; manutenido el Gobierno político 
y militar de las demás colonias de la grande extensión de sus provincias, 
desde el año de 1524. hasta el de 1541, según lo afirma cierto autor de este 
presente siglo (1) anticipando el tiempo no se con cuanta equivocación á la 
erección de, esta Cnancillería; pues la data de la Real Cédula que es de Va- 
lladolid es de 13 de Septiembre del año 1543, (2) que es lo más cierto; si bien 
no se vio fundada hasta el siguiente año, pero como quiera que sea, ello es 
cierto que por aquellos tiempos se fundó y crió la Real Audiencia y Chan- 
cilleria de los Confines ; y residiendo desde entonces en la ciudad de Gracias 
á Dios, que siendo al parecer punto del centro de la admirable circunvalación 
de este extendido hemisferio, floreció a par de las mejores ciudades capitales 
de toda la América, por la suma opulencia y beneficio de sus ricos minerales 
de oro, y plata, dejados, sino extinguidos, por la caterba tempestuosa de los 
vicios, y culpas de sus dueños, que mezclados en uranias, opresiones, y in- 
justicias, ejercitadas en los paisanos, rayaban en tan extremado desorden 
de soberbia vanidad, que teniendo los templos con las cubiertas pajizas, y 
las coronas y diademas de las imágenes de suela, y pergamino dorado, herra- 
ban los caballos con herraduras de oro, y plata; mas aunque se palió el inde- 
voto abuso de estas personas, con la falta de fierro de aquellos tiempos con 
todo eso es bien sofístico el refugio; y así vemos que irritada la Justicia 
Divina, llegó a permitir que aquella tierra quedase desmantelada, destruida 
y tiranizada por el enemigo pirata, dejándolos despojados de la comodidad 
y el tesoro, que los avarientos insolentes son para todos malos y para sí son 
peores y aun después, con fuego de su volcán se destruyeron las poblaciones. 
Pero sin duda discurriendo la alta contemplación de el Real Consejo de 
Indias, en lo inminente de los peligros, a que quedaba expuesto este supremo 
Tribunal, con la inmediación de los puertos de el Norte, apetecidos de la co- 
dicia insaciable de las naciones, y por aquellos tiempos molestados de la 



(1) Juan Díaz de la Calle. —folio 114. 

(2) Cédulario Real de Cámara.— folio 54. 



12 



continua exploración de los ingleses, o comprehendiendo la profundidad de 
los discursos de aquel regio y supremo Tribunal de la Junta de Indias, que 
las provincias de Suchittepeques, Soconuzco, Chiapa, Yucatán y Tabasco, 
sujetas por entonces estas dos últimas, a la jurisdicción de esta Audiencia, 
con la parte de tierra firme, cuyos términos se le señalaban en su erección 
por Cédula de 13 de Septiembre de 1543, (3) quedaban a larga distancia, im- 
pedidas y apartadas del recurso, por toda la consideración de estos justi- 
ficados motivos : mandó su Magestad que esta Audiencia se mudase a Goa- 
themala, por su rescripto real dado en Madrid a 16 de Junio de 1548, habien- 
do en el intermedio de tiempo aplicado a la subordinación de la Audiencia 
de México las dos provincias de Yucatán y Tabasco, y devuéltolas después 
a esta de los Confines por Real Cédula de Valladolid dada á 7 de Julio de 
1550, (4) tomando esta desde aquel tiempo el pronombre de la Real Audiencia 
y Pretorial Chancilleria de Goathemala. Pero mandada mudar a Panamá 
por el año de 1564, quedando en ella las provincias de Nicaragua y Hondu- 
ras, y esta de Goathemala, Chiapa, Verapaz y las otras sujetas a la Audiencia 
Real de México, quedando gobernando esta de Goathemala con la facultad 
de encomendar ind;os, conferimientos de oficios y los demás que por sí ejer- 
citaba la Audiencia. Mas como quiera que por aquellos tiempos este Cabildo 
de Goathemala, se hallase más vigoroso, o por los medios producidos de sus 
propios, ó por el celo de sus propios magistrados, teniendo en la Corte á la 
sazón por su procurador general á el Regidor Francisco del Valle Marro- 
quín, en nombre de esta ciudad suplicó á su Magestad fuese servido de man- 
darla volver á residir en esta Ciudad de Goathemala, consiguiéndose á su 
instancia por Cédula dada en Madrid á 17 de Enero del año 1567. 

Pero habiendo de ser el asumpto y argumento de esta Segunda Parte, 
el de la descripción de los Corregimientos y Alcaldías Mayores que están á 
la distribución de los Presidentes, no parece fuera de el propósito de nuestro 
intento, el establecer cuales y cuantos hayan sido estos, desde su primer prin- 
cipio, hasta el presente estado de nuestros días, ó por que fluyendo como de 
la fuente de la Suprema Potestad suya el beneficio, y remuneración de estos 
oficios á los subditos sea preciso establecerlos en este supremo solio, á quien 
atiendan los inferiores, como al sol las vegetales plantas, agradecidas á el be- 
neficio de su influencia; ó para que discurriendo estos príncipes gobernantes 
por la memoria de los que les precedieron, se consideren mortales, y que 
pasan ligeros y momentáneos, como los caudalosos y nobles ríos, á sepultarse 
y confundirse en la amargura de las aguas de los procelosos mares, pasando 
como exalacíón ligera, resuelta en humo, ó como antorcha lucida desatada 
en cenizas, ó resuelto su vital esplendor en lúgubre pabeza. Mas prosiguien- 
do en la erección y fundación de esta Audiencia Real asienta el citado autor, 
que vino á fundar la Real Chancilleria de los Confines á la ciudad de Gracias 
á Dios de la provincia de Higueras, el Licenciado Alonso de Maldonado, Oidor 
de la Real Audiencia de México, como primer Presidente de esta de Goa- 



(3) Libro I o de Cédula Real de la Secretaría de Cámara. 

(4) Libro 1"? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara, 

13 



themala. Pero sin duda procede la equivocación de este autor en la compu- 
tación de los tiempos de que este mismo Alonso Maldonado, se halló consti- 
tuido después de la infausta muerte de Don Pedro de Alvarado en el Gobierno 
y Capitanía General de estas Provincias de Goathemala, (5) que con la inter- 
misión del tiempo de once meses, al de su posesión se presentó en este Ca- 
bildo en el congreso celebrado en el día 17 de Mayo de 1542. Mas no sin azar 
para el mismo Cabildo que pudo hacerle recaer en muy funestos pensamien- 
tos en la ejecución inopinada del nuevo Gobernador, producida, no sé con 
cuanto acierto, ó con cual expecial motivo, del sincero proceder del Regidor 
Hernán Méndez de Sotomayor, por que este, no de los menores sujetos, en 
consecuencia de sangre y excelentes operaciones de más que gran republi- 
cano en la paz y en la guerra, llegado el turno y opción de su voto, sobre si se 
había de recibir, o no, el nuevo Gobernador interino nombrado por la Au- 
diencia de México, que aun persistía en el influjo de gobernar este Reyno, 
fué de parecer: que se le diese cumplimiento á la real provisión, en cnanto 
de derecho hubiese lugar, y no más. Mas el Gobernador Alonso Maldonado 
instimulado de la ligera aprensión de su propio pensamiento, fijó su dictamen 
en que era principio de cavilar, contradiciendo á la posesión que aprehendía, 
quizá no distando mucho su entendimiento de la memoria de las cosas y 
extorsiones pasadas, que habían recaído á esta República de las irregulares 
órdenes de la Audiencia mexicana, pasando á mandar poner en cárcel estre- 
cha, y no menos que en la pública, y en una cadena á el referido Hernán 
Méndez. (6) Y haciendo pasar al lugar de su prisión á Diego Hernández Es- 
cribano del Ayuntamiento á fin de que declarase lo que quizo decir, respon- 
dió con llana y sencilla intención : que él no es letrado, é que por eso dijo que 
en cuanto de derecho ha lugar y no más, pero que no quiere glosar dicha 
provisión, sino así como está, ni más ni menos le parece se debe cumplir. 
Con que examinada la pureza, de su ánimo, no sin arrepentimiento, y pudor 
del propio Gobernador se le mandó alzar la carcelería. 

Mas este que á la entrada de su Gobierno interino, pareció menos 
aceptable á la contemplación popular, introducido en el manejo y suma de los 
negocios, dio de sí tan alta satisfacción a los Pueblos en los aciertos, y direc- 
ción de las materias más superiores, que se mereció el común aplauso, y el 
renombre de el Bueno, á distinción, y en odio de otro Alonso Maldonado, se- 
gún quiere la vulgar y incierta tradición, Juez de residencia de Don Pedro 
de Alvarado, nombrado por la Magestad de la Reyna Gobernadora en 27 de 
Octubre de 1535, (7) que parece, no sin displicencia de el Cabildo, introdu- 
cido en su congreso sin noticia de su llegada, haberse presentado en él, á la 
celebración de la Junta el día 10 de Mayo de 1536. Mas no sin gran dificul- 
tad podré exprimir el motivo que se tubo para reputar á este por otro distinto 
del primero, y por no de iguales procedimientos, á el otro Maldonado el Bue- 
no. Por que habiéndose mantenido desde el referido día en la superioridad 
de el Gobierno, hasta la entrada de Don Pedro de Alvarado (vuelto de Es- 
paña) segunda vez al Gobierno á 16 de Septiembre de 1539, (8) al menos en 



(5) Libro 3<? de Cabildo.— folio 17 vuelta. 

(6) Libro 3<? de Cabildo.— folio 20. 

(7) Libro 20 de Cabildo.— folio 103. 

(8) Libro 2<? de Cabildo, -folio 175. 



14 



este largo progreso de los días que componen los círculos espasiosos de tres 
años y cuatro meses; no puede rastrear mi diligencia en ninguno de los re- 
petidos congresos de aquellos días, acción de este Gobernador, fuese el mismo, 
ó otro con el propio nombre y apellido, que no parezca de temperamento jus- 
tificado; pero como muchas veces el furor popular, sin mas ocasión, ni otro 
motivo, que el de su propia inclinación, esparce menos decentes voces de las 
que profiere la Razón y Justicia, sin duda alguna pudo perpetuarle este cré- 
dito, sola la inclinación vulgar que califica y condena con libre potestad, según 
su más lijero, y tal vez más común, y frágil dictamen, pero engañada a mi 
ver la ancianidad de las noticias, debe estarse á que solo hubo en Goathema- 
la, un Licdo. Alonso Maldonado, que gobernó en varias y diversas ocasiones, 
como Juez de residencia de Alvarado, como Gobernador interino, y como 
Primer Presidente propietario, teniendo esta verdad su fundamento de que 
las firmas todas que se hallan en estos libros son de una misma mano. 

Y aunque pedía el precepto histórico, no interrumpir los progresos y ac- 
ciones de este Presidente, con todo eso habiendo de pasar á hacer memoria 
de los demás sus sucesores, y mezclar en el progreso de este volumen varios 
accidentes en la descripción de los países, fundaciones de villas y ciudades, 
y empresas militares, en ellas mismas se hallarán entretejidas y mezcladas, 
las más particulares acciones de estos primeros y superiores magistrados, 
bien que la escasés de los Archivos, no suministra el material necesario 
a tanto asunto. Terminado el Gobierno de este Presidente, con incomparable 
satisfacción de los subditos, y todo el implemento de gloriosa y alta fama, 
que deben desear los hombres de más generosos principios; llegó a sucederle, 
no sé si con tan llena aclamación, como su antecesor, el Licenciado Alonso 
López Serrato, que por el principio de el año de 1551, (9) y no antes, se halla 
memoria de su nombre en los libros Capitulares, que es el único recurso de 
mis vigilias, negados otros archivos, y no pudiendo fácilmente á tanta an- 
cianidad de los tiempos, ocurrir con tan menuda, y inciertas circunstancias 
á las antiguas tradiciones, mas contentándome por ahora con satisfacer á la 
noticia de más gentes, y á la perpetuidad de las futuras, entre tanto que ase- 
guro el año de la data de sus despachos, habré de proceder en lo pertene- 
ciente á este segundo Presidente con más celeridad, que en el Gobierno de 
otro ; aunque por todo el de los demás subcesores suyos, militara la observa- 
ción del propio estilo, por no alargar el discurso de este capítulo, asegurando 
para pasar á otras noticias con menos ocasión de embarazosas confusiones, 
que la data del título del Presidente, Gobernador y Capitán General, Alonso 
López Serrato, es de Madrid á 21 del mes de Mayo de 1547 años. (10) A cuyos 
días poco revueltos en inquietudes políticas, ni militares, sucedió el nuevo 
gobierno del Doctor Antonio Rodríguez de Quezada, cuyo título parece ha- 
se despachado el 17 de Noviembre de 1553. (11) Mas no sin confusión por la 
sencilla incuria, y llano estilo de aquella ancianidad venerable, hallo introdu- 
cida en las elecciones de Alcaldes Ordinarios de esta ciudad de Goathemala 
la presencia del Licenciado Serrato, y los demás Presidentes sus sucesores, 



(9 ) Libro 39 de Cabild o . -folio 201 . 

(10) Libro 1<? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara. -folio 89. 

(11) Libro 4<? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara. -folio 163. 

15 



desde el año de 1558, (12) cinco antes de la permisión de la remoción de la Au- 
diencia de los Confines á Goathemala, sin que se diga el motivo, pero parece, 
ó que fuese accidental su presencia con ocasión de visitar las Provincias, y 
puertos de sus marinas, lo parece siempre se miró á esta ciudad, como á 
cabecera del Reyno, y por eso, el Presidente con su Gobernación gustaba de 
ilustrar este acto, que es lo más cierto, pues no le puede presidir otro Minis- 
tro, ó que fuese accidental su presencia, que desde Maldonado hasta Que- 
zada, de quien vamos hablando, fué siempre en todos regular el orden tem- 
poral, y ordinario de este Gobierno conferido á cada uno por término de ocho 
años, hasta que por su muerte se interrumpió este orden, pasando el Gobierno 
de esta Presidencia al Licenciado Juan Núñez Landecho, con título despa- 
chado en Valladolid á 28 del mes de Noviembre de 1558 años; cuyas acciones 
y máximas especiales tocaremos adelante en las partes que la ocasión nos 
llamare, por decir ahora, que es el intento, que á este le sucedió en el peso 
y autoridad del Gobierno el Licenciado Briceño, por el mes de Mayo á 30 del 
año de 1563, (13) pareciendo el tiempo de su Gobierno el menos revuelto de 
aquella Era, habiendo pasado a residenciar al Licenciado Landecho; de quien 
probadas muy irregulares acciones y desafueros, pasó á multarle en treinta 
mil pesos, teniéndole arrestado en cárcel suficiente, por estar todavía por 
fenecer algunas causas, más sin embargo, Juan Núñez Landecho consiguió 
con arte y mañas muy sutiles, secreta fuga de la prisión estrecha en que se 
hallaba, pero como quiera que arrastraba la soga, y que la justicia divina 
le seguía, mal aconsejado de sus delitos, se hizo á la mar en un barquillo 
mal seguro, que corriendo gran tormenta, se tiene por muy cierto, ó que 
sozobrando la embarcación, pereció con los demás compañeros, ó que apor- 
tando á tierra de infieles, le mataron y le comieron, por que no pareció, ni 
hubo noticia suya, pero volviendo á la memoria del Licenciado Briceño, se ha 
tenido por buena comunmente, mas sin embargo, alternándose como en todo 
con la lijereza costosa de su curso el movimiento del tiempo, y con él la va- 
riedad de los humores, y espíritus inquietos, o por propia naturaleza de los 
siglos, ó por que sin duda creciendo la opulencia de los caudales, aspiraban 
los subditos con las cizañas arrojadas de unos á otros, á más traviesas ene- 
mistades, cuando por este tiempo se mandó mudar la Audiencia á Panamá, 
y vuelta á instancias á esta ciudad de Goathemala, por Cédula de 28 de Junio 
de 1568, (14) vino por su Presidente el Licenciado Antonio González, no fal- 
tando algunas diabólicas y notables revoluciones en su tiempo ; más en medio 
de ellas habiendo dirigido, y Gobernado con aprobación general, fué aclama- 
do de lo más escojido de las Repúblicas, en tanto que pasaba el Gobierno de 
este excelente y extendido Reino, el día 26 de Mayo del año de 1572, < 15) 
al Doctor Pedro de Villalobos, y quietándose el tiempo en la voluble presteza 
de sus mudanzas á la entrada del nuevo Presidente, éste, aun más bien ins- 
truido en las mejores máximas, de tan importante gobierno, para la saludable 
dirección de los aciertos comunes, se considera introducido á la presidencia 
con larga duración al poseerla, el tiempo de once años tranquilos y serenos, 



(12) Libro I© de Cédula Real de la Secretaría de Cámara. -folio 214. 

(13) Libro 10 de Cédula Real dé la Secretaría de Cámara.— folio 215. 

(14) Libro I"? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara, -folio 267. 

(15) Libro 10 de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 333. 

16 



por la parte de sus motivos especiales, y por los efectos producidos en toda 
la universal resultancia á la importancia y utilidad de las provincias depen- 
dientes ; que ó por la más acertada consideración del Real Consejo le con- 
tinuaba; para las conveniencias universales, ó por que acaso, nombrado otro, 
á la sucesión de tan grave peso, muriendo éste, pudo retardar los tres años 
más de los ocho que es el tiempo por que ordinariamente es conferida esta 
Presidencia, más por el año 1583, (16) á los cuatro días de Febrero, fué nom- 
brado para ella el Licenciado García de Valverde, que experimentó menos 
favorable el semblante de la fortuna, y la naturaleza momentánea en la irre- 
gularidad del tiempo; pues parece, que apenas pudo darse para ser nominado, 
y llegar á la posesión de la plaza ; por que se mira con inmediación admirable 
despachado el nuevo título, en San Lorenzo el Real, á los 22 de Septiembre 
de 1587, al Licenciado Pedro Mayen de la Rueda. Mas quien podrá penetrar 
en la arcanidad de los consejos soberanas, los fines á que se mueven los 
Superiores decretos; ni concertar entre sí mismos los irregulares movimien- 
tos del tiempo, ya tranquilo y coronado de felicidades, y ya revuelto en mi- 
serables inquietudes. Así el de este infausto gobernador, de pensamientos 
inquietos y de cabeza estólida, debe preceder en lo lamentable, á todos los 
Gobiernos infelices; pues precipitado Pedro Mayen de Rueda, de los acres 
consejos de la ira, á las ruinas funestas de los descréditos, pudo no solo con- 
ferirse la adversión popular, si no conciliar á su nombre la perpetuidad de 
aborrecible, pues entre los funestos precipicios á que le conducía su loco 
arrojo, es de los más escandalosos, y sensibles á la memoria de los mortales, 
el haber dado una bofetada á un venerable sacerdote, guardián de este con- 
vento principal de San Francisco, sobre intentar este Presidente, y Juez de 
pesquisa de su antecesor, despojar del hábito, con que se hallaba en novicia- 
do, y sacar de aquel sagrado á Alonso Duarte, criado de su antecesor, Presi- 
dente García de Valverde, para ciertas probanzas, y castigos, á que le con- 
ducía, más que la formalidad de su comisión, la acrimonia y severidad de 
su natural, por cuyo escandaloso desorden la Religión agraviada, dejando 
desamparado el Convento, salió en forma de comunidad, para emprender el 
camino de México; mas á este tiempo el Cabildo, y Regimiento noticiado de 
este escándalo, no sin edificación general, salió en forma atajando cuadras, 
hasta conseguir casi á la salida de la ciudad, el postrarse á la Comunidad, 
y rogarla se volviese y excusase desconsuelos á la república devota de su 
sagrada familia; pero al conseguir la ciudad este desenojo de aquella santa 
comunidad, también llegó la Real Audiencia con la misma pretensión; mas 
como quiera, que procediesen estos movimientos, no de la ocasión, sino del 
propio natural, precipitado á otros abismos, se volvió Mayen de la Rueda 
contra la venerable persona del Reverendo Obispo Don Fray Gómez Fer- 
nández de Córdova, en no menos detestables materias; en cuyos embarazos 
le embargó la justicia del Altísimo, con tal extremo de demencia, que salien- 



do) Libro 1<? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 429, 

17 



do desnudo por las calles, se conducía á los campos y arcabucos intrincados, 
donde llegó como Nabuco á arrancar las yerbas para comerlas sin distinción 
de las nocivas y venenosas, á las saludables y de provecho, prosiguiendo en 
este extremo bestial, hasta su muerte; en cuyo caso fué proveído para esta 
Presidencia, el Doctor Don Francisco de Sande, según parece de la Cédula 
dada en San Lorenzo el Real á los 3 de Noviembre de 1593, (17) durando la 
manutención de su regencia, hasta 25 de Abril de 15%; que proveído para 
la Presidencia del nuevo Reino de Granada, y pasando á ella, no sin presta 
celeridad, fué señalado y conferido para esta de Santiago de los Caballeros 
de Goathemala, el día 20 de Junio de 1596 (18) la persona de Don Alonso 
Criado de Castilla, cuyos progresos pudieran ser más loables, si acaso hubiera 
procedido tan sin codicia, y extremado deseo de exaltar, y engrandecer á los 
de su propia estirpe, que en los años de la duración de su Gobierno, no per- 
turbase y diese sentimientos á la subordinación y gratitud del Cabildo y Re- 
gimiento de Goathemala, sobre el Correjimiento del Valle, empezado á mo- 
ver por el Licenciado Pedro Mayen de Rueda, por el año de 1584, (10) con- 
firiendo este oficio en Francisco de Pereña, á consecuencia y ejemplar de 
acuerdo hecho asi su antecesor, García de Valverde, nombrando para este 
oficio á Gabriel Mejía, en que sobre esto mismo confiriéndolo en Don Fran- 
cisco Criado ée Castilla su sobrino, con otras particulares inquietudes, este 
Presidente Alonso Criado de Castilla, dio motivos suficientes á la mortificación 
del común, y no faltando novedades poco seguras á las provincias, tenía los 
ánimos de sus habitadores mal satisfechos y muy colmados de desconsuelos; 
si bien sobreviniendo Don Antonio Peraza de Ayála y Rojas, Conde de la 
Gomera, por el año de 1611, proveído á los 14 de Agosto de 1609, (20) serenó 
la displicencia de los ánimos con la acertada nivelación de sus máximas á 
todo el implemento y colmo de la general esperanza; pero no faltando émulos 
que se opusiesen a la verdad de sus loables créditos, con repetidas y varias 
quejas motivaron á la vijilancia del cuidado del Real Consejo de Indias, para 
enviarle Juez Visitador : más de este Licenciado Juan de Ibarra, Oidor de la 
Audiencia Real de México y Visitador de esta de Goathemala, imbiado á este 
fin, no hallo razón en la Secretaría de Cámara, y me la da una Real Cédula 
original que para en mi poder, sobre particular negocio de mi abuelo Don Fran- 
cisco de Fuentes y Guzmán, y Don Alvaro su hermano, pero siendo su crisol 
de este Presidente, el retiro del Patulul, pueblo distante de esta ciudad, ca- 
torce leguas, mientras duraba el término de la pesquisa; pero no probadas 
las deposiciones de los mal contentos, volvió á gobernar con suma tranqui- 
lidad, y satisfacción de los pueblos, otros nueve años hasta el de 1626, (21) 
que vino á sucederle Don Diego de Acuña, Comendador de Horríos en la Or- 
den de Alcántara, que á siete años de su residencia en esta ciudad, con gra- 
titud universal y aceptación común, terminó el cargo y perpetuó inmortal su 



17) Libro 19 de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 440. 

(18) Libro 19 de Cédula Real de la Secretaría de Cámara, -folio 445. 

(19) Libro 5<? de Cabildo.— folio 176 vuelto- 

(20) Libro 19 de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 509. 

(21) Libro 29 de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 133. 

18 



memoriéula aclamación general, después de tanta prolijidad de días y de la 
continuada alteración de sucesores ; siéndolo suyo por el año de 1634 Don 
Alvaro de Quiñónez Osorío, Márquez de Lor erizaría, del hábito de Santiago 
Señor del Valle de Arriaza y Colladella y Gentilhombre de la boca de su 
Magestad; cuyo 'gran talento y especial don de gobierno, que sobre otras 
prendas personales sobresalían, para hacerse conocer de la más escrupulosa 
contemplación, por admirable y notorio adorno de su gran persona, mas por 
eso quizá destinado á la desgracia de mas que tristes, y severos infortunios, 
que siguen de ordinario á los más exelentes personajes; pues este señalado 
varón, después de capitulado á su residencia, que fué ruidosa, pasando á 
Panamá por 'el año de 1642, tuvo en la mar del Sur el infausto y desastrado 
fin que '<J e J amos advertido en la Primera Parte de esta Historia, en el Ca- 
pítulo primero del Libro Sexto, si bien parece, que divulgó la fama haber 
sucedido la desgracia de su ilustre familia, más por capricho inconsiderado de 
este caballero (que siempre fué notado de caprichoso y atender á las fisono- 
mías para amar ó aborrecer) y que por faltar disposición para su escape, más 
ofreciéndose á su arribo la diligencia del piloto, prometiéndole sacar á tierra, 
en la fragata que poco antes se había abierto en la navegación de Papagayo 
recuperada en algún modo y de tal arte, que sin peligro y sin contraste, se 
obligaba a ponerle en breve tiempo y muy seguro en la isla de Coyba, cerca- 
na y aun contigua á tierra firme de Panamá, casi 5 leguas, á donde se con- 
sumó el inopinado y lamentable naufragio. Oyendo la propuesta se fijó en 
tomar la tierra firme. Divulga la común y general noticia, que encerrándose 
en la cámara con su ilustre consorte, y la inocencia amable de sus hijos, dijo 
resuelto é inalterable : á Panamá ó al Cielo; y ordenando al piloto procurase 
arribar á la bahía de Panamá, se dejó ahogar miserablemente, con todo 
el resto de su noble familia, sin escapar del bajel más de 4 personas. 
¡Oh Como á los que se juzgan poderosos en este triste mundo, sirve de re- 
cuerdo y es desengaño de su miseria, el triste ejemplo de este Caballero, ayer 
mandando con imperio, y hoy pasto de alimento de las bestias marinas, mas 
como pasan lijeros de nuestros ojos aquestos escarmientos, también se des- 
vanecen momentáneamente á nuestro desengaño sus lastimeras memorias ! 
sea remora más eficaz á nuestra consideración el triste infortunio de todos 
los caballeros condenados de esta familia que todos grandes y todos desgra- 
ciados murieron ahogados con admiración del mundo; pues habiendo pasado 
por oidor de Visita y juez de tierra D. Antonio de Salazar, y con éste su herma- 
no D. Ordono vecino de Panamá, á este tiempo también pasaron á este Oc- 
cidente D. Antonio de Quiñónez y Marques de Lorenzana y don Franc 9 de 
Zúñiga, que entró en el marquesado de Vaydes, aquel por Prete. de Panamá, 
y este por Gobernador de Goathemala. El de Vaydes casó con hija de D. Anto- 
nio de Salazar, y el de Lorenzana con hija de D. Ordoño, pero pasando D. An- 
tonio de Salazar á Presidente de Charcas se sofocó en una estufa al repechar de 
aquellas punas, el de Vaydes su yerno después de Presidente de Chile pasan- 
do á ésa en los bajíos de fué muerto en una batalla con el 

inglés que dio fuego al navio (lo demás, ilegible). 

19 



CAPITULO II 
Que prosigue y continua la misma materia del pasado. 



MARGINALES.— Entra en el Gobierno el hiedo. D. Diego de Abendaño, Oidor de la Cnanci- 
llería de Granada. — Muere el Presidente Avendaño y gobierna la Audiencia. — 
Dase nota de las alteraciones de este tiempo .— Viene a la Presidencia el Conde de 
Santiago. — Sociegan en lo aparente los bandos. — Vuélvense a encender dé nuevo. 

Extínguense los bandos con la muerte de Padilla. — Gobierna la Audiencia por 

la muerte del Conde de Santiago. — Viene a la Presidencia el Conde *de Priego, y 
muriendo en el camino continúa la Audiencia en el Gobierno. — Llega a Panamá el 
General D. Martin Carlos de Meneos, y pasa de allí a gobernar este reyno, y en 
su compañía el R. Obpo. D. Payo de Rivera. — Accidentes de este Gobierno. — Lan- 
gosta en los años de 1661 y los dos siguientes. — Pasa a la Presidencia D. Sebastián 
Alvarez Alfonso. — Confiérese en ella y por la Audiencia, de los cargos de D. Se- 
bastián Alvarez al Dr. D. Juan de Sto. Mathia. — Viene como interino, y queda en 
la propiedad Don Fernando Francisco de Escobedo. — Llega a residenciarle, y con la 
Presidencia, D. Lope de Sierra Osorio. — 'Sucede en ambas comisiones D. Juan Mig. 
de Agurto. — Viene con la propiedad D. Enrique Enríquez de Guzmán. — Hace re- 
nunciación del Gobierno. — Sucede en la presidencia el general D. Jacinto de Ba- 
rrios Leal. 



Había llegado por los fines del año 1641 á suceder al Márquez de Lo- 
renzana, el Licenciado Don Diego de Abendaño, y detenido entre tanto, que 
concluía el tiempo del gobierno del Márquez, en el lugar de Ciudad Vieja, 
se veía esta ciudad dividida en públicos y cortesanos cortejos de un Presi- 
dente y otro, no faltando en la ciudad antigua, solemnes y aclamados regoci- 
jos de plaza, toros, cañas, alcancías, y otros divertimientos de la caballería, 
no así fácilmente en estos tiempos funestados, pudieran juntarse estas tropas 
en ocasiones reales de la más natural obligación al príncipe, por la exhaución 
de los tiempos, hasta que entrando el mes de Mayo de 1642, terminando el 
gobierno de Lorenzana, entró á la posesión de la Presidencia el Licenciado 
Abendaño, que á su venida, manifestando el celo de su ánimo, y limpieza de 
sus manos; fué Goathemala por aquellos días, más prósperos que los pre- 
sentes, la universal congregación de la Nobleza de las provincias, o por darse 
á conocer los más poderosos de ellos, en aquellos principios del nuevo Go- 
bierno, ó los menos acomodados para conseguir á la igualdad de los méritos 
los más excelentes premios; mas no sin lástima de nuestras presentes des- 
venturas, podré afirmar que hoy toman los Presidentes la vuelta para España 
sin haber conocido la décima parte de estos ilustres beneméritos de Goa- 
themala y su Reyno; por que faltos de todo lo necesario ni pueden ni se 
atreven á parecer en lo público, como si los claros méritos de sus mayores 
fueran calificados delitos, y así miramos con intenso quebranto de nuestros 
corazones las repúblicas primeras como desiertas, retiradas las primeras y 

20 



más conocidas familias á la rusticidad de los campos; mas todavía, como 
íbamos diciendo en el feliz Gobierno de este Presidente, florecían y se alen- 
taban á los empleos más decorosos de lo político y militar, en que resplande- 
cieron por mucho cúmulo de años, muchas ecxelentes familias. Mas como 
quiera, que el tiempo varía y alterna con las desgracias todas las cosas terre- 
nas, esta felicidad del Reyno, vinculaba las desgracias, no pudo subsistir 
muchos años, y así siguiendo como primero pronóstico de sus ruinas, la 
enfermedad natural de este Presidente, que le ocasionó la muerte por el año 
de 1648, empezó el Reyno á experimentar ásperos movimientos y muchas in- 
quietudes durante el Gobierno de la Audiencia Real, por que parciales y 
divisos entre sí mismos los Oidores, dieron atrevimiento á los bandos públicos 
que en esta ciudad duraron por el círculo severo de algunos años, naciendo 
no de frájiles, ni momentáneos principios, como sucede muchas veces, ni 
de menos superior motivo, que el de la pretensión de las varas de Alcaldes 
Ordinarios de esta ciudad de Goathemala, tanto apreciables por entonces, 
cuanto ahora resistidas y desdeñadas de los republicanos, cuyas inquietudes 
severas de rencores hereditarios en las familias, salían ya de los límites de 
esta Corte á las ciudades de las más remotas provincias, á donde se hallaban 
deudos ó dependientes de Carranzas y Padillas, familias sin duda de pensa- 
mientos inquietos. Y como quiera que estos desórdenes acompañaba la tarda 
expedición de las materias más graves, surtas y detenidas en las pasiones 
particulares y desunión de dictámenes de los Oidores, hacía más funestos 
efectos en los litigios y pretensiones. Pero mediando entre estos accidentes, 
la noticia de haberse proveído la Presidencia en Don Fernando Altamirano de 
Velazco, Conde de Santiago de Calimaya, sobreviniendo pocos meses después 
por los principios de Mayo de 1654, tornaron á su curso las materias más 
importantes, que á la gran extensión de las provincias hallaron como resu- 
citadas, ó al menos como despiertas de un profundísimo letargo. Cesando á 
los principios de este Gobierno muchas atrocidades de aquellos bandos pú- 
blicos, más no durando mucho tiempo esta tranquilidad, volvieron á encen- 
derse de nuevo ; dando por autor de. aqueste nuevo impulso, y no sin fun- 
damento, á el Adelantado de Filipinas, hijo primogénito del Conde Presidente, 
y aun hay quien asegure que con permiso de su padre : más no tan severa- 
mente podré acordarme, por la poca edad que contaba en aquel tiempo, que 
me atreva á afirmarlas, que no correspondían proporcionadas con la delica- 
deza de mis años, si bien podré aseverar sin escrúpulo mezclado en la amis- 
tad de los nietos del Conde, y con intimidad en la de Don García de Legaspí 
y Velazco, hoy Obispo de Durango, uno de los hijos menores del Adelantado, 
y el más amado del abuelo, que llegué á entender entonces y después de los 
propios caballeros ligados en estos bandos, haber tenido su principio estas 
turbulencias de haber faltado á el Conde el libro original de Caja de los 
juegos de Palacio, con suma de débitos considerables sustraídos por la vi- 
veza de la artería de Don Diego de Padilla, á quien Don Tomás de Carranza 
Medinilla, de ánimo feroz se recomendó de sacarle y restituirle al Palacio; 
más siendo producidos estos movimientos llenos de atrocidad, y rumores al 

21 



tiempo que el Conde se hallaba molestado del peso inevitable de los años; 
pues rayaba en más de setenta y siete de su edad. Habiendo puesto á Don 
Diego de Padilla en la fortaleza del Golfo, sitio desapacible y enfermo; donde 
terminó el curso acelerado de sus días; brumado el Presidente de prolija y 
grave enfermedad, murió á breve cláusula de meses por el año de 1657, de- 
jando el Gobierno y el remedio de tantos males en poder de la Audiencia 
Real; y aunque en el tiempo que de esta vacante gobernó el Reyno, no falta- 
ron resultas graves y escandalosas de estos bandos, más sin embargo, fal- 
tando la principal cabeza á su fomento con la muerte de el Padilla, por lo 
demás pudo el tiempo disminuir y enflaquecer la fuerza y vigor de estas 
contrarias familias que desunidas y gastadas por la naturaleza, y curso de 
sus propias cosas, fueron pausando lentamente quedando extinguidos al des- 
embarco del Conde de Priego en la Veracruz, constituido en el grado Presi- 
dental; y este que con crecida y gran familia, en mucho lustre y explendor 
de comitiva había gastado grande suma en su arribo ; cuando ya se esperaba 
la posesión de la superior regencia á los umbrales casi de su jurisdicción, le 
salteó el impulso de la muerte, ya para introducirse en los términos de Oaxa- 
ca, dejando á su consorte y familia desamparada y lastimera, retrocediendo por 
las mismas sendas; para tomar la vuelta á España en la propia flota en que 
había venido : son de ordinario engañosas las esperanzas humanas y muy 
abstraído de la razón quien de ellas se confía; burlan como la sombra que 
huye de quien la sigue, y las dignidades de el mundo de esta propia natu- 
raleza, porque de ordinario siguen á los que de ellas se apartan. 

Continuó la Real Audiencia el Gobierno de este Reyno de Goathemala, 
arrebatado de esta vida el propietario Conde de Priego; más aunque se go- 
zaba por aquel tiempo de la tranquilidad de la paz, que es el medio que hace 
los estados felices, sin embargo se deseaba el (gobierno de un solo superior, 
rehusando muchas veces introducir las materias más superiores al arbitrio 
de muchos, aun todavía no bien conformes entre sí mismos, pero sucediendo 
el arribo de galeones á tierra firme, se tuvo aviso de haber desembarcado 
en sus playas el General Don Martín Carlos de Meneos, Caballero de San- 
tiago, Alcayde perpetuo de los Palacios Reales de la ciudad de Tafalla y ge- 
neral en los viajes antecedentes de aquella propia armada de galeones, y aho- 
ra Presidente Gobernador y Capitán General de este Reyno ; y aunque de- 
tenido y calmado en Panamá muchos días con varias enfermedades introdu- 
cidas en su familia de el poco seguro temperamento de aquella tierra, cares- 
tía de bastimentos y de comodidades de habitación, que desayudaban á la 
delicada naturaleza de aquellas personas poco acostumbradas á tanta diver- 
sidad y destemplanza de climas, hasta llegar con mucho á los horrores del 
sepulcro, y entre ellas Doña María Tobillo su generosa consorte. Aun no 
bastantemente convalecidos unos y otros, bien que el contagio reservó las 
personas de el Presidente y la de el Reverendo Obispo Fr. Payo Afán de Ri- 
vera Enríquez, se hicieron á la vela para estas costas del Sur, á donde con 
feliz bonanza arribaron mediando el mes de Diciembre del año 1658. y acer- 

22 



candóse á esta Ciudad con lentitud de jornadas respecto á su familia mal 
recuperada y no poco numerosa ; hizo en ella la solemne entrada á la pose- 
sión el dia de los Santos Reyes, seis de Enero de 1659. Mas aunque pudiera 
abuzar la novedad, y ligereza de el vulgo de lo funesto de su entrada, a 
quien servía de aparato festivo lo lúgubre de las vayetas, con todo eso ni 
por novedad llegó a extrañarse, ni por triste pronóstico pudo temerse; pues 
afianzado este Gobernador en los estribos de su gran prudencia, y gran 
compreensión de noticias, experiencias políticas y militares, autoridad y celo 
en las materias del servicio de entreambas Magestades, pudo llegar a cons- 
tituirse singular entre muchos de su gran gerarquia, y a fuerzas de la 
industria hacerse tan memorable y aclamado; que Goathemala no vio hasta 
entonces gobierno más igual y prosperado; y en que la paz se vio en su 
trono, la justicia en fiel, los subditos satisfechos, y los ministros no solo 
respetados y atendidos, pero exaltados casi a la propia igualdad de el go- 
bierno, sin que en el largo espacio que nivela y compone la proligidad de 
ocho años, entre el Presidente y el Obispo que de si dio tan alta y gloriosa 
satisfacción al mundo, hubiese motivo de la mas ligera queja; corriendo 
siempre en tanta señalada correspondencia de intimidad, que sola la atención 
de este punto de concordia, tuvo a los subditos de ambos estados, pendientes 
de este ejemplo respetuoso y christiano ; y no desmandarse á ocasiones que no 
correspondiesen á la verdadera imitación de tan regalados superiores ; mas no 
por eso dejaron de empesar a mostrar algunos fatales pronósticos de las fu- 
turas desgracias entre la serenidad de estos tiempos, que por la varia dispo- 
sición de la esfera, ó lo más cierto por los secretos de gerarquia más oculta, 
habiéndose encendido la gran temperie de estos países por el año de 1660, 
se produjo una general pestilencia de virgüelas tan activas que redujeron á 
los sepulchros gran cantidad de personas. Mas semejante contagio fué estímu- 
lo vivísimo á la larga misericordia del esclarecido y venerable Prelado, de- 
rramado y propenso á la frecuencia de larguísimas limosnas, bien necesarias, 
cuando habiendo cesado la epidemia, sobrevino por los años de 1661-62 y 
63, asombrando el sol, y ocupando todo el elemento del aire incomparable 
plaga de langosta, que devoró y imposibilitó los campos, y los sembrados, y 
á los últimos tercios de este Gobierno sobreviniendo el pirata Enrique Carlos 
Morgan por el río de San Juan, desatguadero de la laguna de Nicaragua, 
martes día del Apóstol San Pedro del año de 1665, entró á saco la primera 
vez la ciudad de Granada, principio y preludio fatal de muchos accidentes 
lamentables para los años futuros. Por que terminando, no sin general sen- 
timiento el Gobierno del General Don Martín Carlos de Meneos, llegó á su- 
cederle por el año de 1668, Don Sebastián Alvarez Alfonso Rosíca de Caldas, 
caballero de Santiago, Señor de la casa de Caldas, con menos prosperidad 
de fortuna que debía corresponder á la calidad de sus deseos; por que no 
faltando á la adversidad que estaba destinada muy desgraciados efectos, tuvo 
muchas infaustas acometidas de el pirata, en que no solo se perdía la ocasión 
de lograrla contra sus continuas y tenaces diversiones, si no que por mayor 
contraste de nuestras ruynas, quedó apresado el Castillo de San Carlos del 

23 



desaguadero de la laguna ; mas como quiera que todas las cosas se disponían 
por los altos Consejos de la Providencia; para labrarle méritos superiores 
á este Presidente; aun el mayor celo de la Justicia; pudo, ó no bien dirigida, 
ó excediendo en la punición de el reo, conferirle su última ruina; por que ave- 
riguado el delito de baratería al Licdo. Don Pedro de Miranda Santillan, 
Fiscal de esta Audiencia, el Presidente arrebatado, no se si de pasión, ó de 
celo de la Justicia, que es lo más cierto, con suficiente guarda, le recluyó en 
el Castillo del Golfo, bien que contra el dictamen del Licdo. Don Carlos Co- 
ronado y Ulloa, su asesor general. Más opuesto el Presidente á este acertado 
parecer le concilio su determinación la de deposición del Gobierno, y la 
terminación de sus días. Estando en la pesquisa de sus cargos el Venerable 
y gran Prelado Doctor Don Juan de Santo Mathia Sáenz de Mañozca y Mu~ 
rulo, Obispo á la sazón de esta Iglesia primitiva, Presidente, Gobernador y 
Capitán General de este Reyno en el Ínterin que su Magestad otra cosa man- 
daba, entrando al citado Gobierno el año 1670. Más como la displicente Na- 
turaleza de los hombres, jamás se mira satisfecha de los conceptos ágenos, 
mal humorada la República, se constituía quejosa sin haber llegado á los 
términos de doliente, ó por que muchos de pensamientos inquietos juzgasen 
por nociva la alentada prudencia del Obispo Presidente en la suma de los 
negocios más profundos; o por que no sólo eclesiástico, si no muy religioso, 
estaba el Palacio cerrado á el estilo de la negociación secular; acostumbrada 
á las artes que de ordinario se oponen á la distribución de la justicia, por 
donde le produjeron sus émulos una indiscreta calumnia, mas nunca como 
entonces, con menos asomos de razón, pudieron vasallos ningunos quejarse 
de superior alguno á su Rey; y así, reconocida por el Supremo Consejo, como 
inútil y momentánea queja contra los créditos asentados de tan excelente y 
gran sugeto, sobre quererle extablecer nacional, por que distribuía las enco- 
miendas y oficios en criollos beneméritos, y gustar que se pensase era poco 
celoso del Real servicio, se dio á el olvido por el Consejo lo que fundamen- 
tado en frájil presumpción, no podía producir otra cosa, que inútiles embara- 
zos, sin que esta noticia alterase el ánimo prudente de este Prelado (que el 
árbol grande por mucho que los vientos le repelen y combatan las ramas 
está seguro en la firmeza del tronco) así terminando los negocios de esta 
ocupación secular en que estaba no bien hallado, por el año de 1672, llegó 
el sucesor de la Presidencia Don Fernando Francisco de Escobedo, del hábito 
de Santiago, con quien aun menos contenta la variedad de los humores, si 
no tan declarada á los principios de su gobierno, con cauteloso disimulo, se 
ladeaba á séquito diverso de su propio estado, y conciliando los ánimos de 
los personajes de más caudal y séquito, conspirando en aquella repetida 
Asamblea, fueron después de bien unidos en su propósito, formando graves 
calumnias en varias ocasiones contra los créditos de este caballero ; más quien 
podrá afirmar bastantemente la disonancia y cuidados que ocasionaron estos 
rumores apadrinados de más sagrada pluma, en la atenta vijilancia del Real 
Consejo de Indias, solo el efecto producido podrá explicar la grave expecta- 

24 



ción de tanto pueblo, y el gran desvelo en que puso á tan esmerados minis- 
tros esta_reiteración de informes ; puesto que se tomó el expediente, de que 
viniese á la averiguación de tan escrupulosos capítulos, la gran mesura, rec- 
titud y celo de el Licdo. Don Lope de Sierra Osorio, Oydor de la Audiencia 
de México, que se hallaba en la Presidencia de Guadalajara, y para pasar 
á esta, hubo de hacer el prolijo y dilatado camino de setecientas leguas, lle- 
gando á esta ciudad de Goathemala el año de 1678. Pero aún ahora este, y 
otros excelentes ministros viven, y duran colocados en los respetos del solio, 
y me será forzoso, casi de intento cubrir con el silencio las materias, que ó 
puedan serles asumpto de vanagloria, ó acaso el medio de conciliarles la 
general aversión; si bien que por ahora, solo es hacer memoria de su con- 
ferencia á este supremo grado, y sin tocar en más, que aquellas primeras 
acciones, ó las más señaladas máximas de su gobierno; pero ahora en el 
presente asumpto, no ofreció, ó la sagacidad del propio genio de este esco- 
jido Ministro, ó la benévola disposición de los astros, materia digna de el 
ejemplo de los mortales, solo diré, que pareciendo á la esmerada providencia 
de el Real Consejo, que el deseo de las más prontas ejecuciones de la Justicia, 
pausaban mucho más de lo ordinario, las averiguaciones cometidas contra 
Don Fernando Francisco de Escobedo, pasando éste de grado en grado, según 
estilo de las Asambleas de su Orden, de unos bailios á otros, hasta llegar á co- 
locarse en el Gran Priorato de Castilla, que se cometió la conclusión de esas 
averiguaciones, al Licdo. Don Juan Miguel de Agurto y Álava, caballero de la 
Orden de Alcántara, Oydor de la Real Audiencia de México, que llegó á este 
efecto por el año de 1682. Pero ni éste menos detenido en estas averigua- 
ciones, pendientes de muchos ramos y radicadas en todas las más de las pro- 
vincias de el Reyno, pudo tan ainas concluirlas y concertarlas sin gasto de 
muchos meses, bien que siendo, como circunstancias de la más ponderosa 
materia de tan arduos negocios, pudo en el término de más de un año fene- 
cerlas, y remitirlas, prosiguiendo á la inteligencia de el peso y suma de las 
materias de el Gobierno, que resentido en el cuerpo numeroso que componen 
los pueblos de su distrito, aclama por uno de sus mayores accidentes el de la 
repetida alternación del Magistrado primero, con poco tiempo de comprehen- 
sión, para acertar la curación de sus miserables dolencias, porque inexpertos, 
y casi privados del conocimiento de el estilo de los países, cuando comienzan 
á considerar en lo radical de sus daños para aplicar la mano á su más segura 
recuperación, entonces, ó dejan por sí, ó son mudados de este gobierno; en 
que no sé que pueda haber medio más proporcionado para su última decli- 
nación; más no por propio dictamen del grave sentir del Real Consejo, sino 
por la propia naturaleza de nuestros tristes infortunios debemos atribuir á 
la divina permisión, este funesto efecto, producido de la primera causa para 
altos y convenientes fines. Y así continuándose este oculto y venerable de- 
creto á los dos años por el de 1684, vino á suceder á el Licdo. Don Juan Mi- 
guel, el General Don Enrique Enríquez de Guzmán, caballero de la Orden 
de Alcántara, que hallando (por haberse empezado á introducir desde el prin- 
cipio del Gobierno de su antecesor una continuada exploración de los piratas 
por ambas costas) los países inquietos y desacomodados, continuándose esta 
peligrosa asonada, le fué inexcusable el hacer varias diversiones, para dis- 

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Propiedad de la Biblioteca 
I diversidad Francisco Marroquín 



tintas campañas, en cuyos tiempos con la falta de los dueños quedaron los 
sembrados destruidos, y las haciendas por fuerza de la ocasión atrazadas, y 
sin poder volver á su primero colmo ; más esta propia ocasión, contemplada 
con maduro talento, en que no sin gran fundamento, juzgaban ser más cierto 
el perder, que el ganar con tantos puertos distantes y indefensos, le dio mo- 
tivo para hacer dejación de la plaza en manos de su Majestad, á tiempo que 
sobreviniendo unas escuadras, y otras, tenian en más recelos, no sólo á el 
Presidente, sino á todo lo general del Reyno, durando esta inquietud y sozo- 
bra, con la general y temerosa plaga de langosta por todo el tiempo de este 
Gobierno, con accidentes bien notables y dignos de la memoria futura; más 
no es de mi asumpto por ahora escribir cosas tan nuevas, y que vierten de 
sí la sangre que producen las penetrantes heridas de estos sucesos; perseve- 
rantes; hasta que mediando su dejación y aceptación de la renuncia, llegó 
á sucederle el General Don Jazintho de Barrios Leal, por el principio del 
año de 1688, encontrándose á la entrada con azares bien funestos, y contin- 
gencias notables, señales de lanzas de fuego en el aire y tremendos terre- 
motos. Pero sin duda parece que aquellos sucesos, y ocasiones malogradas 
de nuestra parte, al terminar el gobierno de D. Enrique Enríquez, y entrada 
de este otro, fué lo último de las sospechas y asechanzas de los piratas, pues 
desde entonces, al menos en nuestras costas, no han tocado, bien que aún 
por los principios de este año de 1690, no han faltado malos sucesos en la 
Punta de Santa Elena y puerto de Payta de la parte del Pirú, con prezas in- 
teresadas de navios de aquel comercio, que reforzaron al corsario en mejoría 
de nuevos vasos, y buenos intereses; para poder desembocarse. Mas no 
abusando de aquellas señales temerosas, que se mostraron en la región en el 
principio de su gobierno, parece que le pronosticaron, que se asegurase de 
alguna intención adversaria; porque aunque más que de otro alguno, se 
hizo aceptable la suavidad de su gobierno á toda la común satisfacción de las 
Provincias, no así á los cuatro Oydores que navegaron desde España en 
compañía de este Gobernador, se hizo tan grata, conspirando en su contra 
varias deposiciones y capítulos, más todos fútiles y insiertos, los más dellos, 
por que este odio, según exparció la fama por entonces, se alimentó, crecien- 
do á grande incendio de enemiga, de una centella amorosa, que á un tiempo 
mismo ardía en el corazón del Presidente, y nacía en el del Oydor Valen- 
zuela, y no manifestándose esta cauza, fingió en su contra la adversidad, y la 
malicia, tráficos y contratos de este Gobernador, en que jamás había pen- 
sado, y estas tramoyas del infierno, bien conocidas por Don Antonio Abaunza, 
y los demás sus compañeros, despertaron el celo de el Consejo para expedir 
un Real Despacho de Comisión al Lizdo. Don Fernando López de Urzino y Or- 

baneja. (Sigue un renglón ilegible) de ellos 

Con que para ver de dar principio á las conquistas, fundaciones, y descrip- 
ción de los países, que están á la provisión de los Presidentes de esta Au- 
diencia, dejamos establecidos los sugetos debajo de cuya mano ha corrido la 
conferencia de estos oficios, por lo que en sus acaecimientos puede ofrecer 
la ocasión, en que se necesite de hablar en ellos. 

26 



CAPITULO III 

Del número de los Corregimientos que distribuye el Presidente de Goathemala, y 
la conquista y jurisdicción del de Atidán. 



MARGINALES. — Los oficios de la provisión de los Presidentes son trece. — Fueron antes 
diez y seis. — Y en el principio diez y nueve. — Motivo a la conquista de Atitlán. 

— Propuesta del rey Sinacam. — Salen espías de nuestro ejército a reconocer el 
país. — Descripción de la situación de Atitlán. — Vuelven nuestras espías. — Hó- 
cese primero embajada de paz a el Señor de Atitlán. — Desprecia los tratados de 
paz. — Ofrécesele de nuevo recibirle de paz, y tercera vez lo resiste. — Sale el ejér- 
cito español de Goathemala. — Da vista el ejército al pueblo de Atitlán, de donde se 
vuelve a requerir con la paz. — Resisten la paz y dánse vista los dos ejércitos. — 
Aparece otro ejército de indios fortificados en el peñol de la laguna. — Acércase a 
el peñol el ejército español. — Logra algunos tiros desde la ribera en los indios del 
peñol. — Acometen los peñolistas a los nuestros divididos en dos escuadrones. — 
Siguen los nuestros por el agua al alcance del enemigo. — Número que componía 
nuestro ejército. — Pasan a nado los indios del peñol a la seguridad de una isleta. 

— Quedan vencidos los peñolistas, y dánse a el rendimiento; y éntranse a saco las 
poblazones de la laguna. — El ejército de los indios que afrontó primero a los espa- 
ñoles desapareció de la vista. 



Por la propia naturaleza de las cosas, ó por necesidad de los tiempos, 
que alterna, y promueve los más seguros estados, variando por instantes el 
semblante de las materias, han no solo descaecido estos oficios en la subs- 
tancia de sus comercios ; más ellos en sí mismos no solo disminuidos en lo 
numeroso de pueblo se advierten desconocidos, más en lo que mira a la ju- 
risdicción de conferencia también se han apocado ; pues hoy en lo que alcan- 
za la regalía del Gobierno, tan solamente se numeran trece, de este género 
de administración de justicia, con que puedan los Presidentes, ó remunerar 
el mérito de los servicios loables de los subditos, ó hacerse atender, y vene- 
rar de los mismos (aunque á veses también sea almacigo de producir emu- 
laciones). Y atendiendo no á la nivelación del grado de estos oficios, sino 
á la sucesión de sus conquistas, habré de describirlas circunstanciando los 
sucesos de ellas, según se fueron por nuestros españoles consiguiendo. Mas 
es inescusable que anteceda á estas precisas relaciones, la noticia y conoci- 
miento de estos trece Partidos, que los diez de ellos se confieren debajo de el 
título de los Corregimientos de Totonicapa, Quetzaltenango, Tecpanatitlán, 
Atitlán, Yxquintepeque, Goazacapán, Chiquimula de la Sierra, Cazebastlán, 
Sebaeo y el Reálexo. Y los tres con el título de las Alcaldías Mayores de Nico- 
ya y Amatique, ya casi desmantelada y destruida, por la última toma del Cas- 
tillo de Santo Thomás de Castilla en el Golfo Dulce, y la que gozando de fo- 
mento, pudiera ser apetencia y desempeño no solo de sus Alcaldes Mayores, 
sino de todo el Reyno, que es la de las Minas de San Andrés de la Nueva Zara- 

27 



goza; donde sin rosarse en las ponderaciones, puede desirse, que se ven mon- 
tes de oro. Estos que ha pocos años que eran diez y seis, con orden especial de 
su Magestad, que de ello tuvo el General Don Martin Carlos de Meneos, por 
la agregación al Gobierno de Nicaragua de los de Monimbó, Chiripá y Pacacá, 
quedaron en el número que tenemos referido; más no distando mucho de 
nuestros tiempos, llegaron á ser por el año de 1646, (22) diez y siete en número, 
con los de los Chántales, Quetzalhuaque y Quipó, también por agregación uni- 
dos á aquel Gobierno de Nicaragua. Mas siendo necesario extablecer estos Par- 
tidos debajo de la subordinación, y obediencia de nuestros Cathólicos reyes, 
que tanto y señaladamente se desvelaron por la reducción de esta nación al 
gremio de nuestra Santa Fe Catholica, en que no menos, que sus reales vijilias, 
se gastaban sus más promptos tesoros, por adquirirlos para Dios, parece no 
sin necesidad urjente ser precisa la narración de sus conquistas, para haber- 
los de describir, viviendo en maza antes de las guerras (ilegible) tuvieron las 
de naciones Quicheles y Sotojiles (ilegible) gobierno de los parientes, reyes 
de aquellos señoríos, con largo gasto de los años, y no menos solación de sus 
propios subditos combatientes, en que numeroso (sigue ilegible). 

Habíase por el año de 1544 reducido de su propia voluntad el Cazique 
Sinacan, Señor de Goathemala á la obediencia de nuestros Cathólicos Reyes, 
y por aquellos primeros días del rendimiento, reposaba nuestro español ejér- 
cito de sus prolijas expediciones en las delicias de Goathemala; más como 
quiera que el ocio diera ocasiones á la más familiar conversación, de Sinacan, 
ó que éste, ocupado de los rencores contra el Rey de Sotojil, que daba celos 
á el cacique Acpocaquil, deudo de Sinacam, y rebelde al cachiquel de Solóla, 
que se le había alsado con la mejor parte del Reyno, como dejamos referido en 
el capítulo tercero del Libro Segundo de la Primera Parte ; tubo lugar de in- 
troducir sus pretextos en el ánimo de Alvarado; más no sin arte y gran si- 
mulación, decía que (23) allí serca (ilegible al margen de la página) habían 
unos pueblos inmediatos á una laguna, donde para su defensa, y ofensa de 
la comarca, tenían guarnecido un peñol muy eminente, que estos Sotojiles 
de Atitlán eran enemigos suyos, y que obstinados en su aversión común, les 
hacían continua guerra, con diversas exploraciones, y que aliados nuevamen- 
te con Acpocaquil, serían más frecuentes las invasiones ; con que mal y tarde 
podría el ejército de Tonaltiu (que era Alvarado) tener sosiego; que la mala 
condición y gran soberbia del Sotojil, se dejaba bien conocer; pues sabiendo 
las grandes victorias de los Teules (eran los españoles) y que Goathemala, 
que era mayor reyno que el suyo, se había rendido, ellos no venían á dar la 
obediencia á el Señor Rey de Castilla; fiando más de su mala condición y 
perniciosas costumbres, que de la fuerza de la razón; y á la verdad, no decía 
mal el Rey Sinacam; porque no se debe temer tanto, á el más poderoso, cuan- 
to á el más mal acondicionado. Y como quiera que el fin de nuestros espa- 
ñoles era dominarlo todo, no sin especial acuerdo determinó Don Pedro de 
Alvarado tratar de esta expedición, solicitando antes, como sagaz y astuto 
capitán de la mejor exploración de aquel país, y para el más acertado pro- 
greso de sus armas, despachó espías muy suficientes que le reconosiesen. 



(22) Memoria de Juan de la Calle.— folio 118. 

(23) Bernal Díaz del Castillo.— Capítulo 162 y 195, original borrador. 

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Yace el numeroso y señalado pueblo de Atitlán á distancia de diez y 
seis leguas apartado de esta ciudad de Goathemala, en sitio inexpugnable, 
y fuerter-desapasible, y frió, con erizados, y continuos hielos, que con desali- 
ñado semblante de confusas nieblas se constituye inasediable y con áspero 
sobresejo de material aspecto se muestra armado, y defendido entre pendien- 
tes, y tajados riscos que se extienden, y caminan desde el principio que toman 
á los márgenes del ancho piélago, hasta las cimas de sus ásperas cumbres, 
que terminan en desiguales puntas de firmes pedernales ; de donde se dila- 
tan en espaciosas llanuras que van á eslabonarse por la parte de el Quiche 
al pueblo de la Concepción, de no menos inacsesible camino hasta su cima, 
que sale á la parte del Levante como única senda á sus asedios, fácil y buena- 
mente defendida; mas, por la parte meridional no fácil de acometer; por que 
por este rumbo le cerca y asegura lo tempestuoso y crespo de la laguna que 
baja en su circunferencia, veinte y siete leguas de profundísimo piélago, y 
circunvalado y ceñido de corpulentos montes formados de desiguales peñas, 
aprisionados los vientos en el'espacio, y esfera de su círculo, se goza siempre 
enbravecida y tormentosa con olas, y corrientes encontradas; donde se ven en 
su navegación padecer y sufrir irreparables naufragios á muchas piraguas, 
y barcas de su tráfico. Forma en la represa de sus aguas, no muy distante 
de tierra un gran peñol, que se levanta sobre más de treinta estados de pe- 
ñascos lizos, desnudo y libre de plantas y yerbas, que le vistan y adornen. 
Bien que este agreste y desapacible promontorio, hace especial adorno, como 
sucede á veces en la hermosura de los rostros un lunar negro, á aquel admi- 
rable piélago, entre la variedad y nobleza de muchas y grandes poblazones 
situadas con célebre antigüedad, en la apacible amenidad de sus dilatadas ri- 
beras, no faltas, ni desproveídas de aguas, leña, y yerba, ni estériles tampoco, 
ni exhaustas de vitualla. 

Así los exploradores de aquel contorno propusieron á el Adelantado 
Don Pedro la descripción de aquel país, y tratando de su dominación, insti- 
mulado de los esfuerzos del rey Sinacam, intentaba á la empresa, más no 
tan acelerado, que no le hubiesen detenido la variedad de los discursos de 
sus capitanes. Por que si bien se consideraban por la alianza y sujeción, fo- 
mentados con los esfuerzos de Sinacam, y asegurados con proviciones de 
bastimentos, y comodidad de sus retiradas, y alojamientos, sin embargo, con- 
trapesaba la consideración de una plaza fuerte, corte y cabecera del señor 
natural, y ladeado á la mala condición del rebelde Acpocaquil, fomentado de 
los pueblos que le seguían; pero con todo, considerando Don Pedro de Alva- 
rado, que el exemplo de estos podría mover á los ya sojuzgados de la provin- 
cia de Utatlán, Quetzaltenango, Ystaguacán, y otros sus inmediatos, y por 
tentar á la fortuna que á vezes en los más arduos negocios se inclina favora- 
ble, trató de hacer embajadores á el señor de Atitlán, lo primero por cumplir 
en esto las órdenes de la instrucción de su Magestad, y justificar el motivo 
de la guerra, como por si acaso la buena suerte ofreciese este rendimiento 
sin sangre; más no así á lo dulce de su esperanza le correspondió el suceso. 
Por que oyendo que se le recibiría debajo del amparo y seguridad real, con- 
servándole en la posesión y libre dominio de sus tierras, y en la libertad na- 
tural de sus personas, con lo cual y su amistad excusaría el rompimiento de 

29 



la guerra. Este gran cacique entonces, como siempre altivo y belicoso, res- 
pondió con desprecio de la embajada, y no buen estilo en el trato de los em- 
bajadores, y aunque este desdén pudiera alterar otro corazón, que no fuese 
el grande de Don Pedro, no cansándose de convidar con la paz al Soíojil, 
volvió de nuevo deseoso de su mejor consejo á hacerle segundos embajadores, 
que éstos y los terceros fueron despedidos no solo con amenasas, mas con 
demostración de pasar á la obra; mas no lijeramente podré culpar á este 
cacique, sobre si faltando á el derecho de las gentes, intentó en estos men- 
sajeros otro estilo, de aquel que se practica entre gentes más limadas, por que 
ni entre los de su generación estaba en uso, ni menos atendía á otro motivo 
que el de no dar entrada en su Reyno á gente estraña. Por esta ocasión, 
nuestros españoles, no acostumbrados á tantas lentitudes, determinaron aco- 
meter esta empresa, y el mismo Adelantado resolvió salir en persona á tanta 
y señalada expedición. 

Dispuestas todas las cosas, y dejando en Goathemala seguridad sufi* 
ciente, para no sujetarse á contingentes diversiones, ordenó su marcha á la 
vuelta de aquel contorno, bien que marchaba á convenientes jornadas, con 
buenos y seguros alojamientos, proveídos de bastimentos, y acomodados de 
excelentes campiñas, que ministraban en abundancia todo el forraje nece- 
sario á su caballería, y refrescando á menudo en acomodadas distancias á su 
gente, que siempre se conducía marchando en ordenadas, y divididas tropas, 
llegó á avistarse entera, y mantenida, por fecundo y abundante país, á sitio 
poco distante de el numeroso pueblo de Atitlán, de donde pareció de consejo, 
de los más de los Capitanes, volver á los requerimientos de paz á el Rey de 
Sotojil, y los mandones de sus pueblos y tribunales; mas estos fijos en la 
tenacidad de sus pensamientos, y esperanza de mantenerse con el esfuerzo 
de el espíritu, no solo tomaron las armas contra los mensajeros; mas aspi- 
rando á más admirables triunfos afectaron acometer á nuestro ejército; pero 
quedando firmes en el puesto que cubría su numeroso escuadrón, y sin mo- 
verse en mucho tiempo, se reparó de nuestra parte, en que no sin asechanza, 
no bien distante de nuestro ejército, alojaba un grueso nervio de indios for- 
tificados en el peñol de la laguna, y discurriendo, no solo estorbo muy im- 
portante á nuestro intento aquella natural fortaleza, que de quedar á las 
espaldas, cortadas nuestras tropas, podría funestar nuestra fama, sino que 
dominado podría interesarse alguna gran persona que fuese el precio de 
aquel Señorío, se d:ó orden para acercarse á el peñol, y con ordenado movi- 
miento, levantándose nuestro ejército del primer sitio, se acercó á la ribera, 
de donde logrando en los contrarios algunos tiros de ballesta, y de la des- 
treza de los arcabuceros, se mantenía á pie firme sin otro movimiento, o por- 
que fuese el intento sacarlos á batalla, ó porque el agua de la laguna, cuyo 
fondaje no estaba conocido sirviese de impedimento. Mas los contrarios, 
incitados con las muertes de los compañeros, s'n poder lograr en los nuestros 
la ejecución lijera de sus saetas, determinaron á acometer á nuestro ejército; 
mas no tan sin acuerdo, que divididos en dos copiosos escuadrones, no pen- 
sasen divertir nuestras armas, ó acaso, cortando nuestro ejército poderle 
desbaratar. Y así con incomparable ligereza, y horrible gritería acometieron 
con grandes lanzas, saetas, y espadas de dos manos de piedra ohay, con otros 

30 



géneros de armas muy penetrantes de aquellos mismos pedernales, que sien- 
do arrojadizas hacían recelarse sus heridas envenenadas. Y cubiertos de 
penachos y coceletes, al son de roncos atabales y caracoles, trabaron la ba- 
talla con bien desesperado encuentro, que durando bastante espacio de tiem- 
po de indiferente ventaja, en que mostrándose sangriento, y sañudo Marte, 
perseverando el furor de esta batalla con grande número de heridos de los 
nuestros, que casi cedían á la gran pluvia de las saetas, y varas arrojadas, 
no sin previa disposición, á este tiempo unida á su cuerpo nuestra caballería, 
acometió á la confusa multitud de los peñolistas, que ya como triunfadores 
andaban desordenados y revueltos entre sí mismos ; con que viniéndose tam- 
bién á el mismo tiempo las mangas de nuestra infantería, hicieron tomar la 
vuelta á los atitanecos á la seguridad de el peñol, por una estrecha calzada, 
que de la margen de la laguna corría á incorporarse á la falda de aquel 
monte de pedernal. 

Habían entre tanto, que duraba el combate nuestros indios de Goa- 
themala, apresado algunas barcas desamparadas de los dueños, y otras que 
estaban á las amarras del propio surgidero, que sirvieron al alcanse de el ene- 
migo de gran comodidad y socorro; porque abanzando los dos mil goathimal- 
tecos con arcos y saetas, por el agua y por la calzada, y en las canoas, los cien 
arcabuzeros, quedando á las riberas los cuarenta de caballo que era el número 
que componía nuestro ejército, para cubn'r á los nuestros á la retirada, y 
resistir al enemigo, como llegase la muchedumbre de los atitanecos desorde- 
nada y atropada á dominar el peñol, de áspera y estrecha senda á su ascen- 
sión, no bien fortificados en él, y atropellados de nuestros primeros indios 
de Goathemala, precipitados muchos por los riscos, de cuyos golpes contusos 
y estropeados, procurando escapar con la vida encontraron en las aguas la 
muerte. Ganada su eminencia, en donde procurándose hacer fuertes, sin 
poderlo conseguir mucho tiempo, combatidos fuertemente de los nuestros y 
en especial de la arcabucería, desesperados de la victoria, dejando muchos 
muertos y heridos de los suyos, echándose a el agua por la contrapuesta 
parte de el peñol, pasaron á nado no sin algún detrimento de los suyos, á 
una isleta, donde también con grande resistencia seguidos de nuestro ejér- 
cito procuraban mantenerse, combatidos mucho rato con espantosa confusión, 
de mucha sangre y atrocidad sucedida por instantes de la una, y otra parte, 
en que solo se veía cubierto el aire de varas y flecha, y no menos ocupado 
de espesos y repetidos humos, aprisionados en aquel pequeño y desacomodado- 
distrito, casi ya sin aliento, y desesperados de poder salvar á nado tanta can- 
tidad de personas. Calmando en un instante el perjuicio de sus armas, se 
dieron á el rendimiento ; con que, consegu'do el triunfo por nuestros españoles, 
conduciendo á tierra el más copioso número de los rendidos, se pasó á el 
saco de las poblazones de la ribera, desamparadas de los dueños de las habi- 
taciones; pero en medio de la seguridad del venc'miento, Don Pedro de Al- 
varado, acostumbrado á grandes experiencias, y sus Capitanes á no menores 
accidentes, fiándose poco de la voltaria condición de los indios, saliéndose 
á una llanura donde había muchos maizales, alojó en ella aquella noche, pero 
no sin pérdida de algunos indios goathimaltecos, y entre ellos un español 
Christobal de Mora que quedaron muertos, y mucho número de heridos. 

31 



Mientras se combatía con los peñolistas de la laguna, el otro gran 
nervio de ejército que había afrontado al principio con los nuestros, consi- 
derando el gran peligro de los suyos, á quienes fácilmente no podían dar so- 
corro, porque ocupada la más tratable entrada de el peñol por la calzada con 
la caballería, por otra parte se hacía desesperado, y imposible el socorro, to- 
mando la vuelta de Atitlán* desaparecieron en breve de los ojos de nuestros 
españoles, mas escarmentados y advertidos, en los sucesos ágenos sucedidos 
en aquellos proterbos peñolistas, no asegurados ni quietos en los muros de 
sus poblados, recojiendo los hijos y las mujeres, pasaron á la seguridad de 
los montes; á donde pensaban inútilmente poderse continuar en seguridad 
dilatada hasta cansar á nuestros españoles. 



CAPITULO IV 
Que continua la propia materia de la conquista y rendimiento de Atitlán. 



MARGINALES. — Marcha el ejército de Atitlán y hallan casas desamparadas. — Los corre- 
dores de la campaña vuelven con dos principales de Atitlán prisioneros. — Ruega por 
medio de estos principales Alvarado a los caciques, que vengan de paz. — Dase 
por rendimiento el Señor de Atitlán. — Palabras de éste, muy notables. — Vienen 
de paz los pueblos después de la guerra. 



Dejamos alojado el ejército español en la descubierta campaña por el 
término confuso de las tinieblas, mas á el romper de el nombre en nuestros 
alojamientos, se dio el orden á la caballería, para correr la campaña, que libre 
de asechanzas y puesto en orden nuestro ejército se tomó la marcha para el 
gran pueblo de Atitlán; más llevando delante á conveniente distancia la se- 
guridad de la caballería, y algunos indios goathimaltecos, no encontrando 
impedimento, en el progreso de la marcha, fué fácil con mucha comodidad, 
el conducirse á Atitlán, cuyas casas, no sin admiración de los nuestros, ha- 
llaron desamparadas; porque en este accidente no esperado de gente tan in- 
dómita; y que á el principio había ostentado tanto en las repulsas de los 
embajadores, era de considerar que no abandonándolas, por recelo de los 
combates, podrían abrigar en aquella ardidosa retirada el intento de descuidar 
á nuestros españoles, para dar en ellos á salvo ; pero no inexpertos los ca- 
pitanes, y el propio general, de aquesta expedición, Don Pedro de Alvarado, 
mandó correr la tierra y los cacaguatales (24) (era sin duda en tierra baja de 
el Tolimán, donde hoy los tienen) en donde hiso prisioneros la tropa de la 
caballería dos principales de Atsiquinixay, pueblo numerosísimo que es Ati- 
tlán, que juntos con otros indios que habían antes de este día apresado, con- 
siderando el no arrostrar á más sangrientas atrocidades, y á que se proce- 
diese en todo lo más conforme á las reales instrucciones, fueron enviados por 



(24) Bernal Díaz del Castillo.— folio 195, original borrador. 

32 



Alvarado á rogar á los caciques de este partido, que tuviesen por bien venir 
de paz á la obediencia del Rey de España, y residir en sus pueblos; donde 
se les entregarían todos los prisioneros, y serían muy bien vistos, y honrados. 
Y protestaba Don Pedro en este mismo requirimiento, que de no hacerlo, 
les daría perseverante y espantosa guerra, como la había mantenido y per- 
ficionado con los de Utatlán, y los de Quetzaltenango, y que pasaría á el efec- 
to de cortarles y destruirles los árboles de cacao, y talaría la tierra ejecu- 
tando en ella sensibles experiencias, y los daños más posibles. Mas como 
quiera que los cazíques no se hallasen en estado de otra resistencia, que pa- 
sase de la entretenida de retirarse, aconsejados de su propio pensamiento, 
que experimentado en los sucesos ágenos, había aprendido los escarmientos 
propios y porque considerando la multitud de los suyos, y el corto número 
de los españoles, discurrió prudente, que nunca fueron pocos soldados los 
buenos, ni muchos enemigos los que combaten desordenados, y mostrándose 
gratos y aficionados para colocar su rendimiento, y darle el título de honroso, 
respondieron que desde el Sr. Axiqnat que había establecido aquél reynado, ja- 
más la tierra aun procurándolo otros reyes, sus convecinos, la habían sujetado 
por armas; pero que sin embargo el (esto decía el señor natural) aficionado al 
valor y esfuerzo de los españoles, conociendo sus triunfos y bizarría, quería} 
con sus caciques, y principales cabezas de su señorío ser amigo, y dar la obe- 
diencia á tan gran monarca como el Emperador de Castilla, que tan valientes 
y esforzados vasallos tenía. (25) Fué en esta ocasión incomparable el gozo de 
nuestro ejército, viendo consumada esta importante victoria sin necesidad de 
pasar á más sangrientas demostraciones, ni menos á continuar en aquel 
país la experiencia de mayores necesidades; pues hasta entonces no peque- 
ñas, ni poco dignas de consideración humana las habían tolerado nuestros 
españoles con sufrimiento admirable, (26) y que cuando las cosas valían por 
precios tan subidos, que una docena de herraje valía por ciento y cincuenta 
pesos, y en los bastimentos ya reformados los precios, (27) un huevo por un 
real de oro de ley perfecta, siendo de esta manera los bastimentos no solo 
escasos, pero muchas veces para este cristiano ejército solo yerbas ó un pu- 
ñado de maíces tostados para el sustento de un día al tiempo que llegaron 
á conseguir la victoria para hacerse más estimable; más no menos la hizo 
preciosa la continuación propia de sus felicidades, que raras veces se con- 
cillan, y unen para lo favorable; por que á la voz de la fama de este triunfo 
todos los demás lugares del contorno de la laguna vinieron rendidos con 
presentes de oro y mantas á dar la obediencia á su Magestad; cuya gratitud 
supo con la sagacidad que acostumbraba corresponder, y estimar Don Pedro 
de Alvarado ; proponiendo en esta ocasión como en otra, por medio de su 
intérprete al cacique que venía de parte del Emperador Don Carlos, á po- 
nerle en su amistad, y darle á entender que le convenía á él y á los suyos la 
creencia de un solo Dios verdadero, y que el camino que seguía iba errado 
y llevaba á su eterna perdición; mas como quiera que este gran caudillo y 
sus más peritos cabos en las materias de la guerra estuviesen enseñados con 



(25) Herrera, Década 3.— Capítulo 10.— Folio 211. 

(26) Herrera, Década 3.— Capítulo 10.— Folio 211. 

(27) Libro 1<? de Cabildo. —Folio 11. 



33 



el costo de la esperiencia, á no fiar fácilmente (que es linaje de indiscreción) 
de la gran ligereza de los indios, que á cada momento (como las movibles 
veletas) mudan sus rumbos, después de acariciados, y bien seguros de la 
benevolencia, y suave trato de nuestros españoles, tratando de dar la vuelta 
á Goathemala, formó la sagacidad de Don Pedro un buen presidio, para 
seguridad de aquel contorno, dejando en él cuatrocientos y dies y ocho hom- 
bres en esta forma : los diez y ocho de ellos españoles de esperimentado va- 
lor, y constancia, y por cabos principales de esta considerable materia á Héc- 
tor de Chávez, y á Alonzo del 'Pulgar, con cuatrocientos indios guathimaltecos 
de la mejor sepa de aquella calidad de nobleza distribuidos en ocho cuarteles, 
no muy distantes, con ocho cabos españoles en ellos, para mejor asegurarse, 
con cuya previa disposición bien satisfecho y acariciado de la fama, Don 
Pedro de Alvarado tomó la vuelta para Goathemala, donde reposando bien 
por ligeros días le dejaremos en el ínterin que se describe lo más notable, 
y precioso de este partido de Atitlán. 



CAPITULO V 
Del principio y establecimiento de este Reyno y Señorío de Atitlán. 



MARGINALES.— Tuvo principio este señorío en ACXIQUAT, hijo de ACXOPIL. — Hubo 
perseverante guerra entre ACXOPIL, y JIUTEMAL, hermanos, por estas posesiones. 
— Combaten largamente por la posesión de la tierra y la laguna. — Junta AXIQUAT 
gran número de ejército contra JIUTEMAL, y acomete a los confines de COCTEMA- 
LAN. — Opónense los Capitanes de JIUTEMAL. — Acércase el rey JIUTEMAL con 
grande ejército, y AXIQUAT levanta su campo, y se retira a su corte. — AXIQUAT 
constituye en fortaleza el peñol de la laguna. — JIUTEMAL acomete a las fronteras 
del Atitlán. — Valiente resistencia de ACXIQUAT. — Compone estas diferencias AC- 
XOPIL, padre de los príncipes. — JIUTEMAL se previene de fortalezas en el tiempo 
de la paz. — Duran las guerras de estos príncipes indios, hasta la entrada de los 
españoles. 



De los dos hijos que hubo en su mujer Exelixoc, el Rey de Utatlán, 
Axopil, a quien únicamente pertenecía en aquellos primeros principios todo 
el Reyno de Goathemala, menos el Señorío de Nicaragua, uno fué el menor 
Axiquat, no menos amado y atendido del padre, que el mayor Jiutemal, (28) 
entre quienes deseando naturalmente exaltarlos á dignidad suprema y á su 
Señorío particular, dividiendo el reyno en tres partes, como llevamos decla- 
rado en el Capítulo Segundo del Libro Primero de la Primera Parte, aplicando 
(no sin gran consideración á el mayor) este Señorío de Sotojil ó Atitlán á Axi- 
qnat con menos potestad y menor extensión del reyno que Jiutemal, Señor de 
Goathemala, que había de suceder en el reyno de Utatlán, á el padre de ambos, 
Axopil, quedó Axiguat constituido en Señor de Sotojil. Pero como quiera que 
la mayor emulación es la que muchas veces se engendra entre los más pro- 



(28) Torquemada, Segunda Parte.— Libro 11.— Capítulo 18.— Folio 361. 

34 



pincuos lazos del parentezco, en este vínculo tan inmediato de estos herma- 
nos, empezó entre los regocijos de su coronación á encenderse el fuego de no 
ligeras ni momentáneas emulaciones, pues fomentada del odio concebido des- 
de su investidura, perseveraron en competencias sangrientas, y desolación 
tiránica de unos pueblos y otros, hasta la llegada de nuestros españoles á 
estos dilatados países. 

Fué sin duda el mayor señuelo de estas guerras de unos indios contra 
otros, aun viviendo Axopil, el haber partido términos, no menos que en la 
grande y considerable porción de tan excelentes tierras y numerosas pobla- 
ciones, que tocaron á estos principios jóvenes en la edad, y no bien conformes 
entre sí mismos, sino el haber en la laguna señaládoles un tercio de ella á 
cada hermano, que partía términos, entre la pertenencia del padre con cada 
uno, por la una parte, y por la otra entre los confines de un príncipe con 
otro ; mas como pudo ser que el aspirar cada uno á hacerse señor de la por- 
ción que el otro poseía naciese de la ambición de adquirir la mayor jurisdic- 
ción de este lago, por el tráfico y comercio más libre de sus subditos, ó por- 
que en los términos espaciosos de sus riberas, que es lo más cierto, hubiesen 
caído menos poblazones en la pertenencia de alguno de ellos, Axiqtmt, señor 
de Atinan, y Sotojíl, juntando un numeroso ejército, sin respeto de el anciano 
padre, con grande aparato de armas, y copiosísimas vituallas, se condujo en 
persona, llevando en su guarda la más suelta y gallarda juventud de su Rey- 
no, á los confínes del Señorío de Cachiquel, osando á tan notable arrojo por 
considerar separado á Jhitemal, dentro de Goathemala, á la distancia de do- 
ce leguas de su ejército. Mas sin embargo haciéndole oposición sus capita- 
nes á aquella frontera, y entretenido en esta oposición á que concurrió promp- 
tamente grande y lucido ejército de la parte de Jiutemál; no pudiendo entrar 
Axiquat á más país que á los términos de Semetabax, que hoy es el pueblo de 
San Andrés, hizo alto, y frente en las llanuras altas de este territorio, sin otro 
empleo, ni militar exercicio, que á aquellos caracoles, á manera de escara- 
musas, que hasta hoy ejercitan; en que sin otro logro se ocupó algunos días, 
hasta que noticiado Axiquat de que Jiutemál se acercaba en persona con 
grueso y considerable ejército, se retiró con su corte de aquel sitio, á la segu- 
ridad de sus palacios de Atziquinixai ó Atitlán, que es lo mismo, levantando 
el campo á pocos días de haber retirado su persona, bien que haciendo elec- 
ción desde entonces de la gran fortaleza del peñol; para frontera y plaza de 
armas de su Señorío; quedó en esta ocasión oportuna, con presido muy su- 
ficiente, que señoreando la gran circunvalación de la laguna embarazó des- 
de este punto el uso de la navegación á los vasallos del Rey Jiutemál; mas 
este que se vio ocasionado de los pensamientos inquietos de su hermano me- 
nor Axiquat, asistido entonces de grande ejército, no menos valiente, que 
deseoso de el desempeño de su príncipe Jiutemál, gustó de acometer á las 
fronteras de Atitlán, y moviendo su campo dividido en numerosas escuadras, 
ocupó gran parte de aquella extendida ribera, hasta ceñir, y sitiar mucha y 

35 



considerable falda del peñol, pero como careciendo de canoage la parte de 
Jiutemál, se ostentaba inasediable por lo más ancho y profundo de la laguna, 
entrándoles á los sitiados por esta parte continuados socorros, estaban firmes, 
y peleaban con tezón, manteniéndose altamente, y rechazados los furores de 
Jiutemál, mas no por eso los del campo de Cachiquel á vista de su Señor, que 
es el aliento de el soldado, dejaron de tentar por todos modos el más apropó- 
sito á el vencimiento, en que llenaron al enemigo Axiquat de lamentables su- 
cesos con la muerte de mucho número de los suyos. Mas no tan funesta aso- 
lación, menguó un instante su ardimiento, ni pudo contener el gran torrente 
de su osadía, porque juntando nuevo ejército; en que no menos que á el 
principio concurriendo gran número de ahaguaes, y principales se ostentó 
numeroso á vista de el contrario ; pudo este movimiento de Axiquat haber 
funestado los furores de Jiutemál, si observando mejor orden acometiera di- 
vidido en escuadras, como lo observó desde los primeros principios el her- 
mano, causa de no quedar muchas veces desbaratado, y de que perseverando 
la guerra, con espantoso número de muertos de ambas partes, durase muchos 
días, hasta que Axopil, Rey de Utatlán, y padre de ambos, cargado de inmen- 
sidad de días, y no menos de pesares producidos de los desórdenes, y ene- 
mistad de los hijos, los concordó, y puso en orden más humano. Pero aun- 
que estos eran reyes y señores naturales de aquellos territorios reconocieron 
siempre, bien que sin feudo ni vasallaje, al señor que reinaba en Utatlán. (29) 
Pero escarmentado Jiutemál, y advertido de los rencores de Axiquat, 
y considerando que faltando el padre serían más declaradas sus pasiones, 
y que caerían en breve sobre sus términos las fuerzas y armas de su herma- 
no, los quizo antes asegurar (que no por verse de cercados peligros han de 
considerarse dañosos, cuando el prevenirlos de lejos es la mejor prudencia) 
y pasó prontamente á guarnecer sus confines; para que el centro de su reyno 
se hallase á tiempo reparado; estableciendo y levantando en este tiempo de 
la paz (que es cuando cuerdamente deben hacerse las prevenciones de la 
guerra) aquella gran plaza de armas general de Tecpán Goafhemala, que 
dejamos descrita y anotada en la Primera Parte; con la cual y otras defensas, 
y cortaduras, dejó asegurado el Reyno Cachiquel, á la sucesión del hijo mayor. 
Entrando este Jiutemál a sustituir en los mayores años de su padre Axopil, 
y después á heredarle en el Reyno de Utatlán. Mas sin embargo introducido 
á la mayor soberanía de este reyno del Quiche, no bien seguro, ni confiado 
del trato del hermano, y aun recelando del propio hijo exaltado á la dignidad 
Real en el señorío de Cachiquel que es lo de Goathemala. Las primeras ac- 
ciones en que ejercitó Jiutemál la potestad suprema, fueron dirijidas á la 
mayor seguridad de su reyno, erigiendo grandes, y admirables defensas en 
sus confines, y dentro de su propia corte, que describiremos adelante; y que 
luego á pocos días sirvieron de contraste á las varias y frecuentes diversiones, 
con que conspiró Axiquat su hermano, que de unos en otros sucesores de es- 
tos señoríos se fueron continuando hasta la entrada de nuestros castellanos 
en estas regiones. 



(29) Torquemada.— Libro 11. —Folio 363. 

36 



CAPITULO VI 

De como Zutujilepop robó del gran Palacio del Quiche las dos Infantas íxcunsosil 
y Ecselixpua, hija la una, y la otra sobrina del Rey Balam Acan, y el rompi- 
miento de la guerra civil de entrambos Reynos. . . (*) 



MARGINALES. — Industrias con que lograron su intento. — Advierten que faltaban las 
infantas. — Extremos de sentimiento del rey BALAM ACAN, por la infamia. — Ra- 
zonamiento del rey a sus caciques y señores grandes. — Gran número de sacrificios 
a los Ídolos. 



No sería bien, aun producida de escasas relaciones, dejar de dar al- 
guna noticia del memorable robo de las infantas de Utatlán, y la sangrienta 
y durable guerra civil, que el desliz de aquellas dos señoras ocasionó con 
admirable desastre de los subditos de los Reyes, no solo confinantes sino 
conformes en el linaje, y en la sangre, aunque distantes en las inclinaciones, 
Balam Acam de Utatlán y visnieto de Jiutemal, que fué el primer Rey de 
Goathemala como príncipe libre, de mansueto y dócil natural, y Zutujilepop. 
Rey de Sotojil, tercero en el orden de graduación y de la sangre á los Reyes 
de este dilatadísimo país, (30) de lo que hoy todo junto constituye el famoso 
y grande Reyno de Goathemala, que ardiente y belicoso, y poco dado á la 
hermosura de la continencia, no refrenando jamás sus apetitos, ignoraba 
que la belleza de las mujeres es artillería sorda, que deshace la fortaleza de 
las leyes, y las murallas del valor de los héroes, pues donde interviene su 
presencial atractivo, no es maravilla que prevariquen los Salomones; así en 
este Príncipe, que joven en la edad, y que no refrenaba sus pasiones, fué 
fácil el principio á grandes inquietudes, producidas de las antiguas emula- 
ciones de sus mayores, cuyos rescoldos cubiertos de la ceniza del disimulo, 
á leves soplos se encendieron á las actividades de grande llama. Y por que 
las alteraciones de los ánimos inquietos, nacen siempre de los peligros ocul- 
tos de la infame ociosidad, veremos ahora en Zutujilepop calificada esta 
verdad. 

Había cesado la guerra civil entre las dos coronas del Quiche y Soto- 
jil, por la posesión total de la laguna, desde el reynado de Hunacpu, que su- 
cedió en la corona de Utatlán á Jiutemal su padre, quedando con el dominio 
de todo el lago á el arbitrio de las armas, y perseverancia larga de las campa- 
ñas, hasta que muerto este Rey y sucediendole en la corona de Utatlán y pose- 



(*) Este Capítulo y los tres siguientes, que destinó el autor a reseñar la legendaria lucha por el robo de las 
princesas, no figuraban al principio en el original, sino hasta que hubo Fuentes y Guzmán, el manuscrito 
de don Francisco García Cálela que seguramente consigna en sus páginas lo del robo de las princesas 
quichés; y la guerra subsiguiente; y la prueba es que al final del Capítulo^ V, al reverso del folio 17 se 
escribió el Capítulo VI, que se reprodujo al folio 32 v. ya como Capítulo X, habiendo intercalado en 
consecuencia quince folios que contienen el relato de la fantástica guerra del robo de las princesas, de 
que hablan tradiciones indígenas. (J. A, V. C.) 

(30) Don Francisco García Calel, Tesumpam, Manuscrito Quiche. — Folio 17. 

37 



sión de la laguna, Balam Acam, quedó en la comunicación y amistad de Zutuji- 
lepop, Rey de Sotojil, su primo, pero éste con trato doble, siendo de espíritu 
valeroso y ánimo inquieto, maquinaba en la arcanidad de su pecho acechar 
ocasión aunque fuese ligera, para romper las paces, escosido y lleno de furor 
de ver al primo Señor del lago y territorio que le ciñe, con los lugares que en 
sus riberas se sitúan. Pero como no encontrase motivos, que honestasen su cau- 
sa, para romper las treguas, y frecuentase su palacio con grande confianza de 
Balam Acam, de fiel y sencillo corazón, no excusándose por todas estas razones 
de conversar algunas veces Zutajilepop y Yloacab su gran privado, y ambos 
de la sangre real de Tanub, con las señoras ancianas de aquel alcázar, en que 
en alguna de aquellas ocasiones se dejarían ver de los parientes las dos infan- 
tas Ixcunsocü, hija de Balam Acam, y Eselixpua, sobrina suya, y primas ambas 
de Zutujilepop y de Yloacab su valido, tuvieron mucha ocasión á sus intentos 
para lograr por medio de una ruindad larga venganza á sus rencores. 

Solicitaron por medios bien ilícitos, y alevosos (31) el robo de aquellas 
dos Señoras, y ya con dádivas y cohechos á los porteros, y á las ayas, ya con 
persuaciones á aquellas dos infantas, pero entre ambas inclinada á la persona 
de Zutujilepop, Ixcunsocü, cuanto desaficionada Eselixpua del Yloacab, no 
arrostrando á semejantes envites, ni á tan infame alevosía, resistió muchos 
días á la intención de Yloacab, y á las continuas persuaciones de la prima 
Ixcunsocü aficionada á Sotojil, y fiada en la bondad del padre, pero ésta 
de vivo natural, y ingenio prompto instó á la prima amenazándola con que 
de no venir en aquel trato, ella había de ejecutar su parecer dejándose robar 
del Rey de Sotojil, y disculpándose de su fragilidad con su padre enviándole 
á decir que su prima Eselixpua la había persuadido á aquella ligereza. Es tal 
la turbación de los corazones cobardes, que cuando tienen presentes las ame- 
nazas del riesgo, prefieren á los discursos las desesperaciones. Así esta po- 
bre infanta, viendo resuelta á Ixcunsocü, en ejecutar su infeliz fuga, se de- 
terminó aconsejada del temor á seguir los pensamientos ó bien livianos, ó 
pretextados de casamiento de la prima, con que unidas ahora las que antes 
se vieron separadas en intento tan mal aconsejado, previniendo gran cantidad 
de joyas de sus reales adornos, saliendo á divertirse á un prado como quiere 
alguno de los escritores de su estirpe, (32) y apartándose á lo lejos de las se- 
ñoras de su cámara y criadas, fueron robadas del Rey Zutujilepop y del valido 
Yloacab, ó lo más cierto como quiere otro escritor más cercano á la real san- 
gre de Tanub, (33) saliendo ellas una noche inverniza por sobre los muros del 
palacio, ayudadas de las escalas y diligencia de los dos amantes, huyendo en 
el silencio de ella hasta encerrarse en la corte de Zutujilepop y su palacio 
de Atziquinixai. 

No es cojitable el susurro y rumor silencioso que corría echadas menos 
las dos infantas, de sus estancias, y de los más comunes sitios de su asisten- 
cia en el palacio. Así entre las criadas y camareras como entre las ayas y 
otras principales señoras de su séquito, hasta que pasando de unas á otras 



(31) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 13, 

Í32) Joan Gómez Ahcib.— Folio 7. 

(33) Don Francisco García Calel, Tesump.— Folio 19 v. 

38 



la triste nueva de el desacierto á los oídos de la aya mayor, y tía de entream- 
bas, Atícotal, prorrumpió en voces desentonadas y lamentables, y cubierta la 
cabeza y lo demás del cuerpo con una toca partió al cuarto del Rey Balam 
Acam, que apenas entendió entre sollozos y lágrimas de aquella anciana severa 
la triste nueva, cuando turbado, y lleno de alboroto dejó el lecho, dio voces, 
trasladando los sentimientos del corazón á la facilidad y inadvertencia de los 
labios, y rasgando sus vestiduras salió á medio vestir á los patios y los por- 
tales del Palacio, en donde encontrando un portero le dio muerte con una 
lanza, hizo aprisionar algunas personas, que le parecieron sospechosas, y en 
especial á las damas continuas de las infantas, derramó infinito número de 
espías, y exploradores, en que los indios más que nación alguna son vigilan- 
tes, y á propósito, y en tanto que estos partían, á tomar señas por diferentes 
vías, el Rey Balam Acam hizo morir en los tormentos muchas personas de su 
casa, las unas inocentes, y las otras culpadas en el caso, y especialmente hizo 
entregar al cuchillo á todas las infelices continuas de las infantas, trocado 
lo mansueto de aquel corazón tranquilo en la furia de un acosado toro. Por- 
que los agravios que se hacen á los plebeyos, son letras escritas sobre polvo, 
que cualquier aire de agasajo las borra, pero las que á los nobles caracteres, 
que se tallan en diamante, y al recuerdo más leve se eternizan. Pero vueltos 
no á mucho tiempo las espías, que descubrieron señas brevemente, trajeron 
noticias de ir los rastros de muchas huellas para la corte del Zutujilepop. 
Estos indicios funestos, y de sensible descrédito hizo rendirse en las fatigas de 
su lecho por muchos días al Rey Balam Acam, poseído de una profunda me- 
lancolía, y fiebres muy agudas. 

Pero aun no bien convalecido, reconoció su salud Balam Acan, cuando 
hizo por sus samaqueles ó embajadores convocatoria general de todos los 
caciques, ahaos, y consejeros de su Reyno, que habiendo ocurrido promptos 
y obedientes á su reseña, y puestos en su presencia, sentado el Rey Balam 
Acan en su real trono, les dijo: (31) Ya habréis sabido mi desgracia, fielesS 
vasallos, y Capitanes míos, y no ignoráis, que aparte del sentimínto natural 
de la ingrata correspondencia de una hija aleve y una sobrina infame, el pun- 
donor mió, y mi decoro ofendido, ¡por un pariente no solo traidor á su propia 
sangre, sino infame en el lunar {que ha puesto' en sus parientas, me ha traído 
á la precisa ocasión, que me llama ,á una sangrienta venganza, y para eso he 
convocado vuestras personas. Bien notorias son en los Reynos de los canto- 
nes las grandes hazañas mías ejercitadas contra sus armas, siendo general 
de mi padre Balam Quiche, y aunque ese mozo fementido, Rey de Sotojil, 
no me desiguala en la sangre, más su traición lo hace inferior á mi crédito, 
que no descaeció jamás, por tratos cautelosos en la opinión del mundo. Y 
con mi presente agravio, sino os oponéis á los atrevimientos de este mozo, 
quedaréis los quicheles por infames; todas sus gentes, si bien son muchas 



(31) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folios 14 y 15. 

39 



allegadizas, son veteranas y valerosas, y antes que le hallemos prevenido, será 
bien que le basquemos descuidado; por lo cual me hallo resuelto á levantar 
un ejército numeroso, para hacerle sangrienta guerra, sin alzar mano della 
ni hacer reserva de mi persona en tan proprio empeño. Las quiebras de una 
reputación perdida, no pueden soldarse, sino es con los desquites nobles de 
un corazón avergonzado, y para la propria satisfacción de este común agra- 
vio de los quicheles hecho en la persona de su principe, he menester las 
armas y las personas de los caciques, ahaos y capitanes que me oyen, para 
que convocando su gente, y acaudillándola, con todos sus bagajes y pertre- 
chos, estén á punto de guerra en esta Corte de Utatlán, dentro de veinte días, 
siendo de calidad la diligencia en todos, que por la dilación de uno, no llegue 
el ejército á contingencia de deshacerse ; esto os íntimo, y siendo necesario 
os ruego, empeñándoos mi real palabra, de adelantar con honras, y favores 
á los que en esta empresa) se señalaren, y así partid luego y pregonad la gue- 
rra en todo mi reyno, para que así con brevedad puedan lograrse los designios 
que tengo premeditados. 

Propuesta esta expedición por el Rey Balam Acam, y habiendo cada cual 
de los de aquella junta militar dado señales de su pronta obediencia, se par- 
tieron todos á sus estados, y divulgada la guerra, se eligieron de cada uno los 
más experimentados soldados en los lances de las campañas pasadas, y bien 
apercibidos de todas las armas de su uso, á que añadieron lo dardos que 
llaman chameychay, y víveres suficientes, salieron de sus países dentro del 
término de los veinte días, y á los fines de ellos se hallaron acuartelados en 
las floridas y fértiles campañas del Quiche, en donde las naciones ocuparon 
muchos sitios separados, diferenciándose en las insignias y banderas para 
ser conocidas, y en los colores de los pabellones, y tiendas de algodón en que 
alojaban los caciques y cabos de ellas; y estando juntos los escuadrones, una 
mañana al esclarecer el día se presentó en el campo la persona del Rey Balam 
Acam, acompañado de los caciques, y consejeros de su corte, hizo hacer la 
cuenta de aquellos tercios, en que se halló el número de ochenta mil infantes 
bien pertrechados, y de la buena calidad de veteranos, y ser los más de la 
escuela de su milicia. Y ofrecida una crecida víctima de sacrificios á sus 
ídolos, que fué tan numerosa, que aun entre aquellos bárbaros fué espectácu- 
lo el más digno de admiración, que se vio jamás, en el teatro de aquella Corte. 
Pero concluidas por Balam Acam las víctimas y ceremonias de sus ritos, 
mandó que sin demorar más tiempo marchase el ejército, con todo el orden 
que requerían íos tercios, y la multitud de vivanderos y cargueros, que con- 
ducían los víveres, y los pertrechos, contra los confines de Atitlán o Atziqui- 
nahay, al cargo de su teniente general Mahucotah, que le sucedió en el rey- 
nado, haciéndose conducir este príncipe Balam Acam, á hombros de caba- 
lleros en el centro de su escuadrón, llevado en sus andas ricas de oro y es- 
meraldas, y ataviado de tres coronas á la manera de tiara, una de oro y de 
esmeraldas, otra de oro bruñido, y otra de piedras blancas, y todo el pecho 
cubierto de piezas de christal y en las pantorrillas los piales de oro y esme- 
raldas. (35 > 



(35) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 10. 

40 



CAPITULO VII 

Que refiere la guerra civil del Quiche y Sotojii con la variedad de los accidenten 
de ella. 

Aunque no fuera tan pública y ruidosa la guerra prevenida por el Rey 
Balam Acam, en todos los cantones del Reyno de Utatlán contra Zufujilepop 
Rey de Atziquinahay, él estuviera prevenido á resistirla, estimulado de los 
recelos de su propia conciencia. (3G) Pero por estos propios sobresaltos fué 
vigilante en resguardarse, y advertido de las espías de campo, que supieron 
darle noticias aun de las más leves circunstancias. (37) Felicidad de príncipe, 
que no consiguen muchos, ó por que su desgracia no les concilian vasallos 
fieles, ó porque ellos no les granjean con las mercedes, y que defiera por todas 
vías solicitar las centinelas seguras; pues en la cierta noticia de lo que ma- 
quinan sus contrarios, consiste casi siempre lo afortunado de sus progresos. (38) 
No fué ligero el embarazo que le causó á Zntujilepop, el cuidado en que se 
hallaba envuelto, criado y producido en un principio tan disonante á la cali- 
dad de su sangre, y tomado por el arbitrio de sus pasiones, acumulando 
trabajos á su Reyno que ya vivía en el regazo de la paz, que constituye los 
estados felices, por que consideraba la grande prevención de defensores, de 
que necesitaba par resistir á enemigo tan poderoso, y guerrero, y que em- 
peñaba sus mejores fuerzas en la venganza de su agravio y en destruirlo. 
Pero como también era guerrero, y astuto, hizo del propio modo embajadores 
á los caciques libres, que llamaban cabeceras, como eran el de Zapotitlán y 
Zoconusco, y á los demás sujetos á su dominio, más los primeros se le excu- 
saron, de asistirle con sus armas auxiliares, por ocasión de otras guerras que 
traían en sus confines. Y en esto procedían cuerdos y sagaces ; porque es 
desacertado consejo el que obliga que se asista á las empresas agenas, desam- 
parando las propias. Pero le auxiliaron los pipiles, desembarazados de guerra 
y por sí mismos propensos á novedades. 

Representábale á cada uno para obligarle, que considerase el propio 
peligro, que se le había de producir de aquella hostilidad pasando la ambición 
de Balam Acan, si acaso le quitase el reyno, ó algunas ciudades, ó lugares del, 
á quererles tiranizar dominando sus Señoríos, solicitando sucesivamente la 
ruina de todos, procurando engrandecer su imperio. Instábales para que 
uniendo sus fuerzas todos juntos le hiciesen oposición, pues de embarazarle 
la entrada por cualquier parte de sus confines se conseguía la libertad de 
todos. Pero pudiendo acometer el Rey Balam Acam por varias partes el Se- 
ñorío del Zutujilepop, que estaba dentro de su Corte de Atziquinahay con se- 
senta mil hombres, atendiendo á los movimientos de Balam Acan, endere- 
zando algunas de sus tropas prestamente, abandonados los países altos de 
Atitlán; en donde se quedó con el resto del ejército alojado en Paquixalá; 
su teniente general Mahucotah presto y diligente, marchando con veinte mil 



(35) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 16. 

(37) Don Francisco García Calel, Tesump, — Folio 20. 

(38) Don Francisco Gómez Ahzib, Manuscrito Quiche. — Folio 8. 

41 



infantes, dio sobre las albarradas de Palopó; en donde a el empuñar las ar- 
mas cuatro mil defensores de aquella plaza que gobernaba Topinlabé, murien- 
do éste á los primeros encuentros con más de quinientos paloponeses, quedó 
aquel lugar debajo de el dominio de las armas del Rey Balam Acam. 

Apenas dominó Mahucotah aquel lugar de Polopó, cuando poniéndole 
gobernador, y guarnición de mil quicheles, pasó sin haber perdido un solo 
infante de sus tropas, á asaltar las trincheras de Chicochin, ciudad entonces 
numerosa del Zutujilepop, mas encontrando en su agria cordillera algunas 
emboscadas, cojido en sitios estrechos, y peligrosos, perdiendo ciento y cin- 
cuenta de los suyos se hiso lugar por entre aquellas espesuras, y desembara- 
zado de aquellos estorbos de aquella vía, llegó á ponerse sobre los muros de 
Chicochin; cuya trinchera, y foso defendido de ocho mil hombres, con ex- 
tendida y doblada coronación, obligó al Teniente General Mahucotah, á que 
sus tercios hicieran alto á una vista, en que no pudieran recibir daño, en tanto 
que fué extendiendo sus tropas á la batería de su cordón, no para impedirles 
por este medio los socorros que era imposible, cuanto por combatirle, y obli- 
garle á acampar, pero perseverando los defensores en el seguro de su trin- 
chera, habiendo avanzado muchas veces los quicheles ; en que murieron 
muchos de la una y otra parte, sin conseguir algún efecto de ventaja, per- 
diendo el día con la confusión de las sombras, quedó suspenso el uso de las 
armas, puestas por unos, y otros, dobladas centinelas, recelosos de algún 
asalto. 

Había alojado el Rey Balam Acam, dentro de los burgos de Polopó, 
siendo su intento asegurar la espalda á su Teniente General, Mahucotah, 
acercarse á la Corte de Zutujilepop, para obligarle á la batalla, y encaminar 
sus tropas contra los pipiles auxiliares. Con que al esclarecer el día refor- 
zando el asedio de Chicochin, en tanto que él seguía su marcha, le despachó 
diez mil hombres de socorro, á cargo de Atzihuinac, caudillo de grande fama 
entré los indios, pero este acostumbrado á la campaña, y á los ardides de la 
guerra, tomando las espaldas de unas colinas, dejando a mano izquierda la 
trinchera, en tanto que combatiendo los defensores con los de Mahucotah, 
bien descuidados de la interpresa, y cuando los opugnadores animados del 
Teniente General, y advertidos de su socorro, esperando los avances de la 
trinchera, tenían bien divertidos en su resguardo á los de Chicochin, que 
viéndose cortados dentro de sus propias defensas, turbados, y sin saber a que 
parte acudir, acometidos de los Quicheles de Atzihuinac, abandonaron la 
trinchera, que asaltada y rota en muchas partes por los opugnadores, fué en- 
trada entonces sin resistencia, haciendo morir á golpes de las lanzas y dardos 
de chameychay dos mil hombres de Chicochin, y permitiendo al saco las casas 
de aquella ciudad, fueron los despojos muchos, y ricos de que participó la 
recámara del Rey Balam Acam, una gran suma de oro y plumas, y mantas, 
enviando á su corte de Utatlán, entre estos ricos despojos, una hija del surdo 
cacique de aquel lugar, para en desquite de las infantas, haciendo muchas 
prisioneras semejantes, de sangre real, y de caciques. 

42 



Arribo prontamente Balam Acam, á alojar dentro de los muros de 
Chicochin, y haciendo brevemente levantar lo que del lienzo de trinchera se 
había roto, mandó cargar con víveres y fardaje á tres mil de los de Chicochin, 
y dejó dentro del muro de aquella ciudad cinco mil quicheles escojidos, que 
resistiesen á la opugnación de el Zutujilepop, y admitiesen sus tropas recluta- 
das, quedando aquella plaza á cargo del Cacique Tohilyahza, y dividiendo en 
dos ejércitos su campo, que ya se hallaba con noventa mil infantes, que con 
quince mil de refresco le habían venido (según uno de sus escritores) (:u)) 
auxiliares de la parte del hijo, Rey de Cachiquel ó Goathemala, distribuyendo 
treinta mil lanzeros, honderos, y de vara tostada á cargo de su Teniente Ge- 
neral Mahucotah, que fuese marchando por la parte de Pochuta, con hostili- 
dad de los países á encaminarse contra la corte de Atitlán, llevando á su 
cargo el propio Rey Balam Acam, y al de su gran rodelero Chuatzá los se- 
senta mil infantes que marcharon divididos en tercios la vuelta del volcán 
de fuego de Atitlán en demanda de aquella Corte. Mas como ya los rumores 
de los lugares perdidos, y las noticias de acercarse el ejército de Balam Acam 
se repetían, hicieron salir á su oposición al Rey Zutujilepop, con los sesenta 
mil hombres de su lista que iban á cargo de su Teniente Yloacab, y marchan- 
do el uno, y el otro, dejando los dos ejércitos de Balam Acam, taladas las se- 
menteras y sujetos los lugares que encontraban del dominio de el Rey Zutu- 
jilepop, ó del señorío de sus caciques sujetos, y las aldeas que estaban dentro 
y sembrados entregados á el incendio, bramando éste de oír tan anticipada- 
mente los estragos que hacía el campo enemigo en sus tierras, marchaba ace- 
leradamente, mientras Balam Acam, penetró con sus armas lo más de aquellas 
cordilleras, dejando el Tolimán á sus espaldas, para el resguardo de sus tropas. 

Pero considerando Zutujilepop, la destrucción de sus lugares, que sin 
oposición se conseguía por las armas de Balam Acam, anticipó al encuentro 
veinte mil hombres, á cargo de su valido y Teniente Yloacab, á fin de que, 
sin presentarle la batalla le entretubiese con esearamusas, que son los cara- 
coles, que dijimos forman en sus batallas. 'Mas encontrado Balam Acam con 
aquel impedimento en la parte de una llanura á tiempo que el sol seguía en 
su carrera, poco menos de la mitad del día, y hallándose los sotojiles no menos 
deseosos de venir á las manos, que los quicheles, empezaron ha escaramusar 
con mangas alternadas que se sucedían unas á otras, y en que el ejército de 
Balam Acam á los primeros encuentros desprevenido recibió el daño de las 
lanzas, y dardos del Yloacab con pérdida de trescientos Quicheles, en que 
perdió algunos famosas Capitanes ; pero reconocido por el Balam Acam su 
menoscabo en aquel modo de combatir, doblando mangas y formando dos 
escuadrones, de á treinta mil infantes, se afirmó en la campaña obligando 
á Yloacab, aunque con número desigual, á que escuadronando su gente le pre- 
sentase la batalla, niás este ataque primero corrió con tanto extrépito y efu- 
sión de sangre derramada de la una y otra parte, de aquellos bárbaros, que 
cubierto el campo de sus esmaltes ya no se veía el verdor y la pompa de las 
yerbas. El mayor desastre fué el que cauzaron los honderos de las dos alas 
de los ejércitos, y entre el restallar de las piedras, y silbar de las zaetas, se 
fueron mexclando las hileras con tan denodada bizarría, y coraje, que no se 



(39) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 16 v. 

43 



perdía golpe, ni asesto, entre los combatientes, Nunca el furor de Marte 
se mostró más sañudo y más sangriento, ni la muerte amontonó más horrojes 
ni más despojos, en las batallas más memorables de este Occidente, el emba- 
razo de los cadáveres, y el ímpetu furioso de los vivos ocasionaba hacerse 
doblada la pelea, y ya desordenados muchos tercios de Yloacab daban mani- 
fiestas señales de que cedían á los Quicheles. 

El Rey Balam Acam andaba prompto en sus andas animando á los su- 
yos con palabras, y aplicando todo su esfuerzo donde la ocasión de la necesi- 
dad lo pedía y en todas partes sobresalía, valiente y arrestado ya en unas 
forzando las tropas amilanadas y ya empeñando más á las que se mostraban 
más enteras. 

No menos se ostentaba gallardo y valeroso caudillo el General Yloacab, 
entre los tercios de sus valientes Sotojiles, batallando muchas veces este 
príncipe joven entre los riesgos de su propia vida, alentando siempre con el 
ejemplo á su ejercito, casi perdido. Era el ansia de los dos caudillos el en- 
contrarse en los lances de la batalla, pero la multitud desordenada de los 
infantes hacían perder la diligencia, y la ocasión que era la que Balam Acam 
solicitaba para principio de la coronación de sus victorias, y de Yloacab para 
sus tristes infortunios. Pero en esta confusión de todos, obró la fortuna lo 
que á su arbitrio confiere siempre. De un accidente pendió la menos imagi- 
nada desgracia de los Sotojiles; porque empeñado el Yliacab más de lo que 
debe arriesgarse la cabeza de quien está pendiente la vida de todos los miem- 
bros de un gran cuerpo, á el tiempo de pasar del tercio de los honderos, á el 
de las lanzas, se halló herido de una saeta desmandada, que disparada bien 
acaso á el bulto de el ejército de los suyos, le atravezó por el costado siniestro. 
Era este príncipe intrépido y arrebatado, y forcejando con la zaeta para 
arrancarla, se lastimó en mayor modo las telas de aquella parte, con que en 
breve se terminó la vida, que era el aliento de todos. (40) 

Ocupó á los primeros una turbación espantosa, que pasando á un des- 
mayo universal, de boca en boca difundida en todo el ejército de los Sotojiles 
la infeliz noticia, los desordenó y puso en el trance último de la fuga. (41) 
Esta les dio ocasión á los tercios del Rey Balam Acam para hacer un desas- 
tre admirable en los miserables infantes, que dispergidos en tropillas por 
varias partes, eran salteados y acometidos de los Quicheles, con bárbara y 
desatinada inpiedad, haciendo morir á sus manos más de seis mil sotojiles, 
sin que ellos desarmados y temerosos se resistiesen de las lanzas de sus con- 
trarios, enfurecidos en la pasión, y cólera de su Rey, que dueño del campo, 
y cantando la victoria, siguiendo al alcance de los contrarios con buen trozo 
de su gente, en tanto que él con poca pérdida en comparación del destroso 
de los atitanecos, se iba retrayendo á Tolimán, poseída poco antes de sus 
armas, y primera ciudad á la frontera de la corte de Atitlán, haciendo reco- 
jer sus tropas desmandadas al reclutar en aquella ciudad, en tanto que los 
de Zutujilepop, que llevaban el cuerpo de su General Yloacab, sin detenerse 
un solo instante, ni en las luces del día, ni en las sombras de la noche, por 



(40) Don Juan de Torres Macario, Tesumpam, Manuscrito Quiche.— Folio 17. 
141) Don Francisco Gómez Ahgih, Manuscrito Quiche Folio 9. 

44 



llegar con las noticias funestas á su Rey Zutujílepop, que ya á el mediar el 
camino de su marcha la había recibido, y conducía á lijeras jornadas su 
campo por si podía llegar á tiempo de socorrer á el primo, y librar á aquel 
tercio de los rigores de Bálam Acam. Pero ya recibido el destrozo, refrescó 
sus gentes, y marchó en adelante en mejor orden. Este fué el paradero de 
aquel príncipe Yloacab, que tanta parte tuvo en los desaciertos de su Rey, y 
que á no haberse manchado con algunas ligerezas de ánimo voltario, hubiera 
parecido digno de la corona, y que entre las tinieblas del gentilismo, rayó en 
la esfera superior de prendas reales. Este entre los de su linaje (así como el 
Rey Don Sebastián entre los lusitanos) es un lastimero ejemplo de las des- 
gracias, y tan amado en vida de los que le trataron, como después de tantos 
años muerto de los que no le conocieron. El tuvo en fin la gracia de las 
gentes, y fueran mayores sus aplausos, si hubiera sido más dilatada su vida, 
siendo el haber nacido antes, y muerto con tanta antelación á la venida de 
los españoles su mayor fatalidad, pues así muriendo sin conocerlos, perdió 
á un tiempo la vida temporal, y el alma por toda una eternidad, dejando á 
los príncipes un desengaño infalible de la poca seguridad, en que se fundan 
los solios de la grandeza, y los halagos del aura popular, su lijereza, y ánimo 
intrépido en medio de muchas victorias, que le consiguió su valor, y genio 
militar, le arrastraron á resoluciones tales como la que acabamos de referir, 
que le condujeron á un fin temprano, encontrado en los escollos de la in- 
constancia, en donde, entendió hallar el puerto de los triunfos. Murió de 
treinta y ocho años, ocupando los veintiséis en los peligros de las batallas, 
teniendo por delicia de sus recreos el theatro de las campañas de sus opues- 
tos adversarios, pero sin duda hizo un glorioso documento, de que afianzan 
á más duración de siglos las vidas de los príncipes en el rumor, y peligro de 
las armas, que en el lecho y delicias de los alcázares. 

Había entre tanto que esto sucedía, corrido Mahucotah teniente gene- 
ral de Bálam Acam, y el cacique Atzihuinac mucha tierra del Rey Zutujílepop, 
con dura hostilidad de aquellos lugares que se avecindan á su corte, faltos 
de defensores y sin oposición á los progresos de Mahucotah, logrados en los 
pipiles, enemigos declarados de su príncipe, muchos lances afortunados, ha- 
biendo extendido sus tropas hasta las tierras que después del Patulul se de- 
marcan á los cantones del Sotojil cuanto estos pipiles auxiliares habían to- 
mado las armas contra el Rey de Cachiquel, y sorprendido algunos lugares 
de su dominio, iban encendiendo la guerra por todas partes á el arbitrio del 
Rey Zutujílepop que pretendía divertir y desflaquecer á Bálam Acam, á tiempo 
que respecto de los sucesos se veían casi iguales los campos en las tierras, 
y infantes que se perdían de la una, y otra parte, á cuya restauración no se 
atendía por entonces, cuanto se aplicaba la consideración á la disminución de 
los príncipes y señores de la sangre real de los tultecas de Tanub, y en hacer 
prisioneras cuantas señoras pudiesen de aquel linaje, en especial por el Rey 
Bálam Acam, que en este despojo de personas afianzaba todo el despique 
de su descrédito en la pérdida de Ixcunsocil, su hija, y de Exelispua, su so- 
brina, causadoras de aquellos daños, que hicieron llorar por tantos años, á 
muchas familias nobles de caciques la deshonra de sus hijas y parientas, 
encerradas contra su voluntad, en el palacio de Bálam Acam. 

45 



CAPITULO VIII 
Que prosigue la propia materia de la guerra entre los Quicheles y Zotojiles. 



MARGINALES.— Victoria ganada por el rey del Quiche. — Muerte de ATZINUINAC, gene- 
ral del ejército quiche. 

* 

Decíamos cómo marchaban los dos campos y que se hallaban bien 
cercanos ambos reyes parientes y contrarios. (42) Pero el Zutujilepop prompto 
y astuto, encaminando sus tercios por páramos, y arcabucos, dio vista breve- 
mente á los montes que sirven de sobrecejo á las llanuras de su propia corte 
dominando una colina. Era su sitio angosto, respecto a ceñirle por la una 
parte la aspereza de unas peñas tajadas, y por otra una pendiente, y peligro- 
sa profundidad, pero apropósito para comprehender los movimientos de Balam 
Acam, y para recuperar las reliquias de su ejército, en caso que la fortuna se 
le constituyese adversa. Pero el Rey Balam Acam, práctico en las materias 
militares desde su juventud, discurriendo que qu^en no había sabido aprove- 
charse de las montañas que se interponían, para impedirle el paso, menos 
sabría mantenerse en la estrechura peligrosa de una colina rasa, se mantuvo 
en el sitio de la llanura distante tres leguas del Zutujilepop, en tanto que en- 
viando orden á Mahucotah y á Atzihuinac, para que á largas marchas se acer- 
casen á ganar las espaldas al ejército contrario, más pareciendo tiempo para 
ello, se acercó al campo de los Zotojiles, y para provocarle entresacando diez 
mil hombres, y eligiendo por cabo á uno de los caballeros de su sangre, le 
ordenó que repechase á la colina, éste sagaz y diligente, penetrando sin ser 
sentido una montaña, empezó á ganar la cuesta de la colina, á tiempo que 
tocando arma las centinelas ( de Zutujilepop, pusieron en confusión sus pro- 
pias escuadras, ignorantes de la parte á donde llamaba el riesgo, pero casi al 
mismo tiempo acercándose Balam Acam con el resto del ejército, y cortando 
también el paso Mahucoth, que había arribado á interponerse al Rey Zutu- 
jilepop, soltando las armas algunos bizoños de los pipiles auxiliares, dieron 
ejemplo á los demás de los Zotojiles para ponerse en fuga, y en que su Rey 
no tuvo otra cosa que hacer, sino seguirles con deshonra y peligro, a tiempo 
que acometiéndoles los Quicheles, y siguiéndoles el alcance, hiriendo y ma- 
tando á un espantoso número de pipiles y sotojiles hicieron prisionero á 
Giilum Chiacaz, su general, y á Mixhumtic, cacique de Zotojil, encerrando todo 
su ejército dentro de los muros de Atziquinihay. (43) 

A este lamentable suceso para el Zutujilepop Rey de Atitlán, siguieron 
otros en que varían la fortuna sus momentáneos semblantes, se hicieron 
participar sus disfavores de unos y otros combatientes. Por que Balam Acam, 
juntando mayor número de gente, en que no menos aumentado Zutujilepop, 
corriendo el de Utatlán todas las tierras de Atitlán convecinas á los cantones 
del Quiche, le pareció dividir en tres escuadrones sus gentes, rigiendo por su 

(42) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Capítulo 9. 
43) Don Francisco García Calel, Tesumpam, Manuscrito Quiche Folio 20 v. 

46 



propia persona cincuenta mil infantes veteranos, y encomendando los otros 
dos de á treinta mil hombres á su teniente general Mahucotah, y á Atzihuinac. 
Pero á este tirapo el Zutujüepop, que había vuelto á la campaña, aumentado 
de gente, regía por sí mismo su principal ejército de cuarenta mil combatien- 
tes, y el de los auxiliares, y otros sujetos á su corona, que hacían el número 
de veinte mil á disposición de el cacique Rosche, que se ocupaban en duras 
hostilidades de las ciudades y pueblos de sus contrarios pero invadiendo 
éste las poblazones menores, y las aldeas del cacicazgo de Tonicapa, sujeto á 
Bálam Acam, y poseyendo sus armas algunos de aquellos lugares, le encontró 
á la defensa de aquellas tierras el general Atzihuinac, que eligió un sitio poco 
á propósito, á mantenerse en él, y así viendo la furia con que Rosche le car- 
gaba, desamparó aquel sitio, y al levantar el campo con mal consejo, y orden, 
fué su ejército desbaratado, y puesto en huida, pero el general Atzihuinac, 
más temerario que valiente, con solo dos mil de sus Quicheles que pudo 
contener, se opuso a veinte mil del Rosche, y haciéndole rostro, valerosamen- 
te, después de herir y matar muchos de los contrarios, siendo mal herido de 
un bote de lanza en lo superior de la frente, segándole la sangre que corría 
de la herida á los ojos, fué muerto de un golpe de macana, muriendo con él 
trescientos de los dos mil que le hacían lado, retirados sin orden los demás, 
que dieron lugar á que los pipiles auxiliares, y los atitanecos ó zotojiles, re- 
conocida tan ilustre victoria en que solo perdieron cincuenta de los suyos, 
talasen lo más de aquella tierra, destruyendo los sembrados, y gran despojo 
de algunos lugares que sorprendieron. 

Recelosos quedaron los Quicheles de aquel ejército de Atzihuinac, así 
por la muerte de su general, como por la de más de mil quinientos de los 
suyos que perecieron en aquella derrota, y más cuando ya confederado Zu- 
tujüepop con el señor de los Mames, que le auxiliaba, se hallaba aumentado 
de gente. Pero reconocido por el Rey Bálam Acam, que había estado á la 
vista cuanto importaba el apagar los bríos de los Mames, que el tenía por 
atrevimiento, nombró por General de aquel ejército á el Cacique Chuatza, su 
rodelero, con orden para impedir á los Mames, y correrles toda la tierra, 
como lo hizo, hasta el río que hoy llaman de Mérida, dando gran vuelta hasta 
los confines de Soconuzeo, por toda la tierra de Cuilco, país de Cacique ó 
príncipe libre, aliado con el Mame, en cuyo territorio ejecutó, si bien con 
inmensos trabajos de los suyos, duras y sangrientas hostilidades, con muerte 
de gran número, y robos de muchas doncellas nobles de aquella nación de los 
Mames, en que el General Chuatza no consiguió pocos despojos de oro, plata, 
y mantas á la recámara de su príncipe, saliendo con triunfo á la parte de lo 
que hoy llaman Ystaguacán del Rey, y era entonces ciudad insigne de las 
del Reyno del Quiche, en donde reposó, vistió y curó sus infantes, para irse 
á incorporar con el ejército de su Señor Balam Acam, que en la campaña de 
Paquixalá esperaba grande refuerzo y socorro auxiliar del Señor de Tezu- 
lutlán, porque del hijo Rey de Cachiquel, era, el empleo de sus armas contra 
los pipiles, impedimentos á incorporarse con el padre. Era el intento enton- 

47 



ees de Balam Acan acometer á Zutujilepop, dentro su corte de Atziquinijay, 
bien defendida como pl'aza fuerte, de trincheras y de castillos, con grandes 
guarniciones, y presidios, y no menos por la naturaleza de su sitio inexpug- 
nable; y socorrida de grande provisión de víveres, en sitio fértil y abun- 
dante; en cuya segundad por entonces, el Zutujilepop reposaba de los afanes 
de tres años que habían corrido de desacomodada campaña, trayendo tres 
ejércitos, que se oponían á los intentos de Balam Acam, por que éste era lo 
más que pretendía, hacer fuerza en la persona de la hija Yxconsócil, y la 
sobrina Exelispúa, para cebar en ellas su venganza. 

Prevenidos pues, los Generales y Capitanes del ejército de Balam Acam, 
que se ordenaba de ciento veinte mil infantes, se encaminó contra la corte 
de Zutujilepop, en cuya marcha reconociendo el desgano que ocupaba á los 
auxiliares de Tezulutan, la más gente colecticia, sobre desnuda y enbijada, 
hubo de asentar su campo en la tierra llana, y habiendo talado los maizales, 
y quemado algunos lugares, dio orden a Chuatza, su general, que dividiendo 
su campo en cuatro ejércitos, estuviesen acuartelados de tal arte; que ha- 
biendo de presentarse la batalla al zutujilepop, se alternasen unos a otros en 
los acometimientos, mezclando aquellos auxiliares temerosos, entre las filas 
de sus Quicheles. Pero llegado el caso de acercarse el Rey Zutijilepop, que 
ya campaba fuera de su corte, con noventa mil hombres, que conducía en sus 
marchas, y dándose vista los dos Reyes con sus ejércitos armados, y preve- 
nidos á la batalla, dándose seña de acometer, de la una, y otra parte, con el 
rumor de sus caracoles, flautas y tamboretes, y una algazara del infierno, 
cerraron los dos campos á el primer encuentro con una furia espantosa, mos- 
trándose en los primeros ataques tan valerosos, que quedando heridos y 
muertos muchos de ambas partes, eran estorbo los muertos al movimiento 
de los vivos. Pero llevando la peor parte, dividido el cuerpo de su campo, 
el Rey Batum Acam, tuvo por buen consejo, viendo desbaratado el tercio de 
su teniente general Chuatza, unir las fuerzas a la mayor resistencia del con- 
trario, mas ya á este tiempo, gastada la tarde en encontrarse, y en este primer 
choque entrando el día en la jurisdicción de las sombras, quedaron divididos 
los dos campos. (44) 

Hizo el Rey Balam Acam arribar brevemente de sus lugares más cer- 
canos, y de algunos de los rendidos, gran cantidad de cortadores de raja, para 
que poniendo en el circuito de los alojamientos grandes haces de leña, estu- 
viesen encendidos, y sebados, por personas determinadas, porque si sucediese 
el intento de asaltarle en la obscuridad de la noche, esclarecido el campo de 
aquellas candeladas, pudiesen sus infantes ponerse en orden, libres de con- 
fusión y manejar las armas con acierto. Pero entendida esta prevención por 
Zutujilepop, desesperado su ardimiento de poder embestir á Balam Acam, 
logrando con las tinieblas el asalto, levantó el campo con silencio, detenido 
dos días en el alojamiento de la sierra alta y dio de repente sobre la plaza 
que había perdido de Palopó, que no bastando las defensas de los Quicheles 
del presidio, y acometidos también de los propios paloponeses deseosos de 
volver á la obediencia de su príncipe, fué poseída y restaurada en breve de 



(44) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche Folio 17. 

48 



Zutujilepop, que habiendo muerto gran cantidad de presidíanos Quicheles 
hizo colgar de un árbol al gobernador del Rey Balam Acam, como por mera 
reseña de desafío, volviéndose contra la parte de Tolimán, á dar sobre los 
víveres, y algunos tercios reclutados del Rey Balam Acam, restaurándose tam- 
bién de paso aquella plaza poseída del Quiche. • 

Pero recuperadas aquellas plazas, y dejada por entonces en el poder 
de Balam Acam, la Ciudad de Chicochin, dio vuelta brevemente Zutuhilepop, 
sin querer desmembrar el cuerpo de su ejército, á las campañas de su corte, 
en que no solo se encerraban su mujer Ixcunsocil, y la infanta viu'da de Yloa- 
cab, Exelispua, sino lo más cuantioso, y puro de sus tesoros, de que hoy se 
conserva gran noticia, de su encierro dentro del propio Atitlán, que fué asien- 
to de su trono, sino atendiendo á que aquella era la cabeza y corte de su rey- 
nado, en cuya subsistencia consistía la manutención de su dominio, no se 
atrevía gran distancia separarse de su vista. Pero entre tanto, el ejército de 
Balam Acam, que había logrado en las tierras del Zutuhilepop muchos triun- 
fos, siguió con suma presteza, sus huellas, hasta ponerse á la vista de su 
ejército, si bien aconsejado de muchos, á que dominase una tierra alta, para 
guarnecerse de algunos barzales, que se extendían por la parte de su filón. 
Pero encendido el ánimo del Rey Balam Acam, una estraña ferocidad con la 
vista y cercanía de su enemigo, determinó antes pulsar en la lisa campaña sin 
ventaja, que exponerse á la dilatación de deshacer su ejército, para formar 
en otro modo los batallones, antes de hacer alguna experiencia de fortuna. 
Mas de esta suerte, sin atender al consejo que es regla que sirve á los aciertos, 
ó a las disculpas, aun no habiendo provocado á la batalla, trató de dar fin en 
la campaña poco cauto, y á pecho descubierto de los suyos, no habiendo ad- 
vertido la celada del contrario, colocados quince mil infantes indios zotojiles 
escojidos, á la caída de aquella tierra alta, y cubiertos de los barzales. 

De esta suerte estaban ordenadas las cosas de ambos campos, cuando 
provocando el Rey Balam Acam á el escuadrón que regía el cacique Chichiac 
Talu, uno de los generales del Rey Zutujilepop, el cual viendo la oportuni- 
dad que le ofrecía la suerte, para hacer caer en la red al ejército de Balam 
Acam, recibiendo la furia de el primer encuentro, en que no le tuvo poco 
costo de sangre á la resistencia de los suyos, j ir ando un corto término de 
aquel terreno, como fingiendo una lenta retirada, obligó á el enemigo á car- 
garle, hasta que, teniéndole en disposición de lograr el intento, de la em- 
boscada, volvió á afirmarse de nuevo, y encendida segunda vez la batalla, 
cayendo muchos de la parte de el tercio de Chichiac Tulu, al golpe de las pie- 
dras disparadas de un escuadrón sobresaliente de honderos, regidos de Cacu- 
loze, abaniquero de Balam Acam, hizo que viendo el Zutujilepop el desastre de 
los suyos, se condujese á el socorro con los flecheros del escuadrón del cacique 
Tamóloham, con que hiriendo en los Quicheles, unos por la frente, y otros 
por los costados, con todo el vigor, y destreza de su ánimo, discurriendo que 

49 



la rota de los primeros escuadrones de Bálam Acam, había de inclinar en su 
favor á la fortuna; pero viendo la valerosa resistencia que se hacía por el 
valor de los Quicheles, y la promptitud, y bizarría de su príncipe, acometie- 
ron por las espaldas los quince mil infantes enboscados en los barzales de la 
tierra alta. 

Pero los Quicheles, acometidos por todas partes y rodeados de todo el 
número de sus enemigos, recibieron el ímpetu de los flecheros de Tamoloham, 
con tanto coraje, y bizarría, que más de hora y media conservaron firme la 
ordenanza de su escuadrón, rechazando con grandísimo estrago la furia de 
las tropas de Zufujilepop; pero éste al mismo tiempo, acometiendo feroz- 
mente con todo el resto de su ejército, compuesto de lanceros y macanas, se 
avanzó con ánimo de romperle, pero saliéndole a encontrar un tercio de los 
Quicheles, le hicieron bizarra y larga resistencia, en que se mostraba valeroso 
y activo el Cálel Zitam Señor de Puxilá, que esforzando á los suyos, con obras, 
y en palabras se veía como multiplicado en todas las partes de su escuadrón, 
donde si bien el peligro y derramamiento de sangre era mucha, hallaron con 
todo eso los Zotojiles, de la parte de los Quicheles, un valeroso y duro en- 
cuentro; por que los Kachiqueles auxiliares, que se hallaban en el ejército, 
desde el principio de la guerra, adelantándose más, y se hallaban en todas 
partes, no menos resistían á las espaldas y costados que á la frente, y así, los 
tercios de Zufujilepop se ocupaban y contendían sin fruto en unos solos sitios, 
y con obstinación, determinados á romper el batallón de los Kachiqueles. Mas 
entre tanto el Rey Zufujilepop, guiando una tropa de diez mil lanceros, embis- 
tió por un costado del ejército de Bálam Acam, que andaba dilijente, y vale- 
roso, conducido en sus andas en todas partes, y desordenando á el encuentro 
aquellas primeras filas el Zufujilepop, se llevó del primer bote de su lanza 
á un hermano del Cacique de Chemequená, y echado á rodar al Cacique de 
Xelahu, haciendo separar á los Quicheles de aquella parte; en cuya ocasión 
perdiendo de los conductores de las andas el Rey Bálam Acam, que acudió 
á el reparo, y dando en tierra cargado de multitud de Zotojiles, quedó muerto 
de una lanzada que recibió en el pecho. Desordenándose con súbito clamor 
todo su ejército, de que murieron muchos nobles, y grande suma de plebe- 
yos; pues según los escritores de esta estirpe, (45) tuvo de costo esta batalla, 
el número de catorce mil indios de la una, y otra parte, quedando victorioso 
el Zufujilepop, y volviendo el ejército de los Quicheles con el cuerpo de Bálam 
Acam, á hacer notoria en su Corte la desgracia, y la subación de Machucotah 
en el Reyno. Fué el Rey # Bálam Acam, en opinión de sus escritores, digno de 
mayor vida, porque era de entendimiento capacísimo, y de ánimo real, y 
generoso, y uno de los más valerosos y prudentes Generales de su tiempo, 
de espíritu superior, y lleno de alta misericordia, y blandura de ánimo admi- 
rable. Si bien le notan del aprecio hacía de su persona, poco defecto á 
la verdad de un Rey, que en esto confesaba lo que debía á la Naturaleza 



(45) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 11. 

50 



CAPITULO IX 

Que refiere sumariamente algunos accidentes particulares de la Guerra civil de los 
indios Quicheles, y Sotojiles hasta la venida de los españoles. 



MARGINALES. — Sangrienta batalla de Sixa. — Combate cerca de Zamayaque. — Muerte 
del rey YQUIBALAM. — Toma Kicab él Patulú. — Muerte del rey de Sotojil CHI- 
CHIAHTULU. 



A el mismo tiempo que en Utatlán, gran corte de los reyes del Quiche, se 
celebraban las' fúnebres disposiciones del entierro de Balean Acam, aclamado 
acá en la campaña por el Rey del Quiche á Mahucotah, hijo de Balam Acam, ó 
cercano príncipe de la sangre real de los tultecas de Tanub, llamado á la corona, 
que no declaran sus escritores el grado inmediato porque sucedió en el rey- 
nado. Quizo proseguir la guerra comenzada tanto por el agravio recibido en 
La ocasión porque se dio principio á ella, del robo de las dos infantas, cuanto 
en venganza y desquite de la muerte del Rey Balam Acam. (46) Y porque el 
Mahucotah, siendo no solo valeroso y de ánimo inquieto, sino ambicioso de 
mayor grandeza, pareciéndole á la anchura de su corazón estrecha esfera la 
del reyno heredado, trató con ocasión de las dos venganzas, de hacerse campo 
con las armas á un dilatado imperio. Pero entre tanto que recojiendo las reli- 
quias de su ejército en que alistó ciento y diez mil infantes, y les nombraba 
nuevos cabos, constituyendo por su teniente general á Tohilyahza, Goberna- 
dor de Chicochin, y por gobernador de aquella plaza á Chíchiac Tulu, el Zutu- 
jitepop, victorioso, y halagado de la fortuna, después de dar una ligera vista á 
su corte, corrió las tierras altas del Quiche, de las que se abrigan á la gran 
cordillera de Parrazquin, destruyendo y quemando los sembrados, y sus al- 
deas, mas no pudiendo tomar alguna ciudad ó pueblo del Quiche, enderezó 
sus tropas contra Xelahuh (Quezaltenango) plaza fuerte y numerosa de pue- 
blo, en sitio abundante, y proveído. 

Pero el Rey Mahucotah, que sabía bien la importancia de aquella pla- 
za, y que ella por sí sola podría defenderse largo tiempo, entresacando setenta 
mil infantes para acercarse con ellos á su defensa, con los cuarenta mil res- 
tantes encomendados á Yximcablan, hijo del Señor de Chemequená, hizo que 
le asediase á el Zutujilepop las plazas y ciudades remotas, y importantes de 
los países bajos del sur y las del territorio de la laguna. 

Era su fin destruirle y desflaquecerle, para obligarle más presto, á 
desamparar el sitio de Xelahuh; mas esto era á tiempo que de la recámara 
del rey difunto, había sacado gran tesoro de oro y plata, mantas y plumas, 
con que á todos los Capitanes, y soldados de aquel ejército, había congratulado, 
exaltando á muchos á grande dignidad y estimación, porque debía de conocer 
Mahucotah, que se desmienten todos los vicios á la sombra de un ánimo li- 
beral, y que se ahogan las virtudes mas excelentes, entre la sed de un espíritu 



(46) Don Francisco García Calel, Tesumpam, Manuscrito Quiche.— Folio 21, 

51 



codicioso. Estas mercedes y franquezas tenía el espíritu de los Quicheles abru- 
mado en la muerte de Balam Acam, y prontos y animados á morir al lado de 
su nuevo Rey. Con que probeydos de vivanderos y gastadores tomaron su 
marcha ambos ejércitos á los países de su empresa. 

Había sido fácil de emprender á el Zutujilepop, la marcha á Xelahuh, 
ansiando su ejército pisar propias tierras, como ahora el del Rey Mahucotah, 
arribando por las suyas á las propias campañas, y que al dar principio á las 
fábricas del asedio, el Rey Zutujilepop, había recibido grave daño del castillo 
de Xelahuh, y su trinchera, en la muerte de muchos nobles de sus tropas. 

Pero ahora, habiéndose avistado el ejército de el Quiche, le era pre- 
ciso, ó estrecharse entre dos combates o levantar el campo ; pero consideran- 
do, que sin quiebras de su reputación no podría hacerlo, arrostró á probar 
á la fortuna', y no levantar el campo sin conseguir sus armas algún lance, y 
sacando con presteza veinte mil zotojiles, gobernados de Cocuteuh, cacique 
de Zamayaque, le hizo acometer al ejército de Mahucotah. Por provocarle, 
en la campaña de Sixa; mas este veterano valeroso, haciendo rostro al avance 
le resistió con bizarría, y denuedo, en largo tiempo de combate. Balanceó 
muchas veces la fortuna en los encuentros. Los Quicheles acostumbrados á los 
senderos de aquel país, tomaron en tropas de treinta mil infantes, una caña- 
da encubierta, á cortarles por el costado, con que de parte de Zutujilepop, 
se hizo irremediable el destrozo de los suyos, que rotos y atropellados con 
gran desastre fueron á incorporarse y favorecerse, del cuerpo de su ejército, 
muerto el cacique Coculeuh, con muchos, y principales, que perecieron. 

Mas no contento el Rey Mahucotah, con lo acaecido, cargando todo su 
ejército sobre el Zutujilepop, desordenado del recibir las tropas de Coculeuh, 
con que mezclado en un furor, y saña indecible, alagaron el campo de Sixa, 
con la sangre. Muchas veces cejaron los cabos de Zutujilepop, apretados de 
la valerosa obstinación de los Quicheles, recuperándose otras con buena re- 
putación en los pasos que adelantaban, y con alternados avances los entretuvo 
la fortuna largo término confiriendo esperanzas á unos y otros, por muchas 
horas. Pero el propio peligro en que se veían los zotojiles, con admirable 
mortandad de los suyos, les hizo mantener el combate más largo tiempo, del 
que se hacía creíble. Hasta que rompiendo los Quicheles la vanguardia de 
los Zotojiles, gobernada de uno de los Señores de los Pipiles auxiliares, qui- 
tando la vida á éste, que la vendió, á el precio de las de muchos contrarios, 
desflaquecidas las fuerzas de los demás combatientes, empezaron á desam- 
parar el campo, sin que los exfuerzos de su Rey fuesen bastantes á reprimir 
su fuga, hasta serle preciso á el Zutujilepop, tomando sendas excusadas, vol- 
ver para su corte de Atziquinahay , escoltado de ocho mil infantes, que sin des- 
ampararle, siendo seguidos de las escuadras de Mahucotah, y corriendo con 
ellas algunos lances, y encuentros peligrosos, tuvieron, aunque difícil, entero 
arribo á aquella Corte, con pérdida de grandes capitanes, y de tres mil in- 
fantes, que perdió del cuerpo de su ejército, en el combate. 

No fueron entre tanto, menos felices los sucesos del Rey Mahucotah, 
conseguidos por su General Yxim Cablam en los bajos países del Sur, y en 
las riberas de la laguna, haciendo en los encuentros y batallas un grande es- 
trago en los subditos de aquella corona, y dejando entregados al incendio 

52 



muchos pueblos, como sugetos otros á la obediencia de su Rey Mahucotah, 
y entre otros lugares de grande aprecio, la ciudad de Zamayaque, desampa- 
rada de su Cacique, por asistir á su príncipe en la campaña. Todos estos su- 
cesos espantosos que acometieron de golpe á el corazón de Zutujilepop, so- 
bre el quebranto de tan largas y trabajosas campañas, llenándole de con- 
tinua, y profunda melancolía, le acarrearon la muerte muy en breve, dejando 
por sucesor á Rumal Ahaux, príncipe joven, que no pasaba de diez y nueve 
años. Fué dotado Zutujilepop, no solo de genio, y espíritu militar, y de no 
menos don -de gobierno, para los negocios públicos, pero prevaleciendo en él 
las novedades, le hicieron parecer menos glorioso, siendo esto una propen- 
sión común de su estirpe, y fuera mejor su nombre, si no 'hubiera manchado 
su fama, con la tiranía, y crueldad. 

Salió Rumal Ahaux de espíritu tan valeroso, y ánimo tan inquieto, que 
cuando Mahucotah, por su propia inclinación á las armas, y los deseos de en- 
sancharse, no se movieron á proseguir la guerra, í47) este nuevo Rey de Ati- 
nan le instara á continuar la campaña, con que iguales en los genios y en las 
inclinaciones, no dificultaron á las empresas, porque aunque aun no se ha- 
bían levantado los campos, no se encaminaban las armas á facción determi- 
nada, sino que acometiendo á unas indiferentes hostilidades, de una nación 
y otra, estaban sin inclinarse á empresa que se hiciese ruidosa. Hasta que 
Mahucotah, discurriendo por suyo el campo en el gobierno de un príncipe jo- 
ven, y poco ejercitado en los trabajos de la guerra, quizo probarle, y cargó la 
consideración á la parte de Polopó, y Tolimán, plazas recuperadas por el Rey 
Zutujilepop. Pero apenas empezó Mahucotah á mover sus tropas contra 
aquella frontera, cuando Rumal Ahaux, Rey de Atitlán, asistido de buenos 
consejeros de guerra, y no distando mucho aquellas plazas de su corte, se opu- 
so en su defensa con cincuenta mil hombres exercitados en la campaña, á 
impedir los progresos de Mahucotah, que había marchado en su ofensa, con 
el ejército de ochenta mil infantes, despedidos de los Cachiqueles auxiliares, 
que habían partido poco antes a la asistencia de su Rey, en la guerra que les 
habían movido los Pipiles (vamos narrando estos sucesos muy de paso por 
dar lugar á otras materias), trabajaba toda el ansia de Mahucotah en hacer 
conocer á Rumal Ahaux, con destruirle y dominarle sus lugares, que le im- 
portaba, sino rendirse, y no querer parecer mayor en la autoridad de Rey, 
como á la verdad no lo era. Son tan celosas las materias del dominio, que 
ningún príncipe gustara, que le excediera otro en un ápice. 

Avistados los dos ejércitos, á una conveniente distancia, el Rey Mahu- 
cotah, no quiso romper la batalla, sin que antes precediese una reseña, de que 
por el bien público, excusaba el acometimiento, hasta que su contrario la 
provocase, y con este ánimo, hizo un enviado al Zotojil, Rumal Ahaux, que 
le habló en nombre de su Rey en esta forma : Rumal, príncipe valeroso: Yo 
no te quiero negar la admiración, y asombro que me hace, la consideración 
de que un joven sin experiencia de las desdichas de la guerra, confiado de 
tus bríos, quieras exponer á tus gentes á el cuchillo, compitiendo con el valor 
de mi Rey, y el brío de sus Quicheles. La desesperación nunca fué valentía, 



(47) Don Francisco Gómez Ahzip, Manuscrito Quiche.— Folio 13. 

53 



sino temeridad, y en tí no se contará por cobardía, sino por admirable pru- 
dencia, acomodarte con el tiempo. Bien reconoces, que aún lo más dificul- 
toso se allana á el poder de las armas de mi Rey, y que ha de triunfar de tí; 
pero si quieres excusar tu desastre, ríndele voluntariamente á Polopó, y To- 
limán, que estuvieron poseídas de sus armas, con otros lugares de los can- 
tones de tu Reyno, y gozarás en paz lo que quedare entre tu corona. A esto le 
mueve á mí Rey su clemencia, por no llegar á ver, por tu arrogancia, la des- 
trucción de tus gentes. (},8) 

Con grande alteración y desabrimiento escuchó Rumal Ahaux al em- 
bajador de Mahucotah, y aconsejado de sus Capitanes, de lo que debía res- 
ponder, le dijo: "Dirás á tu Rey Mahucotah; Que si le ha hecho admiración 
ver mi arrogancia, y que un príncipe mozo compita con un Rey anciano, que 
á mí me la hace mayor su demasiada ambición, y el bajo concepto que de mí 
hace, pensando que á su soberanía, no puede oponérsele la calidad de mi per- 
sona, tan igual á la suya, y que le rinda á el aire de su antojo, las ciudades 
que excojiere de mi corona; pero que si gusta escusar la muerte de muchos, 
que aventuramos con el rendimiento de las ciudades, que me pide, las feria- 
remos por otras tantas suyas, en solo un lance, de persona a persona, rifán- 
dolas en este campo, á la mayor fuerza de nuestros brazos". 

Esta resolución del Rumal Ahaux, hirió el ánimo de Mahucotah, de 
tal manera, que acercándose á ¡su campo, y haciendo escaramuzar á las pri- 
meras escuadras, dio principio al combate, pero atacando la batalla Rumal 
Ahaux, le fué preciso mezclarse en ella Mahucotah, que con los suyos, lo lle- 
naba todo de ardor, de sangre, y mortandad; mas no sin propio, y considera- 
ble daño de los suyos, siendo memorable espectáculo, ver contender los dos 
Príncipes, de persona á persona, habiéndose solicitado el uno al otro en el 
furor de la batalla, con ansia y diligencia. Eran a la verdad iguales los áni- 
mos, en la constancia, y ardimiento, pero llamado de un accidente, Rumal 
Ahaux, pudo hacer contrastar toda la felicidad de su Reyno, a no ser escudado 
de su rodelero Mixcan Calel, y socorrido de las escuadras de Caibil Aman, 
general de los Mames auxiliares, por que combatiendo ambos reyes desmon- 
tados de sus andas, atendiendo Rumal Ahaux a cierto rumor, que se hacía á 
la retaguardia de su ejército, que habia sido acometido a las espaldas, de diez 
mil Quicheles, en tanto que él volvió los ojos, y inclinó algo el cuerpo á 
aquella parte, tuvo lugar, y se ocupó Mahucotah, en herirle con un dardo 
en la parte baja del cuello; cuyo suceso del retirarse el Rey herido, hizo 
morir á muchos caballeros de su Corte, que defendieron que le siguiesen las 
tropas de Mahucotah, porque estas, rodeando á aquellos nobles, no les dieron 
lugar á salvarse En esta refriega perseveraron los dos ejércitos, todas las 
horas del día, hasta que con las sombras, retirados los campos á los aloja- 
mientos de la campaña, amaneciendo á el día siguiente, levantado de aquel 
sitio el de los Zotojiles, y desamparados también, los lugares de Tolimán y 
Polopó, fueron poseídos y guardados de numeroso presidio de Mahucotah. 

Pero recuperada la salud de Rumal Ahaux muy en breve, y muerto 
Mahucotah cargado de años, y enfermedades adquiridas en la campaña, 
dejando su Reyno envuelto en antiguas y sangrientas turbaciones, y no 



(48) Don Juan de Torres Macario, Manuscrito Quiche.— Folio 11 v. 

54 



menos funestado por esto, que por la falta de su sagacidad y su virtud mi- 
litar, y de su gran corazón, que siempre aspiraba á cosas grandes. {49) Sin 
embargo.^esto, como las demás cosas temporales, se dio al silenció y á el 
olvido, con la coronación del nuevo Rey, Yquibalan, de conveniente edad 
á el peso del Gobierno, y manejo de las armas, de que tanto necesitaba 
el Reyno de el Quiche. Porque la deliberación de Ramal Ahaux, Rey de Zo- 
tojil, que no era solo de reducirse á defender los lugares fuertes, si no de 
asaltar lo que pudiese de el Quiche, que le puso en necesidad de mantener 
un campo numeroso ; pero este príncipe sagaz y astuto, volvió el pensamiento 
á el lance de asediar por todas partes á el Rey Rumal Ahaux, y á sus canto- 
nes auxiliares, para por este medio, desflaquecerle y divertirle. Y para ello 
con grandes levas, y muchos premios que confirió su generosidad, y la in- 
dustria de su prudencia, derramó por todos los confines sus ejércitos, hacien- 
do la guerra por siete sitios diferentes, con el número de doscientos mil in- 
fantes. Asi lo dicen sus escritores, que componían aquellos ejércitos del Rey 
Yquibalan veinticinco xiquipiles de hombres, y truncó en esta manera en mu- 
cho modo los nervios á la facción contraria, y consiguió prudente Yquibálam 
para vivir más seguro el tener la guerra distante de su corte, y en que lograba 
mucha ocasión de piezas, y despojos, con que congratular á sus milicias, 
quedando divididos con tantos sitios y hostilidades distantes el ánimo, y las 
fuerzas de su contrario. 

Mas sin embargo de toda la gran disposición, y el mucho aparato de 
infantes, armas y vituallas, con que se adelantaban y mantenían los ejércitos 
del Rey Yquibálam, tomando muchos lugares, de Rumül Ahaux, que disminui- 
do con las fatigas y perdidas pasadas, se hallaba poco vigoroso, y con débiles 
fuerzas á resistir á el campo de los Quicheles, mas por aquella parte de los 
Cantones del Zotojil, parecían menos sangrientas las facciones, porque á la 
verdad el Yquibálam iba con fin de no destruirle en el todo, por no aumen- 
tar con su ruina la potencia de los cachiqueles, de los pipiles, y de los mames. 
Y asi estando Yquilabam entero en fuerzas, y aumentado de número y vigor, 
ardía en deseos de contraasaltar á los mames, que por aquella parte de tra- 
montana, se resistían valerosamente á sus fuerzas, y le talaban la tierra con 
intempestivos asaltos sus lugares, con este intento aumentaba de mayores 
fuerzas el ejército, que acampaba á los confines de aquella parte. Pero sin 
embargo, aun siendo poca fuerza la de cuarenta mil Quicheles contra la mul- 
titud y contumacia valerosa de los serranos, el general Tohilyacxa, teniendo 
por imposible el escusar el lance de la batalla, y por muy peligrosa la re- 
tirada sin recibir una rota lamentable, y sin dejar de ser seguidos, y asaltados, 
eligió por partido correspondiente á la reputación de un general acreditado, 
para hallar más oportunidad á una prudente retirada, atacar batalla á el de- 
clinar el día, para que con las tinieblas terminase la furia del combate. Con 
que aplazada la ihora se encaminó á embestir á el enemigo y encontrados, 
con furia espantosa, en que los serranos Mames alentados de su cabo, Yx- 



(49) Don Francisco García Calel, Tesumpam, Manuscrito Quiche.— Folio 23. 

55 



macalcnxil, peleando y combatiendo como desesperados, desordenaban con 
muerte de muchos á los de Tohilyacxa, que después de hora y media de com- 
batir, roto su ejército de Quicheles, á tiempo que cerraba la noche, le fué 
preciso retirarle á alojar en la gran ciudad de Chíquimula . 

De esta propia fortuna casi se lamentaban los demás ejércitos del Rey 
Yquibálam, recibiendo muchas quiebras en la reputación con mucho destrozo 
de los suyos, especialmente en la campaña del Peñol en que su general 
Chuatza que se empeñó en que el ejército del Rey Rumal Ahaux, regido de 
su general Chicchiactulú, no hiciese pie en los contornos de la gran ciudad 
de Xelahuh, joya estimable de su Rey (como hoy lo es para nosotros, aún en 
su gran disminución) sobre que en su defensa el ejército de aquella parte en 
tres batallas recibió el daño, y pérdida de ocho mil hombres, y los más de 
ellos de los mejores capitanes de aquel tiempo, con mucha nobleza de la es- 
tirpe de Utatlán, la de Xecul Puxila, y otras ; que como finos en el servicio 
de su Rey, y interesados en sus propios Señoríos y cacicazgos, combatían 
con ferocidad, y valor, mostrando no menos la osadía de ánimo, que el valor 
de el cuerpo, y si bien en. los restantes cinco ejércitos, que corrían, y talaban 
las campañas de los pipiles, Sapotitlán y otras, sorprendieron y sujetaron 
á el dominio de Yquibálam, muchas ciudades y pueblos de aquellos dos Se- 
ñoríos, corriendo mejor fortuna no obstante fué á el costo de muchas vidas, 
y de inmensidad de trabajos, hasta que terminó la suya el Rey Yquibálam, 
que llenó con su muerte á todo el Reyno de Utatlán de soledad y llanto ; por- 
que fué un príncipe de exquisita industria, y de una madurez acompañada de 
experiencias largas, grande acaudador de riquezas y estimador de la honra, 
mas en las materias militares gozó de una fortuna varia, mas no por eso 
dejó de conseguir el renombre de gran capitán y celebrado señor, príncipe 
de una bondad inestimable. 

Por la muerte de este Rey Yquibálam fué llamado á la corona de Uta- 
tlán, Kicab, que entró á la regencia de ella de provecta edad y con largas ex- 
periencias de ambos gobiernos, en que mostró un clarísimo ingenio y admi- 
rable prudencia en los reparos del gobierno político, y no menos promptitud 
en las disposiciones militares ; y así en su tiempo conservando lo adquirido 
por sus antecesores no perdió instante en las facciones que de su tiempo se 
ofrecieron. Especialmente fué memorable en ^a resistencia que hizo á el 
asedio que á el lugar de Totonicapa le puso el ejército de los zotojiles, defen- 
diendo aquella parte á la disposición de sus generales, y entre tanto que allí 
se combatía horriblemente, el Rey Kicab, alistados sesenta mil infantes, em- 
pezó á señorearse de muchas ciudades, y pueblos de los pipiles, y el zotojil, 
algunos de ellos con ocultas inteligencias y tratados, y parte con manifiesta 
fuerza de armas, y acercándose ya con ejército más numeroso de combatien- 
tes dio sobre la parte de Patulú, si bien el cacique ó gobernador de aquella 
plaza, Ahuaxchitá, se portó osadamente, y se dispuso á la defensa. Pero in- 
tentando la resistencia con pocas fuerzas desprevenido y confiado, conside- 
rando lejos de sí aquella gran tormenta, quedó fácil y brevemente vencido, 
entrando el Rey Kicab dentro de aquel lugar, y echando del á todos los que 
gustaron seguir á Ahuaxchitá, y poniendo gobernador de su parte quedó Pa- 
tulú entera, y confiadamente á la obediencia y devoción del Quiche. 

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Siguió á este lugar otro número considerable de pueblos, si bien em- 
peñadas las armas al principio por la defensa de sus propios países, pero 
rendidos muy en breve, considerando divertido á su Rey en la opugnación de 
Totonicapa, y distante, aunque no impedido el paso á su socorro. Pero el zo- 
tojil Chichialhtulá, hijo del primero de este nombre, que del bastón de gene- 
neral, había pasado á regir el cetro, viendo perder sus tierras y lugares sin 
resistencia, levantando su campo de las campañas altas de Totonicapa, pasó 
con ligeras marchas á la oposición del Rey Kicab, en los países bajos de su 
corona, pero enfermando gravemente el Rey Chichialhtulá en la aceleración 
de aquella marcha, y agravado de la dolencia, murió con breve término de días 
con muchos de sentimiento de su pueblo. Pero no por eso cesó la marcha 
en su viaje. Regido aquel ejército del teniente general del rey, hasta avis- 
tarse con el campo de los Quicheles, y acometiendo á la frente con tanto ím- 
petu, avanzados sin orden militar, por el propio arrojo, y celeridad les sirvió 
de contrastar su propia fuerza, porque desordenados desde la acometida, 
en tanto que trabajaban por unirse los Quicheles hicieron fiera matanza en 
los contrarios, hasta que al esfuerzo del teniente general Manilahuh, se vie- 
ron unidos y ordenados sus tercios, quedando igual el combate, en que apar- 
te del valor de los infantes, siendo el escuadrón del Rey Kicab el más dificul- 
toso de romper por unido, y doblado, que la ordenanza extendida y débil de 
Manilahuh, en menos tiempo de una hora de pelea, fué destrozado y des- 
compuesto todo el escuadrón de las lanzas, y en medio de grande número 
de principales, muerto el mismo Manilahuh, que perdió la vida á un gol- 
pe de macana. No tuvo en esta ocasión infortunada, mejor escape el tercio 
de los honderos; porque acometido por todas partes, con ferocísima algazara 
de los Quicheles, quedando dueños de la campaña, por la acelerada fuga de 
los atitanecas, cantaron la victoria, retirando el ejército á la corte de Utatlán. 

Así corrieron muchos lances fortunados, y infortunados de una y otra 
parte, que habiendo tenido su raíz en la ocasión que queda referida, se había 
pasado de ella, á la recuperación de ciudades, y pueblos, que se perdían de 
la una parte y de la otra. 

No siendo menor el fuego y saña encendida de la propia causa del 
robo de las infantas en todo el Reyno cachiquel, por la guerra que en sus 
tierras le introdujeron los pipiles auxiliares del Zotojil, y que ya ahora en el 
reynado de Nimahuinac se había encendido por todas partes, por la potencia 
de Tonaltut, Señor de los pipiles, en cuyos sucesos se vio muy varia la for- 
tuna, sin inclinarse á alguna de las dos partes, porque casi tan iguales las 
victorias alternadas, unas veces ganando y otras perdiendo, así los pipiles 
como los Cachiqueles, hasta que por este tiempo que escribimos del Rey 
Nimahuinac, empezó á declararse en su favor, porque reynaba entre los pi- 
piles grandísima desazón, con intolerable discordia en lo numeroso de su 
campo, en atención á la grande deficiencia de vituallas con que se hallaba, 
haciendo venir á su país á gran penuria, por injuria de la estación temporal, 
y por que sobre cansados del largo y antiguo manejo de las armas, se halla- 
ban mal satisfechos de su Señor Tonaltut, que lleno de ambición y tiranía 
atendía poco á premiarlos. Y ya disminuido en fuerzas aquel ejército, porque 
muchos huyeron á otras regiones., peleaban sin aliento, y casi arrostrando á 

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la muerte antes que á la sujección de aquel Señor, por lo cual el Tonáliut, 
viendo la declinación de sus armas y el duro estrago que los cachiqueles eje- 
cutaban en los suyos, empezó á tratar de ajustamientos de paz con el Rey 
Nimahuínac. Pedía éste, que para mejor firmeza de la paz se le diesen en 
tenencia y rehenes dos lugares, los que excojiese en sus confines. Que el 
Señor Tonaltut por sí, y los sucesores suyos en aquel señorío, había de obli- 
garse á no dar sus armas auxiliares á el zotojil, y que solo pudiere militar á 
su sueldo, y al del Rey de Utatlán, contra cualquiera nación de las otras. Que 
sus tierras habían de quedar abiertas, y con paso libre á los ejércitos de una 
corona y otra de Cachiquel y Utatlán. Que en caso de suceder la muerte del 
Señor de los pipiles sin sucesión legítima, y sin que muriendo aceleradamente 
nombrase el sucesor, que el Rey de Cachiquel nombrase á su arbitrio el que 
le pareciese de aquella generación de los Señores Pipiles. Más discurridos 
estos tratados por Tonaltut, y los Capitanes de su señorío, con madurez y 
término de días para resolverse en estos pactos, respondió : que en cuanto 
á cederle los dos lugares que le pedía, no podía hacerlo sin detrimento del 
derecho de sus hijos, ni poco disgusto de sus subditos, enajenándolos de sí, 
y despropiándoles de la naturaleza de su dominio, que para prenda y segu- 
ridad de la paz siempre bastaría su palabra, sin más rehenes. Pero que por 
sí y sus sucesores, se obligaría á una perpetua, y estable alianza y confede- 
ración con los principales Señores de Tanub. Excepto el de Zotojil, que daría 
paso y comunicación á sus armas y sus comercios, por sus tierras á los sub- 
ditos de las dos coronas para cualquiera parte. Pero que discurría ser vasa- 
llaje y servidumbre, que en caso de la sucesión no declarada de aquellos paí- 
ses hubiese de nombrarle el Rey de Cachiquel, el Señor que hubiese de do- 
minar á los pipiles, contradiciendo á las leyes, que ellos habían establecido 
en el Señorío que por sí habían fundado, sobre que al resistirle tendría por 
menor inconveniente volver á empuñar las armas, pero que recíprocamente 
las dos coronas de Cachique y Utattán habían de estar á la obligación de auxi- 
liarle, contra cualquiera Rey, Señor ó Cacique, que se moviese en su ofensa. 
Así quedaron ajustadas las paces de aquellos dos Señoríos, ó mejor 
de tres, en que entró á participar de la dulzura de la tranquilidad la corona 
de Utatlán, pero no por eso mucho tiempo pudo el Reyno de Cachique estar 
en el sociego, que se prometía á el colmo de su felicidad, sin guerra intestina 
que perturbase lo general de sus pueblos, y que durando la guerra desde el 
tiempo del reynado de Nimahuínac, hasta el en que regía el cetro Zexpachil 
ó Dequixsal, que fué el último «de Cachique, que hallaron y pusieron en su- 
jeción las armas españolas, teniendo su principio aquella campaña de unos 
indios contra otros, de haber Apocaquil, deudo inmediato del Rey de Cachi- 
que, y tesorero de sus tributos alzádosele con la gran ciudad de Tinamit, que 
hoy es Tecpam Goathemála, y todo el país sugeto á aquella plaza general 
de armas del Reyno de Cachique, y habiéndose ladeado á auxiliar á el re- 
belde Apocaquil, el Rey de los Zotojiles, que fué la ocasión ; porque viéndose 
oprimido, y despojado de grande parte de sus países el Rey Zinacam, llamó 
y trajo de paz á su reyno á nuestros españoles, aunque después de dos años, 
se sublevó por ocasión de la codicia de Gonzalo de Alvarado, como tenemos 
referido. 

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No menos el Reyno de Utatlán, que había acuartelado su ejército den- 
tro de los muros de su corte, y en los lugares del contorno, gozó poco tiempo 
del reposo de la paz, porque el de Zotojil, que deseaba recuperar lo perdido, 
volvió á asediar los lugares poseídos del Quiche, haciéndose la guerra con- 
tinuada con inflexible tezón, en que se veían arder en cólera, y furor, todas 
las campañas de las dos coronas, que alagadas en sangre y en desastre, es- 
trago, y ruina de ambas, se hacían por los sucesos admirables y espantosos 
accidentes infelices á los reynos estraños, durando tanto incendio, y com- 
pasión la vida de once reyes de Utatlán, desde Balam Acam, en que tuvieron 
su principio estas discordias, hasta Tecum Umán, que terminó su vida como 
en otras partes queda expresado, á manos de Don Pedro de Alvar ado, en las 
campañas de el Pinar, theatro bien señalado con la sangre de los indios en su 
gentilidad, y á el tiempo de reducirlos, y conquistarlos el valor y constancia 
española; que á costa de sus trabajos, y gloriosas hazañas, si emuladas de 
muchos extranjeros, no imitadas de alguna de las naciones, pusieron en paz 
aquellas guerras civiles de los indios admirables, y prodigiosas, ganándolos 
para la eterna felicidad. 



CAPITULO X 

De los pueblas que componen la jurisdicción de el Partido de Atidán, como Corre- 
gimiento, y el estilo de sus paisanos, y su administración espiritual. 



MARGINALES. — Atitlán cabecera de Corregimiento. — Pronombre de este pueblo y su 
etimología. — Otros pueblos de esta jurisdicción. — Tolimán y Patulul. — Pochuta. 

— Sn. Juan de los Leprosos, Chicochin. — Sn. Franco, de la Costilla. — Santa Bárbara, 
San Andrés. — San Pedro de la Laguna. — San Juan. — San Pablo. — Santa Clara. 

— La Visitación. — Número de vecinos, y habitadores. 



Es el Partido del Corregimiento de Atitlán de la nación de los Zotojiles, 
si no el más opulento y útil (desmembrado después de su conquista de muchas 
partes que componían el cuerpo de este excelente Señorío) al menos no el 
más infructífero á la comodidad de sus comerciantes; y juzgado de sus 
Corregidores; mas nunca más favorable, que cuando contribuye propicio á 
utilidad común de sus paisanos indios, siendo la primera escepción de las 
patrias, que en su severidad mira con benevolencia á los hijos, que en con- 
tadas y pocas poblazones son numerosos, y de crecido cálculo, y no desaco- 
modados en las utilidades comunes; pues siendo en tan extendido y fértil 
territorio los pueblos pocos, es visto que la propiedad y ejidos será más dila- 
tada y apreciaba, á los lugares situados, unos en la tierra fría y otros en los 
países calientes, entre los cuales el pueblo de Santiago Atitlán, cabecera y 
principal asiento de sus Corregidores, no solo numeroso se ostenta entre los 
otros el más considerable, el más excelente en las elegantes fábricas de su 
material aspecto, cuyo templo y convento guardián de la regular observancia 

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de mi patrón San Francisco, que administra este partido no tiene que desear 
ni apetecer de otros, bien que en todos los de esta sagrada familia en su 
posible y proporción, no me atreveré inadvertido á decir cual pueda ser el 
templo á donde falte algo si este de Atsiquinihai, pronombre que desde su 
origen le viene con su etimología del idioma quiche (que quiere decir, Casa 
de el Águila) porque sus reyes saliendo á las campañas traían por divisa un 
gran penacho de quetzales en forma de águila, ó pueblo de Atitlán de la len- 
gua pipil, con grande propiedad á la frecuencia de su navegación, compuesto 
de dos dicciones, at, y tillan, que significa correo de agua, y sin duda quizá se 
le apropió, porque los avisos, ó las órdenes de aquel Rey de Zotojil que domi- 
naba aquellos pueblos iba por la laguna, no solo á aquellos situados á sus 
riberas, sino á lo más interior de la tierra, para mayor brevedad en sus des- 
pachos. Es el de San Lucas Tolimán no menos numeroso que el de Atitlán, 
y el de Patulul también, de estendida y grande poblazón, frecuentado, y con 
utilidad en lo que contribuyen por sus avíos mucha frecuencia de tratantes 
y pasajeros, que siendo de verano el real camino para la ciudad de México, 
y el pueblo de jornada inexcusable, dejan en él buenas porciones, por el re- 
cambio de los bastimentos, y fletes de bestias de silla y carga, situado en la 
parte de la costilla, por donde se goza de apacible fértil llanura, y en verano 
el tránsito libre sin el impedimento que ocasiona el inchiamiento que reciben 
en el invierno sus grandes y nobles ríos, y estar esta senda menos voraginosa 
en sus llanuras, humedecidas siempre por su próspera naturaleza. Es de 
sano temperamento, caliente y seco en su naturaleza, circumbalan y riegan 
la amenidad de su tierra grandes y nobles ríos, ricos y abundantes de regala- 
da pesca. Su sitio ameno y frondoso, por su propia producción, y por el arte, 
lleno su territorio de árboles deliciosos de cacao, y otros muchos frutales; en 
que no faltan muchas palmas, que llevan dátiles muy crecidos, y sazonados, 
bien que siendo su país tempestuoso, como el de toda la costa del Sur, es el 
agrio de sus dulzuras, y no menos esta plaga, que la de los mosquitos y bes- 
tias ponzoñosas destiempla el gusto á la apetencia de estos países. Tiene 
este de Patulul, convento Guardián con elegante fábrica de claustro, templo 
y sacristía; mantiénense aquí cuatro religiosos aprobados, que administran. 
San Miguel Pochuta, bien señalado por su situación á la falda del Volcán de 
Atitlán, y mucho más por su memorable y prodigiosa cueva, maravilla artifi- 
cial de la América, por el arte y poderío de los Señores naturales de este 
Partido. Su tierra, en lo que mira á ejidos de este pueblo es áspera, pedre- 
gosa, solitaria y poblada con cerrazón de asperísima montaña; es de tempera- 
mento medio entre caliente y frío. El pueblo de San Jerónimo de corto circui- 
to, el que necesita la cortedad de su poblazón abreviado en pobre número de 
habitadores, mas este sin igualdad ni comparación excede á todos en lo 
caliente de su temperamento. Mas el de San Juan de los Leprosos de el mismo 
temple situado en país breñoso, pobre de vecindad, se mira con el escrúpulo 
de contagiado de semejante dolencia; pues no hay, ni ha habido indio que no 
esté contaminado de lepra; de donde tomó este lastimoso pronombre. El 
pueblo de Santo Tomás Chicochin, por acercarse á la costa del Sur, su tem- 
peramento toca en caliente, mas en su cualidad tan grato y abundante lo 
pingüe de su terreno que lleva frutas varias de la tierra caliente y fría. Có- 

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gese en ellas buenas porciones de algodón, que proveen á los habitadores de 
abundante vestuario, mas es escaso de maíz y legumbres, .porque llevados 
de otras inteligencias, los paisanos se dan poco á su estimable beneficio; 
está este pueblo circunvalado y ceñido de breñosos y ásperos arcabucos. El 
pueblo de San Francisco de la Costilla, aunque no de numerosa vecindad, 
mantiene un Convento Guardián con tres religiosos aprobados en suficiencia 
de Cura y lengua. Yace su situación cercana á la Mar del Sur, de calidad que 
se descubre bastantemente desde este Pueblo, y á esta causa, su tempera- 
mento es excesivamente caliente. Lleva la producción de su territorio, cacao, 
que para los indios es moneda, y no menos para nuestros españoles, buena 
mercadería, es abundante de todas las frutas del país caliente, que no son 
las menos regaladas y gustosas. Tiene este pueblo, en lo ordinario, carencia 
grande de maíz, que dejando su beneficio por el empleo de las aseadísimas 
y deliciosas huertas de cacao; este grano les provee del otro, y de todas las 
cosas necesarias de tierra fría. Su inmediato pueblo de Santa Bárbara, pobre 
de habitadores yace en tierra doblada y áspera, cuya dilatación de ejidos se 
ve compuesta toda de pedregales, más pingüe y fructífera en abundancia 
colinada, pero lo que de ella se ve libre de cultivo es tierra de montaña espesa 
y intrincada, y el pueblecito de San Andrés también adyacente, goza de las 
mismas cualidades que su antecedente. 

El pueblo de San Pedro de la Laguna; cuyo pronombre le viene de la 
cercanía con el gran lago de Atitlán, yace en un seno ó rinconada que está 
á la parte de el Oeste, fundado á la falda de la prodigiosa sierra de Parraz- 
quin, cuya grande cordillera continuada sin Interrumpirse desde la parte del 
Norte al mediodía, camina siempre demarcando y dividiendo toda la costa 
de la mar del Sur, de la demás tierra que Taman de la sierra, y los valles. 
Tiene este pueblo un excelente convento Guardián cabecera de Curato, con 
tres Ministros aprobados; y este pueblo menos desdeñado de la naturaleza 
en su temperamento le goza apacible y suave, con fértil y acomodado terre- 
no, en la producción de todos los granos, y legumbres propias de tierra fría, 
porque siendo de temperamento medio, produce y nivela cuanto le recomien- 
da y fría la atenta agricultura; y así en el pueblo se gozan muchos y fecundos 
frutales de unos y otros climas, y goza de buenas y delgadas aguas que le 
ministran muchos y copiosos arroyos, tiene este pueblo dos caminos uno por 
la navegación, necesitando por cualquier parte de la difícil y peligrosa tra- 
vesía de la laguna, otra entrada es del camino que á él se hace por tierra, de 
senda áspera ceñida de arcabucos y breñas y por peñascos vivos. San Juan 
poco distante del de San Pedro como legua y media de camino, que se hace 
por navegación ó por tierra goza las mismas calidades que el de San Pedro, 
y es pueblo melancólico y solitario, y falto de comunicación y comercio; como 
el de San Pablo situado á la misma falda de la sierra de Parrazquin distante 
de San Pedro dos leguas, de intratable camino; más no desigual en el tempe- 

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ramento á sus inmediatos que llevamos referidos, ni menos en la feracidad 
y producción de su terreno abundante de granos, frutas, y de yerbas provecho- 
sas, y saludables, bien conocidas de los propios indios para el alivio de sus 
dolencias. El pueblo de Santa Clara, de no pequeña vecindad situado en lo 
más eminente de la sierra, es de temperamento destemplado, y frío, con 
vientos sutiles y delgados, como en todos los más de aquella serranía que se 
apropincua á el Norte, no siendo menos combatido de las tempestades y tor- 
mentas que son comunes en todo lo caído de aquella costa de donde se parti- 
cipan á este pueblo, y su inmediato de la Visitación, de corta y pobre vecin- 
dad. El de San Marcos pueblo si moderado, y el más corto de este Curato 
y Guardianía, no menos desvelado en los esmeros de su iglesia, bien que 
pajiza y abreviada, la atiende y sirve con desvelo, y en ella no hay cosa que 
no parezca suficiente sino rica de una decencia muy bastante, y este se mira 
casi como el último de esta jurisdicción, y lo es en el número de sus lugares, 
bien que habiéndose varias veces por los Presidentes alterado la dilatación 
de este Partido, ya quitando y ya aumentando pueblos, o por que los Corre- 
jidores fuesen ó no participantes de su gracia, ó porque discurriendo ser 
más conveniente, á la administración de la Real Justicia se ejecutaba así; 
mas pudiendo algunos discurrir que fuesen más ó que en esta jurisdicción 
fuesen menos, es lo seguro que en la primera institución de este Corregimien- 
to, en que corrió el término de muchos años, es la de este mismo número, 
pueblos en que hoy se cuentan seis mil ochocientos y sesenta y seis tributa- 
rios de un sexo y otro, que hacen el número en sus familias de veintisiete 
mil cuatrocientos y sesenta y cuatro habitadores, á quienes tan puntuales 
como siempre, dan el pasto espiritual catorce curas aprobados de la orden 
seráfica, que administran, como se deja entender, á los seis mil ochocientos 
y sesenta y seis feligreses, que el demás número es de incompetente edad, pero 
todos iguales al catechismo. En estos curatos hay fundación de cuarenta y 
ocho cofradías aprobadas y confirmadas por los Reverendos Obispos y no 
bastante podré decir sobre la gran puntualidad que se tiene en la doctrina 
y administración de estos pueblos, el gran trabajo con que se visitan y admi- 
nistran unos por agua y otros por tierra ; donde no sin gran peligro por una 
y otra parte los religiosos padecen instantáneos sustos en aquel piélago em- 
bravecido y tormentoso, y si por tierra á la distancia en todos de sendas mal 
trilladas sobre dura y áspera guija; mas no sin admiración se contemplan en 
estos impedimentos siempre ejecutada la doctrina, y cumplido el pasto con 
edificación administrativa, sin que en las partes donde me he hallado en 
que administra esta religión, séase Cabecera de Partido, ó pueblo de visita, 
halla visto quedar sin misa alguno de ellos en cada día festivo; salvo cir- 
cunstancia; donde asistiendo como guardas de un sitio diez ó doce indios, 
con una ermitica pobre y de techumbre pajiza vienen estos al pueblo inme- 
diato, como San Diego, San Sebastián, ó de la Mercenaria administración los 
de el Rancho de San Ramón. 

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CAPITULO XI 

De la descripción de la Laguna dé Atitlán, y otras casas pertenecientes á este país 
de los Sotojiles. 

MARGINALES. — Su desagüe no se ve ni reconoce. — No tiene pesca. — Montes que la 
rodean. — Su territorio fértil, y mucho más saludable. — Fuentes de aguas agrias. 
— A que enfermedades es medicina. — Estilo de los indios de este partido. — Ríos 
de esta jurisdicción, y sus pesquerías. — Frutas de este país. — Vino de plátanos 
maravilloso. — Otras frutas propincuas del país. — Prosigue el estilo de los indios 
y su comercio. 



No menos que á otras cosas naturales es propio de este asumpto la des- 
cripción del maravilloso lago de Atitlán, que como ya dijimos es de dilatada, 
y bella circunvalación, mas que habiendo sido el motivo de tan dilatadas, 
y sangrientas diversiones entre los mismos indios en su gentilidad, le hace 
objeto digno de la escriptura; cuyo piélago en su admirable congregación de 
aguas baja por la dilatada circunferencia veintisiete leguas, bien que otros 
extendiendo la consideración por lo más dilatado de su travesía, asientan 
que son veinte y ocho leguas las de su circuito ; mas siendo solas las que 
decimos, es suficiente y recreable maravilla, á la contemplación, mas no 
bastantemente, debe notarse que entrándole muchos ríos, y arroyos, que bajan 
y fluyen de aquellas serranías, á lo hondo de su valle, no se le ve, ni halla 
desaguadero; por cuya ocasión (bien que imposible) la juzgan muchos sin 
desagüe. Pero corriendo este, cubierto de los peñascos, y montes que la 
rodean, se manifiesta que en la costa del Sur, en el río que llaman de Santa 
Bárbara de grande caudal, y de rápido curso, muy peligroso en el paso, por 
eso en él usan de hamaca. Pero en tanta opulencia de aguas de esta laguna 
no se halla peje que sea de codiciar, para el aprovechamiento de grangería 
de aquellos indios de su gran contorno, ni que menos parezca de exquisito 
regalo para el gusto, porque abundando solo de una muchedumbre inagotable 
de pececillos pequeños de el tamaño de la mitad de un dedo, solo buenos para 
escabeches ;• y de otra admirable copia de cangrejos blancos de displicentes 
carnes, se quedan á el consumo y abasto de los propios indios de sus riberas; 
más sin embargo de su grosera naturaleza, todo lo que de estos géneros baja 
abundantemente á esta ciudad de Goathemala, las cuaresmas, tiene maravillo- 
so consumo en sus mercados, y plazas públicas. 

Pero continuando en la descripción de esta laguna, que se admira ce- 
ñida, y aprisionada de corpulentos y levantados montes, que en su formación 
se componen de peñascos, y negras guijas, pareciendo inútiles en el todo por 
lo agreste, y recio de su naturaleza, sin embargo, ya en muchas partes de 
quebradas, y de mesas llanas se visten de tierra útil, que cría robustas, y 
tupidas arboledas, y espesísimas breñas, que ministran no pequeña comodi- 
dad de raja, y caza de toda suerte, con gran utilidad á la edificación, y sem- 
brados; mas saliendo de estas malezas, y dificultad de peñascos á lo levantado 
de la tierra de sus llanuras, es todo su terreno de fértilísimo y sustancial 
panino, que generalmente se componen de tierra negra de dócil y tratable 

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pasta sin mezclas de barrial, que la hagan intratable á la cultura, mas no bien 
sabré ponderar, que siendo la inclemencia del hielo el malogro de los países, 
estos sobre bien humedecidos de las lluvias, se hacen más feraces con la 
sustancia que les comunican las heladas en cuatro meses de el año. Noviem- 
bre, Diciembre, Enero y Febrero, sirviendo á esta tierra de privilegio, lo que 
á otras de funesta asolación. 

En el pueblo de Santiago Atitlán bien cerca de su situación, hay una 
fuente de aguas agrias, que manando de una peña á la manera de sudor, 
congregadas á poco trecho forman una suficiente vena para poderse recojer 
á las vasijas; para conducir el agua á varias partes, por sus efectos medicina- 
les, que extendiéndose á deshacer el tumor que se hace en las gargantas, que 
llaman bocio, pasa su virtud á hacer expeler la piedra, y arenas engendradas 
en los riñones, y en supresión de orina á facilitar, y abrir la vía. Al bebería 
se reconoce un gusto remoto de sumo de limón, y después de bebería no deja 
mas sabor que aquel que las demás aguas dulces. 

Los indios de este Partido aplicados á el trabajo, y cultura de sus 
campos, son muy esmerados en sus beneficios. Pero mucho más propensos 
á el trato y comercio mercantil, conduciendo sus géneros de unas partes á 
otras, penetrando mucha distancia de leguas por todas las provincias, hasta 
introducirse por las de San Salvador, San Antonio, y Soconuzco, por conse- 
guir el recambio de ellos; pero debe entenderse, que estos tratantes, y mer- 
caderes son los indios de la tierra fría; que los de el país de la costa son 
naturalmente apagados, y holgazanes, quizá ocasionando su descaecimiento 
del propio temperamento caliente, y húmedo, en que se experimenta des- 
mayo, y flaqueza, ocasionado de el sudor continuo; ó quizá confiados en sus 
prósperas y repetidas cosechas de cacao, fruto precioso y apetecido; mas no 
por razón de su dejamiento dejan de asistir á el cuidado, y cultura de sus 
cacaguatales, no extendiéndose su actividad á otras inteligencias, si no es 
tal vez en pocas sementeras de algodón; mas no sin lástima atenidos solo á 
un fruto, si el cacao falta en su granazón, los vemos perecer de necesidad, 
y de hambre; mas si abundante les fructifica, gastan y triunfan con liberal, 
y larga mano, y acuden sin escasez á los templos, cofradías, guachibales, y 
obras tocantes á el público beneficio. 

Son generalmente los hombres de buen aspecto, de cumplida estatura, 
muy aseados en su traje; á el contrario de las mujeres que todas en lo gene- 
ral son desaliñadas, y desapacibles en el aspecto y semblante; ecepto las de 
el pueblo de el Patulul, que son de color mui claro, á la manera de las que 
llamamos mestizas, de mui perfectos, y hermosos semblantes, gallarda, y pu- 
lida simetría, y de aseado y precioso adorno en sus vestidos, mas no sé bas- 
tantemente sí es lo mejor que tienen, gozar de estos favores, y indultos de la 
naturaleza, ó si acaso las estubiera mejor imitar en la fealdad á las otras, 
porque estas de el Patulul, además de ser hermosas, saben que lo son, y tienen 
vivísimos, y blandos naturales. En su gentilidad estos de Sotojil, como los 
demás pueblos de la sierra, y Valle de Goathemala, observaron las mismas 
leyes, mitos y ceremonias, que dejamos establecido en la Primera Parte de 
esta Historia, diferenciando, en poco, ó nada de sus ordenanzas, y ceremo- 
nias de sus sacrificios. 

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Los pueblos de esta jurisdicción de Atitlán, gozan de abundantes, y 
[ijeras aguas, bien que las que corren por los pueblos de la costa, no las gozan 
tan puras, y delicadas, más no por esto dejó la naturaleza de añadirles otra 
prerrogativa, que es lo abundante de sus pesquerías; pues será muy raro el 
río que no lleve tepemechines, que es lo que en España llaman truchas ; cuya 
etimología compuesta de dos dicciones de la Pipil, quiere decir, pescado de 
piedras; de tet, que es piedra, y tnytohin, peje, á causa de que este regalado 
y apetecible género de pescado, se cría y habita entre las piedras de los más 
rápidos ríos ; hallándose estos solo en los que corren a la Mar de el Sur, 
como los bobos, que llaman cuyameles, que solo se ven en los ríos que van 
á la Mar del Norte. Tienen abundancia inagotable de mojarras, que dicen 
se parecen á los besugos en la hechura mas no en el lamaño. Hay en ellos 
mucho pescado blanco de una espina, sobre manera excelente, y gustoso, 
juiglines, caracoles que llaman jutes, y crecida copia de cangrejos y camaro- 
nes, especie de langosta, con que en las tierras de esta calidad, y tempera- 
mento, se halla fácil, y abundante provisión en todo tiempo y á cualquier hora. 

Hállanse también estos pueblos, que llaman de la costa mui abundados 
de grande diferencia de regaladas frutas, en especies diversas de plátanos; 
cuyas hojas de frescor, verde, liso, maravilloso, tienen dos varas de largo, 
y mas de media de ancho, y se aplican por medicamento de muchas enfer- 
medades de calor; (50) y la fruta suple la falta del grano de el maíz, y de los 
plátanos gordos maduros, asados en un horno, y sin cascara, y molidos como 
el maíz, puesta la pasta apretada en una botija, por término de quince días, 
y esta desbaratada en porción de agua después, y pasada por manga destila 
un vino, que no hace diferencia del ojo de gallo. Lleva el país muchas na- 
ranjas muy crecidas, así de las dulces, como de las agrias, y también mixtas 
de uno, y otro gusto, que son las más saludables; mucho limón, y limas dul- 
ces, y agrias, cirgtielas coloradas, que llaman jocotes de la costa de varias es- 
pecies, y de fragancia, y gusto excelente, y en los colores también diversas; 
porque fuera de las coloradas de una delicada, y subtilísima trasparencia, 
hay otras amarillas con cuatro venillas de color verde claro á lo largo ; hay 
otras de color morado oscuro con algún agrio, y otras pequeñas de color de 
aceituna de maravilloso y extraordinario gusto ; sus cogollos sirven de salsa 
á la manera que el perejil, sin necesitar de vinagre, porque la hoja tiene un 
agrio que no le difiere. Hay en todo el país, generalmente muchas guayabas, 
no todas malas, y algunas especies de ellas hay buenas; pinas son abundan- 
tes y mejores que las de tierra fría, pitahayas hay muchas, que solo por Junio, 
Julio y Agosto fructifican, es muy esquisita fruta en el color admirable de 
su ollejo, y en el gusto, delicadeza y sanidad de su pulpa interior; los sapotes 
colorados son abundantísimos, y de consumo maravilloso, en frecuentes 
sacas de regatones; los sapotes negros no despreciables á el gusto, son de 
notable naturaleza, que muda á tiempos sus cualidades; porque cuando verde 
es cáustico venenoso, que sirve de barbasco fuerte en las pezquerías, mas 
cuando de perfecta sazón, y maduro, sirve con regalado gusto sin detrimento 
de la salud. En pocos pueblos se consiguen algunos árboles de sapotes blancos; 
cuya fragancia cuando madura y raja en el árbol, á la manera de la granada, 



(50) Acosta.— Capítulo 21.— Folio 242. 

67 



se extiende su fragrancia á el sentido del olfato, por toda la distancia del 
pueblo, es fruta buscada, apetecida y bien pagada, por lo exquisita y porque 
discurro, es la fruta más excelente y regalada de las Indias, es especie de 
anona, conocida entre los indios con el nombre de isbatsaput, que es su co- 
responcia al nombre castellano que queda dicho de sapote blanco ; mas 
no son los que en México llaman con este nombre, que los sapotes blancos 
de México, llamamos acá, matasanos, y los Pipiles manahuastsaput, (51) que 
quiere significar sapote de bubas, por unos nudos que arroja por fuera, que 
abundan en tanta copia, que los indios seban con ellos el ganado de cerda. 
La abundancia de anonas es grande en seis diferencias de ellas, fuera de las 
de tierra fria, que en el Perú llaman chirimoyas, todas de delicado gusto, 
con las que llaman guanábanas, que imitan lo agrio y vehemente del vinagre, 
de extraordinaria fragancia, y de frígida cualidad, hyeacos y nanches aromá- 
ticos, pero por abundantes muy comunes y que sirven al obsequio, y gusto de 
la gente vulgar, y ordinaria. Chicos sapotes muchos, y admirables, es fruta 
de suma fragancia y dulce singularísimo, tan regalada y apetecible, que otra 
cualquiera muy celebrada hará mucho si le iguala; abunda este país de cocos 
y coyoles, especie de palmas con frutos diferentes del dátil. La fruta que 
llaman capulí es poco conocida de los nuestros, y por eso olvidada y sin nom- 
bre; cuya dulzura pasa á causar empalago como su olor subidísimo y activo 
aventaja con vehemente aroma á lo delicado de el ámbar; su ollejo es encar- 
nado en unos, y en otros amarillo claro ; su pulpa llena de unos granillos 
blancos muy pequeños, menores que los del higo, la fruta del porte de la 
cereza: son diversos de los que escribe el Padre Joseph de Acosta, que aque- 
llos también los hay acá en la tierra fría. En los montes, como en tupidas 
breñas, y serrados bosques se cojen los palmitos de pacaya, que llaman guy- 
lotes, y la flor en diversos modos, y aderezos sirve á el alimento general, y 
su semilla á el torno para fabricar rosarios que llaman de frutilla, de que se 
conduce á el Perú copia admirable de millares de ellos, y el árbol también 
es como palma. Hay mucha abundancia de camote, y yuca; próvida como 
adecuada la tierra lleva, y produce, bellísimas y crecidas palmas, que fruc- 
tificando rinden abundantes racimos de tan excelentes dátiles, como los de 
la Berbería. Las papayas son tan abundantes como crecidas en su tamaño, 
casi no hay quien las guste, aunque es fruta regalada, y sanísima, pero se 
da a el desprecio lo muy comunicable. 

En los pueblos de tierra fría, se halla la providencia de todas las fru- 
tas de su temperamento, así de las Indias, como anonas, jobos, cerezas, 
tomatillos, plátanos dominicos, así llamados por ser de la propia especie, 
que los de Sto. Domingo de la Española, y de los de Guinea, y de aquellas, 
que nos comunicó grata nuestra Madre España; aunque no todas aquellas, 
que se hallan en lo más interior de la Sierra; pero lleva muchas granadas, 
peras, damascos, duraznos, membrillos, melocotones, higos y brebas : á que 
se agregan las comodidades de haber muy buen carnero, gallinas, capones, 
pavos y suficientes piaras de ganado de cerda, alguna caza de volatilería y no 
menos de venatoria, que una y otra sirven á la comodidad de la vida y al gusto 
en el divertimiento que ocasiona su montería en estos montes. 



(51) En la lengua Achí: Mastahan, de donde nosotros decimos matasano. 

68 



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y comida, que sería trayendo un ramito a raíz 
de las carnes a la parte que pulsa el corazón. 
Tiene virtud de evacuar todos los humores, saca 

el agua cocida della a los hidrópicos, agota con facilidad y presteza el morbo gálico, y quita 

los dolores de las coyunturas. 






69 



Pero volviendo á hacer memoria de el estilo de los indios de este Par- 
tido, siempre laboriosos, y siempre mercuriales, componen unas repúblicas 
ricas, y numerosas, de pueblo acomodados á el beneficio de el Comercio (ner- 
vio principal, que mantiene y hace florecer á las repúblicas) porque valién- 
dose del cacao no solo de su cosecha, sino también de lo que adquieren á el 
rescate, y cambio de la costa de San Antonio, como de los que les fructifica la 
propia tierra en las cosechas copiosas y abundantes de anís y ajos, que salen 
para la tierra adentro de las provincias, pasando el arbitrio de la inteligencia 
á valerse de ocupasiones mujeriles, en camisas, y calzones blancos, toallas 
y otras cosas de manta, que labran y deshilan estos hombres de sus propias 
manos, mientras en los tianguiz, ó mercados dan salida á el cacao, y las de- 
más especies de su trato, en que entra mucha cantidad de cabulla, lasos, já- 
quimas, sobre enjalmas y otras cosas de esta materia de pita; á que añaden, 
por más fácil y larga grangería los alquileres de vestidos de danza de ter- 
cio-pelos y damascos ricos, de colores varios con medias, plumas, cascabeles, 
y ayacostes, que en sus alquileres de precio exesivo los enriquece en breve, 
fuera de que en la muchedumbre de sus dilatados mayzales, y cosechas de 
frizoles, acaudalan y llegan muchos reales, en fácil y cercana conducción 
á la costa, que siempre exhausta de este grano le necesita regularmente por 
toda la dilatada estación de el año. De los muchos algodones que se cogen 
en la costa de San Antonio, estos indios de Atitlán, son los que consiguiendo 
algunos al rescate los conducen á la provisión de las plazas de Goathemala, 
y vendiéndolos en fardo, ó por menor, real á real interesan largos logros, por 
la frecuencia de este trato. 



70 



LIBRO SEGUNDO 



CAPITULO I 

De la continuación de las Conquistas de este Reyno, por el orden que ¡lleva esta! 
Segunda Parte, acerca de los Corregimientos* se describe de el de Yzquinte- 
peque lo más notable. 



MARGINALES. — Algunos pueblos contrarios de los y zquinie peques se quejan de ellos a 
Alvarado. — Sin otra información y contra el orden de el rey resuelve Alvarado la 
guerra. — Corre Alvarado en esta vez cuatrocientas leguas de tierra con grandes tra- 
bajos del ejército. — Determina hacer esta jornada en persona. — Ordena el ejército. 
— Sale el ejército de Goathemala para Yzquintepeque. — Encuéntrase el ejército con 
una senda muy angosta. — Abren desde allí el camino para Yzquintepeque con gran 
trabajo. — Aloja en la Campaña y vuelve otro día al trabajo de abrir camino. — Es 
molestado el ejército en esta montaña de las culebras ponzoñosas. — Vuelve alojar 
el ejercito en la descubierta Campaña. — Vuelve otro día al trabajo de abrir la sen- 
da, en sitio cenagoso. — Aloja el ejército en la campaña cerca de Yzquintepeque. — 
Al mediar la noche divide Alvarado el ejército en tres tropas, y asalta por tres partes 
a Yzquintepeque. — Defiendense los indios en una casa fuerte. — Hace Alvarado 
poner fuego al lugar por varias partes. — No bastando este rigor hace intimar al ca- 
cique que de no darse a la obediencia del rey, les dará fuego a su fortaleza y a los 
sembrados. — Ríndese esta gran poblazón a la obediencia de el rey. — Hace man- 
dón en ella Alvarado, mientras recoje los indios y reedifica la poblazón. — Vienen 
entre tanto a lo obediencia real otros pueblos de la Costa. — Hoy se ve el pueblo de 
Yzquintepeque destruido. 



Después que Don Pedro de Alvarado dejó concluidas, y asentadas las 
cosas de Atitlán, reposó y refrescó el ejército algunos días en Goathemala, 
recibiendo embajadas de paz, y á veces á los propios caciques de los comar- 
canos valles, y otros de los partidos de el Sur, territorio y país poseído, y 
dominado de la nación de los pipiles. Mas como quiera que no haya hombre 
sin enemigos, no habiendo venido de paz, los de el Partido de Yzquintepeque, 
tubo lugar la astucia, ó lo más cierto la mala voluntad de algunos de aquellos 
pueblos enemigos de los Yzquintecos, ó porque acaso sucediese lo que 
refirieron á Alvarado, de que estos indios no dejaban pasar por sus tierras 
á los amigos de los cristianos, y que éstos, por su propia naturaleza eran 

71 



perjudiciales y dañosos á sus vecinos, r,3) mas como quiera, que sin otra 
prueba más, de la relación de aquellos sus contrarios, parece lijero el motivo, 
para resolver la guerra, no intimándoles la paz, según el orden que se tuvo 
de la Magestad Cesárea parecerá menos justa descubierto el designio de los 
contrarios, que era el de robarles muy hermosas mujeres (que así son las 
indias de este pueblo generalmente). Pero no radicando la certeza de las 
quejas de aquellos pueblos, resolvió el Adelantado, (54) no sin violencia, el aco- 
meter aquella ciudad numerosa de Yzquintepeque, y para esta expedición, 
en que de una vez corrió cuatrocientas leguas de tierra, en que el ejército 
español padeció grandes trabajos, falta de vituallas, esguasando caudalo- 
sísimos ríos, con grande y conocido peligro de los infantes, cuyo prodigioso 
progreso casi de intento haberse de interrumpir, por observar el orden que 
voy siguiendo de un partido, y de una Provincia en otra. A esta, pues, ar- 
dua, y no bien deliberada exploración de países determinó acometer en per- 
sona Don Pedro de Alvarado, y para ella señaló los más de los soldados, 
escopeteros y ballesteros, y algunos de la caballería, con muchos amigos de 
los indios de Goathemala, que ó no menos interesados en la trama, producida 
de sus lascivias, y mala voluntad á los de Yzquintepeque, ó por mostrarse 
gratos y fieles á nuestros españoles gustaron de seguirlos, ó porque muchas 
veces hace valiente al hombre en el riesgo forzoso, el mismo peligro que lo 
acobardara en el empeño voluntario; mas no tan inexpertos nuestros Capi- 
tanes, que no les señalasen Cabos de nuestros castellanos, y mezclasen con 
ellos algunos Tlaxcaltecos, que asechasen á los intentos de los yzquintecos, 
por ser casi una misma la lengua Mexicana y la Pipil. Pero habiendo salido 
de Goathemala, por entre los dos volcanes de Agua y de Fuego, que es por 
donde hoy persevera el camino de la costa, no sin gran molestia, y descomo- 
didad del ejército encontrado luego con el estorbo, y impedimento de una 
angostísima senda, y casi no trillada, por no tener los Pipiles comercio alguno 
con esta parte de la sierra, y los valles; de quienes se recataban como ex- 
tranjeros, fué desde allí inescusable comboyados de los indios de Goathema- 
la, (,r,,r,) ir abriendo camino, gastando con mucha fatiga y perseverante trabajo 
todas las horas del primer día, en solas dos leguas de este camino; para alojar 
en la descubierta campaña con buenas centinelas; pero al reir del alba de el 
siguiente día, se duplicó la fatiga, y trabajos de nuestros españoles, introdu- 
cidos á más ásperos y cerrados arcabucos; donde la espesura de la montaña, 
y grosedad de sus árboles, no dejaba señas de la senda, cerrada y desparecida 
con lo intrincado de las breñas y vijaguales; donde no menos que en abrir 
senda se trabajaba contra las culebras, y otras bestias ponzoñosas, de que 
abunda este territorio, sin duda me atreveré á afirmar, era esto ya introdu- 
cidos á el tránsito del monte de San Diego, cuyo voraginoso y impedido paso, 
queda descrito en el Capítulo Segundo del Libro Décimo Sexto de la Primera 
Parte. Donde no bastando los machetes y otros iguales instrumentos, va- 
liéndose del golpe y corte de las hachas, eran necesarios seis hombres para 
trozar un árbol con el perseverante trabajo de todo el día, mas no haciéndoles 
ceder en esta empresa, ni los ardores del Sol, más rigoroso en terreno tan 

(53) Herrera, Década 3. —Folio 211. x 

(54) Bernal Díaz del Castillo. 

(55) Herrera, Década 3.— Folio 211. 

72 



cálido, ni la importuna, y procelosa instancia de las lluvias, adelantando la 
jornada más que el primer día, volvieron á alojar en la descubierta campaña, 
sin tiendas, ni barracas que los defendiesen de la inclemencia temporal. No 
menos los trabajos de el tercero día pudieron brumar, y disminuir los alien- 
tos de nuestros veteranos españoles, que quando más introducidos á la na- 
turaleza desapacible de la costa se hacía más sensible á las fuerzas corporales 
lo duro de aquel trabajo; en que no menos que los indios amigos empuñaban 
la hacha, el chacalí, y machete, para abrir tránsito á sus marchas, y las más 
vezes sobre el agua, y senagales de aquel sitio anegado, y pantanoso por su 
propia llanura, y composición de barriales; mas no tan lentamente se pro- 
ducían estas excursiones, que adelantando á competencia de esquadras el 
trabajo, y faenas, no llegasen al introducirse las sombras por el imperio de los 
mortales á alojar con mucha inmediación á la gran poblazón de Yzquintepe- 
que ; mas como quiera que por la fácil alianza de sus comarcanos con nues- 
tros españoles, no llegasen á penetrar la acometida que se les prevenía, en 
noche muy apretada de cerrazón, y combatida de gran dilubio, enserrados los 
yzquintecos en la seguridad de sus casas, dieron lugar muy oportuno á Don 
Pedro de Alvarado para que ardidoso, y vigilante, se previniese al asalto; 
discurriendo como siempre valeroso, que los que de sí desconfían, son padro- 
nes donde se esculpen las victorias de los contrarios, y los que nada temen, 
cuando la suerte está echada, son galanes de la fortuna, á quienes ella corteja 
con laureles y palmas. Y al mediar la noche el curso de su carrera, dividido 
en tres tropas, se introdujo nuestro ejército en aquella numerosa poblazón, 
tocando arma por tres sitios diversos de su asiento. Lo inopinado del suceso, 
la obscuridad de la noche, y lo recio de las lluvias, representó mucho más 
terrible el espanto á los indios ; con que ¡huyendo unos á las vecinas monta- 
ñas, y retrayéndose otros, con los más principales de los Calpules, á unas ca- 
sas fuertes, trataron de defenderse, no tan desalentados como solos, que 
dejasen desde ellas de herirnos con sus flechas á algunos españoles, y de 
matar muchos de nuestros indios, mas como perseverasen en su defensa, 
mas de cinco horas, con inflexible constancia, y discurriese Alvarado en la 
mayor asolación de nuestra gente, y que los defensores Yzquintecos, peleaban, 
y se defendían obstinados, no con menos espanto de los indios, ni menos im- 
portante resolución, puso fuego á el lugar por varias partes, que siendo de 
materia pajiza, bien que mojada y humedecida, con el demás combustible 
de su fábrica ardía, más de lo que quisieran aquellos interesados indios ; 
mas viendo que no bastaba para su entrega y rendimiento este último es- 
fuerzo, hizo intimar al principal Cacique, que por medio de los naguatatos, 
ó farautes (que son los intérpretes) que de no rendir la obediencia al gran 
emperador Don Carlos Rey de Castilla, haría lo mismo de ellos y de los 
sembrados, que con las casas dándoles fuego á todo, talando y destruyendo 
sus sementeras y plantíos de cacao. Y como quiera que temiesen que de esta 
execución pendiese la última ruyna de los suyos, no arrostrando pertinaces 
á tanta severa asolación, se dieron á el rendimiento; jurando y prometiendo 
obediencia á nuestro gran monarca, mas concluida la toma de esta numerosa 
república, no pareció menos importante á Don Pedro de Alvarado el detenerse 
en ella, mandando que algunos principales saliesen á recoger los indios 

73 



retirados á las montañas, y que reducidos á su naturaleza, reedificasen y 
pusiesen remedio á el daño que había ocasionado el fuego, que para ellos 
no fué de pequeña mortificación y fatiga, por faltarles la paja, que hasta el 
verano no se levanta, ni madura, mas supliendo en mucha parte su falta con 
ojas de vijao, y palma, quedó perficionado el aderezo de el daño, y en este 
tiempo, que fué el de ocho días, vinieron á reconocer á Don Pedro, y darse 
por vasallos de la Magestad Cesárea D. Carlos Rey de España algunos de los 
pueblos de aquella gran comarca, entonces más numerosa y florida, que en 
los presentes Siglos llenos de calamidad, y miseria; porque el gran pueblo 
de Teguantepeque, que estubo sito serca de Cozumaluapa, de esta jurisdicción, 
no tiene hoy nombre, y solo se ven sus numerosas y grandes ruynas, consu- 
midos y aniquilados quizá sus moradores, como los de otras excelentes re- 
públicas, por la Justicia Divina en castigo de la idolatría, y de otros pecados 
abominables, habiendo llegado á el respecto de aquella numerosidad casi sin 
cálculo á una funesta declinación todos los pueblos ; mas quien en la arcani- 
dad soberana, y en la cautela de los hombres, puede bastantemente atreverse 
á investigar, el motivo que ocasionó su lamentable ruyna, siendo reserva 
inescrutable de la Sabiduría Suprema. Pero pausados los triunfos de nues- 
tros valerosos españoles, y la suma de sus trabajos, para proseguir sus no- 
ticias en las partes, y sitios que con el favor Divino iremos describiendo, pa- 
sándose á referir otras cosas pertenecientes á este Partido de Yzquintepeque. 



CAPITULO II 

De la situación de el Pueblo de Yzquintepeque, y Pueblos que componen la Juris- 
dicción de su Corregimiento, y otras cosas pertenecientes á el país. 



MARGINALES.— Situación de YZQUINTEPEQUE. — Su temperamento, caliente y seco. — 
Lo que dista de la Mar del Sur. — Sus aguas. — Pueblos de esta jurisdicción. — Yz- 
quintepeque fué antes curato del clero. — El templo de Yzquintepeque famoso. — 
San Juan Amistan. — Dan sus tierras tres cosechas de maíz al año. — MAZAGUA. 
— Imagen milagrosa de Nuestra Señora de Mazagua, y su templo. — CHIPILA- 
PA. — Que generación es la de los zambos. — Santiago COTZUMALUAPA. — Fru- 
tos de Cotzumaluapa.— Río de COYOLAT. Santo Domingo SINACAMECAYO. — 
Natural genio de los indios de Sinacamecayo. — Frutas de este pueblo. — Sn. Fran- 
co. YCHANHUEHUE. — Popocatepeque. — YCHANUTZUMA. — MALACATEPE- 
QUE. — En Malacatepeque los indios son todos ciegos. — AGUACATEPEQUE. — 
Gran copia de cañas de azúcar en Aguacatepeque. — La Asensión. — Sta. Lucía. — 
Sn. Juan ALOTEPEQUE. — Sta. Catalina SIQUINALA. — Naranjas admirables de 
Siquinalá. — San Andrés TEPECHAPA. — San Christobal, Santo Thomás T ESCUA- 
CO y Santa Ana AMISTAN. — Vecindad y habitadores deste Corregimiento. 



Yace el numeroso pueblo de Yzquintepeque en la Costa del Sur, situado 
en una dilatada tabla de llanura, con claros y serenos horizontes, á distancia 
de esta ciudad de Goathemala de solas ocho leguas de llano y buen camino, 
b!en que impedido en tiempo de las lluvias en lo que llaman Monte de San 
Diego, de umbrosa y tupida ramazón enlazada de unos en otros robustísimos 



74 








75 !y Guzmán. 



árboles, que en sitio de cualidad y naturaleza barrial, le hace tránsito penoso, 
y molesto, respecto de no tener enjugo las aguas invernizas detenidas y re- 
balsadas de la propia llanura, con atolladeros de glutinoso barro que hace di- 
ficultosa su senda; mas de Verano amena, recreable y fresca, con abundan- 
te y copiosa caza de una y otra suerte. Su etimología compuesta de la Pipil, 
quiere decir cerro de perros, de Yzquint, que es el perro, y tepet el cerro, por- 
que en sus montañas se crían muchos tepesquintes, animales de la estructura 
de un gamito manchado como él á trechos, pero con el hocico semejante y 
parecido á el del puerco, sus carnes entreveradas de enjundia, y magro exede 
á cuantas hay monteses ; y estos son los que mi Castillo dice tenían los in- 
dios llamándoles perros, y que son buenos de comer. Su situación respecto 
de Goathemala, está derechamente á el Sur, su horizonte despejado y libre 
le constituye en alegre país, de claras luces, y apacibles noches, bien que su 
temperamento exesivamente caliente, y húmedo le hace enfermo y molesto, 
su suelo es firme por la composición barrial de su terreno : dista de la Mar 
nueve leguas de tierra llana; aunque también trabajosa á la frecuencia tran- 
sible, bien que de acomodadas jornadas con la situación de los pueblos, es- 
tancias y cacaguatales, y obrajes de añir, que en su distancia yacen. Goza 
este pueblo de excelentes aguas que bajan de la Sierra, en especial la de el 
Río de Cuzmahat, de admirable cualidad en lo delgado y lijero, y que junta- 
mente ofrece en sus corrientes la frecuente pesca de tepemechines, pescado 
regalado y famoso, como ya dijimos. 

Es este pueblo numeroso de Yzquintepeque, asiento y silla de sus Co- 
rregidores, que residiendo en él queda á conveniente distancia; para admi- 
nistrar justicia á los demás pueblos de la jurisdicción que son en número 
veynte y uno, todos de tierra caliente, con más ó menos de exceso en su tem- 
peramento, y estos con el de la Cabecera son, el de San Sebastián que dista 
de el de la Cabecera legua y media, es de temperamento templado, pertenece 
su situación, en la falda de el Volcán de Agua á la parte que de ella tiende 
á el Sur, es de pequeña y corta vecindad, con buenas y provechosas tierras 
de sementera, y montañas de maderas preciosas y buena copia de aguas. 
Está á la administración como visita de el Vicario de Yzquintepeque, que ha- 
biendo sido, en lo primitivo Curato de los clérigos, ó dejado por incomodidad, 
ó permutado quizá por otro Partido, ó lo más cierto, porque por aquel tiempo 
se quitaban los Curatos por los Obispos á los clérigos, para conferirlos á 
Religiosos, y por entonces, el primer Cura de este Partido de Yzquintepeque 
fué el Licenciado Fernando González, y por su muerte, se dio la canónica 
á el pdre Bernabé Marchena, que lo fué hasta el año de 1542, y pasó la co- 
lación del beneficio á la Religión de Predicadores, que hoy le administra con 
el celo y vigilancia que es notoria. Tiene el pueblo de Yzquintepeque la advo- 
cación de Nuestra Señora de la Concepción, y un templo magnífico y excelen- 
te, de elegante fábrica y bóvedas muy fuertes, y la primera que hubo en su 
Capilla Mayor, se fabricó siendo Corregidor de este Partido Don Francisco 
de Fuentes y Guzmán, mi padre, con alguna costa de su caudal y dones su- 
ficientes del pueblo. El pueblo de San Juan Amistlán dista del de Yzquinte- 
peque una legua de tierra de llanura, más allegada á la costa, y á esta causa 
mucho más caliente en su temperamento, con buenas tierras de sementera 

77 



para el plantío de los cacaguatales, pero falto de maíz y otros granos, mas no 
por infructífero el terreno, sino por dejamiento y inutilidad de los indios. 
Siempre este, y los demás pueblos de la costa, desproveídos de este esencia- 
lísimo alimento, que beneficiado y atendido, lleva por su feracidad tres frutos 
á el año, en lo que llaman sementera de temporal, que dicen tonálmíli, cha- 
güite y regadío; bien que estos maízes de la tierra caliente, son de brevísima 
y corta duración, por que se pican y corrompen dentro de breve tiempo, muy 
al contrario de el de tierra fría, que dura entrojado mas de un año. El pueblo 
no numeroso ni abreviado, está administrado por el propio Cura de Yzquin- 
tepeque, con pobre y pajiza iglesia, tiene providencia de pesquería, cacao y 
buenas frutas, fué de los que al principio dejaron de dar la obediencia á su 
Magestad, y de los que después se levantaron por el año de 1526 con los 
demás pueblos de la costa del Sur. El de Masagua, pueblo más numeroso, 
dista de Izquintepeque dos breves y acomodadas leguas también de llano y 
ameno camino, y está administrado por el propio Vicario de Yzquintepeque. 
Es de más caliente temperamento, por estar situado en terreno más caído á 
la Costa de la Mar, circunvalado de muchos arcabucos y breñas, con frutales 
muy tupidos dentro de la misma poblazón, y estar sobre la ribera de el Río 
Guacalat, cuya reververación de el Sol en sus aguas le hace más destemplado; 
tiene una muy buena iglesia de teja, fabricada á devoción de el Maestro Don 
Bernardino de Obando, clérigo de este Obispado, cuyas loables prendas, por 
no mortificar su modestia, omite mi atención. En esta iglesia de Masagua, 
está una imagen santísima de nuestra madre la Virgen María, muy milagrosa, 
y su iglesia está frecuentada todo el año de innumerable romería. (Vivía este 
venerable y gran varón, ejemplar verdadero de todas las virtudes, cuando esto 
escribíamos, pero habiendo pasado de esta vida mortal á la eterna, con edifi- 
cación y sentimiento general, llega el tiempo de decir que fué un clarísimo 
retrato de San Felipe Neri, á quien seguía, y que con su predicación fervo- 
rosísima acaudaló un grandísimo número de almas para el cielo, sustentó 
muchas mujeres, que de la vida licenciosa redujo al camino de la salvación, 
obvió con los socorros que se perdiesen muchas; solicitó el estado de muchas 
doncellas nobles, y para muchas pobres de esta categoría, juntó las dotes 
para que entrasen en religión; hizo muchas amistades entre casados que 
estaban separados, concordó muchas personas enemistadas, fué en el con- 
fesionario tan continuo, como en la oración frecuente admirable, con raptos 
continuos en que le veía el pueblo en los templos, en donde estaba manifestado 
el Santísimo Sacramento. Fundó desde el año 1661 la Escuela de Cristo, y 
Congregación de San Felipe Neri. Fué fundador de las Carmelitas Descal- 
zas, que trajo del Perú, y fomentó la de los Bedlemitas, fué penitente en ad- 
mirable grado, y al paso que muy noble y muy sabio, muy humilde y sufrido, 
y no hubo estado á que no beneficiase lo ardiente de su caridad, y siendo 
muerto, hubo litigio por su cuerpo entre las Carmelitas, la Escuela de Cristo, 
donde murió... (litigio que la Audiencia declaró á favor de la Escuela de 
Cristo). La etimología de Masagua es de, venado que huye, ó se va, de 
mazat, que es venado, y iaguí, que va. En lo demás de sus frutos y comercio 
es lo mismo que los demás pueblos de la costa, solo que en estos de este Par- 
tido es mayor la granjeria que hay en la caza de las iguanas, especie de la- 

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<■ 



gartos de que en la cuaresma hay gran consumo, y de ellas diremos lo que 
se ofrece adelante. El Pueblo de Chipilapa de buen número de vecindad, 
está poblado de mulatos los más de ellos de los que llaman zambos; cuya 
generación es de la mezcla de indias con negros. Y su etimología de este 
pueblo es de río de chipilines, de chipilín, que es un género de yerba comes- 
tible, y apant, el río; está muy metido á la cercanía de el mar, es de tempera- 
mento muy cálido. La administración pertenece á el Clero, es curato pobrí- 
simo, y en que los más de los Curas que á él van duran poco; porque respecto 
de lo enfermo y destemplado del país, y de que fuera del pueblo de Chipila- 
pa, todo lo demás de la administración se reduce á estancias de ganado ma- 
yor, y ingenios de fabricar añir, distantes mucho unos de otros, y con cami- 
nos muy penosos, y peligrosos ríos, mueren estos Ministros Eclesiásticos á 
breve tiempo de operarios, y son muy pocos los que prueban en este tem- 
peramento. Los paisanos se ocupan para granjear en las salinas, pesquerías, 
corte de jiquilite, y vaquerías. El pueblo de Santiago Cozumaluapa, es ca- 
becera de curato, y convento guardián con claustros altos y bajos, excelen- 
te templo, que uno y otro es de teja, y admirables, y ricos adornos de sacris- 
tía. Tiene ciento veinte tributarios de un sexo y otro, y quarenta vecinos 
españoles y mulatos, y en todo, según familias, seiscientos y cuarenta habi- 
tadores. Tiene su situación en terreno desapacible y fragoso, con tempera- 
mento caliente y húmedo, y su poblazón ofuscada y cubierta de maleza y 
montaña intratable, buenos cacaguatales, vainilla y algún achiote, mucha ore- 
juela, cordoncillo, escorzonera, managuapastli y chile que llaman de choco- 
late, buenas gallinas y buena provisión de pescado de muchos y caudalosos 
ríos, que entre ellos con maravillosa copia de aguas se señala el río de Co- 
yolat, que es el de Patulul y Santo Domingo, muy peligroso y difícil en su 
paso por una peña que se atraviesa en medio y una profunda poza á un lado. 
Asisten de ordinario en este convento cuatro religiosos de la orden de San 
Francisco todos aprobados. El pueblo de Santo Domingo Sínacamecayo es 
de corta y pequeña poblazón, que se reduce á poco más de sesenta tributa- 
rios de ambos sexos, y en sus familias se cuenta el número de doscientos 
cuarenta habitadores, gente dejadísima aun para el aseo de sus personas, 
de rudo entendimiento, mas no faltos de maliciosas cautelas, más amigos de 
el monte que de las habitaciones; mas no por eso dados á el cultivo de sus 
plantíos de cacao, son algo contaminados de la asquerosa enfermedad de el 
jiote; el cacao de su cosecha, es el mejor y más gustoso que se coje para el 
chocolate. Lleva su territorio excelentes dátiles, cocos, coyoles, pytahayas, 
anonas de todas suertes, y cirgüelas diversas, gozan de buenas pesquerías, y 
en sus ríos tienen el pescado blanco de una espina, entre otros muchos pejes 
muy regalados, mas aunque en su apagamiento se nota lo dejativo de su 
natural, con todo eso en sus habitaciones son pulidos, y los tazacuales, que es 
el cerco de las casas son todos de árboles que florecen, con que el pueblo 
parece siempre un jardín. Es pueblo de Visita de Cozumalgua-pa; la iglesia es 
pajiza y pobre: y este, y el de la cabecera son pueblos que me están enco- 
mendados. El de San Juan Ichangüegüe, que quiere decir casa de viejos, es 
como los demás, de temperamento caliente y húmedo. Vese desde él la mar 
con grande claridad, es de buena poblazón de ciento y quarenta tributarios, 



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que hacen quinientos y sesenta habitadores; mas por abreviar el discurso, 
en el temperamento, frutos y tempestades, umbroso en selvas, fragosidad de 
sus caminos y cogida de frutos, este pueblo es lo mismo que los arriba des- 
criptos, y los demás que se siguen, con más, ó con menos calor en su tempe- 
ramento. El pueblo de la Asunción Popocatepeque, cerro encendido, si falto 
como los otros de maiz, sobrado de grandes platanales, que les suple su falta; 
como también el*de San Andrés Ichan Utzuma, que quiere decir, casa de arri- 
ba, no porque esté fundado en eminencia, sino en tierra de llanura. El pue- 
blo de Malacafepeque, cerro de husos, combatido de grandes vientos, y cer- 
cado de grandes arboledas y de espesísima montaña, el agua algo distante 
por qualquier parte en quebradas profundas; por donde corre precipitada. 
Su temperamento no muy caliente, y todos lo más de los indios sus habita- 
dores ciegos de nubes muy crecidas. El pueblo de Aguacatepeque (cerro de 
aguacates) está fundado á la falda de el volcán de Fuego á la parte del Sur, 
en sitio eminente, bien que muy arenisco de las propias escorias de aquel 
monte. Tiene dilatadas y alegres vistas á las partes de el Oriente, de el Sur 
y del Ocaso; porque á la tramontana queda impedida y embarazada con lo 
tendido y levantado de la Sierra de el mismo volcán de Fuego ; tienen en su 
territorio los indios de este pueblo mucha caña de azúcar, que no les es 
útil. El pueblo de la Asensión de la misma calidad, temperamento, y pla- 
ga de mosquitos, y tempestades, que los de Santa Lucía, y San Juan 
Alotepeque, que siendo calientes en suficiente grado, produce su te- 
rritorio cacao, vaynillas, achyote, palmas de dátiles, cocos, coyoles, y otras 
frutas muy regaladas comunes á las tierras calientes. Pero el pueblo de Santa 
Catarina Siquinalá de no pequeña vecindad, que llegará á trescientos y sesenta 
tributarios, tiene convento y guardián con tres religiosos franciscanos, que 
aprobados administran el Partido que componen otros tres pueblos. El tem- 
peramento de Siquinalá no es muy caliente, bien que en lo que mira á mos- 
quitos y sabandijas ponzoñosas, no es menos que los demás pueblos de la 
costa. Está situado cerca de un gran peñol, que llaman la Peña de Miran- 
dilla, que admirable y prodigiosa describiremos adelante, y en lo tempestuoso 
este sitio, aun lo parece más, que los otros de la Costa de el Sur; mas no sin 
mucha ocasión producidas las tempestades de la propia cualidad de la tierra 
y las sierras á que se arrima, tienen sus naturales pocos plantíos de cacao 
por la inutilidad y dejamiento de los indios. Las naranjas que se producen 
en este pueblo son no solo las mejores de la costa, y de todo el Reyno, pero 
maravillosas, á cuanto puede extender la Naturaleza la producción de este 
género. Porque siendo de el tamaño de un melón de los grandes, son á el 
gusto bien dulces, y en los interiores gajos de color columbino encendido, 
y aunque abunda de sapotes, nísperos, plátanos, pinas, anonas, cirgüelas, py- 
tahayas, y otras frutas de el país, en lo más esencial que es el grano del maíz, 
y otras legumbres, casi carecen en el todo, porque estos indios son poco apli- 
cados á el trabajo, y el maíz pide más asistencia en su cultivo que las huertas 
de cacao. El pueblo de San Andrés Tepechapa, el de San Cristóbal, la Milpa 
de Santo Thomás, el de Tescuaco, y el de Santa Ana Amistan, son todos igua- 
les en el temperamento á los demás que dejamos referidos, y en todas las 
demás calidades corren la propia fortuna. Todo este Partido y Corregimiento 

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de Yzquintepeque se compone, como llevamos dicho, de veynte y un pueblos, 
en que se numeran y acopian tres mil ochocientos sesenta y quatro tributa- 
rios de un y otro sexo, en que entran pocos mestizos y mulatos, y estos indios 
reducidos á forma de familias, producen el número de quince mil ochocientos 
y cincuenta y seis habitadores, que están administrados, y instruidos en las 
cosas de nuestra Santa Fé Católica, por el cuidado y vigilancia de el Clero y 
Religiosos de San Francisco y Santo Domingo, como ya queda referido. 



CAPITULO III 

De los Ríos que riegan esta Jurisdicción, maderas preciosas de sus montes, sus fru- 
tas, y lo que es admirable de la Peña de Mirandilla. 



MARGINALES.— Río de MICHATOYA, su barra. — Su etimología. — Río CUZMAHUAT. 
— Río NIXTAMALAT. — COPINOLAT. — Río Malinalat. — Nutrias, a que aprove- 
chan sus pieles. — Lagartos, su abundancia. — Su pintura. — El modo con que em- 
pollan. — Qué cosa llaman POLULO. — Ave que limpia los dientes a los lagartos. — 
El modo de pescar los lagartos. — Bárbaro modo de pescarlos, que ejecutaba un 
indio. 



La grande providencia, y abundancia de excelentes aguas, que ferti- 
lizan y riegan la fecundidad de estas tierras, pudiera hacerlas felices sobre 
todas, pero no bastantemente podré exprimir el concepto, que el dejamiento 
de sus paisanos tenemos hecho; por donde, sin otra causa que pueda serlo 
á la carencia de muchas cosas, deja de producirlas y nivelarlas á un felicísimo 
colmo la feracidad de el terreno ¡ casi me atreveré á afirmar que son sin nú- 
mero los nobles ríos y arroyos que la alagan, no distando la tierra sin algo 
de aguas, el tránsito de medio cuarto de legua, que se halle sin este beneficio 
que siendo esta muy extendida, y dilatada en su circunvalación, deja consi- 
derar su más que prodigiosa abundancia, bien que no pudiendo comprehen- 
der en él todo el conocimiento de sus pronombres, habré de contentarme con 
proponer los más señalados y abundantes, en el caudal de las aguas y pes- 
querías. 

El excelente río de Mychatoya, es uno de los más señalados que le en- 
tran á la Mar de el Sur, que mas aguas bebe de muchos ríos, arroyos y fuen- 
tes minerales que le entran desde el prolijo, y largo camino, que atraviesa 
desde el Valle de Mixco ; á donde nace, á la parte de la Costa de la Mar de el 
Sur á donde muere, con nombre de Barra de Mychatoya, que libre de un 
banco que se atraviesa de arenas, que se mueven, y mudan, fuera seguro 
surgidero ; y de las excelencias de este río dexamos dicho quanto se ofrece en 
el Capítulo Quinto del Libro Nono de la Primera Parte. En su etimilogía 
quiere significar el idioma de los Pipiles, pescado que se va, o vamos, con 
mejor propiedad, bien que aún entre los mismos indios está corrupto, habien- 
lo de ser, Michitoyan: de mychin, que significa pescado, y toyan, vamos; 

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mas como quiera que no sea ocioso, ni menos estraño de el asunto el que 
se sepa que ríos se agregan á la grande abundancia de este de Mychatoya 
dentro de esta Jurisdicción, de conocido nombre, fuera de los que de la de 
Guazacapam se le agregan, diremos que por esta parte del territorio de Yz- 
quintepeque le entra el Río de Cuzmahuat, de no pequeño curso, sin otro 
arroyo Xutiat, río de jutes, que corre á la parte Oriental de el pueblo fuera de 
sus goteras, y se incorpora en una grande acequia que sale de el Mychatoya 
á regar los cacaguatales de aquella parte, y otro arroyo que corriendo por el 
potrero que llaman de la Cruz, perteneciente á Cofradía de este título, entra 
en la vena principal de el río, antes del vado que llaman de el CocchípÜín: 
y sin estos corren á enriquecerlo, por este mismo rumbo de Levante; Nista- 
malat, río de nistalhual, de pequeño caudal y pobre fuente, Copinolat, río de 
Copinóles, de más abundante y copiosa congregación, y no menos rápido cur- 
so en su camino, más sin comparación más colgado; abundante y copioso el 
de Málinalat, agua que se tuerce, que corriendo no poca distancia de leguas 
antes de introducirse en el Mychatoya, va llevando consigo muchas venillas, 
y arroyuelos que le abundan, y con que llena más el gran torrente de Mycha- 
toya, á quien por la otra jurisdicción, de Guazacapam, también le entran otros 
abundantes y nobles ríos de los que allí señalaremos. En todos estos de quie- 
nes hemos hecho mención se halla copiosa providencia de pescado, en unos de 
toda suerte, y en otros particular género de peje; pero lo ordinario en ellos 
es abundancia de juylines, mojarras, bagres, tepemechines, y lamamichín, 
algún pescado blanco, mucho cardumen, camarones, cangrejos, y jutes, y otra 
especie de caracoles, mas no bien satisfecha mi diligencia, no dejaré de decir 
lo peligroso de sus pozas, que si por esta parte benefician, por otra abrigan 
y dan habitación en sus grietas, á muchas nutrias, cuya mordedura es vene- 
nosa y de prolija curación, mas también sus pieles adobadas ó curtidas, sir- 
ven de remedio á la penosa enfermedad de las almorranas sin otra diligencia 
que usarla por as'ento ; y no se (halla en todo lo que es costa, que haya en su 
territorio, río ni arroyo por pobre y desmedrado que sea, que no abrigue en 
sus corrientes las peligrosas bestias que algunos llaman caymanes, y en todo 
este Reyno se reconocen con el nombre de lagartos, con más o menos abun- 
dancia, en unos que en otros, pero ninguno s'n algo de este peligro, y es tan 
general que en el invierno, cuando los ríos llegan á su mayor hinchamiento 
y salen de madre, á el inundar los campos de sus riberas, en partes donde 
rebalsadas las aguas hacen algún lago, quedan muchos, y al enjugarse al 
Verano, vuelven á buscar las madres de los ríos, y en los campos encuentran 
los vaqueros muchos de ellos que matan y destruyen. (56) Es un peje que 
tiene, treinta y treintiséis pies de largo, cubierto todo de concha de la cabeza 
á la estremidad de la cola, camina sobre cuatro pies y nada con ellos ligerísi- 
mamente, mas sobremanera son torpes á tomar la vuelta, el hocico es prolonga- 
do y la boca muy rasgada, y el orden de los dientes de tal forma, que la presa 
que hacen no se suelta, menos que largando el animal que apresó el bocado 
que ha tomado; porque los dientes de la parte superior son como alesnas, 
y los inferiores con cepos que reciben aquellos, lo que cazan ó pescan en el 
agua, salen á comerlo á la ribera porque careciendo de lengua se ahogan 



(56) Herrera, Década 4.— Capítulo lO.-Folio 288. 

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fácilmente y con mucha brevedad, tienen unos buchesillos pequeños como 
grandes avellanas debajo de los brazos, con un humor que la gente ordinaria 
gasta por olor, á la manera de algalia, las uñas son largas, cinco en cada pie 
con que se afirman fortisimamente en la tierra, y desta manera suele con la 
presa traer un toro á el agua; cuya contienda entre el peje y los animales 
es digna representación del divertimiento de los hombres. Sale á desovar 
á tierra y escarbando un hoyo de mas de vara de hondura en los arenales 
de las riberas pone en él sesenta ú ochenta huevos y enterrándolos se vuelve 
al agua, no apartándose mucha distancia de ellos. Pero no sin admiración se 
contempla el grande instinto de estas fieras; pues contados los cuarenta días 
de aquel empollo, vuelven al sitio y quitando la tierra saca los hijuelos y 
caminan con ellos á el agua. A estos lagartillos cuando son del porte de tres 
cuartas ó una vara llaman polutos y los pescan para venderlos asados á los 
indios que gustan mucho de ellos, piérdense muchos de ellos comidos de los 
propios lagartos mayores y aun de las propias madres porque al salir tiene 
abierta la boca á la abertura del hoyo donde empollaron y ellos van saltando 
á la boca de la madre que los engulle, y son muy pocos los que escapan, que 
á no ser así no cupieran en la tierra ni en los ríos. Y aun estos mismos po- 
lillos traen entre sí grandes y admirables contiendas sobre las presas, y son 
tan carniceros, que asiéndose uno á otro no se desapartan, hasta que entram- 
bos mueren; en la frecuencia de sus presas sucede que los cepos ó encajes 
de la dentadura baja, queda ocupada y llena de la carne, ó pescado que apre- 
zan, y entonces quedan sin facultad de poder hacerlas en un pececillo muy 
pequeño, y reconociendo su impedimento sale á tierra, hácese mortecino, 
abre la boca y está de esta suerte mucho tiempo ó poco hasta que llega 
cierta ave, que se le introduce dentro de su gran boca y le limpia por lograr su 
alimento los dientes, y vuelve á salir, sin que la voracidad de este monstruo 
marino le haga daño, como agradeciendo el beneficio que le á hecho, en 
dejarle apto para volver á su pesca. Los lagartos que llaman cebados, son 
aquellos que viniéndose á los pasos ó vados de los ríos, han logrado alguna 
presa, de perros, res, ó de alguna persona; porque de estos ni aun dentro de las 
canoas lleva seguridad, respecto á que en ellas suelen acometer, y peligrar á 
veces los remeros; mas sin embargo de su voracidad y fiereza, como todo lo 
demás se miran sujetos á industria y osadía, de los hombres, y en la pesca 
que los indios tienen de este género, se califica, á cuanto se extiende á la 
temeridad del ánimo. Porque labran una estaca fuerte y de madera sólida del 
medio de el porte de media vara que remata en punta en sus extremidades, y en 
el medio de ella tiene un canalete ó muesca, de donde hace gaza, una cuerda 
larga, y fuerte, que llevan afianzada á el cuerpo. Vanse á las pozas de los ríos; 
á donde hay lagartos cebados, hacen ladrar un perrillo, á la orilla, que es el 
reclamo, salen sobre aguados los lagartos, el indio se va á nado para uno de 
ellos (tras él se arrojan otros), el lagarto en viéndole se viene para él, te- 
niendo por segura la presa, el indio camina hacia el lagarto, y cuando 

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éste abre la boca, extiende el indio el brazo, y se lo introduce por ella, y ti- 
rando á hacer presa, queda clavado por el paladar y la parte baja, viénese 
el indio á tierra, da vuelta con el cordel á un árbol, y izado saca á la orilla 
al lagarto, donde le mata. Modo más bárbaro y maravilloso, es el que vi 
ejercitar á un indio, llamado Juan Vázquez : los lagartos salen á tierra á tomar 
el sol, y cuando esto sucedía, el indio que acechaba, íbase para el lagarto que 
le parecía, no acometiendo rostro á rostro, sino por las espaldas, por lo tardos 
que son en dar vuelta, cojíalo entre las piernas y empezábale á rascar el vien- 
tre, que tienen libre de conchas, íbase enhuecando el lagarto, y volviendo 
sobre los brazos, y desta suerte daba lugar á lazarle por debajo de ello, y en- 
tonces dando vuelta á un árbol, le atracaba á él, para matarlo, pero esto con 
más manifiesto peligro, por quedarle libre la boca, más sin embargo lo con- 
seguía. 

Crían los caimanes en la cabeza cierta pedrezuela, que sacan los pes- 
cadores curiosos, y que conocen su virtud; para regalar con ella á personas 
de obligación suya, por que es prestante remedio para las cuartanas, sino que 
la poca aplicación y curiosidad, hace ignorarlo, y despreciarlo todo. 



CAPITULO IV 
Que continúa la materia propuesta en el antecedente. 



MARGINALES.— Río GUACALAT, y su barra. — Río COYOL AT. — Otros ríos de esta ju- 
risdicción. — Barra de YZTAPA. — El Adelantado Don Pedro de Alvarado fabricó en 
esta barra una armada. — Maderas preciosas de estos montes. — Copinol y su fru- 
ta. — Otras maderas excelentes. — Aceyte de María. — Otras maderas preciosas. 
— Cascarilla de la loja. — Amate. — Su etimología descubre sus propiedades. — Su 
fruto provechoso a las vacadas. — Peña de Mirandilla admirable. — Papaya, su ár- 
bol, y repetición en fructificar. 



Aun no habiendo propuesto todos los ríos que corren con rápido, y 
arrebatado curso, por esta jurisdicción de Y zquíntepeque , próvidos y útilísimos 
á la general resultancia en los efectos favorables á la importancia de sus pue- 
blos, casi compelido á la precisión de ser prolijo, me será necesario muy de 
especial intento, ciñéndome á los más conocidos por más caudalosos, y no- 
bles, ó por más frecuentados en lo diario de las sendas de los innumerables 
progresores, decir, que el río de Guacalat, que nace y tiene su linfa mucho 
antes de el Valle de Chimaltenango, y de quien hasta el círculo que ha for- 
mado lo espacioso de el curso de ciento y sesenta y seis años, que trasegado 
el tiempo, desde que se dio principio á las conquistas de este Reyno, hasta los 
presentes días, no ha habido quien de este abundante y noble río haya hecho 
particular mención si no es de la barra que es de Iztapa, siendo uno de los 

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más famosos y señalados ríos que entran á la mar del Sur; porque cuando 
no se le introdujera más copia de aguas que las que en sí lleva el río de Coyolat, 
que entra en él después del territorio de Sinacamecayo, era bastante á ha- 
cerlo celebrado; pues cuanto más, incorporándose á su caudal con abundante 
copia y poderosa agregación, el río de San Diego, que no es de agotable cur- 
so, tres arroyos, que están á el tránsito de Malacatepeque, á el pueblo de Ychcr 
mutzuma y fuera de otros el río de la Asunción y los dos ríos que llaman de 
los Puentes, no menos considerables, con el de Ichanhuehue, y los dos de 
Cozumaluapa, que están á la entrada y salida de este pueblo, que bebiendo 
estos otras venas, y destiladeros menores antes de incorporar sus aguas á las 
de Guacalat, cuando le entran llegan más copiosos, de lo que los considera- 
mos en sus liados, para darle mucha abundancia y muy conocido nombre. 

A el entrar en la Mar del Sur es conocido por la Barra de Iztapa, que 
debe ser Yztalapant, para su verdadera etimología, que es Río de Sal, de iztat 
que es sal y apant, el río; es una de las mejores barras de la mar del Sur; 
en donde el Adelantado Don Pedro de Alvarado, fabricó su armada, para em- 
prender la jornada de la Especiería, conduciendo sus pertrechos bastimento 
y armas, desde Goathemala, á este embarcadero, en carros, habiendo abierto 
y allanado este tránsito, el Regidor Antonio de Salazar, por el Año 1539. De 
no pequeña y útil conveniencia de el común, si así corriera hoy, mas no sin 
gran motivo podremos decir, que fueron en todo dignos de eterno nombre, 
aquellos famosos conquistadores, pero volviendo á el discurso que íbamos 
formando, de esta tan conocida barra, para su entero conocimiento es nece- 
sario decir, que á baja mar tiene ocho palmos de agua, y de pleamar once, y 
que aunque suele mudar la boca, es la más ordinaria por Norte y Sur, de 
calidad que para entrar, es por Norte y para salir por Sur; corriendo toda su 
cordillera por Leste, y Oeste : han llegado á ella, después de las fábricas de 
el Adelantado, algunas fragatas y chinchorros, y surgidos y desembarcado 
en ella sin impedimento. 

Siendo toda la tierra de la Costa de el Sur muy montuosa, y todo el 
país de esta Jurisdicción no menos numerosa y umbría, no sin exageración 
podré afirmarme en que estos, como otros, en oro y plata, no depositan me- 
nor tesoro en la riqueza (no menos necesaria) de sus preciosas maderas; 
pues estas montañas como inagotables, por la fecundidad de el territorio, 
no puede, por notoria experiencia, sentir total disminución en sus bosques; 
pues cortando un árbol arroja el tronco que queda, tres, y quatro pimpollos, 
que en el breve círculo de días, que componen la esfera de dos años, son 
otros tantos árboles, siendo los cedros de tan robusta corpulencia, que derri- 
bada una troza, y puesto un hombre de á caballo á una parte, no le divisan 
los que están á la otra; los copinóles, son de materia sólida, y lustrosa; mas 
el fruto de éstos como especial, me llama á su pintura; arroja este árbol, 
unas cajillas del tamaño de una sesma, de tan resistente y firme materia, 

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que para romperlas es á fuerza de golpe de mazo, ó piedra; tienen dentro 
unos huesos á la manera de los del tamarindo de la propia semejanza en el 
color, bien que mayores y de figura cuadrada; cúbrelos, con capa muy 
gruesa, un polvillo á el modo de harinas, ó pinol de maíz tostado, que 
es de mucha fragancia y dulzura, pero peligrosos á el comerlos, por la con- 
tingencia de ahogarse, por lo seco y subtil de aquel polvillo ; y asi pide sobre 
sí mucha agua, y es golosina de muchachos, y gente común. El Chaperno de 
color blanco y de lisura incomparable en su corteza, es excelente madera; 
para todo género de edificación y obras de ingenio de moler por su constante 
resistencia; son en estos montes innumerables los cocchipilines de agrada- 
ble naranjado oscuro; cuya incorruptible naturaleza les hace durables debajo 
de tierra años sin número; granadillos es tal la copia que se produce, que 
ella sola pudiera conferir á los naturales gran conveniencia; árboles de Ma- 
ría, cuya leche, que llamamos Aceyte de María, y el italiano catibo (r>7) de 
mangle, sirve en las heridas con milagroso socorro, cerrándolas de un día 
para otro; deshace los tumores, y sirve en otras muchas enfermedades, fuera 
de ser su madera materia incorruptible, para pilares, y en que por lo trabado 
de sus hilos, se mella el acero de las azuelas y escoplos. Produce próvida y 
fecunda esta tierra, el macvilizguat, naranjos, madres de cacao, madera negra 
y lustrosa, y que la corteza es tósigo para los ratones, y para tacos de las mesas 
de trucos, camas y otras cosas, nísperos de firme solidez, caobanas, pataz- 
coguites, sapotillos de color encarnado claro, almendro, madera inpenetrable 
á la carcoma, palo canela, que imita en lo aromático á la oriental, bien que no 
en el gusto, porque ésta es amarga, y la verdadera cascarilla de loja. Hay 
gran abundancia de suchicogaite ; cuya fragancia suave, queda impresa por 
muchas horas en las manos de quien usa la madera, lábranse ordinariamente 
de ella las picas para la infantería; críase en copia inagotable mucho quiebra 
hacha, tapinziram, tepequajes, bálsamo, estoraque, cuya madera no solo es 
apropósito para la edificación, sino también aromática. Amates, que es el 
árbol prodigioso que en Manila llaman lebete, (r,8) y su etimología descubre 
sus propiedades; porque se compone de dos dicciones de la lengua Pipil, 
de amat, que es carta, ó papel, y de tet, que es piedra, y juntas quieren decir 
papel de piedra; como para significar, y proferir, cubierta ó forro de las pie- 
dras ; porque en ellas arraiga de manera que se ven peñas grandísimas cu- 
biertas, y enlazadas de sus raíces, que por algunos huecos solo se descubren, 
y por otras totalmente cubiertas con árboles robustos, y crecidos encima; 
lleva un fruto silvestre á la manera de el higo, y más parecido por la parte 
interior, y así se llaman higos de amate, que engorda, y enceba el ganado 
mayor con admiración. Mana de las ramas de este árbol, heridas ó cortadas, 
cierto humor á la manera de leche, que sirve admirablemente contra el dolor 
de las muelas, cogido en un algodón, y aplicado á la cuevezuela de la muela 



(57) Anan, Fábrica del Mundo.— Isaac— folio 4. 

(58) Don Juan de Solórzano: Política Indiana.— Libro l^—Capítulo 4.— folio 13. 

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doliente. Este mismo humor á los tocados de tina, raspándoles con el olote 
quebrado, que es la espiga del maíz, las cabezas, y untada semejante leche, 
con una pluma, y abrigándolos con un lienzo, los cura, maravillosa y breve- 
mente. Es su madera materia débil, y casi fofa, esponjiosa como el corcho, 
que solo puede servir para tablillas de cajonería, ó tablas de tajamaní, y en- 
tablados poco políticos, y esto es sin otra caterva, copiosísima de excelentes 
maderas, para el uso de la edificación, como para fábricas de navios una 



87 



disposición inagotable, de maderaje acomodado, y selecto, pero así, ésto 
como otras cosas ricas están ociosas, en tanta prolífica tierra despoblada. 
Pero como hayamos dicho, de el Rio de Guacalate, todas las circunstancias 
de su lleno, y calidad de su conocida barra, habiendo de decir aora de su 
largo camino, que rodea, y baña la gran extensión, de más de treinta y cuatro 
leguas, de fecundísima tierra, y que propasado el ímpetu de su curso, de el 
territorio y país de Alotenango, toma la vuelta de el Peñol de Mirandilla, 
por la parte Occidental de su falda, me es casi inexcusable describir éste más 
que prodigioso, y notable promontorio, que formándose, toda la inmensa mole 
de su corpulencia, de peña viva, sube á tanta elevación de estados, su admi- 
rable eminencia, que casi se deja descubrir de todas las demás partes de esta 
costa; por que solo él se señorea, y pisa la lisa tabla de el territorio de el 
Sur; no tiene yerva, ni breñaje, que cubra la rudeza de su materia, ni da 
espacio á alguna corta siembra de provecho, si bien en sus roturas, y quie- 
bras, se arraigan algunos desmedrados arbolillos silvestres; pero no tanto, 
digno de perdurarse, le descubre la ponderación humana, así en lo crecido de 
su aspecto, y materia tosca de su composición, ni menos en la figura con que 
le dio traza la sabiduría de la Naturaleza, de un estupendo y perfectísimo 
cofre, en que toda la capacidad de su prolongada cima, se mira hendida, y tala- 
drada, de tal arte, que de una parte á la otra la pasan los rayos de el Sol; mas 
no sin reconocimiento de aquella altísima Providencia que adoramos, y de la 
jerarquía de sus ocultos fines, se admira la causa de este estrago, en aquella 
criatura insensible; por que parece, que cuantos rayos engendra la esfera 
de aquel clima, vienen á dar en este más que admirable promontorio, libran- 
do su soberana y gran misericordia, por este medio, á tantas criaturas, mas 
quien no admira de aquella misma clemencia, el dejar este testimonio de su 
Justicia; para que sea incorruptible motivo, á el agradecimiento, no hay pro- 
greso de aquella senda, que no admire, y repare en esta circunstancia, ni hay 
á quien no estimule su estrago, á procurar la causa; hállanse en este gran 
peñol algunas considerables vetas de mucha, y prodigiosa ley, de estaño; 
mas ni de éstas, ni de otras infinitas de plomo, y cobre hay quien haga caso. 
Las frutas que lleva este país son muchas, y las comunísimas de la cos- 
ta, como en las ya referidas en lo que describimos en los pueblos de tierra 
caliente, del Partido de Atitlán, podrá reconocerse, bien que en este discurso 
se me ofrece decir, de las papayas, lo que ofrece lo singular de su planta, fruto, 
y abundancia repetida de su naturaleza fructífera; por que elevándose, la 
estatura de este árbol, á veinte, y veinticuatro palmos de altura, no lleva ra- 
mazón alguna en el cuerpo de su cañón, sino que solamente con gala y her- 
mosura, se corona en la copa de muchas hojas, que tienen similitud con las 
de la higuera; á el año de su edad, se carga de fruto que solo produce, en la 
cima, pegado á el tronco ; la fruta es de figura no totalmente rotunda, sino 
prolongada á la punta, el ollejo es pajizo, y de mucha lisura; la pulpa y el 
gusto, á la manera de los melones rubios; la semilla es asida á una vid, como 
la del melón, mas son unos granos negros, del porte de la pimienta, y su 

88 



Arhc^p BittíV tí la *lf&y¿ 







gusto como el de la mostaza, pesa cada papaya diez y seis, y diez y ocho libras, 
y en todos los meses del año arrojan nuevas flores, y nuevos frutos, con que 
cada mes le hay maduro, y la forma de este maravilloso árbol y su fruta, 
podrá reconocerse en su estampa. 

89 



CAPITULO V 

Del Gobierno y Ordenanzas que estos indios Pipiles tuvieron en el tiempo de su! 
gentilidad, y orden de su Señorío. 



MARGINALES. — Es la pipil generación introducida con cautela, de orden del rey de Méxi- 
co AHUITZOL. — Muerto Ahuitzol emperador de México, persiguen los quichés y 
cacchiqueles a los pipiles. — Vuelven los pipiles a establecer sus tropas. — Tirani- 
zan los Capitanes de los pipiles a su pueblo. — CUAUCMICHIN oprime con exorbi- 
tamiento a sus subditos. — Hócele morir el pueblo violentamente. — Levantaron por 
su principal a TUTECOLZIMIT. — Forma un consejo de ocho ministros Tutecolzi- 
mit. — Tutecolzimit modera los tributos a los subditos de su señorío. — Nombra por 
superior Capitán, para la guerra, a PILGUANZIMIT, su hijo. — Da leyes y ordenan- 
zos al pueblo. 



Estos indios mexicanos de la nación pipil, que pasaron á este Reyno, 
como á hurto, y cautelándose de los naturales de estos países, quicheles, y 
cachiqueles, mames, sendales, y sapotecas, que introducidos no sin arte, 
afectando, ó acaso usando, de cierto, el oficio de mercaderes; bien que el 
número de ellos se componía de la ínfima plebe de la república mexicana; 
mas sin embargo, la grande astucia, y sagacidad de Ahuitzol, Rey de México, 
pudo, no bien satisfecho de la guerra intentada, en que quedó roto, y casi 
con total desolación el número de su ejército, introducir estas tropas por la 
costa del Sur, debajo del gobierno de cuatro capitanes, y un Capitán Mayor, y 
establecidos y fundados en la forma más posible, en los países, por la muerte 
de Ahuitzol, sucedida en el mismo año, de la trama y á el décimo segundo de 
su imperio, no más, ni menos, alentados los indios quichés y cachiqueles, em- 
pezaron acervísimamente á oprimir, y perturbar, á los Pipiles, deseosos de 
extinguir esta generación; mas ellos, considerando en la ruina de sus cosas, 
deseando no menos la conservación de sus nuevas repúblicas, que el crédito 
de sus armas, volviendo, no sin particular Tatoque (que es Consejo), á resta- 
blecer el gobierno de sus tropas, en la forma que Ahuitzol le había consti- 
tuido, estendieron la jurisdicción de este gobierno de aristocracia, á la polí- 
tica ordenación de la república; en que corrió algunos años, mirados estos ya 
no como gobernadores temporales, sino como Caciques y señores de la pos- 
teridad, cobrando de los subditos mal satisfechos, tributos muy crecidos, y 
todos los bastimentos necesarios, y aun superfluos; para el sustento de sus 
palacios, trabajando á sus sujetos, no sin tiránica opresión, en los edificios 
magníficos y grandes plantíos de cacao, y milpas de maíz, con difíciles y 
penadas sacas de agua, para sus riegos, y otras no menos miserables, y recias 
ocupaciones militares, en fosos y trincheras, de no corto, ni ligero cordón; 
pero como sobre toda esta inmensa tropelía de cargas, el Señor Guachicmichin 
(quiere decir pescado de palo), arrastrase á los sacrificios de hombres, á la 
usanza, y rito mexicano, y echase mano de algunos varones estimados de 
el pueblo, y de algunos primogénitos de las' estirpes principales, conspirando 
éstos á la más que ligera aprensión del pueblo, acometieron en tropa á el 
palacio de Cuacchimichin, y entrado, por mal o poco defendido, á tanta mu- 

90 



chedumbre, le dieron muerte cruel, á golpes de palo, y piedra, sin extender 
el furor de la plebe, á otro de su familia. Y saliendo á las plazas de aquella 
gran república, proclamó el pueblo por Señor principal á Jutecotzimit, de 
blando natural, y de excelente don de gobierno, deponiendo de su propia 
autoridad, el pueblo, á los otros Señores, y dejándolos en el estado de Aja- 
huaes, cabezas de Calpules, con poco séquito de subditos, y conveniencias 
limitadas, cargando toda la consideración, á la veneración, y obsequio, de 
Jutecotzimit. (,r,w) Pero como quiera que éste, se viese colocado en mejor solio, 
y respetado de los subditos, atendiendo á perpetuarse, no solo en la potestad 
temporal de su persona, sino á la posteridad de sus hijos; creando y estable- 
ciendo un regimiento de ocho ministros, de su Consejo con cierta jurisdis- 
ción sobre el pueblo, y que á distinción de los demás caciques y principales, 
vestían unas ropas largas de ciertos colores escojidos, con prohibición á los 
otros, á poder vestirlas, debajo de graves penas; tenían estos debajo de su 
mano otros ministros inferiores, en número considerable, pero también de 
escojida, y noble estirpe, que los obedecían ejecutando las órdenes, y deter- 
minaciones, de aquel Senado. Pero como Jutecotzimit, fuese astuto, y enten- 
dido, fundando en este parlamento ó consejo, toda la estabilidad de sus máxi- 
mas, procuró crearle de los más íntimos, y seguros aliados de su familia, y los 
demás ministros, no menos gratos, y aficionados á su gobierno, y pasando de 
este establecimiento de Tribunal, á el alivio de los subditos, disminuyó en gran 
porción los tributos, considerando, no solo que por esta vía se haría más 
amado, pero más poderoso; por que discurría, que aunque fuese en menos 
porción el feudo personal de cada subdito, agregándose á lo que antes tenía, 
las porciones de los otros cuatro capitanes depuestos, quedaba mucho más 
interesado que antes, con que, con estos beneficios, producidos no solo de 
la suavidad de su natural, sino del excelente talento, de que era dotado, ama- 
do, y atendido de sus pueblos, y concillados no menos que los demás princi- 
pales, los capitanes depuestos, se hizo jurar en Tribunal, por Señor del pue- 
blo, y á todos sus hijos y descendientes, según las leyes, que para ello es- 
tableciese. 

Así fenecida esta acción; para más asegurarse en la posesión de el 
Señorío, nombró para las cosas de la guerra, como superior Capitán de ellas, 
á Pilecuantzimit, su hijo mayor, con cuatro Ministros de guerra de su Con- 
sejo, que le asistían á las disposiciones militares sin otra subordinación, ni 
Juez, que el propio Señor Jutecotzimit, su padre, con cuya acción no solo 
quedó amado, pero temido de los subditos, y de los demás Caciques, sus co- 
marcanos. 

Pasó á dar leyes á su república, comenzando desde su casa, á promul- 
garlas, y establecerlas, ordenando en el modo de la sucesión de el Señorío, 
que después de la muerte de el Señor, entrase á sucederíe el hijo mayor, 
Superintendente de las Armas, pero que faltando el Señor quedasen los hijos 
menores, tomase el Gobierno el hermano, ó pariente más cercano, del Señor 
difunto, á la elección de su Consejo ó regimiento, y que llegando el mayor 
de sus hijos á la edad necesaria, para el Gobierno, se viese por consulta del 
regimiento, si era capaz, y mostraba inclinaciones á los mayores aumentos 



(59) Manuscrito Pipil.— folio 4. 

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de su república, y alivio de los subditos; y no pareciendo á propósito pasase 
á el segundo hijo el Señorío, como también si muriese sin sucesión legítima, 
por el mismo estilo de Consejo, se confería este Señorío, en el pariente más 
inmediato, pareciendo apropósito, en las partidas y dones mencionados, que 
hubiese mostrado en la guerra, y otras ocupaciones, valor, y aplicación, á el 
Gobierno, mandó excluir á las hembras de la subcesión del Gobierno ; por- 
que no era conveniencia de los pueblos, que familia extraña por casamiento, 
entrase á disfrutar el Señorío, y desmembrase el estado, ó acaso viniese á 
gran declinación, huyendo los vasallos de algún mal tratamiento. Pero no 
las defraudaban de otros heredamientos de tierras, casas, esclavos; ordenó 
no sin gran acierto, que para el regimiento y los demás oficios de la Repú- 
blica, y de la guerra, no se eligiesen personas de otro estado, que el de la 
nobleza; habiendo éstos pasado por el examen, y experiencias de otros ofi- 
cios menores, así á sus hijos segundos como á los de los principales, mandaba 
se les diesen cacahuatales, y otras haciendas, y casas, para que se portasen 
con lustre de Señores, y hizo ley excelente, y de grande estimación, que acre- 
dita de grande su talento, para que los estados se entregasen, sin disminu- 
ción, á los Señores subcesores; para que siendo mayor, fuese más apetecible, 
y viendo los hijos que para heredarlos, se escojía el más idóneo, y de mejores 
costumbres, y prendas, de esta manera, y con este cebo estudiasen en como 
parecer más virtuosos, y agradables, á los subditos. Ordenó también que á 
los hijos habidos en las concubinas, se les diese casa, y tierra suficiente, para 
sus sementeras, y algunos esclavos que las labrasen, y los sirviesen como á 
personas principales. A los ladrones condenaba á destierro perpetuo, dicien- 
do que llevando consigo su mala inclinación, en otra parte los ahorcarían. A 
el matador alevoso condenaba á ser despeñado. Y así de los demás delitos, 
iban proporcionadas las penas correspondientes, muy conforme á razón, bas- 
tando esto para que se conozca, que no obraban, ni procedían sin ella estos 
indios, que ahora en su apagamiento, nos parecen tan incapaces. 



CAPITULO VI 

De otras cosas admirables y prodigiosas que se hallan en este Partido de Yzquinte- 
peque y como comunes se hallan en toda la Costa del Sur. 



MARGINALES. — Hormigas guerreras, y sus propiedades admirables. — Caso peligroso y 
admirable sucedido a Juan Gómez. — Culebras de dos cabezas aborrecibles. — Caza 
que se halla en estos montos. — Jujuyo, pájaro especial, y sus propiedades. 



Son tantas, admirables, y varias las cosas que Dios crió, y que puede 
criar en el Mundo, que no habrá quien dude, de las muy estrañas y singulares, 
que nos propongan las historias de las más remotas y apartadas regiones; y 
pues aun las muy conocidas y muy frecuentes, son imposibles de numerar, 
ni recomendar á la fragilidad de la memoria, cuantas serán las ocultas, y 

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escondidas á la inspección, y conocimiento humano. Así, pues, en estas re- 
giones de las Indias Occidentales, son en tanto número las prodigiosas, que 
tocamos y reconoceremos á cada paso, que son como infinitas, para haberlas 
de reducir á orden, y cuenta, y en especial de las que ahora pienso referir 
de la Costa del Sur, discurro no posible el recojerlas á la memoria, conten- 
tándome con proponer, á la contemplación, las más notables. 

Y como quiera, que toda la tierra de la costa sea tan abundantemente 
productiva, y fecunda, que nivelando las cosas que son comunes á todas las 
tierras, de mayor, y más abultada corpulencia de lo que se producen en la 
tierra fría, son no solamente crecidas, sino admirables, y montuosas, las que 
por su temperamento caliente, y húmedo, produce y lleva, con excelente y 
reparable naturaleza. Y así debe ser, no solamente notable, la de las hor- 
migas guerreras, pero maravillosa, y casi increíble. Por que el ejército de 
éstas (crecidas, y mayores dos veces que las ya conocidas, y comunes) se 
compone de un número, y cantidad sin cálculo, y estas se encaminan siem- 
pre á los poblados, y siendo por su naturaleza de braveza activa, y fiera, en 
las habitaciones, adonde se introducen, son domésticas, y tratables; mas con 
esta mansedumbre afectada, si las enojan, no solo muerden embravecidas, 
pero desamparan la casa sin escudriñarla. Por que al introducirse á ellas, 
es para efecto de espulgar las rendijas de las paredes, y puertas, los rincones, 
tapancos, sillas, bufetes, y camas, no dejando en semejantes lugares, ala- 
crán, ciento-pies, talaje, chinche, araña, culebra, sapo, escorpión, rata, ni otra 
de las innumerables sabandijas, y bestias venenosas, de que abunda toda la 
tierra de la costa; pues asiendo con las tenacillas agudas de sus boquillas, 
no solamente matan, y ahuyentan estas ponzoñosas bestias; pero absoluta- 
mente las devoran, y gastan, hasta los huesos, y es tal el arte con que en esta 
industria, y útil guerra se ejercitan, que sirve de admiración á quien la con- 
templa; por que siendo estas hormigas vivísimas, y de increíble ligereza, se 
dividen en dos copiosas tropas, cojiendo enmedio al escorpión, ó culebra á 
quien acometen, y tan presto, y al mismo instante, como unas le hacen presa 
por un costado, le avanzan otras por el contrario, dejándole á breve rato in- 
móvil, y cubierta de su atezada muchedumbre, de arriba á abajo; mas con 
mayor razón admira el ver, que si acaso en la senda del viaje que llevan, en- 
cuentran a'guna acequiezuela de agua, acomodan con singular, y admirable 
industria, un puente de pajas, por donde con grande seguridad y presteza, 
pasan á la contrapuesta parte; no siendo de menos consideración, el que si- 
guen por fila á una ihormiga, que siempre, sin que otra se le adelante, las 
guía, y si les matan ésta, todas las otras se derraman, y confunden en un 
notable, y revuelto tumulto, hasta que otra substituye el lugar de la que 
murió antes, y vuelven á seguirla por la propia senda, que antes habían in- 
tentado. 

Y como quiera que se hable de estas hormigas, enemigas de sabandijas 
ponzoñosas, y estas hayamos dicho, que son disformes, y que de ellas abun- 
dan estos países, se me ofrece sin salir de la jurisdicción de Yzquintepeque, 
de que vamos hablando, el caso prodigioso sucedido á Juan Gómez, ejercitan- 
do en la caza, vecino de esta ciudad de Goathemala, á quien años después del 
suceso comuniqué, y traté, militando á mi orden, como cabo de escuadra de mi 

93 



Compañía; y á quien por las noticias que hube de mi padre, hice me refirie- 
se lo que le sucedió en el monte de San Diego; en cuya intrincada maleza 
(decía) que se halló empeñado á gran distancia del camino real, y de poblado, 
en busca de alguna caza, y que tocando una gamitadera para atraerla, y vol- 
viendo á repetir el uso de este instrumento, sintió ruido á sus espaldas, y 
éste á su parecer no distante, y pensando ser algún ciervo, y tepezquinte, ó 
puerco de monte, se vio casi oprimido, y atajado, de una ferocísima, y crecida 
serpiente, de incomparable y espantosa grandeza, que con su vista le dejó 
turbado, y lleno de susto; pero que reconociendo no ser posible huir tan ma- 
nifiesto riesgo, trató de acometer á el peligro, en la forma posible, en una 
montaña dilatada y espesa, y juntamente impedida con enredos de bejucos, 
y malezas muy cerradas, y que encomendándose á Dios, y á la Santísima 
Virgen María, Nuestra Señora, añadió á la carga de la escopeta una bala 
más, de la que tenía, y apuntándole diestramente, metió ambas balas por la 
frente de la sierpe, siendo tal á el sentimiento, el golpe, y salto de la fiera, 
que con el encuentro de su disforme corpulencia, destrozó algunos de los 
vecinos árboles, quedó silbando con ademán de acometer á el ofensor, y 
éste prevenido, y diestro, volvió á dispararle segundo cañonazo, de que quedó 
rendida, y á buen tiempo muerta. Probó Juan Gómez á sacarla á el camino 
real, á la cola del caballo en que iba; mas reconociendo ser imposible, de- 
terminó ir á dar noticia á el pueblo de Agaacatepeque; de donde habiendo 
venido alguna gente, con tres yuntas de bueyes; con que la condujeron á las 
Cruces ; donde se apartan los caminos de Aguacatepeque y Yzquintepeque, 
fueron de esta ciudad á verla muchas personas eclesiásticas, y muchos caba- 
lleros, entre ellos el Capitán Don Francisco de Fuentes y Guzmán, mi padre; 
de quien tuve la primera noticia de este caso. 

Y por que se trata de bestias ponzoñosas, y perjudiciales, que cría lo 
muy superfluo de las putrefacciones de esta tierra; entre todas cuantas en- 
gendra; aun más que el escorpión, ni otra alguna sabandija, me parece es- 
pantosa, y aborrecible, la generación de unas culebras, que en estos países 
calientes se crían, á que los indios llaman Tepulcuat. Cuya etimología, por 
demasiadamente obsena, dejo de declarar; aunque sus propiedades descu- 
brirán su nombre. Esta es una culebra de color plateado, de más ó menos 
longitud, según la edad que tiene; admírase como monstruo con dos ca- 
bezas, una en cada término, ó extremidad de su cuerpo, sin demostración de 
cola; excrementa, y engendra, por la mitad de el cuerpo (como si dijéramos 
por el ombligo), y es de tan disforme, y abominable aspecto, que casi no se 
determina, ni percibe si tiene ojos en alguna de aquellas dos cabezas, que 
forma en sus extremidades; pero con efecto ve, porque espantándola por el 
un cabo, camina á el otro, sin retroceder ni dar vuelta, son de tez y cutis tan 
lustroso, que parece estar ungidas con aceite, ó cosa de grasa; éstas no sa- 
bemos que muerdan, ni jamás las hemos visto acometer, pero sí hemos visto, 
y oído, á muchos que donde las hay, es peligrosísimo ejercitar alguna nece- 

94 



sidad corporal en el campo, ó en los solares, de casas antiguas, porque para 
introducirse al cuerpo humano, por la parte del intestino (de donde tiene el 
nombre), es ligerísima, deleznable, y que se alarga de tal arte, que siendo 
tan gruesa como una vela de á libra, queda del grosor de una aguja de harria; 
el remedio es poner al paciente sobre un servidor, que tenga leche caliente 
en el fondo; porque al olor de ella, de que son amantísimas estas culebras, 
vuelven á salir con la misma ligereza que entran. Siento de verdad, que por 
sola esta cosa tan mala, se pueden perder todas las buenas, de la costa. 

Mas aunque es verdad, que tiene estas bestias fieras, y venenosas, tam- 
bién cria otros animales provechosos, como iremos tocando adelante, y sin los 
que en otras partes señalaremos. En estas montañas se halla grande copia 
de jabalíes, ciervos, tepezcuintes, guatuzas, dantas, osos, ardillas, tigres, leo- 
nes, monos, y de lo que pertenece á la volatería es innumerable, y casi toda 
provechosa, en muchas bandas de perdices, codornices, pavas, pauxiles, tor- 
cazas, chachas, patos, pejijes, garzas, gallaretas, pájaros flamencos, pericos, 
guacamayas, chocoyos, y los periquitos preciosos que llaman catalnillas, sin 
otra muchedumbre varia de pájaros, de dulcísimo canto, y varia plumería, para 
cuyo agregado fuera necesario disponer un libro entero, pero no poco curioso. 
Y porque lo es la propiedad del pájaro que llamamos jujuyo, diré lo que de él 
he notado, y todos en estas partes conocen, y no alcanzó el Licenciado Go- 
mara para escribir de él tan estupendas excelencias. 

Equivocándose con cierta especie de escarabajos, que tienen la pro- 
piedad de resplandecer, y alumbrar, atribuida por el autor al pájaro jujuyo, 
habiendo de ser del escarabajo cucuyo, en que está la equivocación. 

Son estas unas aves nocturnas, del porte, y tamaño de una codorniz, 
que luego que las sombras introducen el imperio de la noche, salen á los ca- 
minos, y sendas, y se apegan á el suelo, y en llegando cerca de ellos, algún 
caminante, se levantan á vuelo muy terrero, cantando la propia voz de su 
nombre, jujuyo, y pasan adelante, á otro trecho, como de media cuadra, á 
esperar de la misma suerte al progresor á quien guía, diciendo á el levantar 
el vuelo, jujui, jujui. Y á esta causa también le laman guiadores; dura esta 
compañía entretenida largo trecho, hasta que cansada esta ave, se aparta, 
y sienta en algún árbol de el camino. Pero luego le substituye otra, y de esta 
propiedad suya, debió de tener su principio la quimera, de que tienen estre- 
llas resplandecientes debajo de las alas, y que voiando de noche en lo más 
oscuro de ella, salen los hombres á los patios á leer, y las mujeres á hacer 
labor, pero lo cierto es lo que queda referido, de guiar con su vuelo, y canto, 
á los caminantes. Bien que procede de equivocación, en los autores, confun- 
didos los pronombres entre el jujuyo y el cucuyo, que reluce y alumbra, res- 
plandeciendo en la extremidad de su cola, como una brasa. Mas no tanto 
como se dice de que á la luz que despide se lee, ó escribe y borda; esto es 
lo mas que señale donde está, por donde vuela, como la lumbre de un cigarro, 
ó tabaco. 

95 



CAPITULO VII 

De otros frutop preciosos,; y árboles de señalada virtud en sus frutos, y humores» 
que se crían en este Partido, y generalmente en toda la Costa del Sur. 



MARGINALES. — Cacao, su árbol, siembra y cultivo muy notable. — Corteza de la madre 
de cacao, para que sirve. — Como se cría el grano del cacao. — Presteza con que 
fructifica este árbol, su abundancia, modo de hacer, y repetición en fructificar. — 
Es planta delicada que malogra mucho del fruto. — PATASTLI, qué género de fruto 
es. — Agua que destila el cacao, sacado de la mazorca. — Manteca de el cacao, a 
cuantos beneficios se extiende. — Yerba de el pollo, admirable. — A que beneficio 
del hombre se extiende. — Árbol de hule provechoso. — Papel de corteza de este 
árbol. — Memoriales escritos en este género de papel que se hallan en el Archivo de 
Cabildo de Goathemala. 



No sin razón, y grande motivo, debe entre todos cuantos excelentes, y 
singulares frutos produce, y nivela en sazón, la prolífica tierra de la Costa 
del Sur, en este Reyno de Goathemala, tener el primero, y superior lugar, 
el cacao, como uno de los que á sus comercios, le crece y utiliza muchas cono- 
cidas medras, y que por sus excelencias se ha hecho conocido de todas las 
naciones del mundo, y así me parece digno, no solo de tener lugar entre otros 
preciosos y excelentes frutos pero de proponello por estampa, á los que no 
hubiesen vístole. Es un árbol el que lo produce, mediano en su común estatu- 
ra, que el que más descuella, es á la altura de cuatro varas y media, á cinco, y 
su plantío se reduce á almacigos, de su propio grano, el cual estando de sufi- 
ciente porte se trasplanta, y pone á bastante distancia un pie de otro, por hi- 
leras, y calles muy iguales, y derechas, de orden que puedan regarse, (G0) y 
darle las escardas necesarias, con el concierto que demanda el regalo, y de- 
licadeza de esta planta, y conforme van disponiendo la trasplanta de el ca- 
cao; junto de cada uno de los arbolillos van poniendo un vastago, de otro 
árbol, que llaman cacahuainansi, que quiere decir madre de cacao, que es ár- 
bol frondoso, y de mucho jugo, y humedad en su naturaleza, y la corteza es 
tósigo para los ratones, y esta madre de cacao, poblada luego de grande, y re- 
creable pompa, sirve de hacer sombra á estos árboles de cacao, defendién- 
dole, de la grande actividad del sol, en el verano, porque de otra suerte á el 
descubierto se malograra el cacao, secándose sin remedio la planta, con tanta 
acertada, y útil providencia, como de madre, y que en el Invierno, que es el 
tiempo en que el cacao necesita que el sol la vivifique, es desnuda la madre 
de las hojas que la visten, y el cacao recibe, entonces, el calor, y fomento 
necesario. Es planta la del cacao de delicada, y regalada naturaleza, que en 
el aseo, y limpieza de sus escardas, pide un esmeradísimo, y cuidadoso de- 
siervo, y que los riegos al pie, en el Verano, sean copiosos, y regulares de 
tantos á tantos días; para lo cual de los abundantes ríos sacan, y encaminan, 
abundantísimas acequias. Cría y sazona el fruto en unas cajillas, ó mazor- 
cas, que engrosando de la parte de el pezón, va disminuyendo á la punta en 



(60) Torquemada.— Libro 14.— Capítulo 42.— Folio 622. 

96 



que remata; divide, ó señala unas tajadas á la manera del melón, y unas 
mazorcas son blancas con pintas verdes, otras amarillas con pintas encarna- 
das, otras rojas con lunares negros, y esto según adquieren más ó menos 
sazón, y maduro. El grano que depositan estas mazorcas viene asido á un 
racimo, ó escobajo, á la manera del de la uva; el grano todo viene pegado 
uno en otro, de una carnaza gruesa y blanca, cuyo gusto es sazonado entre 
agrio y dulce; desunido de aquella trabazón que trae entre sí, queda como 
la almendra bien que más lleno, y grueso, y algo más prolongado en punta; 
sécase en muy grandes paseras á el sol, guardado del agua en el Ivierno. Es 
presto en arrojar el fruto, porque á los tres años de plantado este árbol, le 
arroja con abundancia admirable, y el primero que ofrece es en el tronco, 
muy arrimado á tierra, de tal manera, que si descubre algunas raíces, en ellas 
también, y mejor le produce; el siguiente año da el fruto cerca de la parte 
donde comienza á copar, y después le cunde y puebla por las ramas, con 
hermosura singular, y vistosa; porque arrojando la mazorquilla pequeña, como 
la mitad de un dedo, que es como la flor, á que llaman chuchóte, á cada luna 
nueva se ve poblado, y vestido el árbol, de variedad de tamaños de mazorcas, 
y de colores diversos en ellas, pero malogra mucha, ó por viento que la repela, 
ó por agua llovediza que la derriba, ó la pudre; pero sin embargo de estos 
contrastes de su delicadeza, aunque entre año se recoje siempre algún cacao, 
en el término de sus doce meses da dos abundantes, y prodigiosas cosechas, 
una por San Juan, que es más colmada, y copiosa, y otra que llaman de San- 
tos, por Noviembre, menos abundante, mas como quiera, que fructifiquen 
continuamente, y demás de esto, dos veces á el año con tan crecida copia los 
árboles, envejecen breve; mas van haciendo resiembras muy frecuentes, con 
que siempre están los cacahuatales enteros. Son las huertas de este plantío 
muy dilatadas, de veinte, cincuenta, y ochenta mil pies de cacao, y á veces 
de más de cien mil. Son muy recreables, frescas, y fragantes, por la diversi- 
dad de frutas que á vueltas de el cacao siembran en ellas, con mucha diver- 
sidad de flores, que arraigan en los árboles. Siembran también otros árboles 
muy crecidos que llaman Quauhpataxñi, que quiere decir árbol de pataxtli, y 
es cierta especie de grano, ó de cacao, blanco, de grano muy crecido, y no re- 
dondo como el de el cacao, sino aplanado á manera de pastillas. Es grano 
apetecible para los indios, muy dulce, y muy fragante, mas para la gente la- 
dina es nocivo, y perjudicial á la salud; la bolsa ó mazorca en que se cría, 
es más crecida que la del cacao, y redonda, y la corteza del color de el grano, 
algo más oscura, y cubierta de un vello muy pequeño, á la manera de la lani- 
lla de el durazno, y toda ella señalaHa á pulgaradas hondas. En la Provincia 
de Yucatán, para donde se lleva, le usa todo género de personas, por la mucha 
y estimada espuma, que hace en la bebida que llaman chorreado. Pero vol- 
viendo á hacer memoria de las excelencias del cacao, es de saber, que así 
fresco como sale de la mazorca, destila un agua excelentísima, y muy fresca, 
que sacan de él los indios con mucho aseo, porque cargados unos racimos 
sobre otros, en una canoilla muy limpia, de aquella carnaza con que se cubre 
el grano, escurre un licor abundante de suavísimo gusto, entre agrio, y dulce, 
que es por muy fresco singular refrigerio, para los ardientes bochornos de 

97 



aquella tierra caliente, y es bebida poco usada de los nuestros, por ignorada, 
y escondida á el regalo de los españoles, y solo conocida de algunos que viven 
entre los indios, con que en el modo de sacarla es lo mismo que en los laga- 
res, el vino espichado. 

Del grano del cacao ya curado, y seco, se saca un género de vella, que 
llaman manteca de cacao, que debe considerarse como la quinta esencia de 
este precioso fruto. Porque molido el grano más lleno y jugoso, y batido á 
mano en agua, la que más puede ser fría, se saca sola la sustancia, y sutil 
nata, que sobre el agua va arrojando. Y el uso de esta manteca se extiende, 
y provechosamente dilata su beneficio, á muchos útiles ministerios; porque 
comida con azúcar y canela, no solo es conveniente, y provechosa, contra 
el calor del hígado, mas recreable y regalada al picante, y delicadeza del 
gusto. A el chocolate le añade nueva perfección, y singularidad á su sazón, 
y composición regalada, si después de batido se echa sobre él algo de esta 
admirable pasta, y de una, y otra suerte, le tienen y aplican los médicos, por 
útil medicina, como también por provechosa, y refrigérente untura, á todo 
género de fuego, y la aplican á el hígado, y á el pulmón, como asimismo para 
la tez que con ansia solicitan las damas. 




*erya v>. el Folio 



Hay generalmente en toda esta tierra de la costa de el Sur, entre otras 
cosas admirables la Yerba de el pollo, que lo es entre cuantas produce sabia, 
la fecunda y próvida naturaleza. Llámase así esta prodigiosa yerba, por la 
maravilla que cada día experimentamos con ella; porque hiriendo un pollo, 
ó una gallina, por cualquiera parte, aunque sea pasándole la cabeza con un 
puñal, sin que le toquen á los sesos, teniendo molida la yerba, y exprimiendo 
el zumo en la herida, y poniéndole al ave una pelotilla de ella, en el pico, se 
levanta, ligera y alegre, á buscar el grano para alimentarse, quedando sana 
sin impedimento alguno ; sirve también milagrosamente esta yerba, á la fácil 
y breve curación de llagas lavándolas con cocimiento de ella, y de ella usan 
generalmente los indios, y gente de el campo. 

98 



Y como quiera que las cosas que produce esta fecundísima tierra, son 
tan varias, no podrá ser fácil el traerlas todas á la consideración; y así habré 
de proceder con especialidad, tocando las más notables, y entre ellas, es el 
árbol de el hule, no poco admirable, ni menos provechoso, bien que por co- 
mún no apreciable (achaque antiguo de lo comunicable). Pues picando el 
tronco vierte un humor copioso, que puesto á el fuego en una caldereta y 
tomando su punto de cocimiento, se betuna con el una capa, y botas, que 
vestido no le penetra el agua y calzadas las botas se pasa un río, y una cié- 
naga á pie enjuto; sirve para el juego de la pelota, de fabricar las que son 
necesarias, que saltan y pican excelentemente. De las cortezas de este árbol, 
puestas á las corrientes de los ríos, para que pudran, y despidan de sí lo 
superfluo (á la manera que se - hace en el lino), batanadas después estas cor- 
tezas, quedan convertidas en hojas de papel, á la manera del que llamamos 
de estraza, bien que este es blanco, y que permite escribir acomodadamente; 
y hoy en el Archivo de el Cabildo de esta ciudad de Goathemala, se conservan 
con veneración por su antigüedad, algunas peticiones, y cartas, de los con- 
quistadores de este Reyno, testimonio bien notorio de sus trabajos. Pues es 
visto que los que carecían de un pliego de papel común, en que escribir, que 
no tendrían la necesaria ropa par cubrir, y abrigar la necesidad de sus cuer- 
pos, y si en aquellos tiempos se vestían sería de manta, y no es lo mismo 
este lienzo, que aquel con que se criaron, y de que después, siendo hombres 
se vestían en España. Pero tenemos allanados, y sujetos por ellos los países 
que poseemos en quietud, y por eso nos parece que así la hallarían, y que no 
trabajaron, para sujetar la tierra, porque otros que no se fatigaron, gozan el 
premio de los méritos de los otros, causa, quizá del descaecimiento de nues- 
tras Repúblicas. Porque de la desigualdad de los subditos, nace la desola- 
ción de los pueblos. 



CAPITULO VIII 

De otros excedentes frutos de este Partido, generales á todos los demás de esta 
tierra de la Costa del Sur. Y de como confina este de Yzquintepeque. 



MARGINALES. — Confines del Corregimiento de Yzquintepeque. — Vainillas y el modo es- 
traño con que se plantan. — Achyote, y su manufactura. — Estampa de la forma de 
los capullos y hojas del Achiote. — Como se ve abierto el capullo; su manufactura. 
— Morro, o jicara silvestre. — Para que remedios se aplica. 



Porque pasando adelante, con solo la narrativa de lo productivo de 
esta tierra, podría, no de particular intento, sino de olvido, omitirse el señalar 
los confines de este Corregimiento, que no siendo menos importante circuns- 
tancia, á la particular y individual instrucción de el Real Rescripto, del año 
de 1533, podría echarse menos, he querido en este lugar anteponer esta 
necesaria circunstancia, á otra particularidad de las que restan de decir 
de este territorio de Yzquintepeque, cuyos confines señalados, y conocidos de 

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todos los vaquianos, parte señala con perpetuidad muy segura, porque por 
la parte de medio día, que mira á su situación, llega, con su territorio, hasta la 
lengua de el agua de la Mar del Sur, y por la que mira á la del Norte con el 
Corregimiento del Valle de esta ciudad, después del sitio de San Diego, pa- 
sado todo lo emboscado de su montaña, hasta llegar á el paraje que llaman, 
comunmente, el Teocinte; y por la parte de Levante, con el Corregimiento de 
Guazacapán, cuyo padrón, y lindero, entre ambas jurisdicciones, es el río de 
Michatoya, y por lo que reconoce al Poniente, tiene su lindero con el Corre- 
gimiento de Tecpán-Atitlán, cuyos confines parte el conocido y noble río de 
Coyolate, quedando dentro de estos términos, un tan maravi'loso y estimable 
ámbito dé tierra, excelente y fecunda, que no pudiendo fácilmente reducirse 
á segura cuenta, la gran mensura de su circunvalación, podrá conocerse en 
que componiendo esta Jurisdicción, el apreciable número de veintidós pue- 
blos, con sobrados, y espaciosos ejidos, cada uno, queda otra grandísima y 
admirable porción, á la situación de muchas haciendas de ganado mayor, 
é ingenios de azúcar, y no despreciable número de obrajes de tinta anir. 

Y porque en esta Jurisdicción, se coje y logra gran cantidad de vaini- 
llas, que no poca, ni ligera utilidad consigue á los indios, dueños de los ca- 
cahuatales; donde este género se planta; siendo curioso, y no común, el modo 
de su siembra, he querido no defraudar la noticia á los esmerados ingenios. 
Plántase arrimado siempre al pie de los árboles, que llaman madres, por ra- 
zón de ser la vainilla un junco que trepa, y enreda por ellos, á la manera de 
la parra, mas bien, y con más propia semejanza, que de la yedra. Porque 
ésta, como los sarmientos de las vides, añade á trechos, de el suyo á un lado, 
y á otro, unos raigones, á la manera del pámpano, de donde se va asiendo 
á el tronco de el árbol, donde se trepa con unas uñetas que arroja de aquellos 
pampanillos, ó raigones; á el plantarlas quedan como en el aire, apartadas 
de la tierra, cuatro ó cinco dedos, atando el vastago con un cordelillo, á el 
tronco, y este sarmiento, ó vastago, va creciendo ó por mejor decir, alargán- 
dose para abajo, hasta arraigar en tierra, y luego empieza á vestirse de lozana 
pompa, con unas hojas á la manera de una lancilla prolongada. La flor que 
se nivela, y forma para arrojar el precioso y aromático fruto, es á la manera 
de una azucenilla pequeña, bien que no candida, y perfectamente blanca, 
sino arrimándose á un color pajizo muy desmayado, que casi la llega más á 
lo blanco. El fruto ó vainilla en su perfecta sazón, se coje de color verde, y 
después tendidas en grandes paseras, á el sol, y traídas, y repasadas á el uso 
frecuente de la mano, toman el lustre y color negro en que quedan. Vénden- 
se por cientos, y por millares. 

Mas como quiera que este fruto de las vainillas, no sea solo el que 
estimablemente precioso produce, y lleva esta tierra, habremos de alargar algo 
el discurso, por lo muy notable que ofrece á la consideración aquella fecun- 
didad, entre lo cual no es menos el excelente, y prodigioso fruto, que ministra 
á la conveniencia, el árbol que produce y cría el grano de que se labra y fa- 
brica la maravillosa, y apreciable pasta de el achiote, cuya planta se descuella, 
y eleva á la proporción de dos estados y medio, con poca diferencia, y nunca 
muy robusto en el tronco, pero su copa siempre poblada, y vestida de lozanas 
pompas, en verdes frescores de hojas, que adornan, y engalanan su ramazón 

100 



tupida. Es la hoja no muy verde, de figura casi circular, al pezón rematando 
en larga punta, en el tomo de su corpulencia, es transparente y tan delgada, 
que el viento, por muy subtil, y delgado que corra, la dobla por cualquiera 
parte que la sopla; arroja el fruto en racimos, que compone de unas cajillas, 
ó capullos, á la manera, y forma de un corazoncillo, del porte de una nuez; 
la cortecilla de estos capullos es verde, cubierta y vestida de unas pequeñas, 
y no resistentes espinas coloradas, que miran, y asimilan más al color naran- 
jado. Pero este erizo no punza, por ser sus espinas de mucha ternura; estos 
capullos en su perfecta sazón se abren en cuarteles, y muestran dentro, pen- 
dientes de delicadas vides, cuatro racimillos en su granazón apiñados, for- 
mados de un género de grano del tamaño, y porte, del culantro, que la pepi- 
tilla blanca de adentro, cubre de una lanilla ó polvo encendido, y agradable- 
mente rojo, y su formación entera, y partida, podrá verse en la siguiente 
estampa. 




Estampa de la forma de 

los capullos y hojas del 

Achiote. 



De estos capullos, cojidos á su tiempo de perfecta sazón, se saca para 
la fábrica del achiote, el grano, y separado del capullo, se va echando en 
unas canoas, en que hay agua prevenida, en la que se está aquel grano por 
algún tiempo, y luego que ha remojado en ella, con el uso y friega de las 
manos, se va lavando en aquella propia agua; para que desate y rinda aquel 
polvillo, de que se cubre el grano; siguiendo á esta diligencia el beneficio de 
colarla, para que deje la pepita, y pase por la manga o coladera aquella quinta 
esencia, ó flor del grano, y liquidada de esta suerte, se pone en cocimiento á 
el fuego, de donde pasa á otros coladores, que dando lugar á trasminarse el 
agua, detienen la pasta, de que después se van formando los panes del achio- 
te, entre las manos, y se pone por última diligencia á el sol, para que enjugue 
la humedad que le queda. 



101 



Entre las diversas especies de jícaros, que se crían en esta fecunda, 
y excelente tierra, es maravillosa en todo la jicara que llaman montes, y otros 
conocen con el nombre de morro; es el árbol como maravilloso y recreable, 
misterioso juntamente, componiéndose así su ramazón tupida, como sus 
verdes lustrosas hojas, todas en forma perfectísima de cruz, sin que se vea 
en todo él, rama, pimpollo, ni hoja, que no tenga esta forma y figura, siendo 
admiración de cuantos llegan á verle; pero pasando á describir su fruto, es 
de la propia forma que el de los árboles caseros, y cultos, unas veces crecido, 
y otras, de menor corpulencia; el sumo de esta jicara sirve maravillosamente 
y con providentísimo efecto, para cualquier golpe de caída, dando de beber 
caliente á la persona que ha recibido el golpe; porque además de provocarla 
á sudor muy copioso, hace expulsión de cualquier sangre extravenada, que 
haya en las cavidades de el cuerpo, trayéndola toda por la orina; vense cada 
día con esta medicina efectos maravillosos; como así mismo se experimen- 
tan con los niños quebrados, á quienes aplicándoles á la parte la jicara asada, 
con todo el calor que puedan tolerar la corrobora y suelda de calidad y con 
tanta perfección la sana que jamás vuelven á sentir lesión, ni sentimiento 
en aquella parte, bastando esto, para demostración de sus apreciables efectos. 



CAPITULO IX 

De las salinas que hay en esta Jurisdicción de Yzquintepeque, y el sumo trabajo 
de los fabricadores de sal. 



MARGINALES. — Arte y industria en la fábrica de la sal. — Otro arte y beneficio de más 
provecho. — Grande trabajo de los fabricadores. — Daños que vienen a los indios 
de la fábrica de la sal. 



Fruto es también este necesarísimo condimento de la sal, tan estimable 
como los más preciosos, apreciables, y nobles que produce la tierra, por la 
naturaleza mineral de sus veneros, pues sin él, á el alimento más útil, ó más 
apetecible, le toca el paladar sin sazón ; y así por que ofreciendo á los fabri- 
cadores, y los tratantes en el muy conocido útil, me ha parecido no omitirle, 
ó por que debe contemplarse como fruto excelente de este territorio, ó por 
que no me parece digno de omitirse su beneficio, y manufactura, no sé si tan 
común en su modo de fábrica, que pareciéndome muy particular no deba 
gastar algún tiempo, y trabajo en manifestar el arte, con que se labra. Re- 
dúcese este género de fábrica, especialmente á el continuado, y indefectible 
beneficio, de las copiosas aguas de la Mar del Sur, y á el arte, y industria de 
los hombres, que en todas partes, y de muchas maneras buscan, y solicitan 
con el ingenio, y el trabajo, utilizarse en las medras. Sucede en algunos 
tiempos del verano, subir las aguas vivas á bañar la tierra, y sitio de la playa, 
y á el retirarse, queda represada en algunos bajos de su llanura, en los cuales 
no sin gasto de algunos días de calor, y actividad de el sol enjugando, y consu 

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miendo, la riqueza de aquellas pozas; en ellas cuaja la sal, en grano subtil, 
y delgado, formando sobre la tierra una tela, ó costrilla, de poquísimo gro- 
sor, á cuya causa la sal que se coje es poca, y de cortísima utilidad, para los 
salineros, siéndoles necesario pasar á otro género de arte, y inteligencia, en 
lo común; para el beneficio de porción que les utilice más crecido logro, 
en lo penoso de su trabajo. Reduciéndose este modo de manufactura, á raer 
y raspar, subtil, y delgadamente, por la parte superficial la tierra de aquel 
suelo alagado todavía, ó cenagoso, con las aguas del mar que le bañan, por- 
que así es modo más abundante, y de menos demoras en lo precioso de el 
tiempo, sin necesitar de la espera de que el sol enjugue las humedades de 
los rebalsos, y represa, ni de que lentamente cuaje en grano subtil este género. 
Acomodan en canoas, ó coladeras esta tierra, con otras canoas rescipientes 
abajo, y á esta tierra añaden porción de agua que toman de un pozo de la 
misma playa; cuyas aguas casi en la sustancia crasa es sal; destílase esta agua 
más gruesa, con el incorporo de aquella tierra, que le da más cuerpo á los 
últimos vasos; de donde ya trasminada, pasa esta agua á una gran cantidad 
de ollas, no muy crecidas, por razón del más fácil manejo de ellas, en las 
cuales se acomoda en los hornos, que son en la formación, y artificio, á la 
manera que se nos proponen los hornos de cocer teja, y ladrillo; bien que 
estos de la sal son de grandísimo espacio, y buque, porque puestas en la parte 
superior de cada uno, setenta, ó ochenta ollas, llenas de semejante agua sa- 
litrosa, se les da voracísimo fuego, por la parte inferior, á continuada y vio- 
lentísima llama de madera, y broza escojida, siendo este ejercicio en los fa- 
bricadores de excesivo, e incomparable trabajo, por haber de asistir al con- 
tinuado calor del sol, y el fuego, en tierra tan excesivamente caliente, desnu- 
dos siempre por todo el tiempo intermiso de lo que dura el agua, que está 
destilada en cocerse, por toda aquella junta, y porción que ha destilado se 
cuece de una vez, porque se va sucediendo de las coladeras, de unas en otras 
ollas, á el fuego de los hornos; por toda la extensión del Verano, cuando 
aquella tierra de la playa del Sur, por ser de temperamento con tanto exceso 
caliente, fomentada del mayor vigor y fuerza del sol, es de tal cualidad ardien- 
te, que abrasada y encendida en sí misma, de las diez del día en adelante, no 
pueden pisarla, sin quemarse, y ampollarse los pies; aún las personas ase- 
guradas con el calzado, y en donde los bastimentos son excasos, falto el país 
de toda suerte de pan, y legumbres, y sola ocasionadora de los males, con la 
nociva provisión abundante de pescado, y frutas. 

De donde proviene, que siendo los fabricadores de la sal, en este desa- 
pasible y enfermo país, indios serranos, de los pueblos de tierra fría de este 
Valle de Goathemala, que son los de Comalapa, Patcizia, Ytzapa, Chimaltenan- 
go, Patzún, y otros pueblos no acostumbrados á tamaña calamidad, y propor- 
cionados á las conveniencias de tierra fría, de dulce temperamento, delgadas 
aguas, abundante mantenimiento, y sobra comunísima de pan de trigo, y de 
maíz, pasando del extremo de un temperamento á otro, tan desapasible, y 
para ellos tan extraño, incitados con el calor, y ardiente caterva de mosquitos, 
y garrapatas, á los baños continuos en aguas de aquel'os ríos, que bajan de 
la sierra delgada, y subtiles, con mala provisión de alimentos, enfermando los 
más, fuera de la comodidad de sus casas mueren muchos de ellos, ó allá en 

103 



la costa, ó llegando incurables á sus pueblos; y es verdad que este ejercicio 
es una lamentable asolación de estos miserables, que oprimidos de las muchas, 
insoportables cargas que llevan, sobre la debilidad de sus fuerzas, cargados de 
un intolerable tropel de obligaciones, que así las llaman aun las propias justi- 
cias de su generación, gimen debajo del yugo de los trabajos personales, y las 
contribumas, indefensos y sin voces, no se ven sus miserias, por que no se oyen 
sus palabras. 



CAPITULO X 

Del sitio donde están situadas estas salinas, y lo que acerca de él se ofrece estimable, 
al aprovechamiento de los comercios. 



MARGINALES. — El sitio de las salinas es incómodo. — Apto a recibir navios con muy 
buen surgidero. — Pueden conducirse al puerto muchos bastimentos y frescos. — 
Para las fábricas de navios tienen montañas vírgenes, de excelentes maderas. — Fer- 
tilidad de la tierra. — Fabrica el Adelantado D. Pedro de Alvarado en este puerto cinco 
navios la primera vez. — Vuelve segunda vez a fabricar en él trece bajeles. — Carta 
notable de Alvarado escrita a la Ciudad de Goathemala. 



El país donde están situadas las salinas, que describimos, no es otro 
que las playas de la barra que llamamos de Iztapa; de cuyas calidades queda 
dicho algo en el Capítulo Cuarto, que aunque para el haber de hacer mansión, 
y morada algún tiempo, es muy desacomodado, y solo apropósito para los 
mulatos pescadores, naturales de el propio país, y como acostumbrados á 
aquella naturaleza, pueden habitar entre el propio veneno en que se 
criaron, y con que nacieron, más para tránsito y paso diario aún es acomo- 
dado, y mucho más para los navios que á ella llegaren, con muy buen surgi- 
miento, y entrada segura, y libre, sin barra ni arrecife que la hagan peligrosa, 
por ser la costa limpia toda ella de arena, y á donde llegando á este puerto 
los bastimentos buenos, y frescos, pudieran á mucha facilidad conducirle, y 
las naves estar aseguradas, y defendidas, con un reducto de 4 ó 6 piezas. 
Pero en medio de estas comodidades las ofrece mayores, para las fábricas que 
en ella quisieren hacerse, respecto de que en sus montañas vírgenes, y casi 
inagotables, está ofreciendo una optísima, y barata disposición, para seguros 
y interesados efectos ; porque en la muchedumbre de los crecidos y incorrup- 
tibles cedros, cuyo grueso solo podrán ceñir ocho hombres asidos de las 
manos. La copia de palo de maría para arbolarlos, es tan crecido y abundan- 
te, que á mucha, y continuada fábrica, no se darán los montes por entendi- 
dos, brotando del corte de un árbol cinco ó seis pimpollos, que á los 4 ó 5 años, 
son árboles robustos y muy elevados ; la provisión de cabuya es sobrada ; 
porque en todo el territorio de la costa se produce y beneficia la pita que es 
más acomodada, y mejor que el esparto para los cables, y demás jarcia de 
los navios, y que allí en la misma costa se cosecha mejor y á más comodidad, 
abundando juntamente para la lona del velamen, el algodón de que se teje, 

104 



y fabrica, de muy escogida calidad, y de larga y recia duración; y aunque 
en el mismo país de Yzquintepeque, ni sus comarcanos, lo recojen, ni bene- 
fician la brea de Mataquesquinta, y valle de Jumay, que se puede conducir 
á corta distancia, ó por navegación á más brevedad de camino, y ésta muy 
pura y esmerada, y á muy barato precio, y de donde para mucha cantidad de 
bajeles pueden sus montes suministrarla, y cargar estos barcos puestos á la 
vela fuera de muchos frutos, y géneros preciosos del propio astillero, mucha ta- 
blazón de cedro, y caobana para Panamá, á donde se vende como tela pre- 
ciosa á varas; y para comprobación de la aptitud y grande disposición que con 
fácil comodidad de los maestros carpinteros de ribera, ofrece este sitio y el 
grande implemento de todas las cosas á la oportunidad de estas fábricas, es 
muy de el caso el reparo y consideración, de que el Adelantado Don Pedro 
de Alvarado, que fabricó dos veces, no como particular sino como gobernador, 
para exploración que cedía en servicio de la corona, en la primera vez, que 
fué por el Año 1534, de los siete navios con que salió de el Puerto de la Po- 
sesión, en que el Reyno del Perú fué interesado en ella, para perfeccionar 
sus conquistas, y en que á la verdad se debió aquella reducción, y la funda- 
ción de las ciudades de Lima, Puerto Viejo, y Quito, á el prosperado arribo 
de esta armada, como no menos en la quietud de sus guerras civiles, la se- 
guridad de todo aquel gran Reyno, á el socorro que esta ciudad hizo al 
Licenciado Gazca, en virtud de Real mandato de su Majestad, dado en Be- 
nelo, á 16 de Febrero de 1546, que acompañó con carta suya el de la Gazca, 
escripta de Panamá á 15 de Diciembre del referido año de 1546. Pero vol- 
viendo á el discurso de las fábricas de los siete navios, pudiendo Don Pedro, 
asistido del poder, mandarlos fabricar todos en Nicaragua, solo quiso se 
atribuyese á el beneficio de aquellos montes, el de dos barcos, que en las ribe- 
ras del Puerto del Realejo, se fabricaron, y los cinco en el Puerto de Iztapa, ó 
porque fuesen más abundantes estos montes, que aquellos de Nicaragua, 
ó porque estando á su vista, esta obra corriese con más pronta celeridad, 
pero como quiera que sea ello, en este Puerto mismo volvió, por el año de 
1539, á fabricar los trece navios, con que salió en demanda de las Islas de 
la Especiería, por el Año de 1541. Por asiento hecho con su Magestad, á 22 
de Octubre de 1538, y en cuya busca se perdió la gran importancia de su 
persona, bien lamentada, y sentida, esta fatal desgracia, de toda la general 
estimación de estas Provincias, no solo por las más decoradas y principales 
personas de ellas, sino por la común infinidad de la plebe, y aún de los indios 
avasallados, y sujetos por él; pero si bien estas demostraciones debían ha- 
cerse públicas por su actual gobernador; mas bien debían ser esmeradas por 
el que se apreciaba, hijo de la República, hermano y compañero de sus co- 
militones ; cuya suavidad, y blandura de natural, acompañado de cristiandad 
resplandecía también, adornado de gran celo del servicio de la Magestad 
Real, compruébalo así la carta escripta desde el Puerto á esta Ciudad, y 
Cabildo de Goathemala, estando la primera vez de partida á el descubri- 
miento de la Especiería, cuando arribó con su armada á Puerto Viejo; que 
siendo digna de la noticia de el aprecio, me pareció segura comprobación de 
su talento y es la siguiente: 

105 



Muy Nobles Señores: 

Es tanto el amor y naturaleza, que con esa provincia he tomado, y 
especial con esa Cibdad cuyo hijo me estimo, que aunque he procurado simu- 
lar el dolor de su ausencia no he podido. Y puesto que tengo pena y cuidado; 
hallóme por dichoso en ello; porque he conocido, que en cuanto viviese terne 
respeto a el noblecimiento é utilidad desa governación; y así llevo esto tan 
a cargo, como lo principal de \esta armada, y conquista, que en servicio de Su 
Magestad prosigo. Porque á la verdad, general y particularmente, desde el 
mayor al menor, tengo por deudos y amigos, y los amo y deseo su bien como 
el propio. Así pueden ser ciertos, que para su bien público, mis naos tratarán 
en sus puertos, y que do yo me hallare y cualquier de vosotros, Señores, y 
de ello me requieran, conocerán de mis obras, que es no fingido este prefe- 
rimiento. Y pues yo forzoso y voluntario quedo obligado, una cosa sola os 
suplico: que en esa provincia aya toda concordia, y amor y buen celo á el 
Servicio de su Magestad, y bien público, como hasta aquí vuestras Mercedes 
lo han hecho; y que á Jorge de Alvarado, mi hermano, y lugar teniente se le 
tenga el respeto, y voluntad que es razón, y se conformen con él, por manera 
que la tierra se conserve, y la Justicia sea favorecida, y su Magestad servido, 
y todos honrados y aprovechados, que el terna cuidado de hacer lo mismo con 
todos. Y yo así se lo encomiendo y escribo, y confío de él, y de vosotros, 
Señores; y que asi mismo si algún enojo, ó agravio general, ó especialmente 
de mí se ha recibido, me perdonen Vuestras Mercedes. Certificándoos siempre 
mi deseo de serviros. Yo me hago á la vela Mañana, placiendo á Nuestro 
Señor, con él Señores quedéis, y su Divina Magestad me guíe, para que 
acierte en ensalzamiento de su fé cristiana, y servicio Real de Castilla, y bien 
de sus naturales. Muy grand merced me harán las vuestras, Señores, se lo 
supliquéis por vuestra parte, que mi buen suceso será para vuestro servicio. 
De la tierra do Dios me encaminare escribiré á Vuestras Mercedes larga re- 
lación de todo, con muestras y fructo della; la misma quiero me deis de el 
estado en que siempre os hallar edes, y de la salud de vuestras muy nobles 
personas; las cuales con mayor estado acresiente Nuestro Señor, como Vues- 
tras Mercedes desean. De este puerto de la Posesión 20 de Enero de 1534. 

A lo que Vuestras Mercedes mandaren, 

EL ADELANTADO 

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Mucha luz es la que participan las cláusulas de esta carta. Para pene- 
trar y conocer por ella las grandes prendas de Don Pedro de Alvarado ; pues 
en ellas descubre y muestra no solo una más que común capacidad, pero 
un superior celo del ensalsamiento y propagación de la fé cathólica, un fervor 
insaciable de el servicio del Rey, una cristiandad maravillosa, digna de la 
imitación cathólica. Pues adivinando lo superior de su espíritu que había de 
terminar sus felices y bien logrados días en semejante expedición, bien que 
no en esta, pide se le perdonen los agravios que hubiese hecho, acción que 
vemos en estos lamentables tiempos ejercitada de pocos y porque lo demás que 
se pudiera decir de el Partido de Yzquintepeque, es común á todos los de- 
más de la Costa del Sur, se entenderá de la propiedad de este, lo que dire- 
mos de los otros partidos. 



CAPITULO XI 

De los Caracteres y modo de escritura de que usaban estos indios en su gentilidad, 
en especial el modo de figuras de que se valieron los Pipiles. 



MARGINALES. — Prueban las escrituras y caracteres antiguos de los indios que no eran 
bárbaros. — Manta de escritura antigua por caracteres, acerca de un territorio, que 
vino a mano de el autor. — Tallaban estas historias y escrituras en mantas de algo- 
dón, pergamino, piedra y madera. — Modelo y figura de los caracteres y guarismos 
de los indios. — Figuras con que demostraban los pueblos que pagaban los tributos. 
— Modo con que representaban el oro, la plata, loza, maíz y esteras que tributaban. 



No bárbara, como piensan algunos, ni falta de observancia política, 
esta generación de los indios del occidente, dejaron persuadirse de la utilidad; 
para no adelantarse á todo género de arte, ó fuese acaso, que aquellos pri- 
meros que pasaron de la parte de Egipto, usasen de estas figuras para la 
memoria de sus particulares sucesos, ó que después los inventasen los que 
les sucedieron; en que los unos ó los otros mostraron gran parte de enten- 
dimiento, que los acreditan más racionales, y capaces, de lo que se juzga 
de ellos; porque continuamente ocupados, y entretenidos, en otros ejercicios 
de nueva industria de nuestro estilo español, olvidaron toda la üzanza de sus 
antiguos padres; cuya habilidad, y grande industria, se muestra hoy clara- 
mente en los muchos vestigios, y fragmentos, que encontramos á cada paso 
en ruinas maquinosas, de suntuosos edificios, en que con más sutileza se 
demostró, con tan extremada industria nación alguna, como la de la estirpe 
de estos occidentales, en labrar una espada, ó el yerro, ó punta de una lanza 
de pedernal, esto es de piedra chay, tan delicada, y vidriosa, ó cuando no, con- 
témplese una lámina de pluma, de las de Mechoacán, que en tanto grado han 
admirado al mundo, más es esto, que inventar caracteres, y figuras con que 
escribir sus historias, y sucesos memorables, á el modo que en estos tiempos, 
nuestros poetas castellanos, hallaron el arte de los romances mudos, que ha- 
blan sin letras, y solo por la demostración de figuras. Vino á mis manos una 

107 



manta, que era plana de sus figuras antiguas, que se trajo á esta Ciudad de 
Goathemala, con ocasión de un pleito de tierras de los indios del Quiche, 
y así su contenido demostraba una variedad de montes, y de valles, con ins- 
cripciones á su modo, que tres eran unas figuras de indios en trajes diversos, 
y con unas diferentes manos, esparcidos por la distancia de aquellos sit.os, 
como los Señores, y dueños de ellos, y las vestiduras, y divisas, de su adorno 
manifestaban sus generaciones. Pero en el centro ó medio de la manta, que 
sería como de vara y tercia en cuadro, una pinta en torno de todos aquellos 
personajes representados en los sitios, que quería decir concordia, y pacto, 
que se hizo entre todos; para el repartimiento de aquella tierra. Pero á una 
parte, que así en la demostración de su estilo, como muy conforme al nuestro, 
denotaba ser su situación al rumbo de Medio día, se contenía como en un 
valle redondo, sentada en una silla una figura al parecer de real personaje, 
por tener ceñida la cabeza con una á manera de guirnalda, de color de oro, 
con algunas puntas pequeñas sobre la parte superior del cintillo, y era así 
por ser el territorio perteneciente á gran Cacique, y es de notar, que después 
que vinieron nuestros españoles, añadieron, y acrecentaron á este mapa, 
algunas cosas en los que primero supieron entender, y firmar nuestras letras; 
y en especial en aquel que allí se demuestra, este valle que señaló Don Pedro 
de Alvarado, para apastar los caballos del ejército, tiene un caballo pintado 
(esto es de lo añadido), con una birutita de papel sobre puesto, y en ella 
escrito así: Alvarado; y en el mismo paraje, más á lo inferior de aquel valle, 
como dando á entender que fué después, pintada una vaca, y otro papelito 
de inscripción que dice así : Argueta. Porque después pasó á ser posesión de 
fulano de Argueta. A este modo, pues, con más ó menos curiosidad, en per- 
gaminos de venado, en mantas, piedras, y maderos, pintaban, esculpían, y 
tallaban los sucesos, y cosas memorables de su tiempo, y la cuenta de tributos 
de los reyes, y los señores de su estirpe; y era sobre manera curiosa, y para 
nosotros, por la novedad que tienen, unas planas vistosas, y agradables, no 
dificultosas de entender, continuándolas, si bien en partes muy ocultas, y de 
difícil inteligencia; y así se muestran estas sumas, ó cuentas, con suma ga- 
llardía, ordenadas en partes por renglones seguidos, y en otras por casillas, 
y separaciones. Y para decir, y denotar cuenta, y memoria de tributos era 
con estas figuras : 

y esta significa cuenta, y numerosidad de tributos, mas 
no como quiera cualquier tributo de Ahau, ó Cabeza de 
Calpul, ó de Señor particular, sino aquel de reconoci- 
miento, que se pagaba al príncipe, siendo este un carácter 
como inscripción, ó rótulo, que denotaba cosa del haber 
real, y corría debajo de él por orden seguido los números 
en este modo I — II— III — IIII — I . . . .=1. . . .=, y así de 

esta manera hasta el número que lo explicaba así: Mm 
multiplicándose hasta el número ciento, en esta figu- 

f"l 1P1 "n r-irrn Y ^ e a ^* con * a P ro P* a demostra- 
ra: l~Mi¡lll ción, hasta cuatrocientos, que es 

según su cuenta de ellos un sontle, 

108 




que señalaban con una señal larga el ajuste del sontle, que caiga perpen- 
dicularmente á este modo V algo dividida del sontle, que terminaba, y 
el que empezaba de nuevo, y de este modo hasta un jiquipil, que se com- 
pone de veinte sontles, y es número de ocho mil, y se demostraba así, 
como punto final: /\ con que habiendo muchos contadores o tesoreros, 
el que tenía el cuidado de la recaudación del tributo de plumas, ponía al 
principio de su cuenta la divisa grande, que está antes, á manera de jarra. 
Luego el Partido que la pagaba, como si dijéramos Jilotepeque, á este 
modo: ¿¿^^^ Y proseguía su numeración como hemos apuntado. El 
del maíz con esta figura: ^^V >*$§/ °i ue es es pig a » d e mazorca de 
maíz, el tesorero de plumas, con esta: J%0&^>^ M Mas los de oro y 
plata, unas veces lo denotaban de este modo: 4^ y otras así 

AS porque, ó se pagaba fundido en hachuelas, ó en pepitas, en cañones 
de pato. La loza así ¿¡} y á este modo lo demás, de cacao, esteras, y 
otras cosas, con que tres sontles, eran ^fYj asl: ^osxiquipilesá este modo 
¿j± ¿\ con °l ue multiplicaban hasta muchos millares. Pero aunque este per- 
gamino, que contenía esta cuenta, y me manifestó la amistad del Licenciado 
Juan de Los Ríos, clérigo vecino de la Villa de Sonsonate, contenía su plana 
otros caracteres; en ellos había partes que denotaban, con claridad, el conte- 
nido de su escritura, y en otras confusión, por no penetrarse su inteligencia. 
Pero en otros más peqneño pergamino, que me comunicó la curiosidad del 
Venerable Sacerdote Juan de Los Ríos, corría de la propia forma su escritura, 
con más ó menos inteligencia en ella, y sin duda era numeración, y cuenta. 
Porque en ella, como en la antecedente, se daba principio con esta fiigura, que 
proponemos, para su más clara explicación: 

Esta divisa, según declaró Alonso Martín, español muy 
anciano, vecino de la misma Villa de Sonsonate, por la 
explicación que de ello le había dado el Licenciado Cañas, 
ministro antiguo de los indios, significaba Señor particular, 

con este jeroglífico, ó figura, luego inmediata j£Í|^ querían 

decir = Jotecusochil, nombre del Señor flor. Pero había 
diferencia en este escripto, en la formación de los números, 
y calculación de ellos. Pero no pudo el Licenciado Alonso 
109 




Martín, á muchos caracteres darles alcance, por no conocidos de su compren- 
sión, y los otros por la confusión, y multiplicidad de los números, Porque 
unas veces se mostraban así ® // por si solos sin proseguirse el ren- 
glón, y otras veces mayor renglón, y es más repetido en mayor renglón, de 

este modo © W0OG©G>° 0?J^ Á A 7 referimos con al £ una «ten- 
sión este género de escriptura, para que se conozca, y entienda, que no 
carecían de historia y buena cuenta; en lo que vamos refiriendo se hallaban 
otros caracteres distintos, á los ya demostrados, en la figura, y en la planta 

de esta manera ""W O^fi § ^^&0¿S y esta parece cuenta de tribu- 
tos de plata, ó de oro, porque aquella primera figura á modo hachuela, y ter- 
minaba en unas casillas, ó tandas, como si fueran sumas, y remate de cuentas 

con separaciones á este modo: 
Y de este mismo orden, ó cosas 
semejantes á él, se podra ver 
algo en lo que con suma curio- 
sidad, y atención, escribe y 
Cruz, en su 
pcion ae iai indias Occi- 
dentales. (61) 




/ T*^\> (f>/\(Í) | refiere Juan de la C 
ir descripción de lai In 



CAPITULO XII 

Que contiene la materia del precedente, sobre el propio estilo de cuentas, y escri- 
turas de los Indios, el modo con que describían las vidas de sus Reyes. 



MARGINALES. — Otro pergamino para cuya demostración propone de cuenta de tributos 
pertenecientes a Jotecusochil. — Suma de toda la cuenta como la proponían. — Cuen- 
ta del siglo como la demostraban los pipiles propónese e estampa. — Demostración 
que halló el autor entre papeles de los cachiqueles la historia y vida de el rey Sinacán. 



Dijimos al principio del antecedente discurso, que los indios de este 
Reyno, fuera de escribir con figuras y caracteres las cuentas de tributos, y 
historias de sus Señores, y en pergaminos y mantas, también las tallaban, y 
esculpían en piedras, y maderos, con gran curiosidad y primor, y semejante 
á estos maderos historiales era el que me refirió el Presentado Fray Luis 



(61) Laet. Descripción — Libro 59— Capítulo 10.— Folios 241 y 242. 

110 



i 



Xirón, Religioso Mercedario, y antiguo, y gran ministro de ios indios, en la 
parte de Nicaragua, haber tenido en su poder, y según su inteligencia, y modo 
de inscripciones, era terminación de siglo, en principio de otro, en el tiempo 
del Gobierno de algún Señor de los Pipiles, de aquella parte de Nicaragua; 
los cuales tiempos demostraban en ruedas planas de piedra, como se ven 
algunas en las Chiapas ; á donde describiremos de esto, y otras antigüedades 
muy curiosas, y el siglo que ellos numeraban, por cincuenta y dos años, con- 
tando y dividiendo cada año en diez y ocho meses, de veinte días, con cinco 
más en el último mes del año, que llamaban de descanso, en que nin- 
guno trabajaba, y la demostración de un siglo era en esta forma: 
que es una gabilla de varas atadas por el pie, como dando á entender 
ser junta de años, que hacían aquella composición. Mas el madero que me 
refería el Presentado Fray Luis Xirón, según la demostración que hixo de su 
propia mano, era en el modo que proponemos al margen. 

Y en esta demostración parece, que en la cuarta 
casilla, cerrar el cómputo de un siglo, por la gabilla, ó 
junta de varas, que allí se estampa, y empezar á correr 
otro, por señalarse en la quinta tanda una flor, y una co- 
rona; más parece haber sido el nombre del Señor, en cuyo 
tiempo se cerró el siglo, el de Jutecucali, el Señor de la 
A/i *y casa, ó más propiamente, el Señor casa; porque parece 

^ lo da á entender así aquella casa, que se ve pintada en 
la primera orden superior de esta planta; y el segundo 
cacique, demuestra haber sido el Señor Sochi!, de espíri- 
tu belicoso, y dado al ejercicio militar, porque los carac- 
teres de la penúltima casilla representan haber vencido 
tres batallas, y esto se explicará más adelante. Porque 
ofrece materia suficiente en lo que escribían de la vida 
de sus Reyes, en que con admirable modo las narraban, 
y se explicaba en suficientísimo grado, y siempre en lo 
estendido, y capaz de los pergaminos ó mantas, con tintas 
muy finas, y permanentes, sin que en sus escritos pudiera 
hecharse menos, circunstancia ninguna, puesto que de- 
clarando el nombre de la persona, también asentaban los 
años de la duración de su reinado, sus batallas y sus 
triunfos, y su gobierno, y disposición polít'ca, siendo cien- 
tíficos y diestros en semejante orden de escritura, en que 
criaban otros escojidos dentre la juventud de los nobles, 
para que entrasen á semejante oficio, en que tenían esti- 
mación, y no siendo alguno de esos suficiente á este em- 
pleo, nombraban para él á uno ,de los sacerdotes de sus 
adoratorios; cuya grande autoridad, y crédito, era en su 
gentilismo muy venerada, y ellos no menos se esmeraban 
en asentar la verdad, sin adulteración, porque á cada 
término de siglo, se hacía público lo escrito, y no con- 
viniendo con la certeza de las cosas, quedaba toda su gene- 




/ 



M 






111 



ración infamada, y privada de los honores públicos, mas como Íbamos refi- 
riendo, el jeroglífico de la vida de sus Reyes, era magnífico, y vistoso, como 
se demuestra, porque para describir la vida del Rey, Sinacam, que era el que 
dominaba á Cacchique, á el tiempo de la conquista, usaron de la figura ó 
empresa, que se propone : 




[(o) f>j£P 9t ^#r7 




Con que para representar á Sinacam, pintaban un murciélago, que era el 
nombre ó la divisa, y armas, de semejante personaje, y para decir que era el 
Rey, pintaban una corona sobre la figura del murciélago, y los años de su 
reynado los representaban con aquellos guarismos, ó caracteres, que parecen 
ceros en esta forma o ; y los que imperó aquel gran Cacique parece que fue- 
ron nueve, las batallas en que venció, demuestran haber sido cinco, con este 
género de demostración / , y parece que estas fueron cinco; luego en otra 
grada de aquella empresa, que es la segunda en orden, miradas del pavimento 
arriba, los partidos que sujetó y agregó á su dominio. Pero en la primera 
grada pintando un sombrero de que ellos no usaban en el tiempo de la genti- 
lidad, dieron á conocer que fué dominado de la española bizarría; por donde 
podrá verse, y conocerse, si carecían de entendimiento, y si con él se apli- 
caron á toda economía, arte y buena policía, y en fin, más difícil, y casi más 
increíble es el entender en historias y cuentas, los indios del Pirú, con un 
mazo de hilos de colores, y nudos diversos que en ellos daban, y porque 
sin disputa la necesidad es madre de la humana industria. 

112 



¡ 



LIBRO TERCERO 



CAPITULO I 

De la Conquista, y sujección del Partido o Señorío de Guazacapán, y las circuns- 
tancias más notables de esta expedición. 



MARGINALES, — Número que componía el ejército español. — Disposición del ejército. — 
Acompaña en esta expedición a D. Pedro, Jorge de Alvarado su hermano. — Eran los 
Capitanes de los infantes españoles Héctor de Barreaba, Bartolomé Becerra, Sancho 
de Barona, Hernando Pizarro y Gaspar de Polanco. — Capitanes de la Caballería. — 
Salida de el ejército español de Yzquintepeque para Guazacapán. — A dos millas de 
marcha encuentra el ejército dificultades en la senda sienaga y pantanos. — Muda 
la forma de la marcha por los impedimentos de la senda. — Forman un puente para 
pasar el río de Michatoya. — Aparecen unos indios pescadores a la ribera contraria, 
y retirándose, ponen en cuidado a nuestros españoles. — Pasan algunos indios nues- 
tros a la otra parte, para defender el sitio y ayudar a la fábirca del puente. — Cons- 
truyen el puente y pasa el ejército a la ribera contraria. — Da vista el ejército a el 
pueblo de Atiquipaque. — Sale de el pueblo gran multitud de indios. — Oponente 
los Capitanes Sancho de Barona y Bartolomé Becerra. — Da principio a la batalla. — 
Queda cortado el ejército español de una numerosa tropa de indios. — Y le socorre 
el Capitán Hernando Pizarro. — Muévese el resto del ejército contra los indios. — 
Mata D. Pedro de Alvarado a un Capitán de Atiquipaque, de persona a persona, y 
los indios toman la retirada. — Aloja nuestro ejército en la Campaña con incomodi- 
dad de grandes lluvias. — Muévese el ejército y acércase al pueblo de Atiquipaque. 
— Hallan el pueblo sin gente. — Acometen los indios dentro de el pueblo nuestros 
Cuarteles. — Salen a lo libre de la Campaña. — Vuelven los indios las espaldas. — 
Vizarría de los cuatro Capitanes de corazas, que desmontados perseveran al lado de 
D. Pedro de Alvarado en hacer prisioneros tres principales de Atiquipaque. 



En la jornada seguida de cuatrocientas leguas, que llevó Don Pedro de 
Alvarado, desde que emprendió la conquista de Yzquintepeque, y yo de intento 
he dividido en partes, por decir en la que le toca, la reducción de cada país, 
se incluye la guerra y prodigiosa diversión de este Partido de Guazacapam, 
que se perfeccionó inmediatamente á la sujeción de Yzquintepeque, no con 
pequeña dificultad conseguida, como veremos, en país numerosísimo enton- 
ces de pueblo, y contra gentes ya prevenidas, con el ejemplo de sus más con- 



113 



vecinos Yzquintecos, funestamente reducidos á la sujección, y dominio, que 
nunca imaginaron; mas no por inexpugnables los paises hicieron ceder en 
el intento, á nuestros veteranos españoles, que celosos y empeñados en el 
acrecentamiento, y medras de la Corona de Castilla, acometían á más graves, 
y invencibles dificultades. Porque no pensaron, jamás vanamente, que es el 
número de los hombres el que pelea, sino el esfuerzo disciplinado en los com- 
bates. < 62) 

Componía el número de su ejército el Adelantado Don Pedro, de dos- 
cientos y cincuenta infantes españoles, de cien caballos, y de seis mil indios 
amigos, cuyo número formaban las cuatro naciones, Goathimalteca, Tlascal- 
teca, Mejicana y Choluleca, dividida esta gente indiana en doce batallones, 
de á quinientos hombres á su usanza, más no sin gran temperamento de sin- 
gular prudencia militar, gobernado cada batallón de dos españoles, como 
principal cabo el uno, y el otro, como teniente suyo, que los llevaban á su 
subordinación, con intérpretes indios, inteligentes de nuestra castellana, traí- 
dos de Méjico, para tratar en estos pipiles del Sur. Para el más fácil manejo 
de aquellas gentes, acompañaba á Don Pedro de Alvarado en esta grande y 
singular exploración Jorge de Alvarado, su hermano como lugar teniente 
suyo, y no menos bien ordenado en el resto más importante de el ejército, 
llevaba divididos los doscientos y cincuenta infantes castellanos, en cinco 
compañías de cincuenta hombres, escopeteros y ballesteros, cuyos capitanes 
habían nombrado á Héctor de la Barreda. Bartolomé Bezera, Sancho de Baro- 
na, Hernando Pizarro, y Gazpar de Polanco, y la caballería distribuida en 
cuatro regimientos, de á veinticinco corazas, á quienes regían sus cuatro 
capitanes: Antonio de Salazar, Luis de Vivar, Eugenio de Moscoso, y Her- 
nando de Chavez, con sus tenientes, Hernando de Espinosa, Alonso Veinte- 
milla, Cristóbal Marín y Juan del Espinal, militando éstos, sin otro Cabo 
superior, ni Comisario general que el propio Don Pedro, ó su lugar teniente, 
de quien recibían las órdenes. Era este el aparato del ejército, sin grande 
número de indios gastadores tamemes, que como inescusables le seguían, di- 
vididos en tropas iguales al número, y distribución de la infantería, y caba- 
llería apuntada. 

A los ocho días de 'reducido el país de Yzquintepéque, en la forma que 
queda referido, salió don Pedro de Alvarado, marchando en forma, recelando 
de los indios de aquellas numerosas poblazones, y en países no conocidos, 
algunas emboscadas ; pero habiéndose adelantado la marcha poco más de 
dos millas, la estrechura de los caminos, y otros no menos graves impedimen- 
tos, de ciénagas, y pantanos, con derrumbos muy peligrosos en las sendas, 
le hizo mudar la forma de su marcha, dividiendo en tropas, todo el cuerpo 
de su escuadrón; para poder en lo más intrincado de las selvas, ó en las es- 
trechas sendas, pasarlas en fila deshilada, para volverse á unir en tropa, 
propasados estos peligros, no adelantando mucho en la jornada, porque no 
menos recelando ser necesaria la retirada, iban haciendo aliñar y componer 
los derrumbos y precipicios, que hallaban en muchas partes. Pero llegando 
con todas estas detenciones, y impedimentos, á las riberas del Río Micha- 
toya, lleno y abundado de gran torrente de aguas, por lo que las invernizas, 



(62) Herrera, Década 3.— Libro 5<?— Folio 212. 

114 



en tiempo muy proceloso le habían prestado, considerada la imposibilidad 
de su esguaso, la gran hondura, y rápido caudal de su curso, en que si no era 
á nado, con que le propasaron algunos indios, se hacía imposible el tránsito 
de su madre, no sin largo y considerado consejo, se resolvió la fábrica de 
un puente, para facilitar el paso con seguridad de la gente. Mas á este tiem- 
po puso en cuidado á los nuestros, la asomada por la contrapuesta ribera, 
de unos indios pescadores de aquellas vecinas poblazones, que hallando ocu- 
padas aquellas márgenes de tanta gente de guerra, y entre ellos los españoles, 
tan temidos de los países, por solo el eco de las noticias, volvieron las espal- 
das á la seguridad de sus pueblos, y fué necesario en nuestro ejército, tomar 
nueva forma que esta fábrica, y fué el que á nado pasasen algunas tropas de 
aquellos indios para que unos ayudasen á fabricar el puente acomodando los 
maderos, y otros fuesen destinados á la defensa de los fabricadores, recelando 
con previo discurso fuesen impedidos de los indios de el contorno, se deter- 
minaron propasar su corriente, diez arcabuceros, para escoltar á los fabri- 
cadores del puente, y alentar á los indios defensores, á que los había alentado 
Alonso de Velazco, que fué de un corazón ambicioso de fama, y para ello 
Don Pedro de Alvarado tenía necesidad de piraguas, por lo que hizo fabricar 
unas balsas de carrizos gruesos y fuertes, siendo bastantes á conducirlos á la 
contrapuesta ribera, conducidas de dos indios nadadores, que tiraban cada 
balsa de dos bejucos, y de los compañeros del Velazco, solo mantiene la no- 
ticia á Héctor de Alvarado y á Francisco de Porres ; mas no apareciendo en 
todo aquel discurso de tiempo, en el distrito, ninguna reseña militar. En día 
y medio quedó erigido un puente de maderos fuertes, que dio seguro paso á 
nuestros españoles. Mas como en las cosas de la guerra los accidentes con 
variedad se alternan, mudándose el semblante de las cosas, tras este tezón 
de trebajosas marchas, se avistaron á una gran poblazón, que al parecer tran- 
quila y descuidada, ofrecía á nuestras fortunas no pocas medras. Pero no sin 
asombro, en un instante, por varias partes de aquel por entonces gran pueblo, 
que es el de Atiquipaque, vieron salir de la parte de la campaña, grande mul- 
titud de indios, armados de hondas, vara, y flecha, que acercándose á nuestras 
escuadras, hicieron reducirse el ejército á forma de escuadrones, guarnecidos 
por sus costados de la caballería, pero como los indios defensores de Atiqui- 
paque, no empezasen su acometida, Don Pedro de Alvarado dio orden á los 
Capitanes Sancho de Barona, y Bartolomé" Bezerra, para salírles á el paso, 
á tiempo que pareciéndoles á los indios poco triunfo el de tan pocos hombres, 
acometieron en tropa, resplandeciendo á un tiempo las espadas, y las zaetas, 
y empañando el humo la claridad de la tarde, de cuyo término ocupó largo 
espacio lo reñido, y sangriento de esta batalla, sin que la variedad de la for- 
tuna inclinase, lo severo ó lo favorable de su sentencia, á alguna de las partes; 
pero cuando ya empezaba á descaecer el furor de los indios, estando para 
ceder á nuestras armas, cortados con una numerosa tropa de flecheros, los 
nuestros, hacía más cierto su desastre, la dificultad de dividirse; mas adverti- 
do Don Pedro de Alvarado, hizo marchar en su socorro al Capitán Hernando 
Pizarro, conducido de su teniente general Jorge de Alvarado, que con su 
aliento hizo más esforzadas nuestras armas, mezclándose con la fiereza bár- 
bara de los indios, á tiempo que moviendo Don Pedro de Alvarado todo el 
resto de el ejército, contra más de nueve mil contrarios, que habían con- 

115 



currido á tan sangrienta palestra, se acercó á incorporarse á las primeras 
de nuestras compañías, cortando por la mitad de mucha multitud de los 
contrarios, de cuyas huestes un Capitán de Atiquipaque, hirió con su lanza 
el caballo de Don Pedro, y éste, habiéndose desmontado, peleó con él, y le 
mató, mientras que sus capitanes, sebados y tintos en sangre de los indios, 
les hicieron tomar la vuelta de su pueblo, con lamentable sentimiento, que 
igualando á el conocimiento de su pérdida, les hizo conocer la gran ventaja 
de nuestras armas, con el testimonio funesto de no pocos cadáveres, de su 
miserable nación. Tocó á recojer Don Pedro sus gentes esparcidas por la 
campaña, y apartándose bastante término de la cercanía de aquel numeroso 
pueblo, alojó aquella noche en la descubierta campaña, con buenas rondas, 
y centinelas, más no sin descomodidad de su gente, por la grande lluvia que 
sobrevino. 

Pero á el reír del alba de el siguiente día, reconocido de la caballería 
el ancho círculo de la campaña, y asegurado su grande territorio, dispuesto 
en orden el número de el ejército, mal refrescado por grande e intolerable 
falta de alimentos, se comenzó á mover la mitad de la caballería, seguida del 
número de los infantes, llevando por retaguardia los otros dos regimientos 
de las corazas, y á lento paso se acercó á las goteras de Atiquipaque ; de cuya 
numerosa casería, no parecía por entonces algún impedimento de defensores, 
que la hiciese respetada; y con este aliento, fué introduciéndose por sus ca- 
lles la orden del español ejército, hasta dominarse de lo más interior de su 
plaza, sin contraste ni impedimento, por haber los indios desamparado sus 
habitaciones, trocando sus dulces comodidades por lo agrio de las selvas cir- 
cunvecinas. Pero á breve rato de introducidas nuestras tropas en esta pobla- 
zón, acometieron los indios, con bárbara osadía, á los cuarteles de nuestra 
gente, trabándose otra no menos sangrienta batalla, llena de atrocidades, 
y espanto, que durando largo término dentro del propio pueblo, con no menos 
confusiones, que horribles accidentes, salieron á la campaña algunas tropas 
de los indios, tan numerosas, como bárbaras ; mas como éstas no se afirma- 
ron en sitio dominante, revueltos entre sí mismos sus propios Capitanes, die- 
ron principio á la huida, arrastrando á su imitación, no menos á nobles, que 
á plebeyos. Porque es tan poderoso el ejemplo de los superiores que obran 
mal, que aún no deja á los subditos el camino dudoso, de obrar bien. Con- 
fundidos con sus temores, dieron lugar á la ocasión, de las heridas, y muertes, 
de innumerables hombres de su nación, no es fácil preponderar la turba- 
ción de las cosas, en ejecución tan espantable, y sangrienta, ni en los ejércitos 
y batallones mezclados, será posible señalar orden alguno, de concierto; mien- 
tras durando el destino de los que muriendo confundían la ejecución de los 
que mataban, que con lamentable, y espantosa brevedad, sembraron el campo 
de funestos escarmientos, de cadáveres destrozados ; más entre tanta asola- 
ción, fué digno de alabar el grande esfuerzo, con que los cuatro capitanes 
de corazas, y sus tenientes, perseveraron desmontados al lado de Don Pedro 
de Alvarado, hasta hacer prisioneros tres principales cabezas de aquel nume- 
roso pueblo de Atiquipaque, que fueron la fianza y seguridad de su rendi- 
miento, llevándolos prisioneros consigo el Adelantado, hasta la última reduc- 
ción de este Partido. 

116 



CAPITULO II 

De la continuación de esta guerra, pasando nuestro español ejército á la opugnación 
de el Pueblo de Tazisco de esta jurisdicción de Guazacapam. 



MARGINALES. — Marcha el ejército contra Tazisco, y encuentra nuevas dificultades. — 
Peligran nuestras tropas en fosos encubiertos. — Nueva ordenanza de nuestra mar- 
cha, haciendo el viaje por lo interior de la montaña. — Hay prevenidas a el paso 
muchas emboscadas de indios. — Perecen a sus manos muchos de los indios ami- 
gos. — Modo de resguardarlos. — Es acometida la caballería de una multitud de 
indios. — Forma la Infantería un escuadrón para resistir a otra gran tropa. — Reen- 
cuentros prodigiosos entre la caballería y los indios de la Sierra. — Queda cortado 
el tercio de el cargo de D. Pedro de Alvarado, y es socorrido de la Caballería. — 
Quedan rotos los indios de Guazacapán y desamparan el campo. — Socorre D. Pedro 
de Alvarado su hermano, que andaba desmontado en el furor de la pelea. — Desam- 
paran los de Tazisco la Campaña. — Los de Guazacapán se vuelven a unir y ma- 
tando algunos de los nuestros tamemes. — Roban los alpargates, hilo de ballestas y 
herrajes. — Dase orden a Jorge de Alvarado para que restablesca esta pérdida, y 
no lo consigue su diligencia. 



Asentadas las cosas de Atiquipaque, acometió Don Pedro de Alvara- 
do á la toma de Tazisco, lugar que media entre Atiquipaque y Guazacapam, 
no menos por si numeroso, pero asistido y aliado con otros circunvecinos de 
grande crédito en su primitiva muchedumbre, y en aquel tiempo prevenido 
de grande aparato militar, en que no menos esmerados estos indios; pero 
ardidosos, se adelantaban á diabólicas, y sutiles asechanzas, contra los nues- 
tros; porque tomada la marcha, no solo se toparon los estorbos e impedimen- 
tos, que de la agrura, y dificultad casi impertransible de los caminos dejamos 
referida, pero á mayor evidencia de el peligro, en aquellas angostas, y breño- 
zas sendas, tenían los indios dispuestos unos encubiertos fosos, en que ha- 
biendo peligrado algunos de nuestras tropas, en el primero, en especial Alon- 
so Larios, y fué necesario proceder con más tiento, considerando no solas estas 
trampas, sino otras muchas asechanzas, haciendo que precediesen á nuestra 
caballería algunos indios tlascaltecos, que con chuzos en las manos, los fue- 
sen, por las puntas, hincando por la tierra, con cuya diligencia se recono- 
cieron muchos de estos fosos, y se desecharon por los costados, entrándose 
por el monte, y por las breñas, abriendo senda con la machetería; pero no 
siendo solos los trabajos los referidos, se acrecentaba lo inminente de los 
peligros, en muchas embozcadas numerosas de flecheros de los indios, de 
Tepeaco y Tacuyula, interesados en las conveniencias de los de Tazisco, sus 
convecinos, y amigos auxiliares, (63) con cuyo cauteloso ardid, llegaron á dismi- 
nuirnos muchos indios amigos de la retaguardia, que perezosos, y confiados, 
se quedaban atrás, y perecían lamentablemente á manos de los enemigos; 
con que considerando Don Pedro de Alvarado, que sin poder apresurar sus 
jornadas, de la mañana á la noche, le era inexcusable mudar la forma de sus 
marchas, discurrió en la seguridad de un arbitrio, y forma de progreso, colo- 
cando la mitad de éstos, tomando en el centro del batallón, y la otra mitad 



(63) Herrera, Década 3.— Libro 59— folio 212. 

117 



después de la retaguardia española, y por último la mitad de la caballería, 
llevando en la manguardia otra mitad; para descubrir la campaña, y reprimir 
el orgullo de aquellos indios. Pero habiendo arribado nuestra caballería á 
una breve distancia del pueblo de Tazisco, hizo alto'á vista de sus goteras, y 
con este aviso Don Pedro de Alvarado, no menos prevenido, que alentado, 
haciendo también alto, redujo sus tropas á forma de escuadrón, á tiempo 
que de aquella gran sierra, que está á la tramontana de este pueblo de Taxisco, 
que llaman serranía de Nextíquipaque, impetuosamente, y con grande alga- 
zara, y ruido, descendió una gran muchedumbre de indios, disparando gran 
cantidad de vara, y flecha, y mucha piedra despedida de la violencia de las 
hondas, por el cuerno izquierdo de nuestro batallón; pero socorriendo á lo 
inopinado de este peligro, el teniente general Jorge de Alvarado, fué sacando 
algunas mangas contra estos guerreros de la sierra; mientras su hermano, 
Don Pedro, reformaba su escuadrón para resistir á otra gran multitud de 
indios de el pueblo de Tazisco, que ya marchaba por la campaña. Había á la 
primera asomada del escuadrón, de los de la sierra, acudido á socorrer, v 
embarazarlos, toda nuestra caballería, que á los primeros avances los rompió, 
y desbarató, por varias partes de su apiñada tropa, más volviéndose á unir 
aquellos indios tenaces, y resueltos, á vista de su más lamentable asolación, 
tomaron á recibir otros dos no menos importantes encuentros, de nuestra 
caballería. Pero sobreviniendo de nuevo las mangas de la infantería, con 
otras de los indios amigos, la caballería corrió á favorecer el tercio, de el 
cargo de Don Pedro de Alvarado, no solo embarazado, pero cortado por el 
costado derecho de su escuadrón, de los indios de Guazacapam, divididos en 
varias tropas. Mas encendida la guerra en ambos tercios, durando mucho 
tiempo el combate, y el romper muchas veces en una y otra parte á los indios, 
en una de estas rotas, que dio el tercio de Don Pedro á los de Guazacapam, 
cargándolos la caballería sin dejarlos unir, desampararon la campaña con 
grande, y admirable pérdida de sus gentes; con que libre de este cuidado, acu- 
dió Don Pedro de Alvarado, á el socorro de su hermano Jorge de Alvarado, 
que mezclado en lo más recio, y peligroso de la refriega, andaba desmontado, 
solicitando el valor de los suyos, con obras, y con palabras, y en tanto peligro 
de aquel tercio, fué la restauración, el unirse Don Pedro con su gente, á tiem- 
po que los de Jorge de Alvarado habían encimádose á un repecho, que hace á 
una parte de la campaña, como derrame, y falda, de aquella grande sierra de 
Nextíquipaque, y al repechar los indios de Tazisco aquella colinilla, les aco- 
metió Don Pedro por las espaldas, con que en breve término desampararon 
aquel distrito admirable, por la gran muchedumbre de cadáveres, que le 
llenaban. 

Mas, en tanto tiempo no ocioso, los indios de Guazacapam, no le con- 
taron perdido, aunque desbaratados, y perdidosos, con grande asolación de los 
suyos; porque, tomando la vuelta con grande, y admirable celeridad, con las 
reliquias de las tropas que le quedaban, dieron sobre los indios tamemes de 
nuestro ejército, que cargados, y perezosos, al avistarse el pueblo de Tazisco, 
casi de intento, por tomar algún refresco, y no tomar las armas, se quedaron 
muy apartados de nuestras tropas, y cojiéndolos descuidados, y exedidos en 
número, matando muchos de ellos, robaron lo más estimable y necesario á 

118 



I 



nuestro ejército, en todo el hilo de las ballestas, alpargatas y herrajes, que 
en la guerra, é introducidas nuestras gentes tan á lo interior de la tierra, fué 
pérdida más que considerable, y por eso Don Pedro de Alvarado, dio orden 
á su hermano Don Jorge, para que con cuarenta caballos saliese á restaurar 
la pérdida, mas aunque éste lo procuró solícito y alentado, no pudo conse- 
guir su desquite. Quedaron en esta ocasión sojuzgados estos paisanos de 
Tazísco, bien que con la víbora de la deslealtad dentro del pecho; para volver 
á sublevarse después, corriendo el tiempo, por el año de 1526, con otros mu- 
chos pueblos de la costa del Sur, como llevo referido en la Primera Parte. 



CAPITULO III 

De la Continuación de la conquista. Y la que se hizo de Guazacapán cabeza de este 
Partido. 



MARGINALES. — Parte D. Pedro de Alvarado con su ejército de Tazisco contra Guazaca- 
pán. — Grandes emboscadas de los indios por el camino, bien armados y defendidos 
de ropas fuertes de algodón. — Escaramuza la Caballería con mucho número de 
indios fuera de las emboscadas, y se traba la batalla con la Infantería. — Quedan 
desvaratados los indios, desamparando la campaña. — Traían los de Guazacapán en 
la pelea unas campanillas que les servían para juntarse. — Reside el ejército en Gua- 
zacapán ocho días, sin poder atraer ni reducir D. Pedro de Alvarado a los indios. — 
Redúcenlos después, por el año de 1526 los Alcaldes Ordinarios de Goathemala D. 
Pedro Portocarrero y Hernán Carrillo thenientes de D. Pedro de Alvarado. 



Pasó Don Pedro de Alvarado con gran celeridad de el pueblo de Tazisco, 
sin darles tiempo á los de el gran pueblo de Guazacapán, á nuevas preven- 
ciones. Pero estos de Guazacapán, y sus sujetos, y aliados, Nextiquipaque, y 
Chiquimulílla, los de Guaymango y Guanagazapa, bien que distantes, que 
habían ya mientras duró la guerra, propasado el río de Jaltiepac como ami- 
gos, y intersados en la ruina de nuestros españoles, concurrieron á la grande 
importancia de la conservación de aquella cabecera de Señorío, Guazacapán, 
con que aumentados éstos, con un más que grande número de defensores, 
se extendieron emboscados por un considerable término de aquel camino, 
saliendo á trechos armados de lanzas, arcos, y zaetas envenenadas, y no po- 
cos de vara tostada; (64) y defendidos de unas ropas fuertes de algodón torcido, 
y muy grueso, y de mucha, y grande resistencia á nuestras ballestas, y espa- 
das, mas como el grave peso de estas ropas los trajo impedidos, y brumados, 
á cualquier avance de los nuestros, eran muchos los que caían cediendo al 
peso, y al combate, sin poder levantarse (hallando en la seguridad el peligro), 
con que así en tierra fueron sin número los que murieron, á mano de nues- 
tros españoles. Mas como estas emboscadas se repetían de refresco, tenían 



(64) Herrera, Década 3. -Libro 5<?— folio 212. 

119 



ya casi desalentados á nuestros españoles, y en un grande recelo, sin poder vol- 
ver atrás, cortados, y impedidos, de aquellas mangas emboscadas de flecheros, 
y para llevar adelante el progreso de la jornada, también defendida la angosta 
senda, de los mismos impedimentos, más confiando de el valor, y despre- 
ciando los peligros, prosiguieron la marcha, venciendo con la ayuda del po- 
deroso brazo de Dios, no menos graves peligros, que á el principio, hasta que 
saliendo de aquellas sendas angostas, y asombradas con altas cordilleras, á 
más dilatado término, pudiendo campar nuestra caballería del cargo de Mos- 
coso y Chávez, encontrada con incomparable número de indios guerreros, los 
entretuvieron con larga escaramuza, matando é hiriendo algunos de los bata- 
llones contrarios, pero sobreviniendo el grueso nervio de la Infanteria, y 
introducida con nuevo empleo, de más vivo manejo de las armas, sacando 
mangas del escuadrón, hizo por una parte Don Pedro, y por otra Jorge de 
Alvarado, su hermano, que se mezclasen con los gruesos batallones de los 
indios, que encamisados, perseveraron por largo espacio en fiero, y admirable 
combate; en cuyo término sangriento, lleno de furor y atrocidades, cedieron 
muchos de los indios con pérdidas de las vidas, hiriendo muchos de los indios 
nuestros amigos, más como su propia tenacidad hacía más cierto su desastre, 
aconsejados del ejemplo, hicieron casi á un tiempo aquellos batallones una 
retirada, por distante espacio de la campaña; para volver obstinados á cara- 
colear sobre nuestras escuadras, pero acometiéndoles la caballería en forma 
de escaramuza, incorporadas las tropas de Salazar y Vivar, divirtió los in- 
tentos de el enemigo, de tal arte, que dejándose á las espaldas todo el cuerpo 
de el escuadrón, acometidos de gruesa cantidad de flecheros, y de la arca- 
bucería, quedaron del todo desbaratados, y rotos, sin poder ordenarse, me- 
tiéndose por las montañas vecinas. (65) Traían estos indios de Guazacapam, 
mientras peleaban, ciertas campanillas (*) en las manos ; mas nunca su inten- 
ción pudo entenderse, si bien puede congeturarse, que sin duda estos gue- 
rreros indios que habían de estar esparcidos, distribuyéndose unos á las em- 
boscadas, y otros en el grueso número de su ejército, por si fuesen desbara- 
tados, á el son y reclamo de aquellos instrumentos, pudiesen fácilmente jun- 
tarse y unirse contra el tezón admirable de nuestros españoles, más no dis- 
currían, que también era señuelo para seguirlos, esto solo puede presumirse 
de modo tan desusado, y en que no hay autor, ni tradición que diga más de 
que así combatían, pero no para que fin, y al menos yo no he podido penetrar 
el motivo, ni hay quien de los descendientes de estos guazacapanes diga más 
de lo que no lo saben. Desampararon el pueblo de Guazacapán estos paisanos 
en ocho días, que allí estuvo Don Pedro de Alvarado, con corto, y miserable 
despojo de vitualla, que en él halló. No pudo reducir á buena amistad á aque- 
llos indios, bien que incansable, y celoso, lo procuró por varios medios, con 
que todo el gran trabajo, y afán, de esta jornada quedó malogrado, debién- 
dose entender, que este principal pueblo quedó sobre sí, y sin sujetar cerviz 



(65) Herrera, Década 3. 

( * ) En este error han incurrido varios cronistas; pues no fueron campanillas, sino pampanillas, que son cosas 
distintas. (J. A. V. C.) 

120 






á la obediencia, que los demás, logrando los indios el fruto de esta empresa, 
y á más rendidos los indios á los sucesivos avances, y mayor desolación de 
sus gentes. Don Pedro Portocarerro, teniente general de Don Pedro de Al- 
varado, habiendo éste salido de esta ciudad de Goaihemala, á 22 de Agosto 
de 1526, (66) para la vuelta de España, dejando revuelta y levantada grande 
parte de estas Provincias, que sujetaron y redujeron á la obediencia Real, 
durante la ausencia de Don Pedro de Alvarado, entre Portocarrero y Hernán 
Carrillo, Alcaldes Ordinarios de esta Ciudad de Goathemala, que dejó nom- 
brados por sus tenientes. 

CAPITULO IV 

De la continuación de la guerra de este país de Guazacapam, sobre la que se hizo 
al Pueblo de Pazaco, y el efecto que tuvo. 



MARGINALES. — Estas empresas se cuentan por mayor, y muy defraudadas por los auto- 
res. — En medio de estas expediciones, anhelaba D. Pedro de Alvarado, a la me- 
jor y más breve fundación de Goath. — Muévese el ejército desde Goazacapán contra 
el Pueblo de Pazaco. — Acomete Alvarado esta empresa contra el sentir de sus Ca- 
pitanes. — Descripción de Pazaco. — Marcha el ejército español a Pazaco. — Abren 
los caminos impedidos con cenagales, uña de gato, y yzcanal. — La manguardia de 
la Caballería encuentra con una gran industria de los indios, en que peligra. — La 
Caballería peada por falta de herraje, y ahora estacada con la industria de los in- 
dios se imposibilita en mucho modo. — Esguaza el ejército el río de los Esclavos, 
por el territorio de Sinacatán y Nansinta. — Estraño modo de desafío entre los in- 
dios. — Gran batalla a las goteras de Pazaco. — Sale el ejército de los indios a la 
campaña llamado de el ardid de los nuestros. — Retíranse los indios a las montañas 
y la cordillera. — El pueblo de Pazaco no queda sujeto esta vez, y D. Pedro de Alva- 
rado levanta el campo de su país. — Gran Pueblo de Texutla destruido en nuestros 
tiempos. 



Estas conquistas escripias, por quienes carecieron de tradiciones y tu- 
vieron siempre distantes los paises ; donde con arduas fatigas se ejercitaron 
(bien que sus autores desearon su más seguro acierto, y hicieron de su parte 
lo más posible) salieron disminuidas de crédito, á la fama de su mayor, y 
más merecida estimación, en mucha parte de lo circunstancial, de estas admi- 
rables empresas; mas no por eso ahora quedaran tan negadas á lo menudo 
de sus más severos accidentes, que falte en el progreso de sus jornadas, la 
noticia más arcana de sus previas disposiciones, en que no sin particular 
atención procedían nuestros capitanes, aceleradores de los más íntimos deseos 
de su Capitán General, Don Pedro de Alvarado, que procurando por entonces 
allanar la dificultad, de reconocer por sí mismo estos países de el Sur, solo 
anhelaba lo noble de su espíritu á la más breve, y notable fundación de Goa- 
themala; mas como quiera que esta gran ciudad, no estuviera jamás sentada 
en las seguridades, sin avasallar este gran territorio, poseído de más que cre- 



(66) Libro 1<? de Cabildo.— folio 12. 

121 



cida muchedumbre de hombres bárbaros, y de pensamientos inquietos, mo- 
vió su ejército desde el gran pueblo de Guazacapán, contra la inmensa con- 
federación, y propiedad de el de Pazaco, y no menos contra el parecer de los 
más de sus capitanes: Pizarro, Barreda, Barona y Salazar. Que recelando, 
y no sin fundamento, el introducirse tan al centro de aquella tierra, alegaban 
la grande y superior falta de vituallas, y la que instaba por el despojo de al- 
pargatas, hilo de ballestas, y herraje, que hacia desproveido, y como imposi- 
bilitado el ejército, para tan larga exploración, quedando impedida la retira- 
da, sin el rendimiento de aquellos guazacapanes ; si bien, Moscozo, Polanco, 
Vivar y Chávez, fueron de contrario parecer, insistiendo en la prosecución 
de la empreza. Porque decía Hernando de Chávez : debe entenderse que no 
hay industria para detener el curso de las victorias, á quien sopla el viento 
de las felicidades, ni hay trabajo tan vanamente perdido, como el que se 
gasta en oponerse á los que favorece el cielo con prodigios. Pues si desde 
México acá, hemos allanado los Señoríos de tantos príncipes, y caciques idó- 
latras, peleando por la causa de Dios, por qué recelamos ahora el pasar ade- 
lante, sin esperanzas del triunfo; y cuando sucediese, como piensan estos 
caballeros, necesitar de la retirada, tan dificultoso ó tan fácil nos ha de ser 
el ir para adelante, como el retroceder, costando lo mismo con las incomodi- 
dades propuestas, marchar para un cabo, que para otro; y seguido su pare- 
cer de los más, se resolvió el acercarse á Pazaco. 

Yace Pazaco, apartado a gran distancia de el lugar numeroso de Gua- 
zacapán, á la parte de Levante, de la situación de esta cabecera, impedido su 
trabajoso tránsito, de áspera, y prolongada montaña, que por la parte baja 
de la llanura, se dilata por largo término y por la Septentrional, se hace 
desapacible y agria, con larga cordillera, que naciendo á la de el Occidente, 
termina en unos montes orientales de mayor elevación, bien que libres de 
unión, con esta, ni otra sierra; á cuyas faldas, y en su cima se ven fundados, 
éste, y otros numerosos pueblos; mas no menos por este impedimento, que 
corre por la distancia de nueve leguas, este pueblo de Pazaco, se hacía inex- 
pugnable, y temido, sino también por el gran peligro del Río de los Esclavos, 
y otros de grande y noble madre, que se oponen formidables á su progreso, 
y la alianza de los circunvecinos, y parciales, Sinacantán, Nanzinta, y Tecuaco, 
en que no menos otros más distantes pueblos, y numerosos de vecindad, 
concurrieran á esta expedición, no solo llevados de intereses particulares, 
sino de la propia novedad, á que son tan propensos. Mas con todo eso el áni- 
mo del Adelantado Don Pedro de Alvarado, y el grande espíritu de sus ca- 
pitanes, acometiendo á tan ardua y peligrosa facción, encaminaron sus tro- 
pas, por voraginoso, y intrincado rumbo, envuelto en cienos, y ásperos arca- 
bucos, y breñas impenetrables de espinosas matas de uña de gato, y izcanales, 
de cuya inmensa producción se ve nocivamente poblado este gran territorio, 
y aún perdido en partes de su ancho circuito, á que no menos impedidos de 
inmensa breña, en que era necesario el empleo de las hachas, y machetes, 
en que se trabajaba lo mismo con la pala, y azadones, en cerrar grandes ca- 
nales de robaderos, y sangrar ciénagas, que rebalsadas, cortaban por mucho 
trecho la derechura de aquel rumbo de Pazaco. Pero entre tanto cúmulo de 
estorbos, saliendo á más tratable, y ancha senda, peligró en grave ocasión 

122 



la vanguardia de nuestro ejército, y tropas de la caballería, en que marcha- 
ban, Chávez, Salazar, Polanco, Barona, y Bezerra, encontrada bien descui- 
dada con una sutilísima industria de aquellos indios, que probando á vencer 
la gran constancia de nuestros españoles, dejando libre el camino, en lo fácil 
de aquel barro humedecido de las lluvias, tenían incadas por dilatados espa- 
cios, y á algunos trechos, unas púas ó estaquillas, de agudísimos palillos, que 
puestos al soslayo sin descubrir más de dos dedos sobre el terreno, encon- 
trando el pie por la punta, quedaban muchos grave y peligrosamente heridos, 
porque en muchas de estas estacadas, adobadas las púas, con pestilentes 
yerbas, morían los tocados de su veneno con sed inapagable, en dos ó tres 
días; aunque la herida fuese tan ligera, y que de ella solo hubiere vertido 
una sola gota de sangre, y si bien se considera la calidad de algunas de las 
maderas, que se producen en estos países; cuando no envenenaran las púas, 
si las labraban de lo que llamamos taxicoguite, era suficiente por su veneno- 
sidad para que cuando no muriesen, que no fuera fácil, hiciese prolija y di- 
fícil su curación. La caballería molestada de largo, y continuado progreso, 
y ahora atacada por las ranillas, y callos, casi cedía al sentimiento, y mucha 
de la desherrada, fué la más infestada de aquellos palillos, enyerbados, desa- 
liento fuera de otra nación, ésto que á la nuestra era estímulo de mayor 
ardimiento, para que vencidos estos peligros, y otros, como era el mortal que 
padecían, del hambre, pues aún el poco maíz que no pasaba de un puño cada 
día le había de faltar al ejército, y habían arrostrado en una tropa de los co- 
rredores de campaña, á comer de las carnes corrompidas de un león que ha- 
llaron muerto de algunos días, sustentábanse entonces, todo el campo del 
vivac, de las raíces del vijao, abandonadas las de quequexque, les ampolla- 
ban el paladar, lengua, y encías, y no era pequeña dicha la del que encon- 
traba algún ratón para su sustento. Pero nada era bastante á que no aco- 
metiesen, á las industrias, y ardides, mas subtiles de los contrarios, extra- 
viando sus sendas, para librarse de las estacas, con que adelantando mucho 
la marcha, á el cuidado de vigilantes exploradores, que asegurando el camino 
de semejantes industrias, y otras acechanzas militares, fué con prosperidad 
conducido nuestro ejército, á las márgenes del poderoso Río de los Esclavos, 
no menos poderoso por su propio caudal, que cebado de abundantes y proce- 
losas avenidas de invernisas aguas, y del río de Teconala, no menos consi- 
derable, que le representaban en su curso más formidable, y mucho más 
peligroso. Ya introducida nuestra gente en los países de Sinacantán, y Nan- 
zinta, más antes que el ejército se acercase al río, se habían aventurado cinco 
infantes á pasar á la ribera contraria, echándose á nado por aquella trave- 
sía de la senda que llevaban, teniendo por menos peligroso el exponerse á la 
incertidumbre, en la fuña de aquellas aguas, que perecer á los rigores ciertos 
del hambre, saliendo muy abajo en diferentes partes, siendo ejemplo para 
que otros se arrojasen al peligro de la furia de las corrientes. Más no estando 
defendido su montuoso, é intrincado terreno, se hizo menos trabajoso su 
esguaso, que siendo á nado, ó con erección de algún puente (de que no hay 
tradición) aumentado el trabajo, ó el peligro, añade nuevo crédito á la es- 
pañola osadía, si bien me acomodaré á pensar que á el paso de tan abundan- 
te curso, daría seguridad algún puente, fabricado por la industria de nues- 

123 



tros españoles, para la conducción del bagaje; pero propasado este no des- 
preciable impedimento, y puesto el ejército á la contrapuesta ribera, en los 
egidos de las dos referidas poblazones, colocadas casi al costado de este gran 
río, no se encontró en todo el resto del camino, nuevo estorbo; hasta que 
acercándose á la poblazón de Pazaco; donde descubrieron unos indios des- 
cuartizando uno de los que otros autores llaman perros, (que no los tenían) 
y yo conozco por tepezcuintes; cuya reseña era de guerra, y de enemistad, 
entre estas gentes; y este tepesquinte sirvió de golosina á los primeros que 
esguazaron el río. 

Reconocido este ordinario modo de desafío, por Don Pedro de Alvarado 
dispuso su gente de tal arte, que á fácil diligencia se viese reducida á forma 
de escuadrón. Pero no tardando un punto sin mostrarse gran multitud de 
guerreros, en la seguridad de la misma poblazón de Pazaco, que defendiendo 
la entrada largo tiempo, con grande pluvia de zaetas, vara y piedra, peleando 
con igual fortuna, y con incertidumbre del suceso, que casi hacía desconfiar á 
los nuestros de la victoria, impaciente Don Pedro de Alvarado intentó muchas 
veces á romper aquella gran tropelía de defensores obstinados; mas como 
quiera que ellos, siempre por propia naturaleza de esta nación, hayan no solo 
despreciado, sino amado los peligros, no cediendo en tanta perseverancia de 
combate, hacían más cierta nuestra propia asolación, que su dudoso rendi- 
miento; con que tramándose de nuestra parte una retirada, para cebarlos, 
los hicieron avanzar á nuestras escuadras, tomando gran término de la cam- 
paña de aquel hondo valle, de la situación de este numeroso pueblo ; donde 
trabada otra vez una singular batalla, aumentada de nuevo considerable so- 
corro de los vecinos aliados, trabándose un escuadrón con otro, se vieron 
muchas veces ensangrentados, en las sombras pálidas de la muerte, los pro- 
pios pazaquistas, pero durando constantes, entre el horror de las atrocidades, 
por largo tiempo, hicieron desesperar del triunfo á nuestros españoles, que 
sin embargo de su admirable tezón, en que habían gastado gran precio de 
sus fuerzas, sacándolas de la propia flaqueza, no solo se manifestaron inven- 
cibles, pero inmortales, en el concepto de aquellos indios, que llenos de terror, 
y gran conflicto, volviendo las espaldas, se retiraron á la seguridad de los 
montes y de la cordillera, que les sirvió en esta ocasión, de valiente propug- 
náculo; mas no por eso, mientras se mantuvo en aquella tierra de llanura, 
tan perseverante combate, dejaron con admirable desastre de desampararla, 
á tiempo que quedó cubierta de la sangre de los cadáveres, pero con todo eso, 
enmedio de conocer los indios, por las obras, el invencible valor de nuestras 
gentes, ni se domesticaron, ni rindieron estos pazaquistas, quedando por en- 
tonces este Partido de Guazacapán, ni bien libre, ni bien sujeto. Porque unos 
pueblos quedaron á nuestra dominación, y otros en su propio dominio, y li- 
bertad, con que la guerra perteneciente á este partido de Guazacapán, solo 
fué allanar dificultades, que se ofrecían en país desacomodado, y lleno de 
impedimentos, para mejor oportunidad, pasando adelante Don Pedro de 
Alvarado con el ejército, á países de otra jurisdicción; donde con el favor Di- 
vino, proseguiremos las particulares facciones, de esta empresa hasta su 
fin, habiendo servido esta larga exploración, de tan intratables países, de 
asentar el dominio y jurisdicción Real, en algunos de sus pueblos, para que 

124 



después desde ellos, como desde seguras, y propias plazas de armas, pudiese 
allanarse lo demás del país, con más facilidad, y más con el seguro y fuerte 
asilo de la excelente poblazón de Tejutla, plaza de armas de nuestro ejército, 
que hacía á vista muy cercana de cuatro leguas de la de Guazacapán, objeto 
principal de nuestras repetidas expediciones. 

Es Tejutla, más que gran vestgio de numerosa y grande poblazón, y 
que en aquellos tiempos, de su floreciente opulencia, se regía por tres gober- 
nadores independientes, que habiendo subsistido largo tiempo, sin temporal 
contraste, en numeroso pueblo y grande comercio de sus más preciosos fru- 
tos, no sin humano asombro disminuyéndose lentamente, se vio acabado en 
breve tiempo ; aun no habiendo sesenta años que se vio ocupado de morado- 
res, ni aun doce que faltaron hombres que conocieron habitado aquel excelente 
sitio, testificando su numerosidad los auténticos antiguos padrones, y su 
extendida poblazón, no menos que numerosas ruinas de ostentativas fábricas, 
pero todo cede al tiempo, Ministro inexorable del Tribunal Divino, cuyos su- 
periores decretos, ocultos, y santísimos, se hacen venerar con rendimiento 
de los más supremos monarcas de la tierra 



CAPITULO V 

De lo mucho que honraban estos indios á los soldados de su nación, que en la guerra 
se mostraban valerosos, y de las leyes militares que observaban. 



MARGINALES. — Tuvieron los indios historiadores en su tiempo de su gentilidad. — Des- 
pués que supieron escribir nuestras letras trasladaron a ellas los sucesos de su tiem- 
po. — Causa de perderse mucho de sus historias. — Insignia que conferían a los Ca- 
pitanes señalados. — Permitíanles vestir atavíos de colores. — De que vestían los 
plebeyos, a diferencia de los nobles. — Los Capitanes traían arracadas o orejeras. 
— Otros adornos de sus personas. — Superior privilegio de las sobre vestas. — El 
plebeyo que se adelantaba en la guerra, cómo vestía. — Quedaba su posteridad en- 
noblecida. — Porque grados o carabanas se subía a estos privilegios. — Ordenanzas 
militares que observaban. — Ordenanza admirable de estos pipiles. — Lo que se 
debe discurrir que hacían los indios, por la defensa de su tierra y libertad. 






Son las leyes el muro más incorruptible de las Repúblicas, y las armas 
de las milicias; la vida, y aliento de las leyes; sin aquéllas no se perpetúan 
las Monarquías, y sin éstas no se establecen los derechos. Procedían estos 
indios occidentales, con racionales operaciones, que dirigidas á la conser- 
vación de los subditos, pasaban al mayor aumento de sus poblazones, pro- 
curando en ellas tener republicanos dignos de la memoria, y de la fama, y si 
bien no carecían de escritores que usando la inteligencia de figuras, reco- 
mendaban á la memoria como historiadores, los hechos más famosos de sus 
Señores, y Capitanes, ó bien esculpidos en piedras, y en maderos incorrup- 
tibles ó pieles adobadas de ciervos, y otros animales; de donde después trasla- 
daron á nuestras letras, con orden de los primeros ministros de el Evangelio ; 

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de que hoy gozamos algunas noticias, bien que escasas, ó por que sus manus- 
criptos, sean pocos, ó por que los recaten de nosotros, desconfiando perderlos 
á la memoria de sus subcesores; pero no sin grande fundamento, me acomo- 
daré á pensar, que éstos sean muy escasos en número, volviendo la memoria á 
los primeros pasos de los ministros eclesiásticos, que más que celosos imperti- 
nentes, quemaron, y demolieron muchos de estos maderos, pergaminos, y pie- 
dras historiales, pensando sin laguna inteligencia, de ellos, que fuesen adheren- 
tes superticiosos, y el recelo de perder estas noticias compelió á los indios á 
enterrarlas, pero reconociendo los ministros católicos, su engaño, y man- 
dándoles escribir á los primeros indios que usaron nuestras letras, se hallaron 
muchos destruidos, corrompidos, y contaminados de la humedad, hallándose 
muy pocos enteros de donde copiando tradujeron, y tenemos las noticias 
alambicadas, más juntas estas con otras de la memoria de simple tradición, 
nos dicen la grande estimación en que tenian á sus más volerosos soldados, 
y que aventajándose á todos, hacia más lugar á su fama con hazañas de más 
crecida estatura. Porque éstos, señalándose como valerosos, siendo de la 
estirpe de los nobles, y principales, no sin común aclamación, eran señalados 
con la insignia de los príncipes, y señores, que se reducía á traer trenzado 
el pelo, con una cinta de grana, más esta era sin pinsantes de oro, ni de 
plata en los extremos, que era reserva de príncipes, y de grandes ahauaces, 
siendo esta en los nobles insignia de grandes Capitanes y de consejeros in- 
mediatos del príncipe, ó Señor natural. Permitíasele desde entonces, vestir 
atavíos ricos de colores, sobre hilo muy fino de algodón, y no sólo de blanco, 
como solo nobles, sin otro privilegio, porque solo la estirpe de los principales 
podía tener el uso del algodón, y los plebeyos de enequén, que es pita gruesa, 
y muy basta, y de grandísima aspereza. Estos grandes capitanes, fuera de 
estos adornos militares, como atavío, y insignia real, traían arracadas en las 
orejas, de oro, y plata, y piedras muy preciosas, y ricas, permitiéndoles por 
excepción, y señal de grandes personas, usar de penachos levantados de plu- 
mas preciadas de quetzal, mas no menos estimablemente adornados de se- 
mejantes insignias militares, era de grande, y sobremanera superior privi- 
legio, el de las sobrevestas de pieles de tigres, y leones, adobadas y con pin- 
turas de singulares, y admirables hazañas, ejercitadas por el propio que la 
vestía, con tal orden de gobierno, que al que usaba de cualquiera de estos 
adornos militares, sin haber pasado por las gradaciones de la ordenanza, le 
condenaban á muerte. Pero por que todos procurasen por este medio, me- 
recerse la gracia de los Príncipes, si alguno de la infimidad de la plebe, 
sobresalía, y se adelantaba en el valor á los otros, éste vestía, desde luego, 
que era declarado por persona valerosa, ropas finas de algodón blanco, re- 
cibiéndole á el orden, y categoría, de los nobles ; quedando perpetuamente 
como tales sus descendientes, mas no sin gran consideración, establecidos 
estos órdenes de militares, se observaron indispensablemente, entre estas 
gentes, sus privilegios, creyendo con superior dictamen, de máxima política, 
que el premio, y los honores en los subditos, los adelanta en el esfuerzo, y en 
el amor del príncipe, y que el olvido de los servicios desmaya, sino arruina 
los espíritus más ardientes de los vasallos. 

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Pero no muy de balde, ni á poca costa, se llegaba á el grado superior 
de esta gran preferencia de honores; porque sobre ser necesario vencer de 
persona, á persona, cuatro de los contrarios, se había de pasar por la sujección 
de muchas leyes, que rigurosas, eran por esta severidad tan molestas, cuanto 
por muy numerosas, en que no siendo fácil no contravenir á alguna, serian 
contados los que tan virtuosos, y sujetos á ellas, llegasen á observarlas, más 
sin embargo la suavidad, y la gloria de el premio, hace pasar por la amargura 
de las leyes á los subditos, que aspiran á la fama, en que no menos necesitados 
por su conservación, estos Pipiles, que por imitar en algo á sus progenitores 
los mexicanos, entre otras, tenían por ordenanza militar, dictada de la razón 
natural, que el que cometía traición contra el Señor natural, ó contra la Re- 
pública, ó fuera de estos delitos, revelaba los secretos de la guerra, ó se pa- 
saba como aleve al enemigo, recayese en pena de muerte; mas no tan ligera- 
mente ejecutada, que siendo el espectáculo funesto, á vista de todo el ejército, 
ó convocados todos los pueblos más inmediatos de la comerca, para que su 
afrenta, siendo más crecida, por más pública, fuese escarmiento ejemplar 
á la numerosidad de los subditos, le confiscaban todos sus bienes, y le apli- 
caban á el erario de la república. Mas no con menor consideración y máxima 
política, según la causal de la ley, á el que robaba, ó quitaba la presa, que 
otro había hecho, y adquirido en la guerra, le castigaban con pena capital 
irremisible, porque añadía la ordenanza, que éstos eran ladrones, no de la 
presa, por la presa, sino por el honor militar, que al otro le usurpaba; para 
establecerse así entre los soldados de valor, y despojar del premio al que lo 
había merecido. Y eran algunas de estas leyes tan dictadas de la razón, como 
con mucha evidencia lo manifiesta la que ordenaba, que el soldado que sin 
orden de su Capitán hacía daño al enemigo, ó los que sin ella acometían á los 
contrarios antes de tiempo, y á los que se apartaban sin licencia de la insignia 
de sus capitanes, ó quebrantaban el bando promulgado, que á estos les fuese 
cortada la cabeza, y así ni más ni menos, no era derogable la ordenanza, 
de que el soldado que hurtase los atavíos militares de sus capitanes, ó las 
vituallas, y prevenciones de sus rancherías, aunque el ladrón fuese de los 
más principales, que muriese por ello, aunque se probase ser el primer hurto 
que hacía. Mas no sé cuanto valor encierre, ó cuan estimable máxima de 
estado sea, la de la siguiente ordenanza, que no queriendo esta República, 
á sus hijos cobardes, más bien, y mejor los quería muertos, con que, ó no 
podían escapar de el estado de triunfadores gloriosos, ó de funestos cadáveres. 
Porque, decía, que el que siendo cautivo de sus contrarios en la guerra, se 
huía de ellos, ó se volvía á su República, que los mismos paisanos, sin autori- 
dad de justicia, sino de la suya propia, le quitasen la vida, lo uno porque todos 
debían mirarse ofendidos en la honra, haciendo éste descaecer el crédito de 
su nación; y lo otro, porque no sabía defenderse, ó morir; con que éste había 
de morir de cualquier modo que fuese, porque si perseveraba cautivo, moría 
como prisionero, con acervísimos, y duros trabajos, y si se volvía á la patria, 
habían los paisanos de matarle, y así tenían por mejor morir en el furor de 
la guerra, combatiendo como obstinados, con que se merecían el aplauso 
general, procurando salir de los encuentros con triunfo, para colocarse por los 

I certámenes militares, en el orden de los primeros capitanes. Bien podrá 



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discurrirse por todo lo referido, que estos mismos indios, que hoy vemos tan 
apagados, sujetos con el freno de la servidumbre, son los mismos de quienes 
hablamos, y que estos mismos colmados por entonces, de todas las felicida- 
des, aspirarían á la mayor potencia de sus naciones, y que para ello se pro- 
pondrían todos los medios posibles, y que en aquellos tiempos costaría más 
vencer á uno, que ahora mandarlos á todos, no siendo tan fácil el vencerlos, 
como piensan algunos, juzgándolos aun para sus defensas inútiles. Mas quien 
tan inconsiderado, podrá negarse á la certeza, de que estos hombres racio- 
nales, y adornados de las potencias que los demás hombres, y en su propia 
libertad, no harían todos los esfuerzos posibles, por mantenerse en ella. Per- 
suádase la indiscreción de algunos, á que no hay quien quiera sujetarse á el 
dominio de estrañas gentes. 



CAPITULO VI 

De la situación, y confines del Corregimiento de Guazacapán, y los Ríos que lej 
bañan. 



MARGINALES. — Situación. — Sus confines. — Mandado real acerca de la descripción de 

este Reyno. — Ríos de esta jurisdicción. — Río de los Esclavos y su puente maravi- 

J llosa. — Erección y fábrica de el bastión. — Barra de Pantaleón. — Caso admirable 

sucedido a una mujer en esta puente. — Barra de el río de Pasa. — Otros ríos de 

esta jurisdicción. 



Guazacapán, corregimiento y Partido de maravilloso, y gran circuito, 
yace más oriental, que el de Yzquintepeque, en admirable distrito de la costa 
Sur, en la tierra baja de este gran territorio, bien que á mucha parte de su 
llanura, ocupa mucha trabazón de grande cordillera, y muchas esparcidas 
lomas, por la dilatación de su ámbito, que prolongándose á mucha distancia 
de longitud, se hace imposible la certeza de su mensura, por el impedimento 
de sus largas serranías, siendo su extensión tanta, que en la jurisdicción de 
su gobierno, alcanza desde el grande, y noble río de Michatoya, que corres- 
ponde como término de Yzquintepeque, por la parte occidental, á confinar con 
el partido de Chiquimula de la Sierra, por el Oriente, y por su grande y bella 
latitud, por el medio día, con la parte de la Mar del Sur, terminando con las 
haciendas de la Vega, y Cerro Redondo, que son términos del Corregimiento 
del Valle, de esta Ciudad de Goathemala, por la parte Septentrional. En que 
no sin gran dificultad podré esprimir el gran concepto que de su feracidad, pue- 
de ceñirse, en no limitado discurso, ni menos de su maravillosa producción, en 
mucha diversa variedad de utilidades, abreviar á el sumario de narrativa 
expresa, aun cuando pudiera lo más memorioso recogerlas, á una muy pun- 
tual agregación; mas sin embargo, procediendo en éste, como en el otro 
partido de Izquintepeque, por lo más notable, con todo eso, parecerá prolijo, 
cualquier discurso, á que me obliga más que curiosidad fácil, obligación pre- 
cisa de superior decreto, como ya llevo citado, sin otro antiguo orden, que para 
este mismo efecto el Rey se sirvió de expedir antiguamente, con sesenta y 
nueve puntos, de acertadísima instrucción, que para este fin descriptivo se 

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pedían, y en que no sin gasto de su Real patrimonio, parece deseaba ver co- 
ronada esta obra. Bástame á mí hasta aquí, el haber trabajado, por haberme 
destinado á este fin el superior decreto de jerarquía más suprema, ó por 
servicio, y gusto, de mi señor natural, que ya parece haberse dado por enten- 
dida su Real benignidad, por su rescripto de 26 de Marzo del año pasado, 
de 1689. 

Toda la grande y maravillosa extensión de este excelente territorio, se 
ve bañada de una cumplida providencia de nobles ríos, y arroyos; que pa- 
sando de la que suele ser necesaria, llega á ser sobrada su abastecida copia, 
y casi innumerable, cuanto se encuentra á cada paso, en lo delgado de mu- 
chas venas de agua, que corren, y se deslizan, sin conocido nombre, pues no 
será extraño en todo este país caminar una legua, sin encontrar en ella ocho 
ó nueve de estas venas, ríos, y arroyos, que siempre sin deficiencia la fecun- 
dan y alagan. 

Pero habiendo de proceder en esto con alguna concisión, habremos de 
recurrir no menos en ello, que en lo demás, por lo más notable, que se pro- 
ponen á nuestro conocimiento, si bien que, me será preciso, por lo que podría 
ser importante á nuestras conveniencias, explicar con atención las barras de 
algunos de estos ríos, como es el río de los Esclavos, de considerable y crecida 
madre, con grande hinchamiento de aguas, aun casi desde la situación de su 
origen, necesitando casi inmediato á él, de un excelente, y maravilloso puente 
de piedra de sillería, cuya fábrica se propuso por el año de 1579, á pedimento 
del procurador Síndico Don Baltasar de Orena, sobre trece ojos de perfecto, 
y capacísimo semicírculo. Pero este gran negocio perteneciente á La públi- 
ca utilidad, como acontece de ordinario en las más arduas resoluciones, pasó 
dada al silencio muchos días hasta que siendo Alcaldes Ordinarios Gregorio 
de Polanco y Baltazar de Orena, por el año de 1591, en el Consejo extraordi- 
nario del día 15 de Febrero, por el Procurador Síndico general, Gabriel Mexía, 
se propuso que el Presidente Pedro Mayen de Rueda, había acordado se 
hiciese una puente en el río de los Esclavos, por haber enviado al alarife para 
que determinase !a parte de su planta, y erección, y traído razón de todo; 
pero que por la gravedad del negocio, el Cabildo nombrase un capitán que lo 
viese, y diese su parecer sobre ello; y se acordó que fuese á esta importante 
deputación Pedro de Solórzano, que la aceptó ; y el Cabildo le señaló de sala- 
rio 4 ducados por cada día de su obligación, en el Cabildo del día martes 19 
de Febrero de 1591. Pero vuelto de su comisión Pedro de Solórzano, y traída 
la relación que se le pedía, el día viernes 8 de noviembre de aquel año de 1591, 
en el congreso que se celebró aquel día, (67) el Cabildo celado en la mayor 
máxima de los aciertos, y en no extraviar su obligación de la seguridad del 
común, discurrió que aunque se había tratado del edificio de la puente del 
río de los Esclavos, que no se había conferido si era, ó no, necesario el erigirla, 
y de que efectos debía producirse su planta, cuyo punto tratado por confe- 
rencia largamente; fueron aquellos celosos capitulares de acuerdo que se 
votase sobre ello, y regulados los pareceres, que fueron por el ecceso de que 
debía fabricarse la puente por muy necesaria, se determinó se hiciese el 
gasto de la sisa impuesta sobre el vino, y se pidiese al Señor Presidente, que 



(67) Libro 89 de Cabildo.— folios 99, 100, 101, 113 y 114. 

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las ciudades de San Salvador, San Miguel, y la Villa de la Trinidad, aun más 
que la ciudad de Goathemala, ayudasen con los mejores medios posibles para 
la fábrica de la intentada puente; y que el Procurador Síndico lo represen- 
tase al Presidente por petición; como lo hizo; y de ello resultó el darse prin- 
cipio á aquel importante paso, habriéndose las zanjas, y cimentándose con 
principio de sus pilastrones el año siguiente de 1592, en que siendo Alcaldes 
Ordinarios Juan Rodríguez Cabrillo de Medrano, y Don Rodrigo de Fuentes 
y Guzmán, visabuelo, y corona del autor, por la planta que el Presidente dio 
á Juan Rodríguez Cabrillo, y la asistencia de Don Rodrigo de Fuentes, á cuya 
orden estuvieron, los arquitectos Francisco Tirado, y Diego Phelipe, que fué 
el que en la mampostería, y plomada la maestro, y asentó á plomo toda la 
cantería de que se compone, quedando casi acabada desde los 17 de febrero, 
en que se le dio principio á la terminación del año, y en que Alonso de Miran- 
da, mayordomo de los propios y rentas de la ciudad, dio cumplimiento á todos 
sus libramientos. (G8) si bien modernamente reforzado por el particular cui- 
dado de el Capitán Don Francisco de Fuentes y Guzmán, mi padre, á quien 
siendo Alcalde Ordinario lo encargó el Marqués de Lorenzana, Presidente 
de esta Real Audiencia, por comisión muy honrosa, despachada á 25 de Enero 
de 1636 años, con independencia de el Correjidor de este partido de Guazaca- 
pán, en que más bastantemente se expresa la grande importancia de esta 
obra, que siendo muy sólida, y muy firme, había el gran ímpetu y copia de 
su curso, gastado y roto gran parte de sus arcos, y con el parecer del arquitecto, 
y maestro de mampostería, en virtud de la amplia comisión que llevaba, hizo 
erigir un bastión, levantado en la mitad de la madre, que cortando el agua 
con la punta de diamante, ó forma triangular, de esta defensa derrama, y 
peina, las corrientes con lenidad á los ojos, más no sirviendo solo á este fin, 
impide con admirable arte, el que los grandes árboles que trae en sus co- 
rrientes, no se atraviesen en los arcos, sino que yendo de punta á ellos, propa- 
sándose á el gran flujo de el río, se precipiten á el salto, no muy distante. 
Pero no sin novedad hallo en la comisión original, que está con mis papeles, 
que los salarios todos se pagaron á costa de los propios de esta ciudad de 
Goathemala, en que sin duda debe atribuírsele gran beneficio, conferido á 
el común de tantas numerosas provincias, con gasto de sus dineros, y ocupa- 
ción de sus Alcaldes Ordinarios; de cuyo crédito, y satisfacción, no refiero 
modesto las cláusulas de la comisión, por la causa tan inmediata, y propia de 
este mérito, que á la inteligencia de su importancia bastara decir, que dando 
paso á ocho numerosas provincias, sus graves negocios se estancaran, á no 
dar seguro tránsito la seguridad de este puente; y aun con todo eso, en las 
grandes crecientes de este río en los procelosos inviernos, estando levantado 
á mucha profundidad de su curso, acaece subir con tanta plenitud, y abun- 
dancia, que, corre sobre los pretiles, deteniendo dos, ó tres días, á los progre- 
sores hasta que baja. 

Entra este río con gran pujanza en la mar del Sur, con nombre de la 
barra de Pantaleón, donde fuera muy conveniente el cuidado de su mejor 
defensa, por lo apto, y acomodado del surgidero, que á cualquier cautela, pu- 
diera dar suficiente fomento, como ya algunas veces la vimos infestada, de 



(68) Libro 89 de Cabildo.— folio 119 v. 

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perniciosos, y protervos piratas, que por ella han intentado hacer entrada, 
embarazada, y impedida, por la gran vigilancia de las centinelas, y el opósito 
inmediato de los paisanos, más no debiendo darse al olvido, el admirable caso 
sucedido á una mujer, en el paso de este puente, que es digno de saberse, 
cómo pasando ésta por este sitio en muía mal arrendada, y arisca, acaso es- 
pantada de ligero movimiento, se lanzó á el río, sin que la mujer pudiere 
zafarse, pero llevada de lo rápido de la corriente, á pasadero de gran desastre, 
corriendo con gran inmediación á el salto, que profundo, y impetuoso pone 
grima, permitió aquella gran misericordia, á quien somos deudores, que ha- 
ciendo vela' de las faldas sostenida del gran viento de aquella cima, cayese 
con tanta lentitud detenida, que la pudieron sacar sin daño, sino fué el del 
quebranto de las corrientes, y agua, que había bebido. 

Pero, aunque esta barra de Pantalcón que acabamos de referir es ex- 
celente, sin duda es mucho más admirable y hermosa la barra que llaman del 
río de Pasa, en el sentir de los hombres de mar, que han visto todas las otras, 
y que sin duda en esto como en otras muchas cosas, hay mucho excelente, 
y que pudiera traer muchas utilidades, si en ellas se fijara la atención del 
poder, ó mejor las advirtiera el celo de quien las tiene á el cargo de su cui- 
dado, más el conocimiento del inferior, solo pasa de la consideración al sus- 
piro; y la inspección, y aviso del superior, llega acreditada á la mente del 
príncipe, por cuya evidencia claman muchos accidentes lamentables en nues- 
tra América, como ruinas nos acompañan, ocasionadas del descuido de otros 
gobiernos vecinos, que han abierto los ojos á la experiencia de el golpe; para 
estimar después recelosos, lo que despreciaba la confianza. Atención piden 
para la seguridad propia los trabajos del vecino, que á veces aprende más 
el grande artífice en los horrores ágenos, que en los aciertos propios. Permí- 
taseme el exordio, que esta es mi patria, y la amo, y el Rey es mi Señor, y le 
quiero temido. Pero volviendo á nuestra digresión, este gran Río de Pasa, 
como el otro noble río de los Esclavos, corren detenidos, y remansados, ó de 
parte de el hinchamiento y, lleno de los esteros que los reciben, ó de la lla- 
nura por donde el primero ofrece tendido, aunque profundo vado, y el otro 
de los Esclavos, le permite más arriba de su ostentosa puente, más peligroso 
que temido de los vaqueros de aquel contorno, en que se ha visto muchas 
veces no solo peligrar los hombres, á el ímpetu de su curso, sino también 
los ganados, que arrojan en partida por aquella parte, conducidas al abasto 
de Goathemala, no carecen de pesca estos dos, como los demás de este Par- 
tido, y todos los de la costa; donde en cualquiera agotable arroyo jamás 
faltan. 

Demás de estos gruesos y nobles ríos, bañan y fertilizan esta juris- 
dicción, y grande territorio, otros de no menos importancia al beneficio co- 
mún, porque si bien los ya referidos, parecen los de más noble curso, con todo 
el Río de Matapa, no es de menos consideración, en la abundancia de sus 
aguas, y grande utilidad de su camino, en provechísimos riegos, que fertili- 
zan muchas huertas de cacahuatales, y otros beneficios de milperías de maíz, 
que son las que llamamos de riego, y el de Asuchio, río de no pequeño nombre; 
antes sí de los más útiles, beneficia la gran extensión de este excelente te- 
rritorio, á semejantes sembrados, y no menos seguro, y abundante, á muchos 

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ingenios de tinta añir, mas como quiera que no sea menos lleno el Río de 
JaUiepac, debe igualarse á los de mayor nombre, y fama, en la opulencia de 
sus caudales; porque cortando en tres crecidos, y poderosos brazos la tierra 
por donde da paso, y vado, á los progresores, es sin embargo formidable y 
peligroso, aun en la división de estas venas, el esguasarle; y mucho más en 
su creciente, y en la de los demás, que siempre distantes á longitud muy dila- 
tada de sus cabeceras, y de lo rebalsado de profundas pozas, en sus hondas 
madres, tarda en bajar, y descrecer largo tiempo, no debiéndose considerar 
como menos, ni menos útiles, los ríos de Atiquipaque, que toma el nombre de 
el pueblo, que en sus propias riberas goza el estimable beneficio de sus co- 
rrientes, como el de Teconálá, que se introduce, como dejamos referido, en el 
de los Esclavos. Fuera de estos que son los más famosos, y de más nombre, 
se gozan en el apreciable circuito de este excelente territorio, otros innume- 
rables arroyos, y pequeños ríos, que fertilizan, y humedecn, toda la dilatada 
tierra de este gran contorno, y el Río de Nansinña, de considerable, y noble 
caudal, que bajando de la eminente de Tecuaco, entra en el de los Esclavos. 



CAPITULO VII 

De los Pueblos, quei componen esta jurisdicción de Guazacapán, que es como hay 
prevalecen. Y su administración espiritual. 



MARGINALES. — Situación de esta tierra. — Vecindad de Goazacapán. — Etimolo- 
gía de Goazacapán. — Caso de indios incendiarios en este pueblo bien notable. — 
Prosigue la descripción de los pueblos. — Guanagazapa fué numeroso de pueblos. 
— Guaymango. — Mala opinión que se tiene de los indios de Guaymango. — Prosi- 
gue el orden de los curatos, con el de Tacuilula. — Tepeaco. — Atiquipaque. — Chi- 
quimulilla. — Tazisco. — Yzguatlán. — Sinacantán. — Santa Ana. — Nanzinta. — 
Tecuaco. — Conguaco. — Jalpatagua. — Moyuta y Azuleo. — Mataquesquinte. — 
Jumay. — Los Esclavos. — No hay en estas tierras de las Indias rabia en los perros, 
ni hombres endemoniados. — Los vecinos habitadores de Goazacapán. 



Es necesario antes que se introduzca el cuidado de mi ocupación, de- 
cir algo de las costumbres, y estilo, de estos indios en su gentilidad. El esta- 
blecer á la noticia las poblazones que componen la jurisdicción de este exce- 
lente partido, situado en ancho círculo de admirable territorio, y de prolífiea, 
y útil tierra, de la costa del sur, que siendo veinte y dos los pueblos situados 
en la grande extensión de su país, aún no bastantemente, por poco numerosos 
de pueblo, son los que demanda tanta dilatación de terreno; pues el de Gua- 
zacapán, cabecera, silla, y asiento de sus corregidores, se compone de seis- 
cientos y veinte y tres vecinos indios, tributarios enteros, con agregado de 
muchos españoles, mulatos, y mestizos, que hace parecer mayor la dilatación 
de su excelente y dilatada fundación con buena casería y política ordenación. 
Es esta prodigiosa poblazón, por sí sola, uno de los mejores curatos que con- 

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ficrc el Reverendo Obispo, de esta primitiva iglesia, en sujeto de su ilustre, 
y ejemplar clero; á cuyo elogio no son bastantes los términos escasos de mi 
estilo, discurriendo en sus encomios, que las cláusulas más propias son las 
del silencio, cuando él, modesto, religioso, noble y docto, se hace por sí ve- 
nerable 

Su templo es de elegante fábrica, y en los adornos primorosos, y ricos 
de su culto, y veneración del Altísimo, resalta bien el esmero de sus vigilantes 
párrocos; la etimilogía, ó significación de su nombre, en la certeza de la pro- 
nunciación de la lengua Pipil, se compone de tres dicciones, que forman esta 
palabra Guatsacatapant, que quiere decir río de sacat, ó yerba de culebras, 
y la corruptela introducida, ó lo síncopa, pronuncia Guazacapán. Mas el mo- 
tivo de su pronombre, negado á la simple tradición, no dejando certeza á 
este discurso, solo á lo conjeturable, le hace campo, por la propiedad de aque- 
lla tierra, llevando, como lleva, por su propia producción la raíz de la estrella, 
antídoto experimentado, como dejo expresado, en la Primera Parte, contra 
la mordedura de estas fieras, de donde pudo tomar este pronombre, entre los 
mismos indios. 

Mas como quiera que éstos, con tenacidad vengativos, siempre hayan 
aspirado con bárbara protervia, á la propia satisfacción de sus pasiones, no 
escusa mi propia concisión, el referir un caso muy moderno, que casi con 
desolación, de todo este pueblo sucedió, siendo Corregidor el Capitán Don 
Bartolomé Flores, por los años de 1665 á 1666; que durante los largos días 
que componen la estación de este prolijo círculo del tiempo, no se dio al- 
guno, en que no se quemasen, á la una ó dos de la tarde, dos, tres, y cuatro ca- 
sas, quedando imposibilitada su reedificación por largo tiempo, así corrió la 
esfera de su círculo, hasta componer el término de diez y ocho meses, sin 
que se diera enmienda á tanto daño, ni menos en el conocimiento de la causa 
de efecto tan nocivo, pero el Corregidor, discurriendo con alto celo, que no po- 
día sobrevenir por causa sola natural, sin la industria de la malicia, y el arte, 
haciendo no pocas diligencias su vigilancia ; por llegarse el número de las ca- 
sas quemadas á más de trecientas, descubrió su judicial actividad dos indios 
incendiarios, que por venganza de sus ligeras pasiones, nacidas de frágiles 
y momentáneos principios ejecutaban tanta malevolencia, y siendo inescusable 
el actuar contra estos reos, probado el caso y confesado por ellos mismos, 
si bien perseveraron negativos en la declaración del modo. Por los méritos 
del proceso fueron condenados á muerte de horca, que se ejecutó, á vista de 
innumerable pueblo de los circunvecinos, que para este espectáculo fueron 
con previa disposición convocados, á la memoria de el ejemplo. Cesó por 
algún tiempo el maleficio y diabólica venganza de estos indios; hasta que 
habiéndose proveído por Corregidor de este Partido al Capitán Don Gabriel 
Esteban de Salazar volvió á suceder con la misma continuación el estrago de 
estos incendios, más este caballero, de prevenida y discreta industria, procu- 
ró con sagacidad y mucho arte, investigar el modo y artificio, con que se 
causaba, llegando á entender que los incendiarios, se valían de la ligereza 
secreta de una zaeta, en cuya punta ponían un lienzo delgado con azufre 
de lo muy fino de estos volcanes, que por sí solo sirve de pólvora (revuelto y 
molido con carbón) disparándola á la casa que querían emprender, encami- 

133 



•nándola á la parte del Sur, clavándola entre la paja de la cubierta, combus- 
tible dispuesto, y acomodado al intento, en el mayor silencio de la noche, 
y estando allí después á los rayos del sol, y en tierra tan ardiente todo el 
siguiente día, que á las dos de la tarde, comenzando la virazón con el suave 
soplo, encendía, y convertía en pavezas la casa, y casas á donde se había 
aplicado esta materia. Más el Corregidor, ocultos y encubiertos los malecho- 
res, no arrostrando á el medio rigoroso de condenarlos por justicia, si acaso 
se descubrían, tomó por arbitrio, que fué el total medio para contener este 
desorden; el hacer reedificar luego á otro día, á todo el común la casa des- 
truida y devorada, ó que para que por este medio se descubriesen los delin- 
cuentes, ó para que trabajando todos, cejase lo irremediable de este daño, 
como se reprimió hasta el tiempo presente, fácil es conocer, que por este arte, 
y habilidad, no ordinaria el natural de los de esta nación. 

'Pero volviendo á la especificación propuesta de estos pueblos, que co- 
mo decíamos, hacen y componen la jurisdicción de este Corregimiento de 
Gnazacapán, es uno de ellos el de Guanagazapa, y que hoy es de estrecha y 
corta vecindad ; pues toda su numerosidad no pasa, de cincuenta y tres veci- 
nos, si bien podré afirmar, que fué muy numerosa, no solo por lo dilatado de 
sus vestigios, sino por que fueron en la conquista de Jalpatagua, bien que 
distantes, en grande longitud de territorio, los principales aliados, con quienes 
confederados mantuvieron contra nuestros españoles la guerra, (G9) aun que- 
dando divididos, y embarazados, con gruesas y prolongadas cordilleras; pero 
como quiera, que ó la dependencia del vínculo de la sangre, ó particulares 
conveniencias, ó todo junto con la confederación haría muy estrechas las 
correspondencias, en la separación de las distancias, el celo de su propia con- 
servación, los haría vencer, y allanar, las más agrias dificultades. Mas el pue- 
blo de Gnaymango, por este tiempo no de muy corto número de vecindad; 
pues en su grande asolación, consta de ciento sesenta y cinco vecinos tribu- 
tarios, y por el de la conquista de este Reyno muy numeroso de pueblo, bien 
que impedido de la gran sierra del Volcán de Pacaya, y otras inaccesibles 
cordilleras, que antes de esta se le interponen. 

Estuvieron con gran tesón, y constancia, confederados una vez con los 
de Jalpatagua, y Petapa; y después otra, con el propio de su cabecera, Gua- 
zacapán. Son hombres montaraces, metidos en áspero, y intrincado boscaje 
de espesísima selva, que mira al mediodía, bien que opuesta al paso de el ca- 
mino, una gran vega, forman los encuentros de Midhatoya y Jaltiepac, ríos 
de acreditado nombre, y que se hacen unidos en un cuerpo formidable, en el 
sitio de Azmitia. De estos indios de Gnaymango hay grande fama, en orden 
á la brujería, de que usaron, y que hasta hoy se miran muy temidos por este 
infame abuso, queriendo la malicia que estén aún perseverantes, y en tan 
abominable costumbre, y es tradición corriente, que éstos, como los de Ma- 
saya á el suyo, le sacrificaban al volcán de Pacaya, (70) despeñando por su 
profunda y espantosa sima algunas criaturas, y para impía y abominable 
víctima, ofrecían sus propios padres, más ya por la vigilancia, y celo, de sus 
curas, conferidos de el noble clero á esta cabecera de Partido, han depuesto 



(69) Bernal Díaz del Castillo Capítulos 189 y 236 original borrador. 

(70) Torquemada.— Libro 14.— Capítulo 33.— folio 638. 

134 



lo funesto, y lamentable de estas costumbres, y si hay algo de esta infamia, 
será en aquellos ásperos arcabucos, ó en lo retirado y umbrío de sus cacahua- 
tales, que tienen muchos, y muy buenos, con largo aprovechamiento de sus 
cosechas. Es este beneficio si no de los mejores, no el más pobre de los que 
obtiene el clero, porque componiéndose de los pueblos de Guaymango, como 
cabecera y de el de Guanagazapa, que solo distan, y se apartan, el camino de 
una legua, sin más que el arroyo de Azuchio, que en medio de ambos atra- 
vieza, sin otro impedimento, se hace por esta conveniencia apetecible, y su- 
ficiente en su congrua, para la manutención de su cura, si bien combatido 
de tormentas tempestuosas, es el agrio de sus dulzuras, y aunque constó en 
los principios de mayor administración, se desmembraron de este moderna- 
mente los pueblos de Tepeaco y Atiquipaque, por el inmpedimento del río de 
Aguacapa, que mudando el nombre á la falda de Pacaya, que mira á Leste 
y Sureste en el de Jaltiepac. Yace en el sitio de Azmitia, que he apuntado, un 
grande término, ceñido por el Poniente de el Río de Michatoya, y por la parte 
de Levante de el de Jaltiepac, que dilatado á muchas leguas, dejando también 
aislado este curato, goza también la conveniencia de la administración de las 
estancias, fundadas en este deleitable, y noble territorio. 

Y aun por el año de 1577, este curato de Guaymango, que hemos re- 
ferido, parece asociado por el Reverendo Obispo á los religiosos, contra los 
derechos del clero, y por ello fué requerido el obispo por la Ciudad de Goa- 
themala. (71) El Pueblo de Tacuylnla, cabecera del curato, que se representa 
arrimado á la gran sierra, hacia la parte Meridional de su tendida falda, con 
ninguna parte de su llanura. Yace su situación en sitio nemoroso, y solitario, 
mas sin impedimento al tránsito de sus adyacentes se hace tolerable la des- 
templanza de su clima. Cuenta Tacuylnla en corta vecindad de ciento vein- 
tiséis tributarios. El de Tepeaco, también arrimado á la cordillera, solo remu- 
nera por cuarenta y seis vecinos, con pobre habitación, y no muy extendido 
territorio. Mas el de Atiquipaque, sujeto á esta visita, que tomando más tér- 
mino de terreno, al mediodía, casi sobre las riberas de el río Jaltiepac, apar- 
tándose de la sierra, goza de más ancho terreno en sus cacahuatales, y mil- 
perías, se enumera por sesenta y tres vecinos tributarios enteros, es no me- 
nos lo abochornado de su clima, y lo tormentoso de su región, que lo que se 
padece en plaga de mosquitos, de tres especies notablemente perjudiciales, 
zancudos, jejenes y rodadores, que en más ó menos multitud inficionan á la 
naturaleza por todo este país de la costa de el Sur. Nextiquipaque, pueblo 
también sujeto á este curato de Tacuylula, consta de ciento y diez vecinos 
indios tributarios, es pueblo solitario, que yace sito á la parte Septentrional 
de la gran sierra, sin vecindad alguna, cercado y ceñido de grande serranía, 
y de umbrosísimas montañas, goza en temperamento medio de la calidad 
templada, y está apartado de la cabecera, cinco penosas leguas, de gran 
subida de cuesta trabajosa, y difícil en travesía peligrosa de la cordillera, en 



(71) Libro 69 de Cabildo.— folio 17. 

135 



subida, y bajada. En los términos de este pueblo de Nextiquipaque, hay unos 
lagos que se forman de aguas minerales azufrosas, y en ellos, o por que la 
represa lo ocasione, ó por que caigan y rebasen en aquellas aguas, sobre 
tierra de mayor y más dispuesta materia, se cojen en sus orillas muy crecidos 
grumos de azufre muy fino 

Más procediendo á perfeccionar la composición de este Partido de 
corregimiento, el Pueblo de Chiquimulilla, de numerosa vecindad, se extiende é 
á 754 tributarios, bien que goza de muy extendido territorio, antes algún 
término de las márgenes de el grande y noble rio de Los Esclavos, más ese 
negado á las llanuras; y se mira también arrimado á la cordillera, por la parte 
occidental de su sitio, y lo demás de su jurisdicción, compuesto, y ordenado de 
mucha lomería, y éste, y los ya referidos, tienen por poniente el gran distrito 
de las Gavias. Tiene muy buen templo, aunque pajiso, y buenos adornos, co- 
mo pueblo más numeroso y rico, y sus naturales muy propensos, al trabajo y 
cultivo, en buenas siembras de cacao, y algodón, chile de chocolate, y otros 
géneros de su país; si bien estos costeños, no tan devotos de el Divino culto, 
como los indios serranos, pudieran á las voces de los Ministros Eclesiásticos, 
que no descuidan en inclinarlos, obrar mejor en sus iglesias, mas el efugio 
de la pobreza de muchas cortas poblaciones, los excusa, por más que los 
deseos de sus curas se adelanten. Su plaza es extendida de ámbito, con un 
cerco de piedra de horma, que la hermosea, y muchos árboles de flores en su 
circunferencia. Los niños de la doctrina componen el número de seiscientos, 
fuera de los adultos, y de los que se hallan en edad de estado. El pueblo de 
Tazísco, es no muy numeroso, pero bastante á formar una muy buena po- 
blazón, que se compone de doscientos y cincuenta tributarios enteros ; es de 
los pueblos que arriman su situación á la cordillera, de temperamento calien- 
te, tanto como lo es el de Gaazacapán, y en lo demás igual á su región, por 
la gran inmediación en que yacen; sus indios como los demás del país no 
dados al trabajo, y solo atenidos á las cosechas de el cacao, suelen padecer 
la general falta de maíz, que los demás, que viven atenidos á solo el beneficio 
de este fruto. Es por sí solo Curato también de el clero, con muy buen tem- 
plo ahora acabado de erigir, y edificar, por el gran celo y actividad de su cura, 
el Licenciado Don Diego Velez Nájera, que hasta hoy había permanecido en 
la esfera de una iglesia pajiza, mas este excelente ministro, habiendo entrado 
á el curato ahora dos años, sin otro empleo que le pareciese más necesario, 
en este breve término, le ha puesto en cumplidísima perfección, sin gravamen 
de sus ovejas, que aún siendo con alguno, y cediendo en utilidad popular, 
fuera muy digno de aprecio. El pueblo de Izguatlán es pueblo corto, de solo 
sesenta y cuatro vecinos, situado en más eminente territorio de buen tem- 
peramento, y ligeras y saludables aguas. Son bien proveídos del manteni- 
miento de maíz, y frizoles, y con la ocupación de la alfarería, de loza muy del- 
gada, y de buen barro, se hacen suficiente grangería á la utilidad común, es 
cabecera de curato con pobre y pajiza iglesia, que se confiere al clero, con 
trabajosa administración, por distancias de trabajoso y agrio camino, retirado 
á la comunicación de las cabeceras de los demás curatos. Tiene á el cuidado 
de su administración este párroco, otros cuatro pueblos, que el más numeroso, 
que es el de Sinacantán, no pasa de ciento treinta y cuatro vecinos, de limi- 

136 



tado y pobre comercio, y que á la mayor cercanía del de los Esclavos, acau- 
dalan algo en los avíos de muchos pasajeros, con los alquileres y fletes de sus 
caballos, y muías. El pueblo de Sania Ana, que aun no dista de la cabecera 
una milla, solo se compone su vecindad de treinta tributarios enteros, gozan 
las propias comodidades de Izguatlán. El de Nansinta, pueblo aun más corto 
que el de Santa Ana, pues solo llega al número de veinticuatro tributarios en- 
teros en su administración, de trabajoso con largo y doblado camino de ocho 
leguas de fragosidad, y tránsitos muy peligrosos, tiene como los otros muy 
pobre iglesia de paja, bien se deja advertir, que tan corto número de vecin- 
dad, ni puede extenderse á más, con que á la verdad, no podremos atribuir 
sin gran malicia el que pueda ser poco celo de los curas, que los tienen á 
cargo, porque es cierto que en cuanto á la doctrina están bien instruidos, y 
tengo la experiencia de algunos de ellos ; porque los del pueblo de Izguatlán, 
que es de encomienda mía, me consta estar muy suficientes. El pueblo de 
Tecuaco, más introducido á la costa yace apartado de la cabecera de el curato, 
seis leguas de asperísimo, y molesto camino, con una sierra que se le opone 
al paso, y en su clima mucho más intolerable, por ser más caído á la tierra 
baja, con insufribles calores, y la poca conveniencia que ofrece una pobla- 
zón de cuarenta y seis vecinos, extraviados de las conveniencias del comercio, 
y sin más fruto que el que rinden unos cortos cacahuatales. 

Mas procediendo á más sucinta relación, no ofreciendo cosa notable 
el curato de Conguaco, también como los demás de este corregimiento de 
Guazacapán, perteneciente á el clero, este que es pueblo de cabecera, com- 
pone su vecindad de ciento y cuatro tributarios enteros, disminuido hoy en 
grande número, como todos los demás de aquel, que florecía con maravilloso 
cálculo, en lo primitivo de sus conquistas. Su iglesia es pajisa, y pobre; su 
territorio fértil, con buena producción de cacao, y otros frutos, y especias de 
esta costa. La administración de cuatro pueblos de su visita trabajosa, y im- 
pedida con dificultad de camino, más bien que en los tres Jalpatagua, Moyu- 
ta, y Azuleo, solo distando á dos ó tres leguas, se hace más tolerable lo tra- 
bajoso de su tránsito. Pero el pueblo de Pazaco, extraviado á grande rumbo 
de la parte occidental de el Septentrión, se aparta siete leguas de su cabecera, 
con tránsito penoso de tierra muy doblada, y que su administración se ex- 
tiende á solo quince vecinos indios tributarios enteros. El de Moyuta, con cin- 
cuenta y tres, y el de Azuleo, con veinte y dos tributarios, y en todos corre la 
igualdad de las iglesias pajizas, y muy desproveídas de adorno. Pero el curato 
de M ataque squinte, introducida su cabecera mucho más al oriente, queda 
en la jurisdicción de el Corregimiento de Chiquimula de la Sierra, donde se 
dirá lo que de este pueblo se ofrece. Mas los que caen con su situación, en 
esta jurisdicción de Guazacapán, sujetos á este curato, son, el pueblo de Ju- 
may, cuya distancia le aparta de la cabecera del curato seis leguas, y de la 
del Corregimiento diez y siete, en sitio acomodado ; para hacer suficiente di- 

137 



ficultad en su conquista y no menos á sus paisanos, gran ocasión á su resis- 
tencia, como diremos luego, y consta su vecindad de ochenta y ocho tributa- 
rios. El pueblo de los Esclavos, situado á las márgenes de el gran rio, que de 
esta poblazón toma el pronombre, quedando apartado este pueblo de los 
Esclavos doce leguas de la cabecera de el curato, distancia muy penosa, y 
de no poco peligro; por el río que corta con su gran curso la senda de ambos 
pueblos. Se compone su poblazón de solo diez y nueve tributarios enteros, 
y siendo así, que el de este pueblo es, no solo tránsito, sino jornada precisa 
á tantos progresores de las provincias, que van y vienen á esta Ciudad de 
Goathemala, con tanta frecuencia, es admirable la asistencia que estos pocos 
indios dan á los avíos, de muías de silla, y de carga; y de la provisión de 
mantenimiento, y yerba, para las cabalgaduras. Mas no puedo apartarme 
de la memoria, con que debemos reconocer á la gran misericordia de Dios, 
considerando, que siendo esta tierra de la costa, de que vamos tratando, tan 
consumadamente calurosa y que habiéndose tenido por inhabitables estas 
regiones, por caer su situación debajo de la tórrida zona, y que siendo esta 
tierra baja de la costa, la que más participa de esta constelación, que en el 
tiempo más ardiente, que es el de la canícula, no solo no se extrañe casi el 
tiempo f sino que no se necesite de mudar de vestido, y que ni en los países 
bajos, que se llegan á la costa, ni todas las tierras de la sierra ni en ninguna 
de las Indias, se haya experimentado rabia en los perros, que es en las demás 
regiones de Europa tan peligroso : mas aunque pudiéramos atribuirlo á causa 
natural, respecto á que en estas partes, por este tiempo, es la mayor copia de 
las lluvias, y lo más proceloso del Invierno, y que además de esta razón, que 
tanto hace pueda discurrir, y puede templar mucho los ardores del sol, que 
entonces anda sobre nosotros ; puede también discurrirse, que casi se ve toda 
la tierra alagada de tanta copia de ríos, fuentes, arroyos y lagos, cual no se 
hallara tierra en todo el universo, que tanta abundancia tenga, y que esto 
ayude mucho en lo natural, quiero concederlo; mas sin embargo, pienso 
agradecido á Dios, que es especial privilegio, con que su Majestad Suprema 
y Divina, quiso dotar estas tierras; pues vemos que hasta aquí, desde su 
fundación, y conquista, no ha habido endemoniados cuya dolencia se lo atri- 
buyamos á su permisión soberana, y no á causa natural alguna y que asi 
como ha querido (sea bendita su gran Misericordia), dar este conocido pri- 
vilegio á los que habitamos estas regiones también comunico como causa 
primera, la gran temperie de ellas en el tiempo, que el Sol anda en el signo 
de León; para que los perros no rabien, ni los hombres peligren; quiera su 
Magestad Soberana que le agrademos, y continuar sus beneficios. Más para 
más clara, ilustre prueba, no sin particular providencia, me ocurre el memo- 
rable y estupendo caso, tanto admirable por nuevo, en estas partes, cuanto por 
sus admirables circunstancias, sucedido en la ciudad de Trujillo del Perú, 
en el convento de religiosas de aquella ciudad, que á un tiempo mismo pareció 
que todas las religiosas de aquel convento eran molestadas, y poseídas del 

138 



demonio, que no poco atemorizó, y entristeció, á los ciudadanos, más el Re- 
verendo Obispo, de aquella iglesia, haciendo grandes, y muchas diligencias 
espirituales, halló, que ni las religiosas, ni las criadas estaban espiritadas, 
y pasando á otras graves y judiciales diligencias, averiguó que era maleficio 
de hechicería introducido por humazos, que unas mujercillas públicas les 
habían dado, como famosas hechiceras; por que inmediatas á sus casas, 
frecuentadas de escándalos, á esta religiosa casa le pareció mucho embara- 
zo, para sus publicidades, aquel estímulo del buen ejemplo, y el haberse que- 
jado estas religiosas, de las desenvolturas de aquellas mujeres, á las justi- 
cias, encendió la llama de su encono, y también avivó el fervor del Reverendo 
Obispo, para proceder contra ellas; por cuyo medio quedaron las religiosas 
curadas, con que aún esto, que al principio pareció ser posesión del demonio, 
no fué sino maleficio de hechicería. Y volviendo á la conclusión de mi dis- 
curso, es necesario pensar, que aunque los indios de esta jurisdicción, y Co- 
rregimiento de Guazacapán, están notable y lastimosamente disminuidos; 
pero que en todas las Indias no hay reyno donde más hayan conservádose y 
prevalecido, que en este de Goathemala, y que tanto número se cuenta de 
esta nación en ellas. Porque en estas provincias han sido más bien tratados, 
y menos molestados con los trabajos, que en otras, los han ejercitado, y dis- 
minuido, y en esta de Guazacapán, se numeran dos mil setecientos setenta y 
¡seis tributarios enteros, vecinos de los pueblos que llevamos mencionados, 
y nueve mil ciento cuatro habitadores ; más no sin gran motivo podré atribuir 
la conservación de estos indios, á los que llevo dichos, pero mucho más, 
por la grande igualdad del temperamento de este Reyno ; donde ni se sabe que 
haya Invierno, ni desacomodo de gran rigor de fríos, ni Estío que desabra 
con la congoja de los calores, y donde cualquier reparo muy ligero, defiende 
•de la injuria de las estaciones de el año, calidad sola creída de quien la ex- 
perimenta, y la mira sin pasión, y claridad de juicio, como sin duda, asistido 
de estas dos estimables calidades, lo conoció el erudito Padre Joseph de 
Acosta, con cuyas palabras acabaré este discurso, para darle mayor aprecio 
con la grande autoridad de este venerable sujeto, que dice hablando de la 
admirable templanza, y amenidad, de estas regiones de Indias "Digo cierto, 
que considerando esto, me ha parecido muchas veces, y me lo parece hoy día, 
que si acabasen los hombres consigo, de desenlazarse de los lazos que la co- 
dicia les arma, y si se desengañasen de pretenciones inútiles, y pesadas, sin 
duda podrían vivir en Indias vida muy descansada, y agradable. Porque lo 
que los otros poetas cantan de los campos Elíseos, y de la famosa Tempe, 
y de lo que Plafón cuenta, ó finge, de aquella su isla Atlántida, cierto lo halla- 
rían los hombres en tales tierras, sí con generoso corazón, quisiesen ser antes 
señores, que no esclavos de su dinero, y codicia". (72) Con que según esta 
apreciable, y grande opinión, estas tierras de las Indias son las más apropó- 
sito para vivir una vida racional, y deleitable. 



(72) Acosta, Libro 2<?— Capítulo 14.— folio 114. 

139 



CAPITULO VIII 

De la guerra y conquista de el pueblo de Jumay, de esta Jurisdicción de 
Guazacapán 

MARGINALES. — Andaban los de Jumay confederados unas veces con unos y otras con 
otros pueblos. — Son requeridos con la paz y se niegan a ella. — Falta de vituallas 
de nuestro ejército. — Situación y descripción de Jumay. — Cabo principal de esta 
facción y número del ejército. — Resisten los indios a nuestros españoles el esguase 
del rio de los Esclavos. — Hace alto el ejército por tres días a las riberas del río. — 
Burla Juan Pérez Dardón el intento de aquellos indios. — Fabrica un puente para 
el paso seguro del ejército. — Encuéntrase la Caballería a la otra parte del puente 
con un gran número de indios armados. — Fingen los indios una retirada. — Ceba- 
dos en su alcance les siguen nuestros españoles hasta la mitad de un cerro. — Gran 
peligro en que se vio nuestro ejército con un ingenio militar de los indios. — Refié- 
rese el modo de los ingenios militares de que usaron estos indios para disparar pie- 
dras a los españoles. — Ofrece el cacique de Jumay obedecer al Rey con trato doble. 

— Conoce el Capitán Juan Pérez Dardón la traición del Cacique y le requiere de 
nuevo. — Vuélvese el Cacique a la Campaña. — Acometen los indios a los nuestros. 

— Retíranse los de Jumay al poblado. — Hace la Caballería algunos prisioneros, y 
dejan libres los indios la poblazón. — Hóceles embajada llamándolos de paz y se 
niegan a ello. — Da fuego al lugar Juan Pérez Dardón, y acometiendo a los indios 
desprevenidos los trae al rendimiento. — De donde tuvo principio el llamarse el pue- 
blo de los Esclavos con este pronombre. — Orden con que el rey disponía que se 
hiciese la guerra a los indios. 



Habían los indios de Jumay perseverado, no sin gran constancia de 
ánimo, en una soberbia rebeldía, contra la obediencia que veían rendir por 
los otros pueblos, sus convecinos, á la Magestad cesárea de el Rey de las Es- 
pañas, y Emperador Augusto entonces, de Alemania. Mas sin embargo de 
la inflexibilidad de su contumacia, declarada en muchas diversiones, y alian- 
zas no poco perjudiciales, contra los nuestros, unas veces confederados con los 
de Jalpatagua, y otras con los Petapanecos como auxiliares. Don Pedro de 
Alvarado cumpliendo con las órdenes de el Rey, les hizo muchos requeri- 
mientos de paz á que unas veces, no sin gran cautela, se negaban, huyendo de 
su pueblo á las montañas, y otras rechazando con osadía á los propios embaja- 
dores, quedaban maltratados los más sobre sí. Mas éstos, no tanto nocivos 
por su propia libertad, no sujetándose á los llamamientos de paz, se hacían 
más perniciosos á los progresos de nuestras armas, por ser de inquietos pen- 
samientos, que perturbando á sus inmediatos, ocasionaban diversas, y san- 
grientas expediciones á nuestras tropas, en muy repetidas confederaciones, 
á que los arrastraba la propia inclinación de sus genios, pero no menos co- 
rriendo el tiempo, con otras incómodas exploraciones, por el gran sufrimiento 
de nuestros españoles, molestados no solo con continuados movimientos, 
falta notable de bastimentos, en que no solo arrostraban á las frutas no cono- 
cidas, sino también á las yerbas más vulgares, y á veces de naturaleza vehe- 
mente de cáustico, con no menor deficiencia de vestuario, que cuando mucho, 
y bueno, era de mantas de algodón el vestido, que hacía duplicado el trabajo 
de la propia inclemencia temporal; de cuyas molestias y necesidades estimu- 
lados, se opusieron á allanar las dificultades que los pueblos contumaces 

140 






ofrecían confiriendo por junta particular de la milicia, la conquista, y reduc- 
ción de este pueblo obstinado de Jumay. Yace esta poblazón á poco más de 
veinte y seis leguas de distancia, y á la parte oriental de nuestra situación de 
Goathemala, con declinación á el medio dia; en sitio fértil, y proveído de 
todas las cosas, en un valle dilatado, y de considerable circuito, ceñido, y res- 
guardado de prolongadas lomerías, que hacen su sitio defendido y asegurado 
de cualquiera asechanza, por la comodidad natural que ofrece á los avisos 
prontos de sus más advertidas centinelas, y con vecindad no muy distante 
bien que tramontana de los pueblos de Izguaflán, Comapa, Los Esclavos, y sus 
antiguos aliados de Jalpatagua, mas estos mismos impedimentos, opuestos á 
las sendas de su más frecuente comercio, les sirvió á estos indios en esta 
ocasión, y otras, de segurísimo propugnáculo, y no menos defendido de nues- 
tras expediciones, con el curso peligroso de los dos ríos de Aguacapa y Los 
Esclavos se hacía más inexpugnable y seguro. 

Mas como quiera, que sin más emulación, que el propio celo de los 
españoles, estas propias dificultades, opuestas á el paso de nuestra infan- 
tería, sirviesen de estímulo á el mayor deseo de ejecutar esta empresa, y con- 
seguir con las fatigas la certeza de su efecto. Para su más cierta ejecución 
fué nombrado, por cabo principal de esta facción, el Capitán Juan Pérez 
Dardón, con ochenta infantes españoles, arcabuceros, y ballesteros, y treinta 
de á caballo con mil indios Goathimaltecos, Mexicanos, y Tlascaltecos, con 
cabos españoles, como la precisa disciplina de las milicias nuestras acostum- 
braba. (73) Pero como á el moverse de Goathemala este ejército, no pudiese 
ser á la sorda el tránsito de sus marchas, prevenidos de los avisos no solo 
estos indios de Jumay, sino otros pueblos, ó no bien domesticados, ó sobre sí 
por entonces, les ofrecieron á el paso, no pocas ocasiones de fatigarse con el 
manejo de las armas ; mas sin embargo, abriendo senda por entre la misma 
oposición, y esguasado el río de Aguacapa, en su mayor creciente, de la con- 
gregación de otras quebradas á el acercarse á la ribera de el grande y noble 
río de Los Esclavos, tuvieron no poca dificultad nuestros españoles al pro- 
pasar, y vencer, el ímpetu de su curso, rechazados muchas veces de los in- 
dios de su ribera, por lo que ahora son de el pueblo de Los Esclavos, y los 
de Sinacantan no muy distantes, ni poco afectos á semejantes operaciones; 
pero considerado por el Capitán Juan Pérez Dardón, el inminente peligro 
de su gente, á quien combatiría la gran corriente de aquel río, hiriéndolos á 
el mismo tiempo las armas arrojadizas de los indios, probó á cansarlos, ha- 
ciendo alto destotra parte del río, por el término de tres días, no cesando 
nunca en ellos de dispararles, nuestros arcabuceros, y ballesteros, muchos 
tiros en que aunque hiriendo á algunos de los indios, no siendo mucho el daño, 
perseveraron sin moverse, con gran constancia, pareció á el capitán prin- 
cipal levantar el campo, fingiendo tomar la vuelta de Goathemala. Pero ha- 
biéndose apartado como dos millas, tomando las espaldas de unos montes, 
se volvió á encaminar á el río, á puesto más arriba que la primera vez, ha- 
llando disposición á la fábrica de un puente; pero recelando poder ser im- 
pedido de los mismos indios, dio tiempo á la ejecución de esta obra, entre- 



(73) Libro 19 de Cabildo.-folios 1 2, 163 y 164 . 

141 



tanto que la caballería de que era capitán de un regimiento de aquellas tro- 
pas, Pedro González Nájera, y gobernador de todas las tropas Hernando de 
Chávez, recorría las márgenes de el contorno, mas no encontrando los corre- 
dores del campo peligro alguno, ni militar prevención de aquellos indios, que 
pudiese ser estorbo á esta necesaria obra, cortando para ella gruesos y pro- 
porcionados maderos, en término de dos días, se perficionó bastante puente 
á el tránsito de nuestro ejército, sucediendo el ejecutarle con suma felicidad, 
de la caballería y infantería, y bagaje, hasta colocarse de la otra parte de la 
corriente, al abrigo de las faldas de unas colinas, por donde se alojaron por todo 
el término confuso de las tinieblas. Pero rompiendo el día el sello de las 
sombras, introducida la marcha por el propio país del valle de Jumay, á cosa 
de dos millas que había marchado el ejército, se encontró la caballería que 
marchaba adelante, con un buen número de indios armados de lanzas, maca- 
nas, y zaetas, con quienes trabando un rato la escaramuza, dio tiempo á que 
llegasen algunas mangas de infantería, que reforzaron y encendieron bien 
la pelea, pero, ardidosos, y prevenidos los indios, fueron formando una reti- 
rada hacia la parte de un gran cerro, á cuyas faldas volvieron de nuevo á 
mantenerse por un rato con buena resistencia, fingiendo ceder á nuestras ar- 
mas, bien desordenados, y confusos, empezaron á repechar el cerro arriba, 
para cebar á nuestra infantería, que les siguió el alcance, incauta entonces, 
y inadvertida, hasta la mitad de aquel monte, pero encimados los indios con 
máquinas, y exfuerzos muy bizarros, por haber atraído á la red á nuestros 
españoles, empezaron á descender tantas piedras de aquella cima, como si 
acaso fuesen llovidas, y no poco daño ocasionaron á nuestro ejército, y en 
especial á algunos de los indios amigos, que murieron, en tanto que tomaron 
nuestras escuadras la retirada; y cesando aquella grande, y peligrosa pluvia 
de guijarros, y volviendo á acometer nuestros españoles, volvió á dispararse, 
como al principio, otra gran cantidad de aquellas piedras, hasta que consu- 
mida la junta de este material, quedando libre de este peligro aquella parte, 
pudieron repechar á lo último de su eminencia; donde trabada nuestras gen- 
tes, con alguna menos que antes, de los contrarios, en breve término de tiem- 
po, muriendo muchos de los defensores de el sitio, tomaron por partido des- 
ampararle, dejando libre el campo á nuestros españoles. 

No escusa mi diligencia la digresión, al referir el estraño modo de estos 
ingenios de piedra, de que usaron estos indios de Jumay, y otros de este Rey- 
no, que reconocieron los españoles que tenían formadas en lo más eminente 
de aquel cerro, unas horcas muy altas, y de muchísimo ancho, y en el atra- 
vezaño, pendiente una soga muy gruesa, colgada de ella un madero fuerte, 
de mucho grosor, de mucho peso, y largo como dos brazas, cojido por enme- 
dio con una gaza muy segura; de aquella soga, ponían á el lado por donde ha- 
bía de destorcer, un gran montón de piedras y luego á esta soga, con el propio 
madero, la iban torciendo, y dando vueltas muy apretadas, como quien forma 
un torzal, hasta tenerla muy violenta, y soltándola á su tiempo, destorcién- 
dose con gran pujanza, y ligereza, al topar los brazos de aquel madero que 

142 







^ 



Ingenio Militar de los 
Pipiles. 



daba tornos muy violentos en el montón de las piedras, que las arrojaba y 
despedía con tanta vehemencia, como disparadas de un cañón fuerte. Con que 
siendo mucha la fábrica de estos ingenios, que yacían en diferentes sitios 
de su defensa, era el combate sin reparo. Esto, y mucho más, sabían hacer, 
é ingeniar, estos indios desnudos, por conservar su libertad, y mantenerse en 
su defensa natural, acometiendo desnudos á hombres armados. 

Con semejantes máquinas, y artificios mili- 
tares, se defendían en esta ocasión los indios de 
Jumay, y no menos con ellas, que con cautelosos 
ardides, procuraban la última desolación, y ruina 
de los españoles, y más ahora que siendo dominados 
y poseídos por los cristianos su gran propugnáculo 
y defensa, (74) para sacar á los nuestros de la emi- 
nencia de aquel monte á la llanura de los valles. El 
Cacique ó mandón que se intitulaba Tonaltet, que 
significa piedra del Sol, como si dijéramos precioso 
ó resplandeciente, que dominaba y regía, lo perte- 
neciente á aquel distrito, hizo particular embajada 
á el Capitán Juan Pérez Dardón, ofreciéndole la 
obediencia, y pidiéndole que fuese luego á su pueblo. Pero pariciéndole que 
tardaba el efecto de su traición, hizo tras estos otros embajadores, pidiéndole 
lo mismo. Mas este prudente Capitán considerada su instancia acelerada, y 
que el Cacique no salía de el poblado á rendir la obedencia que ofrecía, discu- 
rrió, no sin gran certeza, por estas circunstancias, el doble trato con que se le 
rendía. Y respondió que su traición estaba descubierta, que ya sabía que le 
llamaba á él y á sus compañeros para matarlos sobre seguro, pero que el gran 
Dios á quien servían, y adoraban los cristianos, no permitía que pereciesen á 
manos de idólatras aleves ; que viniese en persona; pues tantas veces se le había 
ofrecido la paz en nombre de el Señor Emperador, Rey de Castilla, porque él no 
pensaba desamparar aquel sitio, Hasta dejarlos vencidos, y sujetos, á la 
obediencia del Rey. No tardaron mucho tiempo los embajadores en llegar 
al lugar, por distar poco de nuestro alojamiento, y entendido por el Cacique 
Tonaltet que estaba descubierta su traición, y que ya no podían tener lugar 
sus industrias cautelosas, determinó salir á la campaña, y con gran celeridad 
ejecutó su intento, acercándose á las faldas de aquella eminencia, que domi- 
naban los castellanos. Y como se había asistido de grande, y armada muche- 
dumbre, que componía no solo el propio presidio de aquel pueblo, sino el 
socorro y ayuda de los de Izguatlán, Comapa, Jalpatagaa y los Esclavos sus 
auxiliares, provocando á nuestra gente, la solicitaba á el Valle; pero fijos los 
españoles en la seguridad del sitio dominante, estuvieron mucho rato en su 
propósito, mas los indios deseosos de la empresa, y á su parecer de los triun- 
fos de la victoria, corrieron aceleradamente, con estruendosa vocería, hasta 
las faldas del cerro; donde lograron los nuestros algunos tiros y pareciendo 
á el Capitán Juan Pérez Dardón, gastarse mucho tiempo y no menos muni- 
ción, con poco efecto dio orden para descender á un tercio de la eminencia; 



(74) Manuscrito Pipiles.— folio 15. 



143 



donde haciendo alto, y acercándose más los indios, fué incomparable el es- 
trago que recibieron, con innumerables muertos, y admirable número de he- 
ridos; con que advertido su desastre por la lamentable ruina de su grande 
asolación, volvieron con asombro las espaldas, al seguro de lo cercano del 
poblado. Siguió la caballería á el alcance de los contrarios, y en la campaña 
se hicieron prisioneros algunos principales, no solo de Jumay, sino de los 
otros pueblos, sus aliados. Y en que el cabo de aquel regimiento fué Pedro 
González Náxera, desmontado con la espada en mano, y otros de no menor 
valor, mostró más que otras veces los alientos de su espíritu, haciendo pri- 
sionero por su mano, á un hijo del Señor Tonaltet. Pero los indios llenos de 
asombro, y de tristeza, propasándose del pueblo, fueron á ocultarse por in- 
trincadas quebradas de aquel contorno, dando lugar á que nuestro ejército 
entrase en el pueblo, y le dominase de él. Y poniéndose en libertad algunos 
de aquellos prisioneros, se les ordenó por el cabo principal, Juan Pérez Dar- 
dón, fuesen en busca de los demás indios, que se ocultaban, y los llamasen 
de paz, asegurando que no se les haría molestia, y que los recibiría, y trata- 
ría con piedad. Y en el entretanto que los mensajeros se encaminaban al 
lugar de Junwy, se curaron cuatro españoles heridos, y entre ellos Hernando 
de Chávez, que regía como siempre toda la tropa de la caballería, estaba 
aquejado de una contusión de macana que recibió en un muslo, y una herida 
de zaeta aunque ligera en el brazo de la lanza. Y otro de quien tenemos no- 
ticia fué Pedro González Náxera. Y el cabo principal Juan Pérez Dardón, 
dijo que se enterrasen nuestros indios muertos, porque los vivos, nuestros 
amigos, hambrientos, no se aprovechasen de ellos. Pero volviendo los men- 
sajeros dijeron, y afirmaron, que no querían venir los indios de Jumay. Pudo 
tanto esta dureza y rebeldía en el ánimo del Capitán Juan Pérez Dardón, 
que con tantos requerimientos y prudencia había procedido, que tomando la 
marcha, hizo poner fuego al lugar. Y sirviendo de guías aquellos embaja- 
dores, dio sobre los indios á tiempo que rendidos, y desarmados, estaban di- 
vididos, y separados por varios sitios de aquella quebrada; donde haciendo 
prisioneros á muchos principales, entre ellos fué preso el mayor Cacique del 
pueblo de los Esclavas. Fueron conducidos, éste y los de Jumay con todos 
sus subditos, mientras se reedificaba Jumay, al pueblo de los Esclavos; don- 
de pareció conveniente, por si éstos rebelándose diesen favor á otros pueblos, 
para que siendo prisioneros fuesen conocidos, herrar, y marcar á los de aque- 
llas dos poblazones; de donde morando aquí estos indios largo tiempo, y sien- 
do los primeros rebeldes que se herraron, le quedó á este pueblo el pronom- 
bre de los Esclavos. Siendo esta marca freno invencible á las inquietudes, 
y rebeldías de estos pueblos ; porque á la verdad la instrucción, y orden ce- 
sárea, para hacerles guerra era justa, y muy igual con la razón, porque dis- 
ponía que aunque fuesen agresores, y rebeldes, antes de llegar á rompimien- 
to con ellos, se les hiciesen los requerimientos dispuestos, para que viniesen 
á la obediencia Real, llamándolos por primera, por segunda, y por tercera 
amonestación, y cuantas de más pareciese necesario, mas no menos atenta, 
y consideradamente se ordenaba, que se les diese á entender, por medio de 
cristianos peritos en su idioma (esto era con ciencia de que ya los había) 
cuando su propia importancia, y conveniencia les era el sujetarse á la obe 



144 






diencia Real; y se les explicase el grave daño que de la guerra les había de 
resultar, porque debían considerar, que siendo pertinaces, todos los que se hu- 
biesen á las manos en las batallas, habían de ser esclavos, y que así se les 
intimase, para que no alegasen ignorancia; y expresa que para tenerlos por 
tales esclavos los españoles, con seguridad de conciencia, era este el prin- 
cipal fundamento, y para que los castellanos no los ocasionasen, y moviesen 
quitándoles sus mujeres, hijas, ni criadas, ni otra cosa alguna contra su vo- 
luntad, imponía considerables y graves penas. Con tantas consideraciones 
y prevenciones cristianas, y piadosas, quisieron los reyes de España justificar 
la guerra de estas partes, fundamentada no tanto en engrandecer su Monar- 
quía, cuanto en extender y establecer y introducir las luces del Evangelio, 
como no menos á la atención de la conservación y alivio, de estos mismos 
indios conquistados, como diremos adelante. 



CAPITULO IX 

De las costumbres generales de estos indios, que usaban en el tiempo de su gentili- 
dad, y de lo que al presente observan. 



MARGINALES. — Ceremonias en los partos de las mujeres. — Al cortar el ombligo a la 
criatura, que ceremonias observaban. — Grande combite de este día. — '■ La facili- 
dad en el repudio de las mujeres. — Como se vestían, y adornaban las mujeres y lo 
que usan hasta hoy día. — Como se casaban. — Se ungían las mujeres con cierta 
composición aromática los labios, mejillas y pezones. — Tintas de chuchumites. — Se 
conservan hoy en mucho abuso los más de los indios. — Raro estilo de los indios de 
la corte. 



Bien podrá conocerse, por los horrores que cometían estos indios, en la 
ceguedad de su idolatría, de cuanto engaño y miseria los redimieron los es- 
pañoles, que los conquistaron; pues cuando no pudiéramos asegurarnos de 
ía salvación de muchos adultos, por lo menos en tanto infinito número de 
párvulos como con el bautismo han volado al cielo, como puede dejar de 
resultarles gloria á los que con sus trabajos, y admirables hazañas abrieron 
camino á el Evangelio, y hicieron con sus armas no menos lugar, que segu- 
ridad á los ministros eclesiásticos, que en ellos sembraron la saludable doc- 
trina de la Ley Divina; y no pudiendo dudar de la salvación de los niños, 
menos de los crecidos, podremos proponer certeza de su condenación sin 
gran temeridad. Bendita sea la infinita, superior misericordia de Dios, que 
estos que ayer incensaban á los ídolos hoy dan culto, y adoración, á el ver- 
dadero Dios. Estos errados en todas sus costumbres, observaban muchas, 
y notables ceremonias, en los partos de sus mujeres; y la primera siguiente 

145 



á el nacimiento de las criaturas, era sacrificar al ídolo principal una gallina 
blanca; mas no me persuado á que entre gente tan dada á ella, fuese sin 
ceremonias, ni menos de curas, y españoles muy antiguos, y muy noticiosos, 
he podido tener alguna certidumbre; porque el preguntar de estas cosas tan 
peligrosas á los mismos indios, sería de grave escrúpulo; respecto de que 
podría ser dispertar al que duerme. 

Mas estos padres infelices de estas criaturas poco dichosas, por otros 
nueve siguientes días, á el nacimiento del hijo, continuaban la misma cere- 
monia en el templo ; donde quedaban por obención de sus sacerdotes aquellas 
aves. Pero no menos vanos que supersticiosos, todos estos días los solemni- 
zaban con largos, y costosos convites, que "hacían á los más principales Seño- 
res, con quienes interpolaban á los más inmediatos de la estirpe de el niño, 
por una y otra vía, en que no poco, ni con moderación se daban á el uso de A 
la chicha, que es su vino. El día que á el infante se le había de cortar el om- 
bligo, era señalado por suerte, mas para echarlas había de ser por mano de 
el sacerdote mayor, y no por otra. Y los padres hacían sacrificio de gomas 
aromáticas, papagayos y maíz á el río, á donde se había de hacer la ceremo- 
nia de el lavatorio. Pero después que creciendo le habían de desmamantar, 
sacrificaban cuantas cosas comestibles podían haber, y era con más extre- 
mado, y gran convite, extendiéndose su vanidad si era persona principal, has- 
ta convidar á el Señor natural, que por costumbre, y fuero de sus nobles, no 
excusaba. 

A las mujeres de esta nación no era permitido bailar en público, ni en 
secreto, ni hasta hoy, sino es en pocos pueblos se tiene estilo en esto. Ellos 
como llevamos dicho en la primera parte, danzan como incansables, todo un 
día, cuatro, y ocho, si tanto dura la festividad de su pueblo, con indecible 
carga de plumas y otros adornos, que llevan sobre sí. Eran facilísimos y li- 
geros en el repudio de las mujeres, que con momentáneos y débiles motivos 
las echaban de sí; hoy se conservan en compañía doméstica, bien que en 
algunos países descuidan mucho de ellas. Las mujeres de la costa son ge- 
neralmente hermosas, y mui dadas á el aseo de sus personas, précianse de 
honradas, y de guardar fé á los maridos; en la gentilidad traían pasada la 
ternilla de la nariz, y en el taladro, una piedra preciosa, ó un cañutillo de oro, 
ó de plata, y usaban, sin distinción de personas, sarcillos en las orejas, bien 
que las ricas, y principales, los traían de oro ó plata, y las maseguales, ó ple- 
beyas, de caracoles ó de otras piedras comunes, que llaman chaychignites. 
Traían el pelo partido en crencha, y trenzado con cintas blancas, le recogían 
unas á la parte de el celebro, otras rodeando por la frente^ y otras á la coro- 
nilla de la cabeza, á la manera de una guirnalda, que llaman rodetes. Y en 
el lugar en que los traían, ó traen, y en el color de las cintas con que los 
trenzan, hacen especial divisa; para conocer de que lugar son; otras traían y 
traen unos paños sobre las cabezas, que cuelgan sueltos sobre las espaldas 
y los hombros, otras que los traen blancos y dados muchos dobleces á lo largo, 
que pendiendo de la cabeza caen por medio de la espalda, como las de Al- 

146 



molonga. Usaban de unas ropas como las de ahora las de la nación Pipil, que 
llaman nahnas, y sobre ellas, como camisa, el que llaman hnypil, con las fal- 
das por fuera, calzaban hombres y mujeres, igualmente á la manera de san- 
dalias, y en lugar de medias, á media pantorrilla, unos apretadores con mas- 
carones de oro, plata ó cobre. Ellas se afeitaban los labios, mejillas, y pe- 
sones, con una unción de bermellón, bálsamo, y liquidámbar, que las con- 
servaba con entereza en las carnes. Las mujeres de los Indios que llaman 
achíes no usaron tanto adorno, ni menos más dadas á el trabajo de ropas 
tan anchas, ni de guypiles tan finos en el hilo de su trama, sino más groseros, 
bien que sin duda hacía engrosar su urdimbre las muchas labores de chuchu- 
mite, que es estambre de lana, de colores tan finos en la perpetuidad de sus 
tintas, que jamás falta lo apurado, y subido de ellas; ó bien estas telas mez- 
cladas, y entretejidas de inmensa plumería, ya que más vistosas y galanas, las 
hacía, más gruesas y pesadas. Estas por muestra de principales Señores, 
usaron y usan los rodetes de el tocado de cintas de chuchumite, tan crecidos 
y disformes como un broquel, cuya diadema las afea, y desproporciona nota- 
blemente, usaron y usan así este adorno de tocado, como por grande gala y 
suma bizarría, el traer los rostros muy untados de achiote, no son tan afeadas 
en sus personas, como lo son las de la costa. En la propensión á la embria- 
guez, no hay distinción de los hombres á las mujeres, porque tanto son ellas 
apetecedoras del vino y de la chicha, como lo son los hombres. Mas no sin 
lástima y dolor podré afirmar, que en el abuso y costumbre de los profanos, 
y bárbaros sacrificios, no están purgados, ni todavía distando mucho de esta 
impía imitación de sus progenitores, y en lo perteneciente á la Sierra, diré 
adelante lo que experimenté de muy repetidas gomas, y aves blancas ofreci- 
das en los adoratorios antiguos, y fortalezas, que yacen por la soledad y 
retiro de aquellos dilatados pinares; cuya detestable costumbre debe de 
prevalecer en algunos, pero no mal doctrinados, ni poco bien instruidos en 
nuestra católica ley, son el desquite de los otros, que mal aconsejados de la 
razón, arrastran á la ejecución de tan diabólicas supersticiones. Y entre los 
que con católica piedad se señalan son generalmente los de la costa, en una 
costumbre loable, de edificación. Porque éstos, advertidos de la irremisible 
mortalidad de la naturaleza, habiendo de hacer viaje, jamás se atreven á ha- 
cerle solos, y solicitan compañía igual, y de su propia nación, y uno y otro, 
así como el alimento necesario para el camino, llevan consigo las mortajas, 
y dan por razón el que siendo hombres que han de morir, no sabiendo cuando 
ni donde, siendo pobres, por lo menos habiéndolos de enterrar de limosna, 
ya llevan sabido, que no les puede faltar con que cubrir la fealdad de sus 
cuerpos, y que al acompañarse con otro, es para que muriendo el uno, el com- 
pañero que queda cuide de enterrar al muerto, y se haga cargo de las cartas 
y encomiendas que lleva á su cuidado ; para entregarlo á quien toca, y cobrar 
de ello recibo. Estos parece que se sujetan más bien á la razón, y que con 
más claridad de juicio discurren en las cosas pertenecientes á sus almas. 

147 



CAPITULO X 

De las cosas que pasaban al mismo tiempo de la Conquista, en esta Ciudad de Goa- 
themala, dimanadas de las turbaciones de México, en ausencia de Don Fer- 
nando Cortés y de don Pedro de Alvarado. 



MARGINALES. — Principio de los pleitos y alborotos de México. — Alcanzaron aquellas 
pesadumbres y sinsabores a Goathemala. — El Cabildo requiere a Alvarado que 
traiga guarda de su persona. — No gusta D. Pedro de que le hagan escolta. — Hace 
Alvarado jornada para México a donde estaban sus mayores émulos, por ser amigo 
de Cortés. — Gonzalo de Salazar pone en prisión a Alvarado, y le suelta brevemente, 
y éste ya libre de la prisión le desafía. — Por el ausencia que Alvarado hacía para 
España nombra por su theniente a Jorge su hermano, y las razones que hubo en sus 
contrarios y enemigos, para no admitirle cesa el motivo, y es admitido Jorge de Al- 
varado como theniente de su hermano. 



Consiguió la aborrecible ingratitud de Gonzalo de Salazar, con el au- 
sencia de Don Fernando Cortés, que caminaba para la Provincia de Higueras, 
de este Reyno de Goathemala, con los más arduos y superiores trabaxos, 
que jamás Capitán alguno de las Naciones del Orbe perficionó jornada, el 
conspirar, hecho dueño del Gobierno de México, usurpado no sin escandalosa 
violencia, á Alonso de Estrada, y á el Contador Rodrigo de Albornoz, Tenien- 
tes de Cortés, no solo contra estas dos primeras personas, sino contra los de- 
más dependientes de Cortés, la aversión popular, mas como esta aunque 
voltaria, y alimentada de variedad de humores, no arrostrase á lo que con ojos 
claros conocía, que producía la emulación de Gonzalo de Salazar, y Peral- 
mindes, su singular aliado, y interesado en el Gobierno usurpado, procediendo 
no menos que con encono, con astucias, y máximas de gran cautela, asestaron 
toda la máquina de sus rigores, contra los amigos, y confidentes de Dn. Fer- 
nando Cortés, cundiendo el contagio de su vecino por la prolija, y gran dis- 
tancia de trescientas, y veinte leguas, hasta esta Ciudad de Goathemala, con- 
tra la inocente y clara persona de Don Pedro de Alvarado, íntimo de Cortés, 
en cuya conspiración, no sin gran certeza podré afirmar, trataban contra la 
vida de este excelente Capitán; porque hallándose en esta Ciudad de Goa- 
themala, no menos desafectos de Cortés, que declarados enemigos de Alva- 
rado, Gonzalo de Ovalle, el Veedor Gonzalo Ronquillo, y Gonzalo Hortiz, 
personas poderosas, y que ocupando los primeros puestos de la política, arras- 
traban tras sí, con el poder del manejo, y con la autoridad gran número de 
personas, bien que pocas de la primera nobleza, y las más de gente común, 
que unos conducidos de los intereses particulares, y otros de la propia subor- 
dinación, y cobardía de espíritu, arrastraban, y asentían á sus intentos, no 
menos instimulados de el calor, y persuasiva de Gonzalo de Salazar, y Pe- 
ralmindes, que alentados, y fortalecidos con repetidos correos de Francisco 
de Orduña, confederado de estotros, desde que se amotinaron contra Cortés 1 
y así el Cabildo, Justicia, y Regimiento de Goathemala, cierto, ó sospechoso 
de esta conspiración, propuso á Don Pedro de Alvarado, que trajese guarda 

148 



de su persona, por las revueltas que había en México, y en toda la Nueva 
España, y que le requerían sobre ello, ,7r " porque se temían de algún daño, 
y traición, y lo pidieron por testimonio en el Cabildo celebrado en 30 de Enero 
de 1526. Mas no sin embargo, de que reconocía Don Pedro de Alvarado, que 
le cercaban muchos émuloo, y que entre ellos podría peligrar la importancia 
de su vida, no permitió la grandeza de su corazón manifestar estos recelos, 
saliéndose desarmado, no solo por la Ciudad, sino por los campos, y por los 
caminos; pasando á mostrar mas bien, y mejor, la constancia de su espíritu, 
con emprender este mismo año, que mantenía en el círculo de sus días los 
ardores más activos de México, su jornada para la misma Ciudad; á donde es- 
taban con el poder, y el séquito, sus más poderosos, y descubiertos enemigos, 
no por más grave motivo, que no serlo el de Don Fernando Cortés. Pero lle- 
gado allá, tomando por su cuenta el desempeño de los créditos de Cortés, 
sobre que fulminaba la pasión de Gonzalo de Salazar, todo lo más ardiente 
de sus rencores, escribiendo á el Rey, y haciendo escribir á otros quejas, y 
deposiciones; que nunca lo más despierto de su malicia pudo procurarle. 
Y pareciéndole á el Salazar domesticar los bríos de Don Pedro de Alvarado, 
hay quien afirme que tuvo arte para ponerle preso en cárcel muy estrecha, 
y que reconocida su constancia, y que tenía por suyos á todos los del séquito 
de Cortés, le puso en libertad. Pero no menos tenemos la certeza de que 
libre de esta prisión (si es que la tuvo) no reconociendo á Gonzalo de Sala- 
zar por verdadero Gobernador, ni Teniente de Cortés en México, le desafió, 
según costumbre de los Reinos de Castilla. 

Mas entretanto, que estas cosas sucedían, en aquella Corte, y que Don 
Pedro de Alvarado aprestaba desde ella su viaje para España, no eran menos 
las revoluciones que se experimentaban en esta de Goathemala. (76) Porque 
bastantemente satisfecho D. Pedro de Alvarado, de los procidemientos, y seña- 
lado valor de Don Pedro Portocarrero, le dejó el título de su Teniente, para 
que durante su ausencia gobernase, en compañía de Hernán Carrillo, que 
eran los Alcaldes Ordinarios de aquel año, (77) pero sobreviniendo Jorje de 
Alvarado, hermano de Don Pedro, con nuevo título de el Gobernador de 
México, Marcos de Aguilar, sobre su recibimiento, no hallando poca resisten- 
cia en el Cabildo, que unánimes en no admitirle, se declararon en contra de 
su' parecer los votos, los unos, como era el Veedor Ronquillo, y los de su 
séquito, por el odio concebido contra el mismo Jorje, y Don Pedro de Al- 
varado, y los afectos á estos dos hermanos Alvarados, que era el número de 
exceso, por decir no deber ser admitido, por no traer el título despachado 
en nombre de Don Pedro de Alvarado, y presentarse con despacho de Mar- 
cos de Aguilar Gobernador de México, á que no debían dar cumplimiento. 

Detenido mucho tiempo Jorje de Alvarado, lo pasó no sin grande oca- 
sión de pesar, no menos por las discordias de México, sino por las desuniones 
de Goathemala, en que públicamente Gonzalo de Ovalle, y el Veedor Ron- 
quillo, que se mostraban parciales de Gonzalo de Salazar, y adversarios de 
Cortés, dividían no solo lo privado de el Cabildo, sino lo público de la ciudad, 



(75) Librólo de Cabildo.— folio 23 v. 

(76) Libro 1<? de Cabildo.— folio 12. 

(77) Libro 1* de Cabildo.— folio 25. 



149 



en bandos de contradicción, á el sentir de los amigos de Alvarado, y Cortés. 
Pero llegándole en este tiempo nuevos poderes de Don Pedro, su hermano; 
para tomar en sí el Gobierno, volviéndose á presentar con ellos en el Cabildo, 
fué admitido, no de otra manera que con la calidad de renunciar los poderes 
del Gobernador de México. (78) 

Quedaron con la entrada de el nuevo Teniente, mas correjidos los 
desafectos de Alvarado para lo público; pero es cierto, que en lo secreto, insta- 
ban á México por la disposición de mayores novedades, y aunque á Jorje de 
Alvarado, y sus amigos no se encubrían las tramas del Veedor, y sus par- 
ciales, con todo eso, disimulaban, por solo el celo de el mayor servicio del 
Rey, y mantener la tierra sin alborotos. 



CAPITULO XI 
Que continúa la materia del precedente. 



MARGINALES. — Nombra la Audiencia de México por Juez de Residencia de Jorje de Al- 
varado a Francisco de Orduña. — Orduña nombra por Alcalde a Ovalle, en perjuicio 
del que lo era. — Da por nulos los repartimientos hechos por Jorje de Alvarado, y 
hace otros perjuicios de gran monta. — Nuevas máximas de Orduña y Gonzalo de 
Ovalle. — Es la desunión de tos españoles motivo a muchos movimientos de los in- 
dios. — Introdúcese Martín de Estet, Capitán de Pedrarias en Cuzcatlán por negli- 
gencia de Orduña. 



Pero no bastando la gran prudencia de Jorje de Alvarado, y la con- 
tinencia y disimulación de sus amigos, á sosegar los pensamientos inquietos 
de Ronquillo, y de Ovalle, que eran los que más escribían, y solicitaban á 
México Gobernador de su parcialidad, ayudando para ello, no solo con lo 
más acre de sus informes, sino con cantidad de dineros, á la solicitud de aquel 
negocio, hicieron recaer en la persona de Francisco de Orduña, su gran ami- 
go, el título de Juez Visitador, y de Residencia, de Jorje de Alvarado, junto 
con el tle Gobernador, y Capitán General, de este Reyno de Goathemala, des- 
pachado por la Audiencia Real de México, sin otra distancia de tiempo, de 
una á otra presentación, que la de cuatro meses bien escasos, pues la de Jorje 
de Alvarado se halla asentada á los 29 de Abril de 1529, y la de Francisco de 
Orduña, en el día sábado, 14 de Agosto del mismo año, que manifiesta no sin 
pasión, y muí del Salazar á aquella Audiencia de México. (79) Pero ya Or- 
duña fué admitido sin repugnancia; mas no por general gratitud á el sugeto, 
si no por suma veneración á los rescriptos reales, que disponían que las jus- 
ticias de Goathemala obedeciesen las órdenes de la Audiencia mexicana. 
Pero no distando mucho de la serenidad de su entrada, á la ejecución de la 
indolencia de sus conceptos, solo reconoció Goathemala la bonanza de nueve 



(78) Libro 1<? de Cabildo.— folio 81. 

(79) Libro 19 de Cabildo.— folios 81 y 100 vuelta. 



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días, sin que el rumor de nuevas inquietudes, perturbase los ánimos tranqui- 
los de sus ciudadanos. Por que Gonzalo de Ovalle, á quien había nombrado 
Alcalde ordinario por estar Gaspar Arias, que lo era, en la guerra de Uspan- 
tlán, Ovalle como favorecido, y aliado del Visitador Orduña, que siendo se- 
cretario de Cortés, conociendo de Panuco, á Gonzalo de Ovalle, como Capitán 
de Francisco de Garay, desde donde reconoció su valor, arte, y su resolución, 
éste pues tomó la voz acaso aconsejado del propio Gobernador, ó conducido del 
concepto de su propio genio, á contradecir los repartimientos de indios y tie- 
rras, hechos por Jorje de Alvarado; mas resultando en daño de algunos de 
los que componían el Cabildo, (80) quedó este cuerpo, desde este día, infestado 
con varias oposiciones, y bandos de pleitos, y litigios perniciosos, que cun- 
diendo á los interesados de la República, también los dividió en muy temibles 
parcialidades, que formaba la parte de los que perdían los repartimientos, 
y la de los que los apetecían. Y por este interés contemporizaba con los dictá- 
menes severos del nuevo Gobernador, que declaró por nulo todo lo obrado 
por Jorje de Alvarado, y los Alcaldes por él nombrados, hasta el día en que 
el mismo Orduña se entregó de la Justicia. (81) 

Sobre estas sensibles turbaciones se nombró, por Procurador para 
México, á Pedro de Cueto, y se le otorgaron con gran celeridad los poderes; 
mas entretanto, no cesando Francisco de Orduña en maquinar nuevas in- 
quietudes, no por otra mano que la del Alcalde ordinario Gonzalo de Ovalle, 
á su pedimento, hizo consumir una probanza original acerca de los méritos de 
Don Pedro de Alvarado, pasando á proceder, no con más recato contra la 
persona de Cristóbal de Robledo, Gentilhombre de Don Pedro de Alvarado, 
Procurador Síndico General de la ciudad, sin más delito, para ser puesto en la 
cárcel que haberse hecho á su pedimento esta probanza, y en cuya reclusión 
se experimentó, no solo privado de la comunicación, y trato de su familiares, 
amigos, sino con el secuestro de sus bienes, con pérdida de muchos de ellos, 
dando lugar, preso el Procurador Síndico General, y sin poder el Cabildo, 
pasar por su autoridad á nombrar otro, á mayores opresiones, y á la cesación 
de los más arduos negocios de la República. Porque opuesto á este dictamen, 
de nombrar otro, Francisco de Orduña, que decía, que no obstaba la suspen- 
sión de los pedimentos, y negocios de ciudad, en el Ínterin, que brevemente 
se procedía contra la persona de Cristóbal de Robledo. 

Mas entretanto, no sin crecidas amarguras de los vecinos, Gonzalo 
de Ovalle se oponía á todo lo que era el nombre de Alvarado, fuese Don Pedro 
ó fuese Jorje, ó acaso alguno de sus parciales, mas como quiera que á veces 
el que privando tiraniza, y bien que al mismo tiempo teme, así manda, pero 
bien recelando Gonzalo de Ovalle, el que volviendo de España bien despa- 
chado Don Pedro de Alvarado, no se lograsen las conveniencias de sus ami- 



(80) Libro 1<> de Cabildo.— folio 109. 

(81) Libro 1<? de Cabildo. -folio 142 v. 



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gos; para más bien asegurarse el séquito que mantenía, pidió en Cabildo, 
que los repartimientos de indios, no los hiciese Don Pedro de Alvarado, y 
que se escribiese al Real Consejo no le confiriese jamás semejante regalía; 
pero en la arcanidad de los altos consejos de Dios, se miraba con claridad la 
inocencia de Cortés, y de Alvarado, sentenciando favorable las causas de sus 
amigos, y así con semejantes trazas desunió la máquina del demonio, la fiel 
concordia de los españoles, para intentar por este medio divertir el logro de 
la predicación evangélica,, ejercitada entonces por los Clérigos Juan Godínez, 
y Francisco Hernández, dando más tiempo á los indios inclinados á novedades, 
á pensar, y maquinar, contra los españoles. Con el ocio en que los puso Fran- 
cisco de Orduña mandando con cautelosa industria, que ningún vecino de 
esta ciudad de Goathemala saliese á cojer oro, con pena de perdimiento del 
oro, y los indios que le estuviese repartidos, (82) rebosando esta cautelosa 
orden de su codicia, con un dictamen al parecer bien justo, porque le motivaba 
diciendo, que por estar ocupados en las labores de los minerales, se dejaba 
de beneficiar los campos, de cuyo descuido provenía hambre general que oca- 
sionaba peste, y se disminuían los vasallos de su Majestad. Pero este pre- 
texto, mal rebozado, comenzó luego á descubrir el ánimo del Visitador Or- 
duña; por que á el siguiente día de la publicación de su auto, dio licencia y 
despacho á Diego Sánchez de Ortega, para que saliese con sus cuadrillas á 
coger oro por tiempo de dos meses, no cesando de conceder otras muchas 
desde entonces. (83) Mas como quiera, que decíamos, que con las desuniones 
que introdujo entre los mismos españoles, les dio ni menor motivo, que atrevi- 
miento á los indios, para lograr la ocasión que siempre han deseado, levan- 
tándose muchos pueblos de las Provincias más distantes, quedaron sin re- 
medio hasta la vuelta de Alvarado, porque el pensamiento de Orduña no se 
daba á más intento que el de destruir los amigos y dependientes de Don Pedro, 
y desaparecer la familia del Alcalde Gaspar Arias, á quien había afrentado, 
dándole una bofetada en Cabildo. 

Retirándose éste, como hombre noble, y afrentado, á la aspereza de los 
montes más solitarios, huyendo del concurso, y escondiéndose á la memoria 
de los hombres, y dejando perder su hacienda; más á la verdad le honró Dios 
mucho, después de este lance; porque dejó sin duda de conspirar contra la 
persona de este Gobernador, siendo como era el ya propuesto Gaspar Arias, 
persona poderosa, y con muchos amigos, que se le ofrecían, para seguirle 
á cualquiera resolución. Mas él advertido y cuerdo atendió siempre al mayor 
servicio de Dios y del Rey y á mantener la paz pública. Por cuya ocasión Gon- 
zalo Ortiz, dependiente y amigo de Gaspar Arias, se había apartado del séquito 
del Visitador, y unídose con Alonso de Alvarado, con Don Pedro Portocarre- 
ro, Bartolomé Bezerra, Bartolomé de Arteaga, Diego de Alvarado, Gómez de 
Ulloa y otros muchos caballeros que disentían de los dictámenes del Vi- 
sitador Orduña. (84) 



(82) Libro 1<? de Cabildo.— folio 142 v. 

(83) Libro 1<? de Cabildo.— folio 127. 

(84) Libro 1<? de Cabildo.— folio 149 hasta 166. 



152 



CAPITULO XII 
Que continúa los accidentes del antecedente. 



MARGINALES. — Conténtase Orduña con hacerle un requerimiento a Estet y dar aviso a 
la Audiencia de México. — Junta un Cabildo abierto removido de las públicas mur- 
muraciones. — Personajes de que se componía el Congreso en que Orduña procede 
detenidoi — Los de la Junta resuelven que se haga la guerra, y pide que venga al 
Cabildo Gonzalo de Ovalle. — Reusa Orduña la jornada por la guerra de Yzquipulas, 
y la que se ofrece con Estet. — Navega entre tanto D. Pedro de Alvarado de España 
para este Reyno. — Hócese sospechoso con Orduña Gonzalo de Ovalle. — Junta 
Ordinaria después de muchos otros Congresos y la opinión en que se reputaba este 
gobernador. — Gonzalo de Ovalle reconciliado con los parciales de Alvarado viene al 
Congreso de 2 de marzo. — Parecer bien notable, y digno de memoria de Gonzalo 
de Ovalle. — Persiste Orduña en representar el riesgo de su persona. — Entra Estet 
la villa de San Salvador, y funda una villa junto a San Pedro Perulapa, y ejercita 
muchos destrozos. — Cométese la facción del desalojo de Estet a Francisco López. — 
Acepta la jornada. — Embaraza Orduña esta represión. — A las instancias del Ca- 
bildo resuelve que se espere a la resolución de México. — Entre tanto se levanta- 
ban muchos pueblos convidados de las enemistades de los españoles. 



Pero mucho más sin comparación fué de grave sentimiento para todos 
los confidentes de Don Pedro de Alvarado, y aún para Gonzalo de Ovalle, el 
mas intimo dependiente de Orduña, el ver que este Gobernador interino 
dejase perder la tierra, y llevársela de las manos sin resistencia a Martín de 
Estet, Capitán de Pedrarias, introducido por la provincia de Cuzcatlán, que 
es la de San Salvador, con doscientos hombres de a pie, y de a caballo, donde 
prendiendo a Diego de Rojas teniente que era de aquella provincia, con otros 
diez y siete soldados de su cargo, y muchos indios, con ánimo de tomar la 
Ciudad de San Salvador, quitar la justicia, y ponerla de su mano; no menos 
que para hacerla frontera contra esta de Goathemala; mas aun que de todo 
este gran desorden dio inmediato aviso Diego de Rojas, por persona de 
Miguel González ; toda la determinación de Orduña se resolvió, en remitir 
una provisión contra Martín de Estet; para que derrame la gente y salga de la 
tierra, diciendo que si para introducirse en ella trae provisión de su Magestad 
la manifieste, pero quedando sosegado con esta disposición, hizo correo para 
México, dando cuenta de lo acaecido, con ánimo de esperar la determinación 
de aquella Audiencia. Más como los rumores de los ciudadanos creciesen, 
viendo perder con tanta insensibilidad, lo que les habia costado su trabajo, 
y su sangre; y que ya publicamente le motejaban de infame, y de cobarde, 
mandó que se juntase un Cabildo abierto, no sabré afirmar si para entretener 
el tiempo, ó no; más parece, que sin recelo puede de sus operaciones presu- 
mirse, porque propuso este Cabildo ; donde autorizado por la representación 
de su cuerpo, y asistido de algunos de sus primeros Republicanos, se hallaban 
Juan Pérez Dardón, que era á la sazón Alcalde Ordinario, Antonio de Salazar, 
Francisco de Castellanos, poco desafecto de Orduña, Francisco de Arévalo, 
Juan de Espinal, Pedro de Vides, Bartolomé de Arteaga y Gonzalo Sánchez 

153 



de Lievana que eran los que componían la forma de Cabildo. Y de los caba- 
lleros hijosdalgo, llamados á este Congreso, Don Pedro Portocarrero, Diego 
de Alvarado, Luis de Vivar, Baltazar de Mendoza, Juan de Chávez, el Contador 
Ortega Gómez, Bartolomé Bezerra, Gómez de Ulloa, Pedro de Torres, Luis 
Dubois, y el cura Juan Godínez, á quienes como decíamos propuso Orduña : 
que tos daños que Martín de Estet, y gente de Pedrarias hacen en Cuscatlán, 
son muchos, y que á la provisión que él le envió responde de mala manera, 
y que sus mercedes vean el remedio que puede ponerse en ello, sin inquietudes, 
y con toda paz, y sosiego, y defensa de la tierra, con atención á el correo hecho 
á la Real Audiencia de México; pero el Cabildo y los caballeros de su asisten- 
cia, considerado el término violento, con que procedió el Capitán de Pedrarias, 
y la lentitud, y poco valor, de la resolución de Orduña, respondió, con em- 
peño digno de su propia lealtad : que ellos han visto tos autos referidos, y 
otra información, de como Estet con la demás gente de Pedrarias, con mano 
armada, ha entrado hasta los límites, y términos de esta Provincia de Goa- 
themala, que ellos en nombre de su Magestad han conquistado, y poblado, 
y la tienen sin contradicción alguna, y que sin título de su Magestad, Estet 
la quiere poner en la Gobernación de tierra firme, y que así piden al Señor 
Gobernador Orduña, salga en persona, y que todos están prestos, y aparejados, 
para irle asistiendo, y pídenle testimonio de ello; y que Gonzalo de Ovalle, 
que está en la Ciudad, y no ha venido á esta junta, se le compela á que dé 
su voto. Era á la sazón Alcalde, pero como quiera que el ánimo de Orduña 
no era de desacomodarse, ni dejar de la mano la materia de sus intereses 
particulares, respondió : que ofrece ir á la jornada, pero que propone el riesgo 
de su persona, por el que le ofrecen en aquellas fronteras por la guerra de 
Esquipulas, y la que se ofrece con Martín de Estet, y que para su seguridad 
necesita de gente de á pie, y de á caballo, y que admite el servicio del Cabildo, 
y demás caballeros, é hijosdcdgos, y que se pregone la jornada para saber 
qué gente quiere ir con él. 

Todas estas circunstancias, propuestas con caimiento de ánimo, y di- 
latorias prevencionales, en caso que no los amagos amenazaban, sino que las 
ejecuciones compelían, demostraban más que cobardía, deseo de que sin lle- 
gar á las manos, Don Pedro de Alvarado perdiese de su Gobernación esta 
Provincia, tan importante, y inmediata de la cabecera. Pero en los decretos 
de la gerarquía suprema venía ya prevenido el remedio, por mano de aquel 
mismo á quien se le solicitaba el daño, mediando entre estos accidentes la 
navegación de Don Pedro de Alvarado de la vuelta de España á este Reyno. 
Pero Francisco de Orduña, no menos receloso de esta arribada, que de con- 
siderarse menos seguido de los propios que le habían colocado á el solio de 
la Regencia, temiendo más á Gonzalo de Ovalle, que se le retiraba muchas 
veces, advertido de lo poco rectos procedimientos de este Visitador, en que 
no quería parecer muy cómplice; pero no menos discurría Francisco de Or- 
duña, en la actividad del ánimo, y en lo astuto del genio asistido de la parte 
de gran valor, y no menos resuelto espíritu de Gonzalo de Ovalle, para temerle 
más que á todos juntos, á quienes podría la mayor astucia de este, deponer la 
parte de la suma prudencia de que eran dotados, y por todos estos motivo! 
solicitaba en lo aparente, compurgarse de la calumnia de poco solícito en 1¡ 

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restauración de lo que por sus lentitudes había perdido, juntando repetidos 
congresos. Y en el que volvió á celebrar el día siguiente, era el ya propuesto, 
que fué el 12 de Marzo de 1530, representó: su grande imposibilidad para 
ejecutar su jornada, por la poca gente con que se halla, pues solo había equi- 
parados á ella sesenta hombres, y que dándole hasta ciento de á pie y de á 
caballo, está presto de ir á la jornada de Cuscatlán, y protesta que de no, 
que corra por cuenta de la Ciudad, y no por la suya; porque él no quiere ir á 
romper con la gente de Pedr arias, sino á proceder contra ella por tela de 
juicio, pues son vasallos del Rey, y que para ir á hacer dichos autos, ha de 
ir acompañado con él. Pero como quiera que ya Gonzalo de Ovalle se hallase 
más reconciliado con la parte de los servidores de Alvarado, y menos afecto 
á el ánimo cruel, y por eso no sé si cobarde, de Francisco de Orduña, ó sa- 
bidores por medio de la comunicación, ó quizá por la propia seguridad de el 
ánimo resuelto de Gonzalo de Ovalle, ó lo más cierto, por hacerle sentar en 
la liga, en que consideraban preso al mismo Orduña. Los Regidores fueron 
de parecer, antes de resolver la proposición de Orduña, de que Gonzalo de 
Ovalle dijese su parecer, requiriendo á el Gobernador, que por estar presente 
el propuesto Alcalde Ovalle, le mandase que diese su voto, y ordenado asi por 
el Gobernador Juez de Residencia, dijo : (siendo muy de notar su parecer) Que 
a él, como á Gonzalo de Ovalle le duele la perdición de la tierra, por haberles 
costado su trabajo conquistarla y mantenerla, y que si el Señor Capitán Gene- 
ral lo manda, él irá en persona á favorecer á los vecinos de aquella Provincia. 
Pero que como Alcalde de Su Magestad dice, que él tiene jurado el pro común 
de esta Ciudad de Goathemala, é no de otra; ni de villa ninguna; y que pues 
á los Señores del Cabildo les ha parecido, que el Señor Capitán General vaya, 
que á él le parece lo mismo, con tal que deje el recaudo necesario; para la 
guarda de esta Ciudad, y que así se lo requiere. Pero con todo eso, firme en 
su propósito Francisco de Orduña, solo protestaba el riesgo de su persona, 
y lo revuelto de toda aquella frontera, en que podía peligrar todo el ejército, 
no moviéndole el mayor servicio de el Rey, ni la declarada intención de Gon- 
zalo de Ovalle, á quien más procuraba tener por suyo. 

Y á este mismo tiempo el Cabildo discurría, no sin entrañable dolor, 
entrada ya la villa de San Salvador, por Martín de Estet, y presos sus prin- 
cipales cabos, depuesta la Justicia, y puesta la de su mano en los de su 
facción, y fundada una poblazón junto á San Pedro Perulapa, á quien llamó 
villa de Caballeros, y que á cierto procurador que le requirió en nombre del 
Rey, que dejase la tierra le había ahorcado, por cuyas causas el Cabildo ha 
de determinar sin esperar á las lentitudes de Orduña, por su propia autori- 
dad, el nombrar persona y cabo principal, para esta expedición; y dijo: que 
mandaba, y mandó, á Francisco López, que pues ha mucho tiempo que no 
sale de esta Ciudad, desde la guerra de Guaymoco, atento á que otros han 
salido poco á otras guerras, que vaya á esta jornada, pena de perdimiento de 
indios, é de cien pesos de oro. Mas este excelente soldado, no acostumbrado 
á semejantes compulsorias, y siendo de los poco inclinados á las máximas de 

155 



Orduña, discurriendo, y no sin fundamento, no gustar mucho el Juez Visita- 
dor de su aceptación á aquel cargo, tan solo respondió : que él de su voluntad 
va á ella. En que se discurre cuan libremente se procuraba ya proceder con- 
tra los* dictámenes, y largas esperas de el Juez de Residencia, en que no se 
que haya juicio tan limitado, ó tan lleno de pasión que no conozca los errados 
procederes, y más que irregulares conceptos, de este Gobernador, pues ahora 
no menos debiera mostrarse grato de que se ofreciese tal persona, bastase á 
sustituir la falta de la suya, dándole gracias por ofrecerse á los peligros, que 
él tanto recelaba antes bien mostrándose poco satisfecho de esta resolución, 
fué de sentir que por entonces se omitiese aquella importante expedición, 
contentándose con que se le volviese á mandar á Martin de Estet, por otra 
provisión, que desocupase la tierra. Mas el Cabildo, firme en su primera 
resolución, dijo: no deberse entretener en pláticas con Martín de Estet; y 
corroborando los anteriores de todos, el Tesorero, Francisco de Castellanos, 
que conocía la pusilanimidad del espíritu de Orduña, por haber sido su com- 
pañero en la conquista de Uzpantlán, propuso : que se debía llevar á ejecu- 
ción la jornada de el Señor Gobernador Orduña, y obligar al Capitán Estet, 
á que tome la vuelta de tierra firme; porque nuestra gente no siendo socorrida 
puede rebotarse, y pasarse á la banda de Pedrarias. Mas conformándose con 
este parecer el Cabildo, viendo Orduña recaer sobre sí otra vez aquella gran 
tempestad de pareceres, sobre que ejecutase la jornada á Cuzcatlán, y que 
el decir que se le obligase á Estet á tomar la vuelta de tierra firme, era decir 
que se llegase con él á las manos, temiendo mas sin duda la muerte tem- 
poral, que la muerte de su fama, se determinó : á que se suspendiese esta 
resolución, hasta el aviso de la Audiencia de México, y para ella se hiciese 
nuevo correo. 

Con estos movimientos, y separaciones de voluntades, corrían las cosas 
de los indios muy libremente, casi mofando, y desobedeciendo á nuestros es- 
pañoles, y retirándose por instantes á los más solitarios arcabucos, resultando 
de aquí no solo el exemplo de que cada día se valían otros muchos pueblos, 
estando casi todos sublevados por una sola causa, pero retirados estos que 
daban cumplimiento á toda la provisión de esta Ciudad, recayó su vecindad 
en una notable inopia de vituallas, y de el temporal cultivo de los campos, 
cuyo defecto imposibilitó más en adelante la provisión de la república. Y 
como solo se hallaban los dos eclesiásticos clérigos, Juan Godínez, y Fran- 
cisco Hernández, en ella, no había, por andar fuera los demás ni había quien 
entre los españoles metiese la mano, ni menos quien con la predicación con- 
tuviese á los indios; mas este propio desmán y exploración violenta de Mar- 
tín de Estet, fué el mayor medio á la domesticación de los indios, viéndose 
defendidos de nuestros españoles de Goathemaía, de la tiránica opresión de 
el mismo Estet, que intentaba pasarlos á tierra firme, como diremos á su 
tiempo, en el fin de esta invasión de la gente de Pedrarias, á la llegada de 
Don Pedro de Alvarado, despachado á su satisfacción de la Corte para este 
Reyno de Goathemaía, 

156 



CAPITULO XIII 

De lo que el Rey ordenó por estos tiempos, acerca de el aprovechamiento espiritual 
de los indios. Fundaciones de monasterios; culto de las iglesias, y ennoble- 
cimiento de las nuestras fundaciones de Ciudades y Villas. 



MARGINALES. — Encarga su Majestad que los indios sean doctrinados. — Concede los 
diezmos de este Reyno para la edificación de templos y veneración de el culto divino. 

— Da forma para los edificios y labranzas. — Releva de tributo a los indios por un 
año. — Cuales llamaban indios bárbaros. — Ordena que no se permitan moros ni 
berberiscos en esta ciudad de Goathemala, y porqué. — Que algunos clérigos que se- 
ñalaría el Obispo de Nicaragua se expeliesen de aquella provincia. — Iniciativa sobre 
si sería bien poner preceptor de Gramática. — Que se fomenten los edificios de los 
Monasterios de los Religiosos. — Que a los indios se les enseñe la doctrina cristiana 
en lengua castellana. — Que se informe si convendrá fundar Hospital para indios, 

— Limosnas que dio a Monasterios para su fundación. — Distribuyese en el orden 
de hacer las poblaciones de los lugares. 



Aunque la grave concurrencia de los negocios en dietas continuadas, 
y frecuentes expediciones para diversas partes, pudieran abstraer el Real áni- 
mo del invictisimo Emperador Don Carlos Rey de España, para descuidar en 
algo de lo perteneciente á las Indias, sin embargo aquel gran talento, valor 
invencible, y celo inapagable de la exaltación de nuestra santa fe católica, 
le tenía en tal disposición de juicio, que como el sol á un tiempo mismo es 
para todos, sin hacer falta á alguna parte de cuanto domina su influencia; 
así este singularísimo Monarca, arbitro superior de todas las demás Monar- 
quías, parece que como el sol sin deficiencia se hallaba presente en todas 
partes de la gran extensión de el admirable círculo de todo su Imperio y se- 
ñoríos para más alta consideración, como si no tuviera otra cosa que cuidar 
que de estas Occidentales Indias, así en lo dilatado de su ancha y noble si- 
tuación estaba influyendo benignidades de que no le alcanzaban menos á 
este Reyno de Goathemala; pues en el atendiendo á la mas acordada dispo- 
sición del catequismo de los indios mandó, que pues su principal intento era 
el de la salvación de los naturales, encargaba que se tuviese particular cui- 
dado, en su conversión, y doctrina, y que se trabajase, pospuestos todos in- 
tereses, sobre que se convirtiesen á nuestra santa fé católica, solicitando que 
viviesen como cristianos, y se salvasen; pues siendo hábiles, y capaces, ofre- 
cían acomodada disposición para ello, y que por parecer el medio más seguro 
para establecer y promulgar la fe, entre estas gentes, se procurase primero 
instruir en ella á los Señores Caciques, y Principales, no entrándoles de golpe, 
ni á mucha instancia, por no causarles desabrimiento ; y que consultado con 
los Religiosos, y personas de buenas costumbres, que en estas partes residían, 
[i se pusiese calor en ello. Y que pues la gente por sí observaba buena poli- 
I cía, se procurase el que se mantuviesen en la habitación de sus pueblos, im- 
I poniéndoles en buenas costumbres, solicitando apartarlos de la abominación 
I de los ídolos, y de que tuviesen guerras entre sí, solicitando con su medio 

157 



hacer prisioneros, para sacrificarlos, y comer carne humana, de que Dios 
nuestro Señor será muy deservido, sobre lo cual mandaba se entendiese con 
gran solicitud, y por todas las maneras posibles, la enmienda de estas abo- 
minaciones, y porque á estos miserables, aún no bien persuadidos en lo que 
se les proponía para utilidad de sus almas, les persuadiesen más lo material, 
conforme á la propiedad de sus genios, y porque, ni más ni menos, por esta 
vía el culto de Dios fuese aumentado, concedió que el Gobernador de este 
Reyno, y los oficiales de su hacienda, con parecer del Licenciado Marroquín 
residente en estas partes, gastasen y distribuyesen los diezmos, y puestos 
eclesiásticos, en edificios y reparos de las iglesias, (85) ornamentos de ellas 
y otras cosas dedicadas al culto Divino, y salarios de los curas que hubiesen 
al presente, y hubiesen tenido cargo de las iglesias, y que en los edificios 
particulares, y las labranzas pudiesen gastar los vecinos, y habitantes de 
Goathemala la décima parte, de lo que adquiriesen en guerra, en mercade- 
rías, y sacas de oro, concediendo á esta Ciudad de Goathemala la tierra para 
ejidos, por distancia de dos leguas en contorno, diciendo : y esto acatando á 
la voluntad que tengo de la población, é ennoblecimiento de dicha ciudad. 
Cuyos privilegios y gracias demuestran bien la gran voluntad con que todos los 
Reyes han querido favorecerla. Ordenóse así mismo, por estos tiempos, el 
que los indios conquistados en estas Provincias fuesen relevados de tributo 
por tiempo de un año, y que los que no los tuviesen, fuesen reducidos á po- 
blazones. Estos son los que deben mirarse como bárbaros, que reducidos 
á bestias, vivían en las selvas, cuevas, y quebradas, con no menos orden que 
de salvajes, asquerosos, tiznados, y embijados, con las cabelleras muy crecidas 
y enmarañadas, desnudos y con uñas tan crecidas y largas como de un tigre, 
comiendo lo que cazaban, aunque fuesen culebras, hormigas, gusanos y otras 
cosas tan asquerosas como éstas. Pero como por la alta contemplación de la 
Magestad del Rey, se atendía tanto á que éstos aprendiesen buenas costum- 
bres, prohibió que en este Reyno de Goathemala, no se admitiese ningún 
moro ni berberisco, y que si acaso pasasen algunos, que luego se inviasen 
á España (y añade en su Real Rescripto) deseando que se funde una ciudad 
muy noble y católica. Y porque sin duda el Reverendo Obispo de Nicaragua, 
Don Fr, Antonio de Valdivieso, que después acabó con gran desastre, debió 
de dar noticia al Real Consejo de algunas inquietudes de su obispado, se 
mandó á esta Audiencia de Goathemala que expeliese de aquella Provincia 
algunos clérigos escandalosos, que señalaría el Obispo, y que la Audiencia 
avisase si sería conveniente poner un Preceptor de gramática para los mozos 
que habían nacido en esta Ciudad de Goathemala, y qué salario se le podría 
dar, y de dónde había lugar de pagarlo. No menos muestra dá de el más 
que grande celo de los Reyes esta Real Orden, pues á todos los querían apro- 
vechados en el logro de la virtud, y á ninguna esfera del vasallaje olvidaban. 
Como no con menos razón hacía memoria, tanto como particular devota, de 
los obreros de la viña nuevamente plantada, para mayor utilidad de su fruto. 
Pues gobernando el Príncipe, en una Real Cédula, que habla con el Presi- 
dente Licenciado Cerrato dice : Y por que como tenéis entendido, el principal 
intento de su Magestad en la provisión de esa tierra, es dar orden como los 



(85) Libro 1"? de Cédulas Reales de la Secretaría de Cámara.— folio 14. 

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naturales de ella, que tanto tiempo han estado sin lumbre de fé, sean instrui- 
dos en ella, y se salven y pues el medio más provechoso que para esto ise ha 
hallado, es los religiosos que con celo Evangélico, pasan á estas partes y así 
es justo que los dichos religiosos sean ayudados, y favorecidos en tan buena 
y santa obra. 

Siendo esto para que fundando en Chiapa, se fomenten los edificios 
de los monasterios de aquella Provincia, que por entonces se trataban de fun- 
damentar en sus asientos; y que juntamente se ayudase á que estos mismos 
religiosos enseñasen la doctrina cristiana, á los indios en lengua castellana. 
Cuyo uso fuera de grandísima utilidad, si así como la suma piedad del Rey 
lo ha mandado se hubiera ejecutado, mas ya por dicha, habiendo tantos Mi- 
nistros aplicados á administrarles, que se han proporcionado á el áspero cami- 
no de aprender tan diversos idiomas, ó porque acaso los mismos indios, no 
hayan arrostrado el uso de la lengua española, por no desnaturalizarse de su 
materna, se han quedado como al principio, bien que muchos, y estos son los 
mejores en costumbres, la hablan, como nosotros, y deseando, utilizar y con- 
servar á estos reducidos á el gremio seguro de nuestra Madre la Iglesia. Man- 
dó se le informase si convendría edificar Hospital, donde estos indios fuesen 
curados ; pero como la obra en sí era tan extremadamente piadosa, tuvo efec- 
to, que prevalece hoy día, con gran beneficio de gente tan miserable, mas 
por sí tan inútil, y habituada á la miseria, que pudiendo venir de los pueblos 
de el Valle que están inmediatos, á buscar el medio de su sanidad, se dejan 
en sus pueblos ; donde es más que grande compasión el verlos morir desdicha- 
damente, puestos en el suelo sobre una estera que llaman petate, el fuego á 
la cabecera, sin más abrigo que el de una corta frazadilla, ni más regalo que 
el ordinario pan de maíz, mas quien podrá culpar tan inconsiderado, ni á la 
obligación de el Rey, ni á el celo de los Ministros Eclesiásticos, cuando los de 
esta Nación apetecen más las miserias que la prosperidad y bonanza de los 
tiempo, y cuando prevenidos los medios de su socorro, no gustan de gozarle 
y le desprecian. Y en este tiempo mandó socorrer á la Religión de Santo Do- 
mingo á pedimento de Fray Domingo de Azcona con mil pesos de oro de mi- 
nas, para los monasterios de Chiapa, y á los de San Francisco, de cierta li- 
mosna para medicinas, y para el edificio del Monasterio de Sonsonate mil 
ducados, producidos de el valor del oficio de Regidor de esta Ciudad, en que 
optó Gaspar Arias, y para la reedificación de este Convento principal de Goa- 
themala, el de Chiapa y San Salvador la aplicación de otros mil ducados, de 
el efecto que procedió del oficio de Regidor, dado á Pedro de Solórzano. Más 
como quiera que la Magestad de el Rey atendiese tanto á la conservación de 
lo conquistado, y en aquellos primeros principios á la mejor y más acertada 
disposición de las fundaciones, ordenaba que se hubiese grande consideración 
en los asientos de los lugares, que hubiesen de hacer atendiendo en qué 
sitios debieran fundarse, y establecerse, para la navegación, y más conocida 
seguridad de la tierra, y que los que se fundasen para asegurar la navegación 
fuesen en tal sitio, y disposición de país, y que los navios que viniesen de 
España pudiesen ser aprovechados, teniendo agua y las demás porciones para 
su viaje, fundándolos en asientas sanos, y que no fuesen anegadizos, con 
buenos aires, cercanos á los montes, y con buenas tierras para labranzas, 

159 



y donde se pudiese sin mucho trabajo llevar por tierra las mercaderías, y que 
habiendo de ser las fundaciones en lo interior de la tierra, se atendiese á que 
fuese en parte á donde, por alguna ribera, se pudiesen conducir desde la mar 
á la poblazón, porque no habiendo bestias en la tierra sería grande trabajo 
el conducirlo á cuestas, y que en los tales sitios se repartiesen los solares para 
las casas, según las calidades de las personas, dividiendo las calles por regla, 
y dejando sitios para plazas, y iglesias, y que se repartiesen heredades por 
peonías, y caballerías, habiendo parte á todos de bueno y malo, según la ca- 
lidad de las personas, y de los que hubiesen servido. Y porque parece haberme 
dilatado, no sin gran precisión, sin finalizar lo correspondiente al Corregimien- 
to de Guazacapán, bien que no sin necesidad de dilatar la pluma por prose- 
guir lo que nos resta, hasta otra ocasión, pasaremos entre tanto que se pre- 
viene, los órdenes Reales que íbamos proponiendo al amor y agradecimiento, 
y noticia de los subditos. 

CAPITULO XIV 
De las cosas que se crían y producen en este país, y territorio de Guazacapán. 



MARGINALES. — Cañafístola. — Tamarindo y sus hojas. — Yguanas. — Como se ejercita 
la caza de las iguanas. — Como empollan. — Piedra de iguana, a que medicamento 
se aplica. 



Siendo regularmente necesario por la observancia de la disposición que 
llevamos, no sin más preceptos de los ^documentos de el arte, que el propio 
deseo de la mayor claridad, y lo que dispone la Real Cédula del Año 1553, ya 
por mi otras veces apuntada, (y en la Primera Parte no menos que copiada 
á la letra), el decir de cada país todo lo particular que se ofrece, nos resta de 
la grande y noble extención de este de Guazacapán, recoger á breve suma 
lo que de todas suertes produce y nivela la gran fecundidad de su terreno, 
que dilatándose, y extendiéndose como general producción á toda la tierra 
de la costa del Sur, habrán sin duda de hallarse en cualquiera otro de aquellos 
territorios, en más ó en menos abundancia, todos ó alguno de ellos. Mas en 
éste, como no menos estimable, que otros muy preciosos, se coje de la misma 
suerte y con buena sazón, con abundancia la caña fistola, que así el fruto 
(tan conocido ya de todas las naciones del mundo) de perfecta sazón, como 
en cañones tiernos, y aún en la primera formación de sus flores es tan pro- 
picia á la salud humana, como tiene bien probada la seguridad de la conti- 
nuada experiencia, y lo escribe el Doctor Monardes, entre otras cosas medi- 
cinales de esta América. Entre las cuales no bien podré afirmar, si es menos 
útil á las dolencias de los hombres, el tamarindo, ó si por abundante aún en la 
misma región de la patria llega á ser desdeñado; pero solo podré asentar, que 
aún acá, á donde abunda, ninguno puede mirarle sin aprecio, porque aún la 

160 



superfluidad de sus hojas en este país de la costa, á donde el peregit no pro- 
duce, es una excelente y gratísima salsa que le suple, sin otro beneficio que 
el de moler las hojas, y desatarlas en agua, porque el agrio mejor y más 
cordial que el de vinagre, le lleva consigo el sumo, y humor que en sí con- 
tienen las hojas. 

Mas aunque sea interpolar entre las yerbas y plantas, lo que pertene- 
cía al orden de la caza, con todo eso, por lo que ofrece medicinal, y por que 
no menos suele ofrecerse, fuera de aquel lugar que le tocaba, y no dejar sin 
él á lo que ministra utilidad, le ocupara aquí la caza que siendo de verano, 
colma con providencia no poco abasto en las cuaresmas á esta ciudad, pueblos 
suyos, y otros muy apartados, de donde se cogen las iguanas, que es cierta 
especie de lagartos de alguna más longitud de una vara, la que es mayor, 
que se levanta y camina sobre cuatro pies, cubre todo el cuerpo de escamas 
muy menudas, desde la parte del hocico hasta la extremidad de la cola. Sobre 
la cabeza se le levanta una cresta á la manera de la del gallo, y desde ella va 




Estampa de la iguana, que figura en el manuscrito de la "Recordación Florida". 

derramando una serrezuela, en disminución, por todo el lomo hasta lo último 
de la cola, que casi asimila á las espinas agudas de el lomo de los peces; y 
también como á el gallo le cuelgan de las quijadas otras crestezuelas de color 
blanco, con unas máculas verdes. Otro género de ellas hay de este mismo 
color de verde, muy fino, que no son apropósito para mantenimiento, á que 
solo aprovechan las que llaman gíoias, por ser de color pardo, y levantan me- 
nudas aquellas escamillas á la manera del hombre inficionado de la enferme- 
dad del giote. Muerden y lastiman abriendo herida con la agudeza de los 
dientes, mas no con parte venenosa malicia y no menos usando de estas 
armas que le donó naturaleza, ejercita su natural defensa, pero en esta tam- 
bién se vale de la cola azotando con ella con mucha fuerza, y presteza, por 
un costado y otro, y porque se goce de lo especial de su forma me ha pare- 
cido estampar esta su perfecta figura. , 

Habitan estas iguanas lo más ordinario en tierra, y en los techos de 
las casas de campo, ó ya en subterráneos pedregosos, ó en lo tupido de las 
arboledas, y á veces se ven habitar en los ríos, y nadar en ellos con incompa- 
rable violencia, en especial cuando las ojean ó espantan de los árboles, para 
las redes donde las prenden y cazan, y entonces se lanzan en tropa á la co- 
rriente de los cercanos ríos, quedando muchas de ellas presas en las redes, 
ó en los lazos, que penden disimulados entre las hojas, y ramazón tupida de los 

161 



árboles. Es la carne de este género de peces de excelente gusto, muy blanca 
y tierna, abunda de muchos huevos, á la manera de los de la tortuga; aunque 
en ollejo más fuerte, y grueso, de delicado y suave gusto, son todo yema, sin 
género de clara, y de recio y sustancial nutrimento. Es necesario para con- 
ducirlas de unas partes á otras, en especial á la Provincia de San Antonio 
Suchitepéquez, á donde no las hay y vale cada una ocho reales, coserles las 
bocas, y atarles los pies y las manos, y así cosidas de las bocas se mantienen 
y viven muchos días. 

El modo que tienen de empollar es á la manera de el lagarto y de la 
tortuga, enterrando por cierto tiempo en los arenales los huevos. En muchas 
de ellas, ó en las más, se halla la piedra que llaman de yguana, que aprovecha 
y sirve á los que crían piedra en los ríñones ó en la vegiga, porque tomados los 
polvos de la piedra de yguana resuelve en arenas la piedra y la hace expeler 
con suavidad. Crían estas piedras en la cabeza, á donde se les hallan. 



CAPITULO XV 
Que continua la noticia de plantas y frutas de la costa de el Suf. 



MARGINALES. — Cocolotzuchil, y las medicinas de sus cortezas, flores y hojas. — Guizco- 
yol. — Palmas de Coco. — Su fructo. — Sus usos son medicinales. — La carne de el 
coco. — El agua que trae dentro. — Como florecen estas palmas. — Coyol. — Su 
fruto. — Vino de coyol, regalado y saludable. — Palmitos, coquillos, que son los coyo- 
les de que se labran los rosarios de coyol. 



Pero, continuando la noticia de las plantas, que por útiles en el uso 
de la medicina, ó por provechosas á el alimento y regalo sean dignas de no 
menor lugar que otras en la historia, no debe tener el último entre ellas, antes 
sí de los primeros en el aprecio el cacalofznehit, planta general á todos los 
temperamentos; de cuya flor dijimos algo en el Capítulo Cuarto del Libro 
Nono de la Primera Parte de esta Historia, remitiendo lo demás de sus exce- 
lencias para esta Segunda en lo que trataremos de la Costa del Sur. 

Es este un árbol no muy crecido y que el más levantado solo se eleva á 
la estatura de cuatro varas, hasta la cima; el tronco no es muy crecido, bien 
que suficiente á mantener la ramazón tupida, y hermosa, de que se adorna, 
cubre el tronco una corteza rugosa, y gruesa, y se viste la pompa de sus ra- 
mas, de ordenadas hojas, en composición nivelada, tal que va formando de 
ellas ramilletes muy acompasados en unos tronquillos gruesos. Las hojas son 
crecidas tanto como la longitud de un jeme, lo ancho es de tres dedos, yendo 
en disminución hasta la punta, á la manera de el hierro de una lanza, y en el 
grosor como el canto de un real de á cuatro, siempre frescas, y de color verde 
muy vivo. De cualquiera de ellas que se corte mana una leche tan blanca 
como la natural; mas como hayamos dicho algo de la variedad, hermosura y 
fragancia de sus flores, resta que decir, que casi todo cuanto le da formación 

162 






á su vegetable corpulencia, es muy medicinal y provechoso; porque sus cor- 
tezas, que miran á la parte oriental, sirven en jarabe que maravillosamente 
remedia el dolor cólico (Je hijada, de calidad que jamás repite. Las hojas apli- 
cadas á las sienes de la persona que padece dolor de cabeza (como no sea 
antiguo), es medicina que con brevedad le remedia, y es medicina que no 
puede dañar siendo externa. Las flores (que de este Reyno pasaron al del 
Perú, donde las llaman cucarachas, y cada una vale un real en aquel Reyno), 
unas son encarnadas, otras amarillas, otras de mezcla, y otras blancas, y es- 
tas últimas aderezadas en almibar, á la manera de la rosa, purga con suavidad 
y sin fatiga la cólera. Es de calidad permanente en su naturaleza, que solo el 
beneficio temporal, sin otra diligencia del cultivo, se viste de la pompa de 
sus hojas, y adorna de la bella variedad de sus flores; no digo por eso que 
un árbol las lleve varias sino cada uno de su color. Pudieran haber pasado 
á España con mucha facilidad; donde en las tierras calientes produjeran como 
en las Indias, llevados los vastagos (que son de grande aguante) plantados 
en barriles ó en cajones, llegaran allá sin duda en estado de poder aprovechar. 
Hallo por esta y otras plantas haber mandado así su Magestad, por Cédula 
en Valladolid á 17 de Noviembre de 1553 años, (86) respecto de esta planta 
que describimos ahora del Cacalotzuchil, su forma y figura en un ramo, pero 
entre sus virtudes, ó facultades se añade, el que siendo este un árbol que 
mana leche, ésta, caliente y puesta en el pecho doliente, emanado de causa 
caliente, le mitiga y le quita, de la madera, dada á beber la goma limpia los 
ventrículos y el intestino. 

Adornó no menos la naturaleza á toda esta tierra de una variedad casi 
innumerable de flores, vistosísimas y hermosas, que siendo su mayor abun- 
dancia, cuando también sazonan los frutos que es por el tiempo de el Ve- 
rano, y que el mayor esmero de los indios se ha ocupado en tener en los mis- 
mos poblados estas plantías como cercos de sus solares, y pertenencias, que 
acá se llaman vulgarmente fazacuaies, es admirable sobre todo la infición 
aromática que en ellos percibe el sentido de el olfato. 

Pero apartándome no menos de la ponderación, que de la proligidad 
en cosas, que aunque son curiosas no ofrecen utilidad, no omitiendo algu- 
nas de las que parecen despreciables, entre las que son de especie de palmas, 
el guíscoyol, que arroja el fruto en racimos, y es de proporción de la nuez, 
cubierto de una cortecilla negra, y la pelusa de que se cubre parte que es la 
fruta, sobre el hueso resistente y duro, arroja un licor, entre agrio y dulce, 
pero no tiene otra cosa que sea más provechosa, bien que la vara o tallo en 
que se engríe es admirable, y provechosa caña, de un macizo tan fuerte, que 
jamás rompe; es negro y luminoso, á emulación del azabache, sirve apropó- 
sito par varas tostadas de que por armas muy pujantes usan los indios en 
la guerra, y de báculos para eclesiásticos, y de bastones á los militares, exten- 
diéndose á labrar de la madera agujas para tejer medias y redes. Pero asen- 
tado que en estas partes, y en especial en este país caliente, hay palmas que 
llevan excelentes dátiles, por no apartarme de otras plantas de esta especie, 
que se producen en *este mismo fecundo territorio, le daremos lugar en este 
discurso; pues las palmas que llevan los cocos, no menos son hermosas, que 



(86) Libro 19 de Cédulas Reales de la Secretaría de Cámara.— 

163 



las que producen los dátiles, porque á la manera de ellas, sobre un tronco 
alto, y muy derecho, se puebla de ramas mayores cuanto más suben, y de 
ellas se bendicen en el Domingo de Ramos, por ser muy hermosas, blancas, 
y dóciles. El fruto que lleva es de la proporción de un melón, cubierto de una 
corteza verde, y muy lisa, pero ésta más gruesa de dos dedos, formada de una 
materia fuerte de hebras á la manera de la pita de que se saca estopa para los 
navios, debajo ó dentro de ella viene el caco, de que se labran vasos, ó teco- | 
mates, para chocolate, y de otra especie pequeña que llaman coquillos, vina- 
jeras muy preciosas, y los unos vasos y otros, tienen virtud contra cualquier 
veneno, (87) y bebiendo continuamente en ellos remedian el mal de la hijada. 
La médula estando sazonado el coco, es una carnaza blanquísima, de un gus- 
to y olor muy regalado, y exprimida en prensa expele una leche aceitosa de 
delicado y suave sabor; todo lo demás de el hueco que queda libre, está lleno 
de agua, que siendo en sí muy dulce lo demás que acompaña á el fruto, que 
tiene á el gusto, no es explicable por no haber otra cosa de las que conocemos 
que le asimile; es bebida aseada y fresquísima, y que en los grandes calores 
ó del tiempo ó de la naturaleza de los países es de gran refrigerio; la corteza 
exterior es medicina admirable para la disentería, tostados en horno, y dados 
á beber los polvos en agua caliente. 

Más no con poca admiración debe notarse, que este género de palmas 
á cada luna nueva arroja un nuevo racimo, con que en ellas, se cojen doce 
frutos de cada una al año, y asi en ellas se ven los racimos de todas edades, 
pequeños, mayores, y en perfecta sazón; también arrojan sus flores, que son 
los mismos racimos guardados en unas cajas, cuya materia es de una corteza 
cabellada y gruesa, como el canto de un real de á ocho, que yendo este racimo 
creciendo, y engrosando á dentro, la hace romper, y rajar de arriba á abajo, 
y se muestran en cada ramal los coquillos muy blancos y con una fragancia 
muy pegagosa y suave. Pero no menos copiosísimas otras especies de palmas 
que se conocen por su fruto. Unos que llaman coyoles, que produce también 
como en el coco, y en las demás, en racimos de su especie, más estos coyoles 
que ahora proponemos, son los menos provechosos, porque solo es golosina 
de muchachos su fruto, y no sirve su corteza de lo que otros de otra especie, 
son redondos y no menores que una nuez, antes si mayores que las más gran- 
des; vístense de una cascarilla dura y muy l.sa de color amarillo claro, y 
debajo de ella de una carnaza, también amarilla muy dulce, y pegajosa; 
aunque fragante, mala é impertinente de comer, debajo de ella trae 
una bolilla, ó hueso tan resistente, que solo se rompe á fuerza de una pie- 
dra, puesto el hueso sobre otra piedra, y dentro de él encierra el núcleo, 
que es blanco como el del coco cuasi de su gusto, aunque muy duro mas 
aunque el fruto inútil sea despreciable, pero no lo muy particular de la virtud 
de su tronco, que á la rara y admirable industria de los hombres, no escatima 
el beneficio de su más interno jugo, por que derribado el tronco que decimos 
de los coyoles, en la mitad de su longitud abren un hueco como una canoilla; 



(87) Acosta— Libro 4<?_ Capítulo 26.— folio 209. 

164 



á donde ocurre, y se recoje todo el humor de aquel trozo, que es un vino 
blanco excelente, y de regaladísimo gusto, y provechos muy conocidos á la 
saíud humana, como se experimenta en la supresión de orina y quitar el ardor 
del caño de ella. Los palmitos son también mantenimiento de regalo, bien que 
de recia digestión. Cómense crudos en ensaladas, y en diferentes modos de 
tortas, y guisados. 

Es no menos estimable entre estos géneros de palmas, otra muy seme- 
jante á la ya referida, y por cuya similitud excusaremos el describir la planta, 
añadiendo solo á esta lo que á ella, y á la ya apuntada le pertenece, que es 
vestirse desde lo Ínfimo de el tronco, á lo superior de su copa, de larguísimas 
y duras espinas, que también cunden por todas sus ramas; mas estas de 
quienes ahora tratamos, los racimos que producen, son de unos coyoles 
uy pequeños, que el mayor de ellos será como una avellana, digo lo que es 
su hueso, los cuales sirven á el torno, para la excelente y primorosa fábrica 
de rosarios, que llaman de coyol, que son tan estimados en todas partes, y por 
esta razón los conservan, y procuran sembrar con diligencia, respecto de que 
los torneros los solicitan, y á la verdad es cierta especie de cocos, mas que 
de coyol, porque desnudo de todas aquellas superfluidades, que le visten y 
cubren el hueso, es <muy semejante á el del coco, hasta en aquellas tres bo- 
quillas que muestran en lo superior, cerca de la vid de donde pende, todos 
estos racimos, en estas especies de palmas, se crían arrimados al tronco, 
y no en las ramas, y aunque los corozos son de la propia naturaleza de palma, 
no se producen en esta parte y gran territorio del Sur, por cuyo motivo le 
describiremos adelante en lo perteneciente á el país que da asiento, á lo que 
llamamos el territorio del Golfo Dulce de la Mar del Norte, en la Tercera 
Parte. 



CAPITULO XVI 
Que continua la noticia del antecedente. 



MARGINALES. — Piñuelas. — Sapotes amarillos esquisitos. — Sapotes negros de rara na- 
turaleza. — Sapotes colorados. — Sapoyolo, mercancía medicinal. — El cordoncillo, 
que es la pimienta longa. — Suchilpactli. — Otras yerbas medicinales. — Escorzonera, 
cocolmecat nanahüapactli, chichicpactly, orejuela. — Chilindrones. — Lengua de cier- 
vo. — Conjura y sus utilidades. — Caso admirable sucedido a una india con la can- 
jura. — Gomas aromáticas. — Blande. — Goma preciosa de el copinol. — Significa- 
ción del nombre copinol. 



Mas como quiera que nos hayamos dilatado en este discurso por ser 
necesario el describir las cosas que estimables se producen en la gran ex- 
tensión de este país, aun todavía con más sumaria locución, nos restan otras 
no menos excelentes, que las ya anotadas, como la fruta y mata de la piñuela, 
que llevando el fruto de diversas especies y calidades, la mata que lo produce 
sirve de muro impenetrable á los cercados de los plantíos, por ser una pen- 
quilla angosta como la hoja de una espada de Toledo, y de la propia longitud, 

165 



que es lo que consideramos como las hojas de esta planta, cubierta por ambos 
filos de espinas curbas, y muy agudas, de tanta resistencia y actividad, que 
aun el ganado mayor se retira, y aparta, por lo mucho que queriendo romper 
por este género de cercos, queda maltratado y herido. La piñuela es fruta 
dulce con algún agrio remoto, y que comida mata las lombrices del vientre. 
Abunda este país de cierto género de sapotillos amarillos que llaman yema 
de huevo, de una pasta que asimila á los huevos de faltriquera, de dulzor y 
fragancia muy subida, tienen estimación, y no vulgar ni desestimable precio ; 
otro género hay de ellos del porte de una lima mayores que llaman zapotes ne- 
gros, de muy especial naturaleza, por que verdes y fuera de sazón es bar- 
basco para matar el pescado; porque es de naturaleza de cáustico, mas de 
perfecta sazón es alimento muy bueno y delicado, la cascarilla que le cubre 
es verde y toda lisa. Pero fuera de éstos, los zapotes colorados, que abundan 
tanto, que es el mejor trajín y comercio de los indios de tierra fría, son de 
muy delicada carne, muy dulce, y de muy encarnado color, muy sanos y se- 
guros á la salud. Cúbrese de un ollejo no muy delgado, que casi pasa á ser 
cascara, y esa algo áspera, y por ser la fruta como un meloncete, los huesos 
son crecidos como un huevo de gallina, que llaman Sapotyólo, que quiere decir 
corazón de zapote; y estos no solo entre los indios corre por mercancía, sino 
también entre ladinos, mestizos, mulatos y negros, porque además de servir- 
les de especie en la composición de el chocolate, es muy medicinal, y muy par- 
ticular en ayudas, que miren á destruir la flema, y otros humores viscosos; 
es el trajín y trato de este género admirable y copioso. 

Hállase con abundancia en todo este admirable país el cordoncillo, 
especie que llaman Monardes, pimienta longa, sirve ordinariamente á la 
gente pobre; es de picante agudo, y vivo, y de aroma penetrante y activo. 
Acompaña á esta producción otra no menos útil a la salud de los hombres, 
que es la raíz que llaman suchilpactli, que en la lengua pipil quiere decir 
flor de la medicina, de súchil, que es flor, y pactli, medicina; y esta es espe- 
cialmente bebida en polvo, aprovecha maravillosamente contra las ventosi- 
dades, sirve para remediar los resfríos, y junta esta raíz, con otros simples, 
remedia con admiración el pasmo. Extiéndese la fecunda y prolífica tie- 
rra del Sur, á producir otra mucha variedad de yerbas medicinales, y ex- 
celentes, ya conocidas por tales, de todas las naciones del mundo, pues casi 
no habrá parte de él que no conozca la escorzonera, el cocolmecat, el nanagua- 
pactli, que quiere decir medicina de bubas, de nanahuat, que son las bubas, 
y pactli, la medicina. Cójese con abundancia el tan apreciado y estimable 
gengibre, que sirve á tantas cosas como se sabe. El chicHípactli, que significa 
medicina amarga. Y así, es una raíz amarguísima, pero aun no bien conocidos 
sus provechos, que siendo muchos, el más prodigioso es el ser remedio para 
ahogos, de que suelen padecer y perecer mudias personas; produce también 
la orejuela, que es remedio eficaz para cualquier flujo de vientre, como no le 
acompañe calentura, tostadas las más añejas, y tomadas en polvo, cuanto 
cabe en un real sencillo; es árbol grande y con hermosura poblado, y las 
orejuelas las produce en racimos, es este fruto no de otra forma que la oreja 
de un mono. Cójense también en este territorio los cuesquezillos, que llaman 
Chilindrones, que aunque es de acre y activa naturaleza, sirve contra el dolor 

166 






de muelas, puesto en algodones, y aplicado á la parte doliente; es también 
abundante la yerba que llaman lengua de ciervo, que cura y purifica el híga- 
do, con admirable brevedad, usando el beber el agua, en que hubiere cocido 
la yerba; y entre otras yerbas que solo sirven al gusto y sentido del olfato, 
la albahaca; dentro del pueblo de Guazacapán se produce por las calles á solo 
el beneficio del tiempo. 

Y entre otras cosas, que tienen la actividad, y naturaleza de cáustico, 
no es la menos provechosa la frutilla que llaman conjura, que sirve con gran 
providencia, para matar cierta especie de lobos, que acá llaman coyotes, sem- 
brando por los campos postas de carne adobada con ella, y si la gustan los 
perros también mueren envenenados de ella, sirve á las pavas de natural 
alimento, y es tanta la penetración y actividad de este veneno, que si los perros 
comen los huesos de las pavas, mueren de la misma suerte, que si hubieran 
gustado la propia conjura. Pero á nuestra naturaleza sirve de preservar de 
alguna dolencia : descubierto este secreto por un singular acaso, digno de la 
memoria; adquiriendo esta experiencia, por una india principal y de las más 
nobles del grande y prodigioso pueblo de Chiapa de Indios, que siendo muy 
celebrada por su hermosura de los españoles pasajeros, y de otros moradores 
del mismo pueblo, y considerándose casada á su disgusto, con un indio ca- 
cique, inficionado de la enfermedad del jiote, pagada de su envanecimiento, 
fundado en sus gracias naturales, y desagradada no menos del trato del ino- 
cente marido lacerado, y contagioso, de tan asqueroso achaque; para vivir 
más suelta, y con menos impedimento, trató de ahorrarse de marido, matando 
al miserable cacique, tan confiado, y inocente, como obediente, y amante; 
mas quién bastantemente podrá admirar entre los errados consejos de los 
mortales, y los acertados decretos de la Superior Sabiduría, los efectos mara- 
villosos, que suele producir la permisión de la propia acrimonia de los ve- 
nenos. Dispúsose esta india á ejecutar su propósito, y para conseguirle le 
dio la conjura, disimulada con otras especies de las que ellos ordinariamente 
usan en sus bebidas, y chocolate; no le fué difícil, como acostumbrada á 
dárselas á beber, hacerle tragar este brevaje. A breve rato sintió el cacique 
encenderse en calor más extraño, de el que solía sentir, por razón del tem- 
peramento del país, y de el que le ocasionaba el achaque. Recogióse á la 
cama, ya con accidente grave de calentura muy ardiente, y de congojas casi 
mortales, que persistiendo más dilatado término de veinte horas á el terminar, 
prorrumpió en sudor copiosísimo, y durable, que le añadió nuevos tormentos, 
mas esta propia eficacia, ó del humor que ocasionaba el accidente expedido, 
ó la mordacidad de aquel veneno, lo derribó toda aquella escamosidad, que 
por toda la piel le cubría, dejándole limpio, y sin la penalidad de tan asque- 
rosa dolencia. Pero la india, no sin asombro, y confusión, juzgando milagro 
la obra natural del medicamento, obrada en el aborrecido marido, trató en 
adelante de amarle, y atenderle, viviendo en grata y recíproca amistad mucho 
tiempo, mas muerto el marido antes que la mujer, ella como arrepentida, y 
avergonzada, confesaba, y refería este caso. Pero después de él no sé que 
otro haya usado de tan peligroso remedio. 

167 



Pero habiendo ya de terminar lo perteneciente á este extendido, y no- 
ble país de Guazacapán, será necesario no omitir algunas excelentes, y pre- 
ciadas gomas aromáticas, que en él produce lo vario, y abundante de su 
ancho, y prolífico territorio, entre las cuales, no menos precioso que el ca- 
manguian, que se coje especialmente en los territorios de Guaymango; la que 
llaman Mande, cuya fragancia en humo es tan subida, y delicada, que otra 
ninguna le aventaja, y así por todo lo más de la costa se extiende y dilata, 
para el servicio de las Iglesias, y pasa á los valles, y la sierra, no con deses- 
timación. Llámase Mande, porque con tan poca diligencia, como aplicarle el 
calor de la mano, se ablanda como la cera, y deja su fragancia comunicada 
a quien la toca. Es la pasta del propio color del estoraque, mas no almendra- 
do, y por las partes delgadas del pan se transparenta, y trasluce, es cosa muy 
aseada y limpia, y sin escoria; otra goma también abundante y preciosa, no 
menos que otras muy celebradas, se produce en este fecundo y extendido 
país, que es la que naturalmente, ó habiéndole picado expele el copinol, que 
aun no bien conocida su gran fragancia, ni la hace apetecible, ni estimada, 
y queda por los montes y arcabucos, perdida y sin empleo, y porque en el 
Capítulo Cuarto del Libro Segundo de esta Segunda Parte, á donde trata- 
mos de este excelente árbol del copinol, no se explicó la significación de su 
nombre, será no muy ocioso el declararle, para conocimiento de la gran pro- 
piedad con que estos indios explicaban sus cosas, y así, en esta con no menos 
destreza, llamándole copinol, daban á entender la naturaleza y propiedad de 
su fruto, queriendo decir que es árbol de pinol, por aquel polvillo de que se 
cubre, como si dijéramos en nuestra castellana árbol que lleva harina, de coc, 
que es palo y pinul, la harina. Mas quien podrá á breve epílogo recojer la 
gran suma de cosas exquisitas y estimables, que la Divina Providencia comu- 
nicó á estas partes occidentales, sin presunción de gran temeridad, cuando 
tantos apreciables autores, por muchos, y por doctos, no han podido darle 
cierto número, á tantas maravillas, pues descubriéndose cada día más y más, 
es ciertísimo, que es más lo que resta por conocer, que todo lo mucho, y pre- 
cioso, que está descubierto. 



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LIBRO CUARTO 



CAPITULO I 

Del corregimiento y Partido de Chiquimula de la Sierra, y la guerra de Yzquipulas, 
como principal asilo de este Partido. 



MARGINALES. — Fué antes sojuzgado este partido de Chiquimula de la Sierra con superio- 
res trabajos de los españoles. — Lo que pasaba en Goathemala en este tiempo. — 
Cabos principales, y aparatos de esta espedición. — Otras empresas militares a este 
tiempo que hacían menos numeroso este ejército. — Quedaba para socorrer a todas 
sus tropas el mayor nervio de ejército en Goathemala. — Sale el ejército de Goathe- 
mala, para Yzquipulas. — Carestía de aquellos tiempos. — Tiene algunos reencuen- 
tros el ejército castellano con los indios de Jalpatagua. — El ejército español padece 
grande hambre. — Introdúcese nuestro ejército por el país de Jutiapa. — Dase órde- 
nes de proveer el ejército de algunas menestras porque ya se sustentaba con yerbas. 
— Peligro de Alonso Larios, y gente de su cargo por saquear una troje de maíz. — 
Queda proveído el ejército a la deligencia de Larios. — Marcha el ejército contra el 
pueblo de Mitlán, y tiene ocasión de gran batalla en el camino. — Sigue el alcance 
del enemigo Alonso Larios, y hace algunos presioneros con buen despojo de armas. 



Hemos de describir un país mediterráneo, no solo defendido por su 
propia muchedumbre y valentía, pero que por lo muy revuelto de los acci- 
dentes políticos y militares de esta ciudad de Goathemala por aquellos tiem- 
pos le hacían no menos desalentada la esperanza de su propio rendimiento; 
que aunque pugnaba la osadía castellana, contra la perseverante resistencia 
de los indios de Yzquipulas y sus amigos, divididas las fuerzas de nuestro 
ejército en varias, y prolijas expediciones, los que mantenían aquí la guerra, 
era solo á expensas del propio honor, sin esperanza segura de socorro. Había 
antes de ahora sido sojuzgado este gran territorio de Chiquimula de la Sierra, 
á la perseverancia y el cuidado de Don Pedro de Alvarado, que invió á ella 
á los Capitanes, Juan Pérez Dardón, Sancho de Barona, y Bartolomé Bezerra, 
que á la tolerancia de inmensos y superiores trabajos allanaron y rindieron 
á la obediencia real los ánimos belicosos de aquellos indios. Mas ahora mo- 
ndos de el ejemplar rebelde de otros muchos pueblos infieles, gozando de 

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la ocasión de las revueltas, ó inquietudes que motivaron los pensamientos 
infelices de Francisco de Orduña, (82) volvieron á levantar la serviz, no solo 
negando la obediencia; pero tomando las armas, y molestando á los pueblos 
sujetos, sin más justificado motivo, que el de mostrarse fieles y gratos á la 
sujección española. Pero llegando estos avisos, cuando más conturbados los 
ánimos de los propios ciudadanos, que sintiendo sobre sí el yugo intolerable 
de un Gobernador ambicioso y banderiso se hallaban oprimidos y ahora com- 
pelióos de la propia obligación, mas por respiciencia á el servicio del Rey, 
que por deseo de el crédito de quien como superior los mandaba, á ejecutar 
aceleradamente esta peligrosa jornada, y siendo nombrados por cabos prin- 
cipales los Capitanes Hernando de Chávez y Pedro Amalín, con cargo de 
sesenta infantes, treinta caballos y cuatrocientos indios amigos, de los que 
tlascaltecos, cholulecos, y mexicanos, siempre se conservaron leales, se apres- 
taron con suma y admirable presteza á semejante expedición. 

Mas como quiera que parezca muy limitado aparato el de solos cuatro- 
cientos y noventa infantes, para tan ardua y arriesgada empresa, es necesa- 
rio decir, que á el mismo tiempo salió de esta ciudad, para la parte de Uz- 
pantlán, el Gobernador Francisco de Orduña, y el Tesorero Francisco de 
Castellanos, con buen número de indios y con sesenta españoles, que com- 
ponían la infantería y caballería, de esta no menor diversión, (83) que ocasio- 
naba á Francisco de Orduña extraordinario cuidado ; ó porque habiéndola 
pervertido con el agravio hecho á el Alcalde iGaspar Arias, y ser su mayor 
cargo, ó porque estando ya más quebrantados aquellos indios con la guerra 
que les había mantenido el ya propuesto Alcalde Arias, quisiese establecer 
se le debía á su esfuerzo aquella sujeción, que escribiremos á su tiempo, 
dándonos Dios el que necesitamos, pero como á esta sazón amenazaban las 
continuadas y violentas exploraciones de Pedradas y se hallase su Capitán 
Estet en nuestras costas, siendo el principal objeto esta Ciudad Capital de 
Goathemala que había de socorrer á todas partes, pareció de buen consejo, no 
divertir numerosamente las tropas, dejando en ella el mayor y más principal 
nervio de el ejército, como sin duda inmediatamente le fué preciso engrosar 
la gente de el cargo de el Gobernador Orduña á poco tiempo ; para la entrada 
que hiso con su orden Francisco de Castellanos, á la Provincia de Verapaz, 
que describiremos á su tiempo en la Tercera Parte, con claras evidencias de 
que siempre fué tierra de guerra. Y como quiera que á el mismo tiempo hu- 
biese salido el Capitán Diego de Rojas á conquistar otros pueblos levantados 
de la otra parte del grande y noble río de Lempa, de la Provincia de S. Sal- 
vador, que con la propia ligereza que los otros, con la desunión de los espa- 
ñoles por las inquietudes de Orduña, sacudieron el yugo, era preciso que la 
plaza principal de Goathemala, no se hallase bien guarnecida con tantas dis- 
tantes diversiones, fuera de la guerra propositada de Tecpatlán en que tam- 
bién se entendía. 



(82) Libro 1? de Cabildo.— folio 162. 

(83) Herrera, Década 4.— Libro 7«? —folio 165.— Libro 1<? de Cabildo.— folios 162, 163 y 164. 

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Así corrían las cosas de Goathemala, con infelices progresos militares, 
y otros no menos escandalosos en lo político, casi banderizado un pueblo 
que ya se rotulaba numeroso y en el que el Tesorero Castellanos y El Veedor 
Ronquillo fomentaban con gran calor contra los créditos de Don Pedro de 
Alvarado, y con informes que remitían á el Real Consejo, sobre sospechas 
de que en los quintos de el oro y plata (que se cojía en gran porción en el 
contorno de esta Ciudad) mientras no hubo oficiales de el Rey, había habido 
no buena cuenta en el Adelantado, mas enmedio de tantas, violentas altera- 
ciones y de tanta diversidad de ánimos, para lo que era del Real Servicio, 
siempre se unieron y congratularon sin separación de dictamen, y así salie- 
ron con suma brevedad de esta Ciudad los Capitanes Hernando de Chávez 
y Pedro Amalín á su jornada. Mas casi me atreveré á afirmar que en esta 
ocasión tendrían por menos peligrosos los encuentros de las lanzas, y los 
venenos de las saetas de aquellos indios, que el vivir en una ciudad inficiona- 
da de chismes, y rencores porque vale más una muerte sosegada, que la tor- 
menta de una vida inquieta. Formaron su marcha bien proveídos de muni- 
ciones y de pertrechos militares, mas en lo demás de las comodidades igua- 
laban sus trabajos á los que subiendo más de punto se dejan admirar de las 
naciones; 'porque habiendo poco oro, y plata por las prohibiciones de Ordu- 
ña para beneficiar las minas, los bastimentos valían por levantados precios, 
y las demás cosas con tan sobrado exceso, que un sayo de paño costaba se- 
senta pesos, una silla gineta cincuenta, y una mano de papel común cinco 
pesos. Mas estos que no solo desabrigados, pero desnudos y hambrientos, ca- 
minaban gustosos, y deseando el logro de la ocasión, en que ensalzar el nom- 
bre de Jesucristo, y acreditar más bien la fama castellana, sabiendo que las 
felicidades se compran á precio de muchos desvelos y que la constancia en 
los trabajos, es la que abre camino á los ilustres progresos; porque el tezón 
en las fatigas es medio que tiene por fin el descanso, pero el propio deseo de 
la ocupación á que el valor les conducía la encontraron brevemente, aun 
persistiendo en los indios de Jalpatagua alguna rebeldía, pero no menos es- 
carmentados de muchos otros encuentros, en que habían probado los exfuer- 
zos castellanos, con lamentable desastre de sus numerosas tropas, á pocos 
avances de ahora, dejaron libres los límites de aquel sitio, mas no sin sangre 
suya demarcado, y señalado con muerte de muchos de sus atropados escua- 
drones. Mas con toda la gloria que de ordinario concilían los triunfos á los 
más valerosos capitanes de el mundo, estos nuestros y sus españoles vetera- 
nos, y indios amigos seguían el progreso de su jornada, con admirables, in- 
decibles trabajos, y en especial se hacía formidable el de la grandísima de- 
ficiencia de vituallas, porque en tiempo tan revuelto y tan calamitoso solo 
cuidaban los indios (habituados á mantenerse con raíces, yerbas y alguna 
caza) de lograr la ocasión de conseguir su propia libertad instimulados los 
unos con el ejemplo de los otros, y no atendiendo á su propia conservación, 
no entendían en el cultivo de los campos, sino en solo el manejo de las armas; 
pero con todo eso nuestros españoles adelantando sus jornadas, mas de lo 
que era dable á la debilidad de sus fuerzas, y á la poca esperanza de los so- 
corros, esguazando la gran dificultad y curso de algunos ríos, bien que de 
verano más transibles, pues sucedía esta excelente expedición no menos, que 

171 



por los primeros días de Febrero, se introdujeron con estas tan ásperas fa- 
tigas, por la que ahora consideramos jurisdicción de Jutiapa, propasado el 
grande y noble río de Pasa, con resistencia de los indios de aquel contorno, 
que defendían el paso con vara y flechas, y con no poca osadía, ayudados no 
menos de la confederada rebeldía de sus más inmediatos de los países de 
Guazacapán, y aun no domesticados, (84) y en especial los de Jumay que de 
los propios paisanos de Chiquimula, que constó en aquellos tiempos de nume- 
rosas poblazones; mas en esta ocasión, casi desfalleciendo dificultaban nues- 
tros españoles sus ilustres progresos ; porque no pudiendo ser socorridos de 
las más ordinarias vituallas, así por las diferencias de Goathemala, como por 
la dificultad de los caminos impedidos de inquietas asechanzas de los indios, 
se hallaban tan sin alivio, que arrostraban á las yerbas y raíces no conocidas, 
y otros inmundos alimentos como pericos y monos, siendo preciso para reme- 
diar tan considerable falta enviar seis hombres de á caballo, y seis infantes, 
con algunos indios tlascaltecos, á buscar provisión por lo dilatado de aquel 
contorno, á cargo de Alonso Larios, que en esta ocasión (como en otras) 
servía en la caballería; pero ninguna cosa tan difícil pudiera proponerse á la 
esperanza de aquellos hombres, porque á este tiempo tenían los granos entro- 
jados, y las sementeras recién sembradas, pero como quiera, que los decretos 
soberanos asistían favorables á los aciertos de estos ilustres españoles; des- 
pués de haber corrido día y medio de más que grande incomodidad, y peligro, 
encaminados á el territorio de Azacualpa, y introducidos por unos dilatados 
rastrojos, dieron ellos con un granero como de ordinario los acostumbraban 
en las propias sementeras), bien bastecido de maíz en grano y algún frizol. (8ü) 
De que ya cargados nuestros indios siendo sentidos de los dueños de aquel 
país tuvieron mucho que hacer en defenderse de más de ochenta que les aco- 
metieron con hondas, vara, y flecha, con inminente peligro á el esguasar el 
Río de Pasa, en cuyo tránsito les apretaron con suma tenacidad y bizarría. 
Pero prosapasada la dificultad de su gran curso, quedó nuestro ejército pro- 
veído y regocijado, como en la resurrección, de tantos como se consideraban 
deshauciados de la vida. 

Así mas fortalecidos y alentados nuestros valerosos españoles con el 
socorro de el Larios, que dejamos referido, pasaron adelante en el progreso de 
sus empresas, tomando su marcha, para el numeroso y grande pueblo de 
Mitlán, que quiere decir infierno por lo muy destemplado y cálido de su tem- 
peramento, pero á el mediar su jornada, opuesta al paso gran muchedumbre 
de guerreros de los de aquel contorno rebelados, trabados á el principio en 
larga y numerosa escaramuza, desordenados de esta primera forma de pelea, 
y afirmados por largo espacio mantuvieron una sangrienta y dudosa batalla 
con arriscada y valerosa bizarría, no solo con mucha sangre de nuestros es- 
pañoles, pero con muerte de algunos tlascaltecos, y pérdida de tres caballos, 
siendo el más inminente peligro de nuestra gente, cuando yendo á dar en el 
mayor fervor de la batalla á una ladera muy colgada sobre la extremidad de 
una barranca, apretados entonces de la fiereza de aquellos bárbaros, rodaban 
muchos de nuestra parte á lo más profundo de un valle, heridos y estropea- 



(84) Libro 1? de Cabildo.— folio 133. 

(85) Manuscrito Pipil.— folio 6. 



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dos, y en cuya ocasión rodando por parte muy eminente murió Andrés Órozcó, 
pero fervorizados los españoles del propio pundonor, ó acaso del conflicto de 
su peligro nuevamente alentados, tomando la retirada sobre el cuerno dere- 
cho más encimados á la cumbre de aquel repecho, encontrada á una espaciosa 
planura, y más bien afirmados en el espacio de su terreno resistiendo con 
gran constancia á la braveza de aquellos indios, los hicieron descender á los 
valles desordenados y confusos, rodando también muchos en la ocasión por 
la desigualdad de aquellos riscos. Mas pareciendo á Hernando de Chávez, 
y Pedro Amalín, no 'abandonar la eminencia de aquel monte, que les servía 
de seguro y fuerte propugnáculo, dieron orden á Alonso Larios, para que con 
diez caballos, quince infantes y cien indios tlascaltecos, y mexicanos, siguie- 
sen el alcance del enemigo, que tomaba la vuelta dividido en dos escuadrones 
á la seguridad de los montes y quebradas; pero aunque pudieron salvarse en 
semejante asilo, no les fué fácil el escapar de la diligencia de Larios algunos 
prisioneros de importancia, caciques y principales, con gran despojo de sus 
armas, que sirvieron de armar y reforzar á nuestros indios amigos, de cuya 
curación y de la de los españoles heridos, se trató con diligencia y cuidado. 



CAPITULO II 

De otros progresas de nuestro ejército español en la conquista y toma de Mitlárii 
hasta su reducción. 



MARGINALES. — Requieren desde una eminencia los Capitanes Chávez y Amalín a los yn- 
dios de Mitlán con la paz. — No admiten el partido de paz. — Desciende el ejército 
al valle, y marcha para Mitlán. — Opónense a sus marchas numerosas tropas de Mi- 
tlán. — Trábase la batalla. — El ejército de los indios queda roto, y se retira al po- 
blado. — Sigúeles Larios el alcance. — Entonces los indios acometen a derribar los 
caballos, y a los estribos de los jinetes. Son socorridos éstos y desbaratados los 
indios. — Queda sujeto el pueblo de Mitla. — Rompen el nombre nuestro ejército an- 
tes de tiempo por ocasión de una sospecha. — Éntrale socorro al ejército por Pedro 
Núñez de Mendoza. — Tala la Caballería el contorno. — Encuentra a su oposición la 
Caballería gran número de defensores. — Rompen los nuestros el escuadrón de los 
indios y síguenles el alcance. — Retírase Larios, y el Núñez de Mendoza a el aloja- 
miento de Mitlán 



No menos dificultaba el rendimiento de estos pueblos, la gran defi- 
ciencia de vituallas de nuestro ejército, que la osada y bárbara tenacidad de 
los indios de este excelente territorio que como mediterráneo, con extendida 
y numerosa confederación se mantuvo largo y trabajoso tiempo de guerra 
triste y espantosa, con memorable desastre y asolación de sus rebeldes mo- 
radores, que hoy dan asunto por la perseverancia de su furor, y contumacia 
á larga derivación de los hechos excelentes de los más que famosos españoles, 
que en su conquista trabajaron; porque esforzados estos indios de sus po- 
derosos y altivos confinantes (que después advertiremos), parece que de los 
propios muertos no menos se producían, que se confederaban las huestes 

173 



de los contrarios en nuestros daños: así ahora, no bastando á su nociva con- 
tumacia muchos requerimientos de paz (según las Ordenes Reales lo ad- 
vertían) que desde aquella eminencia que apuntamos, los Capitanes Chávez 
y Amalín hicieron á el pueblo de Mitlán ; que á el paso de Yzquipulas (que 
entonces sin duda fué la cabecera de aquel partido), entre él y otras nume- 
rosas poblazones se interpone, como forzoso impedimento á sus asedios, mas 
estos mitlecos, despreciando el alegre semblante de la paz, por el áspero so- 
brecejo de la guerra, ó fiados en su numerosa multitud, ó acaso despreciando 
á pocos españoles, contaminados de hambre, y enfermedad, no solo no arros- 
traron á la tranquila posesión de su sosiego, pero pasaron á poner las manos 
en nuestros embajadores. (8G) 

Ya no el proceder con lentitud en tanto riesgo, pareció conveniente á 
nuestros cabos, dejando á las espaldas otros pueblos rebelados (advertidos 
y cautelosos adversarios), abandonar la eminencia de aquellos montes y 
descender á la profundidad de el ancho valle, mas apenas con graves afanes 
le habían ocupado, y reducido á suficiente forma de marchar, intentando á 
la opugnación de Mitlán, que no distando mucho se hacía creíble su domi- 
nio, cuando se advirtieron tropas muy numerosas, que marchaban de el mismo 
pueblo en nuestra oposición, si armados y prevenidos de lanzas de veinti- 
cinco palmos, de varas, flechas, y hondas, con otros adornos que demostra- 
ban los furores de la guerra, y mucho más de los penachos matizados que 
en señal de batalla, y de furor acostumbran. No hay para que detenernos en 
digresiones impertinentes, así se encaminaron, con penetrantes silbos y te- 
merosa gritería, al son de tambores y caracoles, desunidos en muchas tropas 
contra nuestro corto ejército, que peligrando por separarse las tropas de los 
bárbaros, que acometiendo á nuestro frente, también á el mismo tiempo se 
avanzaban por los costados, acrecentado en gran modo nuestro admirable 
conflicto, pareció á los cabos, precisa disposición el dividirse, quedando á 
cargo de el Chávez el gobierno de la caballería (fiada hasta entonces á Alonso 
Larios su teniente) y el de la infantería española y el resto de las escuadras 
de los indios amigos, á el de Amalín, divididos en dos escuadras, de que era 
cabo de una Gutierre de Robles, y la otra por sí mismo regía montado para 
acudir á ambas escuadras, Pedro Amalín; con que pudiéndose manejar á 
todas partes quedó, no solo defendida la orden de nuestro ejército, sino su- 
perior en sitio dominante, encimado á la falda de la propia cordillera, de donde 
poco ha descendieron á el valle. En semejante forma contendieron por largo 
espacio los dos ejércitos, con lamentable desastre de los indios, que á cada 
avance, ó en el furor de las acometidas, ó en la atropada confusión de las 
retiradas, dejaban gran cantidad de cadáveres por triste despojo de la cam- 
paña. Hasta que de nuevo corage enfurecidos aquellos mitlecos, y indios 
esquipulanos, tomando un largo término de aquel valle, unidos en un cuerpo 
de numerosa tropa, volvieron á acometer con denodada bizarría, mas pare- 
ciendo á Hernando de Chávez y Pedro Amalín no mudar forma en la orde- 
nanza de sus escuadras, esperaron aquella acometida con admirable resisten- 
cia, desordenando por muchas partes el escuadrón de los indios, con espan- 
tosa mortandad de sus paisanos;* así estuvieron firmes largo espacio nuestras 



(86) Libro l^dc Cabildo. -folio 162. 

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tropas sin avanzar, ni acometer á ningún lado, sirviendo solo de lo que el 
yunque, á las surtidas, y golpes de los bárbaros, por no abandonar el puesto 
y descender á menos sitio; hasta que desordenados, con turbación atropella- 
dos unos de otros, en una carga y fuerte avance que recibieron de la caba- 
llería, volvieron las espaldas, con celeridad increíble á la seguridad de el 
poblado. Ministran hoy los propios indios de este país; y aun sus propios 
curas y vecinos españoles pocas noticias de estos sucesos, y solo queda a mi 
instituto lo que me ofrecen los libros de Cabildo, y la simple tradición adqui- 
rida de mis mayores, y así escribiremos estos progresos, tanto instimulado en 
este ejemplo, de el empeño de mi propia obligación, quanto el de ver profana- 
dos los hechos castellanos, mas no pudiendo acrisolar la certeza de todas estas 
acciones, ó refiriendo lo que se dice, y se sabe por lo escrito, no se nos debe 
pedir más, ni aun es posible el hacer menos. 

Tomaron la retirada los mitlecos (como íbamos diciendo), á favorecerse 
al humo de sus casas, y casi á el parecer tan sin aliento, que se hizo muy 
creíble su rendimiento; (87) siguióles por esto los alcances el teniente Alonso 
Larios, con alguna caballería, logrando en muchos atropellados y heridos el 
hacerlos prisioneros. Pero empeñado ciegamente en su avance, á el tocar las 
goteras de aquel numeroso pueblo, los indios, que huían volvieron á hacerle 
rostro con tan bizarro aliento, como si de refresco intentaran á tanta empresa, 
en tal conflicto, aquellas tropas de la caballería que por bastante espacio se 
mantuvo contra una muchedumbre, y en su comparación bien desmedida, 
donde los indios no solo acometían á las colas de los caballos, para descom- 
ponerlos, sino al estribo de los ginetes para derribarlos, fué preciso á nues- 
tros cabos avanzarse con todo el resto de su ejército á el socorro en caso de 
la caballería; pero mezclado Hernando de Chávez entre la confusión de 
aquellos indios, á breve rato de combate se vio asido por el estribo del ca- 
balgar, de un indio desmesurado en lo fornido, y de otro no menos fuerte de 
la rienda, del lado de la lanza, pero viéndose embarazado áe aquellos dos 
jayanes, pegando á el estribo con violencia y dándole con su gancho por la 
barba al bárbaro combatiente le hizo caer de espaldas desquijarado, y tirando 
ai de la frente una buena cuchillada con la espada que haíbía embarazado, por 
arma más manual que la lanza, le hizo apartarse mal herido, llegando a tiem- 
po Amalín, que amancillando á muchos de aquellos bárbaros con el corte de las 
espadas, de los de á caballo, que peleaban como desesperados á una carga ce- 
rrada de los arcabuceros, dejaron libre el sitio con triste asolación de sus 
más estimados capitanes y nobles ahaguaces, muertos unos y cautivos otros, 
para rehenes apreciables de lo restante. Quedó libre de defensores la po- 
blazón de Miñan, que siendo entrada y poseída de nuestras armas, contribu- 
yó su despojo gran tesoro en mucha cantidad de víveres, y pudo mantenerse 
largo tiempo, sin duda más precioso en tanta deficiencia de alimentos que 
las ocultas riquezas de Mataquesquinte, en este territorio, y el tesoro descu- 
bierto de Zaragoza en sus confines; llegando á tiempo que solo se mantenía 
nuestro ejército de yerbas muy comunes, y maíz tostado, ó de poisole, que 



(87) Manuscrito Quiche.— Título de el Cacique Gatu Porom Moxin. 

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es maíz cocido. Aquí dio alivio á sus afanes nuestro español ejército, en 
tanto que el tiempo dio ocasión por seis ó siete días, á convocar por medio 
de los caciques á lo restante de aquel pueblo, si contumaz, y rebelde, no ahora 
poco mortificado, en la fatal asolación de su estirpe. 

Pero mientras van llegando á sus alojamientos, ó bien decir el quinto 
día de acuartelado nuestro ejército, el reír del alba hizo romper el nombre 
antes de tiempo en nuestros cuarteles el eco de un clarín percibido de nues- 
tras centinelas, hízose considerar esta reseña, no distando mucho la sospecha 
de nuestros cabos, del concepto factible de ser la gente de Pedrarias, no dis- 
tando la provincia de Cuzcatlán á mucho término de esta de los Yzquipulanos, 
que ahora se conquistaba; que á ser cierto pudiera haber servido de gran 
contraste. 

Mas dando orden para que quince caballos, reconociesen la ocasión, 
afrentados á las tropas que marchaban, reconocieron, cierto socorro de la 
Ciudad de Goathemala, que terminada la guerra de Uspantlán por el Gober- 
nador Orduña, y el Tesorero Castellanos, cuidadosos de no tener avisos de 
estos progresos de Yzquipulas, habían determinado socorrer este ejército con 
cuarenta infantes, y veinte caballos, con buena provisión de víveres, y muni- 
ciones, á el cargo de Pedro Núñez de Mendoza, que llegado á Mitlán, sirvió 
como capitán de caballos de una tropa de veinte y cinco, y en otra igual Alonso 
Larios; aumentados así de nuevas fuerzas, pareció á Hernando de Chávez, 
y á Pedro Amalín, constituir el pueblo de Mitlán en plaza de armas de tan 
importante expedición como la de Yzquipulas, sitio fuerte por la defensa de su 
propia naturaleza, casi inexpugnable, y si entrañado á grande oriente de este 
dilatado Reyno, circunvalado también de aliadas, y anchas jurisdicciones, por 
sus confines para asistirla unidas á su fomento. 

Mas entre tanto juzgando harto importante el trabajar y oprimir en 
algún modo aquel contorno, con los cincuenta caballos que ahora componían 
nuestras tropas, cien indios, y veinte arcabuceros, talaron y corrieron gran 
parte de la campaña, introduciéndose hasta los términos de otras jurisdiccio- 
nes, como la de Cuzcatlán, hasta los términos de Guixar. 

Y dentro de poco, sin resistencia dentro de las propias plazas de Zacapa, 
atravezado gran territorio de Jilotepeque, y Pínula con suma diligencia, y al- 
gunas oposiciones de los indios del país de la Provincia yzquipulana, y los 
demás de los países de Zacapa, de donde copiosamente se proveyó el ejército 
de buena cantidad de maíz, y gallinas de la tierra, que así á los sanos como 
á los muchos enfermos de nuestro ejército sirvió de admirable reparación, 
y para nueva provisión de la guerra, propositada de Esquipulas. 

Mas pareciendo á el Larios y á Pedro Núñez de Mendoza, á cuyo car- 
go estaban estas tropas, pasar delante con sus progresos, marchando á otros 
pueblos desamparados, mas no sin daño nuestro en lo de adelante, retraídose 
á Yzquipulas y propasada una estupenda cordillera, repechada la gran difi- 
cultad de su cumbre, encontraron una emboscada de buen número de gue- 
rreros, que saliéndoles á el paso de una breñosa montañuela, mal prevenidas 
nuestras tropas pudieron experimentar aún más desdicha, que la de quedar 
heridos algunos indios, y la muerte del caballo en que marchaba el Núñez de 
Mendoza, que socorrido de otro, y mezcladas nuestras tropas (bien que sin 

176 



orden), entre los indios emboscados, haciendo gran matanza nuestras gen- 
tes, con las espadas, en las tropas de aquellos bárbaros, tomando ellos más 
distancia de aquel sitio se mantuvieron con sus flechas, y con sus hondas 
algún espacio, mas como ya con el manejo de la espada quedaba en ellos he- 
cha gran matanza, y ahora con la arcabucería fuese aun mayor, confusos 
de sus tristes y espantables sucesos, con gran desastre de su ejército tomaron 
la retirada, descendiendo por aquella sierra abajo, á gran carrera sin dete- 
nerse hasta desaparecer de la vista, pero siguiendo sus alcances nuestra ca- 
ballería, que en descender de la eminencia con gran trabajo, quedó casi ren- 
dida y destroncada, por cuyo impedimento, confiando poco del aliento de los 
caballos pareció hacer alto á el conseguir la llanura, más brevemente incor- 
porada la» infantería, salieron de una montaña guerreros que renovaron la 
pelea, mas esta vez perseveraron poco tiempo sin dejar libre la campaña. 
Pero entre tanto, más proveído el ejército de víveres, el Larios, y el Mendoza, 
asegurada la campaña, dieron la vuelta, para el alojamiento de Miñan. Mas 
bien esperanzados de conseguir el efecto de la propositada empresa de Yz~ 
quipulas, mas reforzados de número pues se contaban en el ejército de qui- 
nientos y cincuenta, entre infantes y caballos, y buenas provisiones de víveres 
y municiones, de que hasta la llegada de el socorro de Goathemala, introdu- 
cido por Núñez de Mendoza, si no totalmente habían carecido, á el menos en 
todo se hallaban debilitados, y dejando asegurada á las espaldas de su trán- 
sito esta gran poblazón de Miñan, y vencida la dificultad de dominarla al 
acercarse á Yzquipulas, hacía más aliento á la gran esperanza, y valor de nues- 
tros ilustres españoles, cansados y enflaquecidos en larga campaña de es- 
te sitio. 



CAPITULO III 
De la continuación de esta guerra, y conquista de Yzquipulas y su contorno. 



MARGINALES. — Sale el ejército del alojamiento de Mitlán. — Escapa Dios a nuestros es- 
pañoles de una asechanza. — Habiendo marchado extraviado el ejército descubierto 
este ardid vuélvese al camino. — Embarazan los indios el camino con varias indus- 
trias. — Salen al paso de una cañada más de seis mil indios. — Quedan rotos los 
escuadrones de la quebrada. — Vuelven a nuevo combate a vista de una poblazón 
desamparada. — Pónese fuego a aquel poblado y los motivos de nuestros cabos. 



Larga ocasión se me ofrecía en lo de esta conquista de Yzquipulas 
ministra á su materia la simple tradición, que de muchos nobles ancianos de 
esta y otras repúblicas de este excelente Reyno me tiene noticioso, si bien 
confusa entre sí misma, por la propia cal'dad de sus progresos, me estrecha 
á tomar de ella lo más probable, y escribiremos lo que los Libros apuntados 
de Cabildo nos aseguran, y los manuscritos de los indios (que no hay cabeza 
de partido sin ellos), también comprueban muy fieles todos, en lo que toca á 

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,, 



nuestros españoles empleos, y muy curiosos algunos en las cosas materiales 
de la ancianidad indiana de aquellos tiempos, como podrá advertirse, en las 
armas ofensivas y defensivas de que usaban y hoy se ven estampadas en 
alguno de estos manuscritos antiguos, de donde me pareció copiar estas pocas 
así como en su estampa original se hallan, (88) de cuyos modelos se colige 
su nocivo efecto, armas de envenenarlas las más veces. 




Pero deseando finalizar de esta empresa los ilustres afanes de los que 
en ella se ocuparon, aun no confío de mí, a explicación de tanto asumpto. 
Menos que con decir, que el no arrostrar e Visitador Orduña á la defensa y 
recuperación de Cuzcatlán, recaída indignamente en manos de Martín de 
Estet, capitán de Pedradas, por las notables lentitudes de este Gobernador, 
fué especialmente temiendo la introducción á los confines de Yzquipulas, 




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puesto que dijo en público y extraordinario Congreso, que propone él riesgo 
de su persona, por el que se le ofrece en aquellas fronteras por la guerra de\ 
Yzquipulas. (89) A tanto riesgo, pues ya que otros se excusaban, salieron 
expuestos por los últimos días de Marzo nuestros famosos capitanes, Pedro 
Amalín, y Hernando de Chávez de sus alojamientos de Miñan, no sin trabajo 
ejecutado este progreso, en muy doblado camino de agria é inculta cordillera, 



(88) Manuscrito Quecchi: Título Purom Chitabal, que quiere decir Puesto de infantería, 

(89) Libro 1<? de Cabildo.— folios 160, 161, 162. 

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dificultando su ascensión al tránsito de la caballería, que era el más impor- 
tante nervio de nuestro ejército, y á cuya marcha se procedía lentamente, bus- 
cándole más acomodadas sendas para llevarla entera y mantenida, porque 
distando á largo término de leguas, en más de nueve, que hasta Yzquipulas 
se traginan, fué necesario algunas noches el alojar en la descubierta campa- 
ña á la inclemencia, y á las veces en lóbregos y funestos arcabucos, inficiona- 
dos de sabandijas ponzoñosas. 



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Recatándose más, por si pudieran algunas interpresas, que por recelo 
de llegar á las manos antes de tiempo, con aquellos en cuya ocasión solicita- 
ban sus encuentros, más en los rebeldes fuera imposible, como después ve- 
remos, pues velaban á todos tiempos sobre establecerse en la posesión de su 
propia libertad; porque prevenidos de los avisos, celando los movimientos 
de nuestro ejército, y asegurados con vigilantes centinelas, una innumerable 
cantidad de guerreros de aquellos pueblos desamparados que advertimos, 
retirados á el asilo de Yzquipulas, por eminente en su propia situación, ó por 
más retirado entre aquellas grandes porciones de cordilleras, tenían para la 
oposición gente sobrada á todos ministerios, no así hoy disminuidos de pue- 
blo, se ven funestamente en general asolación. 

Mediaba ya casi el camino, que conducía á aquella expedición de Yz- 
quipulas, cuando habiendo de alojar, á la cumbre de unas lomas, refrescada 
nuestra gente y bien entrada la jurisdicción de las sombras, con más de dos 
horas de noche, pareciendo á los cabos principales poca seguridad la de aquel 
sitio, por las razones que entonces ocurrían, y hoy se exconden á la noticia, 
determinaron mudar de alojamiento, y levantando el campo, lo ejecutaron 
con gran silencio y discreción, tengo este movimiento por impulso de los su- 
premos Decretos que asistían favorables á estos ilustres españoles, por que 
al mediar la noche llegaron á alojar á un vallecete dos leguas apartado de el 
primer sitio, y, á poco más de dos horas que reposaba nuestro ejército, siendo 

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advertido de las centinelas, se reconoció arder por todas partes la loma donde 
antes alojaron, no solo con voracidad de extraña luminaria; cuya claridad á 
gran distancia esclarecía, sino con estruendosa vocería, silbos, y algazara, 
haciéndose creíble á nuestro ejército por estos aparatos, lo que pudo ocasionar 
tan pavoroso y cruel incendio, que tuvo en vigilante espectación nuestros 
cuarteles, bien prevenidos y celosos, hasta que esclareciendo con la aurora 
la campaña, se dio orden para correrla á Pedro Núñez de Mendoza, con todo 
el resto de la caballería; que en su ejecución y á breve término, encontrado 
con algunas tropas de indios que se pusieron en defensa, hiriendo y matando 
á algunos, hizo cinco prisioneros con quienes volvió á el sitio de nuestro 
alojamiento, y confesaron á el Chávez, y á Amalín, que habiéndose tenido avi- 
so en Yzquipulas de que los castellanos hacían noche en aquel cerro, se dio 
orden que en prendiendo fuego en su contorno, con tanto dispuesto combus- 
tible, en lo más seco del verano, quemando á unos españoles, y matando á los 
que escapasen de el incendio, acabasen con el ejército. 

Habíanse algo extraviado nuestras tropas de las sendas derechas, que 
guiaban á el asilo y propugnáculo de Yzquipulas. Juzgando en el lograr con 
interpresa su rendimiento, yendo á dar muchas veces en arcabucos tan enre- 
dados de breñas y bejucos, de donde no podían salir sin ejercitar las espadas, 
rompiendo con ellas tanta dificultad para abrir sendas, ó ya encontrados con 
lagunas, que los hacían rodear tres veces más del camino del que necesitaban. 
Mas descubierta nuestra marcha, y nuestro intento, no á gran distancia ni 
á mucha dificultad de camino, volvió el ejército á introducirse á las sendas 
conocidas, bien que ya en otras ocasiones trilladas de nuestras gentes, en su 
primera conquista, y otros progresos para Honduras. Eran caminos abiertos 
y señalados; mas sin embargo, la bárbara muchedumbre, que á su oposición 
se había aprestado, hacía recelar las acechanzas, de que supieron usar bastan- 
temente aquellos yzquipulanos, para establecerse en su barbarie, bien que el 
extravío á el principio de esta jornada, sirvió hasta aquí, descuidando á los 
contrarios de el principal camino. Pero ya ahora más advertidos nuestros 
designios, se aplicaron más vivamente á embarazarle, con cortaduras, y fosos 
encubiertos en que pudieron peligrar diversas veces nuestras tropas. Así 
marchó por largo término con tarda lentitud, cegando fosos, y canales, en varia 
destemplanza de climas en que en estas partes no se extraña, en una ó en 
dos leguas, opuestos temperamentos; pero extrechando una cañada la senda 
larga de esta vía, de la quebrada que formaba una de las serranías, se opuso 
una emboscada de más de seis mil guerreros, bien defendidos y armados de 
saetas y lanzas, herradas de puntas de cobre bien reforzadas y de rodelas 
crudas, de pieles de dantas, y varas tostadas, conque desde luego acometie- 
ron con ciega temeridad á nuestros españoles, que no marchando inadver- 
tidos, se rehicieron brevemente á buena forma de defensa, y en que respecto 
á la estrechura de el sitio, dobladamente trabajaron; mas como quiera que 

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, 



aquella muchedumbre de los contrarios, se embarazase por sí misma, llevando 
la peor parte al retirarse confusos, y atropellados, unos de otros, dejaron fu- 
nestado aquel sitio con la memoria de muchos muertos, con algunos heridos 
de nuestra parte. Así vencidos brevemente los intentos de aquellos indios, 
cargado nuestro ejército de sus despojos que por entonces armas y plumas 
fueron, las que á nuestros indios amigos alegraron. Prosiguió el intento de 
su jornada, porque ya tan interiormente empeñado, casi á distancia de cin- 
cuenta leguas de Goathemala, y en su progreso, solo podía aspirarse á vencer, 
ó morir en semejante expedición; porque es tal la naturaleza de los pechos 
valerosos, que de los amagos de la muerte se fabrica con el brío, seguridades 
á la vida en arrostrar á los trances peligrosos, y en este ánimo, resueltos no 
solamente los cabos principales, sino los mismos subditos, que pocas veces 
abrazan, bien en las calamidades y los riesgos, los dictámenes superiores, 
anhelaban, alentados, á consumar tan dilatada empresa, vaticinando con- 
fiados la gloria del vencimiento. 

Así introducidos á un paraje que llamaban Pacaché, que significa árbo- 
les colorados, hicieron alto á vista de una extendida poblazón, por refrescar, 
y advertir los movimientos de aquel lugar cercano, más largo tiempo de des- 
canso fué el que logró nuestro ejército, sin percibir rumor de aquel poblado, 
hasta que acercándose á él, de la alta cordillera, descendió dejando por se- 
ñuelo el pueblo libre cantidad de flecheros que habían desamparado aquel 
lugar por la seguridad de la eminencia (natural estilo de estas gentes á cual- 
quiera invasión que sobrevenga), y acometiendo divididos en dos mangas á 
nuestro ejército, no hizo poco en afirmarse con disposición suficiente, á la 
oposición y resistencia de aquella inopinada acometida, más así ordenados, 
disparando la arcabucería, y veinte ballesteros que de refresco habían llegado, 
é hiriendo y matando á muchos indios, se hizo creíble el verse libres nues- 
tros españoles del embarazo de aquellos indios; más ellos irritados, viendo su 
sangre derramada, acometieron con más pujanza y más denodada bizarría 
á nuestro ejército, á tiempo que entrándoles por un costado la caballería, atro- 
pellados y confusos, desordenando sus tropas tomaron gran sitio de la cam- 
paña, provocados á otro acometimiento, pero no dejándolos hacer fué seguido 
de la caballería y de buena tropa de infantes arcabuceros y ballesteros, les 
hicieron redimir la campaña de el embarazo de sus tropas, mas reunidas 
nuestras fuerzas, y entrado á aquel lugar, de cuyo nombre aun no hay fijeza, 
ni yo me atreveré á afirmar cual dé los inmediatos á Yzqaípulas pudiese ser, 
para que en su mayor certeza hubiese de señalarse á la memoria futura, más 
siendo poco importante, que fuese uno, ó que fuese otro, basta saber su opo- 
sición, y que hallándole nuestros españoles despoblado, y con poquísimo bas- 
timento que fué el despojo, su poblazón mal ordenada, y su casería apiñada, 
resolvieron los cabos de esta empresa el que por varias partes se le pusiese 
fuego, lo uno por molestar, y ejercitar en la hostilidad á aquellos indios, y lo 
otro por no dejar á las espaldas aquel padrastro. 

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CAPITULO IV 



Que continua la propia materia de la guerra de Yzquipulas, hasta su rendimiento 
desta cabecera de Partido. 



MARGINALES. — Grandes trabajos que pasaron nuestros españoles. — Avístase el ejército 
a las trincheras de Yzquipulas. — Entrégase Yzquipulas. — Reedifícanse los puestos 
destruidos. 



Mas aunque bien quisiéramos individuar los hechos españoles en 
esta singular expedición de Yzquipulas y toma de esta plaza capital, la distan- 
cia de los tiempos, la confusión de las noticias, y la limitación de las escriba- 
nías de Cámara negadas á mis intentos, aun no ministran las circunstancias 
seguras de que necesitamos para expresarlas, si bien tenemos la certeza de 
haber quedado sujeta últimamente esta Provincia, en esta expedición, por el 
Abril de el Año 1530. (90) y que el último esfuerzo que sobre la toma de este 
lugar de Yzquipulas hizo nuestro ejército, católico, padeciendo no menores 
trabajos en su sitio, que durando largo é intelerable término de días, la hambre 
mortal, y ejecutiva, fué más de las heridas, y muertes de nuestros opugna- 
dores, el más rebelde y duro torcedor en sus fatigas; mas como quiera, que 
muriendo muchos de los indios de nuestro ejército, y que la resta se advirtiese 
desalentada, y rendida, con la continuación de larguísimas vigilias, y de ins- 
tantáneos asaltos, sin embargo, asistidos de aquel eterno Numen, haciéndose 
temer y respetar de aquellos bárbaros de Yzquipulas, ceñidos y resguardados 
de fortísimas trincheras, y de centinelas muy vigilantes (propia naturaleza 
de estas gentes), que sobre propugnáculos muy eminentes de acomodada cor- 
dillera, atalayaban cuidadosos los movimientos más ligeros de nuestras tro- 
pas, siendo el principalísimo impedimento á nuestras ejecuciones, y el medio 
irreparable con que frustraban y hacían salir inútiles los más de los asaltos 
á que se proponían nuestras tropas. Mas sin embargo á su desvelo, reveló 
no menos la constancia y el gran valor de nuestra gente, que apropincuada á 
su trinchera, si bien cubierta de sus flecheros defensores, no tan fortificada, 
que por algunas partes de su cordón no pudiese ser asaltada; mas aunque el 
ánimo estaba hecho á romper por lo más arduo de las dificultades, pareció 
conveniente el requerir con la paz á aquellos indios que numerosos y socorri- 
dos, pudiera afirmar sin equivocación, que con antigua alianza eran asis- 
tidos de parte tan remota, y separada, como la del Quiche, numerosa de pue- 
blo y de malhumorada condición, pues en estampa del Año de 1579, copiada 
de los reales alcázares del Rey de Utattán, halla mi diligencia citación particu- 
lar de los chiquimultecos ; mas éstos debe pensarse no ser estos de la Sierra, 
sino los Chiquimulas de la provincia de Totonicapa. Mas estos yzqupulanos, 
confiados, ó acaso políticos, é industriosos, pidieron término de tres días á la 
consideración de su respuesta. Pero entre tanto, parte bastante de nuestra 
caballería corriendo de aquel distrito gran terreno, pudo no menos alentar 
con buen socorro de vitualla á nuestros españoles, y hacer temer y recelar 



(90) Libro 19 de Cabildo. -folio 162. 

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á los confines de Yzquipulas, que al cuarto día dio por respuesta, que mas 
por respeto de la paz pública, que por temor de las armas castellanas, se daba 
de buena voluntad á el rendimiento. Mas para prueba de su seguridad pi- 
dieron nuestros cabos, que deshiciesen, en el término de aquel día, un lienzo 
de trinchera, y entregasen cierto número de principales en nuestro ejército, 
con que haciéndose la entrega, y abandonada, y destruida casi toda la forma 
de su extendida albarrada, se introdujeron nuestras tropas á las habitaciones 
de aquel gran pueblo, donde hubo de residir nuestro ejército largos días, di- 
vidido en sus más convenientes y acomodados cuarteles, bien que no ociosos 
residían, ni divertidos vagaban, en tanto que de orden de Hernando de Chá- 
vez, y Pedro Amalín, se atendía con gran conato á la restauración, y reparo, 
de algunos pueblos destruidos, que en el furor de la guerra, que todo lo des- 
dora y esteriliza, quedaron con miserable asolación desmantelados, y hasta 
su total reedificación, y aún á más larga distancia de prolijos días dio nuestro 
ejército, después continuada asistencia, á los países de esta prodigiosa co- 
marca, ó porque no bien se asegurasen los cabos principales de la ligereza, 
y bárbara condición, de aquellos indios, ó á causa grande, y más oculta, que 
los hacía detenidos y suspensos, en las pocas comodidades que ministraba 
un país, ejercitado en los destrozos de una guerra dilatada y sangrienta, que 
había comprendido en sus asedios, la común ocurrencia de sus pueblos, y 
porque á la verdad, semejantes conquistas no se consiguen, si en los lugares 
dominados, no quedan suficientes presidios de nuestros españoles, ó porque 
los indios luego se vuelven á sus idolatrías, y deslealtades, ni jamás se verán 
conseguidas las Provincias que faltan por sujetar, sin semejante diligencia, 
y mención. Esta de Yzquipulas conquistada á los exfuerzos, y constancia del 
Capitán Hernando de Chávez, mi progenitor, y las industrias y valeroso tezón 
de Pedro Amalín, se le dio en encomienda á el Chávez, como parece de ins- 
trumento, y papeles de sus méritos, y servicios. 



CAPITULO V 

De la situación, y partes confinantes de este Partido de Chiquimula de la Sierra, y 
número de los ríos que le fertilizan; con los lagos que le proveen y refrescan. 



MARGINALES. — Situación de Chiquimula de la Sierra. — Como confina. — Circunferencia 
de esta jurisdicción, y prosiguen sus confines. — Sus haciendas de campo. — Los 
ríos que bañan esta jurisdicción. — Laguna de Guixar. — Circunstancias de la laguna 
de Guixar. — Laguna de Metapa. — Laguna de Atescatempa. 



Respecto de la situación de esta ciudad de Goathemala, Chiquimula 
de la Sierra se considera á la parte oriental, en su asiento, con noble y dila- 
tado territorio; que no cargando más á la parte Septentrional, que á la del 

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medio día, se constituye en prodigioso país mediterráneo, que en su costela- 
ción gozando de dos opuestos climas, con claro y alegre cielo, en la dilatada 
porción de serranías, se toca el temple frío, y opuesto en gran calor, en lo 
caído, y bajo de sus valles. 

Mas respecto de su cielo limpio, y claro, sin nieblas, ni vapores que le 
empañen, y ser su suelo aún en lo caliente de sus países de calidad muy seca, 
es siempre sano y libre, sin disputa de pestilentes contagios. Mas s: tocados 
sus naturales de algunas enfermedades que padecen, es siempre de los acci- 
dentes lunares, y violentos, respecto á la sequedad de sus vientos, y propia natu- 
raleza de su terreno, Y este, sino el más dilatado en la extensión de su ámbito, 
no tan estrecho que en su ancho, y noble círculo, no cuente grande y mara- 
villosa porción de prolíficas y útiles leguas de pingüe y sustancial terreno ; 
sus límites y linderos más señalados son prueba suficiente de su grandeza, 
X que juntamente de su conocida abundancia, porque la parte de su Occiden- 
te confina con la sierra de Canales, y un grande y noble valle que llaman de 
San Sebastián, que es pertenencia apreciable, no menos que provechosa, de 
el pueblo de Santa Catharina Pínula, de el Corregimiento del Valle de esta 
ciudad de Goathemala, por donde se descáese á él con grande brevedad de 
camino, desde el pueblo de M ataque seuite, pueblo sujeto á al jurisdicción 
de Chíquimula. Por la demarcación del Sur y partiendo términos el grande y 
noble río de Pasa, que corre á el Susueste, se eslabona su confín y territorio con 
el Corregimiento de Guazacapán. Mas desde el abundante curso de Pasa, que 
le da nombre bien conocido á su ribera, por la parte del Sueste, se le introduce 
un largo término á su jurisdicción, de la Provincia de San Salvador, con 
quien confina por este rumbo ; mas como quiera que su maravillosa extensión 
se dilate con grande circuito, por ciento y cincuenta leguas de útilísima tierra, 
rica de minerales bien conocidos, y quizá más útiles, si la demencia de los 
hombres no despreciara el tesoro que la inunda. 

También la ciñe por largo término de su situado oriente, la rica juris- 
dición de Gracias á Dios, con los ilustres vestigios y antigüedades admirables 
de Copan (á quien daremos lugar en el progreso de este libro), que señalada- 
mente dividen, y hacen términos con ambas jurisdicciones. Pero volviendo 
por la dilatación de sus costados, corre sobre la parte septentrional, con ad- 
mirable y notable territorio, de fecundísimos y amenos valles, á confinar 
con la jurisdicción del Corregimiento de Casabastlán, con que dejamos asen- 
tado que sus confinancias son cinco, tan conocidas, que aún no se ignoran 
de los que son menos baquianos. 

Entre lo muy eslabonado de sus altas cordilleras, se consideran situa- 
ciones admirables de algunos pueblos, en la concavidad de los valles, que de 
las propias serranías toman su amena y saludable formación ; pero más ge- 
neralmente buena y considerable porción de haciendas de campo, se señalan 
unas de ganado mayor, y alguna de ellas numerosa, que es la del Peñol, con 
amenísimas y dilatadas campiñas, más apacibles por sus frondosas arboledas, 
que á la manera de lunares se distribuyen por la llanura de aquella tabla; 
en que así ésta como otras del propio género, y muchas con ingenios de hacer 
añir, se ilustran y mantienen con caserías de no pequeña población, en que se 
goza una maravillosa abundancia de todas las cosas, ó ya por razón de su 

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propia producción, ó ya porque sus confinantes le ministran las cosas que le 
faltan; ó las que más la abundan. Goza la amenidad de este país la gran 
fecundidad de nobles ríos, y arroyos, que fomentados de considerables ver- 
tientes, toman el crédito de grandes madres, y entre ellos el ya apuntado río 
de Pasa, que tomando su principio de la alta serranía de M ataque scuinte , en 
pobre y humilde fuente, á poco término de su camino enriquecido de gran con- 
gregación de aguas, con opulencia y muy crecido curso, va á morir como una 
de las principales y buenas barras de la mar de el Sjfur, atravezando largo tér- 
mino de esta jurisdicción, y de la de su inmediata de San Salvador, por el 
rumbo que lleva su camino al Susueste; y no menos noble se considera, y de- 
rrama, por considerable distrito de tortuosa senda, y grande vuelta, que cir- 
cunda un prodigioso y crecido seno de sitio delicioso, y pingüe, de provechosa 
tierra, el abundante río de Copan, no menos útil que otros en varios beneficios, 
y que pudiera hacerle grande á los ricos minerales de oro de la nueva Zara- 
goza, si acaso su importancia tuviera mejor fomento. Mas nuestras cosas pa- 
rece que peligran en las propias conveniencias. 

Así, ni más ni menos los ríos de Jocofán, y Camotán, que en sus co- 
rrientes llevan arenas de oro, participan de la desgracia, que los propios mine- 
rales, pudiendo ser lavaderos provechosos de tan noble y generoso metal. 
El río de Mitlán, que después toma el nombre de río Ostua, de grande y noble 
curso, que engrandecido y aumentado con agregación de otros muchos, que 
en larga distancia de su camino se le llegan, y algunos de ellos, bien caudalo- 
sos y abundantes, como el de Quezalapa y Tamázulapa,, que naciendo en 
la gran cordillera de Jutiapa se le junta entre Yupiltepeque y Afescatempa, 
pueblos de esta jurisdicción de Chiquimula, para entrar luego á poca 
distancia, en el gran lago de Guijar, con cuya grandeza y extensión, y 
la abundante copia de su pesquería, aun no litiga mayorías la que tenemos 
de Amatitlán y Petapa, puesto que esta de Guijar baja veinte leguas. Tiene 
esta gran laguna su situación á la parte de el Sueste, en los términos de 
Metapa, y Ostua, pueblos sujetos á la jurisdicción de Cuzcatlán, ó San Salva- 
dor, y su considerable y gran desagüe, que llaman río de Guijar, jamás de 
vado, sino es con el uso de las canoas, y le va á derramar sobre la gran ribera 
del noble y prodigioso río de Lempa; cuyo agregado solo pudiera hacerle fa- 
moso y memorable, como acerca de las calidades de su importancia y nombre 
diremos en la Tercera Parte. Mas no me excusa la concisión de mi estilo el 
decir de este Lempa, que tiene su origen y principio en las sierras de Yzqui- 
pulas, en un pequeño arroyo que llaman Seseoapa, que quiere decir río de aire, 
de seses, que es el aire y apantl, el río. Mas como quiera que esta laguna de 
Guijar en la grande estensión de su circuito de tanto lugar á su tráfico, tam- 
bién le hace muy capaz y deshogado á una gran isla, y casi en su medianía 
con delicioso boscaje, se señala y que ya sirviendo á ministrar bastante caza 
á los vecinos de su comarca, ó dando algún descanso á los indios canoeros de 
su tráfico, sirve sin duda á mucha conveniencia, y en cuyo territorio afirman 
calificados testigos vénse algunos sátiros en lo retirado y umbrío de aquellos 
arcabucos, mitad cabra de medio cuerpo abajo, y mitad para lo alto con re- 
presentación humana, bien que remata su frente con cornamenta robusta, 
y á estos afirman haberles atribuido reydad los indios del gentilismo. Pero 

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lo que más en ella sobresale, por su notable y bella antigüedad, es que dilatán- 
dose por el Oeste un largo término, por lo interior de su gran piélago, á la 
manera de península, abriendo más la capacidad de el terreno; adonde va á 
terminar dentro de el agua, se admira en su contorno un gran vestigio de 
bello y magnífico aparato, que representa sin duda haber sido en su antigualla, 
casa de placer, ó defensa segura de algún señor de aquellos tiempos, bien 
que más me inclinaré, á presumir que fuese poblazón de grande y extendido 
circuito, pues conserva el nombre de Zacualpa, que quiere decir pueblo viejo, 
y en que sin duda trabajarían nuestros españoles, no menos en su angosta 
y dificultosa entrada, que en su precisa reducción, mas la incuria misma de 
estos nuestros ilustres progenitores, nos deja defraudada tan importante 
noticia, y tan esclarecida gloria á nuestra monarchía. Mas creo sin duda, 
que solo gusta á aquel Supremo Señor de lo criado, que nuestros méritos es- 
pañoles, sirvan solo como famosas en su justificado solio. Muéstrase hoy 
más que gran vestigio de esta elegante poblazón, bien que confusamente in- 
forme, aun no permite diseño regular de su extendida traza, mas para conse- 
cuencia del asunto de estos discursos, basta apuntar esta antigüedad mate- 
rial, que hoy resplandece, y señalar su propio sitio. 

Pero no divirtiendo el intento de la memoria de las lagunas que se 
ven en este territorio de Chiquimula de la Sierra, la que yace cercana á el 
Pueblo de Metapa, recibe en sí los ríos de Langue y Laguetuyo; pero no des- 
aguando superficial su grande piélago, lo hace por debajo de tierra en la de 
Guijar, de quien se mira no distante. Mas esta de Metapa, como la otra lagu- 
na de Guijar, abunda de grande providencia de peje muy regalado, que abas- 
tece con indecible prodigalidad á su comarca, de donde copiosamente pro- 
veída, aun se derrama su inagotable beneficio á mucho número de progreso- 
res, que atravesando su senda se encaminan á varios territorios. Pero aun no 
sola esta de Metapa, laguna bien conocida se manifiesta exquisita en su na- 
turaleza, sino que la de Atescatempa, á quien entrándole dos ríos considera- 
bles, el de Contepeque, denominado así de cierto cerro donde nace, y el de 
Yupiltepeque, no menos noble, no sin asombro en su ribera no se le ve des- 
agüe á la congregación de su lleno, pero no á larga distancia de su asiento, 
se ve brotar la abundancia de su caudal, en el sitio que llaman de la Doncella, 
por admirable y prodigioso cause, que luego forma crecido y maravilloso cur- 
so, en grande y considerable madre ; porque así este como el de Chiquimula y 
San José, que nace y fluye de las cordilleras de Ypala, beben y se apropian 
una cantidad casi incomparable de arroyos, que derramados y distribuidos 
por varias partes, fertilizan y favorecen este maravilloso contorno ; porque 
ó ya en los abrevaderos que forman á el beneficio de los ganados, ó en lo que 
ministran á el servicio de los ingenios de el añir, ó riegos de algunos cacahua- 
tales, ó pesquerías provechosas, de que ninguno carece, es sin duda argu- 
mento, y prueba de la gran conveniencia que de ellos se consigue, y fuera 
mayor, si acaso la tierra más poblada, ó más bien vista para su conservación, 
tuviera mejor fomento, porque ella en sí habla de todo lo que es el Reyno, 
tanto y más que la Europa es apta, y acomodada, á grandes y prodigiosas con- 
veniencias; y es compasión considerar tantos baldíos de que pudiera gozai 
la suerte de nuestra España en har^er hecho Señor de estos países á nuestn 

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gran Monarca, la voluntad Divina, cuando en ellos sus moradores, no extra- 
ñaron ni el temple ni la abundancia, porque sin duda de el primero gozaran 
de el que quisieran, y de lo otro no menos experimentaran, que en estas partes, 
por la gran providencia del Altísimo, no hay quien conozca del hambre la 
estrechura. 



CAPITULO VI / 

Que solo contiene la instrucción, forma, y orden de los requerimientos, que de parte 
de su Magestad, se habían de hacer á los indios infieles de este Reyno de 
Goathemala, antes de hacerles guerra. 



MARGINALES. — Traslado de el requerimiento a la letra. — Razones que satisfacen al des- 
pojo que se les hizo a los caciques del dominio de sus tierras. — Bula y donación 
del Pontífice. 



No sin particular motivo, y bien conforme á mi lealtad, me ha parecido 
insertar á la letra la instrucción, que el Señor Emperador Rey de las Españas 
dio á los conquistadores de este Reyno de Goathemala, para prevencional de 
la guerra, que había de hacerse á los indios de estas Provincias, y será así 
notoria no solo á las naciones adversarias, pero á los mismos españoles, entre 
los cuales habiendo algunos de tan displicentes genios que nada les satisface, 
sino es la ignorancia de su propio humor, pagados de su inútil dictamen, pare- 
ciéndoles que no hubo en esta grande, y singular empresa, mas que entrar 
matando y apoderándose de los reynos, sin otro motivo que el de su propio 
antojo, queden desengañados y advertidos en su ignorancia, viendo cuan 
regular, y cristianamente se ejercitaron estas acciones, escondidas á la noticia, 
ó por separadas de nuestros tiempos, ó por la propia desgracia de la gene- 
ración española, cuyos hechos gloriosos, bien de ordinario se oscurecen, no 
sin malicia de estranjeros, y con bien culpable incuria de nuestra propia con- 
fianza. Es la instrucción la siguiente. (91) 

De parte de el Emperador, y Rey Don Carlos, é de Doña Juana su 
Madre, Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Cicilias, Herusalem, 
de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mállorcas, 
de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los 
Algarves, de Algezira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Islas, In- 
dias, é tierra firme, de el Mar Océano, Condes de Barcelona, Señores de Viz- 
caya y de Molina, Duques de Atenas, y de Neopatria, Condes de Rusellon, é 
de Cerdania, Marqueses de Ovistan, é de Gociano, Archiduques de Austria, 
Duques de Borgoña, é de Brabante, Condes de Flandes, é de Tirol. Domado- 
res de las gentes Bárbaras, aquí los nombres de los Capitanes, sus criados. 
Os notificamos, é hacemos saber como mejor podemos: Que Dios Nuestro 
Señor, uno y trino, crió el cielo é la tierra, y un hombre é una mujer, de que 
nosotros, é vosotros, y todos los hombres de el Mundo fueron é son deseen- 






(91) Libro 4<? de Cédula Real del Cabildo.— folios 7 v. y 8. 

187 



dientes, é procurados, é todos los que después de nosotros vinieren; más por 
la muchedumbre que de la generación que de estos ha salido desde cinco mil 
años á esta parte, que el Mundo fué criado, fué necesario, que los unos hom- 
bres fuesen por una parte, é los otros por otra, é se dividiesen por muchos 
Reynos, y Provincias, que en una sola no se podrían sustener, ni conservar. 
De todas estas gentes Dios Nuestro Señor dio cargo á uno que fué llamado 
San Pedro; para que de todos los hombres de el Mundo fuese Señor, á quien 
todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano do quiera que los 
hombres viviesen, y estoviesen en cualquiera Ley, seta, creencia, y dióle él 
mundo por su Reyno é Jurisdicción. E como quier que le mandó poner su 
silla en Roma, como en lugar más aparejado, para regir el mundo, mas tam- 
bién le permitió, que pudiese estar, y poner su silla en cualquiera otra parte 
del Mundo, y juzgar é gobernar á todas las gentes christianas, moros, indios 
gentiles ó de cualquier otra seta', ó creencia que fuesen. Este llamaron Papa; 
porque quiere decir admirable, mayor padre, y gobernador de todos los hom- 
bres. A este San Pedro, obedecieron, y tomaron por Señor, Reyes Supremos 
del Universo, los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido á todos 
los otros que después de el fueron al Pontificado elegidos, que así se ha con- 
tinuado hasta agora, y se continuará hasta que el mundo se acabe. 

Uno de los Pontífices pasados, que en lugar de este subcedió en aquella 
dignidad é silla que hemos dicho como Señor del Mundo, hizo donación de 
estas Islas, é tierra firme del Mar Océano, á los dichos Reyes é Reyna é á sus 
subcesores en estos Reynos, nuestros Señores con todo lo que en ella ay se- 
gún se contiene en ciertas escripturas, que sobre ello pasaron según dicho 
es que podréis ver si quisieredes: así que sus Magestades son Reyes, y Se- 
ñores de estas Islas é fierra firme por virtud de la dicha donación, y como 
á tales Reyes é Señores algunas Islas más y <x*si todas á quien esto ha sido 
notificado, han recurrido á sus Magestades, é los han obedecido, é servido, 
é sirven, como subditos é lo deben hacer, y con buena voluntad, é sin ninguna 
resistencia, luego sin dilación, como fueron informados de lo susodicho, le 
obedecieron é recibieron los varones Religiosos, que sus Altezas les inviaban; 
para que les predicasen, y enseñasen nuestra Santa Fee r y todos ellos de su 
libre y agradable voluntad, sin apremio, ni con dilación alguna se tornaron 
christianos y lo son y sus Magestades los recibieron alegre y benignamente, 
y así los mandaron tratar como á los otros sus subditos é vasallos, é vosotros 
sois tenidos y obligados á hacer lo mesmo. 

Por ende como mexor podemos vos rogamos, y requerimos, que en- 
tendáis bien esto que os decimos, y toméis para entenderlo, y deliberar sobre 
ello el tiempo que fuese justo, y reconoscais á la Iglesia por Señora y supe- 
riora del Universo Mundo, y al Sumo Pontífice llamado Papa en su nombre 
á el Emperador é Reyna Doña Juana nuestros Señores en su lugar como á 
superiores y Señores é Reyes de estas Islas é tierra firme, en virtud de la 
dicha donación, y consintáis é deis lugar, que estos Padres Religiosos os de- 
claren é prediquen lo susodicho. 

Si así lo hicieredes haréis bien, é aquello á que estáis obligados é sus 
Altezas é Nos en su nombre os reciviremos con todo amor é caridad, é vos 
dejaremos vuestras mujeres, é hijos, é haciendas libres, sin servidumbre; 

188 



para que de ellas é de vosotros hagáis libremente lo que quisieredes é por 
bien uvieredes ó no vos compelerán á que vos tornéis christianos, salvo si voso- 
tros informados de la verdad os quisieredes convertir á nuestra sancta fee 
catholica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras Y slas, é allende 
de esto sus Magestades vos darán muchos privilegios, é ecempciones, y vos 
harán muchas mercedes. 

Si asi no lo hicieredes, ó en ella dilación maliciosamente pusieredes, 
certificamos que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente 
contra vosotros, y vos haremos guerra por todas las partes y maneras que 
pudiéremos é vos sujetaremos á el yugo y obediencia de la Iglesia, y á el de 
sus Magestades, y tomaremos vuestras personas, é vuestras mujeres é hijos, 
é los haremos esclavos, é como tales los venderemos, y dispondremos de ellos 
como sus Magestades mandaren é vos tomaremos vuestros bienes, é vos ha- 
remos todos los daños, é males que pudiéremos, como á vasallos que no obe- 
decen ni quieren recibir á su Señor y le resisten é contradicen; é protestamos 
que las muertes, é daños que de ello recibieren sea á vuestra culpa, y no de 
sus Magestades, ni nuestra ni de estos caballeros que con nosotros vienen, 
é de como lo decimos requerimos y epedimos al presente escribano que nos 
lo dé por testimonio signado, y á los presentes rogamos que de ello nos sean 
testigos". 

Este requerimiento está señalado abajo de quatro rúbricas. 

Este testimonio podrá servir de desengaño á los que creyéndose de 
libros extranjeros, ó bien de algún español originario de Francia (92) han pen- 
sado, bien que engañados, que en estas conquistas no se miraron todas las 
circunstancias, que para ser la guerra justa necesitaba. Mas sin embargo, por 
si tenaces perseveraren en su ignorancia, que hay hombres con entendi- 
mientos de acero, no puedo excusarme á su advertencia, con la precisa recon- 
vención, de que discurran en la gran potestad de el Pontífice Romano, Vica- 
rio de Jesucristo, que donó estas regiones á los Reyes de España, y que estos 
esclarecidos cathólicos Monarcas, á costa de la sangre y vidas de sus vasallos, 
las sujetaron y rindieron á el reconocimiento y obediencia de la santa Iglesia; 
y que si hubo algunos pueblos ó Provincias, que se sujetasen de su expon- 
tánea voluntad, siendo requeridos por muy inteligentes y fieles intérpretes, 
que después para despojarlos de el dominio de sus Señoríos hubo la sufi- 
ciente causa de haberse rebelado como sucedió en este Reyno por el Año 
de 1526, como tenemos referido, ocasionando la sublevación de los pueblos, 
que no menos rebeldes, que numerosos, se situaban en el largo término de 
noventa leguas, guerra sangrienta, y espantosa, y que costó más su reduc- 
ción, que ocasionó daño en su conquista, siendo este el medio por donde tuvo 
en estos miserables faltos de luz, entrada y asiento la verdad de el Evangelio, 
de cuya noticia habían lamentablemente carecido largo tiempo, hasta que el 
ánimo invencible de los españoles se la comunicó; pero por que no falte re- 
quisito á mis intentos, que son de establecer en la memoria de las gentes, el 
grande derecho y firme, y asentado dominio de el Rey Cathólico á estos Rey- 
nos, ó bien por cerrar la puerta á los discursos de los impertinentes, insertaré 



(92) Fray Bartolomé de las Casas. 

189 



á la letra la Bula de la Concesión de el Santísimo Papa Alejandro VI. que 
comenzando : Atexander Episcopus servus, servorum Dei, clarissimo in Christo 
filio Ferdinando Regi, et charisimo in christo filie Elísabhet Regina Castelle, 
Legionis aragonorum, etc. Se traduce así á nuestra castellana. 



BULA Y DONACIÓN DEL PONTÍFICE 

DEL DOMINIO DE ESTAS INDIAS A LOS REYES CATHOLICOS 
DE ESPAÑA ALEJANDRO OBISPO SIERVO DE LOS SIERVOS DE 
DIOS. A LOS ILUSTRES, carísimo en christo hijo, Rey Fernando, y mi muy 
amada en christo hija, Isabel, Reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Ci- 
cilia, y de Granada, salud y bendición apostólica: Lo que mas entre todas las 
obras agrada á la Divina Magestad, y nuestro corazón desea, es que la fee 
cathólica, y religión christiana sea exaltada mayormente en nuestros tiem- 
pos, y que en toda parte sea ampliada y dilatada, y se procure la salvación 
de las almas, y las bárbaras naciones sean deprimidas y reducidas á esa mis- 
ma fee. Por lo cual como quiera que á esta sagrada silla de San Pedro por 
favor de la Divina clemencia (aunque indignos) hayamos sido llamados, co- 
nociendo de vos, que sois Reyes y Principes cathólicos verdaderos, cuales 
sabemos que siempre habéis sido, y vuestros preclaros hechos (de que ya casi 
todo el Mundo tiene entera noticia) lo manifiestan, y que no solamente lo 
deseáis, mas con todo conato, esfuerzo, fervor, y diligencia, no perdonando 
atrabaxos, gastos ni peligros, y derramando vuestra propia sangre, lo hacéis, y 
que habéis dedicado desde atrás á ello todo vuestro ánimo, y todas vuestras 
fuerzas, como lo testifica la recuperación de el Reyno de Granada, que aora 
con tanta gloria del Divino Nombre hicisteis, librándole de la tiranía Sarracéni- 
ca. Dignamente somos movidos (no sin causa) y debemos favorablemente y de 
nuestra voluntad concederos aquello mediante lo cual cada día con más fer- 
viente ánimo á honra del mismo Dios, y ampliación de el Imperio christiano 
podáis proseguir este santo y loable propósito, de que nuestro inmortal Dios 
se agrada. Entendimos que desde atrás aviades propuesto en vuestro ánimo 
de buscar, y descubrir algunas Islas y tierras firmes remotas é incógnitas de 
otros, hasta ora no halladas, para reducir los moradores, y naturales de ellas 
al servicio de nuestro Redentor, y que profesen la fee cathólica, y que por 
haber estado muy ocupados en la recuperación de dicho Reyno de Granada, 
no pudisteis hasta aora llevar á deseado fin este vuestro santo y loable pro- 
pósito: y que finalmente habiendo por voluntad de Dios cobrado el dicho 
Reyno, queriendo poner en ejecución en vuestro deseo, proeveísteis al dilecto 
hijo Christobál Colón, hombre apto, y muy conveniente á tan gran negocio, 
y digno de ser tenido en mucho, con navios y gente; para semejantes cosas, 
bien apercibidos no sin grandísimo trabajos, costas y peligros; para que por 
la mar buscase con diligencia las tales tierras firmes é Islas remotas, é in- 
cógnitas, ha donde hasta aora no se había navegado: Los cuales después de 
mucho trabaxo, con el favor Divino, habiendo puesto toda diligencia, nave- 
gando por él Mar Océano, hallaron ciertas Islas remotísimas, y también 
tierras firmes, que hasta aora no habían sido por otros halladas, en las cuale¿ 

190 



habitan muchas gentes, que viven en paz, y andan según se afirma desnudas, 
y que no comen carne, y á los que los dichos vuestros mensajeros pueden cole- 
gir, estas mismas gentes, que viven en las susodichas Islas y tierras firmes, 
creen que hay un Dios, criador en los Cielos, y que parecen azás aptos para 
recibir la fee cathólica, y ser enseñados en buenas costumbres; y se tiene 
esperanza, que si fueren doctrinados, se introduciría con facilidad en las 
dichas tierras é Islas el nombre de el Salvador, y Señor Nuestro Jesuchristo, 
y que el dicho Cristóbal Colón hizo edificar en una de las principales de las 
dichas Islas, una torre fuerte, y en guarda de ella puso ciertos christianos, 
de los que con él habían ido, para que desde allí buscasen otras Islas, y tie- 
rras firmes remotas é incógnitas, y que en las dichas Islas, y tierras ya des- 
cubiertas, se halla oro, y cosas aromáticas, y otras muchas de gran precio, 
diversas en género y calidad, por lo que teniendo atención á todo lo suso- 
dicho, con diligencia principalmente á la exaltación, y dilatación de la fee 
cathólica, como conviene á Reyes, y Príncipes Caihólicos, á imitación de los 
Reyes vuestros antecesores de clara memoria, propusisteis con el favor de 
la Divina clemencia, sujetar las susodichas Islas, y tierras firmes y los ha- 
bitadores y naturales de ellas y reducirlos á la fee cathólica. 

Así que Nos, alabando mucho en el Señor este vuestro Santo, y loable 
propósito, y deseando que sea llevado á debida ejecución, y que el mesmo nom- 
bre de Nuestro Salvador se plante en aquellas partes: os amonestamos muí 
mucho en el Señor, y por el Sagrado Bautismo que recibisteis mediante el cual 
estáis obligado á los mandamientos Apostólicos, y por las entrañas de miseri- 
cordia de Nuestro Señor Jesuchristo, atentamente os requerimos, que cuando 
intentaredes emprender, y proseguir del todo semejante empresa, queráis y 
debáis con ánimo prompto y celo de verdadera fee inducir los Pueblos que 
viven en las tales Islas y tierras, que reciban la religión christiana, y que en 
ningún tiempo os espanten los peligros y trabajos, teniendo esperanza, y 
confianza firme, que el omnipotente Dios favorecerá felizmente vuestras 
empresas; y para que siéndoos concedida la liberalidad de la gracia Apos- 
tólica, con más libertad y atrevimiento toméis el cargo de tan importante ne- 
gocio, mutu proprio, y no á instancia de petición vuestra ni de otro, que por 
vos nos lo aya pedido, mas de vuestra mera liberalidad, y de cierta ciencia, y 
de plenitud del poderío Apostólico todas las Islas, y tierras firmes halladas, 
y que se hallaren descubiertas, y que se descubrieren, azia el Occidente y 
Medio Día; fabricando y componiendo una línea de el Polo Ártico, que es el 
Septentrión, al Polo Antartico, que es el Medio Día; ora se hallan hallado, 
Islas ó tierras firmes, ó se ayan de hallar, azia la India, ó azia otra cualquier 
parte, la cual línea diste de cada una de las Islas, que vulgarmente dicen de 
los Azores, y cabo Verde, sien leguas azia el Occidente, y Medio Día; así que 
todas las Islas, y tierras firmes halladas, y que se hallaren descubiertas, y que 
se descubrieren, desde la dicha línea, azia el Occidente, y Medio Día, y por 
otro Rey ó Príncipe Christiano, no fueren actualmente poseídas hasta el día 
del Nacimiento de Nuestro Señor Jesuchristo próximo pasado, de el cual 
comienza el año presente de mil quatrocientos noventa y tres, cuando fueron 
por vuestros mensajeros y Capitanes, halladas algunas de las dichas Islas, 
por la autoridad* del Omnipotente Dios, á Nos en San Pedro concedida, y 

191 



del Vicario de Jesucristo, que exersemos en las tierras con todos los Seño- 
ríos de ellas, ciudades, fuerzas, lugares, villas, derechos jurisdicciones, y 
todas sus pertenencias, por el tenor de las presentes, las damos, concedemos, 
y las asignamos perpetuamente á Vos, y á los Reyes de Castilla, y de León, 
vuestros herederos y sucesores, y hacemos, constituimos, é deputamos á Vos 
y los dichos vuestros herederos, y sussesores, señores de ellas, con libre, 
lleno y absoluto poder, autoridad y jurisdicción, con declaración, que por esta 
nuestra donación, conseción y asignación, no se entienda, ni pueda entender, 
que se quite ni haya de quitar el derecho adquirido á ningún Príncipe Christia- 
no, que actualmente hubiere poseído las dichas Islas y tierras firmes hasta 
el susodicho día de Natividad de Nuestro Senos Jesuchristo, y allende de esto, 
os mandamos en virtud de santa obediencia, que así como también lo prome- 
téis, y no dudamos por vuestra grandísima devoción, y magnanimidad* Real, 
que lo dejareis de hacer procuréis inviar á las dichas tierras firmes, é Islas 
hombres buenos, temerosos de Dios, Doctos, sabios, y expertos, para que ins- 
truyan los susodichos naturales, y moradores en la fée cathólica, y los ense- 
ñen buenas costumbres, poniendo en ello toda la diligencia, que convenga. 
Y del todo inhibimos á cualquier personas de cualquier dignidad; aunque sea 
Real é Imperial, estado, grado, orden ó condición, so pena de excomunión 
late sententie, en la que por el mismo caso incurra, si lo contrario hicieren: 
que no presuman ir por haber mercaderías, ó por otra cualquiera cauza, sin 
especial licencia vuestra, y de los dichos vuestros herederos, y subsesores, á 
las Islas, y tierras firmes halladas, y que se hallaren descubiertas, y que se 
descubrieren azia el Occidente, y Medio Día, fabricando y componiendo una 
línea desde el Polo Ártico al Polo Antartico, ora en las tierras firmes é Islas 
sean halladas ó se haya de hallar azia la India, ó azia otra cualquier parte; 
la cuál línea diste de cualquiera de las Islas, que vulgarmente llaman de los 
Azores, y Cabo Verde, sien leguas azia el Occidente y Medio Dia, mas como 
queda dicho; no obstante constituciones, y ordenanzas Apostólicas, y otras 
cualesquiera que en contrario sean; confiando eri 2l Señor, de quien proceden 
todos los bienes, Imperios y Señoríos, que encaminando vuestras obras, si 
proseguís este santo y loable propósito, conseguirán vuestros trabajos, y em- 
presas en breve tiempo, con felicidad y gloria de todo el pueblo Christiano, 
prosperísima salida, y porque sería dificultoso, llevar las presentes letras á 
cada lugar donde fuere necesario llevarse, queremos y con los mesmos, 
mutuo y ciencia, mandamos que á sus trasuntos firmados de mano de No- 
tario Público, para ello requerido, y corroborados con sello de alguna persona, 
constituida en Dignidad Eclesiástica, ó de algún Cabildo Eclesiástico, se les 
de la misma fée en juicio y fuera de él, y en otra cualquier parte que se 
daría á tas presentes, si fuesen exhibidas, y mostradas. Así es que á ningún 
hombre sea lícito, quebrantar, ó con atrevimiento ir contra esta nuestra carta 
de Encomienda, Amonestación, Requerimiento, Donación, concesión, asigna- 
ción, constitución, Deputación, Decreto, mandado, inhibición, voluntad, y si 
alguno presumiere intentarlo, sepa que incurrirá en la indignación del Om- 
nipotente Dios, y de tos Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo. — Dada en 
Roma en San Pedro á cuatro de Mayo, del Año de la Encarnación del Señor 
de mil y quatrocientos noventa y tres, en el Año Primero de Nuestro Pon- 
tificado. 



192 



¡ 



Bastante luz á la certeza, de los que sin noticia de estos derechos de 
Nuestro Reyes se confunden, es la que se les propone en uno y otro instru- 
mento, para no temer proceder sin duda en las cosas que tratamos, que siendo 
tan de la naturaleza de nuestro asumpto; aun habiendo dilatado su na- 
rración parecerá no solo necesaria, sino inexcusable su inserción, y aun 
el haberla propuesto muy al principio de la Primera Parte; mas ya 
asentada y establecida pasaremos adelante, con lo perteneciente al Par- 
tido de Chiquimula de la Sierra. Dejando para otro lugar la materia 
de la esclavitud de estos indios, y noticias de su libertad, con los propios 
Reales Rescriptos, y mas que mi narrativa, desengañaran la confusión de los 
dudosos. 



CAPITULO VII 

De los pueblos que componen la Jurisdicción de Chiquimula de la Sierra, y su ad- 
ministración espiritual, y otras materias de buen gobierno. 



MARGINALES. — Críanse corregidores de los Partidos. — Ultima tasa de los tributos. — 
Prohibe el Presidente Cerrato el que le paguen los jóvenes. — Manda que haya cabil- 
dos en los pueblos y que críen alcaldes de los linajes de los indios. — Como se paga 
el salario de este corregidor de Chiquimula. — Este Partido es el socorro del Golfo 
Dulce en ocasiones militares. — Curato de Chiquimula de la Siera. — Sus adyacen- 
tes. — Sn. Juan Jocotán. — Sn. Juan Camotán. 



Antes que estableciesen nuestras armas el rendimiento de los ( pueblos 
que le dan nombre, y orden á esta jurisdicción de Chiquimula de la Sierra, 
dejamos muy revuelta no solo esta frontera, sino otras á su ejemplo empeña- 
das y introducidas á no menores sublevaciones, que obligaron á el celo y 
valentía española de Goathemala á diversiones muy peligrosas, aún estando 
esta República mal satisfecha del irregular gobierno de Francisco de Orduña, 
y por eso divisa en los sentimientos de sus propios ciudadanos, que la hacían 
poco segura en la pretensión de su estabilidad, no solo con recelos de su con- 
servación, sino aún con crudencias de su propia ruina ; más como mediase 
por entonces, entre estos accidentes la noticia de la llegada de Don Pedro 
de Alvarado, á los puertos del Norte, adelantado en honores, y privilegios, 
que consiguieron sus servicios á instancias vivas de su diligencia, puesto en 
esta ciudad bien por la posta y presentándose en Cabildo el día Viernes 18 
de Marzo de 1530, (93) pudo la sagacidad de su trato serenar los movimientos 
populares y reducir á una perpetua obediencia los pueblos mal satisfechos; 
más no por eso se vieron establecidos estos Corregimientos en su mejor go- 



(93) Libro 10 de Cabildo .—folio 167. 

193 



bierno, hasta el Año de 1551, que como segundo Presidente de esta Audiencia 
gobernaba el Reyno el Licenciado Alonso López Cerrato, que á más de haber 
criado estos gobiernos, para que su primer instituto, fuese el de la recauda- 
ción de los Reales Tributos, en lo que así por esta razón habían de contri- 
buir los pueblos á favor del Real Patrimonio, y al de los encomenderos, fué 
quien dio la última tasa á esta contribución, y quien, para el mayor alivio 
de los indios, prohibió el que tributasen los jóvenes de esta nación, como 
antes, sin duda, debia de estar establecido, en cuyo crédito nos asegura su 
propia prohibición. Más porque no dejemos de decir otras cosas que ordenó 
este Presidente Cerrato, en beneficio de los indios, y en orden más regular 
á el Gobierno político de sus pueblos, también con gran acuerdo y crédito 
de la justicia, gustó de que en cada uno de ellos hubiese Cabildo, y que eli- 
giesen alcaldes ordinarios, á satisfacción de los propios corregidores, que 
habían de confirmarlos. Y éstos con buen acuerdo, eran de aquellos Seño- 
res, y ahauaces de los propios pueblos, lo que estuvo antes prohibido, con- 
servando este estilo largo tiempo los electores, que gustando de ser gober- 
nados de sus principales caciques, no se atrevieron en muchos años á corrom- 
per esta natural atención, hasta que el favor, y el poder conducido de la 
codicia, fué introduciendo en el gobierno de los indios, no solo á los forasteros, 
que los solicitaban, y hoy mejor los pretenden, sino á los mazehuaíes de los 
propios domicilios, que es la villanía, ó ínfima plebe de ellos, con grav? sen- 
timiento del os nobles, y no sin grave y peligrosa ruina del estado ; pues es 
creíble que esto caminara á su mayor aumento por el gobierno de los natu- 
rales, antes que por el descuido y desprecio de los extraños, y más en nación 
dotada de crueldad y indigestión, y que en el castigo de los subditos pasa á 
señalada carnicería, tratándoles como á animales de diversa especie. 

Entre estos corregimientos que se instituyeron, y antes estaban al go- 
bierno de tenientes generales de el Gobernador, ó bien conferidos por número 
de provincias, ó acaso como repartimientos á el cuidado de los propios en- 
comenderos, como éste lo estuvo á el del Capitán Hernando de Chávez, (94) 
su encomendero y conquistador, que los mantenían hasta entonces en jus- 
ticia, fué uno de ellos el de Chiqnimúla de la Sierra con el propio salario, que 
á los otros, de 330 pesos cuatro reales al año, bien que pagándose á los de- 
más este honorario de la Hacienda Real; á este solo se le confirió, en las 
cajas de la comunidad de los pueblos de su jurisdicción, pagados de su mano; 
mas no sé con cuanto motivo se le aplicó esta diversidad de pagamento ; en 
cuyo estilo se conserva, y el de Sebaco, se estableció en esta forma hasta poco 
tiempo ha; mas solo queda que discurrir, el que habiendo Cabildo estos dos 
partidos á otra de las primeras cabeceras, los subditos mal satisfechos, gus- 
tando de segregarse de aquellas jurisdicciones, pidieron que se les diese co- 
rregidores aparte, y que atendiendo la consideración de los ministros, á la 



(91) Probanza Original de Hernando de Chávez . 

194 



utilidad de los pueblos, y no acrecerle gastos á la Real Hacienda, tomarían 
el buen temperamento de que en el erario de las comunidades, que habían sin 
duda de aplicarse á otras obras del público alivio, se situase este sueldo que 
era tan á favor del beneficio común. 

Más procediendo á más noticia, de lo que en sí es apreciable este 
noble, y extendido territorio de Chiquimula de la Sierra, constituido (no sin 
razón), en gran partido de jurisdicción, con Corregidor particular, y Capitán 
á guerra, por la indispensable providencia, que desde este País mediterráneo, 
comunica de socorros á los puertos del Norte, en especial su más contiguo 
de el Golfo Dulce, que de él recibe las reclutas de gente española, en las fre- 
cuentes exploraciones de los piratas, y proveyendo de vituallas, á aquel cas- 
tillo, levantado con forma regular á nuestros tiempos, y no menos apartados, 
que por el año pasado de 1688, por la disposición y arte militar de Don An- 
drés de Urbina, que con singulares ventajas, y créditos de más que celoso, 
y gran vasallo, asistió á esta erección perfeccionada en ocho meses, con los 
socorros de gentes, y bastimento, que desde Chiquimula, le estuvo remitien- 
do el ayudante general Fernández de Rivera, capitular de esta ciudad de 
Goathemala, y Corregidor de aquel partido; cuyo fervor y grande punto, en 
las materias de el servicio del Rey, políticas, y militares, con lo que ejercitó 
el Sargento Mayor Urbina, en esta señalada ocasión de la reedificación del 
Castillo (erigido por el Presidente Castilla de el Año de 1596), en adelante, 
perseverando desde entonces de la despreciable materia de mágica, que es- 
cribiremos adelante. 

Mas este dilatado y prodigioso territorio, que les da asiento á diez 
y nueve pueblos, sin lo que ocupan con gran terreno muchas haciendas de 
campo, aun sufre en su capaz, y noble círculo, más copia de poblazones, que 
en su terreno quisieran erigirse por el grande circuito de su admirable país. 
Porque debe considerarse aun no poblado ; pues Chiquimula de la Sierra, que 
es la Cabecera, silla y residencia de sus Corregidores, se constituye entre todas 
la mayor poblazón de su comarca, con quinientos y cuarenta y dos tributa- 
rios (95) con buen número de españoles, y mestizos, que aumentando el nú- 
mero á sus habitadores, le llega á el de dos mil cuatrocientos y doce, que 
con bastante y pulida población, viven en suficiente policía, y orden repu- 
blicana. Es Chiquimula de la Sierra cabecera también de buen curato, confe- 
rido desde el principio de su erección, á el noble clero de Goathemala, que 
. se compone al orden de su filigresía de otros seis pueblos, sin el de Chiquimu- 
la de la Sierra. Mas este que es el de su cabecera, piadosamente se instimula 
con crédito de sus fieles, que como á tales los rotula la fábrica de su parro- 
quia, iglesia de gran buque, con no común arquitectura, en sacristía y capilla 
mayor, con dos elegantes bóvedas, más lo demás de su resto, por otros acci- 
dentes del tiempo adverso, y encontrado, se cubre de la debilidad de la paja 
frágil, tributo de aquellos campos. Su retablo principal con ostentación de 



(95) Secretaría Eclesiástica. 

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grande planta, se pule y se levanta á todo el hueco de la testera, con grave 
y decorosa arquitectura, con elegantes tallas, y resaltos, y adorno bien esme- 
rado de bultos y imágenes primorosas, de docta y simétrica escultura, y pin- 
tura de grande perfección, y viveza. Este, si bien el principal, de mayor 
costo, no excede en sus esmeros, á otros colaterales, que adornan lustrosa- 
mente el resto claro, y despejado de aquella Iglesia. El pueblo de numeroso 
gentío, tiene su asiento en un buen valle, de gran planicie, con deliciosas y 
alegres vistas, bien que circunvalado en su contorno, de la alta cordillera, á 
quien da nombre el propio Chiquimúla, que á tanta causa se llama de la sierra; 
á cuya falda yace fundado en buena policía, con planta, y traza regular en 
su diseño. Tiene esta iglesia dos curas beneficiados, que administrando á 
este pueblo de Chiquimúla de la Sierra, son suficientes á la administración 
de otros seis adyacentes, porque no distando á gran camino de la cabecera 
y no pasando los filigreses de novecientos, pueden bastantemente recibir con 
frecuencia el pasto que necesitan. Porque el de San Juan Jocotán, distando el 
término de cuatro leguas, bien que de áspero y trabajoso camino, queda á aco- 
modada jornada, para este efecto, con número de veinte y do's personas de 
confesión; y á los demás, de los cinco desde este de San Juan á dos de aquella 
resta, se les asiste con fácil conveniencia; pues residiendo aquí por sus sema- 
nas uno de los dos curas les administra á los de Santiago Jocotán, y San Juan 
Camotán, con solo el camino de tres leguas, que guía á ía parte de Levante, 
de tratable y fácil senda. El de Santiago, con el número de ciento y veinte 
indios; á cuyo número le asiste la caridad y oficio pastoral de su párroco, y 
al de San Juan Camotán, que cuenta en sus padrones ochenta feligreses, se 
comunica sin defecto la misma utilidad y doctrina; mas estos dos ó más, 
aplicados al venerable culto de la soberana magestad de Dios, ó acaso más 
descansados, y opulentos, ostentan sus iglesias de buena fábrica, con las 
techumbres de teja, y aseado adorno en sus altares. Yacen hermosamente 
plantados sobre la propia ribera de el claro, y noble río de Copan, con una 
llanura capacísima, y si deliciosa por la frescura de su río, no menos útil 
y acomodado por la fecundidad de el propio sitio. Mas para este regular orden 
de administrar, y facilidad en el modo de distribuir el pasto á este rebaño, 
por el que se alberga avecindado en los otros de Santa Elena, San Esteban, 
y San José, apartados de Chiquimúla de la Sierra, no bien distante senda, 
á que se alarga su camino, para el de San José tres leguas, Santa Elena, una, 
y á San Esteban aun no dos, que por llanura de amenísimo sitio se trajinan, 
desde la cabecera, con gran comodidad, y sin peligro, son consolados y asis- 
tidos treinta y tres vecinos de San José, y solos cincuenta de los de San Este- 
ban, y Santa Elena, que habiendo, éstos, y los demás, llegado á una grande 
y común asolación presente, en sus principios, aquellos, que en su más anciana 
antigüedad se hallaron establecidos por la autoridad, y orden de los señores 
naturales, que los regían, pudieron emular á los mayores de esta grande y 
preciosa porción de el nuevo orbe. 

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CAPITULO VIII 

Que contiene la descripción y administración de este partido de Chiquimula de la 
Sierra. 



MARGINALES.— Curato de Mitlán. — Sus sujetos: Santa Cáthalina. — Beneficio de Yz- 
quipulas. — Ymagen milagrosa de Christo de Yzquipulas. — Prosigue la descripción 
de los pueblos. — Jilotepeque. — Curato de Jalapa. — Sn. Pedro Pínula, su iglesia 
pajiza y pobre con poca rigor de los indios vecinos. — Lo general de los templos de 
los pueblos de indios es de gran riqueza en el culto. 



Mas no divirtiendo el propio asunto que nos llama la perfección de 
este discurso; para decir concisamente, el nombre y número de los pueblos 
que le componen á esta jurisdicción su partido, no siendo el menos noble, 
por la clemencia de su cielo, temple adecuado y apacible, si bien caliente, 
y libertado de su vivienda, del excelente de Mitlán, que quiere significar in- 
fierno, por ser acaso el más callente de este país chiquimulteco ; aun estando 
sentada la planta de este pueblo, sobre la amenidad de la ribera de su gran 
río, que después aun más enriquecido, con generoso y noble curso, camina 
con la denominación de Río de Ostua, es bien proveído de regalado peje; que 
abasteciendo á el número de ciento y ochenta indios, y á más de ochenta es- 
pañoles y mulatos, y en estos por sus familias á mil y cuarenta habitadores. 
También á esta calculación de rebaño católico le administra un solo cura, 
siendo bastante con un compañero coadjutor, por no tener mas de ocho pue- 
blos de visita, y no necesitar de hacer jornada que le desacomode, para cum- 
plir obligación tan peligrosa, y de esta suerte es de los buenos y apetecidos 
beneficios, á que del clero aspira la graduación, del mayor mérito. Su iglesia 
parroquial de grande nave, engríe su capilla mayor de una elegante bóveda 
y el resto de su cuerpo se cubre de la materia segura de finísima teja, sobre 
artesones de cedro incorruptible, con excelentes molduras y resaltos, y en 
su testera coloca no desigual tanta fábrica, un buen retablo con la venerable 
imagen de nuestra Señora de la Asumpción (que es la advocación de este 
pueblo), y otros bu'tos de talla de otros santos de la devoción católica de los 
vecinos. Mas este que es la cabecera del beneficio del curato no se aventaja en 
el sagrado culto á el pueblo de Santa Catarina sujeto á su visita, pues ni en 
su iglesia, también de teja y fábrica bien primorosa, ni en su retablo y sa- 
cristía, adorno de campanas, cielo apacible y despejado, y sanas influencias 
de su cuma deja de hacer igualdad, si no aventaja á lo selecto de Mitlán, y 
aun en su poblazón, bien que mediana; aun no se constituye, sin numerosidad, 
como desierto, antes bien no siendo de los menores en número, cuenta en la 
certeza de sus padrones, el de ciento y cuatro indios tributarios, y en sus fa- 
milias el de cuatrocientos y diez y seis habitadores; mas si alguna cosa se 
le opone á la amenidad de su sitio, y fácil providencia de sus mantenimientos, 
con lo demás que constituye, apetecible á la tranquilidad de su vivienda, es 
el camino, que desde Mitlán por tres leguas se trajina, con áspera y traba- 
josa senda, para el frecuente trabajo de su cura. Mas estos como los otros 

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pueblos antiguos, y modernos de esta jurisdicción, yacen fundados desigual- 
mente por la razón de su terreno; pues su robusta cordillera, que con immen- 
za celsitud, hace partible el territorio, dividiéndolo en sierra y valle, es oca- 
sión irrevocable, á situaciones menos útiles, á la comodidad popular, por la 
dificultad que ofrece en sus caminos. 

Pero aun no siendo este el más intratable en sus jornadas, por lo inac- 
cesibles de algunas de sus sendas, le hace mayor ventaja en esta parte el 
beneficio de Yzquipulas, que quiere decir solo plátanos, y goza en su diócesis 
varios temperamentos, mas por su cielo hermoso y claro, y por lo enjuto de 
su suelo, sin diferencia en los demás que beneficia este partido. Es cabecera 
de este curato Quezáltepeque, que quiere decir cerro de quetzales. Yace este 
pueblo en sitio nemoroso, y solitario, por extravío de su planta, más no por el 
concurso de su propia vecindad, que llega á ciento y veinte tributarios, y al 
de cuatrocientos y ochenta habitadores, sin mezcla alguna de ladinos, que 
suele ser daño á la simplicidad de esta nac'ón, que están mejor con su igno- 
rancia, que no advertida y avisada. Es buen curato para el clero, que por de- 
voto y religioso aspira atento, no así á la congrua de el partido, que trabajoso 
y dilatado, envuelve mucho amargo en poco dulce, mas por el pueblo de visita 
que le da nombre á su curato, es deseado por la milagrosa y admirable imagen 
del Santo Christo de Yzquipulas, situado del de la cabecera á cinco leguas de 
distancia, de trabajoso y áspero camino, por ser preciso, y sin desecho, el 
penetrar una montaña por intratables arcabucos, hacia la parte de Levante, 
que es sitio y rumbo de este pueblo, corto de vecindad, con casería pobre y 
estrecha, á la manera de tugurios, que fué la forma antigua de estas gentes; 
mas este de Yzquipulas, que en su principio se numeraba maquinoso, hoy 
funestado, y muy estrecho, tan solo cuenta en sus padrones cincuenta tribu- 
tarios, y en el de habitadores doscientos, por sus familias. 

Su iglesia parroquial, que de materia firme se eslabona en sus maestras, 
se adorna con buena capilla mayor, y sacristía de bóvedas, y el resto del 
cuerpo de la iglesia, cubriéndose de teja, se ostenta y perpetúa á duraciones 
largas. Su advocación de este pueblo es la del grande y santo Apóstol patrón 
general de las Españas. La frecuencia de los romeros, y copia de los dones 
á la veneración del Santo Christo de Yzquipulas, es grande, porque la mu- 
chedumbre de los milagros de esta santísima imagen, fervoriza, é inflama los 
corazones fieles, de las provincias más distantes, y sus grandes, frecuentes 
maravillas, piden muy de propósito á la pluma vuelos muy largos, y más des- 
treza que á la mía. La imagen es antiquísima, y aún todavía se ignora su 
esmerado artífice. El culto y veneración de su altar es admirable, con Bula 
especial que da la forma con que ha de descubrirse la santa imagen, y á la 
verdad en sus obsequios, y custodia, se manifiesta y resplandece la religión, 
y gran piedad de el clero. Pero no omitiendo mi diligencia, más claridad en 
las noticias del milagroso origen de esta santísima imagen, comunicados mis 
intentos á muchos venerables sacerdotes clérigos, curas de los de aquellos 
beneficios, en especial á el Doctor Thomas Rodríguez de Escobar, cura actual 
de Chiquimula, asientan igualmente ser esta devota y santa imagen de Christo 
en iu Cruz, ya que no de artífice conocido, patrón supremo y soberano di 
cierta estancia, posesión propia de cierto español anciano vecino feligrés d< 

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la Yzquipula. Y que éste, ó poco devoto, ó acaso corto de medios (que es más 
cierto), tenía este divino Señor en un aposentico, no solo estrecho, y muy an- 
tiguo, pero con poco culto, grande descuido, y desaseo. Mas que corriendo del 
tiempo largos días, uno de aquellos, en que su Magestad quizo manifestarse, 
resplandeció la casa de aquella estancia en tanto modo, que discurriendo de 
las estancias convecinas haberse dado fuego, corrieron acelerados en su so- 
corro, pero llegados á el sitio la hallaron tan ilesa, que se volvieron á las 
suyas, sin noticiar del riesgo presumido á el dueño de aquella casa. Por 
segunda vez sucedió este prodigio pasados algunos días, en que ya advertido 
el dueño estuvo con más cuidado. Tercera vez resplandeció, con tan extraña 
y viva luminaria, que á más distante término exclarecía, y en cuyo caso le 
fué patente al propio dueño aquélla llama, á que juntándose muchos de sus 
vecinos, que abriendo el aposento, depósito desigual de tanto huésped, vieron 
arder en resplandores esta divina zarza, que se quema y reverdese en el amor 
de los hombres, y al espanto y veneración á tal prodigio, el dueño de la ha- 
cienda, no atreviéndose á tener en la estancia tal reliquia, de un acuerdo con 
los vecinos, y la mayor desencia que pudieron, la condujeron á Yzquipulas'; 
donde depositada esta columna de fuego que guía á su pueblo á la patria 
de promisión, en una ermitica de paja, estuvo obrando maravillas, hasta pa- 
sarla á la iglesia principal; donde frecuentemente las está obrando en varias 
necesidades, de los que más remotos las solicitan, esto testigos grandes lo 
deponen, y yo conozco poderosas las imágenes del Señor para obras tales como 
doctrina segura, con la cual y los preceptos de la iglesia, quiero confirmar mis 
discursos, sujetándolos en todo á corrección tan acertada. 

En pocas líneas es preciso cifrar el resto que nos queda, para perfec- 
cionar la administración antigua de este curato, que derramando la mayor 
parte del territorio, á la parte del Poniente, se ve sentado en este rumbo, el 
pueblo de Icpaía, con título de San Ildefonso, y en su república, con cincuen- 
ta y siete tributarios, que corresponden á el número de doscientos y veinte 
y ocho habitadores. Mas el apacentar este rebaño, á el celo de el pastor, 
es bien costoso, con senda estrecha y peligrosa, de breña inculta, y muy tu- 
pida, en seis prolijas leguas de su camino, á que apartándose desde Quezalte- 
pegue, se hace pesada y muy molesta la atenta obligación de su jornada. 

Su iglesia es pobre, y muy estrecha, y su cubierta, como en muchas, 
de la frágil, y peligrosa materia de paja, expuesta á la violencia y voracidad 
de el fuego. 

Mas éste, que apartándose á gran distancia, parece que hace imposible 
la obligación de su visita, no es el más remoto de este partido de curato, por- 
que San Luis Jilotepeque, pueblo crecido y numeroso, con doscientos y cinco 
tributarios, y ochocientos y veinte habitadores, se aparta, y dista de el soco- 
rro y cuidado de la Cabecera, á longitud inaccesible de nueve leguas, no solo 
trabajosas por la gran celsitud de sus pináculos, sino por la aspereza de su 
senda impedida, y embarazada con agrios arcabucos y pedregosas distancias. 
La iglesia parroquial también pajiza como en Icpala, y el de su cabecera Que 
zaltepeque, en que no bien podré afirmar, la causa propia de este indevoto 
desaseo, bien que á los propios indios podremos acumularles tal descuido; 

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pues vemos que ni la falta de barreras, ni la pobreza, causa eficiente muchas 
veces á cortos lucimientos, es suficiente efugio á tal demencia, porque á el de 
Yzquipulas, con tanto menor número de filigreses aun no se opuso ninguno de 
los ya apuntados impedimentos, á contener el celo fervoroso de sus pechos. 

Hubo en este curato hacia el Oriente, y á siete leguas de distancia de 
Yzquipulas, otro buen pueblo, y numeroso, sito en un admirable valle, que 
espacioso corre por amenísima circunvalación, por más término de cuatro 
leguas, y queda el sitio que con sus ruinas, y vestigios, conserva hoy y señala 
sobre la propia ribera del grande y noble río de Copan, el pueblo de Jupi- 
Ungo, que aun por el año de 1577, modernamente conservaba en corta y mí- 
sera congregación de gente enferma, y muy exhausta, un corto y miserable 
número de pueblo, que por el año de 1688 estaba ya extingu'do, y en una total 
desolación, y desmantelo sin otra causa, que aquella, porque el decreto de la 
jerarquía suprema, destruyó y puso en el olvido, ha más de un siglo el grande 
y numeroso pueblo de Copan, como diremos adelante. 

Y porque á la conclusión de este discurso, restando poco para perfec- 
cionar con el número de los pueblos de esta jurisdicción, la noticia clara de 
sus beneficios curatos, no nos divertimos á otras digresiones, que puedan en- 
barazarnos, proseguiré diciendo otro de estos partidos, que ahora se ofrece 
señalar entre los referidos, que es el curato de Jalapa, que se compone de 
dos pueblos, éste que situado á la parte septentrional del ancho término de 
este Corregimiento, es la cabecera del beneficio, y se administra con el es- 
mero que acostumbrado en su beneficio, sabe perfeccionar la gran vigilancia 
del clero, empleada con el conato de su ce'o, en setenta y cinco indios vecinos 
tributarios de este pueblo, que en sus familias llega á el lleno de trescientos 
habitadores, sin mezcla de ladinos; mas estos bastantemente inteligentes, en 
nuestra castellana, casi se olvidan del propio idioma, como parece general- 
mente sucede en todos los más de esta jurisd'cción de Chiquimula. 

La iglesia parroquial, que á permanencias largas de el descuido, había 
corrido gran multitud de círculos, á los tiempos, con notoria pobreza, y la 
techumbre pajiza; y á los desvelos de su cura, Don Joseph Marroquín, ha 
pocos años que logra ilustre reedificación, con grande mejora en su materia, 
perpetuada con la seguridad de la teja, y ennoblecida con incorruptibles 
maderas, retablo primoroso, pulido, y no menos excelentes adornos de sa- 
cristía. El otro pueblo, aun no distante y de camino más transióle, visita 
de este curato es el de San Pedro Pínula, más numeroso y bien poblado que 
el de su Cabecera, con doscientos, y cincuenta y siete indios tributarios, y 
mil doscientos veinte y ocho habitadores; mas aqui con más cumplida y gran- 
de proporción de gente inútil, pronta abundancia de materia, dispuesta y 
fácil, y muy cercana á la edificación de su Parrochia, hoy se conserva como 
entonces, cuando los primeros pobladores la erigieron, con menos conve- 
niencias de artífices, y materiales de la frájil, y peligrosa disposición de las 
pajas, en cuya cierta compasión, aún no podré acertar á resolverme á dar 
la culpa, ó á los pastores, ó á el rebaño; cuando con todo el progreso de esta 
obra, no habrá cosa de mi menos buscada, que el arrostrar incauto á las ca- 
lumnias, bien que á mi ánimo sin duda, y al del más rígido lector, será la causa 
la ruda omisión de aquellos indios, que con propia naturaleza de su nación, 

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son todos dados á el ocio y desaseo; pero no en todos de asiento este defecto 
hace objeción á tanta estirpe; por que hoy, colmados de gran fervor, y con- 
fianza, en tiempos bien exhaustos, y aún adversos, adornan muy católicos y 
pios, en los más pueblos de este valle de Goathemala y en otros muchos y 
numerosos del reyno, el culto y la decencia de sus altares, con ricos y osten- 
tativos frontales de plata de martillo, lámparas y blandones, ciriales, cruces, 
y otras piezas de gran riqueza, y hermosura; como en muchas partes de esta 
Segunda, y de la Tercera, diremos muchas cosas, tan generosas de estas gen- 
tes en reverencia del culto; y aún de otras más ricas y opulentas, no podrán 
afirmar sus cronistas. 



CAPITULO IX 

Que prosigue y continua la propia materia de los curatos de Ghiquimula de la 
Sierra. 



MARGINALES. — Curato de Jutiapa. — Etimología de Jutiapa. — M ataque squinte rico de 
minerales, y su etimología. — Número de los habitadores de este corregimiento. — 
Circunvalación de esta jurisdicción. 



Habíamos prometido más concisión, y breve escripto, á lo que resta de 
curatos de esta ancha y noble jurisdicción de Chiquimula, más se interponen 
circunstancias tan precisas, y algunas veces tan notables, que aunque por si 
no me invitaran, la propia obligación de mi instituto, ó el dar más dijeridas 
las noticias, me las persuade á referir más por extenso, y así será más dulce 
su escritura, cuanto abrazare de mas iguales diversiones, que ya con gusto 
he procurado el apurarlas á el curioso como sin duda en adelante encontraran 
cosas más nuevas, en acabando de decir de el último curato, que es el de 
Jutiapa, lo que para ordenar los pueblos de este Corregimiento nos resta, y 
este que proponemos el último en el número, sino en la gradación de su 
esfera. Tiene por cabecera de curato el ya propuesto Jutiapa, no limitado 
en la concurrencia de pueblo, por que compone la vecindad de su comercio 
de ciento y treinta y cuatro vecinos tributarios, y quinientos y treinta y seis 
habitadores, estos tan olvidados de su iglesia, como sin duda los demás de 
que se forma este curato, puesto que en todos uniformes son las iglesias de 
paja, y sus paredes de bajareque, vulgar materia, y despreciable, que se com- 
pone de vara y lodo, y asi el adorno de sus altares con más o menos aparato, 
aún no se extiende á un culto breve, bien que estos indios pobres, extraviados 
en sus sitios, y casi adversos á el comercio, aún no consiguen lo preciso de 
mantener, á su sustento, con excepción de Jutiapa, que ya pudieran en el 
culto mostrar más finos los afectos, siendo sin duda más numoroso de pueblo, 
en el comercio del camino real, y dados á el ejercicio de trajineros, en que 
consiguen no pocas utilidades. El nombre que le impuso á Jutiapa, el vulgo 
indiano de su pueblo quiere decir en nuestra castellana río de jutes, ó río 
de caracoles más propiamente. El de Yupiltepeque pueblo de su visita, 

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no muy distante, y poco numeroso de vecindad ; le forma cuerpo a su re- 
pública de solo escaso y corto número de treinta y seis enteros tribu- 
tarios, y habitadores en este, de ciento y cuarenta y cuatro en sus familias. 
Pero el de Atescatempa, pueblo también de este Curato queda en el número 
de pueblo mucho más corto y abreviado, que el ya apuntado de Yupiltepeque; 
porque el de Atescatempa, por la certeza y forma de sus padrones, tan solo 
llega enumerar quince vecinos, y por aquestos sesenta habitadores ; de cuya 
cortedad y breve número se infiere clara, la pobre proporción de su parroquia. 
Aun fuera de estos otros tres pueblos sujetos á este corregimiento, 
restan que describir, en su partido, bien que tocando dos á otros curatos, se- 
ñalaremos á éste el que le resta; para advertir los otros dos donde tocan; 
porque además de Jutiapa, Yupiltepeque y Atescatempa, el de Comapa que 
pertenece á la jurisdicción de otro Corregimiento, que es el de Guazacapán, 
también le toca este curato, por arrimarse sus confines por el rumbo que 
mira al Medio *día. Es sin duda, aun no llegando á doscientos habitadores 
esta república, toda la congrua de el Curato, y que hace la despensa al doc- 
trinero, por estar más fundado en cofradía, y ser los indios muy tratables y 
grandes trabajadores, y muy afectos á su cura; pero su iglesia aunque pajiza, 
no mal tratada, ni tan pobre que no se mire algo decente. Mas lo que resta 
á este Partido, por lo que mira á la real jurisdicción, diré concisa y breve- 
mente, en los dos pueblos que nos faltan, que siendo el uno el de Mataques- 
quinte, que quiere decir diez perros, de Matacti, y izquint, ó talega de perros, 
de matat y yzquit que en situación más levantada goza dichoso en largo tér- 
mino fértil terreno, y provisión que constituye feliz su vecindad, con gran 
tesoro en sus veneros, según afirma la certeza de la simple tradición; cuyos 
metales son copiosos, y algunos de ellos tan vistosos como una ordenación 
de varias flores, bien que en materias de este arte le corre aqueste Reyno 
agria fortuna, porque ni estiman su nobleza, ni arrostran el beneficio de 
estas venas. Son varios, y son muchos los metales que de este sitio se han 
traído á esta Ciudad por muchos pobres, que para sus labores aun al pre- 
sente les solicitan el fomento. La vecindad de aqueste pueblo es de doscien- 
tos y seis indios tributarios, y el de sus habitadores, se llega á el número de 
ochocientos y veinticuatro, y es cabecera de curato. El de Santa Lucía que 
arrima al Norte, su situación y fértil tierra, siendo sujeto en juicio temporal 
á este Corregimiento, por lo espiritual es adyacente á la parroquia de Zacapa, 
que se sitúa en el Corregimiento de Casabastlán . Pueblo es tan corto y mi- 
serable este de Santa Lucía, que aun no acabala en sus vecinos el pobre nú- 
mero de treinta y dos, y á este respecto el de sus habitadores se extiende 
igual su cortedad á ciento y veinticuatro; y en estos seis beneficios curatos, 
que están criados y establecidos en este corregimiento de Chiquimula de la 
Sierra, se numeran por dos mil trecientos, y cinco tributarios enteros, nueve 
mil doscientos, y veinte indios habitadores, de los pueblos que llevamos des- 
criptos, fuera por otra cuenta de más de trescientos vecinos ladinos, que entre 
españoles, mestizos, y mulatos se agregan á este número, el de mil y doscien- 
tos en sus familias, y con el de los indios en cuerpo grande, y obediente, el 
de dies mil y cuatrocientos y veinte subditos de esta jurisdicción, que en su 
prolífico, y admirable país ocupan el ancho término de ciento, y cincuenta 

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leguas, que circunvala por los confines que ya dejamos anotados; en cuya 
larga proporción, aquestos subditos ladinos que apuntamos, gozando los 
esquilmos de sus haciendas de ganado mayor, y otras de ingenios (bien que 
pocos) de tinta añir, forman de milicianos, tres buenas, y útiles compañías 
de infantes, que sufridores de los trabajos, y la inclemencia, con espíritu, y 
valor más que ordinario, son repetidamente los que socorren así á la fortaleza 
del Golfo, como á. otros puertos de el Norte, y }os que, siendo necesario, 
tripulan los navios de Honduras, como de orden del General de la Artillería 
Don Fernando Francisco de Escobedo, por el año de 1677, el ayudante Gene- 
ral Cristóbal Fernández de Rivera, Capitular de esta Ciudad, que á la sazón 
gobernaba este Partido, le proveyó de esta gente, á el navio del Capitán Ma- 
theo Pérez de Garayo, que por entonces, con tal socorro, quedó defendido de 
tres abordos que le dio el enemigo; y no menos por ahora contándose el año de 
1688, asistió el mismo Fernández de Rivera, que también le gobernaba, con 
orden del General de la Artillería Don Jacinto de Barrios Leal, no solo á tri- 
pular con esta infantería los naos de Honduras, del cargo del Gobernador 
Don Juan Thomás de Milut surtas en este puerto del Golfo Dulce, y amena- 
zadas del pirata Yanqnes, en cuya ocasión en el Puerto de Caballos, se 
apresó el navio Santa Cruz, después de siete horas de áspero, y sangriento 
combate, estando para darle á la vela su capitán, Diego Días Cano; mas tam- 
bién en este tiempo la misma gente de Chiqv.im.ula, y Zacapa, hizo guarnición 
á el sitio en que se edificaba el castillo del Golfo, á la disposición militar del 
Sargento Mayor Urbina ; mas de estos cabos, y el General, que aun ahora vive 
en la soberanía del solio (bien que amagado de puntería muy declarada de 
superior malicia) en deposiciones muy graves, cuanto apartadas de la verdad, 
sin más motivo, que le alentase á tal maldad á este ministro que el tirar el 
Presidente á perpetuar el armonía, y proporción de la justicia, y á no ofus- 
car por el particular el bien común, habremos de pausar la pluma á sus elogios, 
y proseguir en lo demás que resta de esta jurisdicción, dejando por ahora 
estos accidentes políticos á más propositado asumpto, y á más tiempo que 
nos advierta de su fin. 



CAPITULO X 

De la guerra y conquista de Copan, y de la grande, y memorable batalla que los 
conquistadores tuvieron para ella. 

Cuantas veces exaltaron su nombre muchas naciones con el dominio, 
y cuantas veces lo perdieron á la violencia de otras, pasando por el mismo 
rigor que usaron con ellas, y tuvo reservado la Providencia Divina para es- 
carmiento de todas. Así en esta numerosísima de Copan, que muchas veces 
triunfadora de otras naciones de su estirpe, aliado su gran cacique, con el 
Señor de Yzquipúlas, puso su trono sobre el dosel de muchos Señoríos cir- 
cunvecinos, ahora en nuestros tiempos, aun no ha quedado de su parte quien 
llore en sus endechas, al son de sus cavados teponastles, la soledad inerme 
de sus ruinas. Y esta nación soberbia, y poderosa, hizo no poco impedimento 
á nuestras armas, en la ocasión de la conquista de Yzquipúlas, no solo con 

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socorros de gente armada, que reforzaba el presidio de aquella cabecera, sino 
con muy copiosas vituallas, que en él introducía á su manutención, sin em- 
barazo que le hiciese nuestro ejército, por quedar este país á las espaldas 
de Yzquipulas, y que después volvió á inquietarle, para que volviese las armas 
contra el ejército español. (9G) 

Pero llegada nuestra gente á los confines de aquel dominio de Copan, 
le halló tan prevenido, y reforzado, que unido con los tercios del Zacapa, Sen- 
sentí, Guijar, y Ostua, formó un campo de más de treinta mil hombres de 
guerra, ejercitados en la campaña, bien prevenidos de macanas, flechas, y 
hondas, y víveres abundantes para muchos días. Ceñía á la extendida cam- 
paña de aquel sitio, por la parte de Medio día, la prolongada Cordillera de 
Chiquimuía de la Sierra, que se incorpora por el septentrión con la de Gra- 
cias á Dios, y por la occidental de su planta, de un largo y profundo foso, 
que corría de Norte á Sur, y le rebasaban las aguas del río Copan, más con tal 
arte fabricado, que detenida su corriente por la parte de Medio día, rebal- 
sado aquel flujo arrebatado y abundante, llenando su canal aquel gran foso, 
con los frecuentes derrames, de la corriente, hacia toda la tierra occidental 
anegadísima, dificultando la marcha á nuestras tropas. Pero además de estas 
defensas, y reparos, hizo la industria y el arte de aquel cacique, levantar por 
el bordo interior de el foso una trinchera de maderos fuertes, y grandes cés- 
pedes, formando troneras convenientes, para que á los indios flecheros les 
sirviese á un mismo tiempo, para ofender á los contrarios, y resguardar su 
gente de ellos. Esta fortificación (capaz de conservarse en ella si su fortuna 
le ayudara, no solo contra número tan corto de españoles, sino contra el 
ejército más numeroso de Flandes) añadió la vigilancia el que en contorno 
de sus cuarteles se sembrasen agudas puntas de madera fuerte, que estando 
ocultas en partes las más dispuestas á poder asaltar los españoles, les fuese 
de tal estorbo y embarazo, que sin valerse de otras armas quedasen rechaza- 
dos de la industria. 

Mas habiéndose acercado á su campaña sesenta infantes españoles, 
de que era cabo Andrés de Ulloa, y cuarenta caballos, que estos, y el tercio 
de ochocientos tlascaltecos, mexicanos, y cholutlecos, con los sesenta infantes 
españoles, iban subordinados á Hernando de Chávez, que terminada la gue- 
rra de Yzquipulas, quizo seguir el rumbo á sus empresas por aquella parte 
oriental, con gran motivo que justificaba la guerra, porque inpuestos de que 
han sido vencidos los indios combaten con solo un corazón, y los vencedores 
con dos, uno que deben al valor heredado, y otro á la fama adquirida. Pero 
así que dio vista á la defensa de Copan, reconoció el sitio, y acuarteló su 
ejército, donde no pudiese ser ofendido de la batería de flechas, y hondas, 
de los copanes. Había aumentado Hernando de Chávez, aquel ejército con 
otros mil flecheros mitecos, y puesto el campo en lugar abierto, extendiéndole 
cuanto le fué posible, sin que fuese de suerte que impidiese á poder con- 
currir unido, á cualquier aprieto que ocurriese, trató de asediar á el enemigo, 
de suerte que lo privase de nuevos socorros de gente, y víveres, al menos en 
tanto que se le ofrecía oportunidad de asaltarlo en sus fortificaciones, ó hasta 



(96) Manuscrito Pipil, folio 13.— Manuscrito Cacchiquel, folies 9 y 17: Título Aruchilaba. — Manuscrito Quiche, 
folio 7: Título Acpop-queham. Probanza original de Hernando de Chávez. 

204 



que la penuria, que había de ser consiguiente a su ejército, encerrado, lo 
precisase á que desamparando el sitio, saliese á pelear con el ejército espa- 
ñol, mas perseverando en su alojamiento el cacique Copan Calel, á causa de 
tener abiertos los pasos para las vituallas, y socorros, por la parte de las dos 
cordilleras. Y sin embargo del embarazo de la caballería recorría frecuen- 
temente todo el país occidental, no era difícil penetrar que la intención 
de! Cacique Copan Calel, inclinado á lo militar, y fortificado tan de antemano 
era de no sujetar la cerviz al dominio español. Pero el Chávez, deseoso de 
probar la fortuna de quien era alumno, queriendo justificar la guerra, con in- 
tentar todos los medios que son conducentes á la paz, acompañado de algunos 
caballeros bien armados, y llevando á su lado á Gaspar de Polanco, de quien 
tenía alta satisfacción, se acercó por la parte más enjuta de la campaña, á 
poca distancia del foso, y hecha señal de que pedía plática, por medio de un 
buen faraute, ó intérprete, habló de aquesta forma : "Valeroso Copan Calel, 
de paz quiero verte, y fuera de la fortificación de tu lugar, donde creo que 
has labrado la ruina y sepulcro de tus gentes. Pero quisiera que repararas en 
lo mucho que te conviene el conocer y adorar al Dios de los cristianos, y oír, 
y observar su santa ley, dando obediencia al Papa su Vicario, y reconociendo 
por señor al Rey de España, para que así en paz puedas lograrte, salvando 
el alma, y poseyendo la tierra de aqueste señorío; y esto podrás conseguirlo 
admitiéndonos de paz, dentro de tus murallas, con que podré constituirme 
por tu amparo, cogiéndote debajo de la real sombra, y defensa de el Rey de 
las Españas. Pero no pienses nace de cobardía de mis gentes el convidarte 
con la paz, sino solo del fin que no se derrame la sangre de los tuyos. 

A todo estuvo atento Copan Calel, pero prorrumpió colérico y mal acon- 
sejado estas palabras: Déjate de reconvenirme, con la blandura de la paz, 
que no quiero por que no me amedrenta la asolación de mjs vecinos, muertos, 
vuelve á preven rte con los tuyos que te esperan, para desengañarte con el 
suceso que te amenaza, que no ha de durar mucho la dicha con que siempre 
has triunfado. A la última palabra acompañó la algazara y el tiro de una 
flecha, señal para que á carga cerrada, descargasen sobre el Chávez, y su es- 
cuadra, inmenzas pluvias de zaetas, piedra y vara, que le obligaron á reti- 
rarse á paso largo. 

Vuelto pues á su alojamiento el Chávez, cerró la noche muy espesa, 
y disueltas las pláticas de la paz, cada cual de los campos dobló sus centine- 
las, temeroso de las surtidas amparadas de las tinieblas. Pero el Capitán 
Hernando de Chávez, mal sufrido.de la arrogancia de Copan Calel, después 
de a'gunos discursos, y consultas de los cabos más principales (eran algunos de 
ellos, Juan Sánchez de Guerra, García de Aguilar, Miguel Quinteros, Martín 
de la Miesquita), resolvió darle un asalto al día siguiente, por la parte del 
foso que le pareció de menos riesgo. Y antes que se tocase á la diana, dis- 
puesta la infantería, con sayos, colchados de algodón, espadas y rodelas, 
y los caballos encubertados, los g'netes con petos y celadas, se fueron -acer- 
cando, á las fortificaciones de Copan Calel; pero sentidos del cuidado de los 
vigías, hicieron que Copan Calel, esperase con los suyos cubiertos de pena- 
chos, y de rode'as de danta. Había esclarecido la Aurora, y llegado el día, 
para advertir y reconocer las defensas de la trinchera, al acercarse á ella, y 

205 



pareció ser el sitio más conveniente al asalto el de la parte de la sierra de tra- 
montana, para el gobierno y manejo de los caballos, y con ese fin, llevaban 
palas y azadones para abrir paso á nuestras tropas, pero apenas se reconoció 
el intento por los indios, cuando se opusieron valientes al efecto, jugando 
diestramente sus armas, pero como éstas hallaban tanta defensa en sus opug- 
nadores, y las ballestas y arcabuces españoles hacian un fiero estrago en 
ellos, por más que los amparaba el resguardo de la trinchera, y con poco 
costo para los suyos, tuviera aprovechada la industria, y valor del Chávez, 
si poco cauto en la ocasión de aquel avance, no hubiera elegido para él la 
parte más profunda del foso, siendo así que no era igual en todas partes, y 
que pudiera haber sondado antes de practicar esta aventura, que pudiera ha- 
berse hecho menos costosa, si Copan Calel viendo el desastre de los suyos, 
no cargara con las compañías de piqueros, y la mayor parte de los honderos, 
á tanta coyuntura, y tan buen tiempo, que los defensores de aquella parte 
se mantuvieron en el puesto, que casi habían perdido poco antes. Caían muer- 
tos muchos de los copanes, á los golpes de las ballestas, y arcabuces, y Her- 
nando de Chávez, con obstinación severa, reforzaba el asalto, que duró la 
mayor parte de el día; mas dándose buena maña los indios, con sus zaetas 
y varas tostadas, y con el uso de las picas, que viendo el Chávez muchos de 
los suyos heridos, hubo de retirarse sin conseguir ningún efecto. Fué uno 
de los heridos, Lucas Magaña, que tocado en un muslo con una vara tostada, 
quedó lisiado para siempre. 

Retirado el Chávez con los suyos, se le aumentaba el cuidado, consi- 
derada la dificultad de la empresa, á que casi por su voluntad y opinión se 
había entregado, y que perdida aquella ocasión, y dilatándole otras hostili- 
dades, cobraría más soberbia, y valor, Copan Calel; pues aunque imaginó 
al principio, que con las correrías del campo, se le adelantaría al asedio el 
ejército de los copanes, ya reconocía ser imposible cerrarle el paso á los so- 
corros. Combatíanle estas consideraciones, y consultaba á sus cabos con fre- 
cuencia, mas consejo alguno de todos le abría camino á sus intentos; pues 
el más sano que era el pedir socorro á Goathemala, le parecía ceder en su 
descrédito, pues consideradas otras facciones conseguidas con otro tanto nú- 
mero de ejército, pensaba su pundonor el qué dirían, que el para un solo 
cacique necesitaba de más pujanza. Pero entre estas confusiones asistió el 
cielo, como siempre propicio á las empresas españolas, porque teniendo Copan 
Calel un principal de su corte en prisión larga, con dura molestia de su per- 
sona, y con afrenta de los suyos, como no haber cooperado á sus intentos, 
dándole una de sus mujeres para usar mal de ella, y sobre que queriendo 
violentarle, le había atravezado un brazo con un dardo, y después en la pri- 
sión cortádole, las narices, sin discurrir aquel cacique Copan Calel, que al 
enemigo honrado conviene más matarlo que injuriarlo, con este por la parti- 
cular providencia descuidado ahora, con ocasión de la guerra, ayudándole 
los suyos á salir de la prisión, fué el motivo mayor á su ruina y sujeción y 
la puerta segura de nuestra victoria, porque advertido de los suyos obligados 
de la crueldad, y la ambición de Copan Calel, se fué este principal ofendido á 
Hernando de Chávez, y le dijo, que no recelase acometer á su enemigo por 
la parte del foso, porque era desigual la profundidad que tenía, porque por la 

206 



i 



aceleración con que se abrió, y la dureza en partes del terreno, había quedado 
imperfecto, y que probase segunda vez á dar otro avance, aventurando los ca- 
ballos por la parte del sitio que él señalase, y que esperase en la noticia 
verdadera que le daba la prosperidad del suceso. 

Persuadido Hernando de Chávez, á que las noticias de aquel príncipe 
indio eran seguras, con tan patente testimonio á $u enojo (como el de las 
narices cortadas), arrepentido de haber creído á otros Indios que le afirma- 
ron tener el foso estado y medio de hondo en todas partes, y de no haberle 
sondeado por sí mismo, acción reservada siempre á la providencia del su- 
perior, pasó la noche con el desvelo que acompaña á los que aspiran con las 
acciones futuras, á una fama crecida y laureada, ó á morir valientemente ó á 
quedar con la vida de héroe. Y al día siguiente, habiendo preven-do su cam- 
po, se fué acercando al foso, puesto en batalla y con ánimo resuelto de asaltar 
las trincheras, en la forma pasada. Mas los valientes copanes, que no per- 
dían movimiento del ejército español, luego que le vieron mover coronaron 
las trincheras de las más temerarias naciones de su campo, librando su for- 
tuna en las herradas picas, con las cuchillas de cobre, y piedra chay, ense- 
ñados de la experiencia, á que era el arma más adecuada para resistir la 
fuerza de la caballería y que habiendo llegado con lo demás de la infantería, 
á una conveniente distancia de su trinchera, les obligó á dar la acostum- 
brada reseña en su estruendosa vocería, acompañada del confuso rumor de sus 
cornetas, caracoles marinos, y tamboretes; mas puestos los dos campos en 
tan apretado lance, y empeñado Hernando de Chávez en reconocer el foso, 
mandó que se adelantase la infantería al asalto, y el primero que se avanzó 
al foso fué Alonzo de Murga, siguióle García de Aguilar, no siendo menos 
osado Miguel Quinteros, y aunque se sintió más herido Alonzo de Murga 
mostró la constancia de su espíritu, acometiendo entonces, más empeñado, 
haciéndose lugar con la espada y rodela. 

Resistíanse los copanes con bizarría admirable, sin que nuestros in- 
fantes pudiesen ganarles sitio en su trinchera, antes bien, con la fat'ga y 
cansancio del combate que mantenían, con el agua á la cinta estaban á punto 
de ser muertos, falta la respiración del ejercicio, y casi inmóviles con el peso 
del agua, pero cuando á su ayuda se arrojaron otros soldados arriscados, 
y entre ellos Isidro de Mayorga, más como ya por el superior Chávez estaba 
reconocida la profundidad de aquel canal que le ayudaba foso hondable 
mandó avanzar los caballos al socorro de los infantes, siendo los que más 
se adelantaron, y mostraron su esfuerzo, Gonzalo López, Diego Camargo, 
Bartolomé Garrido, Luis Melendes y Cristóbal Marín, siguiéndolos la in- 
fantería con ánimo de no apartarse del combate hasta ocupar la trinchera, 
mas aquí fué donde se trabó el encuentro más sangriento, y lleno de atro- 
cidades, que vieron con horror aquellos siglos, y en que los españoles mani- 
festaron al mundo á donde llegan los esfuerzos de su valor y bizarría, cuando 
hace reputación de las públicas acciones; porque cargando todas las compa- 

207 



ñias de Copan Calel á la defensa de aquel sitio, persistiendo los españoles 
dentro del foso, parecían montes á los botes de las picas, golpes de piedras, 
heridas de las zaetas, que descargaban sobre ellos, y contra quienes cada uno 
de los indios procuraba mostrarse enfurecido á costa de sus vidas porque 
Copan Calel recorriendo los puestos con sus principales cabos, esforzaba á los 
suyos con voces y con ofertas. 

Ningún oficio de Capitán advertido dejó de ejercitar su bizarría, pero 
como el fervor de los españoles era tal, que cuanto obrasen en su defensa 
los contrarios era estímulo á no desistir del combate, los infantes más dis- 
puestos á subir á la trinchera, lo intentaron muchas veces, pero á los botes 
de las picas y golpes de las piedras que resistían con las rodelas, al ímpetu 
del golpe caían sin resistencia al foso; mas esto al costo de muchos muertos 
de los indios, en quienes por entonces no hacían menos estragos nuestros 
ginetes desmontados, en aquellos que procuraban medir las picas indianas, con 
las lanzas españolas; mas eran tantos y puntuales los indios vivos, que cu- 
brían los puestos de los muertos, que sin reconocerse su falta en la trinchera, 
solo se hacía advertir la mortandad, y el desastre, en el horror de la sangre 
que teñía las aguas del propio foso, y en el estorvo que hallaron para acer- 
carse á los nuevos defensores, con el cúmulo espantoso de los muertos que 
cedían al propio pie de la trinchera. 

Todo en aquel theatro de Marte era confusión y espanto, todo terror, 
y todo grita, y voces desentonadas del uno y otro ejército, y todo un palenque 
de lágrimas y espantos aquel campo, cuando como desesperado Juan Vázquez 
de Osuna, que lleno de sangre y lodo, peleaba de los más cercanos, montado 
de nuevo en su caballo, encolerizado, y dándole de espuelas por lo más estre- 
cho del foso, salvando el terreno firme de la otra parte, y poniéndole piernas, 
chocándole con la trinchera no solo se llevó el caballo con los pechos, muchos 
de aquellos céspedes, y pausada, de que se componía, sino que espantado del 
ruido y golpe de aquel lienzo de paredón, atropello cuantos indios se le pu- 
sieron delante, teniéndose por felices aquellos que se escaparon del bote de la 
lanza. Por la misma brecha se aventuraron otros, y fué tal la turbación que 
causaron los primeros doce caballos, que se introdujeron entre los indios, que 
hasta aquel punto se habían resistido al avance, que conocido de los demás 
de nuestro ejército el desmayo de aquellos defensores, se resolvieron á hacer 
la última prueba ; y puestos en orden de pelea, acometieron á la confusa 
tropa de los indios, creciendo su destrozo y mortandad. Mas el cacique Copan 
Calel que se había hallado en los lances más peligrosos de la batalla, consi- 
derando ahora su desastre, se recogió á unos cuarteles que estaban recluta- 
dos, para probar con ellos, como con gente descansada, probando el último 
semblante de su fortuna, mas estos que eran pocos, aunque muy diestros y 
valerosos, cediendo en breve á las armas castellanas, desordenados en tropas, 
trataron de salvarse, entre el horror del estrago por las breñas espesas, y 
quebradas más ocultas, dejando dueños de sus reparos á los nuestros. 

208 



En este último contraste del destino, aun no se dio por vencido Copan 
Calel, por que la suerte adversa no predomina á las personas grandes, reco- 
g'endo las reliquias de su ejército dentro de la Ciudad de Copan, dejando 
con celeridad su domicilio, pasó con su gente á Sitalá, lugar de su señorío, 
de donde volvió auxiliado de los señores comarcanos, contra su corte de Co- 
pan, alojamiento que hallando desamparada su vivienda, dio acomodado hos 
picio á nuestra gente, en tanto que por dos veces intentó Copan Calel hallar 
recobro á tanta pérdida. Pero como rara vez acontece al desgraciado hallar 
desquite, cuando pierde de un solo instante en los juegos de la fortuna, así 
este gran cacique, en la suya contraria, en las dos veces que acometió (si des- 
pechado y perdido) á nuestro ejército, resuelto y valeroso por restaurarse, 
no solo lloró muertos á sus mejores capitanes, pero quedando roto y destroza- 
do, se resolvió prudente, y aconsejado de sus propios sucesos, á sujetar su 
altivez á perpetuo vasallaje del Rey de España, imbiando embajadores de las 
montañas, y cordillera que yace después del río Copan, que hoy es el río de 
Minas de Zaragoza, con buen presente de oro, plumas y mantas, para Her- 
nando de Chávez, de quien recibieron sí grato acogimiento y hospedaje, todo 
el seguro necesario para venir con el cacique Copón Calel á su gran corte de 
Copan, para donde él ejecutó su jornada á verse con el ejército español, sien- 
do bien recibido y acariciado de el Chávez, y regalado, y retribuido su presen- 
te, con otro para el cacique, correspondiente y agradable, de bujerías y cosas 
de Castilla. 

Dióse ocasión á semejante guerra por parte del ánimo belicoso y mal 
inclinado del cacique Copan Calel, porque además de ser uno de los auxiliares 
más poderosos de los yzquipulanos, reducida ya esta provincia á la obedien- 
cia real, trató con algunos lugares de ella, en especial con Jupilingo, que fué 
de numeroso pueblo, y con el propio señor de Yzquipulas, y Chiquimula de la 
Sierra, que sacudiesen el yugo de la obediencia extranjera, que volviesen las 
armas contra los españoles, que todavía perseveraban en sus países, como 
antes lo habían hecho, con felicidad en el suceso de su adquirida libertad, 
y que él entonces les asistiría á sus intentos, con grande ejército, y copia abun. 
dante de vituallas. Mas los yzquipulanos, y los lugares de Jupilingo, Jocotán, 
y otros de su contorno, no arrostrando á la tercera prueba, resistieron á su 
dictamen. Pero este cacique Copan Calel, llevado de su propia inclinación, 
dio en molestar aquellos pueblos con robos, muertes de muchos indios culto- 
res de los campos, y con la hostilidad de talarles sus sembrados, llevándose 
con raptos continuados gran suma de criaturas, al bárbaro sacrificio de su 
público, y célebre adoratorio, dando con semejantes insultos y desafueros, 
en odio y resistencia de la religión cathólica, larga ocasión á la guerra que 
acabamos de referir, mas no sin costo de nuestro ejército, con muerte de 
ochenta indios, y dos españoles, Fernando Ensinas, y Antonio de Cardona, 
que murieron en el combate exterior del foso, y pérdida de once caballos. 

209 



CAPITULO XI 

La ciudad antigua de Copan; de cuyo número de habitadores aun no ha quedado 
alguno, la ostentación de sus ruinas, y entre ellas el Circo máximo de Copan. 
Cueva de la Tibulca, y otras antigüedades de grande admiración. 



MARGINALES. — Ruynas que señalan lo numeroso de Copan. — Destruición de este pueblo. 
— Circo Máximo de Copan. — Es obra de grande arte y de crecido costo. — Dudas 
que ofrece la representación de sus estatuas. — Pirámides y estatuas que forman la 
grande extensión del circo. — Traje que adorna las estatuas de la castellana antigua 
militar. — Sacrificadero de este sitio. — Otra admirable antigüedad de este sitio. — 
Lonja de el circo y de la hamaca. — Cueva de la Tibulca. — Orden y ordenamiento 
de la portada. — El ventanaje de esta Cueva. — Los españoles de Gracias a Dios 
entran en la Cueva de la Tibulca en busca de sus tesoros. — Opinión que hay de los 
fundadores de este sitio. Se satisface. — Primeros oidores de Goathemala. — No 
pudieron ser los que le hicieron fabricar por su gran desunión y comisiones en que 
andaban. — Palabras notables de carta del Obispo Marroquín acerca del Oidor 
Pedro Ramírez de Quiñónez. — No pudo fabricarse por orden de Cortes ni de Alva- 
rado este circo. — Discúrrese ser obra de los indios antiguos. 



Dificultoso es referir la gran variedad de las materias, y circunstancias 
de las cosas, sin destemplar la observación de todo el arte, y el mejor orden 
de discurrir, obscuridad acumularlas; de sabimiento y confusión, contarlas 
sin sazón y sin lugar, mas á mi pobre juicio ha parecido que la que vamos á 
decir, es en su más legítima ocasión, y en la que le es más adecuada; porque 
el apuntado sitio de Copan, en el Capítulo Cuarto de este Libro, partiendo 
términos á dos jurisdicciones, se arrima más á la de Chiquimula de la Sierra, 
dejando más apartada hacia Levante, la rica y noble de Gracias á Dios, bien 
que participando de la falda de la sierra de el Mineral de Zaragoza, hace su 
asiento más feliz, en capacísimo terreno, de gran planicie y hermosura; aun- 
que hoy cubierto de inmenso monte, y espesura, que hace intratable su tra- 
jín; mas sin embargo, á la curiosidad, y á la noticia, aun no reserva ni se 
encubre; para participar mucha evidencia de lo que fué crecido en su anti- 
gualla, en gran número de pueblo, el que hoy conserva el nombre de Copan, 
que significa puente en lengua indiana. Goza este país, en amenísima ribera, 
de saludables aguas y copiosas, que participa en su contorno, por largo tér- 
mino, el noble y ancho río de Copan, á lo más excelente de este sitio, que hoy 
demuestra en decrépitos vestigios de elegante fábrica, una más que grande 
ostentación de antiguo pueblo, como asegura la simple tradición, y aún sus 
padrones comprobaran, si con más copia de papeles, ó acaso más patentes 
los archivos, ó lo más cierto sus escribanos y oficiales, ó con más celo, ó más 
cuidado, tuvieran más á punto los legajos, pero esto está hoy en día como en 
unos ministros del infierno. Mas si con estos instrumentos nos rigiéramos, 
más excelentes y menudas se produjeran las noticias. Perseveró este pueblo 
de Copan por buen espacio de tiempo, después de reducidos á la obediencia 
de España, en gran aumento y procreación; pero introducidos á el Christia- 
nismo, más aparente que interior en su creencia, quedó perseverando en los 

210 



abusos de su proterva idolatría, en que no ya en los incultos arcabucos de 
aquel espacio de sitio, colocaban con culto infame á sus ídolos, y les ofrecían 
perfumes, holocaustos y aves y animales, sin que á las habitaciones de el 
poblado los conducían. Y aún quizá con bárbara temeridad, se atrevían á 
darles lugar detrás de los retablos de su iglesia de donde sacados para el 
fuego, y las escodas, por los ministros evangélicos, o,ue á todas horas predi- 
cando, aún parece no daban el tiempo á otro ejercicio; más sin embarazo 
los más principales y caciques endurecieron más sus corazones y el más 
menudo y bajo pueblo, gente' plebeya y obstinada, no quiso apetecer refor- 
mación, y desde entonces con el decreto superior de Dios Eterno, y ofendido 
se empezó á introducir en este pueblo, pestilencia tan áspera, y violenta, que 
en término confuso y abreviado, muriendo un número copioso, solo quedaron 
de este pueblo siete personas sin contagio, que se probó no haber idolatrado, 
y que éstos, perseverando en la creencia y profusión de la doctrina evangélica, 
contaron largos años y felices; mas no logrando sucesión, muertos aquestos, 
y extinguidos quedó este sitio despoblado. 

Hacia un costado de estas ruinas, que demuestra haber sido cosa apar- 
te, hace un gran término de mucho plano y hermosura, de cuyo asiento en su 
Kanura, ó como en Roma ó en Toledo, se representa y vive en pie, y sin in- 
juria de los tiempos, el Orco Máximo de Copan, obra sin duda de gran costo, 
y de elegante y diestro artífice, y que á la construcción de su fábrica, concu- 
rriría no menos que crecido y presto número de peones, con grande cantidad 
de muy esmerados oficiales; en que por grande y por pulida, aun no promete 
menos tanta obra, que erigida y levantada por los antiguos indios de estas 
partes, ofrece y despierta á la admiración, crecidas dudas, por la noticia del 
traje con que adornando á sus figuras, parece que adivinaron nuestra venida 
á este Occidente. Mas sin que hubiesen llegado á questas playas, los españo- 
les, pudo el Demonio á aquellos indios representar en estas tallas el traje 
militar de la española, y el cortesano en las estatuas que representan las mu- 
geres ; sin que podamos atribuir este artificio á otra nación, que no fuese 
muy dada á idolatrías, y sacrificios, por que ello mismo en sí demuestra, el 
uso y la frecuencia de tan infame abuso. 

Hace una espaciosa plaza en este sitio; cuya figura, y bella forma por 
dilatado término se extiende en círculo perfecto, y compasado, que se com- 
pone con adorno de un número crecido de pirámides sencillas de piedra de 
cantería; cuya profundidad será de seis ó siete varas, y así al respecto su 
grosor en proporción geométrica debida. Vistas por la parte exterior de la 
gran plaza, observan el decoro y orden de arquitectura rústica, con todas las 
partes de simetría, que le demanda el arte; mas por la parte interior con suma 
gravedad y gran belleza, se levantan sobre unos bufetones, que sirviéndolas de 
basa, ó gradería, también daban en cada uno sobrado asiento al gran tropel, 
que concurriendo á las celebridades, necesitaba de estar acomodado, pero 'o 
que más sin duda adorna, y hace admirar á quien las mira, es que sobre cada 
uno de aquellos bufetones, y arrimando á la columna, se ven en pie ciertas 
estatuas muy perfectas del tamaño del natural, que van interpolándose por 
orden, y á un bulto que representa un hombre, y á otro que finge y retrata 
á una mujer, vestidas unas y otras á la castellana antigua, pero no tan mode- 

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radamcnte adornadas de la industria, y golpes del cincel, que en sus labores 
aún se eche de menos una hebilleta; puesto que aún en los tiros de donde 
penden las espadas también se fingen las hebillas. Adórnanse sin diferencia 
en traje militar, de media calza, cuello escarolado, peto, espaldar y brazaletes, 
con morriones adornados de penachos y con espadas cortas en cinta, mas 
estando á la inclemencia, y á las injurias de el tiempo, ocasiona más reparo 
que los colores verde, y encarnado, y azul, que les dan alma. Están como aca- 
bados de imprimir en la fineza de las tintas, y viveza de sus esmerados tem- 
ples, y en los que dan vivo á los ojos, pelo y barba, con grande propiedad aun 
en la misma diferencia, con que se quiso imitar á la variedad perfecta de la 
naturaleza, siendo lo mismo en vainas, pernos y conteras de las espadas. 
Aquí dentro de este gran circo está, como apuntamos, el sacrificadero de 
aquellos bárbaros, que es sobre muchas gradas que la rodean, y la levantan 
á buena elevación, una fuentecilla, que se sustenta y asegura sobre una co- 
lumnilla de la propia cantería, bien primorosa y perfecta en su artificio, no 
sin gran señal en su materia, aun después de tantos días, de la propia sangre 
infeliz de los sacrificados. 

Pero no muy apartada de este circo, bien que en sitio diferente (hoy 
también á beneficio y discreción del tiempo cubierto de v inmensa breña) se 
ve, aun con mayor maravilla, otra célebre y elegante antgualla, que así por 
el arte como por la materia es admirable, y digna de tanta historia, porque 
llegándose á una puerta, que sin duda nos asegura con certeza el haber sido 
en su perfecto estado, ó casa ó tribunal del algún cacique, y por entonces al- 
cázar de grande entono, el que hoy es ruina de un edificio antiguo. Porque 
á su entrada y cercanía, se reconocen muy á salvo, que la guarnecen por co- 
lumnas dos perfectísimas estatuas de piedra hermosa, y bien tallada, que 
así como las de el c'rco, se adornan con aparatos castellanos, calza, cuello, 
espadas, gorra y capa corta; mas estas á lo político con algo más de represen- 
tación en su escultura; porque están con varas de justicia en las manos. Pero 
pasando de este arco ó pórtico, á la parte de adentro, están levantadas, y eri- 
gidas dos muy excedentes pirámides, de grande elevación, y gran grosor 
sobre zócalos y basas de buen arte y de no menos noble materia de piedra; 
de donde sacó el arte, con gran delicadeza, y aun primor unas argollas, que se 
enlazan á las gasas de la empuñadura de una hamaca de la propia materia, 
y ruda pasta, que de ella forma dentro de sí dos perfectísimas estatuas de am- 
bos sexos, que ostentan el traje, y vestidura indiana, de camiseta corta, toha- 
Ua ceñida por la frente, labios, narices, y orejas oradadas con anillos en ellas, 
y patenas en las rodillas, y brazos, y la que es de mujer en su escultura, con 
gaipü de labores, enaguas largas y cumplidas, patenas grandes pendiendo de 
las orejas, y al cuello un buen sartal de patenillas, y el pelo largo y muy co- 
pioso, cojido en gran rodete á la corona. Admira aquí no menos, el que 
siendo esta pieza tan pesada por su grandor, y su materia, al ímpetu suave de 
la mano queda meciendo tanto tiempo, cuanto le dura el viento que se toma, 
al más ó menos impulso que la mueve, y el que siendo ella en sí tan maquino- 
sa, pudiese fabricarse de una pieza, sin que en toda conozca, el mayor lince, 
pieza ó soldadura que la engace. Obra es sin duda la que describo que no 
la intentaron los romanos, y si acaso en su mayor potencia la acometieron 



212 









aun no halló conseguido su deseo; bien que algún ginobés en este tiempo pro- 
penso á la aficción de aquella estirpe, quiso inclinar nuestra creencia, á que 
el traje y vestido en las estatuas fuese sin duda uso romano; mas engaña 
su pasión en este asunto, como en otros por América empeñados, á que esta 
máquina que escribo es crédito ingenioso de los indios, y el descubrimiento 
de aquesta fernandina, Carolina, ó columbina, inmortal fama de nuestra 
España. A la parte que ingresó de esta máquina ostentosa, grandeza, de al- 
gún príncipe, y recreación decente de sus pueblos, derrama una gran lonja 
ó gradación de mucha ostentación y bizarría, séanos lícito el detenernos á 
describir las circunstancias más menudas de este elegante anfiteatro, en tanto 
que el tiempo y la ocasión nos van ofreciendo en esta historia, cosas bien 
nuevas y admirables. Corren por largo término estas gradas en longitud au- 
torizada, subiendo al pavimento de aquel circo y á la fachada de la hamaca, 
diez ó doce excelentes gradas labradas al pico y á escoda, y no con ocio en 
los cinceles; mas admirando tanto la magestad de este gradario, motiva á 
más atenta admiración la grande proporción de muchas piedras, de las que 
en su artificio la componen, porque las más y principales que le asentaron 
á su piso, tienen de longitud treinta y tres pies de tercia; y en latitud por lo 
que descubren de su plano, más de cinco, que en su cantera, y conducción, 
labor prolija y de gran arte, y el movimiento al asentarlas en su lugar debido 
y destinado, arguye gran riqueza y poderío del que emprendió valiente tanto 
empeño. 

Después á breve término de haberse visto la hamaca, ya advertida, den- 
tro del sitio á que dá entrada aquel gran pórtico que dije, se ve la puerta de la 
gran cueva de la Tibalda. Cavada al pie de un cerro, que prolongado y emi- 
nente, dio bastante lugar á sus labores, el hueco y grande cava se ordenó 
con singularidad en su centro, es admirable y capacísimo, y de sobrada y 
ancho buque ; porque labrado con buen arte á la manera de un gran templo, 
es el de su proporción crecido espacio, bien que no examinado el mayor resto, 
se deja considerar aun mayor pieza; porque acobardados ó muy cuerdos no 
han intentado á penetrarla muchos hombres, que han empeñádose en su 
entrada; y como quiera que advertidos de que hay encantos en esta grande 
cueva, y de que se inficionan de calenturas los que se han atrevido entrarse 
en ella, no hay duda que la imaginativa produce efecto de semejante calidad, 
y mal suceso; puesto que habiendo entrado en ella el Capitán Don José de 
Santiago, Corregidor de Chiquimula de la Sierra, y el Maestro Don Fernando 
de Monjarras, Cura de este Partido, su coadjutor Fr. Pablo Gallardo, algunos 
españoles y sus criados de unos y otros, sacaron de su estancia durables y 
perniciosas calenturas, que es uno de los efectos del encanto, que afirman 
los paisanos que se producen de su entrada. Mas bien me atreveré á pensar, 
que la ocasión de contagiarse los que curiosos y imprudentes, se inclinan á 
examinar esta antigualla, les pueda provenir tanto accidente de causa natural 
más que de encanto ; porque habiendo sin duda en este sitio gran producción 
de varias frutas, pinas, anonas, plátanos, piñuelas, naranjas de las dulces, 
sin otras muchas frutas que de la siembra de los antiguos, se han continuado 
á los modernos, en sitio bien caliente, y sin defensa que á tanto sol pueda 
oponerse, ocasionados de ambas causas, y del frescor, y la ocasión de aquellas 

213 



frutas, entregados á ellas sin medida, se inficionan y caen en las dolencias 
mas también en questa cueva, esté encantada ó no lo esté, que hace muy poco 
á nuestro intento, el circo máximo de Copan, tiene similitud, correspondencia, 
y igualdad, con el Circo Máximo de Toledo, por su gran cueva del Hércules, 
mas de esta que describimos de Copan, quiere la antigua y simple tradición, 
que fuese al tiempo de la conquista, depósito y entierro de gran tesoro, que 
poseían los señores naturales de aquel contorno, sacado y adquirido por sus 
tributos, de los cerros ricos de Gracias á Dios, la Choluteca, Valle de Trujillo, 
Olancho, Sula, y Santa Cruz, de cuyo gran tesoro, que dura y persevera en sus 
veneros, diremos más de propósito en la Tercera Parte. 

Adorna á la portada de esta cueva, no menos elegante traza, que cos- 
tosa, erigida su forma y escultura de basas, y debocólos muy firmes, columnas, 
capiteles, y coronas, y lo demás autorizado, con los preceptos del arte, y la 
inventiva en mucha cantidad, y grandes piezas de piedra muy bruñida y gui- 
jarreña, que descubre en su liso, y en su lustre labores muy pulidas y perfec- 
tas; más aunque esto sin duda es muy notable, pasa á más maravilla en esta 
cueva el que estando su fábrica, y su traza, á la propia montea de un gran tem- 
plo, siendo labrada á pico en tal dureza, el ámbito espacioso, y dilatado, su 
altura y latitud en simetría, y su fachada y pórtico tan grave, el ventanaje que 
hace á sus costados, por grande y numeroso, sin más cuenta que el parecer á 
todos muy copioso, se visten, y guarnecen igualmente de piedra labrada á mu- 
cho costo, y gran dibujo, en la destreza de los cinceles, y esta tan maquinosa 
por su copia, que habiendo de destruir esta antigualla, por que necesitando de 
esta materia fuese el valerse de ella muy preciso, no hay duda que la daría 
sobrada á cuatro Catedrales muy insignes. En esta grande y capaz pieza, con 
algo de noticias que adquirieron los españoles que moraban en la ciudad de 
Gracias á Dios, del gran tesoro, que he apuntado oculto por los indios de 
aquel pueblo, entraron bien prevenidos á ella, y solo hallaron algunas arcas 
vacías, y en una de ellas algunas vestiduras sagradas, entre las cuales había 
unos manteles de altar tintos en sangre, que habían servido en sacrifcios, y 
ceremonias superticiosas ; y aún hay quien dfga, y asegure, que aquel tesoro 
presumido también le trasmutaron con encanto. Mas lo más cierto nos per- 
suade, en estas materias, y tradiciones de guacas (tesoros enterrados), es 
mucho más lo que se dice que lo que se averigua, no porque á la verdad los 
indios gentiles, con noticia de que nuestros españoles se acercaban contra 
estas provincias, no enterrasen, y echasen en los lagos muchas y grandes por- 
ciones, de oro, plata, y piedras finísimas, y muy preciosas; pero hoy ¿quién sa- 
be donde?, y si se alcanza la noticia ¿quién en el costo acomete á tanta empre- 
sa, ó imposible ó muy difícil de conseguir el efecto? Bastante, y muy sobrado 
ha dado el supremo decreto, de aquella Providencia, que adoramos, en vetas 
patentes y conocidas, de gran riqueza, y abundancia, como diremos en esta 
y la Tercera Parte, 

Quieren establecer por conjeturas que el Circo Máximo de Copan, 
fuese erigido y levantado por nuestros españoles, fundando esta opinión mal 
concebida, en que siendo el ornato de las estatuas á la espoñola; nos venga 
á consecuencia de sus opiniones, el que fuesen por esto nuestros españoles 
quienes le erigieron, discurriendo pudiese haberse hecho, por estar en sus 

214 



principios aquesta Audiencia, con título de los Confines, en la ciudad de 
Gracias á Dios, que siempre fué pueblo corto, aun en la prosperidad, de aque- 
llos tiempos; mas esta Audiencia por entonces envuelta y enredada en gran 
disturbio y confusiones, aun no cuidaba de tantas comodidades y recreos, 
y más que sus Oidores primeros, Licenciados Diego de Herrera, Pedro Ra- 
mírez de Quiñónez, y Juan Rogel, teniendo bien que hacer en el estableci- 
miento de esta Audiencia, como sus fundadores, andaban separados, y divi- 
didos en varias, y graves comisiones, como sobre las guerras civiles de el Pirú, 
por si hubiesen pasádose á estas partes, algunos de aquellos, que ocasionaron 
sus desastre, y gran rumor; á que el ya apuntado Pedro Ramírez de Quiñónez 
vino á esta ciudad de Goathemala, y á averiguar si el trato que se hacía á los 
indios era conforme á el orden de Su Magestad, y si eran instruidos en la fe. 
Con pleno conocimiento en lo civil, y criminal, y averiguar los procedimientos 
de los Tenientes de Gobernador y Alcaldes, y sobre que sin duda este minis- 
tro en la ocasión que referimos, mas le pareció del Infierno que de monarcha 
tan cathólico, cuya probanza harto autorizada por su autor, y su sagrada plu- 
ma, es una carta original del Reverendo Obispo Marroquín, que hallándose en 
la Ciudad de México (á donde llegó el clamor) escribe á esta Ciudad de Goa- 
themala, y comienza: "Acá llegó Ja grita y escándalo, que ese señor Oydor 
causó con su llegada, perdóneselo Dios, que los buenos Jueces, otro orden 
tienen, etc., y es su fecha de 20 de Julio de 1547, y la presentación de este Mi- 
nistro en el congreso de el día 18 de Febrero de 1547. 

Fuera de aquel sacrificadero de aquel circo, y grande pueblo, comprueba 
con patente evidencia ser obra de gentiles, y que esta no pudo serla de Fer- 
nando Cortés, que aun no perseveró por estas partes cuatro meses; y si lo 
estuvo es por lo más, que sus cuidados con las alteraciones de México pudie- 
ron permitirle en este Reyno; ni menos podrán atribuirla sin grande engaño, 
y presunción, á Don Pedro de Alvarado, tan divertido y empeñado en varias 
y señaladas conquistas, y en repetidas jornadas para España, y que estando 
muy de paso por las provincias de Chiquimula y Gracias á Dios, con ocasión 
de ir á descubrir el puerto de Caballos; no pudo detenerse aún á menos obra 
que ésta, cuando quizás solo un cantero, y aun si dos, no sería poco, pudiera 
ser hallasen en este Reyno por aquel tiempo; pues es bien claro de conocerlo; 
puesto que siendo en la que vimos en la Cathedral antigua de esta ciudad, una 
cortísima obra de este arte, que no pasando á más que las basas que cargaban 
las pilastras, eran de sencillísima y corta manufactura, y sin embargo se 
dieron á Diego Martínez de Garnica por su labor cuatrocientos pesos de oro 
marcado de ley perfecta y para tanta obra, y tan cumplida, y esmerada, como 
la que hace la autoridad de este Circo, muchos canteros, y muy diestros, aun 
parecieran ser muy pocos. Con que sin duda es más probable el que esta es 
obra de los indios, en aquel tiempo maquinosos, que alcanzaron el uso de mu- 
chas artes, y muy propensos, y aplicados á todo lo que es obra de estas tallas, 
como comprueban sus ídolos, y otras antiguas obras de su tiempo, que escri- 
biremos si Dios quiere en la tercera parte. Y en esta obra sin duda fueron 
instruidos por el Demonio, en los atavíos y traje español, para mostrarles, 
como en México, la nación que los había de dominar. 

215 



CAPITULO XII 

De otras singulares antigüedades de este Partido de Chiquimula de la Sierra, del 
tiempo de la gentilidad de los indios, y de los gigantes que habitaron 
este país. 

MARGINALES. — Cueva del Peñol. — Esqueletos de gigantes que se hallan en este sitio 
del peñol. — Apoyo de ser babilónica la estirpe de los indios. — Generación gigan- 
tea que se conserva en las Indias. 



Me llama á tanta variedad el argumento de mi Historia, que precisán- 
dome y ciñéndome á muy estrecho itinerario, con descripciones muy diversas, 
aun yendo atado á los sucesos, no bien se dejan ordenar entre sí mismos. 
Mas dándoles lugar con la mejor gradación que se me ofrece y parece haber 
cumplido con todo el mejor arte que es posible, refiriendo en su lugar y en 
el más propio que le toca, y sin sacarlo de su sitio, lo que es notable y que 
merece mayor fama. Mas entre todas reparable, y aún sin alguna duda ad- 
mirable, y monstruosa, aquella que reduciéndose y formándose á largo, y gran 
trabajo de los hombres, llega á conseguir su perfección y su total nivel, y 
cierto arte; de que continuo nacen presunciones y discursos, que incitan á la 
creencia de haberse fabricado á grandes fines. Así como sucede con grande 
admiración de quien la mira, en la gran cueva que llaman del Peñol, palenke 
y gran teatro de la insigne y memorable batalla de Jalpatagua, que dejamos 
escripta, en el Capítulo Segundo del Libro Nono de la Primera Parte. Es 
este inmenso promontorio padrón incorruptible que le da nombre, y título, 
á una considerable y grande hacienda de campo, posesión y hereditario dere- 
cho del Capitán Don Thomás Delgado de Nájera y queda situada en gran 
planicie, y recreable campiña, del curato de Jutiapa, sujeta á esta adminis- 
tración, y á la jurisdicción de Chiquimula de la Sierra. En uno de los mon- 
tes, ó cerro de grande mole, que circunvalan y ciñen este admirable y grande 
valle, de largo y extendido circuito, se ve la boca de una dilatada y capaz 
cueva que llaman del Peñol, no por razón de que esté sita y abierta en el 
Peñol de Jalpatagua ya apuntado, sino por estar en la hacienda de este nom- 
bre. Mas aunque esta admirable y grande obra cavada á pico, por dilatado 
espacio y capacísimo desahogo en la proporción de su hueco, no lia sido exa- 
minada hasta su fin en nuestro tiempo, sin embargo de estar casi á cumplirse 
los círculos prolijos de dos siglos que cerraran su esfera, si Dios quiere de 
aquí á veinte y nueve años, que poseemos aquesta hermosa parte de tan 
inmenso señorío. La simple tradición nos asegura, que descubriéndose su 
boca en este sitio, va á corresponder por las entrañas de aquel monte hasta 
el pueblo y río de los Esclavos, hacia la parte de Mataqu&squinte, que á tanta 
perseverancia de camino subterráneo le corresponde, con estupenda admi- 
ración, el largo espacio de once leguas. Mas aunque el Capitán Juan de Sala- 
zar Monsalvo, nieto de aquel esforzado y gran conquistador Antonio de Sala- 
zar, y abuelo materno de Don Thomás Delgado de Nájera, que hoy posee 

216 



este excelente sitio, con ánimo resuelto y muy probado, intentó á penetrarla 
hasta su fin, no pudo conseguir su bizarría ni adelantar su mucha industria 
el registrar de este camino mayor espacio de tres cuadras; porque apagándose 
las luces con que sus criados le conducían por las tinieblas, y los riesgos de 
esta cueva, ó acaso la materia incombustible no apropósito, ó cerradas las 
lumbreras de este espacio, y sin la comunicación precisa del ambiente; bien 
que procurándolo otras veces, quedó su intento defraudado. Pero después 
de aqueste, aun otro alguno no ha osado, ni emprendido tanto asunto, ó te- 
meroso de las fieras que pueden tener en ellas sus albergues, ó por que se 
presuma el dar en precipicios, y despeños muy profundos, y lo más cierto, 
por que no ardiendo ni alumbrando en sus labores las luces, se hace imposi- 
ble sin ellas penetrarla. Bien pudiéramos atribuir esta inmensa fatiga y gran 
trabajo á mayor fuerza, y miembros más robustos, que los de los indios pro- 
vincianos con presunción no muy distante de que pudiese ser obra de fuerza 
más gigante. Mas no me atrevo á asegurarlo, sin tradición que me conduzca 
á la verdad más genuina; porque ni se sabe, ni se presume, quienes ni en 
qué tiempo siguieron y ordenaron tanta y tan prolija manufactura. Mas cuan- 
do apeteciéramos el escribir mayores cosas, aun no podría faltarnos grande 
asumpto que pudiera apoyar nuestro discurso; porque sin duda fué habitada 
la gran región de Chiquimula, de monstruosísimos gigantes, cuyos despojos 
y esqueletos hoy atestiguan esta verdad con evidencia; y tanto en lo notorio, 
patente y admirable, que en esta hacienda propia del Peñol, con lo proceloso 
de los inviernos, en las crecientes caudalosas de los ríos, causadas ruinas y 
desplomos considerables, han quedado por ellos bien patentes armazones y 
huesos de gigantes, que haciendo admiración tanta estatura, hace creíble 
la posesión que mantuvieron de todo este país chiquimulteco. Es cada canilla 
de las piernas de á siete, y de á ocho cuartas de vara, que según cuenta co- 
rrespondiente, igual á la estatura de un hombre bien crecido de estos tiempos ; 
así al respecto la del muslo crecida á proporción con más ventaja. Mas pro- 
curando en estos tiempos la atenta ingenuidad de Don Thomás Delgado de 
Nájera, y Don Cristóbal de Salazar, con quienes tengo estrecho parentezco in- 
viar á Goathemala algunos de ellos, no bien se consiguió su diligencia, frus- 
trando su trabajo y su deseo la propia antigüedad de aquella huesos; porque 
al querer desenterrar los esqueletos, envueltos en mucha guija, y muy menu- 
da, haciéndose difícil á la azada el desentierro, y pareciendo más posible el 
conseguirlo, con el arbitrio que se dio de unas estacas, que á la manera de 
barretas, con arte y maña cuidadosa fuesen muy lentamente separando la 
tierra, y guijas, de los huesos, hasta dejarlos desunidos y apartados de tanto 
impedimento; pero habiendo prolijamente conceguido tanta obra, á el querer 
levantar una canilla, ú otro de aquellos huesos prodigiosos, se quedaban entre 
las manos hechos polvo, y algunas veces en piezas muy menudas; hasta que 
desesperando del intento, hubieron de dejarlos en el estado que se mani- 
festaban, para que así fuesen patentes á cuantos quisiesen ver monstruo- 
sidad tan desusada. 

217 



Mas como quiera que con poco fundamento hallan dudado muchos, 
si pudo haber semejante generación de hombres en el mundo, no dejando 
de recelar por lo que llevamos escrito, el que pudiese dudarse aun todavía, 
no arrostrando mi profesión aquesta empreza, ó bien por desigual á mis ta- 
lentos, ó por extraña á mi asumpto, ó de estado, aun sin embargo me es pre- 
ciso proponer algo que asegure, en su mayor certeza, á los dudosos; porque si 
bien consigo el que contemplen en la verdad de la (Escritura que dice : Gigan- 
tes cttítem erant, super terram, (97) quedaron desengañados y en firmísima 
creencia de que los hubo, y aun de que puede haberlos. Mas aunque no los 
haya en lo presente, es cierto, y muy seguro, lo de que hubiesen tales hombres 
en la tierra, y que no podrá negarse, sin gran temeridad y mucho riesgo ; porque 
también debe creerse y afirmarse que hubo un gigante Goliat, (98) que para 
arbolar una lanza como un pino no pudiera este empuñarla, ni manejarla, y 
esgrimirla, sin grandes miembros y fuerzas muy dobladas, y crecidas; con 
cuya desmesura y gran persona pareció á la destreza, y gran talento de el 
Santo Rey David, desigual, y frustránea, cualquier arma, y sola ventajosa 
la lijereza y vuelo de una piedra, que pudiera llegar á su cabeza; y en la ver- 
dad de la Escritura aun encontramos otros ejemplos más que lo aseguran. 
Por que Nemrod (99) disforme hijo de Cam, gigante aborrecible y tan -so- 
berbio que emprendió la gran torre en Babilonia, intentando hacer guerra 
contra el cielo en venganza, y desquite de sus deudos extinguidos, de un 
golpe, en el diluvio, diciendo á los rebeldes contra Dios, iguales en la san- 
gre y la soberbia á aqueste capitán desvanecido : Venite faciamus nobis civi- 
tatem et turrim, cuios culmen pertingat at coelam, et celebremus nomen nlos- 
trum, antequam dividamus in universas térras. (100) Y que fuese gigante, y 
muy membrudo, lo asegura y afirma grande apoyo, no menos radicado en la 
Escritura. (101) Quasi Nemrod robustus venator coram Domino. Mas reparan- 
do atentamente en que pretendían hacer famosa su memoria, antes de dividir- 
se por las tierras á donde habían de ir á habitar, vuelve á ocurrir de nuevo á 
mi memoria lo que ya tengo dicho en otra parte, de que estos indios de Oc- 
cidente parecen, y asimilan, en mucho modo á babilonios ó caldeos, y aun 
es creíble que con ellos desde aquel valle de Sanaar pasase á este orbe nuevo 
la infame generación de los gigantes, de cuya especie aun no es negable que 
dure, y se conserve gran parte de ellos en las Indias, (102) cuando en lo más 
meridional de su ancho círculo, en lo que hace en su término, un gran seno 
el estrecho de Hernando Magallanes, y grande y noble río de la Plata, la 
estirpe y nombre de los patagones, confirma y hace prueba á esta evidencia. 
Y aunque disminuida y ya más débil esta naturaleza de los hombres, aún en 
la de estos patagones, hoy se conserva bien disforme y tan crecida, que su es- 
tatura ya más corta, se mide por altura de once palmos ; y aun estos me parece 
que nos muestran otra mayor señal de su castigo, fuera de la gran confusión 
de sus idiomas, en la desproporción de sus cimientos; puesto que en estas gen_ 
tes que decimos, los pies en todos los que contiene aquel gran seno, son muy 



i 97 ) Génesis, Capítulo 6. 

(98) Génesis, Capítulo 11. 

(99) Primer Reg. 23. 

(100) Josepho, Libro l^— Antiguo Jud., Capítulo 4. 

( 101 ) Génesis, Capítulo 10. 

(102) Abraham Hist. Inseat at orbis terramus. 



218 



disformes, y crecidos, de tal manera desmedidos, que no convienen ni se 
ajustan á la correspondencia, y simetría que pide, y le demanda la gran dis- 
tribución de aquellos miembros, que forman y componen tanta mole, y donde 
resulta el pronombre común de patagones. ,,u:{ ' Con que bien me parece sa- 
tisfago, si alguno pueda haber que ponga duda en que hubiese en el mundo 
tales hombres, con lo que repetidamente expresa y dice la verdad, y la certeza 
de la escritura Sagrada; no queriendo valerme de los autores profanos, que 
tantos en el número aun son apoyo que afianzan de esta verdad el funda- 
mento; más solo me satisface el más sagrado, que abriendo las lumbreras á 
la credulidad de esta propuesta, cierra las puertas á la duda de la tenacidad 
más ignorante. 



CAPITULO XIII 
De las cosas que se crían y producen en este Partido de Chiquimula la Sierra. 



MARGINALES. — Habillas que llaman de Tampico. — Sus facultadeds medicinales. — Na- 
cascolote. — Tinta Anir. — Cacao. — Vejación que hacen con estos indios los Oficia- 
les reales de Goathemala. — Distribución de cuenta de una carga de cacao. — 
Achiote. — Otros frutos de este país. — Caza que se hace en estos países. — Pája- 
ros chiltotes. — El modo con que empollan, esquisito y providente. — Como quedan 
las culebras burladas de estas aves. — Estampa del pájaro chutóte y su nido. — 
Mineral de piedras preciosas, en el cerro de Ocotepeque. — Minas porque se dejaron 
sus labores. 



No dudo que muchas cosas de las que habernos referido, y las que 
vamos á referir, parecerán, si no lijeras, menos notables que prolijas para 
ponerse en tanta historia, y más si acaso llegan á conferirse con la clarísimas 
hazañas de nuestros grandes españoles, ó ejercitadas en tantas diversiones á 
que llamaba la Conquista del ancho y noble círculo de este Reyno, ó en las 
acciones políticas ejecutadas y cumplidas en beneficio y mayor lustre de las 
repúblicas fundadas en tan diversas situaciones; más advertido el Real Res- 
cripto por mí otras veces anotado, tendrán estimación las más menudas; bien 
que á mi asunto y su inscripción ninguna por si misma despreciable ni ociosa, 
menos en su ser á lo que pide el instituto de mi Historia; en que pidiéndose 
noticia de tanta agregación, le doy á cada cosa que prometo, si no el más propio 
y más debido, el más legítimo lugar, no confundiendo y barajando unas mate- 
rias con otras, ni ocasionando en ellas mismas oscuridad y confusión. 

Es toda esta tierra de Chiquimula de la Sierra no menos prolífica y fe- 
cunda que la de la Costa del Sur; y aún más prodigiosa en sus efectos, pues 
en ello no menos se produce lo que es propio de tierra fría, que lo que es de 
tierra caliente, por gozar de los dos temperamentos cada uno en su sitio y su 
región. Como en la que se arrima más á la Costa del Sur, confinando por 
este rumbo este país mediterráneo con la provincia de San Salvador, se 
hallan y cojen las habillas que llaman de Tampico, por haber descubierto la 



U03) Aran — Fábrica del Mundo.— Libro 5 o — folio 394.— Estella, Libro 1P y 2ydeelPom. 

219 



curiosidad de los moradores de aquella costa la primera vez sus secretos; 
pasando desde México á este Reyno su muestra en una de ellas, y sus virtudes 
naturales en larga relación, y muy notable, y descubierta luego en esta costa 
en copia y producción inagotable. Valió al principio' un par de habillas con 
franca mano un real de á ocho, á cuyo precio en mucho número los cargadores 
de España las hubieron; pero abundando por su precio, en que sintieron 
granjeria los que primero las cojieron, que fueron de Guazacapam, por muy 
comunes y copiosas perdieron la estimación, y la apetencia, pues luego á 
poco tiempo, aun estos mismos que las pagaron á tal precio, las rescataban 
por un real, y aun muy rogados. Son en su forma y su tamaño como son las 
mayores avellanas; parecen muy al vivo guijarros naturales en su color, y 
resistencia, y en muy bruñida capa, y tez lustrosa, ostenta superficial un 
color vivo de celeste claro. Pero para mejor efecto en sus virtudes hermanan 
siempre un par que llaman hembra y macho; á cuyo conocimiento les prece- 
de ligero examen, y experiencia, que la disponen en un vaso en que haya agua, 
á donde van probando estas bellotas, y de ellas la más pequeña, que es la 
hembra, se va á pique, y la mayor, en vez y media más de proporción queda 
abollando, y sin hundirse, aunque por largas horas, y aun por días las tengan 
en el agua. Pero en sus propiedades y virtudes, aun no por mí experimen- 
tadas, casi de intento omitiré las más que escriben, y á la experiencia de su 
efecto solo propongo lo que he visto, en lo que de ellas nos afirman, de que 
restaña la sangre que emana por flujo natural, ó por herida; porque habién- 
dose roto una vena, quitando un callo Don Fernando Gallardo, maestro de 
ceremonias de esta Iglesia, y no bastando la aplicación de medicinas, ponién- 
dose á raíz de las carnes, sobre el empeine del pie, las dos habillas, á la parte 
superior de la herida, cesó y detuvo aquel continuo, y grande flujo de sangre, 
cerrando y uniéndose la herida á breve rato. En otras personas que crían 
bocio en la garganta, trayéndolas colgadas al cuello algunos meses, he visto 
deshacerse aquel tumor, y pesadumbre, sin que les quede rastro de haberle 
habido. Mas no por eso me atreveré á afirmar, que lo demás que de ellas 
se nos escribe sea seguro. Solo se halla que aquella corteza que la cubre es 
resistente y firme, y que el núcleo que viene dentro es de cualidad venenosa. 
La mayor copia que en los veranos entra y descarga en esta ciudad de 
Goathemala, de el género que llaman nacascolote, viene de Chiquimula de la 
Sierra, siendo tan esencial, y útil, y necesario, como se sabe á muchas ofici- 
nas de artífices que de este género necesitan, y le hallan muy reciente, y á 
precio acomodado, fuera de la gran saca que de el hay para fuera de el Reyno, 
y en especial para el del Perú; á donde le necesitan con otras drogas de las 
que se producen en este Reyno, no menos útiles para aquel en su recibo, que 
para este en su saca, como frutos propios, y de que casi no necesi- 
tamos, como el orégano, mataliste, achiote, achyomico, ajonjolí, anís, pimien- 
ta de Chiapa, arroz, cebadilla, y otras muchas cosas, de que careciendo aquel 
Reyno, este abundante le provee; con que sin duda este comercio por la con- 
servación de los dos Reynos, por más que insista en contra suya el Consulado 
de Sevilla, habrá de permitirse por la gran justificación de el Rey, que hasta 
hoy le ha prohibido con total ruina, y gran quebranto de este comercio de 
Goathemala. 

220 



Mas aunque en corta cantidad, que se fabrica en pocos ingenios la tin- 
ta añir, y de ella la que llaman flor, también en este noble territorio, se coje 
y beneficia con gran limpieza, y sin adulterar su propia fábrica; así como 
la muy aventajada, y más subida, que con pareja se labra en Goazacapam y 
Y zqu inte peque, y que en su corte y su color, la de estos tres países, aventa- 
jándose en bondad y en gran sustancia, también en precio se mejora; porque 
casi se rosa y toca en tinta tisa, sobre cuyas diferencias de este precioso, y 
noble fruto, diremos en la Tercera Parte lo que se ofrece, y acerca de la 
gran estimación que se le debe, si bien sobrecargada, no solo de exorbitantes 
derechos, sino de impertinentes pesquisiciones, y repetidos juramentos ju- 
rídicos, puede temerse y recelarse que sobrevenga á aqueste fruto irrepara- 
ble imposibilidad, para su fábrica, ó maldición muy justa al producirse; sien- 
do este nervio que ha mantenido en el comercio la mayor parte de su recam- 
bio. Y á este Partido Chiquimulteco no solo aquesta pasta le mantiene, mas 
el cacao también que fructifica, en mucha parte le hace la promisión á grande 
trato por lo que de ello se coje en los pueblos de Chiquimula, San José, Mitán, 
San Esteban, Santa Elena, Santa Lucía, Santiago Jocotán, San Juan Jocol 
tan, Camotán, Santa Catahlina Quezaltepeque, que son los países que por ra- 
zón de su temperamento caliente llevan en su nivel, y producción, tan noble 
grano, si bien que este Partido, por más seco en la propia cualidad de su terre- 
no, produce aqueste fruto de once libras menos de peso de los demás Partidos 
de Yzquintepeque, Goazacapam y San Antonio en cada carga, siendo su co- 
mún, y asentado peso, el de sesenta y cuatro libras en este Correjimiento, y 
el de setenta y cinco en los demás apuntados. Mas no podré pasar sin consi- 
deración de grande lástima, el que los miserables indios de estos pueblos 
calientes de Chiquimula de la Sierra hayan de pagar, padeciendo gran tra- 
bajo, el defecto virtual de aquella tierra, menos jugosa por su naturaleza que 
las demás á quienes les donó la Providencia mayor sustancia en su panino, 
y en que no me persuado, que informada la gran clemencia y justificación 
del Rey, pudiera dejar de dar á tanto abuso corte muy justo, y muy loable. 
Mas los ministros las más veces (y más los que remotos y apartados se con- 
sideran soberanos), abusan y interpretan los sanos decretos de los príncipes. 
Es estilo común, y muy corriente, entre todos los indios de este Reyno, (104) 
el reputar en el cacao, por una carga, el cálculo cumplido de veinte y cuatro 
mil granos, y para más clara, y mejor cuenta, ajustan y dividen por tres par- 
tes, que llaman xiquipiles, y cada uno consta del número de ocho mil granos, 
pasando la curiosidad de aquestas gentes, según su estilo, y su talento, á di- 
vidir aquestos xiquipiles, por cuenta más menuda, y más prolija, á la que lla- 
man sonlles en su idioma, y todos entendemos y compramos por esta cuenta 
y división, que aún pasa, y continúa á más demostración, y claridad, porque 
de veinte de ellos componen el xiquipil, y el sontle del número de cuatrocien- 
tos granos, que es el modo materialísimo con que estos pobres, sin otra pluma, 
otra medida, ni otro peso, se entienden y hacen la junta en sus cosechas, co- 
branzas de tributos, y pagamento de ellos; porque ni entienden de otro modo, 
ni fuera posible introducirlo, y casi injusticia el obligarles, ni querer compe- 



104) Don Alvaro de Fuentes, Libro de Cuentas.— folio 139. 

221 



ler á su miseria, á que comprasen pesas y romanas, de que ni entienden, ni 
necesitan, ni los Corregidores, ni Alcaldes mayores les obligan, á más que á 
la cuenta de su estilo; pero no así los oficiales del Rey en esta caja de Goa- 
themala, que les obligan á entregar por el peso de romana, en que faltando 
de la cuenta cabal, y verdadera de los indios según el peso, á que el tesorero 
y contador quieren que llegue, sin haberle comunicado otro mayor naturaleza; 
con que vienen á suplir, para su ajuste, una cantidad inmoderada en cada 
tercio, destruyéndose de esta manera los principales indios, que entran á 
oficios de justicia, poniendo de su caudal este ajuste, ciento diez libras en 
cada diez cargas, y aunque el celo cristiano y gran talento del Capitán Don José 
Fernández de Cardona, depositario general de esta Ciudad de Goathemala, 
que habiendo sido Corregidor de este Partido de Chiquimula, donde experi- 
mentó esta injusticia hecha á estos indios; pasando después á ejercer el ofi- 
cio de Juez Oficial Real de esta Corte, propuso este inconveniente á la Real 
Audiencia, en grave, justificada consulta. Sin embargo se mandó corriese 
como estaba establecido, y así se continúa, con irreparable daño de aquellos 
miserables pueblos, mas siendo otros los frutos de este país, también ayudan 
en mucho modo á la perpetuidad de su comercio ; pues el achiote, si bien en 
porción no muy crecida, es parte que le añade mucho crédito, y lo demás que 
como en menudencias consideramos su valía, aun corrobora y adelanta mu- 
cha frecuencia á su comercio, con grandes cosechas de tabaco de buena ca- 
lidad, leche de Mechuacán en panecillos, y el mejor que se coje en este país, 
jicaras muchas y muy buenas de varias tintas, y labores, mas entre todas son 
mejores las que en su propio natural, llaman raspadas, quedando en blanco 
muy subido, y muy lustroso, quitada aquella cascara primera de que se cubre, 
estas son pocas y muy raras, y por eso sin duda apetecidas, y mas crecidas 
de valor. La amenidad de las campiñas, y lo breñoso de las selvas de este 
extendido y noble territorio, tributan á los vecinos de los pueblos apuntados 
y otras considerables poblaciones entretenida y mucha caza de toda suerte, 
porque en ellas sin duda se consiguen venados, puercos de monte, tepesquin- 
tes, conejos, guatuzas, dantas y otros géneros, como de volatería, no menos 
copia y abundancia de perdices, codornices, palomas, pavas, chachas, y otras 
aves, que sirven á el regalo y sustento de tanto número de moradores, sin lo 
que al entretenimiento y diversión consigue el gusto, y el deleite, en monos, 
guacamayas, papagayos, y catalnillas preciosas, con otra grande copia de pá- 
jaros de grande gala, y dulce canto; mas entre todos apreciables los que lla- 
man chutóles, que impropiamente significa pájaro colorado, de chichivic, que 
es colorado, y tutut, todo género de ave, porque á la verdad es Me amarillo 
muy fino y negro, muy atezado, la plumería que los cubre, mas estos son tan 
domésticos y mansos, que sin necesitar de jaula que los aprisione andan suel- 
tos en las casas, y vienen á la mesa de su dueño donde pican de todo lo que 
les ponen delante, y mucho mejor si es dulce, limpian los dientes con los 
piquillos á los amos después de haber comido, y duermen á la cabecera de la 
cama, ó sobre el cielo de las cortinas. El modo y providencia con que empo- 
lla, es de admirar y suspender al genio más displicente, y al más noble en 
tendimiento. Porque estas avecillas llenas de simplicidad, y con menos ins 
tinto que las otras, atienden cuidadosas, y advertidas, á la conservación y 



222 






aumento de su especie, con prevenida industria y mucho arte, corrección 
de las gentes que á sus hijos las arrojan y exponen á las puertas de extraña 
estirpe, y condición, pues estas aves á los suyos no solo los industrian, y los 
crían en todo aquello que conduce á su sustento y duración. Mas por lograr 
la saca de los polluelos, y de que no peligren en las montañas donde anidan, 
y donde les persiguen las culebras, sorbiendo los huevos de estas y otras, 
tejen de los árboles de espinos más levantados, en las ramas más delgadas, 
y que más se apartan del tronco, una bolsa ó talega bien capaz de una tela 
muy blanca, y resistente, á la manera de un pergamino delgado; cuya materia 
aun ignoramos, y que solo admiramos su primor, á esta por un costado de su 
fábrica y tamaño, le dejan á proporción una ventana, por donde la madre 
entre y sale en este nido, á ministrar lo necesario á los hijuelos, hasta que 




Estampa del pájaro chutóte y su nido que figura en el original de la "Recordación Florida". 



pudiendo volar y defenderse también fabrican, para sí, habitación semejante. 
Mas esta misma industria que los libra de las serpientes, sirve de red y lazo 
á su prisión, porque los cazadores que los buscan, y ya conocen el tiempo de 
su sazón para prenderlos, con una horqueta los descuelgan trayéndolos á la 
mano con la propia bolsa, y nido en que se crían, y los aseguran como en un 
muro sus propios padres, siendo de reparar que las culebras, á cuyo instinto 

223 



y gran industria burla la sagacidad de estas aves, aun solicitando esta caza 
no la consiguen; porque fabricado el nido en rama muy delgada, al pasar por 
ella la culebra, el propio peso y movimiento con que camina por ella la desliza 
y hace venir al suelo, y punzada y herida de las púas penetrantes de aquel 
árbol, como pasa del tronco á las ramas, y se deja caer precipitada por excu- 
sarle herirse, y maltratarse, con tanta muchedumbre de espinas. Grande 
moralidad se me ofrecia con el gobierno de estas aves, para el Gobierno mi- 
litar de las Repúblicas, que piensan que quitado el paso y la fuerza á un ene- 
migo, no podrá haber otro con más industria ó más constancia que las venza, 
y se aseguran y descuidan de las demás defensas de sus Provincias, ó con- 
fiando mucho de amistades extranjeras, como estas aves de la amistad del 
hombre que por postre las caza, y prende, sin dejarlas salir de las casas á 
la selva. 

Mas no alargando el discurso de este capítulo á otras aves de menos 
estimación y importancia, nos es el más lícito el ocupar el tiempo, y la ocasión, 
que éste nos ofrece, en cosas más ilustres é importantes, á la noticia del tiem- 
po venidero, que quizá mejorado en nuestros cosas, y adversidades tristes de 
nuestra ruin fortuna, podrá apreciarse y conseguirse lo que hoy no se logra, 
por desdeñarse la ocupación y labor de los ricos minerales, que en muchos te- 
rritorios de esta gran porción del nuevo Orbe, puso la Provincia, y entre los 
que se gozan en este gran país chiquimulteco, es el que ignorado hasta nues- 
tros tiempos ha estado oculto y escondido para nosotros, pero no así para los 
más remotos vasallos de la Borgoña. En cuya tradición me establecieron los 
Licenciados Lorenzo de Salas, y Don Manuel de Campo, cura del Partido de 
las Vacas, pero más bien y mejor, por más cumplida relación, el Licenciado 
Manuel Ángel Correa, Cura Beneficiado del de Yzquipulas; que en diez y nue- 
ve años de esta administración pudo con más espacio, y más examen, adquirir 
las noticias más seguras. A este venerable sacerdote le sucedió en este san- 
tuario recibir un devoto muy afecto, que en romería como otros muchos llegó 
á tan santa casa, en busca de los grandes beneficios que en ella reciben los 
católicos; mas este borgoñón peregrino, cumplido su novenario y devoción, 
y despedido de el cura, salió de el pueblo de Yzquipulas, sin declarar á donde 
iba, pero pasados cuatro meses volvió á este pueblo, y á la propia habitación; 
á donde el cura le agasajó, y satisfizo á su devoto afecto, confesándole y admi- 
nistrándole el Sagrado cuerpo de Nuestro Redentor. Dióle á la pro partida 
limosna de unas misas, y por don especial al Santo Cristo un par de cargui- 
llas que llevaba, con cacao, achiote, y otras cosillas del país. Rehusó el Bene- 
ficiado recibirlo, considerando que ofrecía cuanto era su caudal, pero instó 
este romero con la ofrenda, diciendo le quedaba caudal muy suficiente, con 
que pasar satisfecho á su patria; que era lo que llevaba en una petaquita que 
abrió y mostró llena de ciertas taleguillas, colmadas de unas piedras crista- 
linas de grande resplandor y hermosura, que él aseguró ser diamantes, con 

224 



los cuales puesto en su patria sería rico. Y aunque estas gentes conozco que 
tienen gran inteligencia en piedras preciosas, sin embargo estos diamantes 
del cerro de Ocotepeque, que es de la jurisdicción de Gracias á Dios, y se ve 
desde Yzquipulas, no me persuado aun todavía que sean diamantes verdade- 
ros; aunque pueda ser especie de ellos, y de ello tengo muestras, bien que en 
pequeñas puntas jaqueladas, asidas y pegadas al pedernal donde se crían, 
y son de grandísima dureza y constancia, tanto que ni al martillo se rinde 
su resistencia, y con ellos se rompe fácilmente un espejo, y hacen señal en 
la hoja de una espada, conque. cuando no sean finos diamantes, serán otras 
piedras preciosas que les igualen; porque la viveza de sus reflejos es mucha 
y agradable; su claridd y limpieza muy extremada, y se conoce por lo que he- 
mos dicho no ser cristal, porque de este género hay minas conocidas, y cría 
diferentemente, y de ellas hablaremos adelante, en esta y en la Tercera Parte. 
Pero por que muchas veces se nos ofrecerá tratar de la grande opulen- 
cia de los minerales ricos de este Reyno, no solo de oro y de plata, como tam- 
bién de piedras preciosas, dejas muchas que en su grande extensión se descu- 
bren cada día, de plomo, cobre, estaño, alumbre, ocre, esmeril, caparrosa, azu- 
fre, y piedra alumbre incultos y dejados por tantos años que han corrido del de 
1529. Por el auto ya apuntado de Francisco de Orduña, (105) Juez de Residen- 
cia de Jorge de Alvar ado, prohibiendo estas labores, que fué el primer motivo 
de daño, para que quedando desiertas y yermas sus labores, los dueños de 
ellas pasasen á el empleo de otras granjerias, y olvidasen tan noble é impor- 
tante ocupación, abandonando después en el todo sus conveniencias, con 
ocasión de la libertad primera de los indios, (107) nos ha parecido proponer 
los contratiempos que para proseguir su perfección, y continuación de sus 
labores se ofrecieron, pues no menos impedidas largo tiempo, por lo que 
hemos tratado, los propios indios, ó no bien inclinados al trabajo, ó subleva- 
dos con la libertad concedida, como de la propia Cédula de 20 de Julio de 
1532, (108) más luego consta mandándolos volver á servidumbre. Pudieron 
á gran comodidad, y á su placer, cerrar y encubrir las bocas minas, que- 
dando ciegas largo tiempo mientras duró la guerra, que ocasionó su reduc- 
ción, y después con la amplia libertad en que hasta hoy se han manteni- 
do. Mas procurando en aquel tiempo obra tan importante, y tan precisa 
á la mejor y más útil conservación de las Provincias el Procurador 
General en España, Regidor Francisco del Valle Marroquín, no sin especial 
instrucción y orden precisa de este Cabildo y Regimiento de Goathema- 
la, suplicó á su Magestad (100) mandase proveer los minerales de quinientos 
negros esclavos, asegurando su valor y el de su precio en los navios de su 
envío una mitad, y para el plazo de un año la otra resta; mas esto (o no aten- 
dido ú olvidado, como otras cosas de este Orbe) no ejecutado ni admitido, 
fué el último desaliento y perdición, de ocupación tan provechosa. 



(105) Libro 19 de Cabildo.— folio 137. 

(107) Libro 49 de Cédula Real de Cabildo.— folios 4,5y(¡. 

(108) Libro 59 de Cédula Real de Cabildo.— folio 20. 

(109) Legajo de Cartas de el Procurador General. 

225 



CAPITULO XIV 

De los muchos impedimentos y contradicciones, que ha habido desde el Gobierno 
de Francisco de Orduña, hasta este tiempo, para la labor de las minas. 



MARGINALES. — Compruébase haber muchas minas ocultas de los antiguos, y otras aún 
no beneficiadas. — Desunión entre D. Pedro de Alvarado, y los Oficiales del 
Rey. — Razones que alegaban en su discordia. — Competencias de los gobernado- 
dores de Honduras, y Nicaragua, sobre la posesión de las minas, queriéndolas cada 
uno en su jurisdicción. — Daños que se causaban unos a otros. — Sociega el Rey 
los bandos. 



Como en el tiempo es más hermoso un claro día, que no aquel en que 
la tierra sacudida, tiembla con truenos espantosos, y con relámpagos de fue- 
go ; así el imperio moderado y la suavidad, de los que rigen y gobiernan, y la 
conformidad de sus acciones, serena el ánimo á los subditos y colma de pros- 
peridad la gran dilatación de las Provincias, y las bastece de alegría; pero al 
contrario, el duro, el áspero gobierno, más se asimila al tiempo barrascoso, 
y al que influye tinieblas y temores; donde ni los que gimen espantados con 
las atrocidades improvisas, ni el mismo que las traza está seguro de él, ni de 
ellas. Entramos ya á reconocer cuanto es fiel esta verdad, y los inconvenien- 
tes que produjo la máxima y concepto pernicioso que los gobernadores de 
aquellos tiempos, ejecutaron inexpertos contra las propias conveniencias de 
este Reyno; á cuyos errores y violencias, aun llora hasta este tiempo por su 
ruina 1 de aquel principio de sus daños, queda ignorando y aun temiendo cual 
podrá ser su fin, y paradero. El que haya minerales poderosos, que se labra- 
ron y tuvieron con largo aprovechamiento de sus propios dueños, y que 
haya otros aun no empezados á beneficiar en este tiempo, no hay quien lo 
ignore ni lo dude, y es testimonio, muy notorio, y muy corriente el testamen- 
to que otorgó ó que otorgó en su nombre y con poderes suyos, el Reverendo 
Obispo de esta Iglesia Don Francisco Marroquín, por el Adelantado Don 
Pedro declarando por libres á los indios de Jocotenango que estaban en las 
minas, y no menos se reconoce esta certeza, por el que otorgó Alonso de Za- 
mora, que dice tener sus minas de oro en el pueblo que fundó con su apellido, 
y conocemos con el título de Santiago Zamora; cuyos indios de su reparti- 
miento, no menos este, que Alvarado, dejaron libres y horros de servidumbre, 
por el largo aprovechamiento que les dieron en las minas apuntadas, de oro 
las de Zamora, y las del Adelantado, de plata, y según la simple tradición 
éstas se piensa tienen su boca y situación en la sierra de Jocotenango, que 
mira á el Norte y loma grande que llaman los indios de la parcialidad goa- 
themalteca de aquel pueblo Chucahay, que quiere significar cerro que llora 
agua. También se testifica esta evidencia, con el salto de la agua, que á Die- 
go Sánchez de Ortega, cedió don Pedro de Alvarado, (10S) con permisión del 
Ayuntamiento en el Congreso de 4 de Enero de 1535, para molino de metales, 
cuyos vestigios, y aun paredes se muestran y señalan, en el ingenio de azúcar 



(108) Libro 29 de Cabildo. —folio 32. 

226 



de los herederos de Don Joséph del Castillo, cerca del pueblo de Dueñas, en 
el sitio que llaman el valle, después de la Ciudad Vieja, hacia el oeste; y no 
menos la mina de mi progenitor Hernando de Chávez en el pueblo de San 
Andrés, cuya boca se ve desde el Cabildo, ,110 ' y otras algunas que omito por 
la ofrecida concisión; esto es por las que no solo en el Valle se señalan como 
en Comalapa, y Tecpan Goathemala, sino que las yaí apuntadas se consideran 
y proponen casi á las goteras, y arrabales de esta Ciudad, y mas lo afirman 
y aseguran los Quintos Reales que se pagaron en aquel tiempo, que es volu- 
men crecido y de gran suma, y no menos el Libro de Registros del Cabildo, mi ' 
y las dos casas de afinación, una en la Ciudad Antigua y otra en este nueva 
planta, que estuvo sita la calle derecha de el Real Palacio, yendo al campo, 
enfrente de las casas que fueron de Andrés Núñez, y que hoy una y otra son 
desiertos, con mucha ruina y arboleda, y la que se fabricó en esta se levantó 
por nueva traza por disposición de Antonio Ortiz, y se le dieron para la 
manufactura seiscientos pesos de oro, en 5 de julio de 1543. nV2) Mas ya sin 
estas minas otras muchas en las provincias mas distantes, como de Sula y de 
Guayape, los ricos lavaderos, y los mantos, aun prueban su nobleza y su te- 
soro con algún oro, que gente pobre y miserable, sin ciencia y sin posible, 
desentraña en Zaragoza y en el Corpus, que contribuyen todavía con buena 
suma, á el mal posible de los pobres mineros que las labran. 

Y las desiertas, y sin dueños de San Martín, San Judas, Santa Cruz, 
Guascorán, Santa Lucía, y muchas otras, como las del Espinal, y Motozintle; 
que mientras se poblaron y asistieron, dieron grande riqueza de sus venas, 
como queriendo Dios, diremos muy de intento en los lugares que les toca; 
con cuyo beneficio y socavones, el gran tesoro que rendían, 'hicieron florecer 
en breve tiempo la gran dilatación de aqueste Reyno. 

Pero como en el mundo no hay fijeza, en lo más grande ó más pequeño, 
por esta misma inconstancia de las cosas, que nunca asisten en un ser, no 
ha mucho tiempo de su infancia, ó la avaricia ó desunión, de los gobernadores 
y vecinos, hicieron caducar tan gran provecho en breve círculo de años. Por 
que no solo por los impedimentos apuntados en el capítulo precedente, sino 
por otros muchos más notables, y de más grave ponderación, quedaron olvi- 
dadas y desiertas bien que no del todo desconocidas. Mas los debates que se 
ofrecieron sobre su propia posesión, parece que se excedían entre sí mismos, 
y que se maquinaban en el infierno, levantándose de frágiles principios, pa- 
saban de las centellas á incendio inextinguible. Porque no menos que en esta 
ciudad de Goathemala, corriendo mala disposición de voluntades entre el 
Gobernador Don Pedro de Alvarado, y los Oficiales Reales. Mi;n Presumiendo 
el Gobernador, que como á caudillo, y á Capitán general de la conquista, se le 
debía todo en la gratificación, que por superior se había de rendir el mayor 
respetó, y no pensaba mal en esto, y otro, más los oficiales reales contraponien- 



do Libro 1<? de Cabildo. 

(111) Libro 3" de Cabildo. -folios 54, 63, 64 y 66. 

(112) Libro 39 de Cabildo.— folio 66. 

113) Herrera, Década 4.— Libro 10.— folio 292. 



721 



dose con el pretexto del amparo, y recaudación de la real hacienda, quisieran 
no ser mandados, sino parecer independientes, de cuyos principios nacían 
escándalos, y discordias, tanto notables, cuanto poco útiles al público reposo 
y conveniencias comunes. 

Mas donde más apretaban, y cargaban la consideración el Comendador 
Zorrilla, Contador de la Real Caja, Francisco de Castellanos, Tesorero, y el 
Fator Gonzalo Ronquillo (que aunque divisos y disconformes entre sí mismos, 
para estas inquietudes se conformaban), con escribir al Rey, multiplicando 
sentimientos, grande número de quejas, con que quisieron amancillarle, su 
honor, y desdorarlo, y al rebosar su emulación; decían tan cautos, cuanto in- 
gratos, á su amigable proceder, que confiando en sus servicios con imperio 
y libertad quería trabarlos, y que á este modo procedía sin respeto de la Ha- 
cienda Real, y que quitando el premio y galardón á los méritos, daba los in- 
dios sin gradación á quien quería, tomando para sí la mayor parte, y á la 
verdad, en cuanto á esto, no podremos negar el gran número de indios de su 
repartimiento; pues los del Adelantado llegaron á veinte mil vasallos, sin otros 
siete mil encomendados á Doña Beatriz de la Cueva, su segunda esposa, más 
todo merecido de muy loables servicios, y añadían cargando más la mano, 
y con ponderación más criminosa, que traía gran multitud de esclavos en las 
minas, y lavaderos de oro, contra la prohibición de estos empleos, y que de la 
gran suma que producían estas labores, pasaba á la usurpación de los quin- 
tos, introduciendo estos rumores en la Audiencia mexicana, Ínterin que lle- 
gaban al Consejo, de donde naciendo desazones, pasaban á impedirse las 
obras y beneficios de los minerales, y mucho más sin comparación imposibi- 
litado, con las diversas exploraciones á que llamaban nuevas conquistas, 
y las pacificaciones á que obligaban las continuas sublevaciones de los Pue- 
blos. Poniendo en último desorden, y total ruina, este beneficio el auto 
prohibitorio de Francisco de Orduña ; y las invasiones frecuentes de Pedra- 
das Dávila, y en especial la entrada en Cuzcatlán de su capitán Estet. 

Mas no parando aquí la oposición, y la propia codicia de estas venas, 
hacia su preciso beneficio; al mismo tiempo que esto pasaba en Goathemala, 
no menos en Nicaragua, y en Honduras, movieron terribles alteraciones sobre 
las ricas vetas de oro del valle de Olancho, los dos gobernadores de las dos 
provincias, que alegaban y pretendían el derecho y posesión de tan noble 
territorio, sobre que contendían, y porfiaban por introducir en él el número de 
sus cuadrillas, que en vez de componerse éstas, y conformarse entre sí mis- 
mas, fué su intención tan temeraria en unos y otros que haciéndose los daños 
más posibles, y más graves, no solo se cegaban las labores, y se robaban las 
herramientas y los víveres, pero pasando á más fiereza y más rencores, se 
provocaban como enemigos y aun extraños. Mas noticiados los Goberna- 
dores Alonso de Cáceres de Comayagua, y Pedradas Dávila 1(15) de la parte 
de Nicaragua, que debieran obviar aquestos daños y componer con buenos me- 
dios tal desorden, pero montados en más cólera, y más saña, no solo no pusie- 
ron algún medio en estos desafueros, pero encendieron más á sus parciales 
aumentado discordias á discordias, con nuevos órdenes y más motivos á sus 



(115) Herrera, Descripción de las Indias Occidentales.— folio 36. 

228 



tenientes, que aunque excedían y se adelantaban á aquellos, y estos pudieron 
haber ocasionado mayor daño, cuando ya no solo lo servían, de hacer á es- 
paldas á sus cuadrillas; para que debajo de su sombra trabajasen á salvo, sino 
con el intento de dominar cada uno el sitio, arrostraban á pensamientos más 
feroces, más habiéndose antes de estos desórdenes dádose cuenta al Rey, en 
su Consejo su Magestad mandó quedase en lo de honduras el valle de Oían- 
cho el Viejo, llegando este despacho tan á tiempo, que estaban á punto de 
encenderse más ruidosas y graves diferencias, quedó tranquila y quieta aque- 
lla tierra y los Gobernadores moderados. (116) 



CAPITULO XV 
Que continua la propia materia del antecedente. 



MARGINALES. — Estorbo que hace el Adelantado Montejo, Gobernador de Honduras a 
las labores de las minas. — Capítulo notable de una carta del R. Obispo Marroquín. 
— Requerimiento que se hace al Adelantado Montejo por la Ciudad de Goathemala 
sobre el provecho de las minas. 



Grave dolencia de los pueblos, y aun incurable es á mi ver, tener el 
Rey á gran distancia, porque apartado, y impedido, con mares y peligros evi- 
dentes, ni del vasallo puede examinar las dolencias, ni oír las voces en las 
súplicas, ni menos las verdades de los sucesos, que si llegan mal y tarde se 
determinan, y si se resuelven, no se ejercitan los remedios; de donde nace 
juzgarse tan soberanos los Gobernadores, que atropellando con las leyes, 
se pasan por sobre la justicia, á solo satisfacer sus pasiones. Así Don Fran- 
cisco de Montejo, Adelantado de Yucatán, y Gobernador, después de los dis- 
turbios referidos de la parte de Honduras, colmado de codicia y ambición, 
pareciéndole poco para satisfacerse, todo el oro de aquella gran provincia 
(que era tan abundante como diremos en la Tercera Parte) se resolvió á pro- 
mulgar un bando, con graves penas, poniendo coto, término, y lindero, para 
que los vecinos de esta Ciudad de Goathemala, no inviasen sus cuadrillas 
a aquella parte á cojer oro, (117) y en especial hacia Cartago, suponiendo el im- 
pedimento de los vecinos de Comayagua, dependientes, y eslabonados de mu- 
chos modos con los de esta Ciudad, que le dio leyes y ordenanzas, á aquella, y 
más en la materia de mineros. (118) Sobre cuya prohibición y nuevo orden, se 
formaron varios congresos, y consultas que este Cabildo, y sus vecinos jun- 
taban muy repetidamente, por ser la materia en sí tan grave, y importante, 
como lo manifiesta un instrumento en que requiere esta Ciudad á Montejo, 

(116) Laet. — Descripción de las Indias Occidentales. -Libro 79 — Capítulo 13.— folio .340. 

(117) Libro 2<? de Cabildo —folio 26 v. 

(118) Libro 29 de Cabildo, -folio 114. 

229 



que insertaré á la letra al fin de este discurso, que aun no refrenando, ni 
impidiendo el duro proceder y gran codicia de Don Francisco, dio mucha oca- 
sión asi por esto, como por quererse establecer en lo de Honduras, á que Don 
Pedro de Alvarado intentase defender su derecho con las armas, hasta que 
con orden especial de su Magestad se compusieron, dejando el Adelantado 
de Yucatán, Montejo, las Provincias de Honduras, y Higueras, al Adelantado 
Don Pedro de Alvarado, (118) por las de Chiapa, que éste le cedió á Montejo. 
Mas muerto brevemente Don Pedro de Alvarado, el Adelantado de Yucatán, 
faltando al todo del contrato, trató de establecerse en la Provincia, no solo co- 
mo Gobernador de ella, sino como dueño y Adelantado hasta que su Mages- 
tad, dio en todo el orden conveniente. (119) Porque habiéndose estimado y man- 
tenido el Adelantado Montejo en esta Gobernación, y la de Chiapa, hasta el 
año de 1544, que se fundó la Real Audiencia de los Confines este Real y Su- 
premo Tribunal, le mandó se volviese á Yucatán, como parece de un capítulo 
de carta, del Reverendo Obispo Don Francisco de Marroquín, que en profecía, 
también parece nos pronosticaba este venerable prelado á los descendientes 
de los conquistadores, el olvido y desdén con que nos miran, porque hallán- 
dose en Gracias á Dios, de donde escribe á este ayuntamiento de Goathema- 
la, dice : El Adelantado mándale que no sea más Gobernador, deesta Gober- 
nación ni de Chiapa, mandan que se vaya á Yucatán, y no hacen más casó 
de él que de un perro; y así creo harán de todas vuestras mercedes, hagan 
buen estómago y encomiéndelo todo á Dios, que guarde sus magníficas per- 
sonas. (120) 

Y porque del tenor y cláusulas del requerimiento que esta Ciudad de 
Santiago de Goathemala, hizo á el Adelantado Montejo, se conozca cuanta 
era la importancia de la ocupación que las cuadrillas de vecinos de esta ciu- 
dad, conseguía para estos en los minerales de Honduras, se propone á la letra 
el requerimiento que dice: 



Muy Magnífico Señor. 

El Consejo, Justicia, y Regidores de la Cibdad de Santiago de la Pro- 
vincia de Goathemala por nuestro personero, que ante vuestra Señoría, pa- 
reciere, parecemos, y decimos que á pedimento de los vecinos de la villa de 
San Pedro no embargante, que para ello no fueron ni pudieron ser parte, 
mandó que los mineros y esclavos de esta Gobernación, no cojiesen oro de 
las minas en esa Gobernación, poniéndoles ciertos términos, y límites é mo- 
jones, y graves penas si, de allí adelante pasasen á cojer el dicho oro, de lo 
cual esta Gobernación, y los vecinos y moradores de ella son muy enorme- 
mente agraviados, y demás de esto, ni los vecinos de la dicha villa son parte 



(118) Libro 3<? de Cabildo.— folio 36. 

(119) Libro 39 de Cabildo.— folio 36 v. 

(120) Libro de Cartas. -folio 16. 



230 



para lo pedir, ni vuestra Señoría lo puede ni debió mandar, por ser como es 
en perjuicio de terceros, y primeramente auian de ser oydos y vencidos por 
fuero é por derecho y otorgada* apelación si la interpusieran, y su Magestad, 
del dicho mando, é defendimiento de cojer oro es, y fué y será, si pasa muy 
discernido, y sus Rentas Reales muy dagnificadas, las cuales sus Goberna- 
dores y oficiales son obligados por todas las vías y maneras posibles lícitas 
á procurar y aumentar y no menoscabar, como con el dicho mando se menos- 
caban, por tener como tiene esta Gobernación en esa veinte cuadrillas de 
cada cien esclavos, y más cojiendo el dicho oro, y de cada día piensa llevar 
más. cada una de las cuales es notorio é se tiene por cierto que dejándoles 
gozar de su libertad, que de derecho común tienen, é no les puede ser quitada, 
cojera cada un año cinco é seis mil pesos de oro, por manera que las Rentas 
de su Magestad pretenden mil pesos é más de provecho cada un año, de cada 
una de las dichas cuadrillas, lo cual V. S. será obligado á restituir é pagar á 
su Magestad por lo mandar, y sus oficíales de essa Gobernación, por lo con- 
¡entir, de lo cual pensamos é protestamos hacer relación á su Magestad y 
á su Visorrey que en la Nueva España reside, y Nos desde agora en su Real 
mente protestamos contra vuestra Señoría é contra los dichos oficiales, los 
dichos mil pesos de cada una de las veinte cuadrillas, que se suman cada un 
año veinte mil pesos de oro pertenecientes á su Magestad de sus quintos é 
derechos Reales, si el dicho mando adelante procede, por ende pedimos é si 
es necesario, requerimos á V. S. una, dos, é tres veces é más cuantas podemos 
é de derecho debemos en nombre de esta Gobernación, que luego reponga 
é de por ninguno el dicho mando, y estatuto, derribando los límites, y términos 
que en él se contienen, é dé licencia é facultad firmada de su mano como Go- 
bernador para que los dichos mineros, y cuadrillas y esclavos puedan ir libre- 
mente por essa Gobernación y cojer oro en cualquier parte que quisieren é 
por bien tuvieren, pues solo su Magestad y no otra persona lo puede defender, 
lo cuál así haciendo hará bien con justicia y á derecho conforme, é de otra 
manera protestamos de cobrar de vuestra Señoría é de sus bienes cien mil 
pesos de oro que cada año pueden las dichas cuadrillas y esclavos cojer, ó 
al respecto más ó menos, según el tiempo que el dicho mando ó estatuto ó 
limitación durare é de más que nos quejaremos de su V. S. á su Magestad, 
como de Gobernador, que habiendo quien saque el oro de la tierra lo de- 
fienda contra las leyes, é Ordenanzas é costumbres azadas, é guardadas é 
aprobadas de estas partes, é de como lo pedimbs é requerimos, pedimos al 
escribano ante quien se presentare de por fée, este testimonio á la persona 
que lo mostrare para lo juntar con el original de esto, que en este Cabildo 
queda para lo inviar luego á presentar ante su Magestad y ante su Visorrey 
en la Nueva España, que lo mande proveer conforme á justicia oyda nuestra 
querella, y á los presentes rogamos que de ello nos sean testigos. — Gonzalo 
O valle. — Juan Pérez Dar don. — Antonio de Solazar. — El Contador Francisco 
de Castellanos. 

231 



CAPITULO XVI 

De la gran diligencia que se puso por esta Ciudad de Santiago de Goathemala, lue- 
go que Don Francisco Montejo se negó á los conciertos hechos para el cam- 
bio de las Provincias, sobre aprehender la posesión de las de Honduras y 
Higueras, y de la nueva esclavitud de los Indios, con inserción del Real 
Rescripto. 

MARGINALES. — Gobierno primero del Lie. Maldonado asentado el cambio de Provincias 
entre Alvarado y Montejo. — Levántase alguna emulación contra el Gobierno del Lie. 
Maldonado. — Manifiesta su sentimiento contra sus émulos en carta escrita a la 
Ciudad de Goathemala, y satisface con su residencia. — Vuelve al gobierno por 
muerte de Alvarado, y fada Montejo al cambio de Provincias. — El Cabildo requiere 
al Gobernador Maldonado, vaya a tomar posesión de las provincias que están en 
poder de Montejo. — Sale el Gobernador Alonso Maldonado para Honduras. — Ha- 
lla el Lie. Maldonado resistencia en la gente de Honduras. — Capítulo de carta en 
dice está la tierra de guerra. — Vuelve a Goathemala sin conseguir la posesión. — Al- 
teraciones de los indios después de recibida su primera libertad. — Informan los 
prelados eclesiásticos a su Magestad los desafueros de los indios. — Provisión. 



Aun no sabemos discernir si los sucesos de aquel tiempo, revuelto en 
inquietudes, y rumores, de más que grandes aparatos, si bien dotados y asis- 
tidos de más vigor, y fortaleza, en el ánimo y el celo de sus republicanos, ten- 
dremos ocasión de hallarles coyuntura para poderlos referir, pues no debien- 
do por el sitio, y el país, el apropiarles tal lugar, al menos por el tiempo y la 
ocasión, habré de destinarle el que empezamos, de cuya era si tan colmada 
de cizañas, y de horrores, no hay que culpar la condición de los mortales, ó 
bien soberbios, ó ignorantes, desacertando en los caminos de conducirse al 
templo de la paz. Casos tenemos entre manos que confirmarán nuestra ver- 
dad, y que nos dieran bien que hacer, sin acusar á los antiguos, si los hubiése- 
mos de escribir, mas estos que ahora vemos, no necesitan de escribirse, ni 
fuera fácil relatarlos. No se hará poco si se acierta á referir lo que pasó, 
más ha de siglo y medio, en estas partes, porque habiendo la Magestad de la 
Reyna cometido la residencia de Don Pedro de Alvarado, á el Licenciado 
Alonso Maldonado, Oydor de la Audiencia Real de México, en cuya posesión, 
mientras el Adelantado Don Pedro pasó á España, y estuvo allá tres años, en 
pretensiones y negocios de mucha gravedad, habiendo antes de partirse asen- 
tado el cambio de las Provincias, con el Adelantado Montejo, según el Orden 
de su Magestad, como apuntamos, este Gobernador Maldonado, de muchas 
prendas, y gran celo, nunca produjo caso alguno que no llenase de grande feli- 
cidad á las Provincias, y hubiera sido sin duda aun más dichoso su gobierno, si 
no hubiera pasado á Presidente de la Audiencia que se fundó de los Confines, 
(122) y en es f a 0CU pación disimulando los desafueros y codicia de los Oidores de 
aquel tiempo, y en especial sufriendo mucho á Pedro Ramírez de Quiñónez 
y á Juan Roxel. Mas este en lo que estuvo gobernando, asistió desvelado y 
muy propenso al beneficio común, siendo su prudencia incorruptible, grande 



(122) Libro 29 de Cabildo.— folio 103. 

232 






acojida á la virtud, poniendo freno á muchos vicios, mas como aquestos son 
los más, no le dejaron mal afectos, de producirle emulación ^en que tampoco 
dejó de manifestar sus sentimientos con discreción y gravedad, dando des- 
pués satisfacción á los rumores, que maquinando hacia su fama, esparció 
á veces sin razón el vulgo necio, y contumaz, en la residencia que dio de 
aqueste primer nterin de Gobernador. (12 -> Mas no quedando aquí su ocu- 
pación, vuelto Don Pedro, de Castilla, y puesto otra/ vez Alonso de Maldonado 
en su plaza de Oidor de México, fué necesario que volviese segunda vez á 
gobernar este Reyno, con ocasión de la muerte de Don Pedro de Alvarado, 
introduciéndoce al Gobierno en 17 de Mayo de 1542 años, (123) por cuyos tiem- 
pos el Adelantado de Yucatán, Don Francisco Montejo, faltando a la capitula- 
ción y al contrato del trueco de las Provincias, y en contravención á la real vo- 
luntad, se mantenía en el gobierno y posesión de Honduras y Higueras, sin que 
bastase el requerirle, ni convencerle, con los conciertos firmaaos de su mano, 
ni con protestas de los inconvenientes que resultasen de su estada, si acaso 
fuese preciso introducir la fuerza. (124) Pero estando en este estado las mate- 
rias, y negocios de estas gobernaciones, y puesto en posesión de la Regencia 
el Licenciado Alonso Maldonado, no ha mucho tiempo de su llegada pues solo 
mediaba el dé dos meses algo más, que se contaban de 17 de Mayo á 28 de 
Julio, pareciéndole á el Cabildo y Regimiento de esta Ciudad, de las lenti- 
tudes de Montejo, no menos que mantenerse y afirmarse en posesión de ju- 
risdicción, que no era suya, por persona de su Procurador Síndico General, 
Gonzalo Ortiz, no menos asistido de el calor y celo de los Alcaldes Ordinarios, 
Cristóbal Lobo, y Andrés de la Mezqueta, que del común asenso del Regi- 
miento, pidió que el Gobernador Alonso Maldonado pasase á tomar posesión 
de las Provincias de Honduras y Higueras, donde se halla Montejo, y que 
si para esto hubiere menester el dicho Gobernador, \favor y ayuda, que 
esta Cibdad está presta á se lo dar, y inviar gente, la que fuese menester, 
para que aquellas Provincias estén sujetas, pacíficas, y obedientes á los man- 
datos de su Magestad, é que en esto él dicho Gobernador hará lo que está 
obligado, y de lo contrario, protestan lo que de [derecho deben protestar, y que 
se quejarán á su Magestad para que no pare perjuicio á esta cibdad y Go- 
bernación, y de cobrar de dicho Gobernador todos los daños, gastos y menos- 
cabos que esta Cibdad tuviere. (125) Mas no ofreciéndosele al celo y gran fer- 
vor de Alonso Maldonado inconveniente alguno á tanta y señalada expedi- 
ción, que se proponía, siendo letrado de profesión, á contender con un varón 
no menos poderoso que soldado, dejando por su lugarteniente en esta Gober- 
nación de Goathemala al Doctor Blas Cota, (I26) se acercó con suma celeridad 
á la de Honduras, en cuyo ingreso, parece haber hallado oposición y resisten- 
cia, si bien no me permite la confusión de aqueste aviso el afirmar y esta- 
blecer, si esta se hizo por Montejo, ó por los indios, mas es sin duda muy creí- 
ble que si estos indios salieron al opósito, no pudo ser sin el consentimiento de 
su propio Gobernador, pues en carta del Licenciado Maldonado, escrita á 
esta Ciudad de Goathemala, del pueblo de Chalchuytla, veo que dice: 



(122) Libro de Cartas —folio 23. 

(123) Libro 3<? de Cabildo.— folio 17 v. 

(124) Libro 3<? de Cabildo.— folio 36 v. 

(125) Libro 39 de Cabildo.— folios 36 y 37. 

(126) Libro 3<? de Cabildo. -folio 38. 



233 



Magníficos Señores: 

Recibí la de vuestras mercedes, y como Sebastián Alvarez, ha tiempo 
que no se recibía la persona que había nombrado en su lugar, y también por 
ser acabado el año, porque tenía la escribanía de la Gobernación y ya no tenía 
que hacer allá, me pidió licencia para se volver á ¡esa Cibdad á residir en su 
oficio é servillo, é como voy á entender en la pacificación desta tierra que está 
de guerra, porque me parece que conviene, é porque tengo Cédula de su Ma- 
gestad en que me lo manda, é porque tengo poca gente para ello le mandé ir en 
mi compañía. (146) 

Mas aunque en todo lo precedente, y en lo que ahora se refiere, he pro- 
curado tener bastante información, de los rebates, y sucesos de nuestras ar- 
mas castellanas, no en todas ellas nos fué posible conseguirlo, ó sea por in- 
curia de los propios que ejercitasen estas acciones, ó por desgracia de mi plu- 
ma, muchas se quedan en silencio, y sepultadas en el olvido, que merecieran 
grande fama, y de esto no tenemos ni aun una levísima certeza, de haberse 
conseguido el buen suceso, pues aunque me aseguro en que hubo armas de 
la propuesta, y el aviso ya apuntados, no hallo en muy grande copia de papeles, 
el fin y el logro de esta empresa, y bien me atreveré á afirmar, y establecer, 
haber quedado pendiente este litigio, y reducido á las decisiones jurídicas; 
pues hasta que estuvo fundada la Audiencia Real en los Confines, no se con- 
siguió el ver despojado á el Adelantado Monte jo del uso de la jurisdicción en 
el Gobierno de Honduras, (128) porque en esta ocasión que referimos ahora, 
hallándose el Adelantado Montejo por entonces en la Ciudad de Mérida, 
por el trueco que hizo de las provincias, las personas primeras que decidían 
en Comayagua, viéndose solas, y gobernadas de los arbitrios de su antojo, 
no quisieron obedecer en la ocasión al Licenciado Maldonado, porque de he- 
cho nombraron Gobernador de Honduras al Veedor Diego García de Celiz, 
afirmando y radicando su loco proceder, en que era Gobernación separada 
de la de Goathemala, y México, tomando en su defensa más autoridad, y 
mando, de la que debiera su libre proceder, y fiero arrojo, que pareció muy 
mal en el consejo. 

No menos desayudaban al establecimiento "y firmeza, de nuestras con- 
veniencias, la competencia de estos Gobernadores, que la ligera aprensión 
de los indios, que produciendo extraños y continuos movimientos, nos obli- 
gaban á muy frecuentes expediciones, y á empresas muy trabajosas, y san- 
grientas, porque de los repetidos informes del Padre Fray Bartolomé de las 
Casas á favor de los indios, á que se oponía diametralmente Fray Tomás 
Ortiz, del mismo Orden de Predicadores, resultó con mal suceso la primera 
libertad de los indios; porque estos, dotados de grande incostancia de ánimo, 
y de poca lealtad, y presunción, en quienes ni liga la palabra, ni el juramento 
de fidelidad, pudieron libres de sujeción y servidumbre, aspirar á mas altivos 
pensamientos, que pusieron toda la gran extensión de estas provincias en 
puntos muy notorios de su ruina, con sublevaciones, y atrocidades, y tristes 
avisos de funestos atrevimientos suyos, que de las partes más remotas sobre- 
venían á esta ciudad de Goathemala por instantes, y sobre que no bien se- 



(146) Libro de Cartas.— folio 27 

(128) Libro l? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara, -folio 62. 

234 



¿uros, aun dentro de los muros, era preciso el socorrerlos, y para esto, y otras 
expediciones importantes desflaquecer el nervio que en esta plaza se aloja- 
ba; mas sobre los muchos desafueros, y más que grandes osadías de los in- 
dios, se movieron á escribir á el Emperador, las personas religiosas de más 
autoridad y crédito, de estas partes, por cuyo motivo se produjo una Real 
Provisión de larguísima expresión, (1 ~ s,) cuyos Capítulos podrán verse en el 
Libro Cuarto de Cédulas Reales del Cabildo, que por muy dilatada y muy 
cumplida no se trasumpta, y es su fecha en Toledo en 18 de Abril de 1534 años. 
Mas por dar alguna luz á mis lectores -de la gran cristiandad, y justo 
celo del Señor Emperador, y de la justificación de las operaciones de los con- 
quistadores, se expresa por más breve la del año 1532, que es la siguiente: M:! '" 



PROVISIÓN DEL REY PARA HERRAR ESCLAVOS DE RESCATE 

Don Carlos, por la Divina Clemencia, Emperador de los Romanos, Au- 
gusto Rey de Alemania, Doña Juana su Madre, i el mismo Don Carlos, por 
la Gracia de Dios Reies de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Cicilias, 
de Geruzalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Jaén, de 
los Algarbes, de Algezira, de Mayorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, 
de Córcega, de Murzia, de Jaén, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las 
Indias, Islas y tierra firme, del Mar Océano, Conde de Barcelona, Señor de 
Viscaya y de Molina, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña y de Bra- 
bante, Conde de Flandes y Tirol. A vos Adelantado Don Pedro de Alv arado, 
nuestro Gobernador de la Provincia de Guatemala, y á vos el Licenciado 
Franco. Marroquín nuestro protector de los indios de ella, salud i gracia, bien 
sabéis, como, Nos mandamos dar y dimos una nuestra carta firmada de la 
emperatriz, y Reina nuestra muy cara y muy amada hija y mi mujer, y sella- 
da con nuestro sello, librada de tos de nuestro consejo, que por tenor es co- 
mo sigue: Don Carlos, por la Divina Clemencia Emperador siempre Augusto 
Rey de Alemania, Doña Juana mi Madre, y el mismo Don Carlos por la gra- 
cia de Dios Reies de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Cicilias, dé 
Geruzalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de 
Mayorcas, de. Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Jaén, de los Al- 
garbes, de Algeziras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Yndias, 
islas y tierra Firme del Mar Océano, Condes de Barcelona, Señores de 
Viscaya, y de Molina, Duques de Atenas, y de Neopatria, Condes de 
Ruisellon y de Cerdeña, Marqueses de Tetuan y de Socianos, Archiduques de 
Austria, Duques de Borgoña y de Brabante, Condes de Flandes é de Tirol: 
A vos nuestros Oydores de las nuestras Audiencias y Chancillerías que resi- 
dís en la Ciudad de Santo Domingo de la Isla Española é la gran Ciudad 
de Tenustiftán Méjico de la Nueva España, á todos los Jueces, é Corre jidores, 
Alcaldes Mayores, é otras nuestras justicias, cualesquiera lodos los nuestros 
Capitanes de sus lugares, Thenientes Alcaides de los Castillos é casas fuer- 
tes é llanas, á todas nuestras Justicias, Regidores, Caballeros, Escuderos, Ofi- 



(129) Libro 4<? de Cédula Real de Cabildo, desde folios 17 hasta 23. 

(130) Libro 4<? de Cédula Real de Cabildo, desde folios 4 hasta 6. 

235 



ziaíes é honmes buenos, de todas las Ciubades, Villas é lugares de las nues- 
tras Indias, Islas é Tierra firme del Mar Océano, é moradores i estantes é 
tratantes en ellas, de cualquier estado, dignidad preminencia ó condición que 
seáis así á los que agora son como á los que de aquí adelante fueren, Salud y 
Gracia, sepades, que como quiera que al principio que las Islas Indias, Islas 
é Tierra Firme del Mar ¡Océano se descubrieran por nuestro Mandado, é co- 
menzaron á poblar ó después hasta agora fué permitido por los Reyes Catho- 
licos nuestros abuelos, por justas causas é buena consideración que algunos 
de los nuestros indios, por no querer admitir la predicación de nuestra santa 
Feé Catholica, antes resistir con mano armada á los predicadores de ella, 
se les hiciese guerra, y los presos en ella fuesen esclavos de nuestros subditos, 
que les prendían é hacían la dicha guerra, esto mismo fué por Nos después 
tolerado, como cosa que por derecho é leyes en nuestros Reynos se podría 
sin cargo de nuestra conciencia hacer permitir é así mismo hemos permitido 
he dado lizencia, para que los christianos españoles que han ydo á poblar nues- 
tras Indias, pudiesen rescatar y hacer de los indios naturales de estas, los 
esclavos que ellos tenían así tomados en las guerras que entre sí tenían, como 
hechos por sus leyes y costumbres, pero considerando, los muchos grandes 
é intolerables daños, que con descrédito de Dios y nuestro de ellos se han 
seguido é siguen de cada día por la desenfrenada cudizia de los Conquista- 
dores é otras personas que en procurando de hacer guerra é captivar los 
nuestros indios, ynjusta é ynmoderadamente so color de las nuestras licen- 
zias han rescatado, comprado é habido de los nuestros indios muchos escla- 
vos, que en la verdad no lo son, lo que ha sido grande estorbo para poblazón 
de las dichas Yndias, Islas é tierra firme del Mar Océano y que los dichos 
naturales han padecido del dicho captiverio, muchas muertes, robos é daños 
en sus personas é bienes, que so color de captivar dichos yndios en las gue- 
rras, han captivado muchos de los dichos yndios naturales que estaban de paz, 
é que no habían hecho ni hacían guerra, á nuestros subditos ni otra cosa al- 
guna, por do mereciesen ser esclavos, mas de la libertad que de derecho na- 
tural tenían y tienen lo cuál visto por los de nuestro Consejo de las Yndias y 
con Nos consultado, fué acordado que para el remedio de la i dichas Yndias, 
é de los nuestros debíamos de mandar esta nuestra carta para vos en la 
dicha razón é Nos tobimos por bien, por la cual ordenamos y manda- 
mos, que agora y de aquí en adelante que cuanto nuestra merced é voluntad 
fuese y hasta tanto que expresamente reboquemos é suspendamos lo conte- 
nido en esta nuestra carta haciendo expresa minzión de ella ningún nuestro 
Gobernador, ni Capitán, ni Adalid, ni otra persona alguna de cualquiera es- 
tado dignidad, é oficio é condición que sea en tiempo de guerra, aunque sea 
justa y mandadas hacer por Nos, i por quien nuestro poder obiere sean osa- 
dos de captivar los nuestros Yndios, de las Yslas Yndias, Yslas é Tierra Firme 
del Mar Océano, descubiertas ni por descubrir, ni tenerlos por esclavos aun- 
que sean de las Yslas é tierra que por Nos é por nuestro Poder que para ello 
halla tenido ó tenga declarado se les pueda justamente hacer guerra é matar- 
los, é prenderlos ó captivarlos por cuanto todas las dichas licencias é decla- 
raciones hasta hoy hechas en las que de aquí adelante se hicieren, las reboca- 
mos é suspendemos en cuanto toca á dicho efeto, de poder captivar y hacer 

236 






esclavos los dichos Yndios en las tales guerras aunque sean justas é los dichos 
indios é naturales hallan dado 6 den, causa á ellos y al dicho rescate é hacer 
de poder de los dichos Yndios los esclavos que ellos entre sí tienen por es- 
clavos, é por excusar toda manera de cautela y engaño que en esto pudiese 
haber, defendemos é mandamos que desde el día que esta nuestra carta ó su 
traslado signado de escribano público fuere pregonado en Iq dicha Cibdad 
de Sevilla ó después en las cibdades é villas principales que están pobladas 
en las dichas Yndias, Yslas é tierra firme del mar Océano, ninguna persona 
sea ossada de tomar en guerra ni fuera de ella ningún indio, por esclavo, ni 
tenerle por tal con título que le hubo de guerra justa, ni por rescate ni por 
compra, ni por trueque ni ¡por otro título, ni causa alguna aunque $ea \de los in- 
dios que los dichos naturales de las dichas Indias, Islas é tierra firme teniare, 
tienen ó tuvieren entre sí por esclavos sopeña de, que el que lo contrario hiziere 
por la primera vez que fuere hallado que captivo ó tiene por esclavo alguno 
de los dichos Yndios, y le ha vendido, ó dado, ó enagenado por tal esclavo 
incurra en perdimento de todos sus bienes aplicados para la nuestra cámara 
del fisco é que los tales indios sean luego á costa del que así tos captivare é 
tuvieren por esclavos tornados é restituidos á sus propias tierras, de lo cual las 
dichas nuestras Justicias tenéis especial cuidado, de lo inquerir é castigar con 
todo vigor, conforme á esta nuestra carta, sopeña de privasión de vuestro 
oficios é de cada cien mil maravedís para la nuestra cámara al que lo con- 
trario hiziere é negligente fuere en el cumplimiento de esta nuestra carta, 
y por quanto nuestros subditos é naturales así conquistadores como poblado- 
res de esas dichas Yndias tienen grande número de los dichos indios ¡por escla- 
vos, que desde el día que esta nuestra carta fuese pregonada, hasta treinta 
días subsiguientes, los dueños é poseedores de los dichos yndios y esclavos, 
sean tenidos y obligados de los manifestar ante Vos las dichas nuestras Jus- 
ticias, cada uno en su Jurisdicción, de los cuáles vosotros haréis hacer una 
matrícula é libro firmada de vosotros y del escribano ante quien pasare, del 
número y del nombre de los dichos esclavos, y de sus dueños para que se sepa 
los que verdaderamente son esclavos, y de adelante no se puedan hacer, mas 
porque queremos y es nuestra merced y voluntad que cuando Nos mandaremos 
dar lizencia, é temaremos asiento con algunas personas para hacer nuestros 
descubrimientos é poblazones que los dichos naturales de las dichas tierras, 
resistieren la predicasión, ó no quisieren ven'r á nuestra obediencia, los tales 
descubridores é pobladores hagan información de ello é como an hecho con 
los dichos yndios todas las diligencias é cumplimientos que por Nos están 
ordenados, y lo inbien á nuestro consejo de las Yndias, para que allí se vea 
y probea lo que cenbenga conforme á derecho. Dada en la Villa de Madrid 
á dos días de agosto del año del Señor de mil y quinientos y treinta años, yo la 
Reyna, Yo Juan de Samano secretario de la cesárea ¡é catholica Magestad, la 
fise escribir por mandato de su Magestad, El Conde de García Manrique. — 
El Doctor Beltrán. — Juárez de Carbajal, registrada. Juan de Samano Ortiz, 
por el Canciller é agora Gabriel de Cabrera en nombre de la Cibdad de San- 
tiago, é de las otras Cibdades é Villas de las Provincias de Guatemala, nos 
hizo relación que si la dicha Provisión se obiese de ejecutar de mas del noto- 
rio agravio é perjuicio que de ello redundan á la poblazón de la tierra y á 

237 



los pobladores de ella por les quitar y prohibir que no puedan rescatar ni 
contratar los esclavos que los casiques indios tienen por esclavos entre si á los 
mismos yndios se les sigue mucho daño por les quitar el beneficio que reciben 
en salir de poder de los dichos casiques é yndios que los tienen por esclavos 
por el peligro en que están de ser sacrificados. Demás que en venir á poder 
de los españoles podrían ser instruidos é doctrinados en las cosas de nuestra 
santa feé Cathólica é me suplicó é pidió por merced en el dicho nombre man- 
dase revocar la dicha prohibisión é dar licencia é facultad que sin embargo 
de ello pudiesen aber é rescatar, y auer y tener los dichos esclavos, según 
é como é de la manera que antes que se diese ise hacía é podía Jxacer é como 
la nuestra merced fuese, lo cual visto en nuestro consejo de las Yndias y com- 
sultado con la emperatriz y reyna nuestra muy cara hija, y mujer, fué acor- 
dado que debíamos mandar esta nuestra carta para vos en la dicha razón Nos 
tobimos esto por bien, por la cual vos mandamos que luego que esta nuestra 
carta voz fuese mostrada ambos á dos en persona, sin lo cometer á otra alguna 
agais información, y sepáis que esclavos son los que ansí los dichos casiques 
é indios tienen en su poder por esclavos, é los que os constare que verdade- 
ramente son esclavos los hagáis herrar por tales con nuestro yerro, y así herra- 
dos de oy adelante damos licencia é facultad á los vecinos é pobladores de 
aquesa dicha Provincia, para que sin embargo de la dicha prohibición que 
de suso va incorporada puedan comprar é rescatar, y haber de los dichos casi- 
ques indios los esclavos ó esclavas que en su poder ellos tienen por esclavos, 
que asi vosotros ubieredes hecho herrar como dicho es con tanto que los 
dichos esclavos no se puedan sacar de la dicha provincia, dada en la Villa 
de Medina del Campo á 20 días del mes \de Julio, año del Nacimiento de Nues- 
tro Salbador Jesuchristo de mil quinientos y treinta é dos años. — y estando 
vos el dicho Adelantado ausente de la dicha Gouernación se entienda que vues- 
tro lugar theniente de Gouernador pueda hacer é haga juntamente con él 
dicho Protector lo contenido en esta nuestra Provisión. — Yo la Reyna. — Yo 
Juan de Samano, secretario de las Cesáreas é cathólicas Magestades, lo flze 
escribir por mandado de su Magestad. — Registrada. — Blas de Saavedra. — 
Martín Ortiz. — Por Chanciller. — El Conde Don García Manrique. — El Doc- 
tor Beltrán. — El Licenciado Juárez de Carbajal. — El Doctor Berna!. — El Li- 
cenciado de Pino. 



238 



LIBRO QUINTO 



CAPITULO I 
Del Partido, y corregimiento de Cazabastlán, y calidades de su temperamento. 



r ARGINALES. — No dista mucho este partido del Mar del Norte. — Probisión del Rey, 
para que los cabos piratas sean castigados con la pena capital. — Calidad de el tem- 
peramento de Cazabastlán. — Sus montañas, rico en fruto. — No hay noticia de la 
guerra de este país. > 



Vamos á describir si no lo más ameno de este Reyno, no lo menos no- 
ble, y abundante en toda suerte de alimentos, en lo que ahora, con las noti- 
as que me asisten propondré á la apetencia, y los deseos de los curiosos, 
cerca de la jurisdicción y partido de Cazabastlán. País, y territorio que aun 
eligra por alguna cercanía, y inmediación al Mar del Norte, que á la distan- 
cia de veinte y tres leguas el último pueblo de la jurisdicción, pudieran en su 
marcha instimulados de su codicia, y ambición los enemigos de nuestra Es- 
paña, penetrando, y venciendo esta distancia invadir y robar éste, y los otros 
que se agregan por confín, mas este tránsito voraginoso y impedido con intrata- 
ble, y larga ciénaga, y con no menos impenetrable montaña, hace defendida 
y asegurada su situación; por sus peligros y impedimentos, procederemos 
cauta y templadamente, por no abrir más camino del que saben á nuestras 
ruynas, y sosobras. Bien que habitando entre nosotros muchos dellos, ingle- 
ses y franceses, prisioneros que detenidos largo tiempo en las cárceles y cala- 
bozos, salen después, no se si por buen gobierno de los que tienen á cargo 
estas materias, á gozar de entera libertad, no solo en lo que ciñe el ámbito, 
y el sitio de esta Ciudad, sino derramados, y comerciando por las Provincias 
y estos además de la poca seguridad y ruin trato que saben observar en las 
materias militares, por cuyo desorden peligran mas las nuestras; casándose 
unos, y no casándose otros, producen de sus juntas la mala semilla de la 
adversión á la estirpe española, que han de heredar sus hijos; y puede ser que 
estos manchados, y pervertidos, con religión corrompida, hagan parecer por 
su generación, menos limpia la christiandad en estas partes donde hasta hoy 

239 



por la grandísima misericordia de Dios ha estado limpia, y incorruptible, y nó 
habrá servido el grande y justo celo de los Reyes que tanto han procurado el 
que no se introduzcan en estas regiones naciones contaminadas de la heregía, 
mirando á que se fundasen y estableciesen unas Ciudades, y Repúblicas muy 
christianas y muy nobles, como lo expresan cathólicamente las Cédulas Rea- 
les, (131) y novísimamente la de 31 de Diciembre del Año de 1672, sobre car- 
iada en ¡27 de Septiembre de 1673, (132) y en 31 de Julio de 1683, que dispone 
que á los cabos principales de los pyratas, se les de muerte de horca, ó pa- 
sándolos por las armas ad modnm belli, y los demás de sus conductas sean 
remitidas con prisiones á la casa de la contratación de Sevilla, cuanto antes 
sea posible, fecha en la Torre de Esteban Ambran en 21 de Febrero de 1685, 
concluyendo sobre lo mismo con sobre corte, fecha en Madrid á 27 de Sepbre. 
de 1686 años, por ante el Secretario Anto. Ortiz de Otalora, de donde resultó 
que hecho prisionero Juan Solea natural de la Rochela y declarado haber 
sido alférez de una tropa de piratas, el capitán General Don Jacinto de Ba- 
rrios Leal, con parecer de su Auditor General, de Don Man. Baltodano, Oidor 
á quien también se remitió su causa, y del Alférez general D. Freo. Maní. 
González, le hizo dar garrote, muriendo en la plaza mayor de Goathemala, 
con muestras y señales de buen cathólico. Mas es desgracia de los Reyes, y 
en especial de los de España, el no ser sus justísimas, y rectas órdenes ejecu- 
tadas, y más á las distancias de su Corte; cuya apartada noticia hace más 
libres los dominios, y las ejecuciones de los que gobiernan los Reynos. 

El Partido de Cazabastlán, de noble, y prolífico territorio, y en su co- 
marca de igual temperamento caliente, y húmedo, en más ó menos gradación, 
según la situación de sus países, si bien más húmedo y enfermo cuanto se arri- 
ma al Golfo Dulce, sitio desapacible y melancólico, de humedísimo terreno, go- 
zando, no menos mal afortunado de las cualidades, que por su inmediación 
le comunica la confinanza de Verapaz, de melancólicas, y húmedas nieblas y 
vertientes como diremos en la Tercera Parte. 

Mas este país de Cazabastlán, ó más enjuto, ó más templado, no recibe 
en sí unas ni otras impresiones, por quedar á su participación la Verapaz 
'muy elevada, y el Golfo Dulce con extremo caído, y reclinado sobre la Mar 
del Norte, y así el temperamento por no infestado así de influencias celestes, 
ni de participación de confinancias por la comunicación de los vientos, es sano 
y saludable á todo género de personas; si bien no excusa la propia naturaleza 
del país á sus habitadores de las descomodidades, que en lo general ofrece 
toda la tierra caliente, y riesgos de sabandijas ponzoñosas, con la molesta con- 
gregación de mosquitos de todos géneros. Mas sin embargo su alegre cielo, 
y lo enjuto de su terreno tiempla en parte estas molestias con apacibles no- 
ches y alegrísimas mañanas. 

Y aunque por la cortedad de su ámbito ofrece poco que pueda ser ma- 
teria á nuestro asumpto, sin embargo bien advertidas las calidades de sus 
cosas son dignas del aprecio y del discurso, porque en la amenidad de sus 
bosques menos breñosos que en la costa, todo lo que consigue la vista en su 
recreo, interesa el comercio en los provechos, que advertiremos adelante en 



(131) Cédula de 1543, folio 56 del Libro 19 de la Secretaría de Cámara. 

(132) Cédula de 1559, folio 186 del Libro 1<? de la Secretaria de Cámara. 

240 



mucho útil de su natural producción, y gran cosecha en la abundancia de sus 
frecuentes pesquerías, que aun por mayores en uno, y otro los provechos pu- 
dieran numerarse, si acaso el dejamiento de los paisanos, se habilitara y pro- 
pusiera á más ganancia, y mayor medra con algo más de aplicación en el tra- 
bajo, mas contentándose con poco aun no consiguen lo preciso. De este país 
las tradiciones ni los autores, y papeles hasta hoy ^vistos, no nos ministran 
las noticias del rendimiento de sus pueblos, para poder asegurar si en aquel 
tiempo entradas por sus confines nuestras armas los debelaron, ó excarmen- 
tados, y advertidos en sus vecinos y aliados, se ofrecieron de paz á la obedien- 
cia, ni en tanta revuelta, y coligación de sus confines tenemos luz del movi- 
miento y los designios de este Partido, ó señorío, por más que nuestra dili- 
gencia ha procurado hallar resquicio á esta noticia. Mas sin embargo si ocu- 
rriere alguna tal que satisfaga le haré lugar donde se pueda sin que inte- 
rrumpa á la materia de este libro. 



CAPITULO II 

De cuales y cuantos Pueblos se compone la jurisdicción de este Corregimiento de 
Cazabastlán, y lo perteneciente á su administración espiritual. 



MARGINALES. — Todo el partido de este Corregimiento tiene dos curas. — Tiene vecin- 
dad española. — Cazabastlán cabecera de Corregimiento. — Su situación. — Caza- 
bastlán cabecera de uno de los curatos. — Número de habitantes de este pueblo. 
— Fué abundantísimo este partido de ganado mayor. — Vuelve a lo de el pueblo de 
Cazabastlán. — Su iglesia parroquial. — Los vecinos españoles de Cazabastlán son 
trajineros. — San Agustín visita de Cazabastlán. — Número de sus habitadores. — Su 
iglesia parroquial. — La Magdalena, pueblo de visita. — Vecindad de este pueblo 
de la Magdalena. — Chimalapa. — Pueblo de San Juan Usumatlán. 



A corto número de pueblos, y á estrecha vecindad se ve ceñida la Real 
Jurisdición de este Partido, y la administración de aquestos fieles, á solas 
dos iglesias parroquiales, mas por el número de los vecinos españoles, muchos 
mestizos, y mulatos, se extienden más las dos jurisdicciones. Que como ya 
apuntamos en el Capítulo VI del Libro precedente, son con los de Chiquimula, 
los de Zacapa de esta Jurisdición de Cazabastlán, los que socorren á la for- 
taleza del Golfo Dulce, en las frecuentes exploraciones de los enemigos p'ratas 
y salen al opósito de sus surtidas, y a'gunas veces sirven como hemos dicho 
de tripular á los navios de registro, que vienen para Honduras, y para estas 
más prontas expediciones, no ha muchos años, que el Corregidor de este Par- 
tido se le confiere el título de Gobernador de las Armas; por cuya considera- 
ción debiera ser la provición de este oficio, no en un cualquiera, sino en per- 
sona experimentada en el manejo de las armas, y de buenas obligaciones, para 
que instimulado del punto, y de la ambición de mayor fama, procurara coronar 
sus acciones con el laurel de los triunfos, pero dejando lo que no es de mi ins- 

241 



tituto paso á decir que el pueblo de San Cristóbal Cazabastlán, es el asiento 
immemorial y cabecera antigua, de sus Correjidores desde el año de 1551, en 
que tuvieron mejor, y más acertado establecimiento estos Partidos, así en los 
términos de sus confines; para obiar la competencia que podía nacer, entre 
los Jueces, como en las más regulares ordenanzas de su Gobierno político, 
y económico. Yace situado á treinta y dos leguas de esta ciudad hacia la parte 
oriental del Septentrión. En sitio llano, con extensión de gran planicie. Bien 
que nemoroso como los. más pueblos de tierra caliente, á causa artificial de 
agricultura, en que esmerados los propios indios vecinos de los pueblos forman 
las cercas de sus casas, y llenan los patios de ellas de gran sombrío de árboles 
frutales, y en especial de los de chicos-zapotes, que extendiéndose á grandes 
copas son muy frondosos y apacibles. 

Es también cabecera de uno de los dos curatos que obtiene el clero en 
este Correjimiento, y el uno se conpone con otros, de este Pueblo de San 
Cristóbal Cazabastlán, con la feligresía de ciento cinco indios tributarios en- 
teros que corresponden á la cuenta de cuatrocientos y veinte habitadores por 
el número de sus familias, y el de sesenta y ocho ladinos, que así llamamos 
en los pueblos de indios, á los que son españoles, mestizos, mulatos y negros, 
á diferencia de los indios que solo hablan su materna, y estos ladinos llegando 
por sus familias al número de doscientos y setenta y dos le forman con el 
de los indios de seiscientos y noventa y dos habitadores, de este pueblo. Más 
de la parte de los ladinos, la mayor della gente tan pobre, y miserable, que 
solo vive de los salarios de pocas vaquerías que han quedado en esta jurisdic- 
ción, en que ordinario se ejercitan; habiendo sido antiguamente numerosísi- 
ma de ganado mayor, en muchas y excelentes haciendas de campo, de gran- 
dísimo aparato de cacerías, y numerosidad de esclavos. Mas séanos lícito 
interrumpir el hilo de lo que antes decíamos por proponer alguna luz de la 
ruyna y asolación de estas haciendas, que fué por ocasión de su abundancia, 
dándose mucho ganado al cimarrón y vuelto arisco; para cuyo remedio fué 
preciso reducirlo á la jarretadera, y por aqueste daño y su remedio fué nom- 
brado por Juez general de la jarretadera, Don Rodrigo de Fuentes y Guzmán, 
mi visabuelo, por el año de 1608. Cuando ya cierto mulato en esta parte de 
Cazabastlán dejaba casi estinguida esta crianza, y de su habilidad de este va- 
quero diremos después por memorable lo que se ofrece, y por ahora vol- 
viendo al curso de lo que íbamos proponiendo acerca del Pueblo de San Cris- 
tóbal Cazabastlán, tiene su Iglesia parroquial, de buena fábrica y grandor, 
y en cuyo modelo, y artificio no falta lo decente ó lo preciso, á la veneración 
y atento culto. La capilla mayor tiene de bóveda, de buena y firme architectu- 
ra, y lo demás al resto de el cuerpo de la iglesia, de artezonados de cedro, y su 
techumbre cubierta de buena teja, tiene un retablo de gran decoro, y hermo- 
sura, que cubre y autoriza toda la parte de la testera, ó cabezal del templo, 
con otros colaterales por las naves que son altares de cofradía, que logran al 
esmerado cuidado de sus curas. Buenas, y numerosas estancias de ganado 
mayor, y crianza de yeguas, como ten su comarca otras de este género, que per- 
teneciendo á vecinos españoles de este partido, sirven á mantenerlos, y gran- 
jear, ayudados de buenas y considerables recuas, que sirven al tragín de las 
mercadurías, que vienen al Golfo Dulce. Con que también estos españoles, 

242 









y ladinos feligreses, ministran buenas obenciones, derechos, y limosnas á su 
párroco y tienen para sus cofradías, no pequeñas, ni limitada ayuda los in- 
dios; en lo demás del pueblo las casas todas son pajizas en su techumbre y 
de pobre y baja materia sus paredes. 

Mas como quiera que otros pueb'os sus inmediatos al de Cazabastlán, 
no ofreciesen posibilidad á la formación de otro curato separado, ó por cortos 
en la calculación de sus vecinos, ó por no muy distantes, ni impedidos en el 
tragín de sus caminos, pareció el agregar desde el principio de su erección á 
este curato el pueblo de San Agustín, que pertenece á la corona; que tiene hoy 
por su moderna tasación corriente, ciento y noventa y tres tributarios enteros, 
cuyo número de vecinos aumenta en sus familias al de setecientos y setenta 
y dos habitadores, de este pueblo. Cuyo sitio de grande y dulce amenidad, por 
su fertilidad y sano temperamento, con grande sombra y abundancia de mucha 
vitualla, se hace más grato y apasible á la congregación, y sociedad de sus 
habitadores. Está este pueblo dos leguas solas de su cabecera, con un peque- 
ño arroyo que atraviesa. 

Tiene buena y capaz iglesia, cubierta de teja, y afianzada sobre buenos 
fundamentos con las paredes de adobes, su sacristía no escasa de ornamen- 
tos, aun no pasa de los precisos, y su retablo es lo decente para un pueblo de 
visita; en lo demás de cofradías, aun no podremos dar satisfacción á los de- 
seos, ni á los propios, que instimulando á nuestro celo, procuran satisfacer 
á los ajenos; porque es verdad que á costa de gran fatiga es cuanto escribo 
de los curatos del clero que aun para esto que es de su crédito y su fama pa- 
drón eterno, y memorable, se niegan los archivos eclesiásticos, y aun muchos 
curas de partidos á dar noticias semejantes, y ya que nos las dan, y comuni- 
can son diminutas, y concisas, y hacen detenido y lento todo el progreso de 
esta obra por esperar á sus papeles, y apuntamientos de sus feligresías; todo 
el resto de acerca de aqueste pueblo, es como el de la cabecera con las cu- 
biertas de paja, sobre paredes de adobes, bajas, y estrechas, que en tierra de 
calidad caliente y seca, hace mayor por el abrigo la penalidad del calor, no 
siendo menos molesta su habitación por esta causa de gran bochorno á todas 
horas, como por las demás incomodidades de tierra caliente en la abundante 
producción de sabandijas, y el gran peligro en el Ivierno de temerosas tem- 
pestades, y en este no menos son las pensiones que en los demás pueblos de 
visita de este curato, como el de la Magdalena, de temperamento y cualidades 
correspondientes á los referidos; tierra montuosa y cerrada de grande breña, 
y espesura, y en el tránsito voraginoso de unos á otros pueblos, el grave im- 
pedimento, y cierto riesgo de caudalosos, y nobles ríos, que cortando y atrave- 
sando la tierra por varias partes con madres profundas y tortuosas hacen 
el referido estorbo á su camino de esta administración, mas sin embargo del 
gran trabajo de sus sendas en el buen celo de su cura no se echa menos en 
la doctrina, y prompta administración alguna cosa. Bien que en el ornato y 
en la fábrica de su templo, ó por muy pobres los feligreses, ó por no bien ade- 
cuado aquel terreno para la fábrica de la teja, se ve cubierto de palma sobre 
la pobre materia en sus paredes de unos adobes desnudos, y sin repellos, ó 
argamazones que los cubren, mas en este de que hablamos menos trabajo le 
ocasiona la cercanía de su asiento á una sola legua de distancia; el número 

243 



de feligreses de este pueblo de la Magdalena según su última tasación de 
tributarios enteros es el de cincuenta y cinco vecinos, que corresponden sus 
familias al número de doscientos y veinte habitadores, gente pobre por care- 
cer de trato, y grangeria de los cacahuatales, que es en las tierras calientes 
lo que abastece, y colma de bienes temporales á los indios, hace más llena 
y numerosa la vecindad de aqueste pueblo de la Magdalena, los feligreses 
que se le agregan de ladinos, que siendo cuarenta y tres, hacen el número de 
ciento y sesenta y ocho habitadores deste género. 

El pueblo de San Sebastián Chimálapa sito á pequeña distancia del pue- 
blo de la cabecera Cazabastlán, pues solo se aparta á dos leguas del llano, 
y mucho camino, bien que de Ivierno impedido, y atollado con pantanosos ba- 
rriales, y cienaguillas de voraginoso, y pesado tránsito, y en este tiempo más 
peligroso y arriesgado á causa precisa del esguaso del río grande de Cazabas- 
tlán, de grande y profunda madre, y de rápido y arrebatado curso. Su poblazón 
de este lugar, es de corta y pobre vecindad, que se numera con tan estrecho 
cálculo la esfera de su padrón, que <solo llega al de trece tributarios medio en- 
teros, y al de sus habitadores el de sesenta y cuatro por el número de familias. 
Su iglesia Parrochial pobre y estrecha, igual en su tamaño á la materia de 
una cubierta de palma sobre paredes de adobes, y así su sacristía exhausta 
y desnuda le corresponde en su miseria á la pobre materia de la Parrochia. 
Cosa es sin duda la que escribo en orden á la pobreza y el descuido de los 
altares en algunos de semejantes pueblos de visita, que me hace grande 
lástima y dolor, el contemplar su desaseo, pues en algunos dellos, aun quizás 
con menor disculpa, que otros más pobres que los que digo, he visto los atriles 
formados de varas y cordeles, cuando de madera blanca de cedro, ó de otra 
alguna de las muchas preciosas que se producen en los montes aun pareciera 
imperfección, pero al fin fueran decentes aunque pobres; de donde se puede 
discurrir cual será el demás arreo, para culto tan sagrado; mas no pudiendo 
remediarlo ni mi caudal, ni la autoridad de mi ocupación, paso adelante en 
lo que resta, para decir que otro y el último pueblo de visita de este Curato, 
sujeto como los otros referidos por lo que mira en lo temporal al Correjidor 
de Cazabastlán; es el de San Juan Ozumatlán, que yace distante de la cabe- 
cera, algo más de tres leguas de camino, más en el tránsito, y pasaje de su 
jornada no se atraviesa impedimento de río que le haga estorbo; bien que es 
molesto en el ivierno con lodos y sartenejas, que se ocasionan de los rebalsos 
de la llanura. Su vecindad algo mayor que la de Chimálapa, con mejor plan- 
ta, y más disposición de policía, que ocupa la habitación y casería de diez y 
siete tributarios enteros, y sesenta y ocho habitadores la hacen menos soli- 
taria y melancólica que lo que promete lo umbrío, y breñoso de su contorno, 
en cuyo sitio con corta y lenta grangeria, vive muy pobre y abatida la vecindad 
deste Partido, por que faltando á su comercio el mejor fruto, que es en aques- 
tas partes el cacao, para los pueblos situados en la porción de tierra que es 
caliente ninguna cosa satizface para engrosarles el caudal; porque este es 
poco y se consume en lo que para sí necesitaba la Provincia. 

244 



CAPITULO III 
Que prosigue la materia y orden de los curatos del Partido de Cazabastlán. 



MARGINALES. — Curato de Zacapa. — Los clérigos fueron los primeros que predicaron el 
Evangelio en este reyno. — Los vecinos españoles deste partido de que provecho son. 
— Riquezas de las iglesias en general. — Sta. Lucia del Corregimiento de Chiquimula 
es sujeto a este Curato. — Vecindad pobre y miserable. — Su iglesia es corta y sin 
adorno. — Gualán abreviado de vecindad. — Su iglesia de paja y bajareque. — Rio de 
Gualán y al entrar a la Mar del Norte de Motagua. — Número de los habitadores 
deste Partido. 

I 

No será fácil ni hacedero proceder muy conciso, ni ceñido tratando 
esta materia de curatos, y el punto de jurisdicción ó regalía, ó porque importe 
á las noticias eclesiásticas en algún tiempo, ó por que á la temporal jurisdic- 
ción, ó al Real haber sirva algún día; que aunque hoy experimenta mi vigi- 
lancia mucho descuido en los antiguos en no escribir estas materias, ó más 
circunstanciadas, ó más claras. Entramos ahora á perpetuar de otro curato 
que es Zacapa, las circunstancias, y noticias de su partido. También sujeto 
á cura secular desde el principio, en que se sujetaron y rindieron á la Suprema 
potestad de la Iglesia los indios de este territorio, como otros muchos de 
este Reyno, á quienes y á los demás en general, les anunciaron y dieron la 
luz del Evangelio, el Padre Juan Godínez, Juan Díaz, y Francisco Hernán- 
dez, Capellanes del ejército, que prosiguieron y continuaron en su compa- 
ñía, el Venerable Marroquín, los Padres Don Juan Alonzo y Juan Gascón, 
primeros apóstoles deste Reyno como diremos adelante. Es el pueblo de San 
Pedro Zacapa cabecera del beneficio de su nombre, cuya significación, no 
sé con cual motivo, es la de río de zacate, ó río de yerba, para más clara ex- 
plicación; es pueblo numeroso y crecido respecto de los otros desta jurisdic- 
ción de Cazabastlán. Mas sin embargo no pasa de doscientos ochenta y seis 
indios tributarios enteros, que llegan al número de mil ciento cuarenta y cua- 
tro habitadores de esta nación; fuera de ciento noventa y dos ladinos feli- 
greses vecinos deste pueblo y otros sujetos á su parrochia de otros pueblos 
de su visita, que son por el rateo de sus familias, setecientos y sesenta y ocho 
habitadores, gente que hace y constituye buen beneficio á la grande exten- 
sión de las Provincias, con resultancia á la tranquilidad y seguro de su co- 
mercio, ó porque estos asisten en ocasiones oportunas á la defenza de la 
tierra, ó porque, con el ejercicio de tragineros dan toda la providencia nece- 
saria par la conducción de los frangotes, y retorno de frutos de la tierra. La 
Iglesia Parrochial de Zacapa es de excelente materia, y de arte muy regular 
en la ejecución de su traza, más no de otra manera que la de Cazabastlán, 
con la capilla mayor de bóveda, y el resto de su techumbre de buena teja, 
retablo primoroso y de mucho decoro, con otros colaterales de cofradía, 
y muy decentes y preciosos adornos de sacristía; en que la verdad en estos 
pueblos que lo permiten por numerosos y ricos, de la administración del 
clero y de la de los religiosos se luce el grande esmero, y vigilancia que ponen 
en adornar sus sacristías de gran riqueza; pues apenas (como ya me parece 

245 



lo hemos dicho) hay alguno de cabecera sin frontal, y baldoquín de plata 
de martillo, fuera de los candeleros, blandones, lámparas, cálices, cruces, 
vinajeras y ciriales, con otros muchos frontales bordados y vestiduras sa- 
cerdotales de gran precio, buenos órganos, y en sus torres numerosa música 
de campanas. Sus tributarios contribuyen por la encomienda del consejero 
Don Diego de Cárdenas al convento de religiosos del lugar de colmenas, por 
la vida de una, en buenos y muy corrientes frutos, como cacao, maíz, gallinas 
y dinero, como otros muchos y los mejores encomendados á personas que 
están en España, con grande ruina y daño de estos Reynos de las Indias, 
que cada día caminan á gran pobreza, sin posible de poder restaurar lo que se 
pierde. 

Otro pueblo de los que componen este curato de Zacapa, es sujeto en 
la jurisdicción temporal al Correjidor del partido de Chiquimula, como diji- 
mos en el Capítulo sexto del Libro Cuarto de esta Segunda Parte, hablando 
del curato de Jutiapa, en lo que se ofrece acerca del Pueblo de Santa Lucía, 
que pertenece á este Beneficio curato de Zacapa, y de quien no menos ahora 
como en su más propio lugar se nos ofrece decir, que es poco numroso de 
pueblo, como los más que son de la administración de los clérigos, mas sin 
embargo fuera apetecible su administración, si como otros de esta proporción 
de las visitas de religiosos y como este de Santa Lucía fueran dueños de ca- 
cahuatales y plantilles de vaynillas, que los hacen atesorados. Mas estos 
vecinos de Santa Lucía, gente es tan pobre y miserable, que aún no acaudala 
en grangería como cubrir con modo honesto, sus personas, pues cuanta más 
será la deficiencia y la miseria, para poder adornar su Parrochia, ello se dice, 
y nos excusa de referir su corto arreo, ó porque desperdician sus cosechas, 
ó porque viven olvidados de su ingenio, y todo corresponde en igual grado 
á la abreviada vecindad de su parroquia, que solo se compone y se numera 
por el padrón corriente y más moderno de treinta y un indios tributarios, co- 
rrespondiente al corto número de ciento y veinte y cuatro habitadores. El 
de San Pablo de este curato, pueblo también sujeto y adyacente, que yace si- 
tuado entre los de Santa Lucía y Zacapa, haciendo tránsito y escala de esta 
Jurisdicción á la de Chiquimula de la Sierra, lugar corto y miserable, que 
ni con los avíos, ni bastimentos puede servir á los pasajes, porque compuesta 
su breve y pobre vecindad de solos catorce tributarios ni llega á más habita- 
dores de cincuenta y seis, ni en el servicio personal de su cuarta pudieran 
dar asistencias de común sin cierta ruyna y destrucción de su poblado. Mas 
procediendo á terminar deste Corregimiento de Cazabastlán, por sus curatos, 
el abreviado número de sus pueblos, se finaliza y se corona la potestad de las 
dos jurisdicciones con el que llaman de Gualán, solo apartado á veinte leguas 
del Golfo Dulce, pueblo abreviado y muy ceñido, así por la corta extensión 
de su poblado, como por el cortísimo número de sus vecinos, que en sus pa- 
drones el moderno, y según instrucción de la Contaduría solo se le atribuye 
el número y la esfera de veinte y ocho indios vecinos, tributarios enteros, que 
según esta cuenta en sus familias le llega el número de ciento y doce habita- 
dores, por la pobre congregación de casería, y según la calidad de su posible, 
y corta cantidad de sus vecinos, es la esfera y posible de su iglesia, de tan 
grosero material en sus paredes como en las otras ya apuntadas de visita, 

246 



de adobes, que sin arte y sin aseo le dan asiento y formación á su techumbre, 
de varas y bejucos que las unen, para cubrirse, y abrigarse de la frágil materia 
de la palma, y así al respecto sus adornos, y sobre tanto extremo de pobreza 
(que hace considerar sus obcnciones) se aumentan las molestias á su cura 
en trabajoso y áspero camino, con el impedimento y el peligro del grande y 
noble río de Gualán que se atravieza, con ancha y profunda madre á su ca- 
mino. Y este grande y prodigioso río, con grandes tornos, y agregados atra- 
vezando inmensa tierra y gran viaje, va á introducirse al mar del Norte, por 
dos bocas que entrando la una por Omoa, la otra toma su introducción por 
Puerto de Caballos; cuyos peligros ó conveniencias á la entrada de su na- 
vegación, aún no advertidas de la frecuente exploración de nuestros enemigos, 
de propio intento y advertencia omito cuidadoso á su malicia. Todo el Partido 
y poblazón de este Corregimiento, en los siete pueblos de su administración 
temporal se cifra en corto y limitado número de seiscientos, y noventa y siete 
indios tributarios, y el de trescientos ladinos que en unos y otros se produce 
el de cuatro mil habitadores. Mas por razón de lo espiritual en lo que alcanza 
á la jurisdicción de sus dos curas seculares, se extiende á mayor número por 
el que se le agrega del pueblo de Santa Lucía; puesto que alcanza al de cuatro 
mil ciento veinte habitadores, de unos y otros moradores de estos pueblos. 



• CAPITULO IV 

De lo mucho qce se le debe al Clero en el Catequismo de los indios, desde el tiempo 
de la Conquista, hasta este en que escribimos. 



MARGINALES. — Gran trabajo de los primitivos religiosos en la predicación del Sto. Evan- 
gelio. — Mucho mayor trabajo el de tos clérigos que pisaron la tierra antes que 
otros. — Primeros clérigos operarios que se ejercitaron en esta Santa obra. — Gran- 
des trabajos de estos clérigos. 



Mucho sin duda trabajaron en esta viña agreste, y montuosa, plantada 
ó producida en las malezas y en las breñas de impenetrables arcabucos, los 
religiosos de misión, que á grande costa, y diligencia del Rey de España 
Nuestro Señor, pasaron á esta grande, y crecida porción de América; donde 
en lugar de hombres domésticos, y tratables hallaron, fieras indómitas y 
traydoras (que tales eran los indios estos bárbaros) á quienes á más de 
domesticarlos, y instruirlos en los puros, y santos dogmas de nuestra Santa 
Fé Catholica, era necesario imponerlos en las racionales costumbres, y en 
el modo político para mantener sus Repúblicas, pasando á tanto este trabajo 
con algunos, después de retirárseles á las montañas varias veces, que hasta 
en el modo de cultivar la tierra, y hacer sus sementeras era necesario, que 
estos venerables varones con el trabajo de sus personas los industriasen, 
y advirtiesen, y esto era en tiempo que aun para sí no tenían habitaciones, 
sino unos tugurios muy estrechos, ó unas barracas muy pobres de varas y 

247 



hojas, y que para buscarlos y visitarlos de unos parajes á otros andaban las 
distancias sin caminos, ni sendas abiertas, sino por los zarzales, y las bre- 
ñas, y sin otro alimento, ni regalo, que unas tortillas ásperas, y secas de 
maíz; yervas silvestres, y cuando mucho regalo unos pocos de frízoles, y se 
hallaban como en el desconsuelo y soledad de los páramos, divididos las más 
veces unos de otros á distancias muy crecidas, sin otra compañía que la de 
algún indio el más hábil ó entre los otros el que más procuraba parecer afi- 
cionado de los Religiosos, sin más fianza de su buen obrar que decirlo él, 
y asegurarlo con reverencias ceremoniosas de su estilo. 

Intolerable es á mi ver este penoso modo de vivir, y este perseverar 
entre los indios los religiosos de aquel tiempo, y cualquiera tendrá por mila- 
groso el conservarse y mantenerse con tan extraño modo de habitar en tierra 
extraña, y con alimentos no menos nuevos y ligeros; pues cuanto más sin 
duda sería penosa é insoportable la grave carga que echaron á sus hombros, 
el venerable Sacerdote Juan Godínez, capellán benemérito del ejército, y 
primer cura de Goathemala, (134) y el Padre Juan Díaz, que fueron los pri- 
meros ministros del Evangelio, que pisaron tierra de este Reyno, y que sin du- 
da como grandes y desvelados operarios, con la predicación y santo celo 
empezaron por medio de los intérpretes á sembrar la sazonada semilla de 
la Divina Palabra, y á catequizar é instruir á gente tan bárbara, y tan ruda, 
como los indios, disipando y destruyendo de sus corazones las malesas y ?as 
espinas de sus abusos y de sus costumbres tan bárbaras como obscenas, 
para pasar á administrarles el sacramento del baptismo; en cuya diligencia 
ejercitaron la caridad pastoral con sumo esmero, pues á poco tiempo es cierto 
que ya habían indios cristianos, cuando mandó el Adelantado Alvarado que se 
enterrasen en sagrado, y los gentiles en el campo por preservar sus cuerpos de 
ser pasto de los perros como ya lo referimos en el Capítulo Primero del Libro 
Séptimo de la Primera Parte, y en que no menos al mismo tiempo y ocasión 
de' las conquistas, con otro tanto espíritu, y fervor, por otras partes y terri- 
torios, bien distantes el clérigo Francisco Hernández, se ejercitaba, (135) y 
entendía en tan loable ocupación, y santa obra, siendo preciso que el Cabildo 
y Justicia de Goathemala le recojiese las velas á su celo, mandándole que 
no saliese de la Ciudad, y que asistiese en ella para administrar los Santos 
Sacramentos á los vecinos, señalándole salario muy crecido en el Congreso 
celebrado el día viernes 20 de Agosto de 1529J por que hasta allí alternaban 
de este modo saliendo uno por los partidos conquistados, con sus intérpretes 
á doctrinar á los indios, saliendo otro con el ejército á la expedición que se 
ofrecía, que daba el Padre Juan Gazcón, (13tí) para administrar en la ciudad 
y los pueblos del contorno, en que no solo se ejercitó por entonces, sino que 
en el propio ministerio perseveraba el año de 1548, y por que debió de retardar 
la satisfacción de la congrua de la doctrina, por una Real Provisión se manda 
en Once del dicho año, que la Justicia y regimiento de Goathemala haga que 
los encomenderos se la paguen. 



(134) Libro 1<? de Cabildo.— folio 17 v. 

(135) Libro 19 de Cabildo, -folio 106 v. 

( 136) Libro 29 de Cédula Real del Cabildo.— folio 133. 



248 



Hasta el año de 1539 por lo menos, solo estos sin otra ayuda ni otro 
alivio en tanta viña trabajaron, y formaron el rebaño primero y numeroso, 
y las pobres y primitivas iglesias, que otros hallaron y obtuvieron, y en que 
aun no había tenido parte alguna, el Venerable y docto Padre Don Francisco 
Marroquín, (137) que hasta los 3 de Junio de 1530 entró al cultivo de aqueste 
nuevo plantel y años después el Bachiller Juan Alonzo, del hábito de Santia- 
go (que aunque en la Primera Parte decimos de San Juan, lo cierto es esto), 
como el que hasta entonces solo hubo clérigos. Participaban estos venerables, 
y beneméritos eclesiásticos de todos los trabajos, y miserias de los conquis- 
tadores, en las carestías de vestuarios, y bastimentos, hasta llegarse á man- 
tener con raíces de ortigas, que acá se nombran chichicaste, y muchas veces 
con quequexque raíz nociva y mordicante, y con otras viandas groseras, y 
asquerosas, no perdonando el potzol (que es maíz cocido), y casi siempre sin 
otro alimento, ni apetito que maíz tostado á todos tiempos, igualando el al- 
muerzo y la comida, con la sena de la noche, sin reservarse á los peligros 
de las saetas envenenadas, á las lanzas, ni á las piedras, soles, aguas, yelos 
y trasnochadas, en los rebatos, y alboradas; esguasando el curso de los ríos 
cuando más llenos y crecidos, alojados en estas peregrinaciones en la descu- 
bierta campaña, sin más comodidad, ni más resguardo, que el del soldado 
más miserable, y más desnudo, y con algo más de trabajo, y de fatiga en estos 
sacerdotes, porque en el tiempo de la suspensión de armas de nuestro ejér- 
cito, y que los movimientos de los indios daban treguas, se ejercitaban en 
acariciarlos, domesticarlos, é instruirlos, visitándolos, y buscándolos desde 
unos pueblos á otros, con los peligros y las discomodidades de la distancia 
y fatiga, en tránsito sin caminos abiertos, con cordilleras y lomerías de in- 
mensa celsitud, y por la llanura de los valles metiéndose en las ciénagas y 
los pantanos, que era preciso pasar á pie hasta cerca de las rodillas, y á 
veces á la cintura, teniendo por descanso de estos preciosos trabajos el ordi- 
nario lecho que se usa entre los indios, que son unos catres formados de varas 
desiguales que llaman tapexcos; en que no había colchones que moderasen 
el tormento de aquellas varas torcidas, y desiguales, pues estos ilustres varo- 
nes, caminaban como verdaderos soldados de Jesuchristo, cuando mucho con 
una maletilla, acaso con un par de camisas y unas sábanas de manta, sin otra 
comitiva que la del indio tacayán que los guiaba, y conducía al poblado, que 
solían hallar desamparado de los habitadores, y no había quienes les recibie- 
sen, ni festejasen con arcos triunfales, como á otros, de quienes cuenta cierto 
autor, (138) porque los arcos que vieron y gozaron estos sacerdotes seculares, 
fueron los arcos de las saetas de los indios, con que los recibían al tiempo de 
la conquista de sus países; mas no se nos impute pasión, y amor en este caso, 
en que solo hablamos de esta parte y Reyno de Goathemala, y no de lo de 
México, y el Perú, donde no faltaron religiosos, porque aunque en la Historia, 
que de estas conquistas de Nueva España, escribió mi progenitor Castillo, en 
lo impreso se le atribuye que dijo que en la conquista de este Reyno, andu- 
vieron los religiosos de Nuestra Señora de la Merced, perdóneme el amor, 
y la inclusión que tengo con esta sagrada Religión, porque en todo su borrador 



(137) Libro 2«? de Cabildo.— folio 2. 

(138) Fray Antonio Remesal. 



249 



original no hallo tal cosa, y solo habla en la de México de la venerable per- 
sona del Padre Fray Bartolomé de Olmedo. Y no es para esta militar y sa- 
grada Religión, pequeña gloria el haber sido la primera que se fundó en esta 
Ciudad de Goathemala, y en las ciudades de Chiapa y Comayagua, como lo 
probaremos adelante, y diremos donde le toca muchos ilustres méritos de 
esta santa familia de redemptores porque se le debe mucho y grande agra- 
decimiento. 



CAPITULO V 

Que prosigue la materia del precedente, acerca de lo que el clero trabajó, y consi- 
guió en el catequismo de los indios. 



MARGINALES. — Ocupaciones de los primeros clérigos con grandes trabajos. — Ocúpase 
más número de clérigos en la instrucción de los indios. — El clérigo Francisco Her- 
nández, quiere volverse para España, y la Ciudad de Goathemala no lo permite. — 
Compruébase la pobreza en que vivían. — Sirven los clérigos en la educación y doc- 
trina de los indios 14 años sin Coadjutores, ni ayuda de religiosos. — Antigüedad 
de las Religiones según su fundación en esta ciudad de Goathemala. — Está la Reli- 
gión de Sto. Domingo de paso en Goathemala, y vuelve para México el año de 1538. 
— Da Memorial Fr. Bartolomé de las Casas, acerca del sitio señalado para 
Convento de su Orden a 5 de septiembre de 1539. — Amplía el Cabildo la merced 
del sitio con más extensión de tierra a Sto. Domingo. — Cédula real de su Mag. para 
que se funden Monasterios. — Ultima conclusión que prueba haber sido los cléri- 
gos los primeros ministros de este Reyno. 



No como quiere alguno (sin otra prueba que su antojo) cargados de 
oro, y plata que les contribuía la obención de los indios, que bautisaban, sin 
instrucción ni catequismo como refiere el apuntado Autor, (139) estaban los 
clérigos primeros referidos con gran descanso en esta Ciudad de Goathemala, 
sino que llenos de andrajos y desdichas, con hambre y miserias continuadas, 
allá en los pueblos de Qnetzcitenango uno, y en el de Tecpán Atinan otro, ad- 
ministrando, é instruyendo en la Doctrina Cristiana á aquellos indios, sin otra 
obención, ni otros provechos, que les diesen el oro y plata que se les atribu- 
ye; que el salario que después de la muerte de Don Pedro de Alvarado les 
pagó este Cabildo de la Ciudad de Goathemala, por lo que hasta allí habían 
servido aquellas doctrinas, y desde en adelante por el tiempo que estos pueblos 
y otros del repartimiento de Alvarado estuvieron depositados por su Mages- 
tad en la Ciudad de Goathemala, (140) y el de Quetzaltenango, que Juan de 
Chávez había dejado por el de Xilotepeque á que lo encomendaron el Reve- 
rendo Obispo Marroquín, y el GLieenciado Don Francisco de la Cueva, Gober- 
nadores interinos, en perjuicio de los propios de esta Ciudad de Goathemala, 
sobre que hubo largo pleyto por ambas partes en la Audiencia de los Con- 



(139) Fray Antonio Remesal . 

(140) Libro 3<? de Cabildo.— folio 25 v. 



250 



fines. Y hasta este tiempo se pagó la doctrina al clérigo que en ellos residía 
á costa de los propios de la ciudad, como podrá verse repetidamente por todo 
el Libro Tercero de los Cabildos Ordinarios, y en adelante en alguna parte 
del Libro Cuarto, por cuyos días aun ya parece que había más clérigos en esta 
ciudad, unos venidos de México, (141) algunos de Yucatán, otros de Chiapa, 
y otros de San Salvador, que se distribuyeron á Jutiapa, Yzquintepeque, Gua- 
zacapán, Quetzaltenango, Tecpanitlán, Chialchitán, Yztaguacán, Marma, 
Cotzumalguapa, Xilotepeque, Tequisistlán como cabezas de partido, que ya 
lo eran muy de asiento por el año de 1542, cuando solo el de Quetzaltenango, 
ó Xelajú tenía ochenta mil hombres de armas. 

Mas sin embargo de estar en ellos, y tener el salario competente que se 
les pagaba en oro marcado, todavía aun no se hallaron indicios de que nin- 
guno quedase acomodado, sino es el Padre Francisco Hernández, que habien- 
do acaudalado alguna cosa, trató de volverse para España, siendo necesario 
para poderle detener el que el Cabildo le entretuviese con mucho arte, to- 
marido por pretexto el mejorarle, nombrándole Capellán de la Ciudad á pe- 
dimento de Christobal de Robledo, Procurador Síndico, y dice el Cabildo: 
que aunque no hay exemplar en otra ciudad de tan gran salario le señalaba, 
é señaló cien pesos de oro marcado de ley perfecta. (1 ' ,2) 

Y no menos que este el Bachiller Juan Alonso, del hábito de Santiago, 
necesitó de servir de Provisor al Reverendo Obispo Don Francisco Marro- 
quín, y es tan verdad, que este caballero se hallaba con mucha deficiencia de 
bienes temporales, y que perseverando en Goathemala, consta que el día 24 
de Junio del Año de 1542, no tenía casa en que vivir, pues este día se presen- 
tó en Cabildo, pidiendo le recibiesen por Vicario, y se le diese tierra para 
hacer su casa, y á su pedimento se proveyó : que sea recibido, y en cuanto á 
la tierra no hay á donde, y que cuando se señale cuartel se le dará. (144) 

Esto parece suficiente para entender la gran pobreza con que estos ecle- 
siásticos seculares sirvieron, no habiéndola profesado, que parece mayor 
mérito, que en quien la sigue, y la observa por instituto. Mas siendo mucho 
y grande el que adquirieron para con Dios resta saber que aun fué mayor de 
lo que llevamos referido, permítasenos el dilatar algo la pluma; para decir, 
que sin ayuda, ni coadjutoría de religiosos, sirvieron estos clérigos las doc- 
trinas de los indios catorce años en que consiste el mayor mérito, desde el 
de 1524, hasta el de 1538, pues por el Agosto de 1538, parece estar recién 
fundado el Convento de Nuestra Señora de la Merced en la ciudad antigua, 
á donde entraría, ó á caso por los últimos del año antecedente de 1537, ó á 
los principios del de 1538. Porque parece así del Congreso celebrado el día 
2 de Agosto del año de 1538, según una petición de Francisco López, en que 
dice : que quiere ser Mayordomo del Monasterio de nuestra Señora de la 
Merced, y que así el suplicante como oíros vezinos de esta Ciudad quieren 
hacer la iglesia á su costa, y los adornos de ella, con calidad, que ningún 
Frayle los pueda sacar, ni llebar á otra parte, porque han de ser para el uso 
de esta Iglesia, á que se proveyó : Se le nombra por tal administrador, y que 



141) Libro 3<? de Cabildo.— folio 38 v. 

142) Libro 19 de Cabildo. -folio 106 v. 
144) Libro 3<? de Cabildo. -folio 32 v. 



251 



haga obligación. (145) Y no parece en otro Cabildo alguno desde la fundación 
de esta Ciudad, hasta el año de 1538 citado, otra noticia de esta Religión, en 
el Libro Segundo, ni en el Primero de los que contienen los cabildos ordina- 
rios, y de las otras Religiones fundadas en esta Ciudad nos aseguran y no- 
tician estos libros, que la de mi Patrón San Francisco entró á fundarse en 
ella por el mes de noviembre de 1540, y en cuya certeza, y seguridad, aun 
los propios ehronistas de esta seráfica familia convienen entre si mismos, 
y se conforman en que haya sido su fundación de este convento de Goathema- 
la el referido año. 

Mas como quiera que estas religiones, por el propio mérito, que en ello 
consiguen, pretendan compitiéndose la antelación, y preferencia, por la an- 
tigüedad de cada una, en que se debe estar á los Libros de Cabildo, que son 
en lo auténtico lo más seguro, autorizado, y cierto de aquellos tiempos, en 
que eran los Cabildos el tribunal más superior, y á donde no solo estaba radi- 
cada toda la jurisdicción real, sino quien con su expreso consentimiento daba 
el sitio para la fábrica, y todo el fomento para el ingreso de estas religiones, 
no hay otros testimonios, que aseguren, y afirmen lo que llevamos dicho. Y 
lo que parece de la fundación del Convento de el Señor Santo Domingo, glo- 
ria y honor de España, que habiendo pasado á estas partes, no puede hallarse 
que cierto autor de esta Orden, que quiere establecer su fundación por el 
año 1530, cite para ello algún Cabildo de aquel año, ni de los antecedentes 
que conduzcan á este punto, porque no se habla de esta religión, ni con mu- 
chos años después, y asi se vale tratando del P. Fray Domingo de Betanzps, 
de cabildo en que se acordaron materias muy diversas y distantes, como de 
ordenar á los oficiales del Rey, que en virtud de Cédula de su Magestad, (146) 
proveyesen la tierra de ministros eclesiásticos, y la iglesia* de ornamentos, 
del procedido de los diezmos, ó que el Cabildo lo retendría en sí para el 
efecto, como parece del Cabildo de 20 de Julio de 1530. y pasa luego á decir 
que el referido Padre, quitó con comisión del Reverendo Obispo de México, 
Don Fray Juan de Zumárraga el Curato de San Salbador al Padre Francisco 
Hernández y que puso en su lugar á Antonio Gonzáles Lozano; y estas cosas 
no comprueban, ni tienen conexión con la fundación de Conveto. 

Pero no sin gran malicia pudiéramos negar que por el año 1538, hubieran 
aportado estos religiosos de Santo Domingo con ánimo, de fundación á esta 
Ciudad; y que para ello, se les asignó y midió sitio muy competente, y por 
entonces se contentaron con la posesión que aprehendió del sitio el Padre 
Fray Domingo de Betanzos, y tomó la vuelta para México ; de donde había 
venido, luego que llegó á aquella Ciudad por cuya Provincia había ido á 
Roma á negocios de la religión, hallándose á ver celebrar la elección de Maes- 
tro General de la Orden, que se hizo en el Maestro Fray Juan Fenario. Y en- 
tonces esta casa quedó en poder de un secular español, Agustín de Salablanca, 
y después este incansable varón Fray Domingo de Betanzos se hallaba en la 
Isla de Santo Domingo por el año de 1534, que fue en el que el Licenciado 
Casaus recibió el hábito de Santo Domingo en el Convento de aquella Ciudad 
de la Española, á quien se halló presente el Reverendo Padre Fray Domingo 



(145) Libro 2<? de Cabildo.— folio 115. 

(146) Libro 1<? de Cabildo.— folio 141. 



252 






de Betanzos. Mas como quiera que sea muy cierto el que esta Religión no se 
fundó y estableció por entonces con el asiento de religiosos moradores, lo 
comprobamos con que el año de 1534, que pasaron á fundar al Perú, habiendo 
de ser preciso embarcarse en el Puerto del Realejo, m7) vinieron á esta Ciu- 
dad de Goathemala, y en ella les rogaron sus vecinos, y el Cura Don Fran- 
cisco Marroquin, que quedasen á fundar, sin que estos ruegos pudiesen con- 
seguir del Padre Fray Bartolomé de las Casas más detención que la de quince 
dias; de donde podremos discurrir que por entonces aún no estaban funda- 
dos, y por todo este tiempo, aunque tenían sitio para la fundación, no asis- 
tieron de asiento en Goathemala, sino de paso para el Perú, y de aquel Rey- 
no, por este, para el de México; y que por los fines fiel año de 1539, aun no 
estaban fundados, como lo comprueba bastantemente una petición original 
de Fray Bartolomé de Las Casas, que está en el Archivo Secreto de las tres 
llaves del Cabildo de esta Ciudad que dice así: (148) 

Magníficos Señores: 

Fray Bartolomé de las Casas vicario de esta Casa de Santo Domingo 
desta Ciudad de Gaatimála. supiica á vuestras mercedes, y dice que por 
cuanto él, y los Frayles de la dicha casa estando ausentes, habiendo ido al 
Capítulo Provincial, que se celebró en la Ciudad de México de la dicha Orden 
se entraron ciertos vecinos de esta Ciudad en el sitio de dicho Monasterio, 
y dentro de los límites del sin su licencia, sembraron sementeras, hicieron 
casa, ó chozas para sus indios á manera de milpa, ó estancia, usurpando las 
tierras del dicho Monasterio como parece al presente, y es á todos público, 
y manifiesto porque los límites del sitio dicho ¡están ; y son notorios á toda la 
Ciudad, por una parte la cerca que tiene al presente, y por otra la que han 
tenido que se la han desecho no estando los religiosos presentes, y por la otra 
parte los sauces y estanque, y acequia, que el Padre Fray Domingo de Be- 
tanzos por sus manos hizo como es notorio. Por tanto á vuestras mercedes 
suplico manden con pena salir á cualesquiera personas que se les hayan en- 
trado en la tierra de dicho sitio y Monasterio y se la dejen libre, y desemba- 
razada quitando las dichas mieses, milpas, ó casa, ó estancias, ó lo que son, 
porque se tiene el dicho Monasterio por agraviado dello, y vuestras mercedes 
manden poner límites claros y señalados con su autoridad para que todos 
sepan las dichas tierras, y las demás pertenencias al dicho monasterio. Asi 
mismo á vuestras mercedes suplica que porque dicho monasterio está asenta- 
do en lugar húmedo, y enfermo, y querría pasallo en lugar más alto y más 
cercano á la Ciudad, asi por la sanidad de los frayles, como por el descanso 
de los vecinos, y porque haya mas aparejo para la doctrina de estas gentes 



(147) Fray Antonio Remesal.— Libro 3<?; Capítulo 4<?— folio 1. 

(148) Libro de Cartas.— folio 18. 

253 



naturales, que á vuestras mercedes plega con su autoridad de le señalar el 
lugar más conveniente para lo susodicho, porque desde luego quiere entender 
en ello, en todo lo cuál vuestras mercedes harán servicio á Dios y á los reli- 
giosos de dicho monasterio merced, y lo que á sus magníficos oficios perte- 
nece. — Fray Bartolomé de las Casas. 

Y parece del grande celo, y piedad de las personas que componían la 
grave autoridad del Cabildo, haber ampliado entonces la merced hecha á 
esta Religión, con mayor y mejorada extensión de sitio, que se ha de consi- 
derar muy á satisfacción de estos Padres, pues se contentaron con lo que 
entonces se hizo. Porque á las espaldas del referido escrito se halla asentado. 
Fray Bartolomé de las Casas en 5 de Septiembre de 1539 años. Y luego des- 
pués de esta inscripción prosigue un decreto de comisión, según estilo ordi- 
nario que dice : que lo vean Antonio de Salazar é Juan de Chávez, é declaren 
como se debe hazer, y pasando los deputados á la vista de ojos, en cumpli- 
miento de la comisión conferida, dice el Escribano : Fueron, y en 10 de sep- 
tiembre de dicho año acordóse que se deje para otro Cabildo. 

Mediaban por entonces las noticias de la llegada del Adelantado Don 
Pedro de Alvarado á Puerto de Caballos, de la vuelta de España, con nueva 
merced de esta Gobernación, y esta materia ó como la más importante, ó 
como la más displicente al Gobernador interino Juez de Residencia que por 
entonces era el Liedo. Alonso Maldonado, hacia detenidos, y suspensos todos 
los demás despachos, teniendo ya muy inmediata la entrada del Adelantado 
en esta Corte, pues solo mediaba el tiempo que hay desde 10 de Septiembre 
al día 16 del dicho mes del año de 1539, que fué la de su entrada, y ingreso 
en el Ayuntamiento. Y en este propio día prosigue el último decreto de la 
petición referida, que dice : en 16 de Septiembre del dicho año se les dio el 
sitio, y púsoseles estaca á la esquina de arriba, y va hasta lo de Luis de Vivar, 
é hasta la esquina del mesmo monasterio, que está hacia la Ciudad* con todo 
lo demás que se tenía de antes. (149) Y se hace bien creíble que por este año de 
1539, se tratase con algún calor de esta fundación, porque hasta entonces, no 
habrá quien pruebe que los Gobernadores, ni sus lugares-tenientes, ni los Ca- 
bildos, tuviesen sueltas las manos del poder para permitir semejantes esta- 
blecimientos y fundaciones de monasterios, y sería entonces como ahora donar 
el sitio, y las rentas, para solicitar la licencia en el Consejo; porque en el 
círculo temporal de diez y ocho meses, bien cabe con buen suceso de navega- 
ción el haberse recibido la Cédula General de 26 de Febrero de 1538, cuyo 
tenor por muy conciso no excuso de referir á la letra : 



LA REYNA 

Nuestro Gobernador, é Juez de Residencia de la Provincia de Goa- 
themala. Yo he sido informada, que al servicio de Dios Nuestro Señor, é 
instrucción de los naturales de esa tierra, conviene que se hagan en ella al- 
gunos Monasterios; porque por experiencia se ha visto el mucho fruto que 
han hecho los Religiosos, que en esas partes han estado, y están, é visto por 



(149) Libro 2<? de Cabildo.— folio 175. 

254 



los de nuestro consejo de las Indias, y cuanto Dios nuestro señor será servido 
de se hazer los dichos Monasterios fué acordado que debíamos mandar dar 
esta mi cédula para vos, é yo túbelo por bien, porque vos mando que proveáis 
cómo en los pueblos de esa Provincia qe. os pareciere, que lo puedan sufrir, 
se hagan en cada uno de ellos un Monasterio de una Orden, y no más, y que 
para la obra, é edificio dettos ayuden los Yndios comarcanos, con la menos 
vexación suya que se pueda. Fecha en Valladolid á 26 días del mes de Fe- 
brero de 1538 años. 

YO LA REYNA, 
Por mandado de su Magestad, 

JUAN VASQUEZ 



Con que parece que habiendo fundado esta Religión por el año refe- 
rido de 1538, y la que con más antelación por el de 1537, por lo que toca á 
la doctrina de los indios, es bien claro el que en trece ó catorce años que 
corrieron desde el principio de la conquista y fundación de esta ciudad de 
Goathemala por el año de 1524, solo tuvieron el gran trabajo de su catequismo 
y doctrina los clérigos que vinieron con el ejército, y los que después se les 
agregaron, con los intolerables trabajos de ser los primeros operarios que 
sembraron la semilla del Evangelio entre los indios, allanando las dificul- 
tades, que sus silvestres entendimientos ofrecían, y más en naturales tan 
voltarios como los de esta nación; para que estando más pulidos, más domes- 
ticados, y más enseñados á nuestro estilo, tuviesen menos que hacer, y que 
trabajar los ministros que después entraron en esta administración, en que 
hasta hoy, loable, y atentamente continúan los seculares y regulares, y en 
que parece haber sido los últimos, que asentaron con comunidad en forma, 
y como dicen de pie firme, los religiosos del Señor Santo Domingo, porque 
aunque por el año de 1539, se halla presentada la petición que queda atrás, por 
el Padre Fray Bartolomé de las Casas después Obispo de Chiapa, es de adver- 
tir que en todos los Congresos celebrados desde el día 27 de Julio de 1524, hasta 
el día 10 de Marzo de 1543, no se halla cosa alguna perteneciente á esta Reli- 
gión, que se tratase en Cabildo, hasta el referido Congreso de 10 de Marzo, 
en que ya se habitaba este nuevo sitio, en que dice el Cabildo Justicia y Regi- 
miento, que : por cuanto el Monasterio de Santo Domingo vendió el sitio que 
se le había señalado en la Ciudad Vieja sin poderlo hacer, habiéndole dado 
tierra en la nueva traza, que se notifique á Francisco Luis comprador, no la 
edifique, pena de que se le demolerá y de cincuenta pesos de oro. (150) 



(150) Libro 3<? de Cabildo. -folio 56. 

255 



CAPITULO VI 

De la situación, y confines de este Corregimiento de Cazabastlán, ríos, y arroyos 
de la jurisdicción. 

MARGINALES. — Circunvalación de este Corregimiento. — Sus confines. — Ríos de esta 
jurisdicción de Cazabastlán. — Río de Sauze y labadero antiguo de oro mudado el 
nombre en río de Plátanos. — Río de Aguacaliente y otros ríos. — Río grande de 
Cazabastlán. — Río Hondo. — Río de Zacapa. — Río hermoso y excelente de Gua- 
tón. — Río Motagua. — Entra en dos bocas al Mar del Norte. — Omítese la decla- 
ración de ellas por ciertas causas. 



Tenemos advertido en otra parte, que cuanto sea indispensable á nues- 
tro asumpto el extenderse á grande variedad de descripciones, que por di- 
versas y distintas, casi me precisan en cierto modo á describir miseláneas, 
mas siéndome preciso, y necesario eslabonar las partes, y los miembros de 
este gran cuerpo de provincias, aun no podremos hacer menos que señalar 
de sus confines los términos, y lindes, mas seguros y así como hemos re- 
ferido de los demás partidos sus linderos, debemos noticiar á los curiosos 
de los que parten, y dividen á este de Cazabastlán de los demás sus inmedia- 
tos ; porque éste circunvala en sus ejidos y términos notorios por su Gobierno 
de partido, noventa y siete leguas de tierra, útil y admirable, divide y parte 
jurisdicción por la parte que mira al sudueste con el Corregimiento del Valle 
de esta Ciudad de Goathemala, hasta más adelante del río de la Chorrera, 
donde terminan ambas jurisdicciones, y por la que corre desde el Oeste al 
Noroeste con tierra y jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Tezulután, ó Ve- 
rapaz, y desde allí por todo lo que mira por la parte del Norte, hasta el Levan- 
te con lo que es pertenencia de tierras de la Alcaldía mayor de Amatique, ofi- 
cio anexo á la castellanía de El Golfo, casi desierta y despoblada, y mucha 
pertenencia de gentiles, que están después del Castillo, hacia la parte que corta 
el río de Polochic, cubierta de montaña y espesura; mas por aquel costado 
que corre, desde el rumbo de Sudueste, al Lesueste le circunvala, y ciñe por 
largo término, y confín el Corregimiento de Chiquimula de la Sierra. Mas 
esta que describimos, y anotamos, tierra prolífica y fecunda, y acomodada á 
grandes conveniencias, falta de vecindad, y de cultores, como toda la tierra 
de las Indias, casi se mira inútil por valdía, con grande lástima y quebranto 
de los que vemos su malogro, con tanta y acomodada porción á grandes pose- 
siones, en una notable y sensible falta de hombres, que fueran útiles á mu- 
chas conveniencias políticas, y militares. 

Riegan las tierras de este Corregimiento, con dulces aguas, y copiosas 
varios arroyos, y riachuelos, que fecundándola y vistiéndola de grande ame- 
nidad y de frescura, mueren sin nombre y sin caudal en las profundas ma- 
dres de otros ríos, que por copiosos y crecidos se hacen famosos, y nombrados 
aún en las partes más remotas de los confines deste Reyno, y porque nacien- 
do los más de ellos desde las grandes cordilleras que circunvalan el Corregi- 
miento de el Valle de Goathemala la gran dilatación de su contorno, se agre- 
gan á sus madres grandes vertientes, y porciones que se derraman en pobres 

256 






fuentes de tan inmensa serranía, para crecer su corpulencia á otros ríos, bien 
que no todos de igual congregación, y gran ribera, no dejen advertir entre sí 
mismos su plenitud, y medianía, como sin duda no proponemos su importan- 
cia de curso igual, y semejante; porque el que llaman de los Plátanos, y antes 
en los principios de nuestras fundaciones fué conocido con el nombre de río 
de Sauces; á cuya amena y gran ribera tuvo sus labáderos ricos de oro fulano 
del Portillo; de cuyo pueblo en esta hacienda sembrando los labradores, y 
talquistes de aquel poblado gran cantidad de platanales, mudó el pronombre 
de Río de Sauces en el de Río de los Plátanos. Es suficiente y muy copioso 
en el congreso de sus aguas, que son de calidad y naturaleza excelentes, ro- 
zándose y virtiéndose por entre arenas de oro ; y de cuyo territorio he visto 
alguno en poder del ayudante general Cristóbal Fernández de Rivera, depo- 
sitario general de penas de cámara, cuya pepita es tan crecida, como las de 
la calabaza, y en poder de otras personas otras como es la proporción de la 
del chulé, y entre ellas en poder de Don José de Ayala y Meza, una pepita de 
peso de castellano y medio. Mas este de gran torrente y buena copia, hace 
ventaja muy crecida al noble río de Agua Caliente, cuyo pronombre dio la 
voz común á su conocimiento, por muchas y saludables fuentes minerales 
de aguas calientes que nacen y brollan en sus márgenes, á la manera de las 
que en la Primera Parte de esta Historia describimos del río de Michatoya, 
en el Capítulo Quinto del Libro Nono, y éste del Agua Caliente lo asimila 
mucho, así en estas fuentes minerales, como en la buena y grande copia de 
sus aguas, y también no menos provechoso y útil por su buena pesquería 
de solo el peje que llaman tepemechines, que quiere decir pescado que se 
cría entre piedras, y este no menos que el otro de Michatoya, de providencia 
y beneficio á algunas haciendas de campo de sus márgenes. Pero en el con- 
tinuado progreso que se hace de esta Ciudad de Goathemala al Golfo Dul- 
ce, también se pasa el río del Encuentro, que corre á esta jurisdicción de 
Cazabastlán, cuyo pronombre y apellido tiene con propiedad en uso muy 
antiguo, por ocasión de que en su vado se encuentra, y junta con el río que 
llaman de las Vacas, que baja ya á lo caído de este territorio desde el valle 
de su nombre, enriquecido y abundado con la congregación de otros arroyos, 
que en la dilatación de su camino se agregan, y se juntan á su madre, y hace 
con el aumento de sus aguas, y compañía del de El Encuentro, un río famoso 
y muy bastante al beneficio común de este partido. Mas entre todos los que 
hemos referido el Río Grande de Cazabastlán, hace ventajas conocidas á todos 
los demás que hasta este punto ocurren al progreso de este discurso, cuya 
ribera en este de Cazabastlán, de noble y poderoso curso, es deliciosa y 
umbría, y de excelente amenidad, más sus corrientes encanaladas entre pe- 
ñas en muchas partes breñosas de su caja no ofrece vado ó conveniencia en 
mucha parte de su camino, mas sin embargo donde lo ha permitido su co- 
rriente, siempre aunque llene en los aumentos de su creciente le hallan se- 
guro, sin dificultad los progresores de aquellas sendas; dan sus aguas por 
largo término de tierra buenas porciones de aprovechamiento á los vecinos 
del partido en colmadas, y grandes pezquerías de bobos, que los indios llaman 
eu.yam.eles, de cuyamit que es puerco, por la similitud que en el hocico tiene 
este peje con semejante animal, y estas pesquerías de barbazco, aprovechan- 

257 



do mucho á los pescadores, abastecen á esta corte de Goathemala, y no me- 
nos á los vecinos de aquel partido. Las aguas de este río son excelentes, y 
saludables como las del río del Agua Caliente, por rosarse unas y otras en 
el discurso de su camino con mucha raíz de zarzaparrilla, guayacán, y otras 
maderas, y yerbas medicinales que se ven cubiertas sus riberas, y toda la 
gran dilatación de las llanuras de aquella tierra montuosa ; en cuyo admirable 
distrito solo atraviesa una cordillera que divide esta jurisdicción de la de 
Chiquimula de la Sierra. 

Pero el Río Hondo, que sigue á este de Cazabastlán en el descaecimien- 
to que toma por los confines de este distrito, á entrar en la mar del Norte, 
introducido en otros de los Ríos de los que corren por breñas y montañas de 
tierra despoblada é inculta. Tomó el pronombre que le impuso la vulgaridad 
de los paisanos, no porque en su corriente se miren encanaladas sus aguas 
en cajas de peñascos como en otros que por este impedimento se precisan 
al tránsito de las puentes, sino porque se inclina á lo profundo y caído de 
la tierra que corre entre serranías, por aquel sitio, y rumbo de su vado, mas 
este no de considerable caudal como el de Cazabastlán, y otro que escribire- 
mos adelante, se hace temido como ellos; pues siempre aun en los inviernos 
mas procelosos no hace alguna detensión á los trajines, ni menos sirve á 
pesquerías, ni á riesgos de plantíos por donde pueda ser estimable su co- 
rriente. 

Pero no así el grande y noble Río de Zacapa, que toma la denominación 
del pueblo y cabecera del curato de aqueste título ; cuya etimología de pueblo 
y río queda anotada en el Capítulo Segundo de este Libro. Y en este aún 
mayor que el de Cazabastlán por la gran congregación de sus aguas, y rápido 
precipicio de su curso, entre piedras crecidas y disformes, se causa un ruido 
tan terrible quebrándose, y rompiéndose en las peñas con sus ecos temerosos, 
á gran distancia de su rivera engendra espanto, y confusión á lo inexperto del 
pasagero, que sin baquía y sin conocimiento camina temeroso hacia su esguase. 
Es río famoso y de gran nombre, así por la abundancia de sus aguas, como 
porque en sus senos y sus pozas, cría maravillosa copia de el propio peje, que 
decimos que lleva también en grande muchedumbre el prodigioso y noble río 
de Cazabastlán, de cuyos provechos y grangerías así los indios del Partido 
como vecinos españoles de las estancias fundadas en la grande extensión 
de aquella tierra por donde se encamina aqueste río, gozan y se utilizan en 
buen socorro de dinero que se produce de su venta, no siendo menos útil 
la generosidad de su curso á mucho beneficio de los cacahuatales de toda 
aquella grande extensión de territorio, de cuya dilatación y gran planicie pu- 
diera haber grande interés de muchos frutos que en ella se producen, ó por 
la naturaleza en unos de el país, ó por las siembras y beneficios del cultivo 
si acaso más poblada, y asistida, no padeciera en esta parte el general de- 
fecto que en todas las Indias se conoce. Pero porque á la conclusión de este 
discurso que pertenece á la calidad y esfera de los ríos del Partido de Caza- 
bastlán, nos resta uno, que es el más considerable de todos ellos, será bien 
no dilatarnos, ni detenernos tanto en este punto, sin pasar á finalizarle con 
lo que se ofrece en el grande y prodigioso río de Gualán, que deslizándose, 
y corriendo casi por inmenza dilatación de territorio, por varios climas, y 

258 






países que atraviesa, y fecunda generoso, á cada paso de el camino de su 
viaje á introducirse en la mar del Norte se hace mayor, y más pujante con 
la crecida agregación de ríos y arroyos que en tanta dilatación se le incorpo- 
ran, no siendo poco considerable, y aun temido por su grandísima corriente 
en los términos del pueblo de Gualán, de donde tomó el nombre que hoy con- 
serva, y después al introducirse al mar del Norte es conocido con el pronom- 
bre de río Motagua, y atravesando por los minerales de Zula endereza su 
corriente casi por los términos de la jurisdicción de San Pedro Ulua, de donde 
descaece para la mar del Norte, partiéndose en dos brazos muy poderosos, 
que desde el Rancho de Ulua, van á formar dos bocas considerables al en- 
trar en la mar, la una por sobre Puerto de Caballos, y otra, antes del Puerto 
de Omoa, hacia el iLevante de este puerto. 

Pero de estas dos bocas, casi de intento, y muy del propósito de nuestra 
seguridad omitiremos advertir á la malicia, y á la envidia; cual de las dos pue- 
den seguirse en su navegación, y cual en ella, y en la otra son los estorvos 
y impedimentos que la hacen defendida, ó si estas dos canales en el progreso 
de su curso tienen despeños, raudales, tornos y estrechos que las impidan, 
quede la historia en esta parte diminuta, que su defecto por ahora, es la ma- 
yor perfección de nuestro intento. Y baste á nuestras sosobras, y fatigas lo 
mucho que han conocido los enemigos de la Corona de Castilla en las en- 
tradas de nuestros puertos, para daño y destrucción de nuestra Patria, como 
lamenta esta verdad la prescripción de sus tesoros, y miserable estrechez de 
sus comercios, que á las continuas diversiones de la obstinación de los pira- 
tas han debilitado su propia robustez de su vigor; porque suspensa en su 
misma exploración en tanto que la esperanza la alentaba á conseguir más 
prósperos sucesos contra la audacia de los ingleses, y franceses, mezclados 
á las vueltas de otras infames generaciones de rebeldes negros, mulatos, y 
indios, celando atenta sus confines, perdía entre tanto las conveniencias y 
las medras de el interés de sus comercios. 



CAPITULO VII 

De los preciosos f ni tosí, y frutas que se producen, y cojen en este Partido de el 
Corregimiento de Cazabastlán. 



MARGINALES. — Esquilmo de las haciendas de campo. — Cacao. — Achiote. — Natural 
dejamiento de los indios. — Vainillas. — Palo de brazil. — Zarzaparrilla. — Guaya- 
cán. — Corozos. — Tabaco. — Xícaras. — Algodón. — Piedra Imán. — Descubri- 
miento de esta veta. — Frutos de este país. 






Este país formado de llanuras, y ceñido por un costado de grande se- 
rranía, se hace más fértil y fecundo de lo que es por su propia naturaleza, 
porque los levantados montes que le dividen de Chiquimula de la Sierra, 
vierten en él con las aguas que reciben en el Ivierno, la mejor, y más útil 



259 



sustancia de aquellas tierras altas que van á parar á las llanuras, donde se re- 
balsan los ríos, y alagan las campañas por muchas millas, más éstas fecundadas 
y humedecidas pudieran redituar más largas medras, si acaso los cultores en 
la grande extensión de sus países, pusieran más conato y más desvelo en los 
plantíos artificiales, y en las cosechas ordinarias de lo que lleva por sí la tierra 
sin beneficio de cultura; y aun sin embargo dejando aparte lo que les rinden 
los esquilmos de sus haciendas de campo, en quesos, carne, sebo, manteca y 
cueros al pelo para la provisión de los navios de registro, en el maíz que en 
esta excelente porción de tierra se coge al año no es mala pasadía á los ve- 
cinos, lo que se utilisan por el sustento que les ministra á sus haciendas, lo 
que de ello venden á tragineros de este tránsito. 

Pero lo más precioso (bien que poco) es el cacao, común riqueza de los 
indios, que en los de esta jurisdicción es más preciado, por la excelencia y 
bondad del grano; pues siendo dulce, y muy jugoso, es también muy crecido, 
y muy pesado, y en especial el que cojen en Zacapa que pasa de ochenta 
libras una carga; por cuyas cualidades y excelencias es más apetecido, con 
ventajoso precio en todos tiempos. En el achiote, aunque no mucho se reco- 
noce gran fineza, y gran pureza en su fábrica, sin adulteración, ni malicia 
que le vicie; y este fruto como el cacao pudiera cojerse en buena copia por 
la adecuación del panino, con la buena producción de este género, si dello se 
sembrar más porción de la que satisface ó á la poca dodicia, ó al mucho deja- 
miento de los vecinos del contorno, y más en árboles que tienen larga dura- 
ción, y poco cultivo, sin que haya efugio á su inutilidad, en grande sobra de 
tierras fértiles, y aguas sobradas á los riesgos, para las plantas que de ello 
necesitan; mas en los indios es muy notable esta inutilidad y dejamiento, 
y muy distante de buen dictamen, el discurrirse dellos, que de su libre ad- 
vitrio se apliquen, y propongan á cosa alguna en que imaginen pueden tener 
algún trabajo, aunque este fuese para volverles gran provecho; pues solo es 
cierto que aun para sus conveniencias es necesario aplicarlos con violencia, 
y así es notorio que desde el año de 1674, que se extinguieron y quitaron 
los jueces de milpas, las siembras de maíz son cortas y que de los cacahuatales, 
han dejado perder la mayor parte, motivo grande á los atrasos del Real Ha- 
ber por la mala satisfacción de los tributos, y que para pagarlos y cumplirlos 
en esta especie aun necesitan de comprarlo en otras partes, con vejaciones y 
ruina de los pueblos. Y asi también en las vainillas, fruto precioso, excelente 
y de buen crédito al comercio, y que en este partido y territorio, se cojen 
muy crecidas y abundantes, y por la razón de perder deteriorados las pro- 
vechosas huertas del cacao, donde se plantan las vainillas, con el descuido 
en los cultivos perdiendo lo uno, es consecuente el menoscabo de lo otro; y 
estos si más aplicados, y más hábiles, atendieran al crecimiento de sus uti- 
lidades, aún de lo que produce la tierra por su naturaleza, pudieran com- 
poner buenos caudales; pues el brazil de que se forman lo más de las mon- 
tañas, pudieran cargar muchos quintales en los navios que de registro des- 
cargan en Golfo Dulce, y este por la bondad y excelencia de su naturaleza 
les fuera apetecible á los cargadores de Cádiz y Sevilla, por ser del palo que 
llaman brazil negro, y con grandes porciones de este género pudieran acom- 



260 



I 



Je* 




V 

4 



pañar para sus medras, otras muy grandes y crecidas de zarzaparrilla, M " 
que empieza á producirse desde el paraje que llaman del río de Aguacaliente 
en adelante, tan excelente y rica como la más aventajada, y provechosa de 
Costa Rica, de buena hebra, y de color maravilloso, y que con brevedad de 
tiempo tiñe el agua como hace la más aventajada. Y del modo de sacarla 
diremos si Dios quiere en la Tercera Parte, en lo que por perteneciente á la 
Gobernación de Honduras se ofrece de Trujillo, más por lo que toca á esta de 
Cazabastlán; aun se me ofrecen otras cosas de la riqueza de sus montañas, 
no siendo menos que las apuntadas el guayacán que otros conocen por palo 
santo, cuyas virtudes admirables son conocidas, y de ellas varios autores 
médicos las tocan largamente, y de esta madera medicinal muchos provechos 
pudieran producirse por su trato, siendo abundante, y conocida no solo de 
españoles, sino de los indios de quienes tomamos el uso de muchas de ellas, 
porque sin duda entre estas gentes hubo admirables hombres, que curaban 
con yerbas, y raíces, por el conocimiento y uso de sus mayores, f^" 2 * y que 
en nuestros españoles en lo primitivo ejecutaron maravillosas curas, y que 
más parecían milagrosas operaciones, aun en achaques incurables. Es el 
guayacán, (153) madera sólida y muy firme y más pesada que otra alguna, 
y que cayendo en el agua se va á pique. Y entre otras cosas que en esta gran 
dilatación de tierras se producen son las palmas de corozos, especie de coyo- 
les que crecen á proporción y figura de un huevo de gallina, mas el núcleo 
que lleva adentro es muy copioso de óleo muy dulce, y muy gustoso, y estando 
tierno suple por leche muy semejante á la de vaca, y que con ella se hace muy 
buen arroz, y otros guisados y del conocimiento y uso de esta especie de co- 
cos, no hay quien carezca en todo el mundo, por ser lo que comunmente lla- 
man cachimbo, que corre por todas las manos de los hombres, ya en pipas 
para tabaco en humo, ya en cajetas para polvo de la propia hoja del tabaco, 
y otras cosas curiosas que de ello se fabrican, y en esta ciudad labran muchas 
pipas para tabaco, ó lizas, ó labradas muy primorosas, y porque del mucho 
tabaco que se siembra, y coje en estas partes, hay muchas diferencias en la 
bondad, y en la especie del que se beneficia en este Partido de Cazabastlán, 
es en todos el mejor, por de la propia semilla del de la Habana; de donde 
se trajo á este Reyno, y es su producción muy igual, y semejante en el grandor 
de la hoja, color y olor, y fortaleza, y en que los que los siembran tienen muy 
bueno, y conocido aprovechamiento. Y como en las demás partes de la tierra 
caliente de este Reyno, en esta de Cazabastlán, se cojen muchas jicaras de 
¡todas suertes, y algunas porciones de algodón aunque poco, más no porque 
para este género sea la tierra extraña, sino porque siendo muy apropósito 
para su producción no lo siembran, siendo tan útil y de tan grande ahorro, 
y beneficio á las familias pobres, y que este de Cazabastlán es muy blanco, 
muy suelto y de pepita liza, y de este género en la Tercera Parte con el Divino 
fabor en lo que dijéremos de la Provincia de Suchitepéquez, escribiremos 



(151) Anania Fábrica del Mundo, Tratado 4.— folio 362. 

(152) Acosta Libro 4 Capítulo 29. -folio 266. 

(153) Anania Fábrica del Mundo Trat. 4,— folio 364. 



261 



sus utilidades, y las propiedades de tan excelente, y provechoso fruto. Y por- 
que entre lo precioso que produce la naturaleza para el beneficio de los hom- 
bres con el buen uso de las cosas producidas, ayudadas de el conocimiento y 
el arte, una de ellas es la piedra imán, tan provechosa, y necesaria á la nave- 
gación como sabemos, y por ser tan notorio dejo de dilatarme en sus estima- 
bles excelencias; de cuya materia entre esta jurisdicción de Cazabastlán, y 
la de la Alcaldía Mayor de Amatique, y Golfo Dulce hay un monte caminando 
al sitio de la trinchera que tiene una veta, ó vetas de este metal, de donde 
se sacan estimables cantos, y de este mineral tengo una piedra muy crecida 
con otras menores. 

Bien accidental, y sin pensamiento de tal hallazgo, le vino á un buen 
hombre que caminaba por este sitio, el descubrimiento de esta veta de piedra 
imán. Por que este baquiano de semejantes caminos, que en la ocasión hacía 
jornada, con ciertas carguillas que conducía de su cuenta en muías propias, 
para el sitio de las bodegas, fiadas las muías un día á los mozos que las car- 
gaban, estos descuidados (como siempre) perdieron una de ellas con el valor 
de la carga, hicieron alto donde la hecharon menos. Llegó á la ocasión el 
dueño, y dejando en guarda de la carga, y de las muías al cargador más apro- 
pósito, dividió por varias partes á los demás en busca de la que faltaba, y 
élse apartó por otro rumbo á la propia diligencia, haciéndola mejor como á 
quien le convenía dio vista á la muía que cargada pacía por lo alto de aquella 
loma, fué para ella, y habiéndola asegurado, para cargarla bien se despojó de 
un sayo de paño que vestía, y de la espada que llevaba ceñida, pero apenas esta 
arma tocó en el suelo cuando dejó al dueño asombrado y confuso, porque se 
empezó á apartar á brincos buena distancia, en mucho rato no se atrevió este 
hombre que ignoraba la causa de aquel efecto á llegar al sitio, á donde paró 
la espada, que fué sobre la veta, pareciéndole obra diabólica, hasta que con- 
siderando la pérdida de tiempo se determinó á llegar por ella, y la halló sobre 
una veta de metal que no conocía. Tomó su espada, y como pudo desencajó 
de la veta algunas piedras, que llevó consigo á las Bodegas, donde refiriendo 
su asombro á las personas que allí había, fué conocido el metal por piedra 
imán, y por este accidente quedó desde entonces descubierto el mineral, que 
no se aprovecha, y solo se logra de él alguna cosa, cuando como yo, algún 
noticioso con curiosidad encarga un par de piedras, á algún arriero baquiano, 
y natural del territorio. 

Y en su producción este país de Cazabastlán, muy abundante, y de 
feracidad pujantísima, y así en las frutas, que le recomienda la curiosidad 
del cultivo se reconocen ventajosas y muy crecidas y apenas, en su dilatación 
se dará algún sitio, sin que produzca al beneficio de los hombres copiosos 
beneficios y utilidades, pues aun los pequeños bosques que se derraman por 
la planicie de estos países se ven cubiertos de piñuelas, y de los corozos refe- 
ridos, cocos, y otras especies de. coyoles. Mas en las que están al esmero del 
cultivo apuestan en su sazón, y pujanza con las de Chile, y otras partes muy 
fértiles, y muy pingües, pues con los melones se reconoce esta evidencia, 
porque el tamaño de los comunes es de media vara en largo, y los sapotes, 
y los plátanos de muy crecida proporción, y de excelente gusto y suavidad; 
como en las pinas que sobre muy crecidas, son muy dulces, muy tiernas y de 

262 



una transparencia admirable; mas sin embargo de esta excelencia, la tierra 
rindiera mayor colmo de conveniencias si como llevamos dicho la insitaran 
con el cultivo á más aprovechamiento, pero el descuido, y gran pereza de sus 
habitadores no permite que se logren unos países tan pingües, tan sanos, y de 
tan grande amenidad, cuanta puede pensarse, y discurrirse de las tierras más 
privilegiadas y excelentes que hay en lo descubierto. 



CAPITULO VIII 

Del mucho atrazo que se siguió á nuestras fundaciones, por las novedades que por 
aquel tiempo de las nuevas poblazones se procuraron introducir. 



MARGINALES. — Ocupación de la guerra de las conquistas, y en remediar las sublevacio- 
nes de los indios. — Embarazos de la fábrica de siete navios de D. Pedro de Alva- 
rado. — Oposición del Contador Zurrilla, y tesorero Castellanos, como otras perso- 
nas principales de su séquito contra D. Pedro de Alvarado. — Pásanse muchas per- 
sonas a México, y a otras provincias de este Reyno; fuera de quinientos poblaron 
en el Perú. — Muerte de muchos indios. — Sublevación de los indios de la costa 
del Bálsamo y provincia de Cuzcatlan. — Competencia entre el Cabildo, y Regimien- 
to de Goathemala, y los Capitanes nombrados por el Capitán general Alvarado. — 
Sigúese la competencia. — Daños que resultaron de la predicación del padre Fray 
Bartolomé de las Casas. — Lo que decían en los pulpitos, éste y los demás religiosos 
dominicos. — Levántanse por esto muchos pueblos. — Desconocen estos religiosos 
al R. obispo Marroquín y a los españoles. — Conoce dentro de breve el Obispo el 
natural del P. Fr. Bme. de las Casas. — Notable cláusula de carta del Obispo acerca 
de las Casas. — Fábrica de obra de trece bajeles, que mandó hacer Don Pedro de 
Alvarado. — Carta de esta muy Noble y Leal Ciudad de Goathemala escripia al Em- 
perador. — Capítulo acerca de la predicación de la paz. — Capítulo en favor de la 
pretensión del Padre F. Bartolomé. — Repite la queja de el P. Casas. — Prosigue 
acerca de la persecución de los españoles, 



Jamás á los lugares populosos faltaron sinsabores, ni inquietudes, ni 
estos en sus aumentos pueden lograr larga serenidad, porque si bien no se 
les causen las sosobras por recelarse de extraños enemigos, dentro de si los 
alimentan, como sucede en cuerpos muy robustos, que demostrando en lo ex- 
terior gran sanidad, y bizarría, en lo interior su propia robustez, y los hu- 
mores los descomponen y los rinden. 

Pudo al presente en este Reyno turbarse el público reposo con muchas 
contradicciones que ocurrieron, á no haber caído tantas persecuciones en pe- 
chos fieles, y leales, que con su noble condición, y sufrimiento hicieron vado á 
la corriente desordenada, que procuraba sofocarlos; porque además de las 
fatigas que en maquinosas diversiones se ofrecían, ya en las nuevas con- 
quistas, que intentaban y ya en componer, y sosegar sublevaciones de los 
indios que á cada instante provocaban, á tiempo todo que aún se entendía 
en la fábrica material de la primera ciudad de Goathemala; perturbados los 
dueños de los solares repartidos, con la fábrica de la primera armada, que por 

263 



el año de 1531, empezó á disponer Don Pedro de Alvarado en la Mar del Sur, 
para con ella introducirse al descubrimiento de la Especiería, porque para 
conseguir este intento, no dejaba en la Ciudad oficial á quien no compeliese 
á salir para la playa, en especial herreros, y carpinteros, que eran los que pe- 
dia tan grande obra; y para ella los indios encomendados, y sujetos, no pade- 
cían menos sosobra, en derribar maderas, en conducirlas, en hilar y corchar 
pita para los aparejos de las naves. A cuyos intentos se oponían con grande sé_ 
quito de personas intersadas, el Contador Zorrilla, el Tesorero Castellanos, y el 
Fator Ronquillo, (154) que procuraban, ó ambiciosos, ó acaso compadecidos 
de las miserias de los vecinos aliviarlos de sus fatigas, considerándoles atra- 
zados en las fábricas de sus casas, y en las cobranzas de sus tributos, de donde 
produciéndose largo beneficio á muchos dependientes de ilustres familias, 
faltando los socorros por entonces, se vieron muy en breve desaforadas mu- 
chas personas, que se pasaron á Nicaragua, á México, y otras provincias suje- 
tas á aquel Reyno, huyendo á ellas por semejantes descomodidades; no 
siendo menos sensible á tan ilustre poblazón, haber quedado en ocasión de 
aquesta armada, por el año de 1534, quinientos hombres en el Perú, para po- 
blar con ellos, las tres ciudades, de Lima, Quito, y Puerto Viejo, bien que de 
ello se sigue á esta República crecida gloria y gran renombre, en haber dádoles 
á aquellas sus primeros y ilustres pobladores. Mas ello es cierto que en este 
punto se oponían con razón y fundamento, á los intentos de Alvarado, por 
que en las prolijas faenas de aquella fábrica, los indios (los más de ellos de 
tierra fría) se enfermaban, y consumían por instantes, muriendo en la oca- 
sión gran suma de ellos. 

Mas no parando aquí tanto desorden, pasó á mayor actividad la ciega 
obstinación de la fortuna; no apeteciera mi dócil propensión hacer volumen de 
trajedias, mas todas lo parecen cuantas en esta ocasión me ofrece el cuerpo 
místico de aqueste inmenso señorío, y es mi oficio inexcusable, el referir, y 
proponer sus movimientos. Había ocurrido el año antes una conmoción ge- 
neral entre los indios habitadores de la Costa del Bálsamo, y Cuzcatlán, que 
instimulados y fomentados de la entrada del Capitán Estet por el año de 1530, 
quedaron muchos pueblos sublevados y fuera de la obediencia, y por las hos- 
tilidades que causaban á los amigos, y sujetos, halló por conveniente el Ca- 
pitán General D. Pedro de Alvarado, nombrar por Capitanes para esta expe- 
dición á Diego de Roxas, y Don Pedro Portocarrero ; íirjr,) mas estos ó muy 
vanos, ó muy calados de malicia procuraban comprehender debajo de sus 
conductas á los propios Regidores de esta Ciudad de Goathemala, que ha- 
bían de dar asistencias al gobierno político, y no menos á sus socorros con 
víveres y municiones. Y de este intento desconocido de los Capitulares, por 
modo inusitado con sus personas de que les excluya el privilegio de sus ofi- 
cios, se quejaban, y se sentían entre sí mismos viéndose compeler á instantes 
breves á reconocer las banderas, sin mera obligación que los llamase, atri- 
buyendo estos procedimientos al vano antojo, y confianza de Don Pedro 
Portocarrero, que ya se miraba por entonces como yerno de Alvarado, ca- 
pituladas sus bodas con Doña Leonor de Alvarado Xicotenga Tecubalsin. Mas 

(154) Libro 29 de Cabildo. 

(155) Libro2?deCabildo.-folio50. 

264 






sin embargo no se atendía por entonces tanto á los respetos humanos como 
ahora, y solo se le daba el entendimiento á los documentos de la razón, y del 
punto, y así en el Congreso del día 25 de abril de 1533, que era cuando esto 
pasaba: el Procurador Síndico general fomentado de la autoridad de su oficio, 
y del calor, y celo de Gaspar Arias, y de Juan de Lemus, Alcaldes ordinarios 
de aquel año, pidió ante el mismo Gobernador, y Capitán General, que no 
se entienda estar sujetos los Regidores de esta Ciudad á las órdenes de Diego 
de Roxas y de Don Pedro Portocarrero capitanes nombrados por su Señoría 
para la guerra, y al pedimento del Síndico se proveyó : Danse por esemptos 
de su jurisdicción. Bien contra su voluntad, y su ardimiento, y solo por pru- 
dencia, y buena economía produjo este decreto la gran sagacidad de Alvarado, 
mas no porque en lo interior no le quedasen los rescoldos de este fuego; 
así por el desaire del prevenido yerno Portocarrero, como por el triunfo que 
conseguía la astucia de los Oficiales del Rey, y los Alcaldes ordinarios con- 
tra el esplendor de su persona, y el ornamento de la autoridad de su oficio. 
Todo entre el tiempo y tiempo que corre desde el año que vamos refi- 
riendo de 1533, hasta el de 1539, y después por la inundación, de la ciudad 
antigua, hasta habitar la nueva por el de 1543, fueron en este Reyno tristes 
sucesos, asolaciones de repúblicas, naufragios melancólicos, y grandes ri- 
quezas extinguidas en torbellinos de trabajos; mas parece mayor sin duda 
alguna, el que en la gran extensión destas Provincias empezaron á introducir 
por el año 1535, los Padres Fray Bartolomé de las Casas, Fray Pedro de Án- 
gulo, Fray Luis Cánzer, Fray Rodrigo de Ladrada, del Orden de Santo Do- 
mingo, que con su predicación desacreditaban, y ofendían á los conquistadores, 
llamándolos injustos, ladrones, y tiranos, usurpadores del oro, plata, perlas, 
joyas, y libertad de los indios, y que ni el Emperador Rey de Castilla podía 
llevar los quintos, ni los soldados españoles lo demás, por no haberse hecho 
la conquista conforme al orden de su Santidad, y que estaban obligados todos 
á restituir lo que tenían, y poner en libertad á los indios esclavos; pasando 
á promulgar, que no eran capaces por esto de que se les administrasen los 
sacramentos; y de esta opinión en que estaban aquellos religiosos, pasaron á 
no querer confesar, ni absolver á conquistador alguno. Causándose no solo 
mucho escándalo sino gran daño á la población de esta tierra, así porque 
muchos de ellos tomaron la vuelta para España y otras partes de este Occi- 
dente, como por que por este desafuero muchos pueblos se levantaron, con- 
vidados de la ocasión de la soledad y persecución de los españoles, á quienes 
también con el Prelado Eclesiástico descompusieron, como parece de su 
carta en que dice, hablando del Padre Casaus : Escríbeme ese santo varón 
(que por tal le tengo) que dexa de predicar por no dar ocasión á que alguno 
se desconcierte, yo le he escrito y rogado que predique. (1 ~ ,<5) Es su fecha de 
Izqueme á los 27 de Marzo de 1538, de cuyo tiempo no sin cautela y muy de 
intento omite cierto autor ,ir,7) de esta Religión sagrada, que escribe por ana- 
les, el referir los accidentes, que pasaron el año de 1539, pues del de 1538, se 
pasa á narrar los progresos, y cosas ejercitadas en el de 1540. Mas el mismo 
prelado Marroquín desengañado, y advertido muy en breve, conoció muy de 



(156) Libro de Cartas. -folio 5. 

(157) Remesal. 



265 



adentro el natural y los orgullos del Padre Casaus, que ya era Obispo de 
Chiapa en ocasión que escribe el Reverendo Obispo Marroquin á esta Ciudad 
de Goathemala desde México, donde se hallaba en cierta congregación so- 
bre puntos de casos doctrinales. Y dice acerca de este Prelado de Chiapa: 
"Después que llegue, cada día nos habernos juntado, y se han tratado cosas 
mas espirituales, que corporales. En lo de los esclabos, y servicio personal 
de los indios acordamos, que no se hablase, y que los confesores se lo oviesen 
entre sí por no alborotar el pueblo. El Obispo de Chiapa llegó algo tarde, y 
está muy manso, y lo estará más cada día; aunque ayer quizo comensar á 
respingar, y no se le consintíó. (ir,8) Tiene la fecha de México á 20 de Julio de 
1547. Hilacíohes ofrecía el texto de esta carta muy á favor de los conquis- 
tadores, ellas son claras, y se vienen á los ojos del entendiminto del menos 
Argos, y se deja á quien más de propósito y espacio quisiera valerse de él 
con más claridad de discurso que el mío, porque el estar muy manso es ar- 
gumento y prueba de no haberlo sido, y el haberlo de estar más cada día es 
indicio de no estar bien morigerado, y si queriendo respingar no se le con- 
sintió, es evidente que lo que quería su pretensión era muy injusto. La des- 
comodidad, y el desconcierto, en que estas proposiciones sembradas en el 
pulpito, y la nueva armada de trece bajeles fabricados en Yztapa por orden 
y disposición de Don Pedro de Alvarado tuvieron por este tiempo á los ve- 
cinos de esta Ciudad de Goathemala en profundísimo desaliento, entregando 
sus ánimos á grande displicencia, y melancolía, porque casi discurrían contra 
sí todas las cosas, y á los superiores no bien afectos á sus comodidades, y 
casi como sin reverso la claridad de su justicia, siendo preciso como siempre 
el tolerar los males propios, con sufrimiento de largos días, y incertidumbre 
en sus sucesos, fiados los derechos de su queja, por peligrosa, y dilatada na- 
vegación, que conducía (habiendo antes partido) el propio religioso Casaus 
una carta para la clemencia testificada del César Rey de Castilla, corroborando 
y cuadyubando las pretensiones de este Padre (que tal era el ánimo cristiano 
de los conquistadores) como la carta lo manifiesta así : 



S. C. R. M. 



(139) 



Avra dies meses que escrivimos á V. Mag. largo dándole quenta del 
estado en que esta tierra estaba, y la necesidad qe. abrá de ser favorecida de 
V. Mag. para la sustentación delta, mas que de mandar hazer en ella arma- 
das, pues como á Vuestra Magestad avernos escrito son tan en su perjuicio 
y nuestro. 

Fray Bartolomé de las Casas de la Orden de Santo Domingo vino á 
esta tierra puede haver tres años, y entre otras cosas qe. nos ha predicado, 
y dicho, es decir que por la orden que V. Mag. ha mandado conquistar estas 
partes, no ha sido conforme á la que su Santidad mandó, y que así, ni V. 
Cesárea Mag. ha podido llevar sus Quintos Reales, ni nosotros lo demás que 
de ellos habernos habido, y que todos somos obligados á restituir lo que así 



(158) Libro de Cartas.— folio 12. 

(159) Libro de Cartas. -folio 27. 



^66 



auemos habido y tenemos, y así mesmo los esclavos que ise ¡han hecho, que no 
havo razón par hacerlos, y que los debemos ahorrar, y donde no que no somos 
dignos, ni capaces del Santísimo Sacramento, y sí ú ninguno de tos que te- 
nemos Yndios encomendados por Vuestra Magestad ha querido confesar, ni 
absolver, de que ha estado y está esta tierra tan c sea nd alisad a, que muchas 
personas han propuesto de yrse de ella si tubiesen con que. 

El va allá á besar los pies de V. Mag. y darle cuenta de todo y traer 
algunos Religiosos, para ayuda á la Doctrina, y la conservación de los natu- 
rales desta tierra, que cierto hay mucha necesidad dellos: suplicamos á vues- 
tra Magestad, le mande faborecer en esto, y embiárnoslos, y en lo que dice es- 
te religioso Vuestra Magestad lo mande ver, y examinar, y consultar con los 
de su consejo, y si es así, que ni Vuestra Magestad ni los que en esta tierra 
vivimos, no nos podemos salbar, ni con conciencia llevar ninguna cosa con- 
forme á la t azadón que por mandado de Vuestra Magestad está hecha sea 
servido de mandarnos lo hacer saber, porque no será Vuestra Magestad servi- 
do, ni permitirá que vivamos en esta tierra, ni las tfemás se conquisten, sino 
habiendo venido mosos nos volvamos viejos, y pobres; donde mexor nos po- 
damos salvar. S. C. R. Magestad. Dios nuestro Señor á Vuestra Magestad 
conserve y guarde á su Santo servicio con aumento de mayor imperio, Reynos 
y Señoríos, de Goathemala á 15 de Noviembre de 1539, años. 



D. V. S. Magd. R. 

Muy humildes vasallos, que sus imperiales Pies y Manos Besamos — 
firmáronla— Francisco Calderón, y Juan Pérez Dardón Alcaldes; y el con- 
tador y veedor— Gonzalo Ronquillo da Z on 

dellos por y 

Tan claros testimonios, como los que dejamos advertidos, hacen muy 
ciertas las grandes penalidades, y miserias de estas repúblicas, y hacen creí- 
bles á cierto grave autor de Nuestra España, n(50) el que la verdadera y breve 
destrucción de las Indias que anda impresa con nombre del Obispo de Chia- 
pa, es verdaderamente suyo y no supuesto. Como por honestar escripto tan 
disforme, y tan escandaloso, no gusta atribuirlo á la piedad de un Obispo; 
cuyas palabras de este excelente y gran ministro, aunque discurro que las 
habernos relatado, son para repetidas muchas veces; porque asegurando de 
nuestros Reyes españoles cuanto les ladre la envidia de los émulos dice: 
No pudo la emulación manchar su justo gobierno en los Reynos que possee 
en Europa, por estar á tos ojos del Mundo, y para hacer odioso su dominio, 
y irreconciliable la inobediencia de las Provincias rebeldes, con falsedades 
difíciles de averiguar, divulgó un libro supuesto de los malos tratamientos de 
los indios con nombre del Obispo de Chiapa, dejándole correr primero en Es- 
paña, como impreso en Sevilla, por acreditar mas la mentira y traduciéndole 
después en todas las lenguas. Ingeniosa y nociva trasa aguda malicia que 
en los ánimos sencillos obró malos efectos, aunque los prudentes conocieron 

(160) Don Diego Zaab, fax. Emp. Polít.— folio 74. 

267 



luego él engaño, desmentido con él celo de la religión, y justicia, que en todas 
partes muestra la nación española, no siendo desigual asi misma en las Indias. 
No niego que en las primeras conquistas de América, sucederían algunos des- 
órdenes, por haberla emprendido hombres que no cabiendo la bizarría de sus 
ánimos en un mundo, se arrojaron, mas por permisión, que por elección de 
su Rey, á probar su fortuna con el descubrimiento de nuevas regiones, donde 
hallaron idólatras más fieros que las mismas fieras, que tenían carnicerías de 
carne humana con que se sustentaban, los cuales no podían reducirse á la 
razón, sino era con la fuerza y el rigor. A esta generación de hombres bes- 
tiales alentaban las palabras del Padre las Casas, hasta levantarse muchos pue- 
blos de esta estirpe desconfiada, y voltaria, solicitando una total asolación de 
nuestros españoles, que sin embargo del ánimo invencible en las batallas, 
cedieron, y calmaron á la avenida de estas tormentas politicas, pasando casi 
como desalentados, y falleciendo á dejar algunos los oficios de Regidores, 
como Francisco de Castellanos, Gonzalo Ronquillo, y otros, sin tener entre 
sí pleito que obligasen á tal separación, que solo se atribuye á las ocasiones 
que referimos. Y todo no solo hace creible sino seguro que el libro ya rifado 
es del reverendo Obispo de Chiapa, y porque el autor de su religión 1(61) le 
cita como tal á cada pasó de su Historia de la Provincia de San Vicente de 
Chiapa, y Guatemala, mas no parando en esto como veremos adelante las 
persecusiones, y tristes infortunios de nuestros excelentes y valerosos es- 
pañoles. 



CAPITULO IX 

De lo que resultó del viaje de Fray Bartolomé de las Casas, á España, y las grandes 
incomodidades de las Repúblicas de este Reyno, por la noticia que hubo de 
las nuevas Ordenanzas, y embarazo en la subcesión de las encomiendas. 



MARGINALES.— Partida de Fr. Eme. de las Casas para España. — Detiénese en México 
mucho tiempo. — Llega a Castilla. — No es oído en el Consejo de Indias. — Su 
Magd. Cesárea le manda formar primera y segunda junta de letrados. — Propuestas 
de F. Bartolomé de las Casas. — Personas que componían la Junta. — Formúlanse 
las Ordenanzas para gran ruyna de este imperio occidental. — Cita de Autores gra- 
ves acerca de ésto. — Llega a estas partes la noticia de las nuevas Ordenanzas. — 
Lo que se hizo en Goathemala con su noticia. — Entre tanto que las Ordenanzas lle- 
gaban se entretenían en nuevos servicios del Rey. 



La poderosa oposición que Fray Bartolomé de las Casas mantuvo con 
gran frecuencia contra los conquistadores, le hizo no emperezar en su jor- 
nada, y casi sin dar muestras de su partida, cauto y disimulado, salió de esta 
Ciudad de Goathemala, el día 20 del mes de Mayo, con ocasión de ir á la 
Provincia de Tezulután, de donde fué á residir en la de México en tanto que 
llegada la ocasión de su partida, juntaba mas materia á sus intentos con las 



(161) Kcmesal, por todo. 

268 



revoluciones de aquella gran República, en donde se hallaba este religioso 
por el Agosto de 1538; mas ofreciéndole la dicha brevemente ó flota, ó barco 
particular en que partirse; por el fin del año de 1539. Es cierto que se halla- 
ba ya en la corte de Valladolid, donde esperó por algún tiempo á la llegada 
de su Magestad á aquella corte de la vuelta de Flandes ; porque en el Real 
Consejo de las Indias á donde presidía un tan gran sujeto, como el Cardenal 
Loayza, fraile de la misma Orden de Sto. Domingo, lleno de esperiencias de 
las cosas del nuevo orbe, que casi desde sus principios trató, y asentó la 
suma de sus negocios, le repelió muchas veces sus escritos, con claro conoci- 
miento del sujeto. Pero insistiendo en su propósito este Padre, solicitó y 
consiguió por mano de Monsieur de Naxao, y otros flamencos sus afectos, 
que el Emperador le oyese, y que le remitiese su Magestad al examen de al- 
gunos Ministros y religiosos; de quienes con apariencias de bien universal 
de los indios alcanzó que el Rey le formase una junta de letrados de otros 
consejos, que no era el de las Indias, nombrando entre ellos al propio reli- 
gioso Casaas. < 1G12) Acción de aquellos ministros que del fabor pasó al exceso; 
pues constituyendo juez á la propia parte, llevaban calificado el desacierto. 
Proponía en esta grave junta, con afectado fervor, al pretexto del bien 
universal de los indios, proferido por boca de Fray Bartolomé de las Casas : 
que todos los indios, ací los reducidos, como los que después se sujetasen, se 
pusiesen é incorporasen en la corona, y que ningunos se encomendasen á 
cristianos españoles; ni dados por vasallos, ni en encomienda temporal á 
(ninguna persona, por ningunos servicios que hiciese, ni méritos que alegase, 
para lo que proponía algunas razones y pretextos, más estos de frágil y débi- 
lísimo fundamento, con que procuraba persuadir á grande instancia, y repe- 
tición de consistorios, al Cardenal Don Fray García de Loayza, á Don Se- 
bastián Ramírez de Fuen Leal, Obispo de Cuenca, á Don Juan de Juárez de 
Zúñiga, Obispo de Lugo, al Comendador mayor Francisco de los Cobos, al 
Conde de Osorno, Don García Manrique, á los Doctores Hernando de Gue- 
vara, y Juan de Figueroa, al Doctor Bernal, y á los Doctores Gregorio López 
y Jacobo González de Artiaga, y á los Licenciados Mercado, Gutierre Velás- 
quez, y Salmerón, que eran los sujetos de que se componía la junta, y entre 
los referidos solo había del Consejo de Indias D. Fr. García de Loayza, el 
Licenciado Salmerón, y Doctor Bernal, Licenciado Gutierre de Velásquez, y 
Doctor Gregorio López. Descargando su Magestad su Real conciencia en las 
de semejantes excojidos ministros, con celo del mayor servicio de Dios en 
este excelente y dilatado Imperio; donde se procuraba asentar su santa fe, 
con fundamentos firmes, para eí ejemplo de los nuevos creyentes. Mas aun- 
que las proposiciones del Padre las Casas se hacían lugar con importunas 
porfías en los ánimos de algunos de la Junta, inexpertos, y remotos de las 
materias de Indias, era contra el dictamen, y parecer, de los más graves su- 
jetos por la dignidad, y el esplendor de sus personas, y el conocimiento de 
las materias de Indias, como era el mismo Presidente del Consejo dellas Don 
Fray García de Loayza, Don Juan Juárez, Obispo de Lugo, el Comendador 
Mayor Cobos, Don Sebastián Ramírez, Obispo de Cuenca, que había presi- 



(126) Don Fernando Pizarro, Varones Ilustres.— folio 36? 

269 



dido a ías Audiencias de la Española, y México, y el Conde de Osorno, que 
en ausencia del Cardenal, había entendido en largo, y claro manejo de las 
materias más graves de este Consejo, mas sin embargo de su contradición 
se formaron las Ordenanzas, confirmándose, y corriendo para grande de- 
sastre de todo este Occidente, y casi para la total pérdida del Perú, en que 
sus movimientos, y alteraciones, con guerras civiles de españoles, y diversio- 
nes peligrosas de los indios, lo manifiestan, y lo comprueban con uniformi- 
dad los autores, siendo el motivo de tantos daños como en la muerte de mu- 
chos, descrédito de no pocos, y prescripción de gran tesoro de aquel dilatado 
Reyno, con lo que las cosas de la Católica Feé se atrazaron, por el imprudente 
celo y indiscretas impertinaciones de Fray Bartolomé de las Casas, sobre 
la formación, y ejecución de tan duras, y rigurosas leyes. De que el propio 
autor de sus defensas en su Historia de Chiapa, (168í le da por principal y 
único solicitador de ellas, con encomios y alabanzas, que no creciendo poco 
en la ponderación, aun llega á temer haber quedado corto, y defraudado su 
Casaus en los elogios; mas para fundamento de la verdad y conocimiento de 
la justicia, y razón de los castellanos conquistadores, ejercitados en la tole- 
rancia superior, con que llevaron con más paciencia, y sufrimiento, las im- 
posturas, y persecuciones del Padre Casaus, que aun los propios trabajos 
de la guerra, en que más que los romanos se ejercitaron, se podrá ver lo que 
sobre este punto escriben larga y cumplidamente, Don Fray Prudencio de 
Sandoval, Antonio de León, Gomara, el Inca Garcilazo de la Vega, Don Fer- 
nando Pizarro, El Doctor Sepulveda, y otros que omito por no alargar este 
discurso. 

Aun no bien estaban acabadas de hacer, estas asperísimas y duras le- 
yes, para la mortificación y quebranto de la dilatación, y grande territorio de 
aqueste Imperio Occidental, cuando por las personas de Indias, que había 
en España, ó bien compadecidas, ó acaso receladas en la intensión de acre- 
centarles pesadumbre á los conquistadores, se sacaron, y remitieron varios 
traslados á estas partes, que ya á la letra ó en sustancia decían, y publicaban 
sus rigores; que aun relatados, antes de llegar el tiempo de establecerse su 
promulgación, y observancia, comenzaron á hacer estremecer los corazones 
de los más rigorosos republicanos. Mas no al propio ejemplar de los limen- 
ses procedían exasperados, los de esta Corte y Reyno de Goathemala que 
más templados y más tranquilos, esperaron sin inquietud á la ejecución de 
estas leyes, á que á la verdad ayudó mucho la sanidad de la intensión, y el 
acierto de los dictámenes del Gobernador actual, y Presidente poco después, 
Licenciado Alonso Maldonado. Cuanto el furor de los años, y la inexperta 
prontitud de Vasco Núñez Vela, joven de edad, elevado á la dignidad de Vi- 
rrey, desaforó, y dio ocasión á gran desastre á los vecinos del Perú. 



(163) Remesal, Libro 7<?-Capítulos 11, 12 y 13. -folios 391 hasta 420 v. 

270 






Mas aunque en este Reyno se daba ascenso, a lo que de España se es- 
cribía, con fieles traslados de las leyes, esperaban al tiempo, que en sus 
consejos, y mudanzas sazonase con los saludables discursos, las dolencias 
populares; no porque en esto aseguremos, que no había mucho calor en el 
ánimo de algunos, que siendo hombres, y apasionados, también hervía en 
sus pechos el sentimiento de considerar su justicia obscurecida, sino por que 
estos mismos, atemperados, con los sanos consejos de letrados, se ladeaban 
á la razón de la obediencia, que no perjudicaba al derecho de sus cosas; para 
tomar mejor el pulso á este negocio de tanta gravedad, y tanto peso. Entrete- 
niendo el tiempo, y los disgustos que nacían de la consideración de sus des- 
gracias, con grandes motivos del servicio del Rey, pues á este mismo tiempo, 
que en la Corte se trataba de las descomodidades de los conquistadores, ellos 
acá con más fineza estaban entendiendo en la nueva fundación de esta Ciu- 
dad. (164) Donde por obras principales, que miraban directamente al mejor 
y más cumplido servicio de su Magestad se edificaban á toda costa, y sin 
escasear aun las asistencias personales de los Alcaldes, y Regidores, y otros 
sujetos de los primeros en sangre, y graduación la Casa de Afinación, (165) 
que por entonces se levantaba, á instancias y requerimientos del Fator Ron- 
quillo, y del Veedor Alonso del Castillo, y á que el Cabildo asistió con buena 
suma de pesos de sus propios para esta obra; {1W,) pues solo á Antonio Or- 
tiz por la ocupación de su asistencia se le libraron seiscientos pesos de oro de 
ley perfecta, fomentando su fábrica hasta la última perfección á que se agre- 
gaba la obra de la Catedral antigua de esta segunda poblazón, (167) y solo 
para el Palacio Episcopal (168) dio el R. Obispo Marroquín 1,600 pesos d€ 
oro marcado que estaban en poder de Juan Pérez Dardón, siendo de gran- 
de costo, y de maquinoso y no menor el costo y el trabajo en la edificación 
de las Reales Casas de Cabildo, (16!)) que son las propias que hoy tenemos, con 
diferencia corta. En medio de mantener la guerra, y la pacificación de las 
tierras que gustaba de establecer por suyas el Adelantado Montejo, (170) fal- 
tando al trato que había asentado y establecido con Don Pedro de Alvarado, 
y en que los indios no daban paso al Gobernador Alonso Maldonado, y le 
resistían con las armas, que tanto á un tiempo, y todo grande por la impor- 
tancia de cada una, hace creíble, y muy notorio que haría gran peso y gran 
fatiga, á quellos españoles que seguimos, más no bien sabré afirmar, si acaso 
los imitamos. Mas solo me aseguro para poder correr el sitio de mi pluma, 
en que no así como estos españoles, ninguna nación del mundo supo llenar 
de su fama los límites dilatados de su admirable esfera, con hechos tan glo- 
riosos, y tan grandes como los ejercitados en el descubrimiento y las con- 
quistas de aqueste inmenso Señorío. 



(164) Libro 3? de Cabildo.- folio 55. 

(165) Libro 3<? de Cabildo.— folios 63 y 64. 

(166) Libro 39 de Cabildo.— folio 66 v. 

(167) Libro 3 o de Cabildo. -folio 67 v. 

(168) Libro 3<? de Cabildo.— folio 82. 

(169) Libro 3<> de Cabildo, —folio 39. 

(170) Libro 39 de Cabildo. -folio 36 y 37. 



271 



CAPITULO X 

De lo demás que acerca de las Ordenanzas se ofreció en esta Ciudad de Goathemala, 
y de los Procuradores, que se enviaron ante su Magestad acerca de la supli- 
cación de ellas. 



MARGINALES. — Sucesos del Perú por ocasión de estas Ordenanzas. — Tranquilidad en 
Goathemala. — Trátase de enviar Procurador general a España. — Nombra el Ca- 
bildo y los vecinos por Procurador general para España al Gobernador Alonso Mal- 
donado. — El Gobernador responde que no acepta la procuración. — Vuelve el pro- 
curador síndico Alonso Pérez a pedir se nombre procurador, y señalo personas. — 
Hállase la ciudad y los vecinos divididos en pareceres. — Eligen por procuradores 
para España al Obispo Marroquín y a Gabriel de Cabrera y no tiene efecto el nom- 
bramiento. — Nombra el Cabildo procurador para que en la Audiencia de los Con- 
fines suplique de las Ordenanzas. 



Ardía la América á un tiempo mismo en peligrosas inquietudes de una 
naturaleza, y que nacían de un solo principio, y fundamento, y inficionada 
toda la salud de su imperio del veneno, que con pretexto de remedio, le in- 
trodujeron las Ordenanzas, que consiguió la malicia con capa de religión 
contra el público reposo, se vian aparatos formidables en el semblante de los 
humores que amagaban á tristes desastres, y infortunios, desde el estrecho 
más remoto, al más cercano puerto, sin que en sus límites y el centro de tan 
inmenso señorío, se diese cuerpo de República, sin movimiento, y alteración 
de gran dolencia, que corrompió la fama del Perú, mas por crueldad, y tema 
de Vasco Núñez Vela, ejecutor de las nuevas Leyes, que por malicia de los 
vecinos de aquella tierra; pues habiendo de ir á la Ciudad de los Reyes á 
esta procuración y á suplicar de las Ordenanzas por parte de la Ciudad del 
Cuzco, la autoridad, mérito y gran fervor de Gonzalo Pizarro, que había de 
atravezar para esta jornada todos los Andes, cuyo país tenía ocupado con 
grande diversión que las infestaba, el ejército de los Capitanes de Mango In- 
ga, le fué preciso hacer alguna leva en el Cuzco para su escolta, de que conci- 
bió el Virrey recelos muy nosivos, para juntar tanta gente de guerra, y para 
ordenar inconsiderado é intrépido á Gazpar Rodríguez, su dependiente, que 
sobre seguro matase al Capitán Gonzalo Pizarro, sin que lo consiguiese su 
industria, en tanto que este nuevo Virrey con sus criados hacía matar á pu- 
ñaladas al Fator Yllan Juárez de Carbajal, caballero de grande séquito, y va- 
lor, y que su muerte fué ocasión á gran desastre del Virrey, hasta reducirle 
por orden de los Oydores con quienes vino de España á una prisión estrecha, 
y á remitirle (después de haber nombrado la Audiencia por Gobernador del 
Reyno á Gonzalo Pizarro) ante su Magestad á cargo del Oydor Licenciado 
Alvarez, quien acobardado y arrepentido le sacó del navio á tierra, para ma- 
yor escándalo y perdición de las Provincias, hasta llegar este Virrey inaltera- 
ble en el furor de su dictamen á morir á manos de un esclavo negro de el 
Licenciado Carbajal, hermano del Fator, quedando desde entonces aquella 
tierra despojada sensiblemente de la suavidad de la paz, hasta el arribo del 

272 



Licenciado Gazca, habiendo durado desde el año 1544, las guerras civiles del 
Perú por tiempo lamentable, y desdichado de tres años, colmados de mise- 
rias, crueldades y tiranías, como podrá verse en el Cronista Herrera, en 
Garcilazo Inga, Gomara, y otros autores antiguos. 

Pero no así con tal desgracia, y ocasión pudo la turbulencia de los rigores 
de las leyes, ni lo mal humorado de las Repúblicas turbar el público reposo 
de Goathemala, bien que irritados muchos ánimos, de los que á costa de su 
sangre y sus sudores habían allanado tanto imperio á la obediencia de su 
Príncipe, y merecido para sí con mucha fama, y para sus hijos, y sus mu- 
jeres, con no menos justicia las encomiendas repartidas, que ahora por el 
tenor de la primera Ordenanza miraban derogada aquella legítima subcesión ; 
en virtud de cuya confianza se habían casado, que era entre todas la más 
sensible, y más pesada; mas sin embargo, la cierta fidelidad de su nobleza 
les mantenía y conservaba, en la entereza, y en el punto, de una lealtad jus- 
tísima, y loable. Y solo se pasaba en tanto aprieto, á las más regulares dis- 
posiciones de derecho, que para conseguir mejor efecto en pretención tan 
ardua, y tan ruidosa, pudo importar en la gran extensión de las Provincias 
á conservar el público repozo. n71) Y así en el congreso del día 12 de Octubre 
del año 1543, se introdujo esta importante plática por voz de Alonso Pérez, 
Síndico Procurador General á la sazón de aquel año, que añadía á este punto 
de la subcesión de las encomiendas sobre que debía continuar el Rey su pro- 
mesa, de que casándose los vecinos españoles destas partes dentro de cierto 
términos, se les diesen repartimientos por dos vidas, y el que debía atenderse 
también con gran vigor á no dejar introducir sin suplicar sobre ello en cuan- 
to á el orden de los Quintos, y la libertad, que de los indios esclavos se in- 
tentaba, fundado en la ejecución de estas tres leyes la mayor ruina, y asola- 
ción de estas Provincias. Sobre que acerca de ello pedía, y protestaba por lo 
importante al universal beneficio, que se hiciese procurador á España 

Mas aunque esta proposición se admitió con buen semblante por con- 
veniente á todos, sin embargo de su justificación, y importancia, se difirió 
su decisión por entonces, hasta el congreso clebrado en 23 de Octubre, nl ' 2) 
en que volvió á tocarse esta materia por conferencia dilatada, en que acordó 
el Cabildo; (173) que por sed el negocio de tanta gravedad y importancia se 
nombraba para él al Gobernador de estas provincias Alonso Maldonado, to- 
mando para ello votos de los vecinos, y para recibirlos fuera del consistorio, 
se nombraron por deputados, á Francisco López, y Hernando Méndez de So- 
tomayor, Regidores. Mas parece haberse todo ejecutado en sola la cláusula 
de este día, saliendo los deputados desde la sala á recibir los pareceres de los 
vecinos; porque consta que sin cerrarse este acto, ni haber pasado por el 
intermedio otro día votaron los vecinos, y dieron cuenta á la Sala los deputados 
de el sentir de los republicanos, que conformándose con el dictamen de los 
Capitulares, ,174) también votaron por el Gobernador Alonso Maldonado, con 
cuya uniformidad de pareceres salieron de aquel Congreso, á darle cuenta 



(171) Libro 3<? de Cabildo. -folio 69 v. 

(172) Libro 3<> de Cabildo.— folio 70. 

(173) Libro 39 de Cabildo. —folio 71. 

(174) Libro 3<? de Cabildo.— folio 72. 



273 



al Gobernador, de que estaba nombrado por Procurador del Reyno, para Es- 
paña, y en esta ocasión le suplicaba el Cabildo con rendimiento, y con vivísimo 
vigor fuese servido de convenir en la aceptación de este cargo, más este su- 
perior bien instruido en los derechos, y en práctica segura de las materias 
graves, dijo en esta ocasión y al Regimiento : que á él no le es justo hacer el 
dicho viaje; por que ha de ejecutar aquello que su Magestad< le inviare á 
mandar, y en esto y en todo lo demás ha de hacer lo que concierne á su ser- 
vicio. 

Pero no pudiendo mi diligencia acrisolar la certeza de máxima tan ex- 
traña, como nombrar Procurador al propio que Gobernaba, y que para la ob- 
servancia de estas leyes, era el primer Presidente, que como tal había de 
fundar la Real Audiencia de los Confines, nos fué preciso, el ocurrir á otras 
noticias, y siendo cierto el que esta Audiencia se estableció, y fundó por el 
año siguiente de 1544, que por el Octubre de este que escribimos de 43, aún 
no había noticias en este Reyno de que para él se mandase fundar la cnan- 
cillería de los Confines, y que para ella nombrase la Magestad Cesárea á Alon- 
so Maldonado por Presidente; porque de haberlo participado algún agente, 
el Cabildo, y los vecinos se hubieran abstenido de hacer semejante nombra- 
miento, teniendo en práctica como tenían, que Maldonado como Gobernador 
fué varias veces á España á negocios de la Gobernación, y á este ejemplar 
que estaba en uso, se pasó por el Cabildo, y Regimiento á hacer el nombra- 
miento de Procurador General en la persona del Gobernador Alonso Mal- 
donado. 

Pero pasando el tiempo en conferencias muy activas, y vigorosas, que 
en corros, y en casas particulares se trataban con el calor, y celo de materia 
tan importante, y en que por entonces como ahora consistía la conservación 
de la tierra, desde los 23 de Octubre hasta los 14 de Noviembre, no se halla 
otro Capítulo celebrado, instando tanto la gran importancia de esta materia; 
pero todo el punto de la consideración que los hacía detenidos, los informaba 
aún ó mucho más celosos, y acertados ; porque resoluciones grandes, piden 
sin duda grandes discursos, y conferencias, y en este día volvió el Procurador 
Síndico General, Alonso Pérez á instimular el celo y la importancia del Ca- 
bildo, para este caso, diciendo: (17r ° que bien sabe el Cabildo y Regimiento lo 
por su Magestad probeydo, así por cédulas, como por relaciones, que han ve- 
nido de España, y que la Ciudad de México, y otras de la Nueva España, é 
esta Gobernación quieren ocurrir ante su Magestad sobre ello, con lo que más 
convenga á su servicio, y perpetuidad de estas Provincias, y su fundación 
y asiento; y que esta Ciudad ha días que anda entendiendo en qué personas 
irán á cosa que tanto importa, y que como el Procurador de la Ciudad, y Ca- 
bildo con muchos vecinos conquistadores; á quienes este negocio atañe, y 
han de dar sus dineros; para que en nombre desta Gobernación vayan ante 
su Magestad, á suplicar de todo aquello que en su perjuicio está probeyendo; y 
que el Cabildo nombre las personas que mexor le parecieren. Que ellos 
desde luego nombran al Señor Obispo, y á Don Cristóbal de la Cueba, y á 
Juan de Chávez, y á Gabriel de Cabrera, y á Sancho de Varona, y á Hernán 



( 175) Libro 3<? de Cabildo . —folio 74 . 

274 



Méndez de Sotomayor, por ser caballeros, y personas de calidad, conquista- 
dores, y pobladores desta tierra, y de los principales de ella; y que destos 
nombre el Cabildo dos personas las que mexor le parecieren con dicho Se- 
ñor Prelado, por ser negocio de mucha importancia, y le pidan lo acepte con 
toda brevedad. Era la celebración de este Congreso en el día 14 de noviembre 
de 1543, como llevamos referido, ocasión en que el empeño, y el cuidado de 
este negocio tenía dividida en pareceres diversos á esta República, y en que 
el Síndico Procurador, y los interesados apuntados, discurrían con leve fun- 
damento, que perezeaba, y omitía el Cabildo, en estas diligencias, ó porque 
se pausaban, y se intermitían los congresos con extrajudiciales y largas con- 
ferencias; ó porque los más de les vecinos correspondidos frecuentemente 
con los de México, que se oponían públicamente, y con ruidosas acciones á 
su Visitador Don Francisco Tello de Sandoval, que había venido á la mejor 
execución de estas leyes, quisieran no aparecer menos celosos de su justicia. 
Mas el Cabildo de Goathemala que deseaba la mejor orden de negocio 
de calidad tan grave, con el temperamento que siempre ha acostumbrado, 
mandó se recibiesen votos sobre ello, y se eligieron Procuradores para Es- 
paña al Reverendo Obispo Marroquín, y á Gabriel de Cabrera; pero éstos 
como el primero con embarazos, y impedimentos, ya de cuidados propios, ya 
de nulidades del derecho, tampoco con ellos se consiguió el efecto. Y así como 
en tormenta padecían muy largamente las determinaciones de nuestras cosas 
reduciéndose á confusión común el pretendido efecto, que por entonces pedía, 
tan grave, y tan importante materia, calmando casi tres meses la resolución 
de su acierto; porque hasta el día primero de Febrero del año de 1544, no se 
volvió á juntar otro Capítulo, para decidir este punto, (17(5) mas quien no cul- 
para de muy remisa á esta Junta Capitular, y de poco fervoroso su celo en 
las materias del bien universal, pero es muy de advertir en este caso, que ni 
por solo su adbitrio caminaba al implemento de tanto punto, ni por sí sola 
se movía porque se estaba á los influjos y direcciones del Presidente, porque 
ni en materia de tanta sustancia, y tanto peso, gustaba la advertencia de aque- 
llos Capitulares, que sus Procuradores en su nombre no pasasen á Castilla, sin 
radicar en la Audiencia de los Confines la grande claridad de su justicia, y 
que en el tiempo dilatado que hemos dicho, gastaron la prolijidad de tantos 
días, íl77) en nombrar Procurador por parte de esta Ciudad, que concurriendo 
con los de las Villas de San Salvador, y San Miguel de la Frontera, pasasen 
juntos Juan de Guzmán, cuyo hijo fué Don Diego de Guzmán natural de 
Goathemala, Almirante del Sur, Don Christobal de la Cueba, y Francisco de 
León, que representaban el derecho de esta Ciudad, con Antonio de Ocampo, 
y Juan de Medina, Procuradores de San Salvador, y Martín, y Pedro de la 
Mota, que eran nombrados por San Miguel de la Frontera, á presentarse en 
la Audiencia de los Confines, y por Gobierno ante el Presidente Maldonado, 
en grado de suplicación, y apelación para ante su Magestad, y su Consejo; 
ejecutándose este orden en la Ciudad de Gracias á Dios en 19 de junio de 
1544 años. 



(176) Libro 3<? de Cabildo, -folios 78 v y 79. 

(177) Libro 5<? de Cédula Real de Cabildo.— folios 1 hasta 12. 

275 



CAPITULO XI 
Que continua la materia del antecedente. 



MARGINALES. — El Regidor Hernán de Soto Mayor propone se pida licencia para juntarse 
en la iglesia a nombrar procurador. — Otros Cabildos que se juntaron acerca de ha- 
cer procurador a España. — Procede el Cabildo contra su escribano Juan de León 
por haber entregado sin su orden los autos de la procuraduría a España, a Hernán 
Méndez. — Nombran a Juan de Chávez que se excusa y a Hernán Méndez de Soto- 
mayor que acepta. — Nómbrase por su compañero a Alonso de Oliveros. 



Mas sin embargo no cesaban en el cuidado, y prevenciones del nom- 
bramiento de los Procuradores generales, y asi como decíamos en el Congre- 
so de primero de Febrero, sondando, y advirtiendo dificultades grandes, con 
variedad de dictámenes y pareceres ; quedó sin resolver la grande impor- 
tancia de aqueste punto, que hasta el día 29 de Febrero en el Congreso ordina- 
rio volvió á motivar al Consistorio, por especial medio de una consulta el 
Regidor Hernán Méndez de Sotomayor, en que decía : que su Magestad por 
su Provisión Real mandó se casasen los conquistadores dentro de cierto tér- 
mino, y se les darían los indios, para ellos, sus mujeres, y hijos, y que ahora 
se los quitan en grave perjuicio de unos, y otros, y para su remedio se pida 
lizencia al Señor Gobernador, para juntarse el Cabildo públicamente en la 
Iglesia; para dar orden se remedien estos daños con toda lealtad al Rey nues- 
tro señor, y para que se elijan las Personas que al pueblo y Cabildo les pare' 
ciere, pide que sobre ello se vote, (17s) y procediendo á la formalidad de los 
votos de un sentir, y parecer se acordó, que se pidiese al Gobernador la licen- 
cia, y nombraron para ello por deputado á Hernán Méndez de Sotomayor. 
Y de la propuesta hecha al Cabildo, debe creerse, que aun la noticia de ha- ! 
berse creado la nueva Audiencia para este Reyno no había llegado á los 14 
de Noviembre de 1543, puesto que el Licenciado Alonso Maldonado, regía la 
gran extensión de las Provincias, como Gobernador, y no como Presidente, 
y que las Ordenanzas habían llegado originales según las Reales Cédulas 
que cita el Síndico Alonso Pérez y lo uno y lo otro está contra lo que siente 
el Padre Fray Antonio de Remesal; omitiendo no se con cual motivo otros 
cuatro congresos celebrados acerca de la elección pretendida de los Prcura- 
dores generales para España, que se mandaron juntar unos por orden de Bar- 
tolomé Bezerra, AlcaMe Ordinario del año de 1544, y otros por Pedro de Obid 
su compañero, que se señalan en el Libro Tercero de los Cabildos Ordinarios 
con las fechas de 9 de Junio de 1544, de 16 de Julio, y 18 de este mes, y el 
de 30 del mismo del referido año de 1544; (179) no de los menos graves, que 
ocurrieron en aquel tiempo, pues tratándose, y confiriéndose con gran derecho 
la materia de los Procuradores, como causa común; también como tal en el 
de 9 de Julio se trató de la probanza hecha contra los padres Casas, y Án- 
gulo, por el siniestro informe, que hicieron á su Magestad de haber conquis- 



(178) Libro 3<? de Cabildo.— folios 78 y 79. 

(179) Libro 3? de Cabildo.— folios 85, 97, 94, y 95. 



276 



tado el Lacandón, y que los vecinos conquistadores impedían á los religiosos 
estas conquistas, como lo dejamos referido en el Capítulo Tercero del Libro 
Décimo Cuarto de la Primera Parte de esta historia. Ni menos tratándose 
de la grandísima importancia de los procuradores en el grave Congreso de 
16 de Julio, le despertó el cuidado de historiador á la advertencia de la causa 
producida contra Juan de León, escribano del propio Ayuntamiento, prisión 
de su persona, y exacto y diligente embargo de sus bienes, por la razón, y 
no pequeño motivo de haber entregado los autos hechos sobre la procuración 
á España, al Regidor Hernán Méndez de Sotomayor, sin orden ni licencia 
del Cabildo, y haber incurrido en grave pena contra lo que tenía jurado. Sin 
duda se miraba por aquellos capitulares, con justa ocasión por el celo del sigilo, 
que á más de ser correspondiente al juramento que á él obliga, debía de pre- 
cautelarse á lo público alguna circunstancia de aquella causa sobre los Pro- 
curadores. Mas ni tampoco en los Capítulos apuntados se resolvió el punto 
tantas veces ventilado del nombramiento de los procuradores, gastado en 
concluir este tratado el círculo espacioso de muchos días, hasta el 16 de 
Agosto de 1544, en que fueron nombrados para hacer esta importante jornada 
á Juan de Chávez, y á Hernán Méndez de Sotomayor. (1S0) Pero desobligado 
Juan de Chávez del Cabildo por los pleytos apuntados acerca de la encomien- 
da de Xilotepeque, que aún continuaba en este tiempo, y más viva y activamen- 
te ahora á la llegada de la Audiencia de Gracias á Dios, por cuyo sentimiento 
anteponiendo el daño particular á los trabajos del Común, dijo: que no acep- 
taba el nombramiento, apadrinando su excusa con frágiles y remotos efugios. 
Pero no así Hernán Méndez de Sotomayor, que precisado de muy fino, 
y muy amante de la Patria, en que ostentaba con bizarría los alientos y fervor 
de que sin duda era dotado, dijo: que aceptaba, y aceptó el dicho nombrad 
miento por la merced que se le hacía se conformaba, y les besaría las manos, 
y que está presto de ir cuando le fuere mandado. Y asegurado el Cabildo en 
la posibilidad de los medios en que estribaba el poderse conducir dos procu- 
radores suyos para España, pasó á nombrar compañero de Hernán Méndez, 
á Alonso de Oliveros, que hizo aceptación de semejante nombramiento no 
con menos garbo, y prontitud de voluntad que había aceptado Sotomayor, y 
más en tiempo que no faltando separaciones de voluntad, entre los republi- 
canos, á Juan de Chávez, no bien afectos algunos de ellos solicitaban su 
desaire y sus atrasos, siendo esta de las ocasiones que más se pretendían, por 
agregar, y conseguir mayores méritos á sus hijos, tener más ocasión de lucir 
al público theatro de este Orbe Occidental, y adelantar con la oportunidad 
y la ocasión de los negocios de las Provincias, las propias conveniencias, y 
algunas mejoras de sus casas, bien que ninguno de los más celosos, y más 
empeñados en el servicio del Rey, y las repúblicas se muestra hoy con con- 
veniencia, antes sí aniquiladas, y rendidas al último vale de las miserias. 



(180) Libro 39 de Cabildo.— folio 96. 

277 



CAPITULO XII 

De lo más que en esta República pasó de la jornada de los Procuradores á España, 
hasta el día de su partida. 



MARGINALES. — Los Oidores con nuevos despachos desazonan los ánimos de los vecinos 
de Goathemala. — Los vecinos de Goathemala gobiernan sus cosas por vía de jus- 
ticia. — Movimientos de México a este tiempo. — Vuelve a lo de Goathemala. — El 
Regidor Hernán Méndez de Sotomayor procurador nombrado para España es causa 
de muchas desazones. — Son fomentados los intentos de Hernán Méndez de otros 
vecinos. — Varios dictámenes de Hernán Méndez. — Papeles que se les entregaron 
a los procuradores generales. — Cantidad de pesos de oro que se entregó a Hernán 
Méndez de Sotomayor. 



Quien en el largo término de tantos días que habían corrido sin ocio, des- 
de el 17 de Octubre de 1543, hasta 16 de Agosto de 1544, no discurriera muy 
corrientes las materias tratadas, y muy tranquilos los ánimos de los vecinos 
de Goathemala entre sí mismos, mas quien en la mediocridad de los consejos, 
y discursos, puede oponerse entre los hombres á la resolución de sus dictá- 
menes. Parece que por parte de la Audiencia Real de los Confines, no había 
diligencia á que pasar sobre las nuevas Ordenanzas, suspensa su ejecución 
con la suplicación interpuesta por esta Ciudad, y sus Provincias, para ante 
su Magestad, mas sin embargo, ó la desgracia antigua de estas Repúblicas, 
ó secretos de gerarquía más oculta, movieron en el ánimo, y concepto de los 
Oydores nueva ocasión con que inquietar la gran serenidad en que se estaba, 
tratando solo del despacho para España de Hernán Méndez de Sotomayor, 
y el otro Oliveros su compañero, que pudo retardarse, introduciéndose en el 
congreso de 12 de Septiembre de 1544, (181) una Real Provisión que habían li- 
brado, para que los esclavos indios de estas partes, se manifestasen luego 
dentro de cierto término, mas el Cabildo y Regimiento, bien instruido en su 
derecho y en el estado de esta causa, dijo en respuesta del despacho : que tiene 
snplicado de lo general de las Ordenanzas Reales, y especialmente de lo que 
toca á los esclavos, y así mismo suplica desta que depende dello como supli- 
cado tienen, y por tanto no ha lugar el cumplimiento, hasta que su Magestad 
provea sobre la suplicación de todo. Mas sobre toda la displicencia de los 
ánimos, que se causaba á la contemplación de este despacho, no menos per- 
judicaba al público reposo la común, y general noticia que cada día llegaba 
de los movimientos de México, que instimulaba más los impulsos de nuestros 
ciudadanos; para procurar no parecer menores en sus defensas, que los de 
aquella gran República. Pero aún á vista del ejemplo, y de la ocasión de 
una naturaleza, jamás se ejercitaron en Goathemala en acción menos corres- 
pondiente á su lealtad, y reverencia; porque á este tiempo en México el 



(181) Libro 3? de Cabildo.— folio 98. 

278 



mayor pueblo de este orbe, al día siguiente á la llegada del Visitador Tello 
de Sandoval, y antes de haber presentado los despachos de su comisión, el Ca- 
bildo y Regimiento, con gran séquito de personas que había juntado al es- 
clarecer el día, se fué á su presencia y presentó una larguísima apelación del 
contenido de las Ordenanzas. Mas el Visitador bien, que receloso y advertido 
del gran aparato de gente, sosegó blandamente aquel impulso, con larga sa- 
tisfacción de la Ciudad, y el pueblo, convenciendo su mal concepto, con el 
efecto del hecho, pues venían sobre comisión de que ignoraban su contenido; 
porque hasta entonces, ni estaban presentadas sus cédulas, ni publicada su 
jurisdicción, y ordenanzas, con que antes de esto no parecía poder haber 
agravio; que les rogaba se volviesen, y que nombrasen dos personas, ó tres 
de aquel Cabildo con sus poderes, para que estos tratasen con menos ruido 
de aquel negocio; mas aunque aquel tropel se retiró á sus casas, con el Cabil- 
do de México, no distó mucho la diligencia segunda de la primera, volviendo 
luego á la tarde (bien que con menos ruido, y aparato) los deputados de la 
Ciudad á la presencia del Visitador, y Juez de Comisión, Tello de Sandoval, 
eclesiástico adornado de grandes méritos, y de la autoridad, y experiencias 
de inquisidor, con que colmado de mayor justicia pasó después desde Méxi- 
co, á las Presidencias de Granada, y Valladolid, de donde fué colocado en 
el Obispado de Osma. Y en la ocasión que referimos, si mejorado, y circuns- 
pecto, salió muy grato y muy benévolo á recibir á los comisarios, y introdu- 
cidos á su cámara, preponderó la gravedad de la culpa en que incurrió el 
Cabildo, con el alboroto, y congregación de la nobleza, y la plebe, con que ha- 
bían aparecido á su presencia de mañana de aquel día; de cuya reseña, no 
advertida pudiera haber nacido gran deservicio de Dios, y de la Magestad 
del Rey; mas cuando por su esperiencia, y por su celo calado en la intensión 
del Monarca, no se dirigía su venida á la destrucción de la tierra, ni á estable, 
cer las leyes que por severas pudieran ser el medio que ocasionase el daño 
común y que se hallaba en ánimo de ser medianero con el Rey, para conse- 
guir la mayor conveniencia de aquel Reyno. Mas aunque satisfechos, y con- 
solados se despidieron los deputados este día, no así la plebe discurría en su 
abono, ó fascinada, ó satisfecha de su amor propio, conjeturando, y acaso 
difundiendo no solo por las plazas, y cantones, sino por los suburbios de 
aquella gran metrópoli; que era terror, y espanto cuanto al Visitador le asistía, 
con que su grande número de vulgo andaba desde entonces más descocado, 
y atrevido, y con cantares, y pasquines daba á entenderse su osadía. Así co- 
rrían las dolencias de aquel lugar hasta que á breves días en el de 24 de Mar- 
zo, en público, y sumptuoso theatro á que asistían el Virrey, y Audiencia con 
el Visitador, á que también el obispo concurría, se publicaron las Ordenanzas, 
y nuevas leyes. 

Pero en acabándose su publicación, el Procurador Síndico de la Ciudad 
quiso romper por gran concurso, causando gran rumor entre la gente común, 
dando muchos de los presentes muy claras muestras de su inquietud, y desa- 
zón pero á este tiempo el sano proceder, y la intensión y sagacidad de Tello 
de Sandoval recelando alguna novedad ó gran violencia, no poco temeroso, 

Í279 



y advertido de los furores populares, comenzó en la presencia de tanto pueblo 
á disculparse, y protestar, que cuanto pudiesen las Ordenanzas dañar á los 
conquistadores, y vecinos no le había de ejecutar, y que estaba en acuerdo 
de lo que prometió á los deputados del Cabildo, para cumplirlo. Mas no bas- 
tando á satisfacer al pueblo, que aun sin embargo continuaba en los rumores 
advertidos. El Obispo de aquella Iglesia Don Juan de Zumárraga, quieren 
unos que allí en aquel theatro, otros refieren que en su Iglesia al día siguiente, 
les predicó tan altamente acerca de la inquietud presente, que el celo de su 
espíritu y fervor suficiente á consi'liar la paz pública en todo lo general 
de aquel Reyno. Y aunque la provis'ón que en Goathemala dijimos que por 
la Audiencia de los Confines se publicó por aquel tiempo acerca de los escla- 
vos, no era poco nociva á los que en ellos cifraban sus conveniencias, en sana 
paz de las repúblicas, se consiguió por entonces el suspender su ejecución, 
y cumplimiento. 

Pero dispuestas ya las cosas á la próxima jornada de los Procuradores 
generales un sábado que se contaban 7 de Marzo del año de 1545, se mandó 
por Juan Pérez Dardón, y Bartolomé Marroquín, Alcaldes ordinarios: que los 
porteros convocasen á Cabildo, y en la junta de este día acordaron: que los 
Capítulos que han de tratar en la Corte, Hernán Méndez de Sotomayor, y 
Alonso de Oliveros, se les manden dar, y que se vayan con la mayor brevedad 
que se pueda, y que con los despachos vayan á verse con el Señor Presidente 
y Oydores de los Confines. (182) Pero Hernán Méndez de Sotomayor desde este 
punto parece que empezó á pervertirse, y á descomponer en algo el orden 
de lo tratado; por que respondió estando presente (como Regidor) que no 
puede ir por Puerto de Caballos. Mas sin embargo de su respuesta, en aten- 
ción á muy particulares motivos que le asistían al Cabildo, y de aquestos 
Procuradores adquiriesen cartas de informe de la Audiencia Real para la 
Magestad del Rey, y que si los ministros de la Chancillería, tuviesen que 
encargarles, pudiesen á boca encomendarlo, dijo de nuevo, que le mandaban 
que vaya en persona á verse con los dichos S.S. Presidente, y Oydores, como 
está acordado, y se le ha escrito á la Audiencia por esta Ciudad, y al servicio 
de su Magestad, y bien de esta tierra, conviene sea visto, y platicado con ellos 
sobre lo que lleva, por que informen á su Magestad, y favorezcan á esta Ciu- 
dad, y hecho esto se vaya por do quisiere. Pero Hernán Méndez calado en las 
máximas de sus parciales, que desde fuera fomentaban sus intentos, como 
vecinos particulares, llevando adelante su propósito replicó al Cabildo, y Re- 
gimiento, diciendo, que él ha respondido como al presente no hay navios en 
que el pueda ir, y por dicho Puerto efectuar lo que le es mandado, y que allen- 
de de esto, la Ciudad de Gracias á Dios, é aquella tierra está enferma, que 
podrá enfermar allí de arte como lo temo, que no haga lo que les es encomen- 
dado, y que así sus mercedes pueden escribir á los Señores Presidentes, y 
Oydores, dándoles noticias como él va por la Veracruz, por haber allí buenos 
navios, y que de no él se quedará en su casa, y no irá al dicho viaje. 



(182) Libro 3<? de Cabildo.— folio 106 v y 107. 

280 



Mucha ocasión sin duda se ofrecía en esta junta que vamos refiriendo 
para discordias interiores del Cabildo, que saliendo á lo público cundiesen, 
á gran motivo y gran lugar de muy pesadas inquietudes, y peligrosos movi- 
mientos; que aún son más claros y patentes, á los que conocemos, y tocamos lo 
que de iguales casos se motiva en semejantes puntos al presente. Mas el 
Cabildo por entonces, ó más templado, y advertido, ó acaso conociendo el 
séquito y umón en que fiaba el Regidor Sotomayor, sus bizarrías, solo expresó 
en su proveimiento, que vaya á verse con los Señores Presidente, y Oydores, 
y vístose con ellos se vaya por do quisiere; mas fijo Sotomayor en su propó- 
sito, dio por respuesta, que dice lo que dicho tiene. 

Mas en la propia variedad de los dictámenes; de este caballero Soto- 
mayor, podrá advertirse, cuando de antemano le vienen las desgracias, y len- 
titudes á esta República de Goathemala por que juntándose el Cabildo, el 
día 9 de Marzo del Año de 1545, dijo que hacia saber al Cabildo y á los ved- 
nos que él no puede yr á donde está la Real Audiencia, y que ha de hacer 
su viaje por la Villa Rica; porque podrá adolecer en la Ciudad de Gracias á 
Dios, ó en Puerto de Caballos; que platiquen sobre ello, y que hará y cumplirá 
lo que le fuere mandado; y á su propuesta el Cabildo dijo : que le parece que 
debe ir á la dicha audiencia de Gracias á Dios á le dar noticia de ello como 
está acordado. Y el Regidor Hernán Méndez, ó más premeditados sus desig- 
nio, ó porque rebozaba con la máscara de la obediencia nuevas tramas, dijo: 
"que está de lo cumplir asi". (183) Y en 16 de Marzo continuándose al efecto 
de su partida las diligencias necesarias, pasó á mandar la sala á su escribano 
de Ayuntamiento, entregue los papeles, é instrucciones al Procurador Her- 
nán Méndez; entre los cuales parece se le entregaron las Ordenanzas para 
el buen gobierno de esta República, para que con la aprobación de la Au- 
diencia, pasase con ellas al Consejo para solicitar se confirmasen; fuera de 
estos otros despachos, y escrituras con los poderes otorgados para esta procu- 
ración, á Hernán Méndez, y á Alonso de Oliveros, y un testimonio de la su- 
plicación que se hizo en la Audiencia, sobre las Ordenanzas, y Capítulos que 
su Magestad envió, dos instrucciones para las cosas más principales, y con- 
venientes á la tierra, con las particulares para los indios perpetuos, y oro 
al veyteno, y los indios esclavos, y otra instrucción aparte para otras cosas. 
Una probanza acerca de lo de Tezulutlán, otra probanza acerca de Fray Bar- 
tolomé de las Casas, y Fray Pedro de Ángulo, una relación cerrada, y sellada 
que la Audiencia Real remitió para su Magestad. Y en este mismo día 9 de 
Marzo se le entregaron á Hernán Méndez de Sotomayor, 1124 pesos de oro 
marcado, y el Cabildo, y Regimiento en atención al señalado servicio que 
hacía Hernán Méndez á la República, dispuso que si el referido Hernán 
Méndez de Sotomayor, muriese en el viaje, que el dinero que declarare estar 
en su poder de resto de lo que lleva quede para sus hijos, y herederos, que de 
ello les hace gracia y donación, y que quede con los poderes Alonso de Oli- 
veros. Y estos Procuradores generales aceptaron, y juraron el poder y obli- 
gación de su oficio. 






(183) Libro 3<? de Cabildo, folios 108 y 109. 

281 



CAPITULO XIII 
Que prosigue la materia del precedente. 



MARGINALES. — El Cabildo y Regimiento es de parecer que no vaya esta jornada Hernán 
Méndez. — Sancho de Barona se declara a favor de Hernán Méndez de Sotomayor. 
— Revócale el Cabildo los poderes. — Mándasele depositar la cantidad que había 
recibido. — El Oidor Pedro Ramírez de Quiñonez compone estas diferencias. — Her- 
nán Méndez de Sotomayor y Alonso de Oliveros ejecutan su jornada a España. — 
Compruébase el viaje de los procuradores, y la poca noticia de ciertos autos. — Re- 
vócanse las Ordenanzas, y se consigue su ejecución con gran dificultad en Goa- 
themala y a fuerza de muchas ordenes del Rey por poca voluntad de los Oidores 



Así quedaban dispuestas todas las cosas pertenecientes á la importan- 
cia de la jornada de estos procuradores para España, y estuvieron establecidas 
hasta los 5 de Junio de 45, mediando entre estos días, otras materias de go- 
bierno, entre las cuales por lo que pudiere ocurrir en nuestro asunto, á los 31 
de Marzo, fué recibido por Regidor perpetuo el Veedor Gonzalo Ortiz, con 
cédula despachada en Valladolid, á 7 de Diciembre de 1543. (184) Pero insti- 
mulado el Cabildo en el celo del. más breve despacho de los procuradores 
dijo, por el Acuerdo del Congreso de 20 de Mayo, (185) que porque de dilación 
de la y da del Procurador á España, vendrá mucho daño á la tierra, y vecinos 
delta, y á la Ciudad por quien va. Y porque Hernán Méndez tiene determi- 
nado ir por la Veracruz, y por tan largo camino no puede ir, por tanto se 
manda que el dicho Hernán Méndez se vaya á embarcar por Puerto de Ca- 
ballos, porque será mas bien, y porque Alonso de Oliveros va por allí, y yen- 
do por la Veracruz podrá sobrevenille algún riezgo, y no habrá quien ponga 
cobro á la hazienda. Y estando presente Hernán Méndez de Sotomayor, dijo: 
que irá por el Puerto de Caballos, y en el Cabildo de 27 de Mayo se le man- 
daron pagar los costos que había hecho para el viage. Pero llegado el 5 de Ju- 
nio, parece que con gran motivo producido por las máximas de Hernán Mén- 
dez, y sobre ciertos informes que había recibido el Cabildo, acerca de la si- 
mulada inobediencia de este Capitular, y su Procurador sobre lo que había 
jurado, acordó : que por cuanto el Cabildo es informado, que Hernán Méndez 
de Sotomayor, se quiere yr por la Veracruz, y no por Puerto de Caballos que 
se vote sobre ello por los S. S. Regidores. El mayor número fué de parecer, 
que no fuese Hernán Méndez, y que se nombre otra persona, y entregase la 
cantidad que había recibido; y pidiendo Sotomayor que se le diese testimo- 
nio de todo, mandósele dar, se cerró, y firmó el Cabildo disolviéndose la 
junta, hasta el día 8 de Junio, que se mandó convocar otro Cabildo, (180) en 
que pidiendo Sancho de Barona, y como uno de los deputados de los vecinos : 
que á Hernán Méndez de Sotomayor, le dejen ya su viaje, y vea si se le puede 
revocar el poder, y si no le dejen ya libremente. 



(184) Libro 3<? de Cabildo.— folio 110. 

(185) Libro 3<? de Cabildo.— folios 113 y 114 v. 

(186) Libro 3<? de Cabildo —folio 118. 



282 



El Cabildo que sobre bien informado de los intentos, y inobediencia 
de Hernán Méndez, consideraba la oposición que se intentaba, contra la cer- 
teza, y notoriedad de su poder, y autoridad, pasó á la revocación de los pode- 
res, y mandó se notificase al Regidor Hernán Méndez; y en el congreso des- 
pués á 10 de Junio se volvió á juntar, los Regidores Francisco López, Gonzalo 
Ortiz, y Bartolomé Marroquín, pidieron: que Hernán Méndez de Sotomayor, 
volviera el dinero que tiene recibido, pidiendo dello testimonio; M ^ T| y consi- 
guieron si bien no el todo de su intento, al menos que se proveyese, que Her- 
nán Méndez, depositase el dinero en poder de Sancho de Barona, hasta en 
tanto que se sepa si ha lugar á la revocación de los poderes. 

Y pasándose á nuevas diligencias en el Congreso de 12 de Junio de 
1545, (188) se acordó por el Cabildo, y Regimiento, que se diese noticia á los 
Señores Presidente, y Oydores de la Real Audiencia, acerca de la revocación 
de los poderes, con las causas que ello motivaron al Cabildo con todo lo que 
pasaba hasta aquel día, «pero mediando entre estos accidentes (que ya ama- 
gaban á gran separación de voluntades, y en que no se recelaban menores 
bandos, que en los tiempos que obtuvo este Gobierno Francisco de Orduña), 
la entrada del Licenciado Pedro Ramírez de C^uiñónez, Oydor de los Confines, 
en esta Ciudad, á fin de averiguar el tratamiento, y instrucción de los indios, 
que hallando desazonados los ánimos de los vecinos, y de los Regidores, fué 
medio su respeto, y su diligencia á unir, y concordar aquellas desuniones para 
que Hernán Méndez y Oliveros ejecutasen su viaje para España, á los efec- 
tos referidos. Porque aunque el Presentado Remesal, (189) afirma que estos 
Procuradores no pasaron á Castilla, le engañó mucho la priesa con que escri- 
bió, y con que pudo ver los Libros del Cabildo si los vio, pues consta del con- 
greso de 18 de Mayo de 1548, (100) que en él propuso el Licenciado Don Fran- 
cisco de la Cueva, Alcalde ordinario, y Juan de Guzmán, su compañero, que 
se vea la cuenta que da Hernán Méndez de Sotomayor, del cargo que llevó, 
y recaudos que trae á la Ciudad. De cuya cuenta se mandó dar traslado al 
Procurador Síndico General de aquel año. 

Y ocurriendo por mi seguridad, y más firmeza de las noticias, á otros 
papeles, y instrumentos, nos aseguran, y comprueban nuestra opinión, y cer- 
tidumbre de los Libros de las Cédulas, y rescriptos Reales del Archivo Se- 
creto del Cabildo, donde de muchas inferimos por su contexto, el que Her- 
nán Méndez de Sotomayor, y Alonso de Oliveros, ganaron en la Corte muchas 
de ellas, y en especial por lo que mira á la correspondencia del tiempo una de 
ellas dice, sobre el almo jarif asgo. Oficiales del Emperador Rey mi señor, que 
residís en las Provincias del Pirú, é tierra firme, llamada Castilla del Oro, é 
Honduras, é Nicaragua, é de las otras Yslas, é Provincias de las Yndias, é 
á cada uno, é á cualquiera de vos, á quien esta mi cédula fuere mostrada, 
ó su traslado signado de escribano Público. Saved que Hernán Méndez de 
Sotomayor, é Alonso de Oliveros, en nombre de las Ciudades, y Villas de la 
Provincia de Goathemala, me han hecho relación, etc., y tiene la fecha de 



(187) Libro 3<> de Cabildo.— folio 119 v. 

(188) Libro 3<? de Cabildo.— folio 120 

(189) Remesal, Libro y Capítulo 11. 

(190) Libro 3? de Cabildo .—folio 163. 



283 



Guadálaxara en 21 de Septiembre de 1546. Secretario Juan de Samano. (191) 
Y otra despachada como la primera por el Príncipe, á cerca del modo de su- 
ceder, los hijos á sus padres en las encomiendas de Indios, también su fecha 
de Guadálaxara, á 11 días del mes de Octubre de 1546 años, que empieza: 
"Presidente, y Oydores, de la Audiencia, é Cnancillería Real de los Confines. 
Hernán Méndez de Sotomayor, en nombre é como Procurador General de 
las Provincias de Goathemála me ha hecho relación, que algunos Conquista- 
dores, é pobladores de ella, etc. Secretario Juan de Samano", (lí)2) y fuera de 
estas para comprobación, y firmeza de lo que decimos pudiéramos citar otras 
muchas cédulas, ganadas por Hernán Méndez de Sotomayor, y Alonso de 
Oliveros, mas sin embargo, lo omitiremos para abreviar, y porque queda pro- 
bado que el P. Remesal se engañó, y que no hubo remora (como dice) que 
les detuviera el viage, antes bien prosperada, y cumplida su jornada, consi- 
guieron y alcanzaron de la piedad, y justificación del César, Rey de Castilla 
para este Reyno de Goathemála, nuevas mercedes, y como mas importante 
y más aventajada la de la revocación de las rigorosas leyes, que tanto daño, 
y atraso hicieron á las conquistas, fundaciones, é instrucción de los indios 
convertidos, como podrá entenderse la revocación advertida, en Cédula de 
Madrid su fecha á los 20 de Marzo de 1546, de cuyo tenor (como de los más 
Reales Rescriptos suele hacerse) los Oydores de aquellos tiempos tenían dor- 
mido y olvidado, ejecutando sin embargo algunas de las más rigorosas de 
aquellas leyes en grande perjuicio, y asolación de las Provincias; hasta que 
por otra Real Cédula, la de Zaragoza, á los 30 de Junio de 1547, volvió á 
mandarse sobreseer del tenor, y ejecución de las Ordenanzas ya revocadas, 
porque sin duda los Oydores á la ejecución de la primera cédula ya apuntada 
en 20 de Marzo, no querían darse por avisados, y imaginando y presumiendo 
calados, y satisfechos de la gran autoridad de sus oficios, que siendo ellos 
de quienes confiaba el César la dura ejecución de aquellas órdenes, que ce- 
diendo, y levantando la mano al primer despacho de su Príncipe, que vino 
en contrario que aún no quedaba bien la dignidad de la toga. Mas sin em- 
bargo el Presidente Alonso Maldonado, á quien llamaron el Bueno, bien ins- 
truido, y ejercitado en las máximas superiores del Gobierno, puso en altísimas 
consideraciones á los Oydores sobre que se alzase la mano de la aspereza co- 
menzada; pues se hallaba motivo tan legítimo como quererlo el Rey así, para 
hacer bien á las Provincias de la jurisdicción de la Audiencia, y más cuando 
debían discurrir en el mérito, y la bondad de sus vecinos conquistadores de 
cuya suplicación había dimanado la revocación de las leyes que después de 
mandadas suspender se procuraban introducir. 

Mas no pudiendo conseguir tan justo efecto, la diligencia, y la inten- 
ción de Maldonado; pudo el recelo en los Oydores ocasionar mejor despacho, 
y probisión; porque llegando las noticias de los desastres de el Pirú, y lo 
que de México escribían, reconocieron que la gente de las Provincias, que 
gobernaban, y regían, siendo tan sujetas, y tan rendidas á la voluntad de su 
Rey, merecían mejor premio, y más dulce correspondencia, y no quisieron 
pasar á otra experiencia, que estas suelen ser costosas por lo inexperto, y 



(191) Libro 1<? de Cédula Real de Cabildo.— folio 25 v. 

(192) Libro de Cédula Real de Cabildo — folio 72. 



284 



áspero de los Ministros, y estos ó más cuerdos que otros de aquellos tiempos, 
ó acaso escarmentados en las cabezas de aquellos que levantando el polvo, 
y la tormenta les fué preciso andar con las armas en las manos mucho tiempo, 
nos dejaron, y mantuvieron en paz nuestras Repúblicas. Y nos por concluir 
y fenecer lo que nos resta de la jurisdicción de Cazabastlán dejaremos para 
adelante lo que toca á la tasación de los indios, y otras ocupaciones de nues- 
tros españoles. 



CAPITULO XIV 

De la amenidad, y abundancia de la tierra de Cazabastlán, y cosas maravillosas 
della, y de la destreza, y habilidad de un vaquero de este Partido. 



MARGINALES. — Ordenanzas fuera de las principales que hizo el Cabildo de Goathemala. 

— Cacao se manda que corra por moneda entre los indios. — A que gentes llaman 
Calperos. — Que otros frutos se hallan en este país. — Muchas especies de abejas. 

— Mulato gran vaquerizo y diestrísimo en eso de la jarretadera. 



Dejamos ahora las cosas serias, y las graves, por las amenidades y 
dulzuras de la naturaleza, hasta que la variedad de los humores de los hom- 
bres fuera del nivel, y proporción de su hermandad, nos de nueva ocasión, 
y nuevo asunto á referir los accidentes, y acciones grandes ejecutadas en otros 
tiempos, mas sin embargo antes de introducirse, y engolfarnos en la contem- 
plación, que por orden, y providencia del Altísimo, admiramos, y conocemos 
como milagros de la naturaleza, es bien decir, como en esta Ciudad de Goa- 
themala, se hicieron varias ordenanzas, fuera de las que para el buen go- 
bierno de la República (lí)3) llevó por la confirmación, Hernán Méndez de 
Sotomayor, á España, y que consideradas por la Justicia, y Regimiento las 
muchas vejaciones é injusticias que recibían los indios del tianguis (que es 
mercado) nombró á Diego González, por Ministro del tianguis de los in- 
dios; para que ayudase, y cuidase de ellos, y atendiese á su desagravio, sin 
que este Alguacil, se divirtiese ni extraviase á otra cosa. Oh, y cuantos bue- 
nos ministros se necesitan hoy en este ministerio, y para este mercado pú- 
blico, donde á la vista de los Tribunales, se cometen tantos insultos, y homi- 
cidios en estos miserables, sin que por las muchas muertes que allí se han 
hecho de pocos años á esta parte por gente infame y atrevida negros, y mula- 
tos, se haya visto á la satisfacción de la vindicta un solo ejemplo, que con- 
tenga á tanto vulgo, y populacho, donde por la tolerancia de estos delitos 
crece y se aumenta su atrevimiento, y osadía. Mas porque en lo moderno 
no se extrañe y paresca á los presentes suma inopia de nuestros tiempos, 
el ver correr por moneda entre los indios el grano del cacao, también por 
aquellos más opulentos y dichosos, se mandó por el Cabildo el día 15 de Sep- 
tiembre de 1546 años, que los indios recibiesen el cacao en el tianguis, por 



(193) Libro 3<? de Cabildo.— folios 126 hasta 150 v. 

285 



moneda corriente de su uso; porque no todas veces entre ellos, podía ser fácil 
la posesión de las monedas, y más entonces que todo el recambio de las cosas, 
se reducía á la satisfacción de oro marcado, ó de tipuzqui, de que en aquel 
siglo hubo abundancia general en este Reyno ; á esta manera se proveyeron 
y ordenaron otras cosas, muy convenientes, y de alivio para la causa común, 
que por entonces necesitaba de muchos alientos, y socorros; porque aun se 
trabajaba y entendía por los vecinos en acabar los edificios comenzados para 
su habitación. 

No así en los pueblos, y partidos se necesita de establecer con el rigor 
de los mandatos y de las penas que corra, y sirva el cacao como moneda; 
y mas en los de tierra caliente á donde se produce, como en aqueste de Ca- 
zabastlán objeto de este Libro Quinto, porque es estilo establecido y muy 
corriente en todos sus mercados, ó tianguis ó en las personas de la colpa, que 
son rescatadores de este fruto, que andan por las calles de los pueblos ven- 
diendo especies, ó golosinas, no á trueque de otra cosa que de cacao, y así 
^ste pueblo de Cazabastlán, y sus sujetos abunda de lo que por sí no fruc- 
tifica la tierra, y de lo mucho de que ella es abastecida, por cuya causa, y la 
de sus confinanzas de donde también se le introduce, jamás conoce ni es- 
perimenta la necesidad de la hambre, siendo esta una de sus mayores exce- 
lencias, como sin duda también gran privilegio, que se produce de su clima, 
y su temperie, no padecer su número de pueblo, y vecindad, contagio alguno, 
de los que suelen en otras regiones, y países, llegar las poblazones, y Pro- 
vincias á lo funesto, y desastroso de la última asolación. 

Por la delicia, y hermosura de sus llanuras, y la belleza, y apasibili- 
dad de sus bosques, y montañas, frescura, y abundancia de sus aguas, se 
gosa de recreo y abundancia, pues en tan dulce amenidad, y recreación se 
halla lo muy precioso que advertí en Capítulo Sexto de este Libro, y si no en 
cantidad en muchas partes, bálsamo muy legítimo, y precioso, muchos ár- 
boles aromáticos, que difunden grande fragancia, y suavidad, y no le falta 
á este país algún liquidambar, y sangre de drago bien que poco ; produce la 
fertilidad de su terreno cañas tan elevadas y crecidas, que pasan de cincuen- 
ta palmos de largo, y estas son de las que en otra parte referimos, que admiten 
en uno de sus cañutos una arroba de agua, y en los edificios sirven de vigas 
muy durables ; y en las montañas y los bosques hay grande y admirable copia 
de flores olorosas, que sirven al libar de las abejas, de que hay diversidad de 
especies, que fabrican distintas calidades de miel; porque hay algunas con 
aguijón á la manera de las de España, y otras, y las más comunes son dé la 
propia especie, color, y tamaño pero carecen de aguijón, y son las que más 
y mejor miel fabrican en corchos unas, y otras. Hay además de las referidas 
otra especie que llaman moscas, que en las raíces de los árboles tienen las 
celdas, y habitaciones, y otra generación de eilas que llaman congos, que 
tienen su operación debajo de tierra en vivares como hormigueros; donde 
fabrican una miel diversa de las otras; porque la de estas es agria y de tan 
activa calidad que embriaga con tan pronto efecto como el vino más generoso, 
llaman á este género de miel tálneti, que quiere significar miel de tierra. 

286 



Y estas ocasionan gran peligro á los vaqueros, y hombres de campo, 
por que los indios que buscan semejantes posos de miel abriendo los zan- 
jones que hacen para sacarla los dejan descubiertos, por cuya causa corrien- 
do muchas veces, y dando en ellos, han sucedido muy grandes peligros, é 
infortunio; mas estos géneros y frutos que llevamos advertidos solo se ha- 
llan, por la parte que de este país entra y se arrima á la confinanza de la 
Verapaz. 

Por la abundancia, y feracidad de los pastos de este excelente territo- 
rio» y gran comodidad de sus aguajes, se tuvo desde el principio de nuestras 
fundaciones todo el país por muy dispuesto, y adecuado á las crianzas de ga- 
nado mayor, y así vio poblado en breve tiempo de una abundancia maravi- 
llosa de este género; ñero corriendo el curso de algunos años la propia mul- 
titud, y multiplico, ocasionó la mayor ruina de las haciendas, y los hatos; 
por que ahuyentadas las partidas á lo intrincado de los montes, quedó co- 
mo dicen cimarrón, y casi sin rejeguero todas ellas. Y así perdidas, y arrui- 
nadas no ofrecieron otro modo de aprovecharse á sus dueños, que el de me- 
ter en ellas jarretaderas para valerse del sebo y de los cueros con desperdicio 
de la carne; mas habiéndose criado en el ejercicio de las vaquerías, cierto 
mulato de cuyo propio nombre no dan razón las tradiciones, y solo le nom- 
braremos con el apelativo con que hasta hoy es conocido del Niño Sentado; 
porque parece que para este hombre de estar sentado á caballo de día y de 
noche era el modo más apropósito de su vida, pues la silla de cabalgar era su 
asiento, su cama, su mesa y su mayor comodidad, este que referimos vaquero 
era tan diestro, y tan famoso, cuanto hasta hoy otro ninguno le aventaja, ni 
aun le iguala; pues este pareciendo exeder lo natural jerretaba cada día cien- 
to y sesenta reses, y así los dueños de hacienda de aquel tiempo, se valían 
de la prompta, y singular destreza del Niño Sentado; para agotar en pocos 
días, cual el número de cuatro, cual el de seis, y siete, y aveces nueve mil 
reses de que se componía el número de los rodeos de sus haciendas, mas 
este astuto y avisado en estos ejercicios, no entraba á jarretar en parte algu- 
na, sin boleta de orden, y permisión, de los dueños de las haciendas, las cua- 
les con gran cuidado, y vigilancia guardaba y retenía en su poder, y en propia 
mano, para lo que diremos después; entre las haciendas de campo del Par- 
tido de Cazabastlán, en que se alsó el ganado, por desamparo de su dueño 
fué una la de un fulano Arriaza, que estando en olencia sus rodeos, por oca- 
sión de una serpiente, que descendió de la parte de la Verapaz á sus sitios, 
y poblaciones, le mató algunos vaqueros, desamparó la hacienda, dejando 
arruinar, y destruir lo que valía, y era la suma de su caudal, y sustancia; 
pero noticioso del Niño Sentado, h'zo llamarle, y advirtiéndole el peligro de 
la serpiente, se consertó con él para que le jarretase el ganado de su hacien- 
da, esta dicen que se poblaba, y componía de siete mil reses, de advertir que 
en estos casos el solo usaba de la jarretadera, y los demás hombres que le 
daban solo servían de desensebar, y desollar las reses que él jarretaba. En- 
tró pues en la hacienda el mulato vaquero, con los que le acompañaban para 
desensebar, si bien aquestos temerosos, penas empesó á levantar, y golpear 
el ganado (hablamos en los términos que estilan los vaqueros), cuando al 
tropel y ruido de algunas puntas, la serpiente levantó el wuelo con grande 

287 



estrépito y rumor, con cuya vista los otros vaqueros que estaban en paradas 
huyeron temerosos, y ligeros á partes más seguras, y apartadas, más el mu- 
lato quedando solo, y viéndose acometer de la fiera por el aire, anduvo dies- 
tro, y animoso en larga batalla con ella, hasta que después de mucho rato y 
muy herida vino al suelo donde acabó de matarla, y fué á dar cuenta al due- 
ño de la hacienda, que vino á ella con su gente, y viendo muerto al enemigo 
que los ahuyentaba se prosiguió con la obra que intentaba, para volver á 
poblar de nuevo. 

Corrió la fama del Niño Sentado por el Reyno, pero no como debiera 
difundirse por loable, sino como acostumbra el veneno y el encono de la 
malicia y de la envidia, por que estas le delataban ladrón, y de tal arte que 
era afirmando que había destruido muchas haciendas de campo, y como se 
hablaba de esto comunmente, pudo este mal nombre que atribuían á este 
miserable, llegar á las noticias de la Hermandad, y su Alcalde Provincial; 
con estos motivos suficientes, salió á buscarle, y le prendió en su casa sin 
resistencia, de donde le hizo conducir á la cárcel pública de esta Ciudad, y 
fulminándole la causa, confesó haber el solo jarretado por sus manos innu- 
merables cantidades de ganados, mas pareciendo estar confeso y convicto, 
presentó las boletas que apuntamos, sobre que también en su abono juraron 
los propios dueños de las haciendas destruidas, quedando libre, y los testigos 
y depositores no muy gustosos, ni sin pena. 

Asegurábanme hombres ancianos haber visto muchos años su retrato 
con el suceso de la sierpe en los corredores bajos del Cabildo, que sin duda 
por hombre famoso en aquel ministerio, y para notoriedad de su crédito con- 
tra la impostura de ladrón le hicieron retratar en aquel tiempo. 



218 



LIBRO SEXTO 

CAPITULO I 
De la dilatada Provincia del Golfo Dulce, y fertilidad de su territorio. 



MARGINALES. — Temperamento nocivo de este país. — Circunvalación de esta tierra. — 
Tierra formada de grandes serranías con muchos torrentes de agua. — Ríos con mu- 
cha pesca. — Confines de esta provincia. — Cosas excelentes que se hallan en estos 
montes. — Frutos preciosos de sus montañas. — Incomodidad de plagas y animales, 
y un caso que manifiesta la osadía de los monos de este sitio. — Especie de culebri- 
llas muy nocivas. — Moscas de varias especies. 



Una de las provisiones, y no la menos importante, de las que están á 
la providencia de los Presidentes de esta Cnancillería de Goathemala, es la de 
la Alcaldía Mayor de Amatique, y Castellanía de la fortaleza de el Golfo Dul- 
ce, país que por la descomodidad de su temperamento, caliente y húmedo, 
y grave molestia de su solitaria situación, es tan desapacible y desacomodado, 
cuanto por la grandeza y fertilidad de su territorio admirable y prodigioso, 
bien que casi aún no reconocido por su centro, porque breñoso é intrincado 
no da permiso al más baquiano á penetrar sus arcabucos, impedidos y em- 
barazados de inmensa ciénaga causa formal de su intemperie y poca sanidad, 
en que por su despoblación, poco trajín, y mucha uñón de sus boscajes, se 
mira sin remedio su destemplada situación; porque alagada y humedecida 
de largo ivierno, y asombrada de muy frecuente serranía, y de impenetrable, 
y tupida montaña, no penetrando el sol embarazado de cerrazón, y gran nu- 
blado lo enlazado de la arboleda, jamás enjuga las lamas y atolladeros de aquel 
terreno, en cuyo tránsito al sitio de las bodegas, solas tres leguas de camino 
detienen á los harrieros, ocho días, y á veces más por lo pesado, y cenagoso 
de su tránsito, sito, con costo de gran caudal en muías que se mueren. Es 
sin embargo mucha porción de tierra que se pierde, y se malogra; por que 
corriendo por treinta y cinco leguas del Este á Oeste, y por treinta de Norte á 
Sur, por su circunvalación corre á la gran extensión de ciento y cinco leguas 
de tierra prolífica, y sumamente productiva. Mas dé esta grande extensión 






289 



de territorio, apenas hay parte que se establesca de llanura, si no es peque- 
ños, y muy ceñidos valles, que se forman, y componen entre una, y otra 
abra de tanta inmensa serranía como se ve en este gran partido ; de cuyas 
cimas se precipitan á lo profundo de estas pequeñas llanuras infinitos, y 
grandes torrentes de agua, que los inundan más, y los engolfan, corriendo 
por entre altos y nebulosos montes de donde coligados, y reducidos á pocas 
congregaciones se hacen crecidos, y navegables, corriendo después, lenta, y 
silenciosamente por fértiles, y patentes, campos, en donde sus riveras están 
vestidas de robustos árboles, que las hace apasiblemente sombrías, no siendo 
sus corrientes menos útiles, por muy fecundas en todo género de pesca, y de 
multitud de aves que se sustentan de ella, cuyas especies de grande pesque- 
ría propondremos en la descripción de la laguna, que forma el Golfo Dulce. 
Confina este extendido territorio por la parte de Medio-día de su asien- 
to, y situación con el corregimiento de Cazabastlán; por el Sudoeste hasta el 
Poniente con la Provincia de Varapaz, y deste rumbo al Noroeste con gran 
región de indios infieles ; y por la parte que mira al Septentrión con las ri- 
veras del Mar del Norte; mas por lo que mira al Leste confina con la gran 
Provincia de Honduras, sin que entre estos confines se le interponga otro 
alguno. 

Pero corriendo las cordilleras por larga, y dilatada, longitud, las vetas 
también con ellas sin estrecharse, ni ceñirse á términos ni límites escasos 
se derraman y dilatan desde Cazabastlán á todo este partido, y así más bien 
en su territorio, y país se halla la piedra calamita, y mucha, y muy fina piedra 
azufre, con otras piedras minerales de metales no conocidos, ni por la natu- 
raleza de su especie, ni por el arte de su beneficio, de que hay montes enteros, 
en que parece su formación toda metálica, sin otra diferencia de tierra, bien 
que considerados ó por su gusto ó por la calidad de su vapor, parecen todos 
antimoniosos y cuando, no, no sin malicia, y compañía y muy perniciosa á su 
naturaleza. Mas fuera de esto en sus montañas, y sus campos, se utilizaran 
mucho otras naciones en cuyo poder estuvieran, porque en ellas pudieran 
cojerse grandes porciones de zarzaparilla, raíz de china, y casi inagotable lo 
que produce de Mechoacán; con muchas cortezas aromáticas, gomas, resinas 
olorosas, que todo se pierde, y se malogra, por no haber quien se aplique á 
su cosecha, ó por que la destemplanza, y clima enfermizo del país, no da 
permiso á largas asistencias de los hombres y porque fuera de lo melancólico, 
y solitario, casi continuo ivierno, y muy enfermo, el territorio es insufrible, 
y gravemente incómodo, con grande tropa de plagas, y enemigos, en mosqui- 
tos pestilenciales, garrapatas, talajes, culebras, y sapos disformes y crecidos, 
mucha abundancia de tigres, leones, dantas, y monos casi de la estatura de 
un hombffc, que melancolizan, y funestan el contorno con aullidos intolera- 
bles, y en cuya audacia, y gran furor de aquestos animales se ha visto que á 
un hombre que en una ocasión cazó una mona con su hijuelo, le cercó, y ro- 
deó gran cantidad de estos animales, y que á no haber acudido otras personas 
en su ayuda hubiera perecido en poder de aquellas bestias. Mas entre ellas 
la que aun más que otras culebras fieras, y venenosas se teme en esta región 
del Golfo Dulce, es una especie de culebrillas pardas delgadas á la manera 
de un alambre, ó hilo fle yerro que encogiendo la longitud de su estatura, 

290 



; 



que es de un geme á la de un pequeño gusano se introducen con suma lige- 
reza, y velocidad en las pantorrillas de las personas que andando descalzas 
por las montañas, y senagales, causando llaga en la parte de mucha malig- 
nidad, y gran molestia; pero aun con toda la acerbidad de su perjuicio, estos 
animales tan molestos, y de accidente tan perjudicial, dejan lugar á su reme- 
dio, y curación. Porque al siguiente día de entrada, por particular providen- 
cia, ó necesidad de su naturaleza hecha fuera como dos dedos de la cabecilla 
de su cuerpo, y esta se coje con un palillo hecho á la manera de tenazuela, ó 
como abre un compás, y se va recogiendo con grande tiento á él, hasta que 
se resiste la culebrilla al llamamiento del palillo, en parando la aseguran con 
una venda de lienzo, así como está en la tenazuela, y la dejan hasta otro día, 
que vuelven á torcer el palillo, y ella da de sí lo que quiere, continuando con 
este tiento, y prolijidad, hasta que del todo sale de la parte á donde se intro- 
dujo; porque si resistiéndose, y haciéndose tenaz, hay porfía en quererla 
violentar para que salga, quiebra por aquella parte á donde llegó el palillo, 
y no hay, ni se ha hallado remedio para sacar lo que queda de la porción de 
-su cuerpo dentro de la pantorrilla, y es causa para llaga, ó llagas perpetuas 
hasta el fin de la vida. 

Pero entre lo que llevamos referido de las plagas, é incomodidades de 
este país del Golfo Dulce, y su territorio, no es menos considerable la gran 
molestia, que se ocasiona á la comodidad de la vida humana, por la máquina 
inagotable, que así en él, como en los ingenios de tinta añir de todas las Pro- 
vincias, se produce de moscas de muchas diferencias, como entre la infinidad 
de las comunes, y otras que llaman tábanos, que arrojan á las piernas de los 
hombres un aguijón tan penetrante que no hay defensa que las resista, si no 
es poniendo un pliego de papel entre la calceta, y la media, que en tierra tan 
caliente sirve este alivio de nueva incomodidad, y desazón. Estos tábanos 
mayores que las comunes moscas es la más cruel batalla, que á las cabalga- 
duras les sobreviene, porque picándolas continuamente desde el casco á las 
corbas, por sacudirse de ellos manotendo continuamente dejan el pienso, y 
se encanijan y enflaquecen, quedándoles los brazos convertidos en vivas lla- 
gas, de las que las más de ellas mueren, sin haber modo, ni remedio que las 
defienda. Entre estas tan nocivas, y perniciosas, aun hay otras más perjudi- 
ciales, y maliciosas que llaman moscas de quereza, porque estas sentadas en 
las ventanas de las narices de las personas que duermen, ó en las heridas ó 
llagas, ó en las picadas, ó heridas de los ganados, estercolando en ellas lo 
que llaman quereza, con graves calenturas, perturbación y dolor de cabeza 
á las veinte y cuatro horas engendran gran copia de gusanos, que en las per- 
sonas que experimentan este accidente, hacen efectos muy sensibles, sin que 
para esto haya otro remedio, ni curación, que sorbiciones, ó lavatorios, y pol- 
vos del grano de cebadilla, que los ihace expeler, y los mata, y casi no hay 
tierra de la que es caliente, y mira á la costa del mar sin esta plaga. Con 
que no faltando en cosa á lo que toca al instituto de mi obligación, y oficio, 
para lo malo de este territorio se han dejado de expresar sus calidades, y de 
lo bueno se ha dicho ya en lo productivo, y grande extensión de su país lo 
que le toca. 

291 



CAPITULO II 

De la calidad, y grandeza de la Laguna que hace el Golfo Dulce, río que la forma, 
y su desagüe al Norte. 



MARGINALES.— -Descripción del país de las Bodegas. — Río de Polochic. — Forma del 
Golfo Dulce. — Varias situaciones a que se ha mudado el Castillo, por las explora- 
ciones del pirata Antonio Serlego. — Pedimento de el Cabildo de Goathemala acerca 
de estos puertos. — Mal suceso que resultó de no hacerse lo que la ciudad de Goa- 
themala pedía. — Vuelve la ciudad a instimular al Presidente Villalobos acerca 
de la mejora del Puerto y no vasta. — El Presidente Alonso Criado de Castilla man- 
da levantar la fortaleza en Santo Tomás, que por él se llamó de Castilla. — Múdase 
a el sitio donde hoy yace por orden del Presidente Avendaño. — El pirata Yanques 
le desmantela el año 1686. — El Presidente Don Jacinto de Barrios le reedifica en 
forma regular. — Navegación de los barcos de España, descarga de la flotilla por el 
río. — Descripción de su madre. — En la seguridad del propio golfo logra el pirata 
sus pillajes. — No pudiendo largar la ruta el pirata le dio fuego en Rancho Quemado. 



De lo que abren, y se estrechan entre sí las faldas de las sierras, que 
advertimos, y queda establecida por principal formación de este partido, hace 
espaciosa una llanura; en cuya larga proporción, impiden y se oponen á la 
vista la celsitud de grandes bosques, que derramándose, y cubriendo esta 
planicie dilatada, apenas dan lugar á las Bodegas. Mas esta tierra que escri- 
bimos, el cié 1 ©, el hado, y providencia, la destinaron, y eligieron, para theatro 
festivo de ladrones, enemigos pyratas, cuyas fortunas bien logradas referimos 
adelante. Aquí en tan propia situación á su represa, cayendo en hondo valle, 
y aun profundo el grande y noble Río de Polochic, forma un gran lago, que 
siendo el principal en su hinchamiento, no deja nombre á otros menores, 
que de diversas partes se derivan á congregarse en este Golfo, introducidos 
antes á su madre, porque este noble Río de Polochic fluyendo navegable desde 
la Verapaz, en donde describiremos su principio, por admirable, y prodigioso, 
cuanto más se avecinda á la Laguna, aumentado y acrecido de otros ríos, 
toma más corpulencia, y más hondura señido, y encanalado entre peñazcos 
que se levantan de su lumbre á grande proporción de paredones, sobre que 
arraigan, y se engríen copados troncos, y robustos, que hacen su larga navega- 
ción sobre muy trabajosa, y muy umbría, funesta, y melancólica en extremo, 
yendo las más veces de su viaje á mucho riesgo, por lo muy tormentoso de la 
laguna, que hace la corriente de las aguas de este río menos segura en su 
estabilidad, con hinchamientos, y con bajas muy frecuentes, y peligrosas, 
como será memorable á lo futuro, la gran tormenta que padeció en este río 
el Venerable Fray Domingo de Vico, víspera del Apóstol San Andrés, el año 
de 1555, á donde oyó en ocasión de aqueste día el pronóstico feliz de su mar- 
tiro, que escribiremos en la Tercera Parte. Y caminando muchas leguas de tie- 
rra montuosa la gran corriente de este río llega á entrar por la parte del Ponien- 
te al Golfo Dulce, llamado así, por que sus aguas en todo él son dulces, y pota, 
bles. Es la forma de aqueste lago de figura ovada, agusando y disminuyendo 

292 



á los extremos, por lo que estrechan el río de Polochic que le entra, y el que 
desagua como podrá verse en la estampa que se hallará después de la narra- 
ción de este discurso. Baja este gran lago veinte y cuatro leguas, y por su 
longitud se extiende ocho del Este á Oeste, y cinco por lo más ancho de lati- 
tud de Norte á Sur. La pesca que ofrece en abundancia es de manatí, y jurel, 
el primero no despreciable al gusto, y el otro de mucbo regalo, y delicadeza, con 
otros peces menores de poco aprecio, pero aquí en este Golfo, en sus ríos como 
en los demás de este Occidente, abundan los lagartos en copia inagotable, 
y se ven de longitud y corpulencia muy crecida, mas aquí en este sitio que 
escribimos con poca ocasión de saber su voracidad por la falta de hombres, 
y de ganados, y de ellos queda advertido lo bastante, en el Capítulo Tercero 
del Libro Segundo de esta Segunda Parte. 

Por varios accidentes, incomodidad del país, y frecuentes exploraciones 
del pyrata Antonio Serlyo, ó Serleyo, confederado después con Guillermo 
Parchyero, cuyos famosos sacos escribiremos en la Tercera Parte, acerca de 
lo de Comayagua. Siendo el temperamento de Puerto de Caballos, casi inha- 
bitable se mandó por el Presidente Doctor Pedro de Villalobos, que los navios 
no descargasen en tal puerto, sino que viniesen á Golfo Dulce; mas esto es- 
carmentando del mal suceso de sus contrarias disposiciones antecedentes á 
esta. Porque habiéndose juntado el Cabildo y Regimiento á la convocatoria 
de sus Alcaldes Ordinarios Sancho de Barona, y Hernando de Guzmán, se 
propuso por el Regidor Alvaro de Paz, en el congreso que referimos del día 
3 de Enero de 1578. (194) que los corsarios que tantos daños han hecho en la 
Ysla Española, y otras partes, se tiene noticia que están aguardando los Na- 
vios que vienen de España, y puede rezelarse que infesten los Puertos de 
Caballos, Truxillo, y Golfo Dulce, y porque se tiene noticia que el Señor Pre- 
sidente, y Oydores de esta Audiencia, sobre ciertos pleytos, han mandado 
que el Gobernador de Honduras paresca en esta Ciudad personalmente, y 
por el ríezgo que amenaza se pida por el Procurador Síndico en la Real Au- 
diencia, se suspenda el dicho mandamiento, é se mande encarecidamente al 
dicho Gobernador, que defienda aquellos Puertos, por ser bien y pro de toda 
esta tierra. Mas estos ministros sordos (195) á estas voces, y muy despiertos 
á sus pasiones, trayendo al Gobernador á esta Ciudad, y quedando la tierra 
sin gobierno dieron lugar muy oportuno al pyrata para la asolación de toda 
ella. Y con larga ocasión de otros avisos, y sucesos infortunados en nuestros 
puertos, que desde entonces continuaron, gobernando el propio Presidente 
Villalobos, volvió Juan de Torres Medinüla, Alcalde Ordinario, y Juan de Cué- 
Uar su compañero á instimular el celo del Cabildo para que moviese el ánimo 
del propio Presidente Villalobos, á que mudase el Puerto de Caballos á otra 
parte más conveniente, por el año de 1583. (l06) Mas sin embargo de estos 
clamores y de la experiencia de los sucesos infaustos, la prescripción de las 
Repúblicas, y males más armígeros de aquellos tiempos aún no bastaron á 
ablandar la dureza del Presidente, infausto en su gobierno con frecuentes 
exploraciones de piratas por ambos mares, hasta que pasados trece años, in- 



(194) Libro 5<> de Cabildo. -folios 54 y 55. 

(195) Libro 5° de Cabildo— folio 159. 

(196) Ciego, dice el original. 



293 



troducida á la Presidencia la persona del Doctor Alonso Criado de Castilla, 
por el de 1596, mandó levantar la fortaleza en Amatique con título de Santo 
Tomás de Castilla, veinte y dos leguas y media de Punta de Castilla, ó Puerto 
de Caballos, á donde estaba antes, y después de cuarenta y siete años por el 
de 1643, gobernando el Lie. Don Diego de Avendaño, se vio mudado el Castillo 
por su orden el sitio donde hoy yace, cerca de la laguna en el principio del 
desaguadero, perseverando con el título de San Felipe de Palma, ó Manaca, 
desde entonces, hasta que por el año de 1686, que gobernaba el General Don 
Enrique Enríquez, dándole fuego el pyrata Yanquez, quedó desmantelado; 
hasta la entrada á la Presidencia del General Don Jacinto de Barrios Leal, 
que por el principio del año 1688, dio orden á su reedificación; por la tra- 
za, y personal asistencia, del Ingeniero y Sargento Mayor, Don Andrés de 
Urbina, en cuya fábrica segura, de teja, y materiales muy firmes, saca de 
artillería echada al agua, desenclavo de la que estaba fuera, se ejercitó con 
grande brevedad, y desempeño, el celo de su sangre, y de su punto, en el 
puntual, y manifiesto servicio del Monarca, á la perfección de que hoy goza. 
Habernos referido de este Golfo, su longitud, su latitud, y su circun- 
ferencia; mas para más clara noticia, y inteligencia de los curiosos, aun que- 
da por exprimir á nuestra vigilancia, no menos curiosas, que importantes noti- 
cias de su desagüe y su navegación; para llegar por ella desde Amatique á 
las Bodegas, sitio de la descarga de los navios de registro que vienen de Cas- 
tilla, que llaman la flotilla de Honduras, y que se hace por medio de los bar- 
cos, que recibiendo de los navios, los frangotes, una legua antes de la boca del 
Puerto de Amatique; á donde surgen, quedando apartados del Castillo 15 le- 
guas, atravesando este golfo brevemente á pequeña distancia de viaje, entran 
los barcos por el río encanalado, y melancólico, por toda su navegación muy 
umbrío, por los crecidos paredones de peñascos vivos que se levantan por 
uno y otro margen de su madre; y desde el sitio que advertimos antes de Ama- 
tique, hasta el Golfete navegando estos barcos once leguas, cuatro al Castillo, 
y cinco de travesía de la laguna al surgidero de las Bodegas ; pero aquí en la 
seguridad del Golfo Dulce, no habiendo fortaleza que defienda el estrecho de 
su entrada, logra el pirata muy á salvo la grande oportunidad en sus pillages ; 
porque encubierto, y asegurado entre los cayos, apresa los incautos navegan- 
tes, con improviso asalto, y dura carga, y muchas veces roba las Bodegas, como 
ha sucedido en ocasión, de que se llevó de aqueste sitio, preciosa y grande can- 
tidad de tinta añir, cuyo interés perdieron de su cuenta los cargadores de 
esta flota, siendo su tema y aversión á nuestras cosas, ó tan opuesta ó tan 
tirana, por sí misma, que habiendo ocasión de gran pillaje, en que propasán- 
dose de las Bodegas, y marchando hasta el sitio que desde entonces se llamó 
el Rancho quemado, tomando la retirada á las Bodegas, dio fuego á la por- 
ción de cajas de añir que allí tenían los más interesados de la flota para 
embarcar en los navios, no permitiendo su infame proceder, y aleve trato, 
que no pudiendo conseguir su diligencia, la carga, é interés de aquellas cajas, 
lo lograsen nuestros cargadores de Sevilla á quienes interesaba. Larga ocasión 
se me ofrecía, en que correr la pluma, á los discursos de muchos accidentes 

294 



I 



memorables, así de los tiempos más distantes, como de nuevos, y recientes, 
que dieran grande ejemplo á los mortales, en más varias fortunas acaecidas; 
mas de ellas muchas inmediatas, pausan en el vuelo á mi estilo, hasta que 
consultada en su Consejo, la real, y superior voluntad de mi Rey á quien 
atiendo, pueda llegar con estos sucesos temporales, hasta donde le permitiere 
y habilitare su real precepto á mi obediencia. ^ 



CAPITULO III 

De los pueblos que componen la Jurisdicción de esta Alcaldía Mayor de Amatique, 
su administración espiritual, y algunas Islas adyacentes. 



MARGINALES. — Desminúyense los pueblos en mucho modo con los gatuperios. — El pue- 
blo de Jocolo quedó extinguido. — El de Santo Thomás también se extingue. — Don 
Pedro Barona de Loayza Castellano Alcalde Mayor puebla de nuevo Jocoló. — Son 
estos indios vigías y centinelas de aquellos pueblos. — Pedernales de Jocoló. — Ad- 
ministración primera de los religiosos de la Merced. — Renuncia la Religión la doc- 
trina y pasa al clero, después de la despoblación de Sevilla. — Indios de Amatique 
prisioneros del enemigo son rescatados de los nuestros. — Golfo de Guanaxos. — 
Perseguidos y presos sus moradores de la gente de Pedrarias. — Requerimiento de 
Don Fernando Cortes a la gente de Pedrarias. — Isla de Guanaxa. — Las islas Goa- 
moreta y de Ruatan. — Otras islas de este golfo. — Islas de Ruatan y otras despobla- 
das por nuestra administración. — Mina de cristal de roca en una sierra de la isla 
de Ruatan. 



Por la inconstancia de las cosas que nunca asisten en su ser, veremos 
ahora breves mudanzas, y infortunios en estos pueblos miserables; porque 
aumentados al principio de numeroso pueblo, en este estado y sanidad co- 
rrieron muchos años, y felices, sin que á su clima, y su región le pertur- 
base algún azar, mas como instables nuestras cosas, truecan, y mudan por 
instantes á la felicidad en infortunio, así la varia mutabilidad de la esfera, 
por el aspecto de los astros adversarios, con pernicioso influjo muy durable, 
manchando el aire con vapores les introdujo peste tan nociva, por una vez, 
y muchas veces á los tres pueblos de este sitio, Sancto Thomás, el de Amati- 
que, y Jocolo, que los llegó á la ruina miserable de vecindad muy limitada, 
mas persistiendo este contagio en el país de Jocolo, dentro de poco quedó ex- 
tinguido, y olvidado ; y convertida en selva la mísera situación de su vivienda, 
era el horror, y confusión de los viandantes la triste soledad en que yacía; 
perseverando mucho tiempo en páramos, y ruinas lo que fué alivio á tantos 
progresores que lo vieron poblado insigne de aquel tiempo; pero siguiendo 
el orden de las cosas con lo falible de este mundo, el de Sancto Thomás, que 
había crecido con poderoso número de indios, y que extendido á grande pue- 
blo, ya se ilustraba y disponía á buena ostentación de su parroquia, ó porque 
su intensión fuese torcida, quizá manchado con el abuso de los ídolos como 
otros muchos, ó á causa natural como acontece, volviendo nueva peste á sus 

295 



países, con larga obstinación en la intemperie, llegó á agotarlos de tal modo, 
que solo le quedó de su memoria, las ruinas y vestigios que hoy rescubren 
entre las breñas, y boscaje que en aquel sitio se han criado, los que perdidos, 
ó curiosos llegan á lo intrincado del paraje. Mas á este tiempo en que es- 
cribimos la triste asolación de aqueste pueblo, el que antes dije de Jocolo 
extinguido, y olvidado por mucho número de años, vuelto á poblar moderna- 
mente, á diligencia muy celosa del castellano Don Pedro Barona de Loayza; 
hoy se numera en poblazón de cuarenta vecinos, y ciento sesenta habitadores, 
que con el otro de Amatique, que llegara hasta treinta y cinco con poca di- 
ferencia, y por su número de vecinos al de ciento, y cuarenta habitadores, y 
éstos y los de Jocolo, libres de tributo, y otras, cargas, son los que sirven de 
vigías, en especial los de Amatique, y asisten á otras faenas, y servicio ordi- 
nario del Castillo, pagados muy á contento, y muy á tiempo, por los atentas, 
y muy cristianas órdenes de la Magestad del Rey, por mano de los ministros 
que de esto tienen cargo, y por cuyo arcaduz (si acaso hay falta) se sigue 
el daño y la extorción á los vasallos porque de la Real mente, y justo celo, 
siempre salen dictámenes ajustados á la razón, y ley divina. 

Aquí en el paraje y sitio de Jocolo, sacan los indios de este pueblo 
pedernales muy finos, y durables de color cabellado oscuro que labran y 
componen muy pulidos, á la disposición de cuatro bocas, para las carabinas, 
y escopetas, así de la propia provisión del Castillo, como algunos que venden 
para afuera, y en que también se utilizan y aprovechan. 

A estos tres pueblos que fueron en el principio, administró espiritual- 
mente por algún tiempo cura regular de la Orden de Nuestra Señora de la 
Merced, (lí)7) y allí pensando permanecer tuvieron la fundación de uno de sus 
conventos, con título, y nombre del Convento de Amatique; mas esto cuando 
por aquel tiempo más prosperado, y más dichoso, las cosas se miraban con 
más celo, y había más provecho, y mejor premio, allí también tenían á su so- 
corro la Nueva Sevilla, lugar y villa de españoles, que también los alentaban á 
estos Padres á la administración y catechismo de los indios de aquel contor- 
no, manteniendo con sus limosnas el convento. Mas destruida la Villa como 
diremos adelante, considerada la región y destemplanza, gran soledad de aquel 
sitio, quedando expuestos al advitrio de los corsarios, la Religión hizo renun- 
cia de la Doctrina, y del Convento en manos de Don Cristóbal de Pedraza 
Obispo de la santa iglesia de Valladolid de Comayagua, por el año 1549. Y por 
la aceptación de esta renuncia, desde aquel año quedó asignada al clero esta 
doctrina, con agregación que se le hizo de la administración del Castillo ; 
donde tiene su asiento, y residencia, debe mirarse como Cabecera del Curato, 
y más estando los dos pueblos casi debajo de la artillería. Bien que Amatique 
á la otra banda del río á la parte del Sur distante del sitio del castillo alguna 
cosa más de tres leguas, por lo que ofrece oportunidad aquel sitio de su si- 
tuación á las vigías. En cuyo ejercicio admirable, y cumplidamente, estos in- 
dios de este pueblo han ejercitado su vigilancia, con gran tezón, y señalada 
aversión de los enemigos de nuestra España, por que merecen atención y 
mucho premio, y así en la contemplación de sus servicios y buen celo, siendo 



(197) Remesal, Historia de las Indias.— folio 294. 

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asaltado por interpresa este pueblo de Amatique por el año pasado de 1690. 
Sin ejemplar á este tiempo en este pueblo, y hechos prisioneros los indios 
varones que en él halló el pirata, y conducidos á sus embarcaciones, pidió por 
su rescate una buena cantidad de maíces, que se le mandó dar muy prompta- 
mente por la libertad de los prisioneros, con cuyo aliento y experiencia perse- 
veran más finos y leales en semejantes empleos. 



297 



Mas como á la mayor claridad -de aquestas descripciones nos reste parte 
de lo que pertenece á queste sitio habiendo dicho que, el Río que llamamos 
del Golfo Dulce por manar, y fluir del, al Mar del Norte, entra en un gran 
seno que llaman el Golfo, ó Puerto de Amatique por la parte del poniente, 
diremos como tiene este seno á la parte de su entrada una legua antes de lle- 
gar á ella tres islas pequeñas que llaman Las Tres Hermanas, que es casi 
á donde surgen los navios. Entra este seno dilatado por lo interior de aquella 
tierra por largo término, y muy ancho, á siete leguas prolongado, hasta el 
Puerto de Sancto Thomás, y á mas de cuatro por su anchura, admite dentro 
de si mucha materia á grandes descripciones, más no divirtiéndonos á cosa 
que no sea muy precisa, no habremos hecho poco si acertamos ; mas no es- 
trechándose solo aqueste seno de Amatique á los términos que le hemos se- 
ñalado, se entra, y se extiende, una legua más arriba del Río del Golfo hacia 
la parte del medio día, entrándose por la tierra un largo término de estas 
aguas, para el Ocaso, á gran distancia, y muy capaz por su anchura; á re- 
matarse en punta á la manera de pirámide á los términos del pueblo de Ama- 
tique, y es este el Golfo, que llaman de Guanaxos, poblado en su contorno de 
numeroso gentío en muchos buenos pueblos que allí yacían al tiempo de la 
conquista. Mas estos indios guanaxos, mansos y simples de natural, jamás 
armígeros ni belicosos, se dejaban apresar de las gentes de Pedrarias, y dan- 
do con ellos en la Española, á trueco de sus rescates, despoblándonos en este 
Reyno aquestas tierras, aun no pudieron conseguir poblar aquellas ; porque 
los indios desaforados, y convertidos de libres en esclavos, metidos en opre- 
sión, y gran trabajo, mal mantenidos y satisfechos, en país distante, y es- 
tranjero, y sin esperar por algún medio restituirse para el suyo, muriendo to- 
dos cuantos llevaban muy en breve casi no aprovechaban á los que comprán- 
dolos á los de Castilla del Oro, quedaban despojados de las grandes sumas 
que daban por ellos, y sin esclavos, para sus minas, y sembrados. Mas sin 
embargo de los requerimientos que Don Fernando Cortés hizo á Pedrarias 
Dávila, por el año de 1526, que fué cuando aportó á estas Provincias por 
ocasión de rebelársele el Capitán Cristóbal de Olid ; para que cesasen en estos 
daños y robos de las Islas Guanaxas, bien que moderándose sus capitanes 
de Pedrarias en semejantes procederes, mas no en el todo se oviaron estos 
inconvenientes tan graves, hasta que la tierra se vio más asistida, y poblada 
de nuestros españoles, y pasándose algunos de Pedrarias á los nuestros; mas 
este á tiempo, y ocasión en que ya esta parte de los Guanaxos, se veía casi 
extinguida, y sin habitadores. Toma este golfo su denominación, y pronombre 
de la Isla Guanaxa, de donde empieza á correr el Golfo hacia la punta de 
Castilla, quedando esta Isla en frente Norte Sur del Puerto de Trujillo, y 
ciudad desmantelada, más distando de Trujillo nueve leguas, solo de la tierra 
y punta de Castilla, se aparta excasamente á seis leguas de distancias, y estas 
de canal navegable, sin dificultad ni peligro de escollos, ni arrecifes. Es Isla 

298 



muy capaz de buen ámbito con nueve leguas de longitud, y más de cinco de 
latitud, su tierra es fértil y abundante, con muchos montes, y maderas muy 
preciosas en ellos, lleva grande y vistosa copia de palmas de coco, mucha 
diversidad de otras frutas, y abundancia de caza, tiene un buen puerto á la 
parte del Sur. Reconoce, también fuera del Golfo de Guanaxos en el gran 
seno del Golfo de Honduras la Isla Goamoreta, éJ cinco lenguas de la Gua- 
naxa hacia el Poniente, y á una de Goamoreta; la de Ruatan, isla excelente, 
y conocida por muchas buenas cualidades, mas despoblada, por buen dicta- 
men de gobierno, habrá algo más de cuarenta años después de desalojado el 
enemigo de aquella isla que tiene de longitud diez y seis leguas, á cuyo desa- 
lojo del enemigo asistió como uno de los cabos principales de esta facción 
el Capitán Don Martín de Alvarado Villacreces Cueva, y Guzmán, con buen 
suceso, y muy feliz en la perfección de su empresa, con otros cabos de ex- 
periencia, y genio militar, como diremos adelante. Mas pareciendo más pro- 
pias sus descripciones de estas islas, en lo que hubiéremos de escribir de la 
Provincia de Honduras, no haremos por ahora otra cosa que el apuntarlas de 
paso á la noticia, bastando el describir la de Ruatan, ocupada del enemigo in- 
glés, y el desalojo de ella. 

Es de advertir, que siendo muchas, debemos considerar por más nota- 
bles la Isla Mata, Isla de Guayama, Utila y La Saona, que es muy semejante 
en todo á la española, y más interiores y arrimadas al Golfo de los Guanaxos; 
hay otras muchas excelentes islas, con frutos muy preciosos y apetecibles, 
que llevan y producen por la propia virtud de su país, como es la isla de Guay- 
dua fecunda en pastos, y en maderas y frutas propias de la tierra de las que 
llamamos de costa. La isla Helen, no menos noble, y apacible en la calidad 
de su sitio. La isla de San Francisco, que iguala en la bondad y en su exten- 
sión á las otras, la de Ilbob, isla tan amplia, y tan amenaf y entre las otras ya 
apuntadas, se mira con pequeña diferencia, y ésta con otras islas excelentes 
y fecundas, corren, y se sitúan á la costa del Cabo de Catoche, como son 
Lamanay, Zaratán, y Pantoxa, mas todas estas que proponemos desiertas, y 
inhabitables (pues ahora son páramos solitarios) en otros tiempos como lle- 
vamos dicho, casi las mas, y las mayores estuvieron pobladas de los Guanaxos, 
pero estos combatidos de los conquistadores de Castilla del Oro, con frecuen- 
tes, y considerables sacas que de ellos hicieron, y aún después de estos tra- 
bajos con las continuas diversiones de los pyratas, que á el cebo, y la codicia 
de los tesoros de este riquísimo Occidente, desde aquellos principios ocurrien- 
do como plaga innumerable de mosquitos, nos consumieron, y agotaron las 
poblaciones de estas islas, quedando de todas ellas habitadas y poseídas de 
indios, las de Ruatan, la Guanaxa, y la de Utila, que quedaron despobladas 
después por nuestro advitrio, por ser escala, y alojamiento del enemigo. (198) 
En una de estas islas, cerca de la de Guanaxa, hay una sierra con un mineral 
abundantísimo de excelente, y clarísimo cristal de roca, de que se ha condu- 
cido á España algunas veces muestra de ello en hermosísimos, y grandes 
cantos. 



(198) Herrera, Década 4, Libro 8<? .-folio 199. 

299 



CAPITULO IV 

Del tiempo adverso que corría en el Reyno de Goathemala, en la ocasión que se 
descubrió el Puerto de Sancto Thomas de Castilla, y reducción de los indios 
de la nación Toqueguas, que se hallaron en aquel sitio. 



MARGINALES. — Amargas experiencias de aquellos tiempos. — Cuantas fueron las repre- 
sentaciones que la ciudad de Goathemala hizo acerca de la seguridad de los puertos. 

— Nacían de las sencibles experiencias de nuestros daños. — Vuelve la Ciudad de 
Goathemala a despertar el celo de el Presidente con nuevas consultas. — Eran los 
indios isleños propensos y gratos a los piratas por la libertad de las costumbres. — 
Cométese el buscar el puerto y sondearle a el Alcalde ordinario Esteban de Alvara- 
do, y al piloto Francisco Navarro. — Descúbrese el puerto de Sancto Thomas y en sus 
montañas la nación de los TOQUEGUAS. — El Obispo de Honduras D. F. Gaspar de 
Andrade envía al Lie. Juan de Celaya al catequismo de los indios. — Adviértese re- 
futando la opinión de cierto autor acerca de este catequismo. — Mándanse poblar 
en el sitio de Amatique, en donde enfermando gravemente se disminuyen. — Dura 
la frecuencia de este puerto poco tiempo. — Pásase al Golfo Dulce con orden del Presi- 
dente Avendaño, hace la fortificación el Oidor Don Antonio de Lara gobernando. — 
La hacienda R. pronto fué malgastada en semejante ocasión. — Manda el Rey por 
el aviso de Don Francisco de Alva embajador en Francia estén a punto nuestras ar- 
mas. — Logra el pirata grandes pillajes siendo presidente el Lie. Antonio González. 

— La flota dé desgaritada el año de 1571 aportan a Yucatán cuatro navios que reciben 
gran beneficio de su gobernador D. Diego de Santillana. — Pone en cobro los aso- 
gues del Rey y la hacienda de los difuntos. — Otros grandes contrastes temporales 
de aquellos tiempos. 



Terribles fueron los rigores de los tiempos que se experimentaron con 
sentimiento común de todo el Reyno, en los gobiernos infelices de los Doctores, 
y Licenciados Valverde, Mallen de Rueda, Don Francisco de Sande, hasta 
Alonso Criado de Castilla, inexorable la aspereza de la fortuna, con peligro- 
sos, y lamentables efectos, de inagotable copia de langosta, asomadas, y 
acometidas de pyratas, y procelosas aguas del ivierno, tempestades temero- 
sas; (199) de cuyo horror, y su frecuencia en tierra, y mar vieron los hombres 
las experiencias de sus iras, en que parece á la verdad, que por entonces quiso 
el destino sujetarnos á larga prueba de trabajos, que sucediéndose unos á 
otros con prolija derivación en nuestro daño, hacia aquellos varones de aquel 
siglo, más memorables, y famosos, por más constantes, y sufridos, acicalados 
para mayor resplandor de su fineza, con el duro esmeril de las desgracias, no 
siendo muy pequeñas, ni ligeras las que de aquellos tiempos referimos, bien 
parecidas á los presentes infortunios; para que asi con el ejemplo, y la noticia 
templemos nuestros males, y accidentes con los que acontecieron á nuestros 
padres, y mayores. No fué pequeño el sobresalto, y la sosobra en que nos 
tuvo divertidos, y ocupados, una y otra continua diversión del enemigo pyrata, 
ingleses y franceses, y otras naciones que por instantes aparecían, ya en Puer- 
to Escondido, Puerto de Sal, y Puerto de Caballos, logrando muchas veces 



(199) Libro 6<? de Cabildo.— folio 107. 

300 






sus intentos, á que correspondía el suceso con buenas presas que interesaban 
de nuestra gente descuidada, con más que grande atraso de conveniencias é 
intereses, que mudho de ello referiremos con el favor Divino en la Tercera 
Parte, narrando ahora por lo que ofrece la ocasión de lo que nos motiva la 
descripción de el Golfo Dulce alguna de aquellas contingencias, y la mudanza 
del desembarco de nuestras naos de lo de Honduras, á otra parte. 

Había la Ciudad de Santiago de Goathemala, representado varias ve- 
ces á los Presidentes unas, y á la Real Audiencia en otras ocasiones, los gra- 
ves riesgos, y la sensible proscripción de considerables empleos, que los pi- 
ratas enemigos habían ocasionado, así á vecinos de las Provincias de el Rr.y 
no, como á los interesados de los comercios de Sevilla, y la Habana en los 
pillajes de los retornos que habían logrado en Punta de Castilla, y Puerto de 
Caballos, desde el año 1572, hasta el de 1583, en que se experimentaron con 
largo gasto de nuestras fuerzas diversas exploraciones, y rebatos con per lid* 
de nuestros intereses; con que el enemigo pirata de la Mar del Norte tenía 
ejercitadas las Provincias con un continuo militar movimiento, y estas repre- 
sentaciones, que nacían de la sensible experiencia, y se hacían por parte del 
Cabildo en los Tribunales Superiores siendo Alcaldes ordinarios de la Ciudad 
de Santiago, Alvaro de Paz, y el Licenciado Francisco Vásquez, en el año de 
1572, (200) y en el propio por otra instancia obligadas las Provincias de unos 
perjuicios, y daños, intolerables; pues además de los robos que las desflaque- 
cía, por la ocasión que se ofrecía de manejar las armas continuamente, sin 
dar asistencia á sus haciendas, y á sus tratos, quedaban arruinados, y destruy- 
dos, y temerosos después de trabajar en ellas, para perder los'frutos, que pro- 
ducían, expuestos al riesgo, y desabrigo de aquellos puertos. Pero no tenien- 
do remedio por difícil de ejecutar, ó porque los Presidentes, y la Audiencia 
se descuidasen en obiar, y de impedir á el enemigo, aquellos lances, y sucesos 
para él afortunados, que cedían en nuestra mengua, y nuestra ruyna, la Ciu- 
dad de Santiago, que velaba, y apetecía más que ahora la utilidad de las Pro- 
vincias en las mejoras de sus vecinos, por los años de 1578, ( - 01) 1583, (202) 
siendo Alcaldes Ordinarios en ellos, Don Diego de Guzmán, Juan Rodrigues 
Cabrillo de Medrano, y después de estos, Juan de Torres Medinilla, y Juan 
de Cuéllar, por voz, y a diligencia de los Procuradores Síndicos generales Re- 
gidor Francisco del Valle Marroquín, y Diego Ramírez, volvieron á dispertar 
la obligación de los Presidentes con repetidas consultas, y pedimentos. Mas 
estas diligencias, ni los propios infortunados acaecimientos, no bastaron á la 
moderación de aquellos males, que habían llenado de melancólicos escarmien- 
tos, no solo á las Provincias del Reyno, sino á las islas de esta y otras juris- 
dicciones, y en estas nuestras con grave daño de los indios isleños; así como 
en los de Ruatan, y la Guanaja, y los de Utila, muy pervertidos, y inclinados 
á las naciones por la libertad de costumbres, durando estas fatigas, y inquie- 
tudes de instantes, y peligrosas diversiones, hasta el año 1604. En tiempo 
que gobernaba el Doctor Alonso Criado de Castilla en que fué descubierto el 
Puerto de Sancto Thomas á los 7 de Marzo de aquel año por diligencia, y el 



(200) Libro 5? de Cabildo.— folios 10, 11 y 12. 

(201 ) Libro 59 de Cabildo.— folios 21, 22 y 23. 

(202) Libro 6<? de Cabildo. -folios 54 v. y 55. 



301 



trabajo del piloto Francisco Navarro, cometiéndose el reconocerle, ver su 
naturaleza, y sondarle á Don Esteban de Alvarado que era Alcalde Ordinario 
de la Ciudad de Goathemala por aquel año, y pareció el puerto más á propó- 
sito para el embarco, y desembarco de nuestras naves, que la Caldera de la 
Punta de Castilla, ni Puerto de Caballos, donde aun la Hacienda Real habia 
padecido menoscabos, y se empezó á desmontar, y á hacer algunas galerías 
en aquel Puerto, por el informe del Alcalde con título de Santo Tomás de 
Castilla, á contemplación del Presidente que gobernaba. (203) 

Con ocasión de la solicitud, en el descubrimiento de nuevo, y mejor 
puerto, halló el piloto Francisco Navarro en las montañas, occidentales de 
aquel mar, unos infieles de la nación de toqueguas, que eran entre los ríos 
Techín, y Motagua, y traían su comunicación y trato con nuestros indios de 
Amatique, por sus embarcaciones de canoas, y cayucos por el río arriba de 
Motagua, ó de Gualán, que es todo uno. Pero estos siendo de dócil y blando 
natural, como todos los de aquella ensenada de Guanaxos, se hicieron luego 
al rendimiento y la obediencia del rey, en cuya sujección el reverendo Obispo 
de la Santa Iglesia de Comayagua, Don Fray Gaspar de Andrade invió á sus 
clérigos, á que entendiesen, como en otras naciones en el cathequismo, y doc- 
trina de aquellos indios, yendo aquellos ministros á la Orden del Padre Juan 
de Celaya natural de Valladolid de Comayagua, insigne lengua, y gran minis- 
tro. Mas estos indios no fácilmente, ni con certeza pudo afirmar cierto Ana- 
lista, (204) que los hallaron después de baptizados por los clérigos sus religio- 
sos Fray Francisco Roque, y Fray Juan de Esguerra, sin otro aprovechamien- 
to cristiano, que saber las oraciones, mitad en latín, y la otra mitad en el 
idioma castellano, cuando era necesario para ello que aquellos sacerdotes se- 
culares, ó no supiesen bien la lengua latina, ó no hablasen la lengua castella- 
na, porque de saber alguna, en ella sola les enseñaran la doctrina, y por estar 
bien instruidos se conservaron en la administración del clero, y así se ve que 
siendo pocos, pues no llegaban á trescientos, por la distancia, y el destem- 
ple, se le agregaron al cura de Amatique, poblándolos en aquel sitio, sin que 
se adjudicasen á las doctrinas de los Frayles, aun siendo Obispo religioso el 
que lo hizo. 

El nuevo temperamento á que se trasmigró aquella población de los 
toqueguas les fué nocivo en mucho modo muriendo en breve los más de ellos, 
mas sin embargo de aquella estirpe prevalecieron en el sitio muchas fami- 
lias, y que mezcladas con las del propio país en el transcurso de los tiempos 
perdieron el pronombre de su naturaleza toqueguas, llamándose y conocién- 
dose unos y otros por indios de Amatique, y se conserva la una, y la otra gene- 
ración de indios sujetos á la doctrina del cura del Castillo del Golfo, y de 
Amatique, provisión del Obispo de Comayagua ; á cuya instancia el Presiden- 
te de Goathemala, los hizo venir á la población de Amatique, siendo aquella 
de los toqueguas como las más de la costa del Norte, por rancherías sujetas 
á una ciudad, ó pueblo capital, y estas como familias de á setenta y ochenta 
personas, y que viven como en sus propias haciendas dentro de sus semente- 
ras de maíz. Por este Puerto de Sancto Thomas, que viene á ser en Golfo 



(203) Libro 6<? de Cabildo.— folios 154 y 159. 

(204) Remesal, Libro 10.— Capítulo 10.— folio 728. 



302 



de Guanaxos, tampoco duró mucho tiempo, por la esterilidad del país, en que 
morían las muías del tragín sin tener pasto, pasándose después á el Golfo 
Dulce, que estuvo también sin fortificarse algún tiempo después de mandado 
frecuentar, hasta que le dio principio el Presidente Don Diego de Abendaño, 
y por su muerte prosiguió su fortificación el Licenciado Antonio de Lara 
Mogrobejo, Oydor de Goathemala, que era Presidente del Reyno en Ínterin, 
y se le dio á su contemplación el título de San Felipe de Lara. Pero no bien 
sabremos afirmar, si el Oydor Presidente quedó engañado por el ingeniero 
sobrestante de aquella planta, pues hasta su último desmantelo estuvo cu- 
bierto de manaca habiéndole gastado al Rey mucho caudal. 

Mas no podemos dejar de apuntar la gran perseverancia de las nacio- 
nes en estas costas para referirlas después en la Tercera Parte, con mayor 
extensión y circunstancia; pues por aquellos tiempos avisó el Rey á estas 
partes de el Occidente, como Don Francisco de Álava, Embajador en Francia 
le daba aviso como por el Rey Christianísimo se disponía una muy gruesa 
armada para que viniese á robar á estos Reynos, y partes de las Indias (buen 
crédito de un monarca Cristiano) y así se vio el efecto de aquella prevención. 
Porque por el año de 1569 t gobernando este reyno de Goathemala, el Licen- 
ciado Don Antonio González nos dieron bien que hacer las embarcaciones de 
los franceses en todos nuestros puertos del Norte, en que se lograron por su 
audacia grandes pillages, como diremos en la Tercera Parte, y parece que 
en aquel tiempo lleno de adversidad, y de contrarias disposiciones, no había 
elemento que no se opusiera por los decretos de la Suprema Jerarquía á la 
mejora de nuestras medras; porque la flota que venía para la Veracruz por el 
año de 1578, tuvo en la Sonda un reciesísimo temporal con que desgaritada, 
y entregada á gran derrota tuvieron á ventura el aportar á varias partes de 
estas costas, y entre ellas cuatro naves dieron al través en la de Tabasco, go- 
bernando en Yucatán Don Diego de Santillán, (205) que puso en cobro los 
derechos reales con grande crédito suyo, y mucho consuelo de los interesados, 
á quienes benefició en sus personas, y en sus haciendas, haciendo lavar, y 
enjugar de las averías, mucha de la ropa, que permitió aquel reparo pagán- 
dose las lavanderas de la ropa, de que no parecieran los dueños, y así mismo 
á los guardas de los azogues del Rey que venían en sus urcas en la conserva 
de flota; en que se experimentó de aquel caballero gran desinterés, y rectitud, 
castigando á algunas personas que se atrevieron á tomar algunas cosas con- 
tra la voluntad de sus dueños, ocupándose en este empleo hasta la llegada 
de cierto Oydor de México que fué á ello con especial comisión, desazonando 
á los flotistas por la aspereza de su natural condición. No fueron menos los 
daños, que se causaron por el hinchimiento de los ríos sebados á temeroso 
aumento de las copiosas vertientes del ivierno, inundando, y convirtiendo 
en ciénagas los campos, y los ejidos, en que en muchos de ellos se llevaron 
las casas de las haciendas de campo, y en otros huyendo los causes, y las ma- 



(205) Cogolludo, Libro 6<? .—Capitulo 9<?_f olio 334. 

303 



dres antiguas dejaron inútiles muchos obrajes de tinta añir, molinos de trigo, 
y ingenios de hacer azúcar con larga suspensión de sus acequias, y que siendo 
el temporal de entonces como intempestivo, y inopinado con gran tormenta 
de rayos y granizo, costó la vida el lleno de los ríos á buen número de perso- 
nas arrebatadas del gran caudal de rápido flujo de sus madres, especialmen- 
te de indios incautos que aman el peligro en que de ordinario perecen. 



CAPITULO V 

De las últimas adversidades de aquel tiempo sucedidas en Puerto de Caballos, antes 
de mudarse al sitio de Sancto Thomas de Castilla, y la que dio motivo á bus- 
car, y elegir nuevo Puerto. 

MARGINALES. — Prosiguen los piratas en el daño de nuestras costas del Norte. — Gui- 
llermo Pasquiero conducido de Antonio Venturate consigue gran pillaje en Puerto 
de Caballos. — Don Alonso de Vargas Machuca en lo de Yucatán le sigue el alcan- 
ce por el mar. — Es muerto allí Guillermo Pasquiero, y por justicia Juan Venturate. 
— Están sin embargo de este aviso en mucha vigilancia nuestras armas. — Vuelve 
a aportar a Puerto Caballos el enemigo por el año de 1600. — Acomete a saltar en tie- 
rra. — Salen de ella 350 ingleses. — Acércanse a nuestros defensores y quedan cor- 
tados de 120 lanceros de a caballo de los nuestros y quedan muertos 47 ingleses y 
se retiran. — Acometen Pie de Palo y Diego el Mulato a los navios de Juan de Mo- 
nasterio en Puerto de Caballos. — Abórdalos con ocho navios y cinco lanchas. — 
Queda rendida la Almiranta del Monasterio. — Acomete a la capitana en tres aban- 
ees, y quedando con solo cinco hombres se rinde a el pirata. — Está a pique el Mo- 
nasterio de que le quitaran la vida por dos veces sobre que declarase donde ocultaba 
el resto de la carga. 



Fué la intención del pirata, tan proterva, ó nuestro destino tan severo, 
que en mucho tiempo, aún no parece se les dio un año de sociego á estas 
Provincias; porque en los tiempos de que vamos haciendo esta memoria, 
todo lo que se experimentaba, eran sacos de las poblaciones de la costa de 
Honduras, robos de navios, y quemazones de otros á quienes por hallarlos 
desvalijados llevados de la rabia de su natural ambición les dieron fuego, 
pero parece que siendo sus triunfos, y sus medras sin género de oposición que 
hiciese rostro á sus astucias, y á su audacia, hubo por el año de 1606, de hallar 
algún contraste, y resistencia á sus frecuentes, y prosperadas fortunas ; por- 
que abrigado al asilo y comodidad de la isla de Ruatan, esperaba á la salida 
de los navios de registro, y flotilla de Honduras, para apresar á salvo en ellos 
los frutos de este Reino, que eran de su más estimable apetencia. Y así por 
los años de 1598, acometió Guillermo Parquiero, conducido de Juan Ventu- 
rate con una escuadra de navios á Puerto de Caballos ; en donde logró un gran 
pillage de tinta añir, zarza, cueros, bálsamo, liquidambar, cacao, vaynillas, y 
otros géneros preciosos, que estaban prevenidos y á punto para la carga de los 
navios de España, y el Presidente Doctor Alonso Criado de Castilla con el 

304 



escarmiento; aunque se tuvo aviso de la muerte de Guillermo Parquiero, 
y de la justicia que se hizo con Juan Venturate en lo de Yucatán, rJor '' y que 
las naves del enemigo quedaron desgaritadas, y una apresada por Don Alonso 
de Vargas Machuca, que le siguió el aícanze por la mar, hizo estuviese más 
á punto la gente de Trujillo, Olancho, Yoro, y otros lugares de aquella costa 
de Honduras, para en el caso que se pudiese ofrecer^por lo frecuente de nues- 
tras adversidades, pero llegada la terminación del año de 1599, y los principios 
del de 1600, volvió á aportar á puerto de Caballos la propia escuadra con 
nuevo cabo, que según quiere la fama, y la insidencia de historias de otras 
Provincias, y aún de las nuestras, era este Capitán Antonio Serlyo con quien 
había hecho alianza Guillermo Parquiero. 

Pero acercándose á el puerto, y hechando los bateles al agua dio mues- 
tras de querer saltar en tierra, y esta resolución era alentada de que parecía 
poca gente de la nuestra en la playa; y así se acercó á la rivera, hasta saltar 
en tierra trescientos, y cincuenta ingleses, que marchando para ponerse á 
tiro de nuestra infantería, que no pasaba de sesenta hombres, siendo por 
entonces desprecio del enemigo, estos de nuestros defensores también de 
industria se acercaron, y llegándose á la distancia conveniente se dispararon 
á un tiempo mismo las armas de fuego de la una y otra parte, fué el enemigo 
cortado de improviso por las espaldas, de ciento y veinte ginetes armados 
de lanzas, y medias lunas, que descomponiendo el escuadrón inglés, con 
turbación, y espanto de ellos, hicieron grande estrago con muerte de cuarenta 
y siete de sus ingleses, no dejándolos afirmarse, ni nuestros infantes esco- 
peteros, ni la caballería, en cuyo conflicto y gran peligro, hizo señal de retirar 
el enemigo inglés, embarcándose brevemente sin parar en aquella costa, ni 
aparecer después en el espacio de tres años. 

Mas no cesando en sus intentos, y noticiados, y con el cebo de los con- 
siderables intereses, que cada día vían entrar en sus tierras y que eran produ- 
cidos de semejantes robos, sucediéndose para lograrlos unos piratas á otros, 
parece en la ocasión que vamos á referir según la duración, y gran perseve- 
rancia que tuvo en la mar del Norte aquel perniciosísimo pirata Pie de Palo, 
y su aliado, y compañero Diego el Mulato, criollo de la Habana, y fué el que 
aportó por el año 1603 á las costas de Honduras; á tiempo que en Puerto 
de Caballos estaba recibiendo la carga de las dos naos de su cargo el Capitán 
Juan de Monasterios, joven de edad, y de excelente valor; pero en la mayor 
oportunidad de su trabajo, y cuando más descuidado, tuvo el aviso, y la no- 
ticia de que se encaminaban para el puerto ocho navios, de á cuatrocientas 
toneladas, y cinco lanchas, en que traía mil y cuatrocientos hombres; pero 
el Capitán Monasterios, muy militar, y muy cathólico, haciendo aquella no- 
che del día 17 de Febrero, después de pasar muestra, y de exhortar á su 
gente, que toda se confesase, y previniese para resistir aquella opugnación que 
amenazaba, y que siendo cierta podía cada cual recelar el peligro de su vida, 
mandando después de ejecutada esta acción cathólica, armar, y poner á punto 
de guerra sus dos naos, y que aquella noche se tuviese todo cuidado, y pre- 
vención estando la gente embarcada en vela, pero al esclarecer el día se le re- 



(206) Cogolludo, Historia de Yucatán.— Libro 80— Capitulo I0_folio 420. 

305 



pitió otro aviso de venirse acercando el enemigo, que se avistó brevemente do- 
blando el Cabo de la Punta de Castilla para entrar á el Puerto de Caballos, y 
sin dar tiempo á otra disposición, ni más que acometer á nuestras naves del pri- 
mer encuentro, y disparar de su artillería, mas numerosa que la nuestra 
dejaron rendida la Almiranta apresándola con la gente, y no poco interés 
de su carga. Volvió el pirata con más brío á acometer a la Capitana de 
Monasterios engolosinado con la presa de la Almiranta, pero cuando enten- 
dió hallarle desflaquecido de ánimo, bordando á la capitana, ésta á gran mane- 
jo de las armas, siendo el primero el capitán español á todas ocasiones le 
hizo apartarse de su Capitana, segunda, y tercera vez le abordó el enemigo 
con gran esfuerzo y ferocidad, pero resistiendo con no menos valor y cons- 
tancia que á el principio, fué otras tantas rechazado, y rebatido el enemigo 
de nuestra Capitana, pero vista la valiente resistencia de un mozo de solos 
veinte y tres años, acordó el enemigo acometerle con toda su armada echando 
gente á la Almiranta apresada, para tener esta fuerza más contra aquella 
constante valentía, no solo no descaeció ni le hizo menguar un solo instante 
á su valor aquella nueva acometida, pero le fué admiración á el pirata, el ver 
la diligencia, valor, y gobierno militar, con que el cabo español con una es- 
pada y una rodela, acudía presto y advertido á todas partes, pareciendo que 
con la falta de sus soldados se revestía á nuevo esfuerzo, pero calmando el 
viento, ó como quieren algunos vuelto en contra de nuestra Capitana, descae- 
ciendo el sol para el Ocaso, y quedando el Capitán Juan de Monasterios con 
solos cinco soldados, y él herido, con su Capitana tan gravemente maltratada, 
que no admitió reparo, para poder servir después, quedó prisionero envián- 
dolo con sus cinco soldados á la Capitana del pirata; donde á la verdad si el 
enemigo fuera honrado, y su cabo apreciador de los buenos soldados, pu- 
diera haber experimentado el Capitán Monasterios después de la pérdida 
de sus navios, de su caudal, y el de los otros españoles, que también perdieron 
la vida en la refriega, el buen trato, y estimación que suelen hacer de hombres 
iguales los excelentes Capitanes; mas esta congregación de naciones lo eje- 
cutó á el contrario, con este admirable mozo; pues en un mes que le tuvieron 
preso, sobre querer que declarase donde ocultaba el resto de la carga, y de 
que el Monasterios estaba falto de noticia; porque la gente de tierra, con 
previa, y peregrina disposición, y presteza la habían retirado á los montes, 
le tuvieron á punto de quitarle la vida por dos veces. Quedaron muertos 
de la parte del enemigo en la perseverancia de la batalla, ciento y sesenta 
hombres, y sus naos con gran necesidad de carenaje, y de arbolarlos para po- 
derse hacer á la mar; esta fué la ocasión que dio mayor calor al Presidente 
de Goathemala, para buscar inteligente, que á buena diligencia, y con gran 
celo buscase puerto seguro en aquella costa del Norte, encargándose este 
servicio del Rey, y utilidad común de la grande extensión de las Provincias 
al piloto Francisco Navarro, como ya hemos dicho, mas de estos solo es 
saber lo sondable, el abrigo, surgidero, y otras cosas pertenecientes á la nave- 
gación; mas no solo que es inteligencia, y arte de fortificaciones, que enton- 
ces debiera solicitarse, para no gastar infructuosamente lo precioso del tiem- 
po, y lo difícil del dinero. 

306 



CAPITULO VI 

De cómo se trató de abrir, y establecer el Puerto de Sancto Thotnas de Castilla, y 
de cómo á su fortificación ayudó mucho el Capitán Juan de Monasterios^ 
con ocasión de ser asaltado segunda vez de doce urcas de Holanda. 



MARGINALES. — Fórmanse varias juntas con el escarmiento de los sucesos pasados, para 
establecer el nuevo puerto de Sto. Thomás. — Son por entonces infructuosos los ar- 
bitrios de las juntas. — Vuelve el Capitán Juan de Monasterios a estos puertos del 
Norte. — Acometen doce urcas holandesas y los navios del Monasterio, y se retrae 
a la isla de XJtila por el viento contrario el enemigo. — Acomete segunda vez, y tra- 
ba la batalla. — Despartidos con la noche, el enemigo renueva la batalla a la ma- 
ñana siguiente. — Dura en su protervia la armada holandesa contra nuestros dos 
navios por nueve días. — Echada a pique una de sus urcas, y muerta mucha gente 
de las demás, se retira el enemigo y deja libre la mar. — El Capitán Juan de Monas- 
terios toma por su cuenta la fortificación del Puerto Sto. Thomas. — Ecvanta una 
planta formal y le dona a el Rey siete piezas de artillería de sus navios. 



No todo lo que se intenta se consigue con presta felicidad, tiempo, y 
posibilidad que piden las cosas, debía dar gran cuidado como le daría al Pre- 
sidente la fortificación del Puerto de Sancto Thomas, obra pública, por causa 
de la defenza á que debían acudir todos, pues eran interesados, y aunque el 
Presidente solicitaba con viveza, y mucho celo este negocio que tanto miraba 
á la seguridad y conveniencia común en la defenza del nuevo puerto, no ha- 
llándose el estado de los caudales bastantes á muy crecidos donativos no pro- 
dujeron por este medio arbitrio los suficientes medios á tanta obra, que se 
hizo suspensa y surta por muchos días como materia detenida para mejor 
ocasión, ó como abandonada con desesperación de su efecto. Pero llegando 
el año de 1607 se esforzó de nuevo este negocio, formándose varias juntas, 
para darle princ'pio á la importancia de aquel empleo, mas estas conferen- 
cias repetidas volvieron á hacerse pausadas, y lentas en mucho modo y con 
tristeza general, porque no solo eran los medios pocos, pero aun el puerto 
no estaba bien descubierto, y en la ocasión parece que solo en aquellas juntas 
era gastar el estimable precio de los días, s'n conseguir efecto favorable á 
tan necesario como estimable punto, sin darle paso á principiar su fortifica- 
ción, ó porque como decíamos faltaba la posibilidad de hacer, ó porque mes- 
clándose otras graves materias, hacían pausar en su disposición á esta tam- 
bién importantísima, no solo á la utilidad de los intereses comunes, sino al 
crédito, y opinión de nuestras armas. 

Por este mismo año volvió á aportar á nuestras costas de el Norte, el 
Capitán Juan de Monasterios, si bien no sabremos afirmar si de la vuelta 
de España, ó acaso de las Canarias, ó de las Islas de Barlovento, y la Habana, 
comercio entonces corriente, y libre, hasta el Gobierno de Don Fernando 
Francisco de Escobedo, que se mandó suspender por cierta queja del Co- 
mercio de Sevilla, que aún no nos toca referirla ahora; mas bien pudiéramos 
afirmar sería el viage de Castilla, por el grande interés de su retorno, pero 
no hallando en la ocasión defendido y seguro el nuevo puerto, le fué preciso 

307 



al Monasterios el haber de surgir con sus navios en el antiguo Puerto de 
Caballos; en donde hizo la descarga de sus mercaderias, con el recelo y so- 
bresalto á que le conducía el grande costo de la experiencia, mas no le salió 
vano su pensamiento, aconteciéndole á el cargar sus naves para la vuelta de 
España, lo que en el primero viaje, porque empezándose á conducir la carga 
desde la Ciudad de Goathemala á el Puerto, se tuvo noticia, de que algunas 
naves enemigas andaban á barlovento de nuestras costas, y estando ya para 
empezar á enbarcar los frutos, tuvo aviso el Monasterios de haberse visto 
la armada enemiga entre la isla de San Millan, y cabo de Camarón, en de^ 
manda de punta de Castilla, mas casi al mismo tiempo del aviso, fueron nues- 
tras naos como improvisamente asaltadas de doce urcas holandesas, dejándose 
ver doblando el cabo para el puerto, mas detenidas algo con tarda navegación 
por el viento contrario que le hizo retroceder á el enemigo á el abrigo de la 
isla de Utila, le dio más tiempo á el Monasterios para disponer, y empavesar 
sus navios, que fueron acometidos prestamente, y sin intermisión de tiempo 
de las doce urcas de Holanda, viéndose en un punto tremendamente resonar 
la confusión de los tiros de artillería de una, y otra parte, y oscurecerse el 
día con la espesura de sus humos, duró este encuentro sin desastre todo el 
día, hasta que el sol despartió las dos armadas cayendo en la jurisdicción de 
las tinieblas; mas no porque el día primero fué largo, y trabajoso el combate 
dejó la protervia y audacia del holandés, confiado en la desigualdad de las 
fuerzas de provocar en su abono á la fortuna, tornando á renovar la pelea 
á el esclarecer el día. Fué sin comparación mayor el esfuerzo, y horror de 
esta batalla, que el de la primera, teniendo también de duración todo el día, 
sin que en las primeras horas se reconociera ventaja; pero mediando el día 
á la continuación de los tiros se empezó á ver alguna parte de mal suceso, 
con muerte de algunos soldados de la una, y otra parte, pero mayor número 
de la de el enemigo, y no escarmentado en su desastre, y más instigado, y 
enfurecido en ver que á el número de sus embarcaciones, no se rendían aque- 
llos dos navios, que había juzgado por suyos, con menos diligencia y costo de 
lo que experimentaba su desesperación, volvió á nueva batalla, renovándola 
por otros nueve días, en los cuales casi reconoció el holandés una desolación 
de sus navios, con pérdida de mucha gente de ellos, pero aun fué mayor su 
tribulación, y conflicto cuando más esforzadas y ligeras nuestras naves, y 
nuestra gente más encendida, y vigorosa contra la valiente bizarría de sus 
holandeses le echaron una de sus urcas á pique, con gran destroso de las 
demás, que ya casi faltas de arboladura, le era imposible el mantenerse á más 
costosas y tristes experiencias, le fué preciso el retirarse, con grave y mani- 
fiesto sentimiento perdido un barco y mucha gente, y la más señalada en el 
valor, y disciplina militar, y sin haber conseguido su codicia la grande presa 
que esperaba, de setecientas y setenta cajas de tinta añir, crecida porción de 
zarza, cacao, vainilla, achiote, cueros, y otros géneros que apetecía su ava- 
ricia, (207) fuera de alguna cantidad de plata, habiendo desde el primer aviso 
el propio Capitán Monasterios, con otras cinco personas retirado á los mon- 
tes la cantidad de cajas de añir, género entonces el más precioso de todos, 
escondiéndolas hacia la parte de tierra que corre al Golfo Dulce. 



(207) Remesal, Libro 11.— Capítulo 20.— folio 728. 

308 



Pero este mismo Capitán Monasterios escarmentado de estos dos peligros, 
el año de 1610, tomó por cuenta de su cuidado y de su celo el gran trabajo de 
fortificar, y hacer seguro el nuevo puerto de Sancto Thomas de Castilla, en 
el modo más hacedero, y más fácil, y correspondiente á la naturaleza del sitio, 
y poco vigor y posible de los medios, levantando sobre peñas con vivos una 
plataforma, con siete piezas de artillería, que quitándolas á sus tres navios las 
donó al Rey, para la coronación y seguridad de aquella fuerza. Pero aun de 
aquella suerte no pudo prevalecer allí, pasándose después á Golfo Dulce, en 
donde hoy yace en forma regular un buen castillo, levantado después de su 
desmantelo, por orden del Presidente General de la Artillería Don Jacinto de 
Barrios Leal, y la disposición, arte y inteligencia y plano del Sargento Mayor 
y ingeniero mayor de esta plaza de Goathemala, Don Andrés Ortiz de Urbina. 



CAPITULO VII 

De las quejas que se dieron al Rey por parte de los Religiosos de Santo Domingo, 
y la ocasión de donde procedían, y lo que acerca de ello se determinó en el 
Real Consejo de Indias. 

MARGINALES. — Quejábanse los religiosos de que no los dejaban predicar. — No menos 
se quejó el Cabildo y Regimiento de Goathemala al Rey del estilo de su predica- 
ción. — Cláusula decisiva de la Real Cédula de 18 de octubre de 1548 para que no 
se les impida la predicación y residencia en los pueblos indios. — Quedan hoy por 
conquistar cincuenta y seis naciones en el Norte, por el embarazo que estos religio- 
sos hicieron a los conquistadores. — El estado en que hoy tiene esta conquista el 
Presidente D. Jacinto de Barrios Leal. — Gran descrédito en que pusieron a tos 
conquistadores los religiosos dominicos. — Manda el Rey dar predicación a los reli- 
giosos. — Grave indignación que se produjo de los procedimientos de los francis- 
canos. — A los religiosos que han bien de los conquistadores los molestaban. — El 
Oidor Mexía y un Alcalde ordinario de Ciudad Real reciben escandalosas informacio- 
nes de religiosos dominicos. — Priban a los Alcaldes indios y fiscales de Chiapa de 
yndios, hechas aquellas diligencias. — Quéjanse a la Real Audiencia y enviase un 
receptor a las averiguaciones. — Vienen estas más declaradas contra los frailes. — 
Vienen aquellos religiosos a Goathemala y no son oidos de la Audiencia teniéndolos 
por opuestos a la paz pública. — Quéjanse al Rey de todo en su Consejo. — Manda 
el Rey por su cédula que no se hagan informaciones públicas ni secretas contra los 
frailes, sino fuese en cierto modo. — Parece del tenor de la Real Cédula fué adqui- 
rida por parte de la Religión franciscana, y lo que se discurre acerca desto. 



La opinión de Fray Bartolomé de las Casas, seguida de Fray Pedro de 
Ángulo, y no menos acreditada, y defendida de los demás religiosos de su 
Orden publicada frecuentemente en los pulpitos, por el año de 1535, en ade- 
lante, asentando en su doctrina que los conquistadores no debían ser absueltos, 
hasta ahorrar los indios, restituir lo llevado por razón de tributos, que no 
pudieron llevar, ni el Emperador los Quintos Reales, como dejamos asentado 
en el Capítulo Octavo del Libro Quinto de esta Segunda Parte; poniendo 

309 



no solo en mal crédito, y opinión á los conquistadores tratándolos en la Ca- 
thedra del Espíritu Santo, con el que parece más moderado, y honesto títu 1 © 
de ladrones, respecto á otros afrentosos, y ofensivos pronombres que les 
daban, no quedando sin parte la gran persona, celo cristiandad y determina- 
ciones del Emperador Carlos Quinto que también lo enumeraban en la pri- 
mera plana de caudillo de los tiranos ; mas esto era lo que modesta y atenta- 
mente se predicaba en Goathemala, se confería en las celdas, y juntas que se 
tenían con Fray Luis Cáncer, y Fray Rodrigo de Ladrada, de la misma Orden; 
que las de las otras Religiones, y el clero por la contraria opinaban, y sen- 
tían bien de las conquistas, esclavitud, y tributos de los indios; en que hemos 
de pensar, que no eran los más los que padecían engaño, siendo también es- 
pirituales y doctos; porque lo que en Chiapa, y otras provincias por donde 
andaba (como en Goathemala) la misión de estos religiosos se decía en los 
pulpitos, pasaba más al descrédito, saliendo de los términos que se permiten 
en aquel lugar sagrado, y más siendo contra sujetos determinados, y dando 
ocasión á gran disturbio, y malquerencia de sus personas, que con su oposi- 
ción daban motivo á las defensas, intentándolas aquellos conquistadores en 
abono de sus operaciones, y de el seguro de su fama, por todos los modos, 
y ocasiones posibles, sino que siendo esto muy notable, eran peores las malas 
conseouencias que acerca de los indios se seguían. Esta desavenencia, ó esta 
opinión contraria á la de las otras religiones, y verse macular con la tinta de 
tan sensibles opiniones, puso en consideración á los conquistadores, encomen- 
deros, y pobladores de las ciudades y villas de las Provincias del Reyno 
para dar cuenta á el Rey de los desconsuelos, y escrúpulos con que se halla- 
ban, pidiéndole lo mandase considerar por los de su Consejo, y que se diese 
aviso de lo que se -determinase como aparece de la carta de el Cabildo, Jus- 
ticia y Regimiento de la Ciudad de Goathemala, de 17 de Noviembre de 1539 
que dejamos copiada; siendo estos avisos que se le daban á el Rey en ánimo 
de volverse para España perseguidos, y tan murmurados conquistadores, 
haciendo lo mismo las demás ciudades; mas no bastando este medio, que 
se tomó por más suave, y en que el propio Bartholomé de las Casas fué el 
portador de los pliegos, ó por que la opinión por los graves sujetos que com- 
ponían el Consejo, se tuviere por ligera, ó porque se esperase á mejor tiempo 
para el remedio en la ocasión que referimos, parece que no se decidió este 
caso, ni á ellos se dio respuesta, á las ciudades; si bien después de 18 de Oc- 
tubre de el año de 1548 se les dio cédula para que en Chiapa, ni otra parte, 
se les impida la predicación; por la que mandamos que ninguna ni algunas 
personas sean osadas á impedir, ni impidan á ningún religioso de cual que 
sea que anduviere con licencia de su {prelado en la dicha Provincia de Chiapa 
que no predique en cualquier pueblo que quisiere, y en las veces que quisiere 
libremente, y por bien tuviere á los naturales de los dichos pueblos las cosas 
de nuestra santa fe católica, y que los tales pueblos todo \él tiempo que los di- 
chos religiosos quisieren y por bien tubieren", (208) con que prosiguiéndose 
y publicándose esta opinión por todas partes con gran frecuencia, y gran 
fervor, fué motivo especial á muchos daños, que ocasionó la inmoderada reso- 



(208) Libro 1<? de Cédula Real de la Secretaría de Cámara.— folio 154. 

310 



lución y osadía de los indios, y á mucho, y notable atraso, no solo de las fun- 
daciones y lustre material de los lugares, sino á la suspensión de las conquis- 
tas de el Norte, como lo están testificando, sin otra prueba la nación de los 
loquenes, taizaes, lacandones, tumpies, sulbalanes, cagbalanes, noquiscames, 
nosoyes, dijiles, siguanaes, bacalares, manecheitas, axitzaes, yoles, soemoes, 
aquiscames, petenes, mopanes, choles, y otras treinta y siete que quedaron 
de aquella parte, desde el Golfo Dulce á la parte de Costa Rica, á el 
Oriente de la parte del Norte; de quienes se solicita hoy su reducción, con bue- 
na escolta de nuestras armas por el General Don Jacinto de Barrios Leal 
Presidente de esta Real Audiencia de Goathemala, en virtud de Real Cédula, 
quedando desde entonces sobre sí, á único motivo de lo que estos religiosos se 
opusieron á su justísima sujeción. 

Viendo los conquistadores, que cada día crecía á más activa eficacia 
su persecución, trayéndoles en continuado movimiento, y que este modo de 
desacreditarlos se extendía y llegaba hasta el solio de el Emperador Carlos 
Quinto, á cuya Magestad informaron aquellos padres, que los conquistadores 
no les dejaban predicar, ni instruir, ni catequizar, á los indios en las cosas 
pertenecientes á la fe, embarazándoles é impidiéndoles el que por este medio 
se redujesen, queriendo se hiciese esto por el furor, y destrozos de la guerra, 
y que á los ya reducidos se los sacaban de las manos, para sus ocupaciones, 
y empleos de diferentes grangerías ; de donde se produjo una gravísima y 
apretada orden, para que no entrasen con armas á los no reducidos, y no ocu- 
pasen en grangerías á los que ya lo estaban, dejando predicar libremente á los 
religiosos de Sto. Domingo, que publicada á voz de pregonero en las plazas, 
como por ella se ordenaba, puso á aquellos verdaderamente grandes vasallos, 
y á quien la iglesia debe el considerable número de estos nuevos hijos de el 
Occidente en un pudor de mucho almagre, y gran deseo de satisfacer á el 
Rey defendiendo juntamente su honra, y créditos crislianos, y piadosos; 
siendo el modo y el arcaduz más eficaz, y más afirmativo por donde podía 
hacerse, el dar información de sus procedimientos, y de la pregunta que se 
hace á los testigos presentados, y producidos, (20n) acerca de si saben que 
los encomenderos conquistadores ocupan á los indios de sus repartimientos 
en algunas grangerías y servicios personales, y cuales son, y que personas 
son las que lo hacen, y los molestan con semejantes ocupaciones, dicen todos, 
y responden á las preguntas en más número de sesenta testigos examinados, 
que lo saben porque lo han visto que los padres religiosos de la Religión de 
Santo Domingo tienen ocupados muchos indios en labrar y cultivar tierras, 
para milperías de maíz, algodón, y otras legumbres, y en descubrimientos de 
minas, y lavaderos de oro, y en otras cosas que de la información constan. 
No menos las ciudades de Chiapa, San Salvador, Gracias á Dios, y la villa 
de Sonsonate, pasaban á poner en efecto la propia diligencia; porque de 
todos estos lugares se escribía que embarazaban la predicación de el Evange- 
lio, porque por este medio se les reprimían, y estorbaban sus tiranías, y la- 
trocinios, que á todo el grado de la ponderación se había extendido el infor- 
me que al Emperador, Rey de Castilla se le hizo por aquellos religiosos. 



(209) Libro 3<? de Cabildo.— folios 93 y 96. 

311 



Aún no parecieron suficientes aquellas diligencias, para acallar el grito, 
y el encándalo, que cada dia crecía, y se aumentaba por parte de aquellos re- 
ligiosos, que quisieran que no se defendiese de sus calumnias persona alguna, 
ni que de sus frailes hubiese quien sintiese bien de los conquistadores como 
había algunos; á quienes sus prelados hacían estar en silencio; para que no 
hubiese para lo público persona alguna de su hábito que pareciese se opo- 
nían á su divulgada opinión en defensa de la cristiandad española, como su- 
cedió con Fr. Thomas Ortiz religioso de su Orden opuesto en mucho modo 
á la bestial manera de los indios, y de favorable opinión á las operaciones 

de los conquistadores, que viendo el efecto (renglón ilegible) 

pasando por esto mismo á más claros desprecios y más sensibles agravios 
enderesados contra la honra de los conquistadores, durando en sus afligidos 
y cristianos pechos esta mortificación con embarazo notable, entre los dos 
estados desde el año de 1535 hasta el de 1560, en que su Alcalde Qrdinario 
de la Ciudad de Chiapa, favorecido de el Doctor Antonio Mexía, Oidor de 
la Real Audiencia de Goathemala, que andaba bien enconado, y desabrido 
con esta Religión de Predicadores, que ya estaba fundada en Goathemala 
desde el año de 1545, como llevamos referido, y el Alcalde de la Ciudad de 
Chiapa por el de 1598, había quitado, y puesto otros fiscales (estos son unos 
indios que cuidan de los niños de la doctrina) había privado con causas su- 
ficientes algunos alcaldes indios que eran hechuras de aquellos religiosos, 
y puesto otros á su advitrio, y escogencia, y de cuyas causas y por incidencia 
de ellas pasó á hacer procesos, y informaciones acerca de que los religiosos 
de Santo Domingo usurpaban Real jurisdicción nombrando Alcaldes y otros 
ministros de Justicia, y que tenían cárceles, cepos, grillos, picota, y verdugo, 
y que oían y determinaban pleitos de indios, y mandaban prender, y soltar 
cuando, y como les parecía á los indios de los pueblos de su administración, 
y que por ello llevaban derechos, y que los indios les daban otras contribu- 
ciones y presentes de que les producían muchos dineros; pero quejándose los 
religiosos á la Real Audiencia de Goathemala, se despachó á Ciudad Real, y á 
los pueblos de Chiapa un receptor á fin de averiguar los eccesos de el apunta- 
do Alcalde de que los religosos se quejaban, y le capitulaban, pero no siendo 
menos lo que este halló que escribir contra los religiosos, que lo que el Alcalde 
había averiguado, privando á los Fiscales que habían quedado, sin que el Al- 
calde los hubiese suspendido por la defensa, y oposición de los religiosos, que 
de los desafueros que habían cometido como inútiles, y groseros se descarta- 
ban, y defendían de todos con decir obraban en virtud de mandamiento de los 
padres. 

Mas como viesen los religiosos, que el receptor volvía á Goathemala, 
con peores informaciones, y más claras pruebas, que las de el Alcalde de 
Chiapa; y que para la ejecución de ciertas ordenanzas, que acerca de Jos in- 
dios fiscales, y otros cantores, y ministros de iglesia, dejaba por ejecutores 
y celadores á unos indios principales de el lugar de Chiapa de Indios; porque 
con eso no hubiese motivo de que los españoles alcaldes se mezclasen en se- 
mejantes causas, y pesadumbres con religiones de las que en aquella. Pro- 
vincia administraban; siendo ya por este lado, y con esta ocasión de juris- 
dicción, muy mal vistos, y poco aceptos los indios, que tanto hasta allí habían 

312 



i 



defendido, y abonado, y favorecido los religiosos de Santo Domingo, sin otra 
ocasión que tener ahora aquellos ejecutores jurisdicción temporal dimanada 
de aquel ministro de Audiencia, determinando en el mayor rigor del ivierno 
venirse á quejar á la Real Audiencia de Goathemala como lo hicieron, pero 
hallando á este Tribunal puesto en el conocimiento de todo, y de cuanto per- 
turbaban la paz pública, y cuanto por ellos se pervertía la obediencia, y su- 
jección de los indios, y que á cada paso se oponían á los españoles, y á las 
justicias, y que no se les daba grato oydo, negándose á sus pedimentos, y sus 
visitas, ó porque el Oidor Doctor Antonio Mexia, les hiciese algún estorbo á 
sus intentos suspendieron este recurso de la Audiencia, y se volvieron á su con- 
vento de Chiapa de Indios, mas no bien satisfechos, ni bien hallados, con 
aquel dominio ó jurisdicción de los indios principales sobre sus fiscales, y 
músicos de coro, que ya desde entonces después de los oficios de iglesia, 
acudían á las demás cosas, y ocupaciones del común y las de sus propios 
cultivos, y conveniencias, dieron al Rey muy larga queja en su Consejo acerca 
de las informaciones, que contra ellos hacían los jueces seglares, en grave 
detrimento, y perjuicio de la honra, y créditos de su Religión, trayéndole á 
la memoria, y á su Real consideración, las informaciones semejantes que á 
aquel Real Consejo habían venido; y por el remedio de estos escándalos, y 
discordias, se les dio en su favor esta Real Cédula, en que parece de su tenor, 
que de otros Reynos de estas Indias Occidentales, habían ido otras usando 
del propio remedio en su desagravio y recurso, que ya en la ocasión habían 
llegado al Consejo Real de Indias, y que por todo se quejaban, y pedían ge- 
neral este reparo en que dice el Rey Felipe Segundo : 



"EL REY" 

Presidentes, é Oydores de las nuestras Audiencias Reales de las Nues- 
tras Indias, Islas é Tierra Firme del mar Océano, y qualesquiera Nuestros Go- 
bernadores, y otras justicias de ellas, y á cada uno, y qualesquiera de Vos, 
á quien esta nuestra cédula fuere mostrada, ó su traslado signado de escri- 
bano Público saved, que nos somos informados que vosotros algunas veces 
os entremetéis á hacer informaciones secretas contra religiosos de los que 
en esas Provincias están, en mucha afrenta de ellos, y daño de las Ordenes. 
Lo cual debíamos mandar evitar por los inconvenientes que de ello se po- 
drían seguir, é visto por los de Nuestro Consejo de las Indias, queriendo 
proveer en ello. Fué acordado que debía mandar dar esta mi cédula para vos, 
é yo túbelo por bien. Por que vos mando á todos, y á cada uno de vos, según 
dicho es, que de aquí adelante, no hagáis informaciones públicas ni secretas 
contra ningún frayle de los que en esas partes estuvieren. Salvo cuando el 
caso fuere público, y escandaloso permitimos y tenemos por bien que las 
podáis hacer secretamente, y requirir al Provincial, ó Guardián en cuya Pro- 
vincia estuviese el religioso que le castigue conforme al exceso que ubiese 

313 



hecho, y para ello le daréis un traslado autorizado de la información que 
hubiéredes hecho, y no lo haciendo el tal Provincial ó guardián de manera 
que satisfaga el dicho escándalo, y exceso vosotros inviareis á el dicho nues- 
tro Consejo de las Indias la información que hubiéredes hecho, para que en 
ello se provea lo que convenga, y sea justicia, y los unos, ni los otros fagades 
ni fagan en de al, por alguna manera, fecha en Madrid á 5 de Junio de 1565. 
años. — Yo el Rey — Por mandado de su Majestad. — Francisco de Eraso. — 

Mas parece que esta Real Cédula expresada fué adquirida á diligencia 
de la Religión de San Francisco ; pues en ella se dice se requiere á el Provincial 
ó Guardián, y no á el Comendador, ni Prior, mas valdriase de ella la Reli- 
gión de Santo Domingo, por lo que en ella se dice de que no se hagan infor- 
maciones públicas, ni secretas contra ningún frayle de los que en estas partes 
estuviesen; porque en muchos, y grandes volúmenes de papeles de diversos 
archivos, de ambos estados no 'halla mi diligencia semejantes embarazos 
en este Reyno con la religión franciscana, mas seria posible hubiese algo 
de esto en otro Reyno, y que por el Procurador General fuese ganada esta 
Real Cédula á favor de lo universal de esta Religión de los Menores para es- 
tas partes de las Indias, que así parece no vamos inconsecuentes, y si hay 
algo de inconsecuencia será en el analista de la Religión de Predicadores, 
que la propone y expresa, á su favor, ( ~ 10) y en todo el discurso no hace no- 
ticia de litigio, ni de causa hecha contra religiosos de San Francisco. 



CAPITULO VIII 

De lo que acerca de los curas clérigos, por aquel tiempo se ofrecía, y lo que ordenó 
el Rey acerca de ello por sus cédulas. 



MARGINALES. — Tratan los religiosos de unas y otras Ordenes entre si mismas y con el 
clero largos litigios por la adquisición de curatos. — Pasan a escándalo en tiempo 
del Presidente Landecho, y bispo Villalpando. — Quéjanse a el Rey unos y otros de 
estar ocupando los curatos clérigos genoveses y portugueses de mada opinión. — - 
Manchó esto la fama de todo el clero. — Hoy es de los más graves y decorosos ejem- 
plares de las Indias. — Cédula de su Magd. en que se manda al Obispo castigue a 
los clérigos que obren mal. — Halla fuera de Goathemala al Obispo y retarda su eje- 
cución. — Quéjanse nuevamente al Rey las partes. — Aunque el Obispo quite a 
aquellos clérigos de los curatos llegan antes quejas a la corte. — Nueva Cédula acer- 
ca de que se remedien los excesos de aquellos clérigos. — Después de muchos des- 
manes de los indios toman asiento las cosas de las doctrinas. 



Andaba muy viva la emulación, y los celos de los religiosos acerca de 
las asignaciones de los curatos, con largos pleitos, y sinsabores, no solas de 
unas religiones contra las otras; sino inmediatamente contra el clero, celando, 
y resistiendo por todas vías el que se le señalasen Partidos, habiendo acerca 



(210) Remesal Libro 10.— Capítulo 13.— folio 625. 

314 






dello varias alteraciones, y mudanzas, según la necesidad de los tiempos, ó el 
advitrio, y parecer de los Reverendos Obispos; y en especial en Goathemala, 
se ofrecieron muy encendidas, y ruidosas pesadumbres, que teniendo algún 
principio siendo Presidente de la Real Audiencia el Doctor Antonio Rodrí- 
guez de Quezada, y Licenciado Juan Núñez Landecho, y Obispo de la Sta. 
Iglesia el Reverendo Don Francisco Marroquín, paísaron y crecieron después 
á muy activo incendio de escandalosos rumores en tiempo de el Licenciado 
Landecho, y el Reverendo Obispo Don Bernardino de Villalpando, como lo 
expresaremos adelante muy de intento, ocasionando no solo inquietud entre 
los vecinos de Goathemala, que se ladeaban según la inclinación y los afectos 
á el fomento de unas partes y otras, haciéndose por»esta causa parcialidades 
perniciosas, sino que en la rusticidad, y ánimo voltario de los indios se ori- 
ginaron movimientos de muy perjudicial naturaleza como se escribirá ade- 
lante. 

Fuéles no solo sensible á los religiosos de aquel tiempo, pero á los clé- 
rigos del Obispado de Goathemala, y que les obligó á algunos de ellos á mu- 
cha resolución, ver colocados en los curatos foráneos, y beneficios de indios, 
á algunos clérigos no solo forasteros sino extraños, que pasando de sus pa- 
trias Genova, y Portugal, á el Reyno de el Perú, mal vistos en las Repúblicas 
de aquel país, se pasaron á este de Goathemala, no con bueno ni grato nom- 
bre, y que parece que con sus operaciones acreditaron las voces, y opiniones 
de la fama, dando en aquellos beneficios donde se hallaban, mucha ocasión 
á que sus émulos, y mal afectos tomasen bien cortadas las plumas para escribir 
á el Rey en su Consejo, las extrañas, y irregulares ocupaciones, con que no 
solo desdecían de el estado eclesiástico que tenían, sino lo mucho, y grave- 
mente, que molestaban á la miseria de los indios de los Partidos que obtenían 
en beneficio, diciéndose no solo por aquellas cartas que se escribían, y des- 
pachaban á el Rey, sino á los Consejeros lo mal que por aquellos clérigos 
portugueses, y genoveses se obraba, manchándose de esta suerte la honra, 
crédito, y nombre de el clero de aquellos tiempos, por la ocasión de estos 
pocos, siendo á la verdad por la noticia que tenemos de aquellos, y lo que 
experimentamos ahora en estos un clero exclarecido, ilustre, y admirable en 
la igualdad de su modestia, virtud, y letras llamándole todos los forasteros 
que le admiran ejemplarísimo, mas sin embargo de ser así los de entonces, 
no se libraron de la tinta, con que por entonces se tiñó en algún modo su 
fama, si bien ya en otras cédulas expresa el Rey tener á mal se ocupen en 
semejantes curatos clérigos portugueses, y genoveses y así por esto parece no 
haber sido necesario para el remedio, que explicase quienes eran los clérigos 
que ocasionaban estos perjuicios á los indios en esta Real Cédula que para 
ellos se expidió, y aunque se dice por el Príncipe en el ingreso de el Real 
Rescripto está firmado de mano del Emperador, porque sin duda estando 
despachada en nombre del Príncipe Don Felipe que gobernaba en las au- 
sencias del Cesáreo Padre, llegó á Madrid el Emperador de alguna de aquellas 
repetidas, gloriosas, y útilísimas jornadas que con frecuencia ejecutaba en 
el servicio de la Iglesia y bien universal de la Christiandad, y dice: 

315 



"EL PRINCIPE 

Reverendo en Cristo Padre Don Francisco Marroquín Obispo de Goa- 
themala del Consejo del Emperador Rey mi Señor, á nos se ha hecho rela- 
ción que en ese Obispado algunos de los clérigos que en él residen, hacen 
vejaciones, y malos tratamientos. Y oprimen y fatigan por diversas vías á 
los indios de los pueblos, que residen, criando en ellos caballos, y haciéndoles 
servir en traer yerba \y maíz para \su mantenimiento, y que los curen, y ven- 
diéndoles mercaderías en excesivos precios, haciéndoles otras molestias, y 
agravios dignos de remedio, y dando malos exemplos de si. Y porque como 
tenéis entendido estas son cosas á que no se debe \dar lugar, porque demás 
de ser contra el servicio de Dios Nuestro Señor, es en gran daño de esos 
nuestros subditos naturales de esa tierra, impedimento de su christíandad ; 
porque siendo tan tiernos en ella fácilmente pueden padecer mucho riesgo 
en su conversión. Lo cual el Emperador Rey mi Señor, y Yo deseamos mu- 
cho. Por ende Yo vos ruego, y encargo, que proveáis como cesen los dichos 
inconvenientes, y castiguéis á los clérigos que en ese Obispado no viviesen 
como deben, mayormente á los que hicieren daño, y malos tratamientos á los 
indios, de lo cual tened especial cuidado, como cosa tan importante, y á que 
tanta obligación tenéis: fecha en la Villa de Madrid *á 3 dias del mes de 
Marzo de 1553 años. — Yo el Rey. — Por mandado de su Alteza. — Francisco 
de Ledezma — " 

Pero como esta Real Cédula se retardase algo en España, y después 
en su viaje, hasta su llegada á las manos del Reverendo Prelado, Don Fran- 
cisco Marroquín, y a su ejecución se diese alguna demora por las graves 
ocupaciones, y distantes jornadas á que en cumplimiento de su obligación 
pastoral se apartaba de esta Ciudad el Obispo, se difirió el cumplimiento 
de ella casi tres años; en cuyo intermedio de tiempo volvieron á informar aun 
algo más las personas interesadas, no yendo en ello más ni menos á los reli- 
giosos, que á los clérigos, porque estos y los otros en su sentir quedaban de- 
fraudados, y despojados de aquel derecho, y así concurrían todos á reprodu- 
cir cartas de quejas, y de informes, y aunque á ello dio ejecución con lo que 
se le encargaba por la expresada cédula el Obispo Marroquín, retirando de los 
curatos á aquellos clérigos que en sus informes llamaban extranjeros, que 
era lo que había que hacer y dando los propios beneficios á otros clérigos, 
y religiosos, de que ya por entonces á el recibo de la Real Cédula había más 
número, sin embargo habiendo llegado á la Corte aquellas nuevas quejas, 
con agravantes circunstancias acerca de los procedimientos de aquellos cu- 
ras, haciendo en el piadoso y real ánimo del Rey mucho cuidado á el descar- 
go y alivio de su Real conciencia, y en desagravio de la miseria de los indios, 
la grande rectitud, celo, y piedad del Rey, mandó librar nueva cédula acerca 
de ello, llegando á Goathemala, después de año y medio de su data, siendo 
Presidente de la Real Cnancillería, el Licenciado Juan Núñez Landecho. Y 
hablando con la Real Audiencia dice : 

316 



EL REY" 

Presidente é Oydores de la nuestra Audiencia Real de los Confine* 
que reside en la Ciudad de Santiago de la Provincia de Goathemala. á nos 
se ha hecho relación que entre otros agravios que reciben los naturales de 
estas tierras es uno, que los clérigos que residen eh sus pueblos los ayan de 
mantener, dándoseles como se les da salario ¡competente para su sustentación, 
y que demás de lo susodicho, los susodichos clérigos les hacen otro agravio 
mayor, que á su pesar crían en tales pueblos donde así están potros, y man- 
tienen caballos, y negros á costa de los dichos indios: lo cual todo es vejación 
y molestia suya porque les hacen muchas extorsiones, y los negros robo 
fuerzas; y me fué suplicado los mandase proveer, y remediar. Proveyendo 
que fuesen desagraviados de esta gran servidumbre, y se quitase de ellos la 
comida de los dichos clérigos, y no se diese lugar á que en los pueblos donde 
estuvieren, criasen potros, ni tuviesen ni caballos, ni negros, ó como la mi 
merced fuese, lo cual visto por los de nuestro Consejo de Indias fué acordado, 
que debía de mandar dar esta mi Cédula para vos, Yo túbelo por bien. Por- 
que vos mando que veáis lo susodicho, é os informéis, y sepáis lo que en ello 
pasa, y hallando ser así lo proveáis, y remediéis de manera que los dichos 
indios no reciban, ni por esta causa, ni por otra algún agravio, é non fagades 
en de al. fecha en Valladolid Primero de Agosto de 1559 años. La Princesa. — 
Por mandado de su Magestad su Alteza en su Nombre. — Ochoa de Luyendo". 

Aunque sobre estos desórdenes de algunos clérigos curas, que eran 
aquellos portugueses, y genoveses apuntados se escribía con eficacia, y repe- 
tición. Mas sin embargo no se enviaban informaciones, ni otros autorizados 
instrumentos que lo afianzasen, ni para ello había modo, siendo como eran 
hechuras del Presidente, y el Obispo, y así estas cédulas eran incitativas, que 
produjeron á su ejecución muchos enfados, y desazones á los dos superiores, 
con no menores riesgos, que pudieron traer muy perniciosas y ásperas conse- 
cuencias acerca de la sujección de los indios, que en muchos de ellos S2 vio viva 
inquietud, y gran rumor, como se conocerá en lo que adelante escribiremos, 
acerca de esta apetencia, y pretensión de pueblos, y doctrinas entre los re- 
ligiosos, y clérigos, solicitándose descréditos, y gran disfame unos á otros, 
hasta que dándose asiento á las cosas con más copia de eclesiásticos secula- 
res, y las grandes, y muy frecuentes misiones que el Rey envió á Goathemala, 
de las dos religiones de San Francisco, y Santo Domingo, pudieron el Presi- 
dente, y el Obispo dejar á todos colmados de satisfacción á sus buenos deseos, 
y sus conciencias seguras, y confiadas acerca de la administración espiritual 
de los indios, que tanto encarga, y solicita el celo, y gran piedad de el Rey, 
teniendo acá los Superiores número de ministros en que escojer los más 
idóneos, y á propósito para materia tan delicada. 

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CAPITULO IX 

Del Castillo y fuerza de San Felipe, antes fué de Sancto Thomas de Castilla, su 
guarnición, y situado de su renta. 






MARGINALES. — Piratas de aquellos tiempos en nuestras costas del Norte, y más seña- 
lado Cristóbal Neoporio. — Obliga a este reyno a muy frecuentes expediciones. — 
Por esta ocasión tiene varias situaciones el Castillo del Golfo. — Dase razón de la 
importancia de la fortaleza. — Recupérase el destrozo que en él hizo la rabia de 
Yanques y Cocolen, piratas. — Artillería que le corona. — Omítense algunas circuns- 
tancias de nuestro secreto. — Sueldo de los infantes. — Jurisdicción del Castellano. 
— Provisión del Castillo, lo que dista de Goathemála. — Nocivo temperamento de 
su sitio. — Muere en esta fuerza D. Diego de Padilla, cabeza de los bandos entre 
los Carranzas y Padillas. — Muere alli el Lie. D. Pedro de Miranda Santillán fiscal 
de Goathemála. — Caso admirable de homicidio y sacrilegio. — Paradero de estos 
reos infelices. 



La variedad de los dictámenes en la frecuente alternación de los go- 
biernos, causa fatal de la más calificada desolación de los Reynos, ó el he- 
misferio de este Occidente, á quien la fuerza de su estrella, la del tesoro de los 
frutos que le inundan, y el desabrigo de sus puertos, ó causa grande, y más 
oculta parece siempre que la influyen constelaciones belicosas, con que mo- 
tiva á sus Repúblicas, á ocupaciones tan armígeras, que en sus campañas 
dilatadas consumen mucho tiempo, y gran tesoro, con pérdida, y atrasos de 
la gran extensión de las Provincias, y no es 'de ahora este continuo desazón, 
que desde los primeros principios de nuestras fundaciones hubo piratas per- 
niciosos, y muy audaces, que perturbasen á la tranquilidad de nuestras cos- 
tas, y además de Antonio Serlyo, y Guillermo Parchyero, ya apuntados, la 
dura hostilidad, y contumacia de Cristóbal Neoporcio de nación inglés, que 
tuvo duración prolija, y muy dañosa desde el año de 1585, hasta el de 1591, 
en que logró su diligencia y grande astucia sacos considerables, y de gran 
monta, nos obligaron en este círculo de años á expediciones muy continuas, 
con diversión en las campañas ; de donde tuvieron principio los movimientos 
de este Castillo de San Felipe, que vamos á referir, demolido en Puerto de 
Caballos, en donde yacía á la Punta de Castilla, por dictamen de buen go- 
bierno, y pasado al sitio de Amatique, y Puerto de Santo Tomás de Castilla, 
que se llamó de este nombre por la memoria de! Presidente Castilla, y des- 
pués se situó más adentro á la parte á donde hoy yace, por el Presidente 
Avendaño, continuada su planta regular, por el Oydor Don Antonio de Lara 
que gobernó las armas después de la muerte de el Presidente. 

Es esta fuerza de San Felipe el freno, y continencia de los enemigos 
de nuestra monarquía, y más ahora que de materia más durable, y resistente 
se perficionó modernamente, en lo regular de su forma, con foso muy bas- 
tante, y conveniente á la parte de tierra, excusará la atención de mi cuidado, 
el referir la distribución de su traza, y el mostrar su planta por no convenir 
así al orden de las historias, recatando á la malicia extranjera noticias de 
calidad tan grave, en que pueden peligrar las conveniencias comunes. 



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Mas esta que advertimos fuerza de San Felipe, recuperada por la dis- 
posición regular, del desmantelo que en ella ejecutó la rabia de los celos del 
corsario Yanques, y furor, y odio de Cocolen, piratas aborrecibles de estos 
tiempos, es muy bastante á contener las osadías del enemigo; porque colo- 
cada en sitio conveniente, para impedir el paso á la navegación de sus bar- 
cos, en el tráfico, y pasaje del río á la laguna, por la parte de tierra, que mira 
al norte, como dijimos, queda no solo asegurada con foso muy profundo, y 
abundante, sino que desde su canal hasta la playa de la mar, se opone al 
paso un largo término de montaña, que de intrincados arcabucos, y selva muy 
breñosa nacida en ciénaga muy atollada, impide de su marcha el movimiento 
acelerado para poderla sorprender por interpresa. La artillería que hoy tiene 
encabalgada (fuera de la que hay de refuerzo) es suficiente á su defensa, 
y mucho daño del contrario, cogiendo siempre á caballero sus escuadras; su- 
pónese que. á su manejo tienen las armas condestable muy suficiente, y de 
la necesaria confianza, con la gente que para el uso de la propia artillería 
está destinada, y asoldada en competente número, y renta muy bastante, 
fuera de la guarnición, y presidio de su plaza de armas, rondas de campaña, 
centinelas, y número de vigías, con los pueblos apuntados, que asisten al ser- 
vicio, y reparo del Castillo, y en lo individual de sus plazas casi de intento 
omitimos el número de su dotación, sobre que parece de razón dejarle que 
dudar á la malicia, y á la envidia, y solo se extiende mi obligación á decir que 
está cubierta, y coronada de buena infantería, con prevención muy pronta, 
y muy dispuesta, de mosquetería, escopetas, carabinas, chuzos, y las demás 
armas de la defensa ordinaria de nuestras fortalezas españolas, y los infan- 
tes con el sueldo correspondiente, á otras plazas de nuestros puertos, de 
ciento y cincuenta pesos al año, y buena provisión de carne, y vizcocho, fue- 
ra de la continua pesca del río, y la laguna, yuca, plátanos, y corozos que 
su